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viernes, 16 de diciembre de 2016

Bruno Rodríguez Parrilla en 1991. “El relevo de la Revolución está asegurado por la Revolución misma”


Al parecer, mi artículo de la semana pasada sobre la transición en Cuba, despertó cierto interés en quienes lo leyeron. Algunos de ellos, me escribieron o se comunicaron conmigo para recordar mi libro publicado en 1993 con el sugestivo título de ¿Y cuándo Fidel no esté?, insinuándome que hablara de ello. Aunque en agosto del año pasado, escribí sobre el tema, me pareció válido rememorarlo a partir de la dinámica que ha adquirido el mismo tras el fallecimiento del líder cubano Fidel Castro. 

Inquieto por la situación que habría de crearse cuando ello ocurriera, en fecha tan lejana como 1991 me propuse indagar acerca del pensamiento y la visión de los jóvenes cubanos sobre el tema. Entre diciembre de ese año y enero de 1992 realicé en La Habana una serie de entrevistas a mujeres y hombres cubanos que bordeaban los 30 años. Trece de estas entrevistas dieron origen en 1993 a este libro con portada del artista plástico Aníbal Ortizpozo y publicado por el Vice rectorado Administrativo de la UCV que conducía el profesor Elías Eljuri en coedición con la revista Ko´eyú Latinoamericana que dirigía el entrañable amigo Joel Cazal. En la presentación del libro se expone que el mismo cubre” un espectro de la juventud cubana suficientemente representativo a pesar que el imperativo del regreso nos obligó a postergar otras conversaciones que también tentaban nuestro interés”. 

Hoy, ante la fatalidad del hecho cierto: la desaparición física del Comandante en Jefe de la Revolución Cubana Fidel Castro, me parece muy pertinente, dar a conocer nuevamente la respuesta final a la pregunta que cierra la entrevista (que además es la última del libro) a Bruno Rodríguez Padilla, quien en ese momento, a sus 33 años, era miembro del Buro Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), y director de su órgano oficial, el periódico Juventud Rebelde. Desde marzo de 2009, Rodríguez Parrilla, quien es abogado de profesión, es el ministro de relaciones exteriores de Cuba y desde diciembre de 2012 miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba, la más alta instancia de conducción política del país. 

Las opiniones dadas hace 25 años por el hoy Canciller cubano cobran gran vigencia y legitimidad cuando se observan en el contexto del momento actual que vive Cuba. Quisiera extraer dos respuestas de la entrevista que podrían dar luces a aquellos que se inquietan por la llamada “transición cubana” y suponen que la misma comenzó ahora, tras el fallecimiento de Fidel.

Ante la pregunta de ¿Qué significa para un joven cubano en lo individual, y qué significa para tu generación, “mantener el poder conquistado en 1959 en las nuevas condiciones” (difíciles por lo demás?), Bruno afirmó que: “Yo conquisté el poder con un año de edad, en el 59. Se oye mucho en el mundo discutir sobre el poder, sobre cuotas de poder: Mi generación participa del poder, como participan las otras, lo que no quiere decir que la Juventud (Se refiere a al UJC. Nota del autor) no favorezca procesos que aceleren la promoción social de los jóvenes, la presencia de los jóvenes en las tareas vitales del país, incluso en los niveles de dirección y en las responsabilidades políticas y estatales más importantes: por eso más que consecuencias de una política , es consecuencia de un hecho de la realidad, como te decía la juventud tiene el espacio que nadie le ha dado, sino que se lo ha ganado con su presencia, donde se decide la Revolución, donde se hace la revolución todos los días. Si tú te pones a revisar la composición del partido, de los órganos locales de gobierno, de los aparatos económicos, de las empresas encontrarás a una generación muy fuerte representada, incluso a generaciones más jóvenes. Eso significa que nosotros asumimos siempre una gran responsabilidad, de hecho sentimos la responsabilidad de compartir el poder de una manera importante. No pretendemos mayores ni menores cuotas de poder, porque en una revolución que sobrevive en las circunstancias actuales, no es realista pretender distribuir el poder en cuotas”.

Agregó que “Esta es una Revolución y un país cuyo poder se sustenta en las mayorías. Lo único que nos queda son las mayorías. A un amigo le preguntaba hace poco: ´¿Ustedes piensan abandonar, dejar la Revolución?`. Él decía ´Eso no lo podemos hacer porque en Cuba lo único que hay es Revolución y mosquitos`. De manera que nosotros participamos del poder de la Revolución en todos los órdenes, en lo que hacemos y en la mayoría que aportamos. El día que la Revolución no tenga una sustancial mayoría, dejará de ser, y dejará de ser una Revolución auténtica”

Finalmente, la indagatoria cerró con la siguiente pregunta: “¿Consideras que tu generación está capacitada para asumir responsabilidades superiores? Y entre otras cosas algo que en Cuba es una realidad: ¿podrán suplir el ascendiente moral, la capacidad y la experiencia de la generación que derrocó a Batista, en particular el presidente Fidel Castro? ¿Crees que les den esa posibilidad de sustituirlos?

He aquí su respuesta: “En lo personal me siento cumpliendo funciones y asumiendo tareas muy responsables. Me es difícil decir si estoy preparado para desarrollar nuevas responsabilidades en el entendido de responsabilidades superiores. Francamente no me siento desbordado, pero si ante una responsabilidad que considero muy grande, está relacionada con un trabajo en la Juventud y con la dirección de un periódico en las condiciones actuales del país. Es difícil imaginarme una tarea que me sea más complicada. Me siento privilegiado de tener una responsabilidad, la cual todos los días se me presenta difícil, me exige soluciones y me deja poco tiempo.

En lo personal, estoy preparado para hacer varias cosas distintas. He tenido una vida muy dispersa. Fui bastante tiempo dirigente estudiantil, soy abogado, trabajé en los medios académicos, fui profesor universitario, trabajé en los sectores artísticos y literarios ya en la Juventud, estuve en las Fuerzas Armadas un tiempo, estuve en el trabajo internacional de la Juventud y en el servicio exterior y ahora soy director de un periódico, es decir, he hecho cosas bastante diferentes”.

Agregaba más adelante “Hay gente con una visión extraña de la juventud, a veces peyorativa, son los que hablan mucho de la madurez, como si fuera cronológica, y uno no conociera gente muy madura y muy joven y gente muy inmadura y poco joven, como los conozco yo también.

En fin, en esto hay que avanzar, pero, creo que esta es una generación que dispone de un espacio amplísimo, dispone de todo el espacio que se ha ganado, lo cual es decir mucho, y también es decir que los espacios de que no se dis­­pone hoy, son espacios a ganarse.

La Revolución es mucho más que Fidel. Sin lugar a dudas que su peso y su participación son extraordinarios, sobre todo en la conducción de este momento súper crítico, no sólo de la Revolución, sino de la historia nacional, pero estoy convencido que no se trata de salir a buscar otro Fidel, entre otras cosas porque no se puede. Tuvimos un Martí, y no tenemos otro, tenemos ahora a Fidel, y soy un convencido, no vamos a tener otro, porque eso es irrepetible, pero hay una generación, (política más que biológicamente hablando) de la que han surgido una cantidad importante de compañeros cuya madurez es capaz de suplir el vacío que deje la dirección histórica de la revolución. Si eso saliera mal, querrá decir que nos equivocamos rotundamente y lo que hicimos tuvo poco valor, pero es necesario decir que una de las extraordinarias virtudes de Fidel, es precisamente ser portador de ese concepto, el haber inculcado eso, el abrir esos canales de participación, y estoy seguro que sin Fidel, todo el mundo, quien esté y quien no esté en la dirección, sentirá una responsabilidad mayor que la que siente hoy.

El relevo de la Revolución está asegurado por la Revolución misma. Es parte de la obra de la Revolución. Ella existe hoy y seguirá existiendo, porque como hasta hoy, en cada momento ha habido una generación que ha asumido su responsabilidad con la patria, y lo que es más importante, ha gestado y ha hecho crecer el relevo necesario”.

sábado, 10 de diciembre de 2016

La transición en Cuba


Una tarde de comienzos de septiembre de 1986, Carlos Lage Dávila fue citado a una reunión con Fidel y Raúl Castro en el Palacio de la Revolución de La Habana, sede del gobierno de Cuba. Lage, quien es médico de profesión, había sido presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) de Cuba y, en ese momento era el Primer Secretario del Comité Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).

Lage, quién a la sazón contaba con 34 años acudió un tanto extrañado a la reunión, con los dos máximos dirigentes de la revolución. Tenía importantes compromisos en el marco de sus responsabilidades esa tarde, pero la instrucción fue precisa. “Deja de hacer cualquier cosa que tengas pendiente”. Fue recibido en un ambiente relajado, entre la jocosidad auténticamente cubana de Raúl y la solemnidad que imponía la presencia del comandante en Jefe. Habló el primero para informarle que a partir de ese momento iba a cesar sus compromisos en la UJC para comenzar a trabajar directamente con Fidel en las responsabilidades que él le iba a asignar. En primera instancia, debía prepararse para viajar de inmediato con él y acompañarlo en la delegación que representaría a Cuba en la VIII Cumbre del Movimiento de Países No Alineados que comenzaría en los próximos días en Harare, Zimbabue.

