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viernes, 21 de octubre de 2016

En el Medio Oriente se está jugando el futuro. (I)


El 7 de octubre pasado se cumplieron quince años de la invasión de Estados Unidos a Afganistán y más recientemente, el 20 de octubre, cinco del asesinato de Muamar Gadafi. Estas fechas han marcado la pauta de acontecimientos básicos para el análisis de la situación internacional del presente siglo y, de alguna manera han señalado el derrotero de la confrontación global para determinar un tipo de hegemonía y una estructura para el sistema internacional.

Sin embargo, no ha sido ni en Afganistán ni en Libia donde se han establecido los cánones del comportamiento de las potencias en torno a hacer efectiva la visión que cada una tiene respecto de la forma de imponer sus criterios en el tablero global. Es verdad que el ajedrez de las potencias se está jugando en todo el Medio Oriente, pero particularmente en Siria.
En este país, contra todo pronóstico, el presidente Bashar el Assad ha resistido la agresión terrorista que ha contado con el apoyo de las potencias occidentales y las monarquías conservadoras árabes. En todos estos años de guerra, el gobierno sirio nunca ha perdido el control sobre la capital Damasco, así como del 60 % de la ciudad de Alepo y de la mayoría del territorio nacional.

No obstante, la dinámica de los acontecimientos no permite mirarlos en “blanco y negro”. Los constantes cambios políticos en el escenario global, obliga a modificaciones tácticas en el terreno de las alianzas, muchas veces difíciles de comprender para aquellos que analizamos los sucesos desde la distancia.

En ese contexto, el abrupto cambio de posición de Turquía después del golpe de Estado, promovido por Estados Unidos y la Unión Europea y su apoyo al clérigo fundamentalista y multi millonario Fethullaj Güllen, quien tenía contactos con los militares golpistas, produjo una transformación radical del sistema de alianzas en la región. A pesar de la estrecha relación del presidente turco Recep Tayyip Erdogan con Estados Unidos, las contradicciones surgidas a partir del manejo turco respecto de los migrantes provenientes del Medio Oriente, y lo que se consideraba un chantaje de parte de Turquía comenzaron a abrir una brecha en esos vínculos.

Esta nueva situación, permitió la aprobación de un pacto mediante el cual Rusia e Irán, con la “comprensión” del gobierno sirio, aceptan el ingreso de las tropas turcas en el norte de Siria. En el fondo, aunque los kurdos son aliados del gobierno sirio, éste, indirectamente ha aceptado que Turquía los haya colocado junto al EI como enemigos de igual dimensión, dada la alianza de ambos con Estados Unidos, lo cual ha marcado un cambio profundo de las operaciones militares en el terreno. Aunque resulte difícil de entender, en la mirada de la coalición Rusia-Irán-Siria, el establecimiento de la autonomía kurda, resulta muy peligrosa, dada su asociación con Estados Unidos que pretende utilizarla para justificar su presencia militar en Siria.

Esta situación da cuenta de la complejidad de las circunstancias que rodean el escenario de este conflicto. Finalmente, Estados Unidos y Turquía son aliados en la OTAN. Precisamente, éste es el eje que Rusia pretende quebrar, dado el papel trascendente que desempeña Turquía en todos los tableros que se están jugando en la región. A cambio, y eso es lo que señala la transformación más importante de los hechos, Turquía se ha comprometido a combatir al EI en los alrededores de Alepo y permitir al ejército sirio el bloqueo de los terroristas en la ciudad, toda vez que la toma de esta urbe, la segunda en importancia del país, significa el objetivo estratégico más importante para el gobierno sirio en todo el desarrollo de la contienda durante estos últimos cinco años. Por supuesto, tras estas acciones, está la decisión turca de reconfigurar el imperio otomano, objetivo supremo de la Hermandad Musulmana, (agrupación fundamentalista de la cual forma parte el Presidente Erdogan) recurriendo para ello al uso de cualquier instrumento, incluyendo el asesinato masivo de los que se niegan a aceptar tal designio.

La batalla por Alepo se encuentra en una fase decisiva, tanto si se concreta el cese del fuego anunciado por Rusia y Siria con aprobación del enviado de la ONU, lo cual permitiría la salida de los terroristas a través de la vía de escape establecida, caso contrario la ciudad será igualmente liberada en pocos días.

