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domingo, 30 de octubre de 2016

En el Medio Oriente se está jugando el futuro. (II)


La semana pasada concluíamos diciendo que la nueva situación creada en el Medio Oriente no era alentadora para los intereses de Estados Unidos en la región y que Irán se había consolidado como una potencia regional, así como que la presencia de Rusia había servido como elemento equilibrador que evitaba una imposición hegemónica a favor de los intereses occidentales. 

Por el contrario, en el cuadro geopolítico creado, si miramos la situación de manera integral, si consideramos las esferas internacional, política, económica y energética, la gran perdedora ha sido Arabia Saudita. En Siria, es evidente que el contexto y las tendencias se manifiestan en su contra. El gobierno del presidente Bashar al-Assad ha resistido la agresión y sus fuerzas armadas están prestas a retomar las áreas del país, bajo control de los terroristas, en primera instancia la ciudad de Alepo, capital económica del país. Por su parte el gobierno de Irak, a través de las acciones que está llevando a cabo con sus fuerzas militares propias, el apoyo de Irán y la participación de las milicias chiíes y kurdas, ha recuperado el 80 % de los territorios que había ocupado el Estado Islámico y se prepara para la toma de Mosul, segunda ciudad en importancia del país. En estas circunstancias, la ya deteriorada influencia de Arabia Saudita en la estructura política de Irak, va a quedar absolutamente desplazada, impidiéndole cualquier tipo de participación en el escenario post Estado Islámico.

El fracaso de la maniobra saudita en los mercados internacionales energéticos que demandó y logró bajar el precio del barril del petróleo para debilitar a Irán y Rusia a fin de buscar el cese del apoyo y la participación de estos países en la lucha contra el terrorismo en Siria e Irak, y en específico, la de Irán en Yemen y Bahréin, ha dejado un tremendo déficit presupuestario en todos los países del Golfo aliados de la monarquía saudita y en ella misma. De manera particular, ha sido muy notoria, la resolución del parlamento de Kuwait, que aumentó en un 80% el precio de la gasolina para el comprador minorista, a fin de utilizar tales recursos para cubrir su déficit presupuestario, lo que devino en la renuncia de su gobierno. 

En este contexto, Arabia Saudita se vio obligada a aceptar la reducción de la producción petrolera en un tope específico, al mismo tiempo que tuvo que respetar la cantidad de 4 millones de barriles asignados a Irán, lo cual no había aprobado hasta la anterior reunión de la OPEP en Argelia el pasado mes de septiembre. Pero, lo que vino a derramar el vaso de las derrotas sauditas y el fracaso total de su política exterior, es la ley aprobada y ratificada por las dos cámaras del Congreso estadounidense, al aprobar el rechazo al veto que intentaba el presidente Obama, y conceder el derecho a los familiares de las víctimas del 11 de septiembre de 2001 de interponer demandas en cortes de Estados Unidos contra el reino saudita por el apoyo a los supuestos terroristas que perpetraron los atentados, dado que, –según Estados Unidos- 17 de los 19 participantes en los hechos eran ciudadanos de ese país, existiendo incluso indicios no revelados por los tribunales que señalan la vinculación de personeros de la monarquía wahabita en esos funestos acontecimientos.

En otro escenario, vale mencionar que los aliados de Arabia Saudita en el Líbano se quedaron sin alternativas, de cara a las próximas elecciones presidenciales, por lo que están a punto de apoyar al candidato de la organización islámica chií Hezbollah, el ex general Michel Aoun. Estando el Líbano sin ejecutivo desde hace tres años, las fuerzas aliadas de la monarquía saudita llegaron a la conclusión de que, de no realizarse estos comicios que conducirán a la elección de un nuevo presidente, el país podría ir hacia un proceso fundacional constituyente que Hezbollah solicitó hace 4 años, y ante el cual estas fuerzas muy probablemente serían barridas electoralmente, perdiendo importantes espacios de poder que aún hoy ostentan.

Sin embargo, es en Yemen, donde se ha producido el mayor fracaso de Arabia Saudita. Tras 16 meses de haber creado una fuerza multinacional de países árabes, mediante la erogación de una importante cantidad de recursos financieros, para ejecutar las operaciones bélicas en contra del pequeño país del sur de la Península Arábiga y contando con el más sofisticado apoyo militar y de inteligencia de Estados Unidos, destruyeron el país, sin poder lograr un solo objetivo militar o político que no haya sido el asesinato de miles de ciudadanos inermes, con el propósito de hacer rendir a las fuerzas revolucionarias huthies y al ejército yemení, leal al presidente Alí Abdullah Saleh. Por el contrario, la influencia de estas fuerzas, se ha expandido. Su dominio territorial, abarca una zona del centro del país que incluye a la capital Sanaa, las costas del Mar Rojo y el estrecho de Bab el Mandeb, también controlan el noroeste del país. Sus milicias han llegado a incursionar hasta 300 km en la profundidad del territorio saudita que ha sido asediado por la presencia y el fuego directo de las fuerzas militares huthies. Por su parte, el ejército yemení ha lanzado misiles que han alcanzado bases militares y concentraciones bélicas hasta 700 km, en la zona central de Arabia Saudita, produciendo importantes bajas y pérdidas materiales al invasor, llegando a golpear objetivos a poca distancia de la importante ciudad de Taif. Por su parte, los Emiratos Árabes Unidos perdieron el pasado mes de septiembre, un modernísimo y sofisticado navío de guerra que fue alcanzado por los misiles de las fuerzas militares huthies en Bab el Mandeb muriendo 28 soldados.