Ese día comenzó el proceso de transición en Cuba! En febrero de ese año se celebró el III Congreso del Partido Comunista (PCC) y solo un mes antes, Fidel había cumplido 60 años. Es evidente que las reflexiones realizadas por las altas autoridades cubanas respecto de esos dos hechos, y seguramente otros más, llevaron a la conclusión de que había llegado el momento de comenzar a pensar en la necesidad ineludible de preocuparse con mucha antelación por la continuidad de la revolución cubana en el tiempo, dando paso a una fase permanente y continua de formación de cuadros que hiciera que el natural proceso de finitud de la vida de los líderes históricos de la revolución, no causara contratiempos y se enmarcara en el normal desarrollo de la vida política de un país, sobre todo de éste, ubicado a solo 150 kilómetros de la mayor potencia mundial y sometido al acoso y la agresión permanentemente, en los últimos 35 años. 

El fallecimiento de Fidel Castro, además del odio de lo más putrefacto de la derecha internacional, hizo emerger toda clase de teorías y opiniones sobre la transición en Cuba. Es sabido que la mayor parte de los medios de comunicación moderno si no tienen información, la inventan y la transforman en verdad, esta vez infructuosamente intentaron colocar tal tema como el más importante, tratando de ocultar el extraordinario homenaje que el pueblo cubano, los pueblos del mundo, y los estadistas decentes de todas las ideologías rindieron al Comandante en jefe de la Revolución Cubana.

Las cloacas imperiales han destapado toda una serie de hipótesis respecto del futuro de Cuba. La cara siempre idiota de la locutora estrella de CNN, cuando las respuestas a sus preguntas no son las esperadas, eran un verdadero poema. Esa noche del 25 de noviembre consultaba a una persona en La Habana respecto de qué estaba ocurriendo y la respuesta de “Nada. Todo está normal”, desencajaba su artificialmente estirado rostro, pues había transmitido durante años que “el régimen cubano ocultaría la muerte de Fidel Castro para evitar las multitudinarias manifestaciones que pedirían el fin del régimen”. Solo la estupidez, la ignorancia o la imaginación de escenarios estereotipados diseñados en laboratorios de guerra sicológica podían hacer suponer que tal habría de ser la respuesta del pueblo cubano al fallecimiento de quien consideran después de Martí y tal vez a su lado, el más grande paradigma de la cubanidad. 

La transición en Cuba también incluyó un largo y paciente trabajo de reestructuración de los métodos de trabajo. Raúl Castro se encargó personalmente de que ellos fueran efectivos en el PCC, las Fuerzas Armadas y los órganos locales del gobierno y Partido en las provincias y municipios. Se hizo énfasis en una política de selección de cuadros que incluyera a los jóvenes para que en todos los niveles de la administración y el Partido se fuera dando un prolongado y constante relevo generacional. Hoy en Cuba, más del 70 % de los dirigentes del Partido y el Estado y de los generales de las Fuerzas Armadas, nacieron después que Fidel Castro dirigiera el asalto al cuartel Moncada en 1953.

Ese proceso se desarrolló con altas y bajas, algunos de los cuadros designados para ocupar altos cargos en el gobierno y el partido cometieron errores y fueron destituidos, el país pasó por el difícil “Período Especial“, después de la desaparición de la Unión Soviética y del campo socialista, principales aliados y socios comerciales de Cuba que además trajo un recrudecimiento del bloqueo económico de Estados Unidos contra el país y que fue especialmente severo entre 1990 y 1993 cuando desde diferentes fuentes occidentales se anunció el fin de la revolución cubana. Esta fue una nueva prueba de fuego para el mandato y el liderazgo de Fidel. Cuba logró superar este momento, el más duro de su historia, cuando solo en 2007 pudo recuperar el PIB de 1990.

La transición siguió su curso, incluso en esas condiciones, cuando Cuba pasó por el que quizás ha sido el momento de mayor debilidad de su historia. En ese lapso solo se pudo realizar el V Congreso del PCC en 1997, hasta que el VI Congreso, ya con Raúl Castro en el poder, confirmó todas las decisiones tomadas en 1986.

En el VI Congreso del PCC realizado en 2011 se oficializó la voluntad de los cubanos de continuar el rumbo socialista, actualizando su modelo económico, “cambiando todo lo que debe ser cambiado”, solamente bajo decisión autónoma y soberana, para mejorar y hacer más próspero y sustentable el desarrollo, sin presiones de potencia alguna.

El VII Congreso realizado este año 2016 aprobó una resolución especial que recomendaba la aplicación de una política que proponía plazos y edades límites para ocupar cargos de dirección en las instituciones estatales y gubernamentales. Así mismo, en esta resolución se evaluaron los logros y dificultades en el crecimiento del partido, debilidades en el proceso de captación, especialmente a los más jóvenes y sobre la organización y funcionamiento del Partido principalmente en el apoyo y control a la economía y a la actividad administrativa.

De esa manera, se dejaba claro que el proceso no ha estado exento de dificultades y barreras, sobre todo de sectores conservadores que están enquistados en la dirección del PCC y que ponen trabas a los cambios que se han decidido y que han sido de particular énfasis en los discursos y la práctica de Raúl Castro.

Desde hace muchos años atrás, Raúl Castro, en sus permanentes visitas por el país, y en el trabajo que le correspondía como ministro de las fuerzas armadas, segundo secretario del PCC y primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministro iba sembrando las semillas de una nueva forma de hacer política de forma más descentralizada y dando más autonomía a los órganos locales y territoriales, así como a otras instancias del Estado. De esa manera iba preparando a los cuadros del partido y del Estado para asumir mayores responsabilidades y prepararse para dirigir el país cuando se produjera la ausencia de los líderes históricos.

Desde el año 2006, Raúl Castro fue designado presidente provisional, tras el abandono de Fidel de todos sus cargos por sus graves problemas de salud. En 2008, Raúl fue nombrado presidente de forma definitiva, asumiendo así mismo las máximas responsabilidades en el partido, lo cual le permitió fortalecer y acelerar los procesos de transición, restructuración interna y modificación de la estructura económica del país, todo lo cual fue ratificado en los Congresos VI y VII del PCC. En el primero de ellos, en 2011, Raúl anunció que estaría como presidente durante solo dos periodos de gobierno (hasta 2018) y después se retiraría, eso fue ratificado y confirmado en el Congreso del PCC realizado durante este año 2016.

Pero, desde la llegada de Raúl al poder en 2006 y sobre todo después de la destitución de Carlos Lage y otros líderes de la nueva generación en 2009, la sucesión que se había venido preparando y realizando desde 1986, se ve obligada a tomar otro rumbo. Ya Fidel no estaba en el poder y aunque Raúl le consultaba acerca de las decisiones a tomar, las instituciones creadas por la revolución, van cubriendo nuevas responsabilidades con jóvenes que se habían formado en los largos años que van desde 1986.

Entre esos cuadros, emergió Miguel Diaz-Canel quien fue designado Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba en febrero de 2013, siendo el primer dirigente cubano nacido después de 1959 en alcanzar dicho puesto. 

Raúl Castro tiene 85 años, su salud es buena, pero la transición y el relevo en Cuba no ha dependido de la salud de sus líderes, como no ha dependido del fallecimiento de Fidel, toda vez que ha sido un proceso adelantado desde hace muchos años que no va a tener alteraciones, salvo las que los propios cubanos decidan. 

A pesar que la prensa occidental idea patrañas al respecto, inventado supuestas luchas de poderes, solo una estupidez desenfrenada y una ignorancia supina respecto de Cuba y su revolución, y sobre todo a deseos de hacerla rendir por cualquier vía, más que a las realidades de su proceso y de su vida política, es la que lleva a estos mercachifles de la comunicación, a fabricar y vender nuevas imposturas.

sábado, 3 de diciembre de 2016

Encuestadoras y medios de comunicación: perversos constructores de quimeras



El fenómeno de las encuestas en tiempos electorales y el surgimiento de empresas que las realizan han comenzado a copar el ambiente político en la mayor parte del mundo. Ello se inscribe en una lógica de racionalidad que se sustenta en argumentos científicos que permiten entregar información a los actores políticos y a los propios electores respecto de la aceptación o no de un candidato. Nadie puede dudar que la estadística es una ciencia (algunos la definen como metodología) que trata de la recolección, presentación, análisis e interpretación de los datos, así como de la proyección e inferencia de ellos. Existe desde tiempos inmemoriales, se sabe que ya en la antigüedad era utilizada para realizar censos y llevar controles sobre el pago de tributos.

