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miércoles, 31 de marzo de 2021

Fidel, padre e inspirador del sistema científico cubano


 
Cuba, es el único país de América Latina y el Caribe que está desarrollando exitosamente sus propias vacunas contra el Covid19. Los que no conocen a la isla de Martí y de Fidel no pueden comprender cómo una pequeña nación, atacada, vilipendiada, agredida y bloqueada por el imperio más poderoso de la historia de la humanidad, haya sido capaz de semejante hazaña. Deberían saber que las raíces de esta proeza está en los mismos orígenes de la revolución cuando en el juicio que se le siguió a Fidel y sus compañeros tras el asalto al Cuartel Moncada en julio de 1953, el joven abogado en su alegato de defensa ante el tribunal -que posteriormente se diera a conocer como “La historia me absolverá”- señalara con nitidez el derecho de los cubanos al desarrollo endógeno de la industria y la tecnología.

Tras el triunfo de la revolución, Fidel se volcó a hacer realidad el “Programa del Moncada”. En fecha tan temprana como enero de 1960 señaló que el futuro de Cuba tenía que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia y de pensamiento porque eso es lo que la revolución sembraría: “oportunidades a la inteligencia”. Así mismo, pensando en el porvenir, aseguraba que ahora los científicos y los investigadores tendrían todas las oportunidades para servir a su pueblo y a su patria, porque en los próximos años crecerían las instituciones científicas a las que esperaba se sumaran muchos cubanos que no solo deberían aumentar sus conocimientos sino que, lo más importante, era que estos debían ser puestos al servicio de la justicia y de la patria.

De esta manera, con visión señera planteó una tarea estratégica para los jóvenes, instándolos a la investigación, el pensamiento y el conocimiento, toda vez que Cuba vivía momentos “en que el papel del pensamiento es excepcional, porque solo el pensamiento puede guiar a los pueblos en los instantes de grandes transformaciones y en los momentos en que se emprenden grandes empresas como esta”.

lunes, 29 de marzo de 2021

¿Dónde reside el poder del pueblo? Socialismo y millonarios




El problema cardinal de toda revolución es el problema del poder sentenció Lenin. Cuando se iniciaron casi simultáneamente los procesos de perestroika y glasnost en la Unión Soviética y de reforma y apertura en China, no parece haberse entendido tal paradigma de la misma forma.

La dirigencia soviética (más allá de traiciones) quiso hacer reformas compartidas en las áreas política y económica. Pero incluso, cuando se realizó el referéndum para decidir el futuro del gran país de los soviets, la aplastante mayoría de los ciudadanos votó por mantener la Unión. No fue el pueblo el que rechazó el sistema. La debilidad del poder político y del partido comunista dirigido por una camarilla con Gorbachov a la cabeza, dio al traste con el mayor experimento de transformación social en la historia de la humanidad.

En China, de forma diferente, solo se adentraron en profundos cambios económicos sin arriesgar el poder político que ostentaba el partido comunista. Cuando también casi de forma simultánea con la debacle en la Unión Soviética, se intentó derrocar el poder popular en 1989, la fortaleza política de la dirección del Partido pudo enfrentar y derrotar la sedición.

Traigo este debate a cuenta de aquellas aseveraciones que apuntan a que China inició un proceso gradual de retorno al capitalismo como lo atestigua la aceptación de la apertura a la inversión extranjera, la instalación de grandes empresas privadas de capital nacional y como consecuencia de ello, la existencia de millonarios que han amasado fortunas con el visto bueno del Estado.

Sin embargo, el problema de fondo no es ese. En realidad es, cuánta capacidad le concede el Estado a esos empresarios para estructurar una fuerza política que ponga en juego el poder del pueblo. Eso en China, no ha ocurrido ni ocurrirá. En el ambiente, sigue presente aquella idea de Deng Xiaoping de que los ricos y millonarios son un mal necesario en la actual etapa de desarrollo de la sociedad y que el propio avance del país hacia el socialismo así como el fortalecimiento del Estado y la economía bajo su control harán innecesaria la existencia de ese estamento en la sociedad.

Entonces, es un modelo diferente al capitalismo donde los empresarios forman la columna vertebral que toma las decisiones sobre la sociedad y el Estado. Para ello han estructurado un verdadero poder en las sombras que hace uso de la democracia representativa como instrumento legal de dominación de clases.

