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viernes, 30 de octubre de 2015

¿Una Humillación? No, es el nuevo orden mundial emergente.




No quiero ser insistente con el tema, pero la “porfiada realidad” como fue llamada por alguien, no deja de confirmar que la construcción de un sistema internacional de balanza de poder sigue avanzando. Hace un año y medio (en abril de 2014) se publicó mi libro en el que argumentaba en ese sentido, y en este lapso, nuevas acciones de los actores hegemónicos corroboran el enunciado. 

Durante las últimas semanas, dos hechos vienen a alimentar la hipótesis. En primer lugar el viaje del presidente de China, Xi Jinping a Gran Bretaña en el que se firmaron importantes acuerdos, -impensables hace sólo 10 años- y la reunión en Viena para evaluar una salida a la crisis en Siria, con la participación de Rusia, Irán, Estados Unidos, Turquía y Arabia Saudita, -impensable hace solo un año-.

Más allá de la parafernalia del espectáculo mediático que rodea cualquier visita a un país en el que la monarquía juega un papel protagónico, muy superior al de los líderes políticos, el presidente Xi tuvo una extraordinaria acogida en Gran Bretaña, a pesar de su subordinación extrema a Estados Unidos en temas de la esfera internacional. Las máximas autoridades del Estado chino y del gobierno británico establecieron una “asociación estratégica a nivel global para el siglo XXI” en áreas que van desde la internacionalización de la moneda china, el renminbi (RMB) o yuan y el libre comercio, hasta la ciber seguridad, la protección de la propiedad intelectual y el cambio climático. La visita se desarrolló en un clima de amistad y calidez muy distante del frío recibimiento que tuvo Xi en Estados Unidos durante el mes de septiembre. Así mismo el Reino Unido reafirmó su respaldo a la inclusión del RMB en la cesta de derechos del Fondo Monetario Internacional y anunció su intención de incrementar su empleo en las transacciones bilaterales. De igual manera, Beijing y Londres ajustaron procedimientos sobre un estudio de viabilidad a fin de establecer vínculos entre las Bolsas de Shanghái y Londres.

En otro ámbito, los dos países firmaron acuerdos comerciales por un monto superior a los 60 mil millones de dólares en las esferas energética y de transporte, entre otras. En esa materia, lo más destacado es el financiamiento por parte de China de una tercera parte de la primera central nuclear que construye el Reino Unido desde 1995. La potencia asiática participará en este proyecto en conjunto con el gigante energético francés EDF. En el transcurso de la visita, el presidente Xi y el primer ministro Cameron también llegaron a acuerdos para una inversión china en los sectores gas y petróleo en asociación con las empresas británicas Rolls Royce y British Petroleum (BP). De igual manera China estará presente en la renovación y puesta en funcionamiento nuevamente de la central de Hinkley, paralizada desde hace algunos meses y el diseño y construcción de la de Essex con una participación del 66,5%.

Estos acuerdos, -que siembran perspectivas de un equilibrio mundial de otro tipo entre potencias globales, en este caso dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU-, resultan inverosímiles si nos atenemos a la dinámica de la confrontación retórica que ambos países tienen en otros escenarios del enfrentamiento estratégico como el Medio Oriente. Steve Hilton, ex asesor político de David Cameron, en una entrevista con la BBC llegó a caracterizar los acuerdos como “una de las mayores humillaciones internacionales a las que hemos asistido”, sobre todo por las acusaciones occidentales a China como país que practica el espionaje electrónico.

Así mismo, sin tener tanto impacto, pero con acuerdos de similar trascendencia se han producido en días recientes las visitas a China de los Jefes de Estado de dos de los principales aliados de Estados Unidos en Europa: el presidente de Francia, François Hollande y la Canciller Federal de Alemania Angela Merkel. 

Por separado, en otro escenario, también se ha producido un acontecimiento que es expresión del nuevo orden mundial que nace. Durante los pasados jueves 29 y viernes 30 de octubre, se desarrolló en Viena, el intercambio más amplio jamás habido entre países directa o indirectamente implicados en el conflicto sirio. La novedad es la aceptación por Estados Unidos y sus adláteres Turquía y Arabia Saudita de la ineludible presencia de Irán. En el evento también participaron representantes de Francia, Alemania, la Unión Europea, China, Irak, Catar, Líbano, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos y Omán, así como el emisario especial de la ONU para Siria, Steffan de Mistura.

Es evidente que el cambio de posición de Estados Unidos tuvo que ver con el auge de las acciones del ejército sirio en el terreno de los combates y el éxito de las operaciones aéreas de Rusia en la lucha contra el terrorismo. En este trazado, hoy también resulta imposible obviar el papel trascendente de Irán y del movimiento libanés Hezbollah en el apoyo político militar y económico al gobierno de Bashar El Assad. De ahí, la presencia de la nación persa en las conversaciones de Viena. 