No obstante, es desde épocas mucho más recientes, concretamente desde el siglo XVII cuando surge como ciencia con los primeros estudios de teoría de probabilidades, la cual se constituye con posterioridad en la base matemática de la estadística moderna, aunque de forma paradójica, la misma florece vinculada a los juegos de azar y aparentemente, -a la luz de sus usos en la política- aún hoy sigue vinculado a ellos. Fueron los jugadores quienes se acercaron a los científicos de la época para que elaboraran métodos y teorías que les ayudaran a ganar en sus juegos de fortuna.

Según refiere el Dr. Murilo Kuschick, profesor e investigador del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana de México, las encuestas de opinión se comenzaron a utilizar para anticipar resultados electorales en Europa y Estados Unidos en el siglo XIX. Según el investigador mexicano, la primera encuesta electoral fue publicada el 24 de julio de 1824 en el diario Harrisburg Pennsylvanian, “sin embargo, no fue hasta 1896 cuando se convirtieron en un negocio rentable” mientras que fue entre 1924 y 1928 cuando se publicó en Estados Unidos la primera encuesta falsa, realizada por la publicación semanal, Literay Digest.

En 1936, este periódico “envió 20 millones de boletas dirigidas a suscriptores y compradores de sus revistas y periódicos, así como de nombres sacados de directorios telefónicos y de propietarios de automóviles para predecir los resultados de la elección de ese año”, a pesar de lo cual falló en el pronóstico del ganador, que si fue acertado por el periodista George Gallup, quien había diseñado un método distinto basado en cuotas referidas a distintas categorías de acuerdo al ingreso económico de los consultados: 20% de ricos, 60% de clase media, y 20% de pobres. Esta metodología se impuso a la anterior, ya que sin ser totalmente exacta, era más cercana a la realidad, más barata y más rápida, por lo que interesó a los medios de comunicación que la empezaron a usar como instrumento para divulgar una noticia que interesara a sus lectores, dando supuestas primicias que predecían ganadores y disminuían las incertidumbres, todo lo cual supuso un aumento considerable de las ventas de ejemplares al público, así como de publicidad para sus páginas, sobre todo en períodos electorales. 

En los últimos años, los medios de comunicación y cierto tipo de empresas, algunas de muy dudosa reputación, han descubierto el valor de este tipo de estadística como instrumento de manipulación a través de la construcción y venta de “verdades” que atraen la atención del público a partir del morbo que produce en los seres humanos el supuesto conocimiento de los hechos futuros. En la práctica, estos mercachifles de la ciencia hacen que los ciudadanos crean que saben con anterioridad quienes serán los ganadores, quienes serán los derrotados y por qué, todo lo cual ha llevado a que este valioso instrumento se haya convertido en un vulgar espectáculo de engaño que le concede a los medios de comunicación y a las empresas encuestadoras la posibilidad de vender más publicidad y aumentar sus ingresos económicos, sin que impere el más mínimo recato moral o ético por una práctica indudablemente simulada y fraudulenta, creada para engañar a los ciudadanos.

El hecho de que a pesar que incurren en error tras error y en una equivocación tras otra y que sin embargo “sigan teniendo trabajo” en la próxima elección hace pensar que los actores políticos conocen de esta situación y son cómplices de ella. Finalmente, las encuestas dicen lo que quiera que diga quien las contrata y si no es así, sencillamente no se publican, lo cual es valedero, para quien lo hace, pero no para los ciudadanos que están siendo influidos por grotescas manipulaciones de datos y cifras. Hay que acordarse de que en la definición que hacíamos de estadística al comienzo de esta nota, también se incluía la proyección e interpretación de los datos (es lo que hacen los medios de comunicación), no sólo la recolección (lo que hacen las encuestadoras), aunque hoy también han sido transformadas en gurúes de la política gracias a las bondades de la democracia liberal representativa.

En otras palabras, las encuestadoras fabrican las verdades que los medios de comunicación les piden, con lo que estos, -a su vez- fabrican verdades que le permiten influir, generar matrices de opinión y determinar comportamientos, los cuales son comprados por políticos y candidatos que a su vez los venden para “autoconstruirse” como exitosos. De esta manera, todos ganan, los medios de comunicación aumentan su poder y capacidad de control y dominio ideológico, así como de elevar su prestigio, todo lo cual es considerado mercancía que se vende bajo los vaivenes de la ley de la oferta y la demanda, que opera a partir de la influencia que ejercen en la voluntad de los ciudadanos, por tanto en la parte de la subjetividad del individuo, que puede ser conducido a evitar o provocar un cambio en su decisión electoral.

Aquí funciona la condición natural de “jugar a ganador” por un lado y la idea arraigada de que si “lo dicen los números” es verdad, por otro, transformando este valor cuantitativo en valor cualitativo cuando se toma una decisión y se ejerce el derecho al voto. 

No obstante, la realidad de lo ocurrido en diferentes eventos a lo largo del planeta durante este año, ha venido a demostrar la falsedad de estas empresas creadoras de quimeras. Los resultados del brexit en Gran Bretaña que determinó la salida de ese país de la Unión Europea, el plebiscito que debía confirmar los acuerdos de paz entre la guerrilla colombiana y el gobierno de ese país, los comicios presidenciales de Estados Unidos que determinaron el triunfo de Donald Trump y su designación como nuevo mandatario de ese país y más recientemente, las elecciones internas de la derecha francesa en la que pasaron a la segunda vuelta Francois Fillon y Alain Juppé, dejando fuera a Nicolas Sarkozy, y en las que, - en todos los casos- las encuestadoras se “equivocaron”, son manifestaciones claras de su falsedad y la manipulación de los medios de comunicación, los mismos que hoy dan a Ricardo Lagos y a Sebastián Piñera como “favoritos” de cara a las próximas elecciones presidenciales en Chile. Ojo, favoritos para el 34% que vota en ese país, a la mayoría, palabra sagrada en democracia según se enseñaba en el pasado, no les interesa participar de esta farsa para elegir al corrupto de turno. 

Sin embargo, vendrán nuevas elecciones, y las encuestadoras tendrán trabajo, volverán a fabricar ensueños, ilusiones y utopías, las transnacionales de la información y sus secuaces locales tornarán a la publicación de invenciones, ficciones y disfraces. Será otra “fiesta de la democracia”, otro negocio para los poderosos, otro show de fantasías para tontos que siguen creyendo en perversas fanfarrias mediáticas.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Simplemente Fidel



El 25 de noviembre de 1956, el yate Granma puso proa en dirección a Cuba, desde el puerto de Tuxpan en México. Llevaba 82 combatientes que bajo la conducción y liderazgo de Fidel se habían propuesto “salir, llegar, entrar y vencer” a la oprobiosa dictadura de Batista, apoyada y sostenida por Estados Unidos, para aplicar el Programa del Moncada, verdadero plan para una transformación profunda del país. Fidel había dicho que “en el 56 seremos libres o seremos mártires”. El Granma llegó a Cuba el 2 de diciembre después de una difícil travesía, detectada por las fuerzas militares de la dictadura. 

El 5 de diciembre, los sobrevivientes del desembarco tuvieron su bautismo de fuego, después de lo cual solo quedaron 12 guerreros con igual cantidad de armas. Al percatarse de tal situación y ante la suposición generalizada de que enfrentaban una situación extremadamente difícil, Fidel con plena seguridad dijo “Ahora si ganamos la guerra”. Muchos años después, Raúl confesó que en ese momento pensó que Fidel se había vuelto loco.

Esto nos lleva a preguntarnos, ¿qué condiciones debe tener una persona que la lleva a desarrollar aparentes actos de locura, pero que son los verdaderamente transformadores de la historia? La posibilidad que la vida nos ha dado de conocer a algunos de esos personajes, Fidel entre ellos, nos señala que se trata de seres superiores por su capacidad científica de prever el futuro, no a partir del azar ni de subterfugios mágicos, tampoco de idolatrías divinas, sino de un acendrado conocimiento de la realidad social, de sus fuerzas profundas y de sus sujetos motrices. La gran diferencia de Fidel es que puso toda su inteligencia y capacidad al servicio de su pueblo y de los pueblos del mundo.

Cuando se produjo la sorpresa de Alegría de Pío, ese 5 de diciembre de 1956, ya Fidel había dirigido importantes luchas estudiantiles y como abogado había sido defensor de la causa de sectores humildes de la población que habían sido avasallados y excluidos por el régimen. Ya había forjado su pensamiento y su práctica internacionalista, bolivariana y martiana cuando con 21 años se enroló en la Expedición de Cayo Confites para combatir a la dictadura dominicana y al año siguiente, en 1948 fue testigo directo del asesinato de Jorge Eliecer Gaitán en Colombia, hecho que produjo el bogotazo, situación que lo marcó profundamente el resto de su vida y que significó una impronta en su mirada de la realidad de nuestra región.