Por su parte, Estados Unidos anunció su retiro y cese de cooperación con la coalición saudita que ha invadido Yemen. Aunque resulta dudoso, que esta decisión se ejecute en la práctica, con ello busca disuadir las protestas y presiones de ONG´s y del Consejo de DD.HH de la ONU que han denunciado las masacres que se están cometiendo a diario en contra de civiles, sobre todo de niños.

En ese contexto, Estados Unidos informó que navíos de su armada fueron atacados con misiles lanzados desde territorios dominados por las milicias huthies, quienes se apresuraron a negar tales imputaciones. Sin embargo, las fuerzas navales estadounidenses replicaron las acciones, lanzando proyectiles en contra de objetivos en territorio yemení, con lo cual formalmente se ha iniciado su participación directa en el conflicto. 

Sin conocer los hechos reales que han ocurrido, esta situación conduce a varias suposiciones, la primera es que de ser falso que los ataques fueron perpetrados por las milicias huthies, estamos ante una nueva falacia creada por Estados Unidos para justificar su involucramiento en el conflicto, como ya va siendo tradicional en su política exterior. Por otro lado, estas acciones podrían ser un anuncio de Irán, a fin de legitimar su presencia en la zona y hacer valer su condición de potencia regional que apoya a las fuerzas chiíes que combaten en Yemen. Finalmente, es dable suponer que Arabia Saudita, utilizando fuerzas yemeníes aliadas atacó a las naves estadounidenses con la intención de impedir la anunciada retirada de Estados Unidos del conflicto y, al contrario, lograr un mayor involucramiento de la potencia norteamericana en el mismo.

Por lo pronto, las elecciones presidenciales de Estados Unidos generan un “compás de espera” en el desarrollo de los acontecimientos en el Medio Oriente. El resultado de los comicios y la decisión sobre quién será el nuevo/a mandatario/a de ese país tendrá un notorio impacto en la región, en particular en el sostenimiento y apoyo de Israel como portaviones de la política de Estados Unidos en la región, en el manejo de las relaciones con sus aliados árabes, en particular en la conducción de la guerra contra el Estado Islámico y las fuerzas terroristas en Irak y sobre todo en Siria y, sobre todo en los acuerdos que se tomen o no con Rusia, un actor primordial, protagónico y que se ha fortalecido en la región.

En el futuro habrá que poner todas las cartas sobre la mesa, El debate no podrá ser solo sobre reformas y participación de la oposición en Siria y Líbano, por el contrario, si la correlación de fuerzas sigue avanzando a favor de Irán, el tema fundamental a discutir tendrá que ser democracia y participación de todas las fuerzas presentes en los conflictos por el poder en Yemen, Bahréin, Irak, Siria o Líbano o la continuidad del conflicto con un frente anti estadounidense y anti saudita mucho más fortalecido y una alianza occidental muy debilitada, a la cual solo le quedará el recurso del escalamiento de la guerra, un mayor nivel de involucramiento en la misma, con todas las consecuencias que ello tendría.

viernes, 21 de octubre de 2016

En el Medio Oriente se está jugando el futuro. (I)


El 7 de octubre pasado se cumplieron quince años de la invasión de Estados Unidos a Afganistán y más recientemente, el 20 de octubre, cinco del asesinato de Muamar Gadafi. Estas fechas han marcado la pauta de acontecimientos básicos para el análisis de la situación internacional del presente siglo y, de alguna manera han señalado el derrotero de la confrontación global para determinar un tipo de hegemonía y una estructura para el sistema internacional.

Sin embargo, no ha sido ni en Afganistán ni en Libia donde se han establecido los cánones del comportamiento de las potencias en torno a hacer efectiva la visión que cada una tiene respecto de la forma de imponer sus criterios en el tablero global. Es verdad que el ajedrez de las potencias se está jugando en todo el Medio Oriente, pero particularmente en Siria.
En este país, contra todo pronóstico, el presidente Bashar el Assad ha resistido la agresión terrorista que ha contado con el apoyo de las potencias occidentales y las monarquías conservadoras árabes. En todos estos años de guerra, el gobierno sirio nunca ha perdido el control sobre la capital Damasco, así como del 60 % de la ciudad de Alepo y de la mayoría del territorio nacional.

No obstante, la dinámica de los acontecimientos no permite mirarlos en “blanco y negro”. Los constantes cambios políticos en el escenario global, obliga a modificaciones tácticas en el terreno de las alianzas, muchas veces difíciles de comprender para aquellos que analizamos los sucesos desde la distancia.

En ese contexto, el abrupto cambio de posición de Turquía después del golpe de Estado, promovido por Estados Unidos y la Unión Europea y su apoyo al clérigo fundamentalista y multi millonario Fethullaj Güllen, quien tenía contactos con los militares golpistas, produjo una transformación radical del sistema de alianzas en la región. A pesar de la estrecha relación del presidente turco Recep Tayyip Erdogan con Estados Unidos, las contradicciones surgidas a partir del manejo turco respecto de los migrantes provenientes del Medio Oriente, y lo que se consideraba un chantaje de parte de Turquía comenzaron a abrir una brecha en esos vínculos.

Esta nueva situación, permitió la aprobación de un pacto mediante el cual Rusia e Irán, con la “comprensión” del gobierno sirio, aceptan el ingreso de las tropas turcas en el norte de Siria. En el fondo, aunque los kurdos son aliados del gobierno sirio, éste, indirectamente ha aceptado que Turquía los haya colocado junto al EI como enemigos de igual dimensión, dada la alianza de ambos con Estados Unidos, lo cual ha marcado un cambio profundo de las operaciones militares en el terreno. Aunque resulte difícil de entender, en la mirada de la coalición Rusia-Irán-Siria, el establecimiento de la autonomía kurda, resulta muy peligrosa, dada su asociación con Estados Unidos que pretende utilizarla para justificar su presencia militar en Siria.