En un acto de desesperación con el objetivo de preservar a las fuerzas terroristas, Estados Unidos y Europa han llegado incluso a hacer fracasar su acuerdo de cooperación con Rusia y a bloquear un acuerdo en el Consejo de Seguridad para hacer un alto al fuego y suspender los bombardeos aéreos, que dieran posibilidades de abandono a los terroristas de la asediada ciudad. Estados Unidos sabe que la salida de los terroristas de Alepo, significaría una victoria de enorme trascendencia militar, política y moral para el gobierno sirio y sus aliados

En paralelo, el primer ministro iraquí Haider al-Abadi anunció el inicio de las operaciones para liberar Mosul considerado el principal y último bastión del EI en Irak. En el momento de escribir estas líneas el mandatario anunció que las acciones bélicas se están desarrollando a un ritmo superior al esperado. Si los combates por Alepo en Siria y los de Mosul en Irak obtienen buenos resultados y se logra la liberación de ambas ciudades, el EI, habrá recibido dos heridas mortales que producirán una nueva reconfiguración del escenario político en la región.

Preparándose para ello, Estados Unidos bombardeó una agrupación de fuerzas del ejército sirio, produciendo la muerte de 65 soldados. Como es ya habitual en su política, las fuerzas armadas de ese país informaron que había sido un error y pidieron disculpas. Es la forma moderna que tiene Occidente de realizar acciones sin asumir responsabilidades, tras ello hay claros objetivos políticos. En este caso, era debilitar las defensas sirias de la ciudad de Deir Ez Zoz, controlada por el ejército nacional, a fin de provocar la ocupación de la misma por los terroristas y crear un eje de las fuerzas de la mal llamada “oposición moderada” en las provincias sirias de Deir Ez Zoz (fronteriza con Irak) y Raqqa, con el objetivo de garantizar la huída de las fuerzas terroristas asediadas en Mosul, hacia Siria con el objetivo de producir su reagrupamiento en la perspectiva de su fortalecimiento militar para resistir los embates del ejército sirio apoyados por Rusia e Irán.

En este sentido, el canciller ruso Serguei Lavrov advirtió que su país tomaría medidas militares adicionales si se incrementa la entrada de terroristas de Irak a Siria con el visto bueno de Occidente. Detrás de ello, está la intención estadounidense de concentrar fuerzas terroristas con el propósito de buscar dar legalidad a una futura intervención militar en Siria bajo el argumento de hacer un mayor esfuerzo para detener al Estado Islámico.

Por otra parte, el incremento de la presencia de fuerzas terroristas en Siria prolongaría un total aniquilamiento, previsible tras su derrota en Alepo y daría tiempo a las nuevas autoridades estadounidenses, surgidas de la próxima elección del 8 de noviembre, para mantener o profundizar las directrices tomadas por la Administración Obama. En este ámbito, se inscriben las últimas amenazas de Estados Unidos a Rusia, tratando de ganar tiempo en la gran batalla que se está librando en Alepo, donde las fuerzas aliadas a Estados Unidos y Occidente están sufriendo una severa derrota.

En general, las acciones emprendidas por Estados Unidos desde octubre de 2001, y en particular, la invasión a Irak en marzo de 2003 que produjo el derrocamiento de Saddam Hussein y el subsecuente caos en ese país, no ha producido para Occidente los resultados esperados. Por una parte, Irak es gobernado por un partido de la mayoría chií, aliada de Irán, mientras que las fuerzas militares de Al Hashd al Shaab (Comités Populares en su mayoría chiíes), con una clara posición anti estadounidense han cobrado creciente presencia e influencia en el país. Por otra parte, el propio influjo de Irán de manera directa o a través de sus aliados ha crecido hasta colocarse en un nivel superlativo, sobre todo en el área militar y la de seguridad.

Todo esto ha ido configurando una situación poco alentadora para los objetivos estadounidense en la zona, por el contrario, Irán se ha ido consolidando como una potencia regional que no puede ser descartada de ningún arreglo político. A su vez, la presencia de Rusia ha servido como elemento de equilibrio a fin de evitar una imposición hegemónica a favor de los intereses occidentales. (Continuará)

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