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sábado, 28 de noviembre de 2015

¡Quiénes son los terroristas!

El terrorismo es la acción política violenta que puede ser usada por el gobierno o por la oposición a éste. Paradójicamente el concepto surgió para caracterizar la política de terror durante la Revolución Francesa, es decir que su nacimiento está asociado al poder y a la aplicación del mismo por la burguesía contra sus oponentes. Rápidamente el mismo se asoció con cualquier sistema de opresión violenta basada en el miedo.

El terrorismo de Estado consiste en la aplicación sistemática de la violencia por parte del aparato estatal a fin de amedrentar a los opositores, afectando en algunas ocasiones a la mayoría de la población como ocurrió en la América Latina de los años 70 y 80 del siglo pasado. Pero el terrorismo de Estado puede tener una proyección externa cuando las acciones violentas se ejercen en otros países, vulnerando el soporte jurídico que ofrece el Derecho Internacional para las relaciones pacíficas entre naciones.

Desde el punto de vista ético, la práctica del terrorismo plantea el dilema entre los fines y los medios, expuesto por Albert Camus en su obra “Los Justos” cuestionando a aquellos que colocan su causa por encima de los preceptos morales. Eso es lo que hoy ha permitido a Estados Unidos, -en el caso de Siria- afirmar que hay “terroristas buenos y malos”, toda vez que los primeros sirven a sus propósitos de derrocar al gobierno legítimo de ese país. Es la misma concepción que llevaba a la potencia imperial a caracterizar a la Contra nicaragüense como luchadores por la libertad, así como proteger en su territorio a Luis Posada Carriles, Orlando Bosch, Félix Rodríguez y otros terroristas confesos de cometer crímenes de lesa humanidad.

Esto es mucho más que un mero debate académico, si se considera que las sociedades exigen respuestas frente a estas tenebrosas actuaciones sobre las que la Organización de Naciones Unidas ni siquiera posee una definición aceptada por todos. Tal vaguedad conceptual es la que permite cometer atrocidades en nombre de “la libertad y la democracia”, estas si delimitadas axiomáticamente por las potencias globales a fin de actuar impunemente en cualquier rincón del planeta. De esa manera, se caracteriza como terrorista la respuesta del pueblo palestino a la brutal represión del Estado de Israel, de la misma manera que hicieron con los luchadores anti apartheid de Sudáfrica. Cabe recordar que el propio Nelson Mandela fue considerado como terrorista por Estados Unidos hasta el año 2008, 18 años después de salir de prisión y 14 de ser elegido presidente de su país. En un sin sentido propio de las imposiciones imperiales, Mandela ejerció todo su período presidencial siendo considerado como terrorista por la mayor potencia mundial. Si nos atenemos a esto, Mandela sólo vivió los últimos cinco años de su vida, sin ser calificado como tal. Algún despistado diría que antecedió a Barack Obama como el primer terrorista que ganó el Premio Nobel de la Paz. 

Si aceptamos que el terrorismo es conceptualmente el sacrificio deliberado de víctimas inocentes, así como la transgresión de derechos superiores a los que se dicen defender y la vulneración de valores o su imposición por la fuerza, no nos queda más que afirmar que los mayores terroristas del planeta son los gobiernos de Estados Unidos y los países de la OTAN. Ello, no sólo por su actuación directa, sino también por su participación inmediata en la construcción de organizaciones terroristas a lo largo del mundo, las que lo están sembrando de violencia, miedo, persecución hasta llegar a niveles de deshumanización tales que deja disminuido hasta al régimen nazi, caracterizado como el peor horror del planeta durante el siglo XX. 

En reciente vista a Kenia, el papa Francisco apuntó que “La experiencia demuestra que la violencia, los conflictos y el terrorismo que se alimenta del miedo, la desconfianza y la desesperación nacen de la pobreza y la frustración. En última instancia, la lucha contra estos enemigos de la paz y la prosperidad debe ser llevada a cabo por hombres y mujeres que creen en ella sin temor, y dan testimonio creíble de los grandes valores espirituales y políticos que inspiraron el nacimiento de la nación”. En estas palabras, el máximo representante de la iglesia católica pone el énfasis en la búsqueda de las causas del terrorismo y las ubica en “la pobreza y la frustración”. Si acogemos esta prédica, lamentablemente tendremos que aceptar que va a ser difícil eliminar este flagelo si no se suprimen los móviles que le dan origen. En esa medida, la pobreza, un engendro mucho peor que el terrorismo porque ocasiona más muertos y pesares a la humanidad, no va a tener solución en los marcos del capitalismo que intrínsecamente es depredador, marginador y excluyente.

Digo esto porque la única respuesta (necesaria a estas alturas) que se ha escuchado de parte de los mandatarios que dirigen las operaciones anti terroristas es la acción bélica, las cuales, incluso cuando son efectivas, -como lo demuestran las llevadas a cabo en conjunto por el ejército sirio y la aviación rusa- y llegaran a obtener un éxito contundente, así como la supresión de los grupos terroristas que hoy operan en Siria e Irak, no darán solución definitiva al problema.