El giro de Estados Unidos, que en el pasado había negado toda injerencia de Irán en la búsqueda de una salida negociada al conflicto sirio, supone un cambio significativo en la geopolítica del Medio Oriente y, en general en el ámbito global. Ello ha conducido a un malestar entre los aliados de Estados Unidos en la región: paradójicamente los otrora adversarios Israel y Arabia Saudita. Sin embargo, es importante decir que esta decisión no ha sido una concesión gratuita a Irán. Los persas lo han ganado con su firme resistencia ante la agresión a la que ha sido sometido durante los últimos años y su irrestricto apoyo a Siria, Irak, Palestina, Yemen y Líbano, creando una nueva correlación de fuerzas en la región que ha hecho impensable tomar decisiones sin contar con su opinión.

Estados Unidos parece haber escuchado a Henry Kissinger quien en su libro más reciente “World Order” (Orden Mundial), publicado en septiembre de 2014 opina que las diferencias culturales entre distintos países y regiones deben ser sorteadas, a fin de buscar consensos que sean aceptados por todas las partes. Este consenso debe ser tomado a partir de la aceptación de que las diferentes culturas entiendan el orden como base de las relaciones internacionales. 

Respecto del Medio Oriente, Kissinger señala que esta es la región más complicada para lograr el anterior desafío y que para establecerlo, se debe organizar un orden regional sustentado en el islam y hacerlo compatible con la paz y la estabilidad en todo el mundo, considerando que el planeta aún no se pone de acuerdo respecto del orden internacional del futuro. Con relación a Irán, el ex Secretario de Estado durante el gobierno de Richard Nixon, expone que éste es un Estado moderno, que ha aceptado jugar con las reglas internacionales vigentes.

Sugiere sin embargo, que Occidente no debería intentar establecer de manera ideal una “cruzada por la democracia” a partir de su propia visión de ella. En ese sentido, recomienda tomar en cuenta que otras regiones del mundo tienen sus propias definiciones respecto de los conceptos de legitimidad y poder. Todo esto, debería conducir a elaborar estrategias que lleven a objetivos realizables en pos de dirigir la política internacional hacia el equilibrio. El gobierno de Obama tradujo estas propuestas como “smart power” o “poder inteligente”, entendido como la combinación entre el poder blando (soft power) y el duro (hard power).

Lo que Kissinger está planteando es que, resulta imposible suponer que los valores culturales y políticos de Occidente puedan ser impuestos a los pueblos árabes y musulmanes únicamente por vía de la fuerza, y que solo una adecuada amalgama de instrumentos políticos, económicos, diplomáticos y militares les puede permitir lograr los objetivos. Por cierto, el fin último para Kissinger es conservar el poder de Estados Unidos como potencia hegemónica mundial.

Es decir, la estrategia no varía, pero debe modificarse la táctica y, en ese sentido, es que puede explicarse el acuerdo sobre el programa nuclear iraní y la invitación a éste para que participara en las conversaciones de Viena. Vale un paréntesis, para decir que esto es también lo que explica el cambio de política de Estados Unidos respecto a Cuba.

Este marco, nos da la pauta de que para Kissinger, la balanza de poder es una obligación de Estados Unidos si quiere sostenerse como máxima potencia mundial y apela a la flexibilidad de todos los actores, incluyendo del propio Estados Unidos, toda vez que le atribuye a éste el rol de principal responsable del mantenimiento de la balanza.

En su visión hegemónica, Kissinger apunta a la creación de una cultura y una justicia global que debe ser aceptada por todos y en la que deben coexistir todos. Sorpresivamente, apunta hacia el objetivo de “alcanzar el equilibrio, restringiendo mientras tanto a los perros de la guerra”.

Que una voz tan autorizada en el establishment estadounidense y global recurra a estas definiciones, sólo puede ser entendido como la aceptación de que un nuevo orden mundial está emergiendo, que las imposiciones unilaterales a través de la fuerza no tienen cabida en el futuro, y que las resistencias que ello pueda generar conducen a un debilitamiento estratégico del poder “único” de Estados Unidos. Es la admisión del concepto del “equilibrio por obligación” como se denomina el capítulo 14 de mi libro. Pero, otra cosa piensa Rusia, otra cosa piensa China y otra cosa debemos pensar los latinoamericanos si queremos sobrevivir en el mundo del futuro.

sábado, 24 de octubre de 2015

Relación China-América Latina y el Caribe: buenas perspectivas


La semana pasada visité la República Popular China, por invitación del Centro de Estudios Globales de la Universidad de Shanghái y la Asociación de Cultura Internacional de esa ciudad para dictar tres conferencias en el marco del “Simposio de Relaciones Sino-Venezolanas” organizado por esas dos instituciones de la urbe más grande del país asiático. Los temas de mis conferencias fueron: la situación política en Venezuela de cara a las elecciones parlamentarias de diciembre, las relaciones sino-venezolanas y las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela. Así mismo, participé como comentarista de la ponencia presentada por el Doctor Xu Schicheng, profesor-investigador titular y tutor del doctorado del Instituto de América Latina (IAL), anexo a la Academia de Ciencias Sociales de China, quien cuenta con más de 50 años de experiencia en los estudios sobre América Latina. El Profesor Xu disertó sobre el “Desarrollo de las relaciones entre China y América Latina y el Caribe en el siglo XXI”.