Como prueba, un hecho reciente. Las autoridades chinas le impusieron una multa récord de más de 975 millones de dólares a Alibaba, el gigante chino de comercio electrónico minorista en el contexto del conflicto con su fundador, el multimillonario Jack Ma, el hombre más rico de China.

La entidad antimonopolio requirió a Alibaba para que ponga fin a la práctica de sancionar a ciertos comerciantes que vendían productos a sus rivales. También exigió a la empresa que se deshaga de algunos activos no relacionados con su principal negocio de venta minorista en línea. Además de eso Ma se había permitido criticar el fortalecimiento de la supervisión financiera de la industria de alta tecnología por parte de los reguladores estatales. En este marco, Ma y su empresa fueron obligados a corregir el comportamiento anticompetitivo y adherirse a la agenda política del gobierno que posee prerrogativas sobre la economía.

De inmediato en Occidente se especuló que esta idea iba a socavar la innovación y el espíritu competitivo que impulsó el crecimiento de China en las últimas décadas. La medida provocó intensas especulaciones sobre el destino de Jack Ma, tras su “desaparición” en octubre, pero tres meses después el millonario “apareció” en una reunión virtual con 100 maestros rurales.

Asunto resuelto, el gobierno se impuso, el mayor multimillonario de China acogió las “recomendaciones” del Estado. En Venezuela diríamos: “Así, así, así es que se gobierna”

jueves, 25 de marzo de 2021

Biden y el Nuevo Orden Mundial




En tan solo los dos meses de gobierno Joe Biden está logrando lo que sus cinco antecesores desde el final de la guerra fría no pudieron: comenzar a darle forma a un nuevo orden internacional. Ahora, está por verse si es el mejor y más recomendable para Estados Unidos. Desde la década del caos que siguió al fin de la Unión Soviética, pasando por el intento de imponer un sistema unipolar a partir del 11 de septiembre de 2001 que fracasó al estallar la crisis económica y financiera de 2008 hasta la resistencia posterior de quienes encabezados por China y Rusia -que por fin decidieron asumir un rol protagónico en defensa de la humanidad y a favor de la multipolaridad- el mundo no ha podido estructurar un definitivo sistema internacional.

Sin embargo, las primeras acciones de Joe Biden han apuntado en esa dirección. Las grotescas declaraciones del senil presidente estadounidense contra China y Rusia, en particular contra sus presidentes, son muestra clara de esa intención. Lo curioso es que ello no ocurre por una política cónsona, pensada y diseñada al respecto, sino por lo que podría denominarse una “No política”, es decir la incapacidad de “leer” lo que está ocurriendo en el planeta, ante lo cual, el único instrumento que les queda es el de la soberbia y la prepotencia, además de la fuerza y una grandilocuencia que navega en portaviones pero camina con pies de algodón.

La reunión de Alto Nivel entre China y Estados Unidos realizada la semana pasada en Alaska, podría considerarse el acta de defunción de la diplomacia. Estados Unidos violentó todos los protocolos previamente establecidos. En primer lugar, queriendo dar una muestra clara de superioridad y asedio a su contraparte, poco antes de comenzar las deliberaciones, anunció sanciones contra altos dirigentes de la Asamblea Nacional de China por la aprobación de una ley que regula las elecciones internas de Hong Kong.

martes, 23 de marzo de 2021

Biden se sacó la máscara en tiempo récord


Sin que aún se hayan cumplido dos meses de la toma de posesión de Joe Biden como presidente de Estados Unidos se ha llegado al consenso de que el connotado burócrata de Washington que ocupa hoy la Casa Blanca es más de lo mismo. A pesar que todavía quedan crédulos o inocentes (como se les quiera llamar) que piensan que el nuevo gobierno “se está ajustando antes de tomar decisiones”, lo cierto es que ya Biden mostró su talante imperialista, agresivo y asesino… uno más entre una larga “pléyade” de presidentes demócratas y republicanos, ninguno de los cuales ha podido exhibir condición alguna que los caracterice como personas civilizadas preocupadas por los destinos de la humanidad.

Como el propio Biden y sus funcionarios se han encargado de afirmar en estos primeros 50 días, lo único que le importa es hacer que el mundo funcione bajo la égida de los valores estadounidenses que significan imposición, dolor y muerte. Su propio pueblo lo ha podido comprobar a través del manejo de la pandemia que ha hecho el gobierno y que ha significado más de medio millón de muertos, evidencia de que la salud de los ciudadanos tiene muy poca importancia y su sacrificio se entiende como una consecuencia de las acciones de China y de la OMS.