Esta situación da cuenta de la complejidad de las circunstancias que rodean el escenario de este conflicto. Finalmente, Estados Unidos y Turquía son aliados en la OTAN. Precisamente, éste es el eje que Rusia pretende quebrar, dado el papel trascendente que desempeña Turquía en todos los tableros que se están jugando en la región. A cambio, y eso es lo que señala la transformación más importante de los hechos, Turquía se ha comprometido a combatir al EI en los alrededores de Alepo y permitir al ejército sirio el bloqueo de los terroristas en la ciudad, toda vez que la toma de esta urbe, la segunda en importancia del país, significa el objetivo estratégico más importante para el gobierno sirio en todo el desarrollo de la contienda durante estos últimos cinco años. Por supuesto, tras estas acciones, está la decisión turca de reconfigurar el imperio otomano, objetivo supremo de la Hermandad Musulmana, (agrupación fundamentalista de la cual forma parte el Presidente Erdogan) recurriendo para ello al uso de cualquier instrumento, incluyendo el asesinato masivo de los que se niegan a aceptar tal designio.

La batalla por Alepo se encuentra en una fase decisiva, tanto si se concreta el cese del fuego anunciado por Rusia y Siria con aprobación del enviado de la ONU, lo cual permitiría la salida de los terroristas a través de la vía de escape establecida, caso contrario la ciudad será igualmente liberada en pocos días.

En un acto de desesperación con el objetivo de preservar a las fuerzas terroristas, Estados Unidos y Europa han llegado incluso a hacer fracasar su acuerdo de cooperación con Rusia y a bloquear un acuerdo en el Consejo de Seguridad para hacer un alto al fuego y suspender los bombardeos aéreos, que dieran posibilidades de abandono a los terroristas de la asediada ciudad. Estados Unidos sabe que la salida de los terroristas de Alepo, significaría una victoria de enorme trascendencia militar, política y moral para el gobierno sirio y sus aliados

En paralelo, el primer ministro iraquí Haider al-Abadi anunció el inicio de las operaciones para liberar Mosul considerado el principal y último bastión del EI en Irak. En el momento de escribir estas líneas el mandatario anunció que las acciones bélicas se están desarrollando a un ritmo superior al esperado. Si los combates por Alepo en Siria y los de Mosul en Irak obtienen buenos resultados y se logra la liberación de ambas ciudades, el EI, habrá recibido dos heridas mortales que producirán una nueva reconfiguración del escenario político en la región.

Preparándose para ello, Estados Unidos bombardeó una agrupación de fuerzas del ejército sirio, produciendo la muerte de 65 soldados. Como es ya habitual en su política, las fuerzas armadas de ese país informaron que había sido un error y pidieron disculpas. Es la forma moderna que tiene Occidente de realizar acciones sin asumir responsabilidades, tras ello hay claros objetivos políticos. En este caso, era debilitar las defensas sirias de la ciudad de Deir Ez Zoz, controlada por el ejército nacional, a fin de provocar la ocupación de la misma por los terroristas y crear un eje de las fuerzas de la mal llamada “oposición moderada” en las provincias sirias de Deir Ez Zoz (fronteriza con Irak) y Raqqa, con el objetivo de garantizar la huída de las fuerzas terroristas asediadas en Mosul, hacia Siria con el objetivo de producir su reagrupamiento en la perspectiva de su fortalecimiento militar para resistir los embates del ejército sirio apoyados por Rusia e Irán.

En este sentido, el canciller ruso Serguei Lavrov advirtió que su país tomaría medidas militares adicionales si se incrementa la entrada de terroristas de Irak a Siria con el visto bueno de Occidente. Detrás de ello, está la intención estadounidense de concentrar fuerzas terroristas con el propósito de buscar dar legalidad a una futura intervención militar en Siria bajo el argumento de hacer un mayor esfuerzo para detener al Estado Islámico.

Por otra parte, el incremento de la presencia de fuerzas terroristas en Siria prolongaría un total aniquilamiento, previsible tras su derrota en Alepo y daría tiempo a las nuevas autoridades estadounidenses, surgidas de la próxima elección del 8 de noviembre, para mantener o profundizar las directrices tomadas por la Administración Obama. En este ámbito, se inscriben las últimas amenazas de Estados Unidos a Rusia, tratando de ganar tiempo en la gran batalla que se está librando en Alepo, donde las fuerzas aliadas a Estados Unidos y Occidente están sufriendo una severa derrota.

En general, las acciones emprendidas por Estados Unidos desde octubre de 2001, y en particular, la invasión a Irak en marzo de 2003 que produjo el derrocamiento de Saddam Hussein y el subsecuente caos en ese país, no ha producido para Occidente los resultados esperados. Por una parte, Irak es gobernado por un partido de la mayoría chií, aliada de Irán, mientras que las fuerzas militares de Al Hashd al Shaab (Comités Populares en su mayoría chiíes), con una clara posición anti estadounidense han cobrado creciente presencia e influencia en el país. Por otra parte, el propio influjo de Irán de manera directa o a través de sus aliados ha crecido hasta colocarse en un nivel superlativo, sobre todo en el área militar y la de seguridad.

Todo esto ha ido configurando una situación poco alentadora para los objetivos estadounidense en la zona, por el contrario, Irán se ha ido consolidando como una potencia regional que no puede ser descartada de ningún arreglo político. A su vez, la presencia de Rusia ha servido como elemento de equilibrio a fin de evitar una imposición hegemónica a favor de los intereses occidentales. (Continuará)

sábado, 15 de octubre de 2016

Haití, una herida en la memoria de América Latina y el Caribe.