Por la importancia que tiene conocer el estado de las relaciones entre China y América Latina a partir de su visión propia, me parece importante rescatar algunos aspectos fundamentales de la presentación del profesor Xu, quien comenzó recordando que los vínculos entre su país y América Latina datan desde hace varias décadas, pero la llegada del siglo XXI los ha potenciado hasta llevarlos en una tendencia positiva de desarrollo que llamó “omnidireccional, de amplio alcance y de múltiples niveles”, a partir de la intensificación de los contactos y la consolidación de un alto grado de “confianza política mutua”.

En 2008, el gobierno chino publicó un documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe (ALC) denominado Libro Blanco, en el que se señala que al enfocar las relaciones con la región desde una mirada estratégica, “el Gobierno chino se esforzará por establecer y desarrollar con los países latinoamericanos y caribeños una asociación de cooperación integral caracterizada por la igualdad, el beneficio recíproco y el desarrollo compartido”.

Ello hace necesario profundizar la cooperación estratégica, intensificar los intercambios de alto nivel, crear mecanismos de consulta intergubernamentales, ampliar los contactos entre los parlamentos, los partidos políticos y los gobiernos locales y reforzar el intercambio de experiencias en materia de gestión de gobierno y manejo de asuntos administrativos. Con esos objetivos se han realizado en lo que va de siglo las visitas de los presidentes Hu Jintao en 2004, 2008 y 2010, Xi Jinping en 2013 y 2014 y de los primeros ministros Wen Jiabao en 2012 y Li Keqian en 2015.

En el plano económico, China ha fomentado la complementación recíproca con ventajas mutuas. El comercio bilateral pasó de 12.596 millones de dólares en 2000 a 263.600 millones de dólares en 2014, siendo China el segundo socio comercial de la región

Así mismo, se ha fortalecido el intercambio cultural. Hasta ahora se han creado 32 institutos Confucio para el estudio del mandarín y 10 Cátedras en 14 países de ALC, y se estableció el primer Centro de Cultura de China en México. De igual manera, se ha intensificado el envío de estudiantes y profesores entre ambas partes y los vínculos académicos. 

El Doctor Xu expuso que “China ha reforzado la comunicación y la coordinación de posiciones con ALC sobre temas comunes como cambio climático, seguridad alimentaria, energética y financiera, el sistema comercial multilateral, los objetivos de desarrollo del Milenio de la ONU y otros de carácter global con el objeto de preservar los intereses comunes. Frente a la compleja situación financiera y económica internacional, China está fortaleciendo el intercambio de experiencias con ALC sobre la prevención de riesgos para proteger la estabilidad financiera y económica nacional y regional y la participación conjunta para influir activamente en la elaboración de las reglas económicas, financieras y comerciales internacionales promoviendo el avance de un orden económico internacional más justo y razonable”.

En julio del año pasado, el presidente Xi Jinping visitó la región. Durante su estadía en Brasil, Xi se reunió con líderes de ALC acordando establecer relaciones de asociación integral basadas en la igualdad, el beneficio mutuo y el desarrollo común, y decidieron crear una comunidad de destino compartido entre China y ALC. Así mismo, se estableció el Foro China-CELAC, con lo que se crea una nueva plataforma para llevar adelante el diálogo multilateral sobre aspectos políticos, comerciales, sociales y diplomáticos a fin de innovar, creando una forma de colaboración y promoción del desarrollo común, avanzando en la cooperación integral bilateral.

La Primera Reunión Ministerial del Foro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y China, se realizó en Beijing los días 8 y 9 de enero de este año. El presidente Xi Jinping fijó el objetivo del comercio bilateral entre China y ALC en 500.000 millones de dólares en los próximos diez años. El mandatario chino señaló que la inversión directa de China en América Latina alcanzará los 250.000 millones de dólares en la próxima década. Propuso un marco de cooperación y varios préstamos, fondos y proyectos en materia de infraestructura, agricultura, recursos energéticos, manufactura, alta y nueva tecnología, intercambios entre ciudadanos, entre otros. En la reunión se aprobó la Declaración de Beijing, el Plan de Cooperación CELAC-China 2015-2019, y las Reglas Institucionales del Foro CELAC-China. De esta forma, quedaron formalizados los acuerdos tomados en Brasil seis meses antes.

Al hacer mis comentarios sobre la presentación del Profesor Xu, señalé que para ALC, los vínculos con China marcan un nuevo tipo de relación de la región con una potencia mundial. Por primera vez, estas no son de subordinación y de imposición militar por parte de una parte hegemónica. No se puede ocultar, que -más allá de cualquier crítica o desacuerdo-, ello marca un punto de inflexión de las relaciones de la región con cualquier poder mundial en toda su historia. Para América Latina y el Caribe es positivo que China busque asociaciones estratégicas y de coordinación en asuntos internacionales y de integración con la región promoviendo consensos en temas internacionales. Eso ayuda a potenciar nuestro propio proceso de integración.