Ya se sabe que Biden ordenó bombardear Siria el pasado 25 de febrero para supuestamente atacar a las milicias populares que enfrentan la presencia ilegal de Estados Unidos en el país, equiparándose de esta manera -muy rápidamente- con su antecesor de quien dijo diferenciarse.

miércoles, 17 de marzo de 2021

En contra del despotismo y en defensa de la Carta de la ONU

 


En fechas recientes, varios países de la región han sido estremecidos por violentas manifestaciones de descontento social que han conllevado a la movilización de centenares de miles de ciudadanos que protestan por la ausencia o carencia de libertades democráticas, el incremento de las condiciones de exclusión de importantes sectores populares y medios de la sociedad y también, por el mal manejo de la pandemia por los gobiernos nacionales.

En muchas de estas acciones de calle que congregan el sentimiento y la razón de los ciudadanos, se va generalizando - en casos como los de Chile, Colombia, Ecuador, Haití, Brasil, Paraguay y Honduras, por solo mencionar algunos- la proclama de poner fin a las dictaduras que agobian a esos pueblos. Sin embargo, resulta curioso, por decir lo menos, que esa consigna se emita en países en los que –en todos los casos mencionados- los presidentes han emergido de lo que tradicionalmente es conocido como “elecciones democráticas” elemento sustancial que le da contenido a los sistemas de democracia representativa.

Evidentemente ha surgido una contradicción entre los sustentos conceptuales que caracterizan ese sistema y las percepciones de la población que debería ser sujeto del mismo. Me parece que se va haciendo necesario encontrar una explicación a tal disyuntiva, toda vez que en la apreciación de los pueblos, los caminos de la democracia se están cerrando y en dos casos, (Colombia y Paraguay) ya han reaparecido organizaciones que apelan a la lucha armada como respuesta al progresivo cierre de la vía democrática cuando se suponía que ella estaba consolidada en la región. Pareciera que los gobiernos neoliberales de ultra derecha quisieran empujar a los pueblos por esa ruta para justificar todo tipo de desmanes, violaciones a los derechos humanos y, en última instancia, abrirle espacio a una creciente injerencia e intervención de Estados Unidos en la región.

jueves, 11 de marzo de 2021

Capitalismo, geopolítica y pandemia.

 


Con bombos y platillos se anunció hace unos meses que el fin de la pandemia significaría un “nuevo comienzo”, algo bastante indefinido que evidentemente para América Latina ya no se producirá en este 2021 toda vez que la mutación del virus ha producido novedosas variantes que tienen a Brasil como su epicentro más reconocido ante la alarma de la OMS que ha declarado la emergencia sanitaria para toda la región.

Por otra parte, hasta el momento la vacunación en América Latina y el Caribe alcanza al 2,8% de su población, mientras que en el mundo llega a 3,5%. Esa cifra es muy baja si nos atenemos a que la población de la región es 8,1% del total del planeta. Esto da cuenta de cómo el proceso de inoculación se ha concentrado en muy pocos países.

Tal vez ningún hecho de la historia de los últimos 250 años como el manejo de la pandemia y en particular la producción y distribución de las vacunas para contrarrestar el virus, haya evidenciado con tanta transparencia el verdadero talante de la sociedad capitalista.

sábado, 6 de marzo de 2021

Si del interés nacional de Estados Unidos se trata…


Nunca estuvo en mi intención dar continuidad inmediata al artículo de la semana anterior, sin embargo la inusitada cantidad de mensajes recibidos de parte de los lectores por una parte, y la constatación a través de un hecho relevante de la certeza del análisis por otra, me han obligado a hacerlo.

No se trata de fanfarronería ni auto elogio, más bien pienso que, sin saberlo me adelanté una semana al mejor contexto para documentar, la idea si nos atenemos a las declaraciones de la vocera de la Casa Blanca Jen Psaki quien ha confirmado la hipótesis planteada a través de una declaración oficial del gobierno de Estados Unidos respecto del asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi en Estambul, crimen que según un informe hecho público por los servicios de inteligencia de Estados Unidos fue perpetrado por el heredero de la corona saudí y gobernante de facto de ese país Mohamed Bin Salman.

En una revelación insólita, durante una entrevista con CNN la vocera Psaki afirmó que: "Históricamente, […] no hubo sanciones impuestas contra los líderes de los gobiernos extranjeros donde tenemos relaciones diplomáticas e incluso donde no tenemos relaciones diplomáticas".