El movimiento de emancipación independentista en Haití se inició en 1790, mucho antes que la mayoría de las colonias españolas de América. La Revolución francesa que había triunfado un año antes, concedió igualdad jurídica y política a los negros y mulatos haitianos, pero no proclamó el fin de la esclavitud. Sin embargo, estas reformas, fueron desoídas por los haitianos blancos de origen francés lo cual fue caldo de cultivo para que se desataran constantes rebeliones de esclavos. 

Toussaint Louverture, el más destacado de todos los militares negros que combatieron por la independencia, descolló también por poseer un pensamiento político estratégico, dotes de liderazgo y visión de estadista. Entendió que debía aliarse primero con los españoles para derrotar a los esclavistas franceses y después de haberlo logrado firmó la paz con el bando liberal francés, lo que lo llevó a ser nombrado Gobernador y Comandante en Jefe de las fuerzas armadas independentistas francesas en Haití. Pero, la metrópoli no veía con buenos ojos el poder que estaba adquiriendo el líder negro y desde 1798 comenzó a tratar de restablecer el dominio total sobre el territorio. Fue el inicio de una historia de más de dos siglos mediante la cual el colonialismo le ha hecho pagar a Haití todas sus “osadías”: Francia porque los haitianos siguieron luchando por su independencia hasta lograrla el 1° de enero de 1804, España porque Haití no aceptó su soberanía después de haber recibido “ayuda” contra los franceses y Gran Bretaña porque Louverture no consintió aliarse con ellos en 1798, cuando el almirante inglés Maitland se lo propuso.

Peor aún, cuando Louverture tomó medidas de orden económico y social para mejorar las condiciones de vida de su pueblo, Napoleón Bonaparte, en el poder en Francia desde finales de 1799, manifestó su público rechazo, enviando en 1801, un ejército a la isla, al mando de su cuñado el general Leclerc quien logró derrotar al prócer haitiano. 

Estos, no se rindieron ante la prisión y posterior muerte de su líder, un nuevo paladín emergió del pueblo, Jean Jacques Dessalines, al mando de 100 mil hombres enarboló la bandera roja y negra de la libertad que llevó a Haití a transformarse en la primera república de Nuestra América. Dessalines manifestó simpatía por las ideas de Francisco de Miranda y deseos de apoyar la lucha independentista de la región.

Uno de sus sucesores, el presidente Alejandro Petión, puso en práctica tales ideas. A finales de 1815, después de derrotada la segunda república venezolana, el Libertador Simón Bolívar arribó a Haití, a fin de buscar ayuda para dar continuidad a las luchas independentistas, después de clamar sin éxito por ella, (por diferentes razones) en Cartagena y Jamaica. Antes de llegar a Puerto Príncipe y estando en Kingston, el 19 de diciembre de 1815 Bolívar le escribe al Presidente Petión una carta donde le habla de Haití como el “asilo de todos los republicanos de esta parte del mundo” y le manifiesta su interés por “conocer y admirar de cerca a V. E” en su próximo viaje a Los Cayos en la región meridional de la isla, donde se habían congregado centenares de patriotas venezolanos y neogranadinos, deseosos de reincorporarse a los combates.

Con el apoyo del presidente Petión, Bolívar logra armar una expedición de hasta 1000 venezolanos y de otras nacionalidades y 1000 haitianos, además de obtener 6.000 fusiles, municiones, víveres, una imprenta completa, siete goletas y una importante suma de dinero. Por eso, como recuerda el destacado historiador venezolano Reinaldo Rojas, Bolívar calificó al gran presidente Petión como el “padre de todos los verdaderos republicanos”. Venezuela y los países liberados bajo la conducción de Bolívar le debemos a Haití la independencia y la libertad, lo que podamos hacer por ese hermano país, siempre será poco en comparación con lo que ellos hicieron por nosotros en uno de los momentos más críticos de nuestra historia. 

Todas estas acciones significaron demasiada afrenta para los poderes coloniales: primero, una revolución anti esclavista que remeció los pilares de la Europa supuestamente modernizante bajo los influjos de la Toma de la Bastilla, para continuar después, “exportando” sublevaciones que hacían trastabillar el soporte colonial del Viejo Continente en América. Nunca lo perdonaron hasta hoy. La decisión fue someter a Haití a la expoliación, la miseria y el olvido.

En el pasado más cercano, después de 29 años de férrea dictadura de los Duvalier (padre e hijo), parecía haber un proceso de restitución democrática que ayudaría al país a salir de casi dos siglos de marasmo. Sin embargo, en 2004, Jean Bertrand Aristide, el primer presidente elegido democráticamente fue derrocado a través de un golpe de Estado, que contó con la complicidad de Estados Unidos y Francia, solo unos meses después que Aristide anunciara que iba a exigir una reparación histórica a la antigua metrópoli. La respuesta imperial fue la intervención militar, promovida por Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU, que se concretó con la participación de 53 países, entre ellos (para vergüenza de nuestros pueblos), 15 de América Latina y el Caribe, a través de la llamada Misión de Estabilización de la ONU en Haití (Minustah). En fecha reciente, un importante grupo de organizaciones sociales de la región envió una carta pública al Secretario General de la ONU para que “… reconozcan el fracaso de sus estrategias y pongan fin a una intervención que, después de 12 años, no solo ha malogrado los objetivos oficialmente planteados sino que en muchos sentidos ha contribuido alevosamente a empeorar la situación”. Los “resultados de la estabilización” se pueden observar a simple vista: no han mejorado un ápice, las condiciones de vida del pueblo haitiano. 