En 2012, durante la visita del primer ministro Wen Jiabao, en un discurso pronunciado en la sede de CEPAL en Santiago de Chile expresó que ambas partes nos debemos atener al “…respeto mutuo y al trato en pie de igualdad y atender de conjunto los intereses esenciales y las preocupaciones trascendentales…” Para nuestra región, con un historial de invasiones, ocupaciones, intervenciones militares y económicas y apoyo a golpes de Estado por parte de las potencias hegemónicas, ese tipo de trato, es ya ganancia. 

Las dificultades más notorias tienen que ver con las diferencias históricas entre nuestros países y las orientaciones tan diversas de los líderes y los gobiernos, lo cual obliga a una búsqueda de consensos a partir de los intereses compartidos. En esa medida, hasta ahora, el ritmo de las relaciones ha sido trazado en gran medida por Beijing, ante la pasividad de la región por generar propuestas de conjunto en beneficio de varios países simultáneamente a partir de los intereses propios. Por ejemplo en el área de infraestructura la prioridad de China es desarrollar proyectos que integren las costas del Atlántico y el Pacífico, pero a la región también le debería preocupar llevar adelante propuestas que potencien nuestra propia integración y, en esa medida, realizar planes que nos permitan vincularnos más de norte a sur y viceversa. 

En la región hay particularidades que conllevan distintos ritmos en su relación con China, lo cual hace que ésta privilegie a aquellas naciones con los que convergen mejor sus intereses. Por ello, es muy difícil hacer una evaluación global del impacto de los vínculos entre ambas partes. Hay países que tienen economías complementarias con China y hay otros (siendo México, el caso más emblemático) que compiten, sobre todo por el mercado estadounidense.

Por otro lado, es positivo para América Latina y el Caribe que China tenga necesidades de materias primas que se producen en nuestros países, pero esto podría conducir a la potenciación de una reprimarización de la economía, si se perpetúa la condición de exportadores de productos básicos y se reducen las posibilidades de industrialización en perjuicio de la empresa local. Todo ello conllevaría una interdependencia asimétrica que podría conducir de manera peligrosa a reproducir esquemas clásicos de la relación centro-periferia si no se establecen oportuna y puntualmente los correctivos. Pero ello depende más de la parte latinoamericana, de sus líderes y gobiernos que de China que ha mostrado voluntad de cooperar en el desarrollo industrial y tecnológico y el intercambio de conocimientos.

Hoy, cuando la economía china pasa por un momento de reducción de su demanda interna y un vuelco hacia un desarrollo endógeno que apunta a una elevación de la calidad en el crecimiento por encima de la cantidad que la había caracterizado en los últimos años, tal proceso ha tenido un fuerte impacto en la región, el que debe ser estudiado y enfrentado para sacar conclusiones necesarias que minimicen las consecuencias.

Se trata de vincular la agenda regional con laos necesidades de la agenda china, optando por el desarrollo productivo para evitar la reprimarización de la economía, creando políticas de esa índole en múltiples áreas en las que China puede ayudar estableciendo una relación integral no sólo en materia económica, también en lo referido a la cultura, la política y la seguridad, por ejemplo.

Es responsabilidad de América latina y el Caribe, avanzar hacia su propia integración, aprovechando mejor las oportunidades que China ofrece, trascendiendo el corto plazo y estableciendo programas y planes con visión estratégica.

viernes, 16 de octubre de 2015

El bloqueo estadounidense a Cuba: huella putrefacta de la guerra fría


Desde que se comenzó a aplicar el bloqueo a Cuba, su transitar ha sido contradictorio y obtuso. Estados Unidos ni siquiera, desde el punto de vista del concepto, ha querido aceptar su formulación y ejecución, utilizando para ello el eufemismo de “embargo”, confirmando de esta manera incluso, que terminológicamente, debe recurrir a la falsedad a fin de sostener una política injusta, que además ha fracasado de manera estrepitosa. 

El embargo es un término jurídico que dice relación con una acción judicial mediante la cual ciertos bienes quedan afectados hasta extinguir una obligación pecuniaria, a fin de que no puedan ser utilizados por el afectado ni en su propio provecho ni en el de terceros. Resulta evidente que en el caso que nos convoca, no hay obligación de Cuba para con Estados Unidos, toda vez que el origen de esta acción tiene claras motivaciones políticas, cuyos fundamentos se basan en la decisión soberana emprendida por el pueblo cubano de iniciar en 1959, un camino de desarrollo independiente y grande, liberándose de la tutela que había ejercido por 60 años la potencia imperial. Además, ningún tribunal ha juzgado a Cuba, ni se ha probado delito alguno que pudiera justificar tal medida. 

Hablar de bloqueo, establece con precisión el ejercicio emprendido a partir de una actitud imperial, si se considera que éste se define como un acto de guerra, de hostilidad contra un enemigo al que se le pretende doblegar a través de acciones que buscan impedir que obtenga suministros, mantenga sus comunicaciones y evite que pueda desarrollar sus actividades con normalidad. El problema, en este caso, es que Cuba jamás le ha declarado la guerra a Estados Unidos y, éste formalmente tampoco lo ha hecho. Por eso es que se ha visto obligado a eludir el término que conceptualmente define esta criminal política contra Cuba.

54 años después, período en el que 10 presidentes han pasado por la Casa Blanca, el bloqueo contra Cuba ha mostrado su ineficacia para cumplir los objetivos que se había propuesto, como lo ha reconocido el propio inquilino actual de la sede del gobierno estadounidense. El entramado jurídico que sustenta el bloqueo está montado sobre la Ley de Asistencia Exterior de 1961, la de Administración de las Exportaciones de 1979, la Torricelli de 1992 y la Helms-Burton de 1996. Todas fueron aprobadas por el Congreso de Estados Unidos y es esa instancia la que debe revocarlas, sin embargo, como dio a conocer la Directora General de Estados Unidos en el Ministerio cubano de Relaciones Exteriores, Josefina Vidal, “el Presidente tiene posibilidades, yo diría que ilimitadas, para vaciar al bloqueo de su contenido fundamental”.

Durante el último año (para que sirva de referencia), la política emprendida por el gobierno estadounidense significó que la economía y la sociedad cubana fue perjudicada en un monto calculado en 3.850.916.000 dólares, en su mayor parte (70%) por dificultades e impedimentos para realizar exportaciones de bienes y servicios. Las prohibiciones por el cierre del mercado estadunidense aumentaron 196% en este período. Así mismo, las medidas punitivas afectan los inventarios que deben mantenerse inmovilizados en el territorio cubano mientras puedan trasladarse a destinos más lejanos y la reducción de la inversión extranjera por temor a represalias y sanciones a las empresas que comercien con Cuba.

Hoy esta medida es repudiada por todo el mundo. En 1991, por primera vez Cuba presentó un Proyecto de Resolución contra el bloqueo durante el 46to. Período de Sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, pero tuvo que ser retirado con posterioridad debido a las fuertes presiones ejercidas por Estados Unidos sobre muchos países. A pesar de ello, a partir de 1992 cuando 59 países la apoyaron y solo 3 la rechazaron, durante 23 años seguidos, la aplastante mayoría de naciones (incluyendo todas los de América Latina y el Caribe) que llegaron a 188 el año pasado, rechazaron el intento estadounidense de incomunicar a la isla antillana. Por el contrario, como expresión de otro gran revés de su política exterior, Estados Unidos se ha quedado solo apoyado por Israel en la votación anual. 

En la reciente Asamblea General de este año, Jefes de Estado y gobierno de países de todos los continentes, alzaron una vez más su voz para repudiar tal política. A través de sus máximos representantes, pueblos tan distantes y de gobiernos de diversas ideologías, como los de Ghana, Panamá, Serbia, Benin, Guinea Ecuatorial, Comores, Laos, Vanuatu, Namibia, México y Mozambique por citar algunos, clamaron por el cese del bloqueo a Cuba.

En este marco, pareciera un contrasentido la visita de Penny Pritzker, Secretaria de Comercio del gobierno de Estados Unidos a Cuba. Tal vez podría entenderse este viaje como un intento del presidente Obama de presionar al Congreso para que acelere la derogación de las leyes que mantienen el bloqueo, sin embargo como señala el destacado analista cubano Esteban Morales, la funcionaria estadounidense al comentar algunas medidas tomadas por su gobierno el pasado 18 de septiembre puntualizó que “las últimas regulaciones estaban diseñadas para apoyar al sector privado emergente en Cuba y colocarnos más cerca de alcanzar los históricos objetivos de política del presidente Obama”. El mismo Morales reflexiona al respecto “Su histórico mesianismo y la prepotencia los lleva a pensar que los demás somos tontos. Están tan acostumbrados a manipular a los otros y que les salga bien, que llegan a veces a desplegar una diplomacia tonta. Por eso su mayor reto será continuar negociando con Cuba de manera equilibrada y en igualdad de condiciones. Con respeto de su soberanía e independencia…”

En tal contexto, durante su reciente visita a Estados Unidos para participar en la Asamblea General de la ONU, el presidente de Cuba, Raúl Castro, fue enfático al referirse al tema del bloqueo durante su intervención en la magna cita. Así mismo, en la reunión bilateral que sostuvo con el presidente estadounidense, en un ambiente “respetuoso y constructivo”, según informó el canciller cubano Bruno Rodríguez, el mandatario cubano le reiteró a Obama su opinión respecto de que va a haber relaciones normales entre Cuba y Estados Unidos cuando el bloqueo, que causa daños y privaciones al pueblo cubano y afecta los intereses de los ciudadanos estadounidenses, sea levantado.