El golpe de Estado de Batista en marzo de 1952 fue el último clavo del féretro de la falsa democracia liberal como instrumento para producir un cambio político en Cuba. Fidel previó y a partir de ese momento se jugó por completo para derrocar la dictadura por la única vía que se podía: la de las armas. Organizó personalmente el ataque al Cuartel Moncada y estuvo al frente de la generación de hombres y mujeres que se propuso “tomar el cielo por asalto” y no dejar que el centenario del nacimiento del Apóstol pasara inadvertido. Tras su captura en el Moncada, Fidel exaltó una característica que marcó para siempre a los verdaderos revolucionarios latinoamericanos: el líder conduce personalmente a su tropa y asume la responsabilidad por lo que ocurra, en la victoria y en la derrota. El fracaso militar en el Moncada devino victoria política. Aún hoy retumban aquellas palabras: “Condenadme, no importa. La historia me absolverá”.

Vino la prisión fecunda, el exilio organizador, el desembarco esperanzador, la guerra y la victoria y ese 1° de enero de alegrías imperecederas nuevamente su palabra de futuro “Ahora viene lo más difícil”. Y nuevamente la suposición de su locura ante la imagen de un ejército despedazado por los harapientos campesinos del Ejército Rebelde.

Y así continuó siendo, por años, por décadas, el Comandante invicto, el que Estados Unidos no pudo vencer, el que superó 674 intentos de asesinato de todos los presidentes imperiales, los republicanos y los demócratas, el de la victoria de Playa Girón, el que se agigantó durante la crisis de Octubre de 1962, el del Ciclón Flora, el que superó el aislamiento de los gobiernos latinoamericanos con la sola excepción de México, el que enfrentó hasta hoy al bloqueo norteamericano con el honor y la dignidad de su pueblo, el de la lucha contra los bandidos organizados desde el norte imperial, el que derrotó los sabotajes a la economía, incluso usando armas biológicas y químicas contra Cuba, el de las misiones internacionalistas que derrotaron a la mayor potencia militar de África dando una colaboración decisiva al fin del apartheid como forma de dominación en el mundo, el de transformar a su país pequeño y pobre en una gran potencia científica, cultural, deportiva y moral en todo el mundo, el de la solidaridad sin límites a los pueblos de Asia, África y América Latina y el Caribe, el que transmitió la voluntad de avanzar y vencer a pesar que el mundo decía lo contrario en los momentos terribles del período especial, el de las extraordinarias misiones de salud para enfrentar al ébola en África, a las consecuencias del terremoto en Haití y los desastres naturales en Chile, Perú, Pakistán, Ecuador y muchos países más en todo el planeta, el que no se dejó intimidar ni avasallar durante cinco décadas, por la potencia más poderosa de la historia. 

Entonces volvemos a la locura, ¿es que acaso alguien en su sano juicio es capaz de creer que un pueblo pequeño de solo 11 millones de ciudadanos, carente de riquezas económicas pueda ser capaz de todo eso y más, a tan solo 90 millas de la potencia más destructiva y agresiva de la historia? Cuba pudo, y pudo porque tenía un jefe que aglutinó lo mejor de su pueblo a partir de la exaltación de valores, principios y comportamientos que desbordaron su época transformando en fuerza indestructible lo único que los revolucionarios tenemos y que cuando lo usamos somos invencibles: la fuerza de la moral, de una moral superior al poderío militar, político y económico de cualquier hegemonía global.

Eso fue Fidel y eso será Fidel por los tiempos de los tiempos: fuerza moral avasalladora para saber que nada es imposible cuando se confía en el pueblo y cuando se tiene seguridad en la victoria, y al final, tras la tranquilidad del deber cumplido, te retiras porque otros te seguirán. Es la continuidad no del hombre, sino de su obra.

Hoy miles y millones en todo el mundo sentimos un dolor profundo por la partida de Fidel, hoy lloramos en el momento de despedirlo, pero parafraseándolo recordamos aquella tarde de octubre de 1976 “Cuando pueblos enérgicos y viriles lloran, la injusticia tiembla”.

Dijo el apóstol que “No es verdad la muerte, cuando se ha cumplido la obra de la vida”. Hoy, 25 de noviembre, cuando recordamos 60 años del día en que el Granma zarpara hacia la libertad, llevando en su vientre a aquellos hombres que iniciaron la batalla por la segunda independencia de América latina y el Caribe, Fidel ha zarpado hacia la inmortalidad, pero esta vez, si se llegara a producir nuevamente una Alegría de Pio, ya no serán 12 combatientes que seguirán a ese extraordinario loco por los caminos de la historia, hoy somos 12 millones o 12 veces 12 millones…nadie sabe cuántos te recordaremos y junto a ti diremos “Comandante en Jefe, Ahora si ganamos la guerra”.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Conjeturas iniciales sobre una probable política exterior de Trump


No nos engañemos, Donald Trump es un hombre de extrema derecha como se ha señalado con abundante efusión en los últimos meses y sobre todo en la semana más reciente. Aún así, pienso que su victoria le da un respiro a la humanidad en términos globales, si de la paz mundial y la distensión se habla, pero sobre todo si se compara su propuesta con la de la señora Clinton.

Es muy pronto para hacer vaticinios, sobre todo porque estamos ante un presidente que no viene del establishment. Hubiera sido mucho más fácil prever la política exterior de Clinton que era predecible al ser conocidas sus actuaciones como Secretaria de Estado. Por el contrario, durante la campaña, salvo algunos “bombazos” propios de cualquier contienda electoral, el discurso de política exterior del candidato Trump estuvo impregnado de contradicciones y vacíos.

En particular pareciera prematuro aventurar consecuencias para América Latina. Eso debería obligar a la cautela en el análisis hasta determinar la magnitud de los cambios que se anuncian, sobre todo en el mediano y largo plazo.

Vale decir que el nuevo presidente ya confronta rechazo desde su propio partido: el influyente senador John Mc Cain, representante de su ala más conservadora está en completo desacuerdo con el anunciado acercamiento entre Estados Unidos y Rusia. Como probablemente ese tema será el que modere el conjunto de medidas que se tomen en materia de política exterior, no tendremos definiciones claras hasta que se comiencen a ejecutar las primeras acciones. Por lo pronto, Trump ha reaccionado nombrando a Mike Pompeo, otro recalcitrante ultra derechista como nuevo Director de la CIA y en una movida que ha pasado relativamente de bajo perfil, el presidente electo recibió en su oficina de la Trump Tower de Nueva York al siempre presente (a sus 93 años) Henry Kissinger. Vale decir que en su último libro titulado “Orden Mundial. Reflexión sobre el carácter de las naciones y el curso de la historia”, publicado en 2014, el ex asesor de Seguridad Nacional y ex secretario de Estado aseveró que “Un orden mundial de estados que afirman la dignidad individual y el gobierno participativo, y cooperan internacionalmente de acuerdo con reglas consensuadas, puede ser nuestra esperanza y debería ser nuestra inspiración” y agrega más adelante “Estados Unidos necesita una estrategia y una diplomacia que tengan en cuenta la complejidad del viaje: lo remoto de la meta, así como la incompletud (sic.) intrínseca a las empresas humanas con que se intentará alcanzarla”. Tal vez ese fue el mensaje que le dio al Sr.Trump.

Con respecto a América Latina, salvo sendas llamadas telefónicas a sus pares de México y Argentina, el silencio ha sido la única señal, solo interrumpida por las amenazas con muros y deportaciones. Por lo pronto redujo de los once millones señalados en campaña a tres, sus expectativas respecto a aquellos inmigrantes susceptibles de ser sacados del territorio estadounidense. Si eso se mantuviera así, tal vez estaríamos ante la posibilidad de que la política exterior de los países latinoamericanos y caribeños tenga que poner un mayor énfasis en la protección de sus conciudadanos, tal como de alguna manera, ya lo han hecho México y Ecuador.

Por lo pronto, el resultado de los comicios en Estados Unidos ha generado gran ansiedad en algunos países de América Latina y el Caribe, sobre todo en aquellos de gobiernos que apostaron a la victoria de la candidata demócrata. Aunque como se dijo al comienzo, es osado emitir predicciones respecto al futuro en este ámbito, nos vamos a atrever a exponer algunas impresiones sobre los probables temas de interés del gobierno Trump para la región, tomando en cuenta que estamos hablando de un empresario, que además es el primer presidente de Estados Unidos que no viene de la política desde que Dwight D. Eisenhower, un militar, accedió a la más alta magistratura de ese país en 1953

En esa calidad, Trump ha demostrado ser pragmático en cuanto a la búsqueda de objetivos: para él lo más importante es obtener beneficios, sin embargo coincidirá con sus antecesores en que lo primordial, - por encima de todo- es el interés nacional de Estados Unidos. La diferencia con quienes le antecedieron en el cargo radica en que hasta ahora todos los presidentes estadounidenses han puesto el énfasis en el poder militar para lograr ese objetivo. Pareciera que Trump va a hacer su mayor apuesta en el área económica. En esto, coincidirá con China que basa su poder y hace planes de futuro, a partir de su fortaleza económica, no la militar.

En esa medida, es previsible que Trump no agite banderas que no le signifiquen un provecho concreto e inmediato. Esto es lo que hace prever que parte importante de la política exterior de Estados Unidos se base en sus países vecinos: México por su frontera terrestre y Cuba por la marítima. 