Desde el terremoto de 2010 que asoló al país causando centenares de miles de muertos, heridos y desaparecidos y un millón y medio de damnificados, la asistencia humanitaria a Haití se ha convertido en un gran negocio, sobre todo después de la epidemia de cólera que afectó al país en 2014, introducida, -según afirman expertos- por los propios miembros de la Minustah. La ONU se ha transformado en cómplice de la continuidad del saqueo de Haití, permitiendo la acción de grandes transnacionales que se han repartido el país con proyectos mineros, turísticos y del agro negocio. 



Se necesitaban 310 millones de dólares hasta 2017 para erradicar definitivamente el cólera del país, pero solo pudieron recabarse 55 millones. Sólo la solidaridad y apoyo permanente y constante de Cuba y Venezuela han podido en alguna medida generar un frente común en contra de la epidemia. Pero ahora, Haití nuevamente se ve enfrentado a los designios de la naturaleza, el huracán Matthew ha causado la muerte de cientos de ciudadanos y gigantescas pérdidas materiales. Estados Unidos y Francia se han apresurado a enviar una ayuda a Haití equivalente a lo mismo que gastaban durante una hora de su intervención militar en Irak. Ha causado impacto en la opinión pública la carta de una ciudadana haitiana que llamaba a aquellos que quisieran ayudar a los afectados por Matthew, “no donen su dinero a la Cruz Roja de Estados Unidos” (ARC por su siglas en inglés). La información compartida por un usuario de twitter recordaba “lo que hizo" esa organización "con los 500 millones de dólares" que recibió para construir viviendas en Haití tras el terremoto de 2010, cuando esa instancia construyó solo 6 casas de las 700 que había comprometido.

Otro gran ganador de la desgracia del pueblo haitiano ha sido el ex mandatario de Estados Unidos Bill Clinton, cuya fundación creada al salir de la presidencia en 2001, hoy ya tiene un valor de 2 mil millones de dólares, en alguna medida obtenidos a partir de la solidaridad con “Haití”. Clinton se transformó en el gran “mecenas” de la nación caribeña, atrayendo donaciones al país y sobre todo intermediando para que la gigantesca cantidad de vacunas necesarias para combatir las múltiples epidemias que han asolado Haití en los últimos años, se hicieran llegar a través de su fundación. Su esposa Hillary, mientras fue Secretaria de Estado, dio prioridad a los amigos o personas de interés de su marido como contratistas especializados para llevar “ayuda humanitaria” a Haití. Caitlin Klevorick, asesora de la entonces Secretaria de Estado, quien coordinaba las ofertas de asistencia recibidas de la Fundación Clinton, dijo en un mensaje de correo electrónico que necesitaba “que indiquen cuando las personas son amigas de William Jefferson Clinton. Es probable que pueda identificar a la mayoría, pero no a todos”, según dio a conocer la semana pasada, el programa de radio y televisión Democracy Now! emitido desde Estados Unidos y transmitido por más de 900 emisoras de radio y televisión en el mundo.

Haití necesita de todos, y en primer lugar de América Latina y el Caribe. No se trata de limosnas, ni de migajas, sino de asumir realmente un proceso de restauración de la normalidad para lo cual no se necesitan “misiones de estabilización “, sino ayuda financiera para construir hospitales y escuelas y recursos para apoyar las misiones médicas y luchar contras las epidemias, así como aportes para generar una economía productiva. Cada día que pase, y no se haga, será un día de vergüenza para la humanidad y de ignominia para los que miran de manera cómplice sin hacer nada o haciendo muy poco.

domingo, 9 de octubre de 2016

El Premio Nobel de una paz que no se pudo ganar en elecciones.




La semana pasada comentamos el acto del lunes 26 de septiembre en el que se ratificó ante Colombia y el mundo el Acuerdo de Paz entre las Farc y el gobierno de ese país. Por razones editoriales debo entregar mi artículo los días viernes en la noche, de manera que ese análisis no incluía lo que habría de suceder en el plebiscito del pasado 2 de octubre y los hechos posteriores al mismo.

En el momento que entregué mi artículo para su publicación (viernes 30 de septiembre) no podría saber el resultado del plebiscito, pero a diferencia de la mayoría de los entendidos y de las benditas (malditas) encuestas, no aseguré que el Si iba a ganar por una mayoría abrumadora como se afirmaba en todos los ámbitos de la información. Como se sabe, eso no ocurrió, peor aún, ganó la opción que rechaza los Acuerdos y que en un primer momento apostó por la continuación de la guerra, pero que presionados por las masivas movilizaciones auto convocadas de la mayoría de los colombianos que quieren la paz, y también por la aplastante generalidad de la opinión pública internacional, obligó a los ahora envalentonados guerreristas a morigerar su discurso para aprovechar su triunfo en pos de lograr objetivos de política coyuntural que nada tienen que ver con la guerra y si con la próxima elección presidencial: la protección de la propiedad privada como si la misma se hubiera puesto en duda, la impunidad para los militares acusados por violación de derechos humanos y finalmente, la salvaguarda del ego de los ex presidentes Pastrana y Uribe. Para esto, fueron capaces incluso de paralizar los acuerdos que trabajosa y pacientemente se habían construido durante cuatro años.