La ola de terror en el Medio Oriente, que también ha afectado a Estados Unidos, Rusia, China y Europa, fue iniciada a partir de la creación, financiamiento, dotación de armas y adiestramiento de los talibanes y con ellos de Al Qaeda por parte de la CIA en Afganistán en los años 80 del siglo pasado. Sin embargo, cobró fuerza a partir de los atentados del 11 de septiembre de 2001 –conocidos de antemano por el gobierno de Estados Unidos si nos atenemos a las declaraciones de diez jefes de inteligencia que comparecieron a una comisión especial del Senado que investigó los hechos-. Ello condujo a la utilización, -por parte del Presidente Bush- de la lucha contra el terrorismo como elemento ordenador de las relaciones internacionales y el establecimiento por la fuerza de un mundo unipolar como modelo organizacional en el planeta.

Los intentos de imposición de valores, de una cultura distinta y de un modelo de democracia que siendo mejor que el dictatorial, no ha funcionado en ningún lugar del mundo, sobre todo en aquellos países del Medio Oriente, gobernados por monarquías putrefactas en las que no existe el menor atisbo de democracia y se violan cotidianamente los derechos humanos, bajo la mirada cómplice de Occidente, ha sido el caldo de cultivo para que miles de jóvenes musulmanes excluidos, marginados y violentados en su humanidad y sus creencias, terminen aceptando ideologías extremistas (ajenas y usurpadoras del islam) que han comenzado a actuar en territorios cada vez más extensos y con una saña superlativa.

En el contexto actual, caracterizado de una parte, por el inaudito incremento de las migraciones de ciudadanos que escapan de la guerra y que huyen a Europa como tabla de salvación para lo que Occidente ha transformado en una existencia miserable. Y de la otra, por la continuidad de atentados contra ciudadanos inocentes e inermes en un avión comercial civil ruso en Egipto, en un barrio de Beirut, en centros de recreación en París y en un hotel de Bamako, capital de Mali, ese mismo Occidente sólo ha reaccionado cuando el terror ha golpeado la capital francesa, pareciera que las otras víctimas no tienen importancia. De tal dimensión es la deshumanización capitalista que le da valor distinto a la vida humana, dependiendo del lugar donde se haya nacido sometiendo al desprecio y al olvido a aquellos que habiendo sido también inmolados por la barbarie terrorista, no han tenido la fortuna de nacer en alguna de las ciudades de un “territorio privilegiado” al que consideran la médula del planeta.

Ante esta barbarie, ha reaccionado Rusia, para establecer una alianza con Irak, Siria e Irán a fin de enfrentar de manera real al terrorismo, sin ambigüedades; sin campañas que se hacen en los medios, pero de las que no hay constancia en el terreno de los combates; sin decir que se ataca al comercio petrolero ilegal de los terroristas mientras se les da protección aérea a los mismos; sin fomentar un supuesto “terrorismo bueno” que eufemísticamente llaman “oposición armada”, como si ello fuera posible de manera legal en algún lugar del planeta, en carencia de apoyo y financiamiento de una o varias potencias globales; sin entregar armas a ese sector calificado de oposición, que a su vez las cede a los que ellos mismos califican de terroristas.

Todo eso, lo que ha hecho es poner en evidencia que lejos de combatir el terrorismo, Estados Unidos y sus satélites de la OTAN lo que hacen es sostenerlo y luchar junto a él, como lo demuestra claramente el derribo de un avión ruso en Siria, de manera artera, alevosa y traidora de parte de la aviación de Turquía, un país que debería estar en el podio mundial entre aquellos gobiernos que fomentan y desarrollan el terrorismo. 

No existe un terrorismo bueno como pretenden hacernos creer los medios transnacionales de comunicación, sus principales aliados y propagandistas. El terrorismo es uno solo y su origen está en las entrañas de la sociedad de clases que margina, excluye y humilla y que pretende universalizar valores, por vía de la fuerza, llevando a la impotencia y desesperación de miles de jóvenes que se incuban en sus propias sociedades, desde las que emanan la fuente de la rabia que utilizan mentes criminales para encauzar un enfrentamiento contra toda la humanidad. No hay que olvidar que, como dijo el Papa Francisco, “el terrorismo nace de la pobreza”.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Bienvenidos a Venezuela, parlamentarios chilenos


Todos unidos contra Venezuela!!!!!! La elite política de Chile en santa alianza: los partidos políticos, los parlamentarios, la Corte Suprema, algunos indignos herederos del presidente Allende. Todos están juntos.

Los que han aupado la represión contra los estudiantes que reclaman justas y elementales demandas.

Los que siguen masacrando al pueblo mapuche que continúa luchando después de siglos de usurpación de sus tierras, de las que fueron expulsados no por el colonialismo español, sino por el Ejército chileno.

Los que en defensa de la libertad de expresión, asfixiaron hasta cerrar revistas, periódicos y medios que jugaron el papel más valiente en contra de la dictadura, los que clausuraron El Clarín, Análisis y otras.

Los que nunca han protestado por los asesinatos de decenas de activistas de derechos humanos en Colombia, por la desaparición de estudiantes en México, por las condiciones carcelarias y juicios arbitrarios de independentistas puertorriqueños en Estados Unidos, o por las brutales represiones contra trabajadores y comuneros en Perú.

Los que tampoco han abierto la boca por la libertad de los dirigentes mapuche detenidos en virtud de una ley anti terrorista creada por la dictadura e invocada por los que se dicen demócratas.

