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domingo, 29 de septiembre de 2019

Narcotráfico, paramilitarismo y política en el sistema internacional.


La alianza entre el Grupo de Lima y la banda paramilitar colombiana “Los Rastrojos” a través de Juan Guaidó, que Lilian Tintori –esposa de Leopoldo López– se encargó de confirmar y hacer pública, marca el renacimiento en América Latina de los tenebrosos días de la Operación Cóndor. 

En esa época, se produjo –a partir de las instrucciones y el patrocinio del gobierno de Estados Unidos – un letal acuerdo de organismos de inteligencia, para que –al margen de la ley– los gobiernos dictatoriales de la región pudieran perseguir, capturar, asesinar y desaparecer luchadores democráticos, populares y revolucionarios en el territorio de cualquier país. En los hechos, tal práctica significó la construcción de una supra soberanía criminal que estableció pautas para actuar de forma ilegal en la realización de su tenebrosa labor. 

Estados Unidos tiene amplia experiencia en este tipo de actividades: en los años 80 del siglo pasado se relacionó con el narcotráfico para financiar la ilícita guerra contra Nicaragua. Por ese crimen fue juzgado y declarado culpable Elliott Abrams, el mismo que indultó Bush y que hoy Trump ha designado como articulador de todas las acciones de Estados Unidos contra Venezuela, que incluyen a gobiernos europeos y de América, organizaciones internacionales, medios de comunicación, redes de narcotráfico, paramilitares y delincuencia organizada. 

viernes, 20 de septiembre de 2019

El culpable de los ataques en Arabia Saudí es Arabia Saudí



Tal vez no haya habido un hecho tan esclarecedor de cómo se dirige la política exterior de Estados Unidos en el último tiempo que su respuesta a los ataques de la resistencia yemení en contra de las refinerías de Arabia Saudita aunque en general la forma como ha manejado sus decisiones respecto del Medio Oriente son expresión de la perturbación que agita a la Casa Blanca, la irracionalidad en la conducción y los desvaríos de su principal inquilino.

Lo preocupante de todo esto es que tales acciones tienen implicaciones en el escenario internacional y por tanto incide en la vida de miles de millones de ciudadanos de todo el mundo que tienen que vivir en la más completa incertidumbre porque en cualquier momento lo pueden agredir, bombardear, bloquear y/o sancionar. Lo más terrible es que el sistema internacional se ha mostrado incapaz de detener los dislates del presidente estadounidense y el poder que él encarna. Es verdad que Rusia y China han logrado impedir en el Consejo de Seguridad que la ONU le de legalidad a estos hechos, pero ante la imposibilidad de sojuzgar a otros pueblos a través de la razón, Estados Unidos se ha aferrado a la fuerza como instrumento principal de su política exterior.

domingo, 15 de septiembre de 2019

Dos miradas sobre la degradación de John Bolton.


La película “Vice” estrenada en diciembre de 2018 dirigida por Adam McKay, producida entre otros por Brad Pitt y Will Ferrell y protagonizada por Christian Bale en el papel de Dick Cheney, le valió a Bale para obtener el premio Globo de Oro como mejor actor. La misma es caracterizada precisamente como un film biográfico de Cheney, quien después de ocupar varios cargos en diferentes administraciones llegó a ser vicepresidente de Estados Unidos durante el gobierno de George Bush hijo. 

En la cinta se observa una escena en la que Cheney comienza en el año 2001 a organizar un aparato paralelo que transformó en el verdadero gobierno de Estados Unidos, ante el carácter dubitativo y la notable incapacidad y estulticia del presidente George W. Bush, lo cual queda claramente evidenciado en la película. Al pasar revista -junto a un asesor- de los leales que tiene dentro de la administración, Cheney expone que en el Departamento de Estado estaba John Bolton a quien caracteriza de alocado pero leal. La película muestra con interesante genio descriptivo el verdadero rol del poder en las sombras que dirige a Estados Unidos, al cual John Bolton ha servido siempre como un soldado. 

domingo, 8 de septiembre de 2019

Colombia entre la paz y la barbarie. Dialéctica de un proceso.


Desde hace buen tiempo vengo alertando respecto del peligro que la agresividad imperialista conduzca al renacimiento de la lucha armada en América Latina como opción para hacer política en los marcos de la democracia representativa, cuando ella misma cierra las posibilidades de participar, mientras -al contrario- eterniza su intención de engañar a los pueblos, usándolo cada cuatro, cinco o seis años para legitimar por vía electoral tal intención. Habría que decir que esta situación sobrepasa los límites regionales como lo atestiguan las recientes acciones del CIRA (Ejército Republicano Irlandés- Continuidad) que había llegado a un acuerdo con el gobierno británico para poner fin al conflicto de Irlanda en 1998, pero que lamentablemente ha decidido reagruparse ante la cada vez más probable salida de Gran Bretaña de la Unión Europea despertando temores respecto de que esta decisión pueda significar un alejamiento de las posibilidades de que el nunca abandonado anhelo de reunificar su país se haga realidad, lo cual ha hecho reaparecer el fantasma del resurgimiento de la violencia en la dividida Irlanda.

Otro tanto pareciera estar emergiendo en América del Sur, región en la que todavía existen grupos guerrilleros que desarrollan la lucha armada en Paraguay. En este contexto, la decisión de un grupo importante de combatientes de las Fuerzas Armadas Revolucionarías de Colombia (FARC) encabezados por los comandantes Iván Márquez y Jesús Santrich entraña trascendentales consecuencias políticas no solo para Colombia, también para la región y porque no decirlo, para todo el planeta.

El hecho es de tal significación que -me parece- debe conocerse, estudiarse y analizarse en un marco que supere lo estrictamente emocional e incluso lo ético para penetrar los insondables ámbitos de la política en un plano que supere la coyuntura y se adentre en las repercusiones estratégicas que tal resolución implicará para Colombia y para América Latina y el Caribe.

El estudio del acontecimiento que ha remecido a la sociedad colombiana debe asimilarse a partir de los antecedentes que llevaron a él y el contexto en que se produce. En ese marco, hay que decir que durante todo el proceso de negociaciones que llevaron a la firma en 2016 en La Habana de los acuerdos de paz entre las Farc y el Estado colombiano, hubo y todavía hay una sensación que los medios de comunicación se han encargado de sembrar en relación a que se estaba negociando con una guerrilla derrotada y vencida. Por otro lado, es menester recordar que todo el mundo aceptó que los acuerdos de La Habana fueron el primer paso para la paz, no la consumación de la misma.

Esta situación, además de ser falsa ha creado un ambiente en el que supone que las Farc le “deben” a la sociedad, mientras que el Estado colombiano ha hecho bien la tarea y le ha dado una “oportunidad” a la guerrilla para reinsertarse. No ha sido así: las conversaciones en La Habana se dieron entre dos fuerzas militares beligerantes, ninguna de las cuales pudo derrotar militarmente a la otra, por lo que ambas llegaron a la conclusión de que la guerra (como continuación de la política) no tenía solución en el terreno bélico y se debía buscar una alternativa en el campo del diálogo y la negociación.