Trump denunció en su campaña que los TLC y el TPP atentaban contra la economía de Estados Unidos por lo que los rechazó y dijo que los revisaría. El tema de la deslocalización industrial de empresas norteamericanas que se instalan en otros países para obtener mayores beneficios y que establecen una “competencia desleal” con las que permanecen en el país, pareciera ser el eje sobre el cual se articulará su política económica. En esa medida, México, cuyas exportaciones a Estados Unidos tendrían que pagar un gravamen de 35%, se pone en una situación de extremo riesgo en sus perspectivas económicas. Más que el muro, lo verdaderamente peligroso para México tiene relación con la probable revisión del Nafta. 

La apuesta de Trump en torno a eliminar este tratado, (o por lo menos revisarlo) tendrá consecuencias gigantescas en el país azteca. Considerando que construir el muro es inviable, toda vez que resulta complejo conseguir los US$ 8 mil millones que cuesta, una alternativa sería esbozar “un muro virtual” controlado de manera exhaustiva a través de drones. Por otra parte, Estados Unidos insistirá en la política que viene desarrollando desde el año 2000, -con el advenimiento de Vicente Fox a la presidencia de México- de “correr” su frontera sur hasta el linde divisorio entre México y Guatemala, es decir a la frontera sur de México, para cargar a este país de la responsabilidad principal en el control de la migración ilegal proveniente de las regiones meridionales.

Otros países de América Latina afectados, en caso de que Trump cumpla su palabra de revisar los TLC, no suscribir ningún otro, y no firmar el Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (TPP), son aquellos que tienen TLC con Estados Unidos: Colombia, Perú, Chile y Centroamérica. Al escribir estas líneas (18 de noviembre) el desconcierto de la clase política de esos países, (sobre todo, Colombia, Chile, México, Panamá y Perú) es evidente, sin que hasta el momento hayan podido articular una opinión coherente respecto de su futuro económico, a consecuencia de lo cual transmiten una total incertidumbre.

En el caso de Colombia, Trump renovará el apoyo a las conversaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla, considerando el consenso global que ha logrado tal tema.

Con respecto a Cuba, es muy probable que Trump elimine definitivamente el bloqueo, salvo que se vea obligado a establecer acuerdos con los parlamentarios que representan al reaccionario lobby cubano, por razones de correlación de fuerzas en el Congreso. El apoyo recibido por Trump en los estados del sureste productores de alimentos que han comenzado a tener un beneficioso intercambio con Cuba jugará a favor del fin del bloqueo y la continuidad en la normalización de las relaciones. Finalmente se impondrá el pragmatismo de Trump frente al factor ideológico que ha imperado en las relaciones con Cuba, el cual ha sido tímidamente roto por Obama, en medio de muchos temores, por cierto, no alejados de las contiendas electorales.

Con respecto a Venezuela, Trump dará continuidad a la política seguida por Obama en sus últimos meses de mandato de apoyar las negociaciones entre el gobierno y la oposición, y simultáneamente seguir ejerciendo presión económica, política y diplomática a fin de llevar al gobierno a una situación de debilidad de cara a las elecciones de 2018. Pero, Venezuela no será una prioridad de la política de Trump, a diferencia de lo ocurrido en el gobierno de Obama. Tal vez el único tema en relación a Venezuela que ocupe parte de la agenda de Trump sea la influencia que ésta ejerce en Centroamérica y el Caribe a partir de su agenda energética. Estados Unidos quisiera para Venezuela, una salida tipo Macri, no le conviene una tipo Temer, que genere una situación que a futuro no pueda controlar.

Estados Unidos necesita una América Latina y el Caribe “sosegada”, para poder enfrentar sus problemas globales de política exterior: Medio Oriente, Ucrania y el Mar de la China Meridional y dentro de ello, revisar sus relaciones con China y Rusia y en menor medida con Irán. Las decisiones que tome en este sentido, marcarán el derrotero de su política exterior, en particular con América Latina.

Paradójicamente, la victoria de Trump podría generar repercusiones positivas en la integración latinoamericana, toda vez que podría acercar a los países con gobiernos de derecha aliados de Estados Unidos que se verían directamente afectados por las decisiones de política económica del nuevo presidente y otros que han adversado la política exterior de ese país. Esta es una oportunidad, que deberían aprovechar las élites para acercarse, pero sobre todo los pueblos para hacer que los vínculos sean sólidos e irreversibles.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Otra vez Nicaragua

A Aldo Díaz Lacayo,
 Bolivariano y sandinista 
en su 80 aniversario



El siglo XX inauguró el dominio de Estados Unidos sobre América Latina y el Caribe, al desplazar a Gran Bretaña como potencia predominante en la región. En el marco de pleno desarrollo de su política imperialista, con preponderancia de los monopolios, la hegemonía del sector financiero sobre los demás y una creciente captación de capitales y materias primas, se produjo un arrebato ascendente en sus impulsos agresivos. El espíritu del Destino Manifiesto y la Doctrina Monroe, que suponía que Estados Unidos era un pueblo elegido y que toda la región era parte de su emporio, se apoderó de sus clases dirigentes, exacerbadas por inusual impulso mediático para la época

Antes de finalizar el siglo XIX, Estados Unidos invadió Cuba y obligó a España a entregarle Puerto Rico, Filipinas y las islas Guam. Permaneció en Cuba hasta 1903 y retiró sus tropas a cambio de imponer la ominosa Enmienda Platt a la Constitución de ese país, concediéndose el derecho de intervenir en los asuntos internos de la isla. Así mismo, se apoderó de una porción de territorio en Guantánamo conservándolo aún por la fuerza. Casi 120 años después, tutela a Puerto Rico bajo una situación colonial, que mantiene a sus habitantes como ciudadanos de segunda clase.

Esta acción fue el inicio de un largo y doloroso proceso de penetración imperial de Estados Unidos en la región, utilizando para ellos diversos instrumentos y un variado expediente de recursos militares, políticos, diplomáticos y económicos para lograr sus objetivos. En 1903, en alianza con el mercenario francés Philippe Bunau-Varilla, apoyó una rebelión secesionista que condujo a la creación de Panamá y el apoderamiento de una zona de su territorio, donde construyó el canal interoceánico, sobre el cual todavía hoy, tiene el privilegio único para el tránsito de sus navíos militares.

La aplicación de la política del gran garrote y la diplomacia del dólar se hizo práctica al implementarse el Corolario Roosevelt a la Doctrina Monroe que le auto concedía a Estados Unidos la posibilidad de actuar como “policía internacional” legalizando las intromisiones militares. En ese marco, intervino en República Dominicana en 1905, en 1906 en Cuba, en 1908 en Panamá, en 1909 en Honduras, en 1910 en Haití, en 1912 nuevamente en Nicaragua y en Panamá; en 1915 invadió y sojuzgó a Haití y en 1916 volvió a enviar sus tropas a República Dominicana, así como en 1918 a Panamá.

Ese parecía ser el sino de la actuación de Estados Unidos en la región. Cuando en 1927 se produjo una nueva intervención militar de Estados Unidos en Nicaragua, la voz ardiente y el fusil libertario del General Augusto C. Sandino se alzó con un pequeño ejército de campesinos, que fue creciendo con los días y las semanas, en contra de la presencia de la bota imperial en su país. Las fuerzas invasoras dotadas del más moderno armamento y con el apoyo de aviones y artillería pesada, fueron vencidas militarmente, teniendo que abandonar Nicaragua, reconociendo la imposibilidad de derrotar a Sandino. La poeta chilena Gabriela Mistral, dijo entonces que el general nicaragüense “carga sobre sus hombros vigorosos de hombre rústico, sobre su espalda viril de herrero y forjador, con la honra de todos nosotros los latinoamericanos” y el escritor y político argentino Manuel Ugarte lo corroboró al asegurar que “Sandino se eleva por encima de las fronteras de su propia República y aparece como el brazo de una reacción continental. Reacción contra el invasor extranjero y reacción contra los traidores que favorecen sus planes”. 

Sandino y el pueblo nicaragüense revirtieron la situación de avasallamiento de Estados Unidos sobre la región, propinándole su primera derrota militar y rescatando para los pueblos de América Latina y el Caribe, la moral necesaria para continuar la lucha desigual contra la potencia imperial.

Sandino fue asesinado en 1934, traicionado por Anastasio Somoza que impuso una férrea dictadura en su país, apoyada por Estados Unidos con armas y recursos financieros ilimitados. El propio presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt reconoció que “Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”, sintetizando con ello el desprecio de la metrópoli por el engendro que había creado. En 1961, Carlos Fonseca, el más preclaro heredero de la causa sandinista, Tomás Borge y otros jóvenes, fundaron el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) para llevar adelante la lucha armada contra la dictadura que acosaba su país. Después de largos años de lucha, a finales de la década de los 70, la dictadura se encontraba aislada nacional e internacionalmente, sólo sostenida por el apoyo de Estados Unidos y una brutal represión que producía miles de muertos, torturados y perseguidos.