Los que hablan de elecciones limpias, pero se quedaron callados cuando Al Gore fue despojado ilegalmente y mediante fraude de la presidencia de Estados Unidos como lo demuestra una investigación de la Universidad Internacional de Florida.

Los que apoyaron el golpe de Estado contra el Presidente Chávez señalando que él mismo había creado las condiciones para su derrocamiento y reconocieron de manera inmediata a los usurpadores. Es lo mismo que dijeron e hicieron cuando fue derrocado el presidente Allende y corrieron a lamerle las botas a los militares.

Los que vivieron su dorado exilio viajando de país en país financiados por aquellos que los adoctrinaron, mientras miles de chilenos eran desangrados, masacrados, asesinados, desaparecidos y reprimidos

Los que entraron a los gobiernos de los últimos 25 años como humildes funcionarios y salieron de él millonarios y desbordantes de felicidad por sus hazañas “ en favor de la democracia”.

Los que fueron cómplices de la desaparición, la tortura y la muerte de miles de chilenos.

Los que pretenden dar cátedra sobre los sistemas electorales de otros países, pero han vivido usufructuando un sistema electoral binominal antidemocrático creado por la dictadura que les ha permitido sostenerse en el poder

Los que hablan de pobreza pero son los parlamentarios con los salarios y las prebendas más altas del mundo

Los que se oponen a la reelección fuera de su país, pero llevan 15, 20 y hasta 24 años siendo diputados y senadores.

Los que están preocupados por proteger criminales de otros países, de la misma manera que protegieron a Pinochet cuando fue detenido en Londres y lo salvaron de ser juzgado por delitos de lesa humanidad. En esa ocasión reclamaron extraterritorialidad para impedir que el dictador fuera acusado, mientras aceptan la misma, para emitir opiniones sobre otros sistemas jurídicos.

A propósito de cárceles y presos, ¿Qué opinan sobre la prisión de Guantánamo, que Estados Unidos mantiene ilegalmente violentando el derecho internacional? ¿Cuántas declaraciones han hecho? ¿Cuántas notas de protesta han enviado al gobierno de ese país?

¿Quién les paga este viaje a Venezuela? Tal vez Ponce Lerou, el yerno del dictador quien financió a algunos de ustedes para hacer política y aprobar leyes en su provecho.
¿Por qué engañan al pueblo chileno, robándole sus recursos al decir desde el Senado que vienen en "misión oficial" cuando no han sido invitados por ningún

Poder del Estado venezolano? Sería interesante que los parlamentarios venezolanos fueran, sin invitación, a “observar” las elecciones chilenas.

¿De dónde sacan el dinero para venir a apoyar a la oposición venezolana? De los fraudes tributarios y financiamientos ilegales por los que a algunos de Ustedes están investigados por la Justicia. Tal vez sea, de Soquimich, o del grupo PENTA. A lo mejor fue el Grupo Saieh, a través de Corpbanca.

¿Quién les paga el hotel y sus gastos? ¿Quién les da sus jugosos viáticos para “luchar por la democracia”? A lo mejor, fue el Grupo Angelini a través de Corpesca, el que como en otras ocasiones les entregó gentilmente unos chequecitos a algunos de ustedes para que aprobaran una ley de pesca para privatizar el mar, a fin de favorecer a siete familias empresariales en detrimento de miles de pequeños y medianos pescadores.

Díganme, ¿sacaron su “tajada” de la estafa de la Polar o de la millonaria deuda en impuestos que le correspondía pagar a la empresa Johnson condonada en el gobierno de Piñera? Ellos no son buenos pagadores al fisco nacional, pero saben que algunos de ustedes tienen precio y gustosamente están dispuestos a financiar “su abnegada lucha por la democracia y la libertad”.

A lo mejor fue el señor Paulmann a través de Cencosud quien hizo su importante contribución al “Estado de Derecho” que Ustedes defienden con determinación y firmeza. Por cierto, el mismo “Estado de Derecho” que heredaron de Pinochet y que no han hecho mucho por cambiar

¿Será que ustedes no sabían nada de los casos de información privilegiada que fue utilizada por CGE, Hábitat, Cruz Blanca, Bilbao y Hurtado entre otras para saquear a los chilenos?

¿O el dinerito para este tour por el “Caribe salvaje“ que necesita que lo civilicen proviene de la empresa minera Los Pelambres del Señor Luksic o de la Papelera de Eliodoro Matte a quienes algunos de ustedes se han apresurado a justificar y en algunos casos hasta proteger, incluso cuando este último hasta se burló de la Presidenta de la República, compañera de algunos de Ustedes en la “Nueva Mayoría”?.
¿Qué han hecho ante las acusaciones de colusión de las farmacias, los buses, las aerolíneas, los productores de pollo y de papel, los que han creado gigantescos monopolios para expoliar al pueblo que los eligió?

Bastante trabajo tienen y poco hacen, -a la luz de las informaciones- como para que anden tratando de arreglar otros países. Dicen en Chile, que más del 50% de los parlamentarios han sido acusados por hechos de corrupción que se están investigando. La democracia en Venezuela tiene bastantes problemas, pero deben ser los venezolanos los que los arreglen. Para ello, existen mecanismos constitucionales (que Chile con una Constitución hecha por Pinochet no posee). Y no nos interesa intercambiar experiencias con estas “prácticas democráticas” que se han hecho tan comunes en su país.