Mi artículo de hace siete días finalizaba con la frase de una canción de Silvio Rodríguez “¿Cuánto de pesadilla quedará todavía”? Ello valió para que algunos lectores me acusarán de pesimista, sin embargo, la “cochina realidad” de la que hablaba el profesor Carlos Guerón en la Escuela de Estudios Internacionales pudo más que el optimismo desenfrenado sin asidero en el entorno de los hechos de la política. Lo cierto es que lo ocurrido a partir del domingo 2 ha sido una pesadilla para Colombia y su pueblo.

Ríos de tinta se han vertido en el análisis de los hechos que buscaban explicación de las causas del fracaso de Santos, porque ésta es una derrota de él y de nadie más que de él, por más que a priori los noruegos le hayan regalado su Premio Nobel, como también lo anuncié hace una semana, intentando explicar el discurso del Presidente, el 26 de septiembre pasado.

En su euforia triunfalista, Santos pensó que podría utilizar el deseo de paz del pueblo colombiano, sometiendo a plebiscito, es decir a los vaivenes de la coyuntura y a las “falsedades democráticas” de la democracia liberal, (valga la redundancia en este caso) un acuerdo de trascendencia estratégica y de alcance indeterminado para Colombia, América Latina y el Caribe y el mundo. Así, se logró el objetivo de minimizar el contenido del Acuerdo, que expone demandas significativas de la sociedad en materia de propiedad y distribución de la tierra, justicia, incorporación de los excluidos y protección de los derechos humanos como nunca antes se había planteado en la historia de Colombia. Por el contrario, asistimos a una exacerbación del fundamentalismo religioso de protestantes y católicos, que llevó a que muchos curas desoyeran al propio Papa Francisco y su clamor por la paz, demostrando que cuando están en juego los intereses de clase, la supuesta fidelidad al Papa, que es el “representante de Dios en la Tierra” es solo retórica, incluso en un país frenéticamente católico. 

Entonces, el debate pasó a ser que Uribe le había ganado a Santos, que el uribismo había quedado en inmejorables condiciones para ganar las próximas elecciones presidenciales y además comenzaron los tradicionales discursos maniqueos respecto a que “habló la mayoría” como si el 18% de los colombianos son la mayoría. Porque, no es lo mismo el 51% de los que votaron, que el 51% de los colombianos. Entonces emergió una nueva y manida frase: “Así es el juego democrático”. O dicho en palabras del respetado analista político colombiano Ariel Ávila “… así es la democracia; se gana con un voto y punto”, lo cual debe ser cierto en Colombia, porque en las últimas elecciones venezolanas, el chavismo ganó por bastante más que un voto y no hubo punto, sino 43 muertos ocasionados por la violencia fascista de la oposición.

Las razones del triunfo de los antagonistas al Acuerdo en el plebiscito, no tiene que ver con un pueblo esquizofrénico que le gusta la guerra, tampoco se le puede achacar al mal tiempo que azotó buena parte del territorio nacional el día de los comicios, (esto me llevó a recordar que la Constitución de Venezuela fue aprobada el mismo día que ocurrió el mayor desastre natural de la historia de este país). Tiene que ver con la brutal campaña de desinformación, falsedades y descrédito, que montó el uribismo y la oligarquía rural atrasada que él encabeza no contra Santos, ni contra las Farc, sino contra la paz, preocupados por las repercusiones que pueda tener para su voracidad expoliadora, los acuerdos en materia de tierras.

Para ello, recurrieron a todo, incluso a la mentira y al engaño como lo ha hecho público en entrevista al periódico “La República” el Gerente del Comando de Campaña del No, Juan Carlos Vélez quien reconoció que su mensaje estuvo basado, no en informar sobre el contenido de los Acuerdos, sino en la búsqueda de “indignación”. Sin mayores conflictos éticos, explicó que un concejal le había dado una imagen de un mensaje de Santos y Timochenko que explicaba “ por qué se le iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba en la olla. Yo publiqué en mi facebook y al sábado pasado tenía 130.000 compartidos con un alcance de seis millones de personas”. O sea, una mentira y un engaño preconcebido, sobre una base falsa. Cosas de la democracia representativa, “…se gana con un voto y punto”.

Todo ello oculta el verdadero problema de fondo cual es tratar de responder a la pregunta de por qué el 63% de los colombianos que sí son la mayoría, estuvo ajeno a tan trascendental decisión. Es sabido que en la “democracia colombiana”, los niveles de abstención rondan siempre el 60 %, lo cual da cuenta de un sistema político agotado en el cual los ciudadanos ya no creen, como tampoco creyeron que esta “solución” que Santos se sacó de la manga, pensado que aplastaría a Uribe, a fin de permitirle colocar un delfín en la casa de Nariño en 2018, aplacaría decenios de violencia, marginación, pobreza y carencias ilimitadas.

A pesar que tanto el gobierno como las Farc dieron pruebas de madurez política a fin de dar continuidad al proceso, ahora reina la incertidumbre, de cara al futuro. Noruega ha hecho un aporte regalándole el Nobel a Santos, lo cual no es novedad después que se lo entregara a Obama, Kissinger, Menachem Begin, Frederik de Klerk, Isaac Rabin y Shimon Perez, entre otros, todos connotados guerreristas y asesinos. Santos viene a ser uno más de esta lista. Estados Unidos, el país que más guerra ha desatado y que ha llevado a efecto la mayor cantidad de invasiones e intervenciones militares en todo el mundo, es el que más veces lo ha recibido con 20, así mismo de 98 ganadores, 71 han sido de Estados Unidos o países de la Unión Europea y la OTAN, quienes han sido los mayores generadores de guerras y conflictos en la historia del último siglo, de manera que su prestigio es bastante dudoso, siendo un mecanismo mediante el cual, el sistema capitalista reconoce a quienes logran hacer acciones para su sostenimiento en momentos de peligro. Pareciera que en el resto del mundo conformado por casi el 90% de la humanidad no hubiera suficientes personas merecedoras de este premio. Hay que recordar además, que Noruega es miembro de la OTAN, la mayor alianza agresiva de la historia.

El regreso a la mesa de negociaciones está plagado de dilemas. El gobierno y las Farc han acordado escuchar “en un proceso rápido y eficaz, a los diferentes sectores de la sociedad…”, así mismo, reiteraron el compromiso de cese al fuego bajo monitoreo y verificación de la ONU y continuar avanzando en tomar medidas de construcción de confianza, lo cual pareciera dar alguna certeza de que el proceso de paz tendrá continuidad, a pesar de las maquinaciones, mentiras, trucos fraudulentos y manipulaciones de Uribe, el ex procurador Ordoñez y las cúpulas eclesiásticas católica y protestante, cuyo afán destructivo se ha puesto de manifiesto, creando el caos y el desconcierto, sin hacer propuestas concretas que destraben el impase. Saben que su triunfo es el de una minoría de la sociedad y no tienen capacidad para hacerlo valer en las calles. Como dice Ariel Ávila, “… lo que les queda es dilatar y ganar tiempo, manteniendo el caos político hasta el 2018, año en que ellos aspiran a ganar las elecciones de nuevo”. Ese fue el verdadero objetivo de los promotores del No, el fin de la guerra y la paz para los colombianos no es algo que les inquiete demasiado.

sábado, 1 de octubre de 2016

Yo soñé con aviones, que nublaban el día…


“Yo soñé con aviones que nublaban el día, justo cuando la gente más cantaba y reía, más cantaba y reía”, vocalizó Silvio Rodríguez en “Sueño de una noche de verano”. Esta canción vino a mi memoria cuando los aviones caza israelitas K-Fir (cachorro de león en hebreo), rompieron la barrera del sonido en la majestuosa tarde de Cartagena de Indias, interrumpiendo el discurso que hacía el Comandante de las Farc Rodrigo Londoño (Timochenko), tras la firma del Acuerdo de Paz entre esa organización guerrillera y el gobierno de Colombia, el pasado lunes 26 de septiembre. El presidente Santos también fue interrumpido, pero por la melodiosa música de la Novena Sinfonía de Beethoven y la letra del “Himno de la Alegría” entonado por niñas y niños colombianos.

El que sabe de símbolos y de mensajes subliminales, podrá comprender en toda su dimensión lo que estas “parálisis” de ambos discursos significan. Fue, ni más ni menos el preámbulo de lo que vendrá, tras el Acuerdo. Una oligarquía que no dejará de hacer sentir su poder y unas Farc que como dijo Timochenko, de ahora en adelante utilizará como única arma la palabra. También es simbólico que ese día de paz, dos de los principales “portaviones” militares de Estados Unidos: Colombia e Israel se hayan dado la mano para ensuciar el límpido cielo cartagenero cuando se anunciaba la paz. 

Nadie en su sano juicio podrá negar la majestuosidad del evento, ni la significación para Colombia, América Latina y el mundo que éste tuvo. Sólo mentes enfermizas como las del ex presidente Álvaro Uribe y las del recién destituido procurador, Alejandro Ordoñez y sus seguidores llamando ese día a apagar los televisores para no ver “la firma del acuerdo mediante el cual se le entregaba el país a los comunistas”, puede ocultar la magnitud y la dimensión de esta fecha memorable en la que los colombianos “más cantaban y reían”. En el colmo de su paroxismo demencial, Uribe, al referirse al referéndum popular que ratificará o no este Acuerdo, dijo que si llegara a ganar el Sí, Colombia se transformará en una nueva Venezuela.

Uribe, más que nadie sabe del esfuerzo de Venezuela y en particular del Comandante Chávez para que estas negociaciones se llevaran adelante, no se abandonaran y llegaran a buen término. El 5 de agosto de 2007 la entonces senadora Piedad Córdoba le solicitó al presidente venezolano­­­ que apoyara un acuerdo humanitario para Colombia. Como lo relato en mi libro “Colombia, pintando adioses a la guerra”, “…la respuesta del presidente Chávez fue inmediata, ´…en el caso de Colombia estamos dispuestos a hacer lo que podamos hacer, en el camino de la paz`, pero alertó acerca de la necesidad de abrir los caminos para ello y expuso su eterna visión bolivariana al proponer el involucramiento de Unasur en la solución del conflicto al preguntarse ´…si somos la Unión Suramericana por qué no pudiéramos discutir` (acerca del acuerdo humanitario)”. 

Más allá de ese hecho sabido, ya se comienzan a conocer detalles inéditos del proceso de negociaciones para la paz. En un libro próximo a ser publicado, Timochenko refiere que cuando ya las conversaciones habían comenzado y se produjo el ataque en el que murió el Comandante General de las FARC, Alfonso Cano, el más ferviente partidario y promotor de la paz dentro de la organización guerrillera, su primera reacción fue abandonar la mesa de negociaciones. Reconoció que fue el Comandante Hugo Chávez quien le recomendó que no lo hiciera, insistiéndole en la necesidad de la paz para el pueblo colombiano. De manera que no ha sido desde Venezuela de donde han salido los espíritus guerreristas, Venezuela jamás ha financiado un Plan Colombia contra los campesinos y el pueblo del país vecino.

Pero, volviendo al acto del lunes 26, en él se pudo observar un esperpéntico show de la oligarquía colombiana impolutamente vestida de blanco como el color de su piel, que celebraba la posibilidad de poner en pleno funcionamiento el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, así como avanzar hacia niveles jamás antes alcanzados en el desarrollo de capacidades productivas de un país con un potencial gigantesco, en el que las riquezas están lejos de ser distribuidas equitativamente. Se frotaban las manos ante los nuevos ingresos que avizoran. Las víctimas del conflicto, estaban en el lugar más alejado del escenario y el pueblo colombiano completamente ausente del evento. En una zona de mayoría negra como es el Caribe colombiano, aparte de las Alabaoras de Bojayá, los negros fueron excluidos de la celebración. Pareciera ser un preludio que muestra quiénes serán beneficiados por esta paz y a quiénes se pretende marginar de ellas. El espectro del fin de la Guerra de Independencia en 1830 se repite, sin que nadie ponga­­ en duda lo trascendente que ésta tuvo en la historia. 

Ese día, pudimos escuchar dos discursos dialécticamente contradictorios sobre la paz y sobre el futuro. Timochenko, hizo un recorrido histórico que recordó las causas profundas del conflicto, sus palabras siempre tuvieron en el centro al sufrido pueblo colombiano y las demandas sociales no resueltas con la firma del Acuerdo. Por el contrario, Santos, más preocupado de la posteridad y del Premio Nobel de La Paz y sin poder olvidar quien es hoy su enemigo principal, al parecer se sintió obligado a hablarle al ex presidente Uribe y hacer campaña por el Si para el plebiscito del domingo 2. Sólo él sabrá porque renunció a hacer un discurso escrito como lo ameritaba la ocasión, para improvisar una alocución electorera, que lo alejó de su condición de estadista.

Los peores temores no tardaron en hacerse presente. Tan solo dos días después del evento, el miércoles 28, el Fiscal General de Colombia, Néstor Humberto Martínez pasando por encima del Acuerdo amenazó a los miembros de las Farc con ser investigados “…por la justicia ordinaria en caso de seguir cometiendo delitos después de la entrada en vigencia del acuerdo final”. La frase “seguir cometiendo delitos” deja entrever una aseveración que fue discutida y resuelta en el punto referido a la justicia transicional del Acuerdo. Deben saber los miembros de las Farc, que estos serán los nuevos enemigos a vencer “utilizando la palabra como única arma”. 

Es cierto que el objetivo de la toma del poder, que llevó a las Farc a la lucha armada, no se logró, pero también es cierto que el objetivo del Estado, que era la derrota militar de la guerrilla tampoco se consiguió. Esta no fue una negociación entre un vencedor y un vencido, sino entre dos fuerzas políticas que decidieron seguir buscando sus objetivos en el terreno de la democracia representativa. Las caras de los “blanquitos” sentados en las primeras filas del evento de Cartagena parecían no entender esto, como tampoco parecen comprenderlo, los que creen que la lucha armada es una forma perpetua de combate, aunque pasen más de cinco décadas sin que se puedan obtener los objetivos. Para criticar a las Farc, hay que meterse en la montaña y vivir los rigores de la selva, bajo el acoso militar de un Estado que fue apoyado indiscriminadamente por la mayor potencia económica y militar del planeta. Y no los pudieron vencer!!!!!.

Aquel que crea que estas palabras entrañan pesimismo y una visión negativa del Acuerdo les debo decir que en fecha tan lejana como el 1° de febrero del año 2000 escribí que “Desconocemos el curso que tomen las conversaciones de paz y la forma que adquieran las mismas. En particular para el pueblo venezolano y su gobierno el conflicto colombiano lo afecta directamente. El proceso de reconocimiento de las FARC y del ELN dentro y fuera de Colombia es inevitable y necesario para que las partes puedan asumir deberes y derechos contractuales que garanticen internacionalmente la consecución y posterior cumplimiento de la ley y lo que es más importante, darle al pueblo colombiano una paz permanente y duradera”. He sido y soy un profundo convencido de que se ha seguido el camino correcto y me congratulo de que así haya sido, pero la convicción no me permite obnubilar la razón que obliga a estar alerta, sobre todo después que en Brasil hemos aprendido que la democracia representativa sirve para todo, incluso para derrocar presidentes, paradójicamente elegidos democráticamente. 

Recuerdo haber conversado sobre el tema de la paz en Colombia con el comandante Chávez, una calurosa tarde de mayo de 2006, cuando nos dirigíamos a la Sierra de Perijá donde habría de tenderse el primer tramo del gasoducto entre Venezuela y Colombia con la presencia del Presidente Uribe. Por eso, tengo la fortuna de haber conocido de primera mano, su pensamiento en este ámbito, su visión estratégica y su profunda convicción bolivariana. Espero que algún día la historia sin mezquindades, recoja con justeza, su aporte a esta conquista para Colombia y para toda América Latina y el Caribe. 

Ahora vienen los nuevos retos, los dejo planteados en forma de pregunta, tal vez como preámbulo de nuevos escritos: ¿cómo avanzarán las conversaciones con el ELN sin cuyo acuerdo, no es posible hablar de paz completa?, ¿Qué pasará con las siete bases militares de Estados Unidos instaladas en suelo colombiano para luchar contra la guerrilla, ahora que ésta depuso las armas?, ¿Qué actitud asumirá el Estado colombiano y sus fuerzas armadas ante la existencia y actividad creciente del paramilitarismo, verdadera amenaza a la paz y la democracia en su territorio y en el de los países vecinos?, y yendo un poco más lejos, ¿Qué hará el putrefacto Estado monárquico español, ante la propuesta de ETA de seguir el ejemplo colombiano?. 

Con Silvio me pregunto “¿Cuánto de pesadilla quedará todavía, quedará todavía?”.