Los acontecimientos en la región no eran muy distintos. Desde la intervención militar y derrocamiento violento del presidente Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954, América Latina vivía una situación de regresión generalizada, solo interrumpida por el triunfo de la Revolución Cubana en 1959, pero la isla caribeña, había sido aislada, bloqueada y expulsada del sistema interamericano, e incluso agredida en 1961 por tropas mercenarias que habían salido de Nicaragua apoyadas (para variar) por Estados Unidos. Cuba, emulando a Sandino había logrado derrotar la invasión proporcionándole una nueva derrota militar al imperio. Sin embargo, el panorama de América Latina durante los últimos años era desolador: se entronizó la dictadura de Duvalier en Haití, el presidente Juan Bosch fue derrocado en República Dominicana en 1963 y dos años después las tropas imperiales irrumpieron en ese país, asesinando a centenares de ciudadanos, golpes de Estado en Brasil (1964), Bolivia (1971), Chile y Uruguay (1973) y Argentina (1976). La regresión conservadora estaba en marcha acompañada de feroces dictaduras de seguridad nacional apuntaladas por Estados Unidos, mientras se aplicaban políticas neoliberales que destruían y desmejoraban conquistas de los trabajadores, logradas tras largas décadas de lucha. 

El panorama de la región era oscuro hasta que en 1979, el pueblo nicaragüense conducido por el FSLN dio al traste con la dictadura somocista, generando el proceso de transformación más profundo jamás vivido en América Latina y el Caribe desde el triunfo de la Revolución Cubana. Unido a la toma del poder por parte del Movimiento de la Nueva Joya en Granada en marzo de ese año, Nicaragua una vez más, detenía el influjo maligno de las fuerzas reaccionarias y se convertía en un bastión moral, en una fuerza avasalladora que señalaba que era posible enfrentar al imperio y derrotarlo. La Revolución Popular Sandinista fue el impulso catalizador que los pueblos de la región necesitaban para desarrollar las luchas que devinieron años después en las derrotas de las dictaduras, el retorno a la democracia, el aplastamiento del neoliberalismo y la posibilidad de enfrentar el futuro en mejores condiciones.

El imperio no podía permitir incólume tal afrenta. La Revolución Sandinista fue sometida a un brutal acoso militar, político, diplomático y económico hasta que fue derrotada electoralmente en 1989, cuando la disyuntiva era continuar interminablemente la guerra o darle una posibilidad a la paz. Aunque esta sobrevino en la forma de tres gobiernos neoliberales que produjeron la regresión de todos los avances sociales y económicos que había logrado el gobierno del FSLN a pesar de las difíciles condiciones de la agresión, los herederos de Sandino y Carlos Fonseca supieron perseverar, vencer los obstáculos y regresar al poder en 2007.

Otra era la situación en América Latina y el Caribe desde el triunfo en 1998 del Comandante Hugo Chávez en Venezuela. La región respiraba un ambiente de democracia, solidaridad e integración, al cual Nicaragua se incorporó rápidamente. Sin embargo, las fuerzas que pretenden retrotraer la historia continuaron en su afán de socavar los logros de los últimos años, las oligarquías locales aliadas de Estados Unidos comenzaron a recurrir a nuevas formas de retroceso: golpes de Estado parlamentarios, utilización de los medios de comunicación como instrumentos de falsificación de la realidad, bestial acoso financiero y económico exterior y tergiversación de las correctas prácticas gubernamentales, lo cual unido a errores propios cometidos en las gestiones, condujeron a un nuevo momento de involución dialéctica que ha hecho del 2016, un año de malas noticias para los pueblos: el regreso del neoliberalismo más desenfrenado en Argentina, de mano de la fraudulenta democracia representativa y Brasil a través del más desembozado golpe de Estado, campañas de desinformación mediáticas que hicieron perder el referéndum que posibilitaría la reelección de Evo Morales, a pesar de lo cual, la popularidad del presidente se mantiene sobre el 60%, intentos desestabilizadores en Venezuela que buscan el derrocamiento del Presidente Nicolás Maduro y el rechazo de una minoría de colombianos que en virtud de la democracia representativa se transforma en mayoría, en el plebiscito que refrendaría el proceso de paz de ese país.

Nuevamente, una situación tenebrosa para las luchas populares, y nuevamente el pasado 6 de noviembre, a solo unos días de la conmemoración del 40 aniversario de la caída del Comandante Carlos Fonseca, el pueblo nicaragüense, da una lección memorable al levantar en las elecciones presidenciales, la bandera de la perseverancia, la dignidad y el honor para una América Latina que por tercera vez en menos de 100 años, puede mirar a la patria de Rubén Darío, como encumbrada tierra de lucha, de libertad y esperanza.

domingo, 30 de octubre de 2016

En el Medio Oriente se está jugando el futuro. (II)


La semana pasada concluíamos diciendo que la nueva situación creada en el Medio Oriente no era alentadora para los intereses de Estados Unidos en la región y que Irán se había consolidado como una potencia regional, así como que la presencia de Rusia había servido como elemento equilibrador que evitaba una imposición hegemónica a favor de los intereses occidentales. 

Por el contrario, en el cuadro geopolítico creado, si miramos la situación de manera integral, si consideramos las esferas internacional, política, económica y energética, la gran perdedora ha sido Arabia Saudita. En Siria, es evidente que el contexto y las tendencias se manifiestan en su contra. El gobierno del presidente Bashar al-Assad ha resistido la agresión y sus fuerzas armadas están prestas a retomar las áreas del país, bajo control de los terroristas, en primera instancia la ciudad de Alepo, capital económica del país. Por su parte el gobierno de Irak, a través de las acciones que está llevando a cabo con sus fuerzas militares propias, el apoyo de Irán y la participación de las milicias chiíes y kurdas, ha recuperado el 80 % de los territorios que había ocupado el Estado Islámico y se prepara para la toma de Mosul, segunda ciudad en importancia del país. En estas circunstancias, la ya deteriorada influencia de Arabia Saudita en la estructura política de Irak, va a quedar absolutamente desplazada, impidiéndole cualquier tipo de participación en el escenario post Estado Islámico.

El fracaso de la maniobra saudita en los mercados internacionales energéticos que demandó y logró bajar el precio del barril del petróleo para debilitar a Irán y Rusia a fin de buscar el cese del apoyo y la participación de estos países en la lucha contra el terrorismo en Siria e Irak, y en específico, la de Irán en Yemen y Bahréin, ha dejado un tremendo déficit presupuestario en todos los países del Golfo aliados de la monarquía saudita y en ella misma. De manera particular, ha sido muy notoria, la resolución del parlamento de Kuwait, que aumentó en un 80% el precio de la gasolina para el comprador minorista, a fin de utilizar tales recursos para cubrir su déficit presupuestario, lo que devino en la renuncia de su gobierno. 

En este contexto, Arabia Saudita se vio obligada a aceptar la reducción de la producción petrolera en un tope específico, al mismo tiempo que tuvo que respetar la cantidad de 4 millones de barriles asignados a Irán, lo cual no había aprobado hasta la anterior reunión de la OPEP en Argelia el pasado mes de septiembre. Pero, lo que vino a derramar el vaso de las derrotas sauditas y el fracaso total de su política exterior, es la ley aprobada y ratificada por las dos cámaras del Congreso estadounidense, al aprobar el rechazo al veto que intentaba el presidente Obama, y conceder el derecho a los familiares de las víctimas del 11 de septiembre de 2001 de interponer demandas en cortes de Estados Unidos contra el reino saudita por el apoyo a los supuestos terroristas que perpetraron los atentados, dado que, –según Estados Unidos- 17 de los 19 participantes en los hechos eran ciudadanos de ese país, existiendo incluso indicios no revelados por los tribunales que señalan la vinculación de personeros de la monarquía wahabita en esos funestos acontecimientos.

En otro escenario, vale mencionar que los aliados de Arabia Saudita en el Líbano se quedaron sin alternativas, de cara a las próximas elecciones presidenciales, por lo que están a punto de apoyar al candidato de la organización islámica chií Hezbollah, el ex general Michel Aoun. Estando el Líbano sin ejecutivo desde hace tres años, las fuerzas aliadas de la monarquía saudita llegaron a la conclusión de que, de no realizarse estos comicios que conducirán a la elección de un nuevo presidente, el país podría ir hacia un proceso fundacional constituyente que Hezbollah solicitó hace 4 años, y ante el cual estas fuerzas muy probablemente serían barridas electoralmente, perdiendo importantes espacios de poder que aún hoy ostentan.