A pesar de sus dudosos antecedentes, a pesar que sabemos quiénes son, les decimos ¡¡¡¡Bienvenidos a Venezuela!!!!!. Su curriculum los avala, por su “denodado esfuerzo a favor de la democracia”. Claro, se entiende que hacen esforzados sacrificios, por lo que necesitan algunos “milloncitos” que con sumo placer les hacen llegar los grandes empresarios a través de las cada vez más “normales” prácticas corruptas e ilegales que dan cuenta de la democracia que nos quieren traer. Algunos de ustedes, cómplices de la represión, promotores de golpes de Estado, traidores de Allende son verdaderos ejemplos de lo que nos vienen a transmitir.

¿No viene Jovino Novoa? Él es un asiduo de todas nuestras elecciones, pero no echaremos de menos al Sub Secretario del Interior del gobierno de Pinochet, dicho en otras palabras, al segundo jefe del aparato represivo de la dictadura. Nos dan miedo las experiencias que pueda “aportar”. Nos recuerda la época en que su colega Posada Carriles y otros “paladines de la democracia” asesoraban a las fuerzas policiales de los gobiernos de los años 60 y 70 del siglo pasado en Venezuela. Sin hablar, -porque no me consta- de otras prácticas de Novoa que se han mencionado con exuberancia en los medios de comunicación chilenos, además, porque esta columna puede ser leída por niños y jóvenes menores de 18 años.


Deben ser respetados porque fueron elegidos por su pueblo, como nosotros sabremos elegir a nuestros representantes. Tal vez en Chile no los conozcan bien, los medios de comunicación se encargan de ocultar algunas de sus “fallitas”, pero en Venezuela sí sabemos quiénes son. Sólo les voy a decir que si vienen a apoyar a la oposición, su práctica política, su dudosa ética y moral, y su amor por el dinero permitirán que su presencia termine siendo de gran apoyo para el chavismo. Sus candidatos se lo sabrán agradecer. Bienvenidos, hijos de Pinochet. Aquí los esperamos.

domingo, 15 de noviembre de 2015

¿Fin del ciclo neoliberal en los países capitalistas desarrollados? II

La semana pasada hablamos de lo que se ha dado en llamar el “fin del ciclo progresista” con el objetivo de dar a conocer mi punto de vista sobre el debate que se ha generado en los medios sobre ese tema. Al respecto quisiera recomendar un extraordinario artículo, -que comparto en su totalidad- escrito por el analista político y periodista panameño Nils Castro, publicado el 14 de octubre pasado en el periódico Página 12 de Argentina, bajo el título “El fenómeno cíclico no se agotó”. Es un tema abierto que no se extinguirá con las elecciones presidenciales argentinas del 22 de noviembre ni las parlamentarias venezolanas del 6 de diciembre. Tampoco se agotará nunca el acoso imperial a todo aquel que inicie un camino soberano, independientemente que no toque las estructuras del sistema ni con el “pétalo de una rosa”, porque no es eso de lo que estamos hablando, como lo señala Atilio Borón en un reciente artículo, al referirse a las particularidades de los comicios en Argentina.

Pero, oculta tras esa discusión subyace la otra, la que podría llamarse “el fin del ciclo neoliberal en los países capitalistas desarrollados”. Hasta la década de los 70 del siglo pasado, América Latina marchaba a la zaga de los acontecimientos políticos mundiales. Los movimientos políticos de finales del siglo XVII, del XIX y la mayor parte del XX en la región, respondieron muchas veces a eventos que se desarrollaban fuera de nuestras fronteras. Así, tuvimos el influjo de la independencia de Estados Unidos, la Revolución Francesa, la derrota de Napoleón Bonaparte en 1815, la revolución de Rafael Riego en España en 1820, todas estas, acciones que influyeron de manera sustancial en el curso de las guerras de Independencia. Posterior a ello, la atadura a Gran Bretaña y a continuación a Estados Unidos, hicieron que nuestro acontecer político estuviera permanentemente signado por los avatares que procuraban las decisiones de política exterior e incluso de la política interna de estas potencias, en particular en los ámbitos económico y militar. 

Durante el siglo XX, esta situación tuvo relevante particularidad antes, durante y después de las dos guerras mundiales. Al finalizar la segunda de ellas, en 1945, el mundo bipolar y la guerra fría “amarró” indisolublemente a los gobiernos de la región (salvo contadas excepciones) a los designios de Estados Unidos y el capital transnacional. La confrontación con el sistema socialista desató la más feroz persecución a los luchadores democráticos y revolucionarios, la represión fue institucionalizada mientras los ejércitos latinoamericanos hacían el trabajo sucio, después de su consabido adoctrinamiento en la Escuela de las Américas y otros centros de “estudio”, en los que entre otras cosas, aprendían a perfeccionar los métodos de tortura.

En la década de los 70 del siglo pasado, ya se había puesto fin hacía rato a la política del “Buen Vecino” que Estados Unidos implementó para ganarse el apoyo latinoamericano en su participación en la guerra mundial. La guerra fría estaba en pleno apogeo, y salvo la revolución boliviana de 1952, el intento inacabado de Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954 y los gobiernos de Getulio Vargas en Brasil y Juan Domingo Perón en Argentina, que fueron expresión de un sentimiento nacionalista y democrático que irrumpió en la región, la polarización global, que tuvo poco después su mayor expresión cuando la Revolución Cubana declaró su carácter socialista eran expresión de la fisonomía de una época, que además vio como caían las dictaduras de Perú, Colombia y Venezuela. 

Parecía que había un ascenso democrático en la región y una crisis en el control estadounidense de la misma. La respuesta fue brutal, esa década de los años 70 fue testigo del enseñoramiento de las dictaduras más sanguinarias de la historia que pudieron entronizarse bajo el paraguas protector de Estados Unidos. Sin la existencia legal de partidos políticos, ni sindicatos, con la prensa libre acallada, y los parlamentos cerrados, fue fácil imponer modelos neoliberales que permitieron incrementar los niveles de exclusión social, generando ganancias extraordinarias para las empresas transnacionales y las oligarquías locales. Sin embargo, Europa marchaba a contrapelo. En esos mismos años 70, caían una a una las dictaduras fascistas de España, Portugal y Grecia. La democracia florecía en el Viejo Continente. Mientras tanto, una cantidad no menor de líderes políticos latinoamericanos, social demócratas fundamentalmente, vivieron su exilio en Europa, donde fueron aleccionados y comprados por estos demócratas de nuevo cuño que se preparaban para instaurar modelos neoliberales en sus países, a la usanza de lo que las dictaduras hacían en América Latina. Para los social cristianos no fue necesario vivir ese proceso, porque la gran mayoría de ellos fueron cómplices y partícipes de las dictaduras y absorbieron de manera directa, bajo financiamiento de sus gobiernos militares las enseñanzas malignas de la Escuela de Chicago. 

Ahora, Europa era la que comenzaba a marchar detrás de América Latina. Después de los desastrosos años 80, llamada “década perdida” por los economistas, el modelo neoliberal comenzó a entrar en crisis y con ello las dictaduras que los sostenían. Paradójicamente, bajo la influencia ­­­­de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, Europa asumía el neoliberalismo, comenzando la destrucción de los “Estado de bienestar” que había construido al finalizar la guerra.

Pero, el nuevo siglo comenzó a producir cambios más profundos en nuestra región desde la llegada al gobierno del Comandante Hugo Chávez, una nueva camada de líderes comenzaron a desmontar la estructura todavía vigente que sostenía los modelos neoliberales. Sin que ello, significara una transformación profunda de la economía y la sociedad, la respuesta imperial no se hizo esperar. Ahora, por primera vez en la historia, era América Latina la que sentaba las pautas de la política a nivel global. Mientras ello ocurría, Europa se solazaba con sus modelos neoliberales que restringían cada vez más las libertades democráticas y los derechos de los trabajadores.

Quince años después, cuando se habla del “fin del ciclo progresista”, en algunas potencias capitalistas, sus pueblos comienzan a “alebrestarse” y producir ciertos hechos que cuando menos llaman la atención. En septiembre de este año, en Australia, el primer ministro Tony Abbott fue destituido al perder la confianza en el seno de su partido tras “las numerosas encuestas que mostraban, en los últimos meses, una notable pérdida de confianza entre la opinión pública australiana”. Aunque, su sucesor en el cargo, Malcolm Turnbull, es un correligionario de su Partido Liberal, el mismo ha manifestado ideas mucho más avanzadas respecto de participación y derechos de mujeres y homosexuales, cambio climático, protección de la niñez e incluso ha sido partidario de establecer el sistema republicano en su país, que es miembro del Commonwealth británico y por tanto súbdito de su monarquía. Australia ha sido un leal aliado de Estados Unidos en la mayor parte de sus aventuras militares. El nuevo primer ministro ha designado por primera vez en la historia a una mujer como ministra de defensa.

En Canadá, el partido Conservador del ex primer ministro Stephen Harper sufrió una aplastante derrota a favor del partido Liberal y su líder Justin Trudeau en las elecciones del 19 de octubre en lo que el analista Thomas Walkom, del diario Toronto Star consideró “un repudio a Harper y a su estilo de gobierno”. Según Walkom, “al elegir a los liberales de Trudeau, los votantes estaban diciendo basta a tanta mezquindad en la política”.


La derrota de Harper, uno de los más importantes socios de Estados Unidos en sus acciones militares en diferentes regiones del planeta es considerada por el periodista argentino-canadiense Alberto Rabilotta como el “repudio a una década de políticas neoliberales que terminaron por arrasar lo que quedaba del Estado de bienestar, un importante referente de la sociedad y la identidad de los canadienses, así como el rechazo a una política exterior derechista, adosada a la OTAN y contraria,(…) a la tradición de más de medio siglo de la política exterior canadiense basada en la búsqueda de soluciones políticas y diplomáticas a los conflictos armados”.

En ese ámbito, el 24 de septiembre el nuevo líder del Partido Laborista británico Jeremy Corbyn, obtuvo una sonora victoria que lo encumbró a la máxima dirección de su partido, sustentada en una plataforma considerada “de izquierda sin compromisos”. El triunfo de Corbyn con un 59,5% y una inusual participación de 76% es, en primer lugar una profunda derrota para Tony Blair y sus huestes que hizo que el partido Laborista se pareciera tanto al Conservador que sus diferencias tan disimiles eran difíciles de detectar por los electores. En estas condiciones, la opinión pública británica comienza a conjeturar una eventual derrota de los conservadores en las próximas elecciones.

Corbyn se define como pacifista y republicano. Ha participado en diferentes campañas contra la guerra y de solidaridad con Palestina. Tuvo un activo papel en el intento de juzgar al dictador chileno Augusto Pinochet cuando fue detenido en Londres. La sola victoria de Corbyn en las elecciones internas del partido laborista significo que miles de ciudadanos solicitaran su ingreso a ese partido, esperanzados en un cambio de orientación a su política neoliberal.

Otro tanto, ha ocurrido con la sorpresiva campaña electoral del senador Bernie Sanders en las internas del Partido Demócrata que lo ha colocado en segundo lugar detrás de la candidata del presidente Obama, Hillary Clinton. Sanders, se considera un político social demócrata, lo cual es mucho decir en Estados Unidos. En la lógica de ese país, sus propuestas reflejan ideas avanzadas respecto de temas como la protección del medio ambiente y el cambio climático, el derecho a la educación y la salud, la desigualdad de los ingresos, el financiamiento y los gastos de las campañas electorales, su negativa a la disminución de los impuestos para los ricos propuesto por el presidente Bush, las libertades civiles y la crítica a la ley Patriota y el derecho a la privacidad de los ciudadanos.


Algunos analistas han afirmado, que independientemente de lo que pudiera ocurrir con Corbyn y Sanders, su discurso ha obligado a sus opositores a moderarse en algunas propuestas que han vertido con sentido retrógrado, dado el inusitado apoyo que han obtenido en importantes sectores de la ciudadanía.


Finalmente, en Portugal, una alianza de los partidos Socialista, Comunista y el Bloque de Izquierda llevaron a la caída del gobierno de derecha en ese país ibérico. La nueva coalición sustentó su acuerdo en el logro de consensos respecto del fin de los recortes impuestos por la troika conformada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional y la vuelta al escenario económico de 2011, cuando el gobierno de la derecha aprobó importantes recortes en las pensiones y los salarios. Algunos de los puntos acordados para formar gobierno son el aumento de las pensiones, el complemento de las rentas mínimas para jubilados, el fin de los recortes a los salarios de los funcionarios públicos y la reposición de un 25% por cada trimestre de 2016, la elevación del salario mínimo, al reposición de cuatro feriados (dos laicos y dos religiosos) que habían sido suprimidos, el establecimiento de una jornada laboral de 35 horas semanales, reformas a la legislación laboral para beneficiar a los trabajadores, progresividad de los impuestos y deducción por hijos, reducción de la sobre tasa al impuesto a la renta, bajada del IVA y un impuesto a las herencias superiores al millón de euros, supresión de tasas de seguridad social a los que ganan menos, reforma de las tasas por servicios de salud, rebaja de la tarifa eléctrica aplicando una tarifa social a 500 mil familias de bajos recursos y anulación de las privatizaciones que estaban en marcha y fin de ellas a futuro. Todas medidas, de claro corte anti neoliberal.

Entonces, si estamos hablando de fin de ciclo, ¿a cual nos referimos? ¿no será más bien que no hemos sistematizado aquello que el presidente Correa llama el cambio de época y nos quedamos sin categorías para estudiar lo que está ocurriendo? Pero, más allá del debate académico, que no tuviera mayor importancia, si no estuviera en juego la vida de millones de ciudadanos, lo relevante es que no existen ciclos. La sociedad y la economía se rigen por leyes científicas que sin embargo, suelen ser manipuladas por oscuros intereses mediáticos de minorías. Mientras un “fin de ciclo” se presenta como terminal y catastrófico, el “otro” se oculta, se minimiza y se hace desaparecer. Así, se construyen falsos referentes en el cerebro de los ciudadanos, que los inducen a actuaciones políticas y sobre todo electorales acorde a la información que han recibido. Además, dicen que eso se llama democracia y “libertad de prensa”.

lunes, 9 de noviembre de 2015

EEUU provoca a Venezuela en busca de excusas para iniciar una operación de mayor envergadura


La reciente incursión aérea de un avión militar estadounidense en espacio soberano de Venezuela se inscribe en la ya larga lista de acciones agresivas de ese país contra el gobierno bolivariano. La misma no se puede ver aislada de las peligrosas declaraciones injerencistas del General John Kelly, Jefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, contra Venezuela y la declaración del presidente Obama de marzo de este año en la que define a Venezuela como un “peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos.

En un contexto más amplio, esta irrupción violatoria de la soberanía venezolana forma parte de una restructuración estratégica de las fuerzas armadas de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental para impedir el normal desenvolvimiento de las funciones gubernamentales en aquellos países que han decidido un camino independiente de desarrollo. Ello incluye la reactivación de la 4ta. Flota, inactiva desde 1950 y la instalación de una serie de bases militares de todo tipo en las cercanías de Venezuela, de ellas siete en Colombia y otras en las islas holandesas del mar Caribe, muy próximas al territorio terrestre venezolano.

Esta nueva agresión es una provocación a fin de buscar una respuesta militar de Venezuela que le de excusas a la potencia imperial para iniciar una operación de mayor envergadura. Lo peligroso, es que la historia de Estados Unidos no ha estado exenta de auto agresiones para justificar sus intervenciones militares. Vale mencionar la explosión del Acorazado Maine en Cuba en 1898 y el incidente del Golfo de Tonkin en Vietnam en 1964, ambos hechos devinieron en guerras de gran amplitud por la dimensión, el tiempo de las operaciones y los objetivos a lograr. 

Tampoco es ajena a Estados Unidos la falsedad de las declaraciones de sus autoridades apoyadas en la tergiversación de los hechos que hacen los medios transnacionales de comunicación a su servicio, que seguramente ocultarán la noticia, obviarán las declaraciones documentadas del Ministro de Defensa de Venezuela, General Vladimir Padrino López y argumentarán en torno a una supuesta paranoia del gobierno de Venezuela.

En este contexto, y en la perspectiva de las próximas elecciones parlamentarias, la violación del espacio aéreo venezolano es una acción temeraria y peligrosa del gobierno de Estados Unidos que debe ser alertada y denunciada como violatoria de la soberanía y del derecho internacional.

sábado, 7 de noviembre de 2015

¿Fin de ciclo? I


Durante los últimos meses hemos sido testigos de un denodado esfuerzo de un grupo importante de estudiosos, investigadores, académicos y analistas para aportar a favor o en contra de la idea de lo que se ha dado en llamar “el fin de ciclo de los gobiernos progresistas” o la “restauración conservadora” como la ha denominado el presidente Rafael Correa. Interesantes debates se han producido al respecto. Me da la impresión que la mayoría de las opiniones responden a una reacción defensiva mientras se obvia otro debate necesario y paralelo referido a lo que podríamos llamar “el fin del ciclo neoliberal al exterior de América Latina”. Esta semana hablaremos del primer proceso y dejaremos el segundo para la próxima. 

Para comenzar, quisiera exponer algunas reflexiones sobre la imagen que trasunta detrás del concepto de “gobiernos progresistas”. Para mí no es clara. La idea de progreso proviene del avance ideológico que supuso la superación del feudalismo y el adelanto que en el mismo ámbito condujo al Renacimiento y a la aceptación de la racionalidad moderna como superación del paradigma que aceptaba que el conocimiento provenía de la idea teológica del espíritu. Todo ello sirvió de base para que el paradigma del progreso fuera usado como soporte del capitalismo en sus fases de desarrollo más acelerado, en particular durante las revoluciones industriales que se asociaron a esa idea. En esa medida, el concepto “progreso” se vinculó a los “éxitos” que el capitalismo generaba y que se visualizaban como una evolución dialéctica en relación al sistema feudal.

La irrupción de la revolución rusa al entrar el siglo XX, conjeturó un nuevo debate acerca de la imagen del progreso. La posibilidad real de que el capitalismo fuera negado por el socialismo no fue aceptada como progreso sino como regresión. Las ideas socialistas eran presentadas a través de las mass media como sinónimo de conservadurismo. En esa medida, la “verdadera” revolución no se produjo en 1917 sino en 1989, teniendo como símbolo la caída del Muro de Berlín y la posterior desaparición de la Unión Soviética y con ello el fin de la guerra fría y el mundo bipolar. Por ejemplo, a fines del siglo XX, se llegó a decir que la Revolución Cubana era expresión de “ideas retrógradas, anquilosadas y conservadoras” que no tienen sustento en el mundo que se vivía. Con ello se anticipaba la caída de Cuba y su apropiación por el imperio estadounidense.

El triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998 y su asunción de la presidencia de Venezuela a comienzos del año siguiente inauguró una época que con el devenir de los años y las victorias en las urnas de otros líderes de la región condujeron a lo que, -a mi juicio erróneamente- se han dado en llamar “gobiernos progresistas”. En mi opinión, éste es un término tan ambiguo que “sirve para todo y no sirve para nada”.

Veamos algunos ejemplos. El lema de uno de los gobiernos más profundamente neoliberales que ha tenido América Latina, el del chileno Ricardo Lagos, quien apoyó el golpe de Estado contra el Comandante Chávez en abril de 2002 era “Progreso con igualdad”. Estos gobiernos de la Concertación, incluyendo el de la Presidenta Bachelet, sostenedores de un modelo neoliberal, con democracia restringida a las veleidades de la Constitución pinochetista, también han sido considerados como progresistas. 

En el mismo contexto, el 10 de marzo de 2012 el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso visitó Venezuela para dar una conferencia por invitación el Banco Banesco. En dicho evento, afirmó “un país puede cambiar y entrar en una senda del progreso, no importa lo difícil con que se presenten las circunstancias presentes”.

En estos dos casos, pareciera, que la sola oposición a la derecha fascista bastara para ser catalogado como progresista, sin importar su soporte del modelo neoliberal y su subordinación a Estados Unidos.

Hoy, son dirigentes de Partidos Progresistas en América Latina, el neoliberal encubierto Mauricio Macri de Argentina, su amigo, el ambiguo Marco Enriquez-Ominami de Chile que juega a arañar votos de la izquierda y la derecha, con discursos acordes en cada caso, a fin de llegar al gobierno, el renegado Henry Falcón en Venezuela con un discurso conciliador que ambiciona integrar a los indeterminados, engañando por igual a unos y otros, y el todavía alcalde de Bogotá Gustavo Petro contra quien se volcaron todos los poderes visibles y fácticos pata impedir una gestión sana en la capital colombiana. ¿Es posible colocar en este marco tan turbio de “progresismo” a los gobiernos de América Latina y el Caribe cuya distinción es haber intentado una redistribución más justa del ingreso y ostentar una condición anti neoliberal, anti hegemónica y de defensa de la soberanía?, Lo han logrado en mayor o menor medida, han avanzado en dimensión superlativa, aquellos que han establecido mecanismos más profundos de participación y de construcción de poder popular.

En otro ámbito, se les exige a estos gobiernos, logros que son imposibles de obtener en los marcos en los que se ha desarrollado su gestión. Me da la impresión que en algunos sectores existe alguna confusión terminológica y al suponer que estas administraciones encarnan gobiernos revolucionarios en el marco de la guerra fría. A veces, estamos aprisionados por términos propios del mundo bipolar que no tienen cabida en el desarrollo de la política actual. En ese sentido, no es dable que un gobierno “revolucionario” se juegue su estabilidad y continuidad en elecciones en el marco estrecho de la democracia representativa y de un sistema económico mundial que sigue siendo capitalista. Los conceptos de izquierda y derecha no bastan para construir una correlación de fuerzas que se oponga a la hegemonía imperial, a la imposición de gobiernos neoliberales, a la incorporación de millones de excluidos que han estado invisibilizados hasta hoy y a la imperiosa necesidad de salvar el mundo de la voracidad del capital que lo devasta y que destruye el medio ambiente. En esta lógica, nadie puede afirmar si Putin es de derecha o de izquierda, si lo es el gobierno de Irán o el de Siria, todos en primera línea de enfrentamiento a la expansión imperial. En otro ámbito, nadie podrá poner en duda que Raúl Castro sigue siendo un militante de izquierda y un inveterado líder revolucionario, después que Cuba, tras una larga y heroica lucha, logró establecer relaciones con Estados Unidos y pugnar por la normalización de sus vínculos con la potencia imperial. Es evidente que los cánones de análisis del pasado, no nos sirven ahora para enarbolar las mismas banderas justas de independencia, soberanía y libertad que ondearon en momentos pretéritos.

Dialécticamente, las revoluciones son un paso adelante que niega un pasado de ignominia. Si ellas, se llegaran a desarrollar por ciclos no podrían caracterizarse en tal concepto. La idea estratégica del cambio revolucionario, la lucha por la independencia y la libertad no se juegan en elecciones por muy democráticas que estas sean, porque en el trasfondo, las elecciones son expresión de un sistema restringido que mide la política sólo en términos cuantitativos, Además, en la realidad de la América Latina de hoy, este propio sistema de democracia representativa ha sido mutilado cuando el papel de los partidos políticos lo han asumidos los medios de comunicación que representan intereses oscuros de poderes fácticos que no son elegidos por la sociedad.

¿Invalida esto, lo que se ha avanzado en el presente siglo? No, al contrario. La obtención del poder político por estos gobiernos ha creado condiciones para avanzar en el proceso de organización popular, de formación política y de toma de conciencia. Es indudable que los pueblos están hoy en mejor condición que al comenzar este siglo, para luchar por sus derechos. No es el progreso, lo que puede medir la característica fundamental de estos gobiernos, ni vivimos fin de ciclo alguno. Lo que hay son elecciones en las que cada cierto tiempo hay que medir las fuerzas. Hay retrocesos y avances, pero no se puede confundir sujeto político con sujeto electoral y el sujeto de la transformación de la sociedad es el político. 

La correlación de fuerzas (que es un concepto mucho más amplio y completo) que el de medición cuantitativa en elecciones, ha avanzado positivamente, a favor de los pueblos, incluso si se llegaran a perder algunas elecciones en determinados países. Así, el proceso iniciado por el comandante Hugo Chávez en 1998, no tendrá retroceso. Las elecciones y la obtención de la victoria de las fuerzas populares en ellas, permiten colocar a grandes sectores de la sociedad en mejores condiciones para emprender la lucha por su liberación, pero no es la liberación en sí misma. La lucha política y la lucha electoral deben ir de la mano, pero sin dejar de entender que lo electoral es coyuntural, mientras que lo político es permanente.

Saber distinguir al enemigo principal, construir una correlación de fuerzas que lo aísle y debilite, establecer las más amplias alianzas bajo la hegemonía de los trabajadores y el pueblo son el ABC de la política que hay que poner en práctica en todo momento, incluyendo cuando se miden las fuerzas en los eventos electorales. Somos parte de una generación que tiene como responsabilidad salvar el planeta y avanzar en la construcción de una sociedad más justa y una vida mejor para las mayorías. Eso no depende de ciclos ni se puede hacer bajo la falsa bandera del progreso, que solo sirve para encubrir ideas ambiguas y engañosas.