De igual manera, el máximo responsable cubano de la política exterior expuso que el ritmo del proceso hacia la normalización de las relaciones entre los gobiernos de Esta­dos Unidos y Cuba dependerá del levantamiento del bloqueo, que persiste en su totalidad y está en completa aplicación. Por ello, y considerando que el proceso de restablecimiento y normalización de relaciones no ha significado cambios sustanciales respecto del bloqueo, Cuba presentará nuevamente un proyecto de resolución similar al de los 23 años anteriores. Este proyecto será debatido y votado por la Asamblea General el próximo martes 27 de octubre.

Vale decir, que también al interior de Estados Unidos, son cada vez más, los que alzan sus voces para exigir el fin del bloqueo. En una declaración emitida por Engage Cuba, un grupo lobbysta de Estados Unidos que favorece las relaciones bilaterales, al referirse a la visita de la Secretaria Pritzker expuso que la misma es “un avance positivo que fortalecerá el momento sin precedentes en las relaciones Cuba-Estados Unidos” para concluir reafirmando que “A la vez que aplaudimos este viaje, consideramos absurdo que la política de Estados Unidos prohíba a nuestra propia Secretaria de Comercio promover las exportaciones estadounidenses durante su viaje a Cuba. El Congreso debe hacer su trabajo y levantar el embargo para un mejor fortalecimiento de los negocios en ambos países”

Por su parte, en una carta fechada el pasado 8 de octubre y enviada a los líderes del Congreso de Estados Unidos, nueve gobernadores de ese país han solicitado el levantamiento del bloqueo, por ser un impedimento para la normalización de las relaciones entre ambos países. En la misiva exteriorizaron que “Como gobernadores de los estados de Estados Unidos, escribimos para compartir nuestro apoyo al fin de las sanciones comerciales actuales impuestas contra Cuba. Es hora de que el Congreso tome medidas y retire las restricciones de viaje, financieras y otras que impiden una relación normal y el comercio entre nuestro país y Cuba”.

Así mismo, conocidas encuestadoras de Estados Unidos han mostrado que en los últimos meses ha habido un sustancial crecimiento del rechazo de la población y sectores sociales de ese país al mantenimiento del bloqueo a Cuba. En particular, esa cifra es aplastante entre los ciudadanos estadounidenses de origen cubano. Entre ellas, están la encuestadora Bendixen, Public Policy Polling, Universidad Internacional de la Florida, Hearst Corporation, el Pew Research Center y la empresa Associated Gik quienes confirmaron lo señalado anteriormente. 

Ya hace un año, el 12 de octubre de 2014, el New York Times, el medio de comunicación más influyente del país, publicó un editorial en el cual señalaba el beneficio que significaba para los dos pueblos la eliminación del bloqueo y el aumento de los mecanismos de intercambios culturales.

En este contexto, será verdaderamente interesante constatar qué postura asumirá Estados Unidos el próximo 27 de octubre. Un voto en contra, sería reflejo de una actuación contradictoria con el discurso del presidente, y de alguna manera, expresión de la debilidad que se ha hecho manifiesta en sus últimas decisiones de política exterior. Otras opciones, son que se abstenga o se ausente de la sala durante la votación. Más que una decisión referida a un tema internacional, la misma se sustentará en consensos y equilibrios internos que el presidente considerará, sobre todo cuando la campaña para elegir su sucesor o sucesora está lanzada. Queda por ver también que hará Israel en esta situación. Lo único seguro, es que el 27 de octubre el mundo nuevamente rechazará el bloqueo a Cuba por ilegal e inmoral y por respeto y admiración a un pueblo que lo ha resistido con coraje y sacrificio durante más de cinco décadas.

sábado, 10 de octubre de 2015

¡Ahora si comenzó la guerra contra el terrorismo!



A pesar de lo que se ha querido construir a través de las grandiosas súper producciones hollywoodenses, lo verdaderamente cierto es que Estados Unidos ha fundado sus victorias en la mentira y en la apariencia de una efectividad militar que no pasa de ser una quimera. Ello lo atestiguan varias de sus actuaciones durante el transcurrir de la historia: la explosión del acorazado Maine en la Bahía de la Habana, Cuba en 1898, la intervención en Filipinas ese mismo año, Pearl Harbor en 1941, el Golfo de Tonkin, Vietnam en 1964, Granada en 1983, hasta las más recientes falacias referidas a la posesión de armas nucleares por Irak que devino en la invasión a ese país en 2003 y la supuesta represión del gobierno de Libia contra manifestantes que dio cabida a los bombardeos de la OTAN, el derrocamiento y asesinato de Muamar Gadafi, la transformación de ese país en un Estado fallido y la crisis de migrantes que hoy enfrenta Europa.


Sin embargo, en Siria, no han podido edificar una farsa cinematográfica de tal estilo. Las acciones emprendidas por Rusia en alianza con Irán, Irak, Siria, Hezbollah y las organizaciones que representan al pueblo kurdo, lo han impedido poniendo en evidencia la incapacidad militar de Estados Unidos, mostrando su verdadero talante, el cual obstruye el sostenido discurso de combate al terrorismo. Al contrario, en días recientes, la potencia norteamericana y sus adláteres en la región, armados y financiados por el Pentágono, el Departamento de Estado y la CIA se han visto obligados a dar explicaciones por fallidas acciones llevadas a cabo por sus fuerzas armadas, las que son expresión de un extravío estratégico, una mediocridad operativa y una táctica imperfecta. Los tres niveles están fallando, lo cual es manifestación de una debacle, sólo comprensible por su subordinación única a la tecnología, mientras se subestima el factor humano y su capacidad e inteligencia como elemento decisivo para la toma de decisiones.

Por un lado, Estados Unidos bombardeó un hospital de Médicos Sin Fronteras en Afganistán causando 22 víctimas fatales y decenas de heridos. Como ya va siendo habitual, el presidente estadounidense pidió perdón y asunto resuelto. A esperar el próximo “error” y los venideros “daños colaterales” que ya se cuentan por miles en los países invadidos por Estados Unidos en el Medio Oriente. Para no ser menos, la fuerza aérea de Arabia Saudita atacó una fiesta de matrimonio en Yemen asesinando 130 ciudadanos que participaban de la ceremonia. Nada de ello ha impedido que los rebeldes huties sigan avanzando en territorio saudita donde ya ocupan la mayor parte de las provincias de Jizán y Najrán, -con un territorio superior a los 100 mil kilómetros cuadrados- las cuales pertenecieron históricamente a Yemen, y fueron ocupadas por Arabia Saudita, aunque la mayoría de su población perpetúan su identidad chiitas y ­­­yemenita. Así mismo, las fuerzas armadas de la monarquía, continúan sufriendo cuantiosas pérdidas materiales y humanas, incluyendo altos jerarcas militares del régimen de Riad, que fueron aniquilados en un ataque con cohetes a una importante base militar, todo lo cual ha sido ocultado por la prensa occidental. En otro ámbito, en Egipto fueron asesinados 12 ciudadanos, 8 de ellos mexicanos, también por un “error” de las fuerzas armadas de ese país, asesoradas y entrenadas por Estados Unidos. Tres países, tres deslices producidos por una obsesión anti terrorista que no ha producido resultados positivos tangibles. Por el contrario, 14 años después del inicio de dicha cruzada por el presidente Bush, ni en Afganistán, ni en Irak, mucho menos en Libia o Siria la coalición occidental ha logrado éxitos que puedan justificar los multimillonarios presupuestos invertidos en ello. Todo ha sido una gran farsa cuyo principal protagonista es el sistema imperial de Estados Unidos y sus actores más relevantes, sus ineficientes fuerzas armadas que sólo en Hollywood, CNN y Fox pueden logran ser transformados en héroes.

Como dije antes, en Siria quisieron construir la misma trama y ¡Oh sorpresa!, la denuncia vino esta vez desde las propias entrañas de las fuerzas armadas imperiales. Según informa el investigador español Enrique Montánchez quien a su vez, cita al diario New York Times, medio centenar de analistas de inteligencia del Mando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, encabezados por Gregory Hooker el analista de más alto nivel sobre Irak en el Mando Central (CENTCOM, por sus siglas en inglés), “han acusado a militares de alta graduación por obligarles a manipular sus informes para presentar un escenario optimista de la guerra que la coalición internacional libra contra los terroristas del Estado Islámico en Siria e Irak”, que comenzaron en agosto de 2014.

Hooker afirmó que sus jefes les exigieron cambiar los datos sobre el estado real de preparación de las fuerzas armadas iraquíes y presentar una imagen favorable del resultado de las acciones aéreas de Estados Unidos en Irak y Siria. Se trata, dijo, de “politizar” los resultados para mostrar a las altas autoridades políticas y de inteligencia del país, éxitos que no se han obtenido. Ante esto, David Faulkner antiguo director de objetivos en CENTCOM quien trabajó con los analistas sobre Irak afirmó que no había objetivos estratégicos, “Esto no es más que la guerra por la guerra”, dijo, todo lo cual ha hecho estallar la ira entre los miembros del Congreso de Estados Unidos.


Esta situación contrasta con las acciones concretas que Rusia ha comenzado a ejecutar en la lucha contra el terrorismo. En su comparecencia en la Asamblea General de la ONU, el pasado 2 de octubre, el presidente Vladimir Putin expuso que su país consideraba un enorme error el rechazo a cooperar con las autoridades sirias y con su Ejército, tomando en cuenta que sólo estas fuerzas y la milicia kurda eran las únicas que estaban luchando realmente contra el EI y otras organizaciones terroristas.

Por otro lado, el mandatario ruso, afirmó que "Es hipócrita e irresponsable hablar sobre la amenaza terrorista internacional y al mismo tiempo, hacer la vista gorda ante los canales de financiación y el apoyo que se brinda a los terroristas o intentar manipular a los grupos extremistas para alcanzar objetivos políticos propios". En ese sentido, propuso crear una amplia coalición de fuerzas, en la que los países musulmanes deberían jugar el papel preponderante en el combate al terrorismo, para lo cual es clave apoyar al gobierno legítimo de Siria.

Antes, ya se había dado el primer paso. El 25 de septiembre se anunció la creación en Bagdad de un centro de coordinación de operaciones militares conformado por Irán, Rusia, Siria y el país sede. Así mismo participan en el Centro, representantes de Hezbollah de Líbano y de las milicias kurdas. Según el Canciller ruso, Serguei Lavrov dicho estamento servirá para coordinar las acciones contra el Estado Islámico.

A pesar de la falta de voluntad de Estados Unidos y la OTAN de involucrarse realmente en las acciones contra el grupo terrorista, Rusia y sus aliados pasaron de inmediato de las palabras y los aprestos orga­­­nizativos que evidentemente se venían disponiendo con mucha anterioridad, a los hechos concretos: las fuerzas armadas rusas comenzaron a realizar ataque­­s aéreos contra objetivos seleccionados del Estado Islámico. A continuación, decenas de misiles fueron lanzados contra blancos fijos y móviles, principalmente puestos de mando y control, centros de aseguramiento logístico y campos de entrenamiento, con el fin claro de debilitar la capacidad de dirección, capacitación y abastecimiento de la organización terrorista. Posteriormente, cuatro buques de la Armada rusa dispararon 26 misiles Kalibr contra 11 objetivos, logrando la destrucción de todos los blancos. Estas acciones fueron coordinadas con los aliados de los países musulmanes y planificadas con antelación. 

En otra faceta de los hechos, vale destacar la transparencia informativa que caracteriza las acciones bélicas. El propio ministro de defensa ruso Serguei Shoigú ha dado a conocer los resultados de las operaciones. Los daños causados han sido verificados a través de satélites y por observación directa de la aviación militar. El vocero del ministerio de defensa de ese país informa puntualmente de las acciones combativas. No hay, en este caso, falsos informes de analistas, a fin de “hacer felices” a los generales, a los senadores y al presidente.

En la primera semana de operaciones en Siria, fueron destruidos además 32 vehículos blindados y golpeados 112 objetivos. Los éxitos logrados han servido como preparación para una ofensiva terrestre que adelanta el Ejército Árabe Sirio, la cual ha producido la desbandada de los combatientes y mercenarios al servicio del EI, que en número de 3000 han cruzado la frontera hacia Jordania. Así mismo, las autoridades iraquíes están estudiando la posibilidad de que las operaciones también se realicen en su territorio, poniendo en duda, -en la práctica- la efectividad de las acciones de la coalición dirigida por Estados Unidos. Ello ha conducido a que sectores influyentes de las monarquías árabes intenten disuadir a Irak de tal decisión.

Entre tanto, Rusia ha insistido en la solicitud a Estados Unidos y los países occidentales de incorporarse a la coalición. La contradicción de fondo es que Estados Unidos ha planteado que las acciones deben estar encaminadas a derrocar el gobierno de Bashar el Assad, mientras que Rusia sostiene que la única forma de derrotar el terrorismo es contando con la participación activa y protagónica de Siria, su gobierno y sus fuerzas armadas. Por el contrario, Estados Unidos se ha negado a facilitar a Rusia los datos de inteligencia que posee sobre los grupos terroristas, convirtiéndose de esa forma en protector, cómplice y salvaguarda de dichas organizaciones a las que dice combatir.

En el trasfondo, las acciones de una y otra coalición han puesto en el tapete del debate internacional las intenciones reales de cada alianza en su lucha contra el terrorismo. El nerviosismo del gobierno de Estados Unidos surge de que las acciones realizadas por Rusia y sus aliados le conducen a perder la bandera de lucha contra el terrorismo que izaron a partir del 11 de septiembre de 2001 y que tanto al gobierno republicano como al demócrata les ha servido como eje estructurador de las relaciones internacionales a nivel global, bajo su hegemonía. Aquel discurso del presidente Bush del 20 de septiembre de ese año cuando dijo “O están con nosotros o están con el terrorismo” ha perdido total validez. La cercanía de Estados Unidos con los terroristas se ha hecho evidente, hoy los protegen evitando que otros les puedan dar golpes efectivos, a fin de causarle pérdidas reales a su máquina de muerte y destrucción. Al perder la bandera de adalid en la lucha contra el terrorismo, Estados Unidos está destruyendo el principal instrumento que había utilizado en su intención de configurar un nuevo mapa del Medio Oriente, creando territorios y naciones que sirvan a sus intereses imperiales. Esto, evidentemente tendrá trascendentales repercusiones en la región y en todo el mundo.