Sin embargo, es en Yemen, donde se ha producido el mayor fracaso de Arabia Saudita. Tras 16 meses de haber creado una fuerza multinacional de países árabes, mediante la erogación de una importante cantidad de recursos financieros, para ejecutar las operaciones bélicas en contra del pequeño país del sur de la Península Arábiga y contando con el más sofisticado apoyo militar y de inteligencia de Estados Unidos, destruyeron el país, sin poder lograr un solo objetivo militar o político que no haya sido el asesinato de miles de ciudadanos inermes, con el propósito de hacer rendir a las fuerzas revolucionarias huthies y al ejército yemení, leal al presidente Alí Abdullah Saleh. Por el contrario, la influencia de estas fuerzas, se ha expandido. Su dominio territorial, abarca una zona del centro del país que incluye a la capital Sanaa, las costas del Mar Rojo y el estrecho de Bab el Mandeb, también controlan el noroeste del país. Sus milicias han llegado a incursionar hasta 300 km en la profundidad del territorio saudita que ha sido asediado por la presencia y el fuego directo de las fuerzas militares huthies. Por su parte, el ejército yemení ha lanzado misiles que han alcanzado bases militares y concentraciones bélicas hasta 700 km, en la zona central de Arabia Saudita, produciendo importantes bajas y pérdidas materiales al invasor, llegando a golpear objetivos a poca distancia de la importante ciudad de Taif. Por su parte, los Emiratos Árabes Unidos perdieron el pasado mes de septiembre, un modernísimo y sofisticado navío de guerra que fue alcanzado por los misiles de las fuerzas militares huthies en Bab el Mandeb muriendo 28 soldados.

Por su parte, Estados Unidos anunció su retiro y cese de cooperación con la coalición saudita que ha invadido Yemen. Aunque resulta dudoso, que esta decisión se ejecute en la práctica, con ello busca disuadir las protestas y presiones de ONG´s y del Consejo de DD.HH de la ONU que han denunciado las masacres que se están cometiendo a diario en contra de civiles, sobre todo de niños.

En ese contexto, Estados Unidos informó que navíos de su armada fueron atacados con misiles lanzados desde territorios dominados por las milicias huthies, quienes se apresuraron a negar tales imputaciones. Sin embargo, las fuerzas navales estadounidenses replicaron las acciones, lanzando proyectiles en contra de objetivos en territorio yemení, con lo cual formalmente se ha iniciado su participación directa en el conflicto. 

Sin conocer los hechos reales que han ocurrido, esta situación conduce a varias suposiciones, la primera es que de ser falso que los ataques fueron perpetrados por las milicias huthies, estamos ante una nueva falacia creada por Estados Unidos para justificar su involucramiento en el conflicto, como ya va siendo tradicional en su política exterior. Por otro lado, estas acciones podrían ser un anuncio de Irán, a fin de legitimar su presencia en la zona y hacer valer su condición de potencia regional que apoya a las fuerzas chiíes que combaten en Yemen. Finalmente, es dable suponer que Arabia Saudita, utilizando fuerzas yemeníes aliadas atacó a las naves estadounidenses con la intención de impedir la anunciada retirada de Estados Unidos del conflicto y, al contrario, lograr un mayor involucramiento de la potencia norteamericana en el mismo.

Por lo pronto, las elecciones presidenciales de Estados Unidos generan un “compás de espera” en el desarrollo de los acontecimientos en el Medio Oriente. El resultado de los comicios y la decisión sobre quién será el nuevo/a mandatario/a de ese país tendrá un notorio impacto en la región, en particular en el sostenimiento y apoyo de Israel como portaviones de la política de Estados Unidos en la región, en el manejo de las relaciones con sus aliados árabes, en particular en la conducción de la guerra contra el Estado Islámico y las fuerzas terroristas en Irak y sobre todo en Siria y, sobre todo en los acuerdos que se tomen o no con Rusia, un actor primordial, protagónico y que se ha fortalecido en la región.

En el futuro habrá que poner todas las cartas sobre la mesa, El debate no podrá ser solo sobre reformas y participación de la oposición en Siria y Líbano, por el contrario, si la correlación de fuerzas sigue avanzando a favor de Irán, el tema fundamental a discutir tendrá que ser democracia y participación de todas las fuerzas presentes en los conflictos por el poder en Yemen, Bahréin, Irak, Siria o Líbano o la continuidad del conflicto con un frente anti estadounidense y anti saudita mucho más fortalecido y una alianza occidental muy debilitada, a la cual solo le quedará el recurso del escalamiento de la guerra, un mayor nivel de involucramiento en la misma, con todas las consecuencias que ello tendría.

viernes, 21 de octubre de 2016

En el Medio Oriente se está jugando el futuro. (I)


El 7 de octubre pasado se cumplieron quince años de la invasión de Estados Unidos a Afganistán y más recientemente, el 20 de octubre, cinco del asesinato de Muamar Gadafi. Estas fechas han marcado la pauta de acontecimientos básicos para el análisis de la situación internacional del presente siglo y, de alguna manera han señalado el derrotero de la confrontación global para determinar un tipo de hegemonía y una estructura para el sistema internacional.

Sin embargo, no ha sido ni en Afganistán ni en Libia donde se han establecido los cánones del comportamiento de las potencias en torno a hacer efectiva la visión que cada una tiene respecto de la forma de imponer sus criterios en el tablero global. Es verdad que el ajedrez de las potencias se está jugando en todo el Medio Oriente, pero particularmente en Siria.
En este país, contra todo pronóstico, el presidente Bashar el Assad ha resistido la agresión terrorista que ha contado con el apoyo de las potencias occidentales y las monarquías conservadoras árabes. En todos estos años de guerra, el gobierno sirio nunca ha perdido el control sobre la capital Damasco, así como del 60 % de la ciudad de Alepo y de la mayoría del territorio nacional.

No obstante, la dinámica de los acontecimientos no permite mirarlos en “blanco y negro”. Los constantes cambios políticos en el escenario global, obliga a modificaciones tácticas en el terreno de las alianzas, muchas veces difíciles de comprender para aquellos que analizamos los sucesos desde la distancia.

En ese contexto, el abrupto cambio de posición de Turquía después del golpe de Estado, promovido por Estados Unidos y la Unión Europea y su apoyo al clérigo fundamentalista y multi millonario Fethullaj Güllen, quien tenía contactos con los militares golpistas, produjo una transformación radical del sistema de alianzas en la región. A pesar de la estrecha relación del presidente turco Recep Tayyip Erdogan con Estados Unidos, las contradicciones surgidas a partir del manejo turco respecto de los migrantes provenientes del Medio Oriente, y lo que se consideraba un chantaje de parte de Turquía comenzaron a abrir una brecha en esos vínculos.

Esta nueva situación, permitió la aprobación de un pacto mediante el cual Rusia e Irán, con la “comprensión” del gobierno sirio, aceptan el ingreso de las tropas turcas en el norte de Siria. En el fondo, aunque los kurdos son aliados del gobierno sirio, éste, indirectamente ha aceptado que Turquía los haya colocado junto al EI como enemigos de igual dimensión, dada la alianza de ambos con Estados Unidos, lo cual ha marcado un cambio profundo de las operaciones militares en el terreno. Aunque resulte difícil de entender, en la mirada de la coalición Rusia-Irán-Siria, el establecimiento de la autonomía kurda, resulta muy peligrosa, dada su asociación con Estados Unidos que pretende utilizarla para justificar su presencia militar en Siria.

Esta situación da cuenta de la complejidad de las circunstancias que rodean el escenario de este conflicto. Finalmente, Estados Unidos y Turquía son aliados en la OTAN. Precisamente, éste es el eje que Rusia pretende quebrar, dado el papel trascendente que desempeña Turquía en todos los tableros que se están jugando en la región. A cambio, y eso es lo que señala la transformación más importante de los hechos, Turquía se ha comprometido a combatir al EI en los alrededores de Alepo y permitir al ejército sirio el bloqueo de los terroristas en la ciudad, toda vez que la toma de esta urbe, la segunda en importancia del país, significa el objetivo estratégico más importante para el gobierno sirio en todo el desarrollo de la contienda durante estos últimos cinco años. Por supuesto, tras estas acciones, está la decisión turca de reconfigurar el imperio otomano, objetivo supremo de la Hermandad Musulmana, (agrupación fundamentalista de la cual forma parte el Presidente Erdogan) recurriendo para ello al uso de cualquier instrumento, incluyendo el asesinato masivo de los que se niegan a aceptar tal designio.

La batalla por Alepo se encuentra en una fase decisiva, tanto si se concreta el cese del fuego anunciado por Rusia y Siria con aprobación del enviado de la ONU, lo cual permitiría la salida de los terroristas a través de la vía de escape establecida, caso contrario la ciudad será igualmente liberada en pocos días.

En un acto de desesperación con el objetivo de preservar a las fuerzas terroristas, Estados Unidos y Europa han llegado incluso a hacer fracasar su acuerdo de cooperación con Rusia y a bloquear un acuerdo en el Consejo de Seguridad para hacer un alto al fuego y suspender los bombardeos aéreos, que dieran posibilidades de abandono a los terroristas de la asediada ciudad. Estados Unidos sabe que la salida de los terroristas de Alepo, significaría una victoria de enorme trascendencia militar, política y moral para el gobierno sirio y sus aliados

En paralelo, el primer ministro iraquí Haider al-Abadi anunció el inicio de las operaciones para liberar Mosul considerado el principal y último bastión del EI en Irak. En el momento de escribir estas líneas el mandatario anunció que las acciones bélicas se están desarrollando a un ritmo superior al esperado. Si los combates por Alepo en Siria y los de Mosul en Irak obtienen buenos resultados y se logra la liberación de ambas ciudades, el EI, habrá recibido dos heridas mortales que producirán una nueva reconfiguración del escenario político en la región.

Preparándose para ello, Estados Unidos bombardeó una agrupación de fuerzas del ejército sirio, produciendo la muerte de 65 soldados. Como es ya habitual en su política, las fuerzas armadas de ese país informaron que había sido un error y pidieron disculpas. Es la forma moderna que tiene Occidente de realizar acciones sin asumir responsabilidades, tras ello hay claros objetivos políticos. En este caso, era debilitar las defensas sirias de la ciudad de Deir Ez Zoz, controlada por el ejército nacional, a fin de provocar la ocupación de la misma por los terroristas y crear un eje de las fuerzas de la mal llamada “oposición moderada” en las provincias sirias de Deir Ez Zoz (fronteriza con Irak) y Raqqa, con el objetivo de garantizar la huída de las fuerzas terroristas asediadas en Mosul, hacia Siria con el objetivo de producir su reagrupamiento en la perspectiva de su fortalecimiento militar para resistir los embates del ejército sirio apoyados por Rusia e Irán.

En este sentido, el canciller ruso Serguei Lavrov advirtió que su país tomaría medidas militares adicionales si se incrementa la entrada de terroristas de Irak a Siria con el visto bueno de Occidente. Detrás de ello, está la intención estadounidense de concentrar fuerzas terroristas con el propósito de buscar dar legalidad a una futura intervención militar en Siria bajo el argumento de hacer un mayor esfuerzo para detener al Estado Islámico.

Por otra parte, el incremento de la presencia de fuerzas terroristas en Siria prolongaría un total aniquilamiento, previsible tras su derrota en Alepo y daría tiempo a las nuevas autoridades estadounidenses, surgidas de la próxima elección del 8 de noviembre, para mantener o profundizar las directrices tomadas por la Administración Obama. En este ámbito, se inscriben las últimas amenazas de Estados Unidos a Rusia, tratando de ganar tiempo en la gran batalla que se está librando en Alepo, donde las fuerzas aliadas a Estados Unidos y Occidente están sufriendo una severa derrota.

En general, las acciones emprendidas por Estados Unidos desde octubre de 2001, y en particular, la invasión a Irak en marzo de 2003 que produjo el derrocamiento de Saddam Hussein y el subsecuente caos en ese país, no ha producido para Occidente los resultados esperados. Por una parte, Irak es gobernado por un partido de la mayoría chií, aliada de Irán, mientras que las fuerzas militares de Al Hashd al Shaab (Comités Populares en su mayoría chiíes), con una clara posición anti estadounidense han cobrado creciente presencia e influencia en el país. Por otra parte, el propio influjo de Irán de manera directa o a través de sus aliados ha crecido hasta colocarse en un nivel superlativo, sobre todo en el área militar y la de seguridad.

Todo esto ha ido configurando una situación poco alentadora para los objetivos estadounidense en la zona, por el contrario, Irán se ha ido consolidando como una potencia regional que no puede ser descartada de ningún arreglo político. A su vez, la presencia de Rusia ha servido como elemento de equilibrio a fin de evitar una imposición hegemónica a favor de los intereses occidentales. (Continuará)

sábado, 15 de octubre de 2016

Haití, una herida en la memoria de América Latina y el Caribe.


El movimiento de emancipación independentista en Haití se inició en 1790, mucho antes que la mayoría de las colonias españolas de América. La Revolución francesa que había triunfado un año antes, concedió igualdad jurídica y política a los negros y mulatos haitianos, pero no proclamó el fin de la esclavitud. Sin embargo, estas reformas, fueron desoídas por los haitianos blancos de origen francés lo cual fue caldo de cultivo para que se desataran constantes rebeliones de esclavos. 

Toussaint Louverture, el más destacado de todos los militares negros que combatieron por la independencia, descolló también por poseer un pensamiento político estratégico, dotes de liderazgo y visión de estadista. Entendió que debía aliarse primero con los españoles para derrotar a los esclavistas franceses y después de haberlo logrado firmó la paz con el bando liberal francés, lo que lo llevó a ser nombrado Gobernador y Comandante en Jefe de las fuerzas armadas independentistas francesas en Haití. Pero, la metrópoli no veía con buenos ojos el poder que estaba adquiriendo el líder negro y desde 1798 comenzó a tratar de restablecer el dominio total sobre el territorio. Fue el inicio de una historia de más de dos siglos mediante la cual el colonialismo le ha hecho pagar a Haití todas sus “osadías”: Francia porque los haitianos siguieron luchando por su independencia hasta lograrla el 1° de enero de 1804, España porque Haití no aceptó su soberanía después de haber recibido “ayuda” contra los franceses y Gran Bretaña porque Louverture no consintió aliarse con ellos en 1798, cuando el almirante inglés Maitland se lo propuso.

Peor aún, cuando Louverture tomó medidas de orden económico y social para mejorar las condiciones de vida de su pueblo, Napoleón Bonaparte, en el poder en Francia desde finales de 1799, manifestó su público rechazo, enviando en 1801, un ejército a la isla, al mando de su cuñado el general Leclerc quien logró derrotar al prócer haitiano. 

Estos, no se rindieron ante la prisión y posterior muerte de su líder, un nuevo paladín emergió del pueblo, Jean Jacques Dessalines, al mando de 100 mil hombres enarboló la bandera roja y negra de la libertad que llevó a Haití a transformarse en la primera república de Nuestra América. Dessalines manifestó simpatía por las ideas de Francisco de Miranda y deseos de apoyar la lucha independentista de la región.

Uno de sus sucesores, el presidente Alejandro Petión, puso en práctica tales ideas. A finales de 1815, después de derrotada la segunda república venezolana, el Libertador Simón Bolívar arribó a Haití, a fin de buscar ayuda para dar continuidad a las luchas independentistas, después de clamar sin éxito por ella, (por diferentes razones) en Cartagena y Jamaica. Antes de llegar a Puerto Príncipe y estando en Kingston, el 19 de diciembre de 1815 Bolívar le escribe al Presidente Petión una carta donde le habla de Haití como el “asilo de todos los republicanos de esta parte del mundo” y le manifiesta su interés por “conocer y admirar de cerca a V. E” en su próximo viaje a Los Cayos en la región meridional de la isla, donde se habían congregado centenares de patriotas venezolanos y neogranadinos, deseosos de reincorporarse a los combates.

Con el apoyo del presidente Petión, Bolívar logra armar una expedición de hasta 1000 venezolanos y de otras nacionalidades y 1000 haitianos, además de obtener 6.000 fusiles, municiones, víveres, una imprenta completa, siete goletas y una importante suma de dinero. Por eso, como recuerda el destacado historiador venezolano Reinaldo Rojas, Bolívar calificó al gran presidente Petión como el “padre de todos los verdaderos republicanos”. Venezuela y los países liberados bajo la conducción de Bolívar le debemos a Haití la independencia y la libertad, lo que podamos hacer por ese hermano país, siempre será poco en comparación con lo que ellos hicieron por nosotros en uno de los momentos más críticos de nuestra historia. 

Todas estas acciones significaron demasiada afrenta para los poderes coloniales: primero, una revolución anti esclavista que remeció los pilares de la Europa supuestamente modernizante bajo los influjos de la Toma de la Bastilla, para continuar después, “exportando” sublevaciones que hacían trastabillar el soporte colonial del Viejo Continente en América. Nunca lo perdonaron hasta hoy. La decisión fue someter a Haití a la expoliación, la miseria y el olvido.

En el pasado más cercano, después de 29 años de férrea dictadura de los Duvalier (padre e hijo), parecía haber un proceso de restitución democrática que ayudaría al país a salir de casi dos siglos de marasmo. Sin embargo, en 2004, Jean Bertrand Aristide, el primer presidente elegido democráticamente fue derrocado a través de un golpe de Estado, que contó con la complicidad de Estados Unidos y Francia, solo unos meses después que Aristide anunciara que iba a exigir una reparación histórica a la antigua metrópoli. La respuesta imperial fue la intervención militar, promovida por Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU, que se concretó con la participación de 53 países, entre ellos (para vergüenza de nuestros pueblos), 15 de América Latina y el Caribe, a través de la llamada Misión de Estabilización de la ONU en Haití (Minustah). En fecha reciente, un importante grupo de organizaciones sociales de la región envió una carta pública al Secretario General de la ONU para que “… reconozcan el fracaso de sus estrategias y pongan fin a una intervención que, después de 12 años, no solo ha malogrado los objetivos oficialmente planteados sino que en muchos sentidos ha contribuido alevosamente a empeorar la situación”. Los “resultados de la estabilización” se pueden observar a simple vista: no han mejorado un ápice, las condiciones de vida del pