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sábado, 21 de octubre de 2017

De un 20 de septiembre a otro: la esencia del imperialismo no cambia


Cuando se hurga en la historia aparecen increíbles veleidades y asombrosas coincidencias que de no ser por las abrumadoras implicaciones que tienen para la vida humana, podrían pasar totalmente inadvertidas. Por supuesto, aceptando que finalmente estas casualidades no son más que anécdotas, el análisis con criterio histórico de las mismas aporta resultados dignos de investigación y estudio por las conclusiones que de ella se derivan.

Así, el 20 de septiembre ha pasado a ser un día nefasto para la humanidad, si nos atenemos al impacto de las aseveraciones hechas en sendos alocuciones pronunciadas ese día por dos presidentes estadounidenses con 16 años de diferencia: en 2001 George W. Bush y en 2017, Donald Trump.

Casi al despuntar el siglo, las palabras de Bush condujeron a trascendentes cambios en la estructura global. En un momento en que se estaba por determinar el sistema internacional que imperaría a futuro, Estados Unidos definió a su favor la disyuntiva entre un mundo multipolar y uno unipolar. De esa manera, la potencia norteamericana emergió como único poder mundial con el apoyo de todos para luchar contra el nuevo "comunismo" ahora denominado "terrorismo". Las declaraciones de Bush del 11 y 12 de septiembre de 2001 y sobre todo la del día 20 de septiembre de ese año establecieron, al igual que la Declaración Monroe y el Destino Manifiesto del siglo XIX y las 14 medidas de Wilson en el siglo XX, el elemento ordenador y de principios de la política exterior de Estados Unidos para el siglo actual.

Lo que podríamos denominar como “Paradigma Bush” o Doctrina Bush de política exterior de Estados Unidos se caracteriza entre otras cosas por las siguientes definiciones: 

1. La utilización de cualquier arma de guerra que sea necesaria. Las operaciones militares se prolongarían en el tiempo. Según el presidente Bush las mismas no tendrán “paralelo en nuestra historia”. En este sentido, ya llevamos 16 años de guerras sin que el terrorismo haya podido ser derrotado, al contrario, asume nuevas estructuras y formas, todas originadas en medidas unilaterales tomadas por Estados Unidos.

2. La obligación de los países de asumir una postura ante la decisión de Estados Unidos que no dejaba espacios a posiciones alternativas: “Cualquier nación, en cualquier lugar, tiene ahora que tomar una decisión: o están con nosotros o están con el terrorismo”. Era la definición de un mundo falsamente bipolar. Los nuevos polos serían Estados Unidos y el terrorismo. Ante la imposibilidad de estar con el terrorismo lo que se hizo fue imponer por primera vez en la historia un mundo unipolar.

3. La exacerbación de sentimientos nacionalistas y militaristas: “Les he pedido a las Fuerzas Armadas que estén en alerta, y hay una razón para ello: se acerca la hora de que entremos en acción, y ustedes nos van hacer sentir orgullosos”.

4. El involucramiento de todos los países y pueblos en el conflicto:”Esta es una lucha de todo el mundo, esta es una lucha de la civilización”. Lucha en la que por supuesto Estados Unidos asumía la vanguardia y el resto del mundo, incluyendo aliados y adversarios se le subordinaban por igual.

5. La aceptación en el marco de un mundo unipolar de que el líder era Estados Unidos: “Los logros de nuestros tiempos y la esperanza de todos los tiempos dependen de nosotros”.

6. Finalmente, la necesaria inspiración divina encarnada también por Estados Unidos: Dijo el presidente Bush “No sabemos cuál va a ser el derrotero de este conflicto, pero sí cuál va a ser el desenlace [...] Y sabemos que Dios no es neutral”

El 11 de septiembre le permitió a Estados Unidos imponer el mundo unipolar, su sueño más preciado desde la desaparición de la Unión Soviética. Los terroristas, (internos o externos), sean quienes sean los que ejecutaron tan bárbaras y repudiables acciones, sólo favorecieron a un país: Estados Unidos.


La brutalidad se impuso en el mundo, hasta que en 2008 la crisis obligó a posponer su paradigma unipolar. Obama, a pesar de ser el presidente más guerrerista de la historia, no pudo mantener la majestad y el señorío mundial de su país. El sistema eligió a un outsider para que retomara el liderazgo dubitativo en el que los había sumido Obama, lo cual los obligó a comenzar a pensar que contra su voluntad, debían compartir la hegemonía.

Trump, a quien el columnista del New York Times Charles M. Blow comparó con Hitler por “la forma en que ha manipulado al pueblo estadounidense con mentiras escandalosas” y el escritor Paul Auster caracterizó como “un psicópata maníaco y una amenaza mundial” que es ”incapaz de leer un libro” pronunció el pasado 20 de septiembre en la Asamblea General de la ONU, un discurso propio de esas características.

Sin siquiera ruborizarse, utilizó la máxima tribuna mundial, para amenazar, mentir y alterar la realidad, suponiendo que los estadistas presentes y el mundo son cretinos e ignorantes como él. Con una retórica propia de las películas bélicas de Hollywood, que terminan siendo creídas como si fueran reales por la sociedad estadounidense, Trump, hablando de paz, arremetió contra el mundo desafiándolo con la guerra:

1. Hizo saber que estaba en su ciudad. Como los perros, marcó su territorio, recordándole al resto de los participantes que no eran de ahí. Así, se hizo patente, la incongruencia que significa que la máxima instancia de la paz en el mundo tenga su sede en el país que mayores guerras ha desatado desde el inicio de su existencia.

2. En el preámbulo de su aviesa e intimidante alocución aludió al presupuesto militar de Estados Unidos se elevó a casi 700 mil millones de dólares. ¿A cuenta de qué ese dato en el escenario donde se viene a hablar de la paz en el planeta?, reafirmando además que el ejército de Estados Unidos “pronto será el más fuerte que haya existido”.

3. Con total carencia de tacto diplomático, habló de “los regímenes canallas representados en este organismo” equiparándolos con “terroristas y extremistas” que “han aunado sus fuerzas”, sin mencionar a quien se estaba refiriendo.

4. Con el más arbitrario desparpajo se refirió a que “las redes criminales internacionales trafican drogas, armas, personas; obligan a la dislocación y a la migración masiva; amenazan nuestras fronteras” sin decir que Estados Unidos es el mayor criminal de la historia reciente, el país que más muertos ha generado, el único que lanzó la bomba atómica contra ciudades inermes. El que más guerras ha iniciado, el que más drogas consume, creando así el mayor mercado de sustancias prohibidas que jamás haya existido, solo porque los ingentes recursos que produce fluyen por su sistema financiero. 

5. Dijo que hay que “garantizar que las nuevas generaciones de niños crezcan libres de violencia, odio y miedo”. Cuando son las acciones de su país las organizaciones terroristas que prohíja, su cine y su televisión, las que forjan esos dañinos sentimientos en los jóvenes del mundo

6. Al referirse a la ONU, afirmó que se creó para conformar “un futuro mejor” y que los pilares de la organización estaban sujetos a la intención de las naciones de “cooperar para proteger su soberanía, preservar su seguridad y promover su prosperidad”, obviando que la acción internacional cotidiana de su país, atenta contra esos pilares, socavando a diario la estructura del sistema internacional.

7. Mencionando el Plan Marshall, recordó al Presidente Truman quien dijo que esa acción fue en consonancia con el apoyo de su país a la ONU. Entonces, ¿por qué se sale de la UNESCO y pone en duda el trabajo de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) en Irán?, que ha dado pruebas de profesionalismo y diligencia.

8. Haciendo gala de sus mejores condiciones histriónicas dijo que “En los Estados Unidos no buscamos imponer nuestro estilo de vida a nadie”. Tal vez sea verdad, pero fuera de Estados Unidos se lo tratan de imponer a todo el mundo y en la mayoría de las ocasiones por la fuerza, la invasión y la intervención de todo tipo.

9. Desesperado porque le creyeran aseguró que “En los Estados Unidos, el pueblo gobierna, el pueblo manda, y el pueblo es soberano”. Si, sobre todo el pueblo multimillonario como él y como más del 80% de los senadores, representantes y gobernadores, que necesitan gastar una suma inimaginable para ser electos.

10. A diferencia de Obama quien decía que no había que recordar la historia, Trump, quiso recordar que “La devoción de Estados Unidos se mide en los campos de batalla donde nuestros jóvenes, hombres y mujeres, han luchado y se han sacrificado junto a nuestros aliados, desde las playas de Europa hasta los desiertos de Oriente Medio y las selvas de Asia” Debería recordar que el Desembarco de Normandía significó miles de muertos no por la acción del ejército nazi, sino por la impericia de sus generales y que se produjo cuando ya la guerra había sido prácticamente ganada por la Unión Soviética después de la Batalla de Stalingrado. Todo lo demás han sido vulgares incursiones o invasiones, donde los militares estadounidenses se han dedicado a asesinar, violar, saquear y sembrar el terror y el caos.

11. Continuando con la lección de historia refirió que “…no buscamos la expansión territorial ni intentamos oponernos e imponer nuestro modo de vida a los demás”. Se le olvidó decir que la expansión territorial de Estados Unidos había finalizado a mediados del siglo XIX, aunque realmente concluyó en 1898 cuando se apoderaron de Puerto Rico. Sino pregúntele a los pueblos originarios del oeste y a los mexicanos.

12. Incluso, no muy veladamente se permitió amenazar a Rusia y China: “Debemos rechazar las amenazas a la soberanía desde Ucrania hasta el Mar de China Meridional”. Debe ser que este señor no sabe que esos territorios quedan bastante lejos de Estados Unidos, mientras que si están ubicados en el perímetro de seguridad de Rusia y China, los que están obligados a salvaguardar su soberanía que si está en peligro por las acciones provocadoras que Estados Unidos desarrolla allí.

13. Lamentablemente, en prensa, el espacio es limitado y no me puedo seguir extendiendo pero, para cerrar con broche de oro, Trump vertió furiosas amenazas contra la República Popular Democrática de Corea, Irán, Siria, Cuba y Venezuela. Haciendo uso de una verborrea barata, el presidente de Estados Unidos ladró para intentar coaccionar a estos países, incluso con armas nucleares, solo minutos después que el Secretario General de la ONU António Guterres, había advertido que en un momento tan peligroso como éste, un "…lenguaje inflamatorio puede dar lugar a malentendidos fatales". Es decir, se burló groseramente de la máxima autoridad de la organización mundial.

14. Por cierto, refiriéndose al Medio Oriente, esbozó como un gran honor haber visitado Arabia Saudita. Aunque se le olvidó decir que su gran logro fue venderle 110 mil millones de dólares en armas al mayor régimen terrorista del mundo, anunció que “acordamos que todas las naciones responsables deben trabajar de conjunto para enfrentar a los terroristas y al extremismo islamista que los inspira”. Es decir según él van a hacer una alianza de las naciones que promueven el terrorismo en el Medio Oriente para luchar contra el mismo, o algo así como apagar el fuego con gasolina. 

15. Lanzando un salvavidas a su aliado saudita, le dio carácter de guerra civil a la intervención militar de la monarquía wahabita en Yemen, negando con ello el carácter intervencionista y mercenario del ejército de Riad.

16. Se ahogó hablando del socialismo como algo concluido en la historia. Hay que perdonarlo, no sabía que solo unos días después, el Secretario General del Partido Comunista de China y Presidente de ese país Xi Jinping, al hacer el informe al XIX Congreso de su partido, anunció que en el año 1949, fecha del centenario de la creación de la República Popular, el país más poblado del mundo habrá creado las condiciones para construir un país socialista moderno.

17. Al cierre de su discurso lanzó una interrogante: “La historia nos pregunta si estamos a la altura de la tarea”. La respuesta es fácil: No, Donald, no estás a la altura, eres sólo un millonario ignorante y desquiciado que intenta poner al mundo al borde de la destrucción, eso sí lo puedes hacer, pero la humanidad sana y amante de la paz que es mayoritaria te lo impedirá.

18. Como siempre, pediste al final que Dios bendiga tus desmanes, eres tan cobarde que después de amenazar y patear a casi todo el mundo, pretendes que Dios bendiga tus acciones. Tal vez tu Dios sepa que debe hacer contigo. El mundo lo agradecerá.

lunes, 16 de octubre de 2017

La ayuda humanitaria: nueva modalidad del intervencionismo imperial.



El 15 de diciembre de 1999 ocurrió en Venezuela el peor desastre natural de su historia, cientos de toneladas de piedras y árboles cayeron desde la montaña hacia la costa oriental del Estado Vargas, causando destrucción y muerte al paso de las aguas que bajaron con furia inusitada después de un día en que los pluviómetros marcaron en un día la misma cantidad de lluvia caída que la de todo un año normal. Se calcula que hubo alrededor de 25.000 muertos, aunque esa cifra nunca ha podido ser corroborada

Ese día también hubo elecciones: se votaba en referéndum para aprobar la nueva Constitución que había sido redactada tras largos meses de duro trabajo. Por ello, en cumplimiento del “Plan República” que conmina a la Fuerza Armada a prestar apoyo y seguridad al ente electoral, los militares estaban desplegados a lo largo y ancho del país. Fue un hecho providencial, dado que el terrible impacto del desastre natural, pudo tener una respuesta inmediata de parte de la institución castrense después de recibir la orden del Presidente Chávez de volcarse en la ayuda de la población. Tal vez por primera vez en la historia, la ciudadanía percibió que la institución armada era amiga y cercana al pueblo. Este hecho marcó una pauta de futuro en la relación cívica militaren el país.

Varios países amigos acudieron solidariamente en socorro de Venezuela prestando asistencia material y humana, así mismo, casi de inmediato, el gobierno de Estados Unidos presidido por Bill Clinton resolvió sin consultar con su par venezolano, enviar barcos de su armada cargados de marines quienes no se caracterizan precisamente por su carácter humanitario. El presidente Chávez rechazó la intromisión estadounidense y no permitió que esos navíos atracaran en los puertos del país, en una decisión que desató impúdicamente el feroz repudio de una oposición acostumbrada a acatar la medida yanqui, aún cuando esta fuera violatoria de la soberanía nacional.


Años después, en 2005, Naciones Unidas aprobó la “Doctrina de la Responsabilidad de Proteger” como instrumento para “intervenir humanitariamente” en aquellos países en que el Estado no tiene capacidad de impedir que su población sea objeto de crímenes graves. En el papel, dicha doctrina aparece como un paso adelante en el acto no solo de proteger a las víctimas, también en la salvaguarda de la paz y la seguridad internacional cuando la violación sistemática de derechos humanos puede conducir a la grave alteración de la situación política de un país, incluso con el peligro de que tal situación supere las fronteras nacionales. Hasta ahí, todo está bien, pero cuando se vive en un sistema internacional bajo la égida dictatorial de las cinco potencias que ocupan puestos permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU, tal instrumento solo sirve -como tristemente han demostrado los hechos- para legitimar la injerencia y la intervención en los asuntos internos de los Estados. 

El caso más elocuente en este sentido ha sido el de Libia en 2011, pero aquí, en nuestra región, un año antes en enero de 2010, las fuerzas armadas de Estados Unidos si lograron el propósito de instalarse en Haití, incluso ocupando el derruido palacio de gobierno, y sembrando la muerte de decenas de ciudadanos que pululaban por las calles de Puerto Príncipe clamando por comida y atención médica. Los humanitarios marines estadounidenses no hallaron mejor solución que disparar a mansalva “para eliminar el problema”. Pero los grandes ganadores de la tragedia de Haití fueron el expresidente Bill Clinton (el mismo que había enviado sus barcos a Venezuela) quien junto a su esposa y actuando como Enviado Especial de la ONU, colíder del Fondo Clinton-Bush para Haití (junto al también expresidente George W. Bush) y copresidente de la Comisión Interina de Recuperación de Haití, un órgano semigubernamental de planificación de Estados Unidos hicieran el negocio de su vida, recaudando cientos de millones de dólares que no llegaron a las víctimas del desolado país sino a sus arcas personales, incluso recibiendo promoción (que posteriormente se hizo pública) de su esposa, la en ese entonces Secretaria de Estado.

Ahora, cuando se ha producido una avalancha de violentos huracanes que han afectado la región, Estados Unidos se vale de ello para militarizar el Caribe, recomponiendo su aparato militar y aprovechando de entrenar a sus tropas para futuras acciones intervencionistas. No por conocido, el método de apelar a la “ayuda humanitaria” deja de ser pernicioso: primero, la USAID acude al país devastado, una vez que constata la insuficiencia de su capacidad, se solicita la presencia de las Fuerzas Armadas. Vale recordar que el presupuesto de la USAID para América Latina en el año fiscal que comenzó el pasado 1° de octubre sufrió un recorte del 60%, mientras que el del Pentágono creció en un 10%. 

En este caso 300 marines dislocados en Honduras, fueron movilizados para “brindar apoyo” al Caribe. Aunque esta es teóricamente una de las misiones del Comando Sur, en la historia y en el pensamiento de los pueblos de la región está presente que la tal ayuda humanitaria es uno de los tantos subterfugios de Estados Unidos para consolidar su posicionamiento militar en regiones donde necesita establecer una presencia de carácter estratégico. El problema fundamental es que la estancia de la armada de Estados Unidos en algunos casos no se justifica, cuando lo que realmente se necesitan son médicos, rescatistas y personal de apoyo logístico especializado, no tropas capacitadas para invasiones, ocupaciones, desembarcos o incursiones como los son las fuerzas de infantería de marina de la Armada de Estados Unidos. Por ejemplo, se ha informado que una de las unidades movilizadas hacia Puerto Rico es la 101 División Aerotransportada (DAT) la que junto a la 82 División Aerotransportada configuran las fuerzas de intervención militar de élite. En sus 75 años de existencia la 101 DAT jamás ha cumplido una misión de este tipo, mientras que si se le ha conocido por ser ariete de las agresiones militares estadounidenses en Vietnam, Laos, Afganistán e Irak.

La aceptación de estas operaciones a través de las cuáles el Pentágono se ofrece para conceder ayuda transitoria, se ejecutan a partir de la instalación de Centros de Emergencia Regionales, que se transforman en la mampara preferida para incoar e establecimiento de bases militares de tiempo completo. 

En el caso de Puerto Rico, además, el gobierno estadounidense y los militares que controlan el poder en ese país, han decidido desplegar aviones, helicópteros y barcos de la Armada, procedentes de doce estados de la unión americana, destacando entre ellos el buque de asalto anfibio USS Kearsarge, que se encarga de inspeccionar las costas para ubicar probables puntos de desembarco, así mismo 20 unidades de aviación, infantería de marina y logística conforman el contingente militar enviado a Puerto Rico ante las mermadas capacidades de la USAID y los mecanismos civiles de real ayuda humanitaria.

La opinión pública puertorriqueña no ha tardado en manifestar su preocupación por la probable temporalidad de la presencia de estas fuerzas militares en la isla, y no han dudado en expresar la inquietud que desata la posibilidad de una larga estadía del ejército imperial en este país, colonia de Estados Unidos. La imagen de Haití tras el terremoto de 2010 está presente en el imaginario del pueblo borincano donde como recuerda Francisco Santiago, Copresidente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) “estuvieron mucho tiempo dirigiendo el país”. Esta situación acaecida en Haití, establece un paralelo con Puerto Rico donde ha sido designado el Teniente General Jeffrey Buchanan a cargo de las operaciones para el manejo de la emergencia, con lo que además del control financiero directo de Estados Unidos al país, ahora ha sumado también un gobernante militar de facto ejerciendo la supremacía sobre la sociedad boricua.

Estas operaciones, vienen a complementar una serie de acciones del gobierno de Estados Unidos contra Venezuela, que llegó incluso a consumarse en la amenaza del presidente Trump de intervenir militarmente en el país. Además de este despliegue bélico inusitado, en junio del presente año se realizó en las cercanías de las costas de Venezuela el ejercicio militar y naval Tradewinds 2017 con la participación de 18 países, bajo conducción del Comando Sur de Estados Unidos, también presentado como "una maniobra multinacional de seguridad marítima y respuesta a desastres en el Caribe”.

Sin embargo, la vida se encargó muy pronto y de forma lamentable de demostrar que tras el paso de los huracanes Irma y María, la tan cacareada ayuda humanitaria de Estados Unidos se ha reducido a publicidad en las redes sociales, a un apoyo retórico que no se ha manifestado en la práctica, y que además está totalmente alejado de las capacidades y las potencialidades económicas del país del norte, desnudando con ello, su verdadera catadura intervencionista y su desinterés en los pueblos de América, si no es con ánimo agresivo y expoliador.

En el ámbito más amplio estas acciones se inscriben dentro de la Operación Venezuela Freedom 2, elaborada e implementada por el Comando Sur, la OEA y el grupo de países autodenominados “Perritos simpáticos en la alfombra” constituido por 13 gobiernos de la región subordinados políticamente a Estados Unidos.

viernes, 6 de octubre de 2017

Che. Un hombre de otra época*


Hablar del Comandante Ernesto Che Guevara entraña una gran responsabilidad y un inmenso honor. Pocas personalidades de la historia contemporánea han copado la multitud de opiniones y comentarios de índole tan disímil, que su figura ha transitado por las inconmensurables facetas de leyenda o aventurero y “Quijote” del siglo XX, con la misma intensidad.

El problema de fondo es que el Che no fue un hombre de su época, como todas las grandes personalidades de la historia, se antecedió a ella, su visión de mundo transcurría mucho después de los acontecimientos cotidianos que le tocó vivir, y como aquellos adalides extraordinarios, podía otear los sucesos del futuro, adelantándose a su época. Como Bolívar y Fidel, como Einstein y Galileo, como Newton, Darwin y Copérnico, el Che fue un incomprendido, alguien que con su práctica trazó un camino señero en el comportamiento del hombre del futuro, a partir de una práctica y de una cotidianeidad basada en el realce de los mejores valores de la condición humana para ponerlos al servicio de la construcción de una nueva sociedad en la que la humanidad pueda, en plenitud de condiciones, desatar su espíritu edificador de un mundo mejor.

El aniversario de la caída del Che que hoy conmemoramos en su quincuagésimo aniversario nos trae el recuerdo de un hombre que incluso después de su muerte ha resistido en el tiempo, las falsas imágenes que se pretendieron erigir en torno a él. Mucho se ha hablado del Che como un estereotipo, como un mito mediante el cual el movimiento revolucionario y especialmente Cuba intentaban edificar una falsa “deidad” que sirviera para desatar el ímpetu de la lucha contra el capitalismo y el imperialismo, es decir como si fuera un “Superman” comunista que permitía desbrozar el camino de la revolución.

Desde el momento de su muerte, la propaganda imperialista pretendió asociar al Che con la idea de fracaso, de derrota, de fin de una época. Así, su ausencia física y el fin del proyecto que inició en Bolivia se podía exponer como la liquidación de una idea y de la posibilidad de construir un mundo distinto. Aunque no existía la posverdad y los medios de comunicación no eran tan tenebrosamente poderosos como ahora, la falsificación de la historia pretendía eliminar la mejor imagen de lucha inclaudicable y desinteresada que un hombre podía emprender en contra de los explotadores, incluso al precio de sacrificar su propia vida. Se equivocaron, con su sangre, el Che sembró un camino que no se ha dejado de transitar ni un solo día de la historia de Nuestra América.

La amplitud del pensamiento político y las facetas que transitó en su fructífera vida, nos permite tener una visión sino acabada, bastante aproximada de la impronta del Comandante Ernesto Guevara. El Che dedicó parte de su vida a teorizar sobre la estrategia y la táctica para la toma del poder en América Latina. Muy comúnmente se le ha adjudicado una supuesta visión dogmática respecto del papel de la lucha armada y la guerra de guerrillas como única opción para la toma del poder, acusándolo además de intentar extrapolar la experiencia de la revolución cubana. Sin embargo, la realidad es que, como lo reflejan sus escritos, siempre concibió la lucha guerrillera, como lucha de masas, como lucha popular.

Muy pocos analistas de la época (y él no era un a analista sino un luchador social) tuvieron la capacidad del Che para esbozar una interpretación tan acabada de la forma como se manifestaba la acción imperialista en América Latina, también en África y Asia, así mismo estudió y expuso acertadas ideas respecto de la situación económica de la región, la lucha de clases, el papel del Estado y el carácter de la revolución. De igual manera, su conocimiento de la historia latinoamericana, su capacidad para tener una visión totalizante de la problemática global y su influencia en los países subdesarrollados, le permitió construir un sólido paradigma que aportaba sustancialmente al camino de la liberación.

Vale decir, que, como es conocido, no se quedó en la confección teórica, su obra es sobre todo práctica, la llevo a cabo en su quehacer como estadista, como dirigente político, edificador de instituciones en la Cuba de los primeros años de revolución, también en la lucha en la Sierra Maestra y en las misiones internacionalistas en diferentes latitudes y longitudes del planeta.

La lucha ideológica cobró fuerza en estas condiciones, no sólo en el proceso de construcción socialista en Cuba, también en los debates que se generaban por la influencia de la revolución en los luchadores y en las organizaciones políticas de la región. Esto es primordial para alejarlo del dogma y ubicarlo responsablemente en su condición de pensador dialéctico y de ejecutor práctico de los procesos de transformación de la sociedad. Afirmó que “La Revolución Cubana ha mostrado una experiencia que no quiere ser única en América Latina” y reprochó a quienes trataron de “implantar la experiencia cubana sin ponerse a razonar mucho si es o no el lugar adecuado “. Pareciera que estaba “mirando” el futuro más inmediato cuando solo tres años después de su muerte habría de fructificar esta idea en Chile de la mano del presidente Salvador Allende, en la Revolución Sandinista un poco más de una década posterior a su partida y en los recientes procesos populares que el devenir del siglo XXI trajeron para América Latina y el Caribe.

Así mismo, contrario a lo que se suele pensar, jamás hizo de la lucha armada una condición obligada del camino revolucionario, opinaba que ello dependía de encontrar el momento adecuado en que existieran las circunstancias que la hicieran posible, para lo cual se requería dos factores que deben complementarse en lo subjetivo, “…la conciencia de la necesidad del cambio y la certeza de la posibilidad de este cambio revolucionario”, a lo cual agregaba como imprescindible, la existencia de condiciones objetivas, la firmeza en la voluntad de lograrlo y una correlación de fuerzas favorable en el mundo, entendiendo si, que era responsabilidad de los luchadores revolucionarios, trabajar por crear esas condiciones, y no sentarse a esperar que ellas maduraran por sí mismas. Pensaba que las fuerzas progresistas debían “utilizar hasta el último minuto la posibilidad de la lucha legal dentro de las condiciones burguesas” como lo expuso con determinación en su obra “Táctica y Estrategia de la Revolución Latinoamericana”, sin embargo no dejó de alertar acerca de que una victoria electoral del movimiento popular, que diera paso a la aplicación de un programa de gobierno orientado a grandes transformaciones sociales en un país, traería necesariamente la resistencia de los instrumentos de dominación de clase, en particular de las fuerzas armadas a fin de impedir la ejecución de tal programa, afirmando premonitoriamente que esa ejecutoria podría devenir en golpes de Estado como lamentablemente ocurrió en varios países de nuestra región muy pocos años después de la muerte del Che.

En su rol de estadista, el Comandante Guevara dejó una estela de dignidad y principios. En julio de 1960, durante un congreso latinoamericano de juventudes, expresó incluso, comprensión hacia aquellos gobiernos latinoamericanos que se prestaban para confabularse al lado de Estados Unidos en su agresión contra Cuba y se manifestó respetuoso de la soberanía de esos países, pero precisamente aquí en Uruguay, en Punta del Este en agosto de 1961, solo unos meses después de la derrota de la invasión mercenaria en Playa Girón, el Che advirtió que Cuba no podría ser separada del corazón de las naciones latinoamericanas, y que lucharía por no ser apartada de la organización que los agrupaba, aceptando incluso que la Alianza para el Progreso, podría llevar una mejoría de las condiciones de vida de decenas de miles de habitantes de la región. No es la opinión del guerrero desalmado que el imperialismo y sus voceros han querido mostrar, sino de un líder, un estadista que ante todo tenía la capacidad de entregar una gran cuota de amor y solidaridad a la humanidad, poseedor de una inconmensurable flexibilidad táctica en el análisis, mente fría y pasión revolucionaria en el tratamiento de asuntos sumamente complejos.

Ese sentir humanista del Che, lo llevó a una vida de sacrificios en pro de dar el ejemplo sin proponérselo, sino como actitud cotidiana de vida, a diseñar y seguir caminos, estuvo totalmente alejado de la vanagloria personal. Percibió como nadie la necesidad de un hombre nuevo que debería estar motivado por valores que superaran la visión mercantilista del trabajo, lo cual se manifestó en los hechos, en la promoción de un gran movimiento de trabajo voluntario que encaraba la construcción de la obra humana alejada de la búsqueda del beneficio personal, que para el Che era parte sustancial de la edificación del socialismo en Cuba, creando preceptos que no han sido mellados por las necesarias transformaciones que se deben hacer para enfrentar los retos de una economía mucho más interdependiente en el marco de un sistema capitalista cada vez más agresivo e intervencionista.

La consumación de la obra del Che vino dada por su convicción internacionalista que lo llevó a una prédica de la cual no quiso estar apartado en la práctica. Esta semana estamos recordando precisamente, los primeros cincuenta años desde que aquel 8 de octubre diera un paso a la inmortalidad, entregando su vida en las selvas de Bolivia, dando con ello al internacionalismo, el horizonte más alto de desprendimiento en favor de la humanidad, sin importar en qué rincón de la geografía del planeta se lucha y se está dispuesto a la victoria o la muerte.

El Che, se entregó al internacionalismo como expresión de solidaridad activa en su proyecto de luchar por una sociedad mejor, de manera leal, auténtica y aherrojado de un soporte ético que le hacía ponerse al frente de cualquier tarea que enfrentara, incluso la postrera hace ya cincuenta años, lo hizo como siempre, como un soldado más, alejado de las glorias de su pasado como comandante de la revolución cubana o como dirigente del más alto nivel del gobierno de la Cuba revolucionaria. Lo encaró con el mismo desprendimiento con que se incorporó al Granma, entusiasmado por el inicio de la epopeya que Fidel le había propuesto, lo hizo con la misma entereza que le permitió resistir los brutales ataques de asma en la humedad de la selva tropical de la Sierra Maestra, lo asumió con el mismo fervor con que resolvió las responsabilidades gubernamentales de una gestión que se inició casi de inmediato bajo el asedio imperial.

¡Y cuando cayó, llegó a la muerte, con la misma convicción que vivió, para estar junto a nosotros, encabezando las nuevas batallas que se libran y se habrán de librar hasta la victoria, siempre!!!! 

*Palabras en la conmemoración del Quincuagésimo aniversario de la caída del Che en el acto organizado por el Sindicato Único de la Construcción y Anexos (SUNCA) de Uruguay el 4 de octubre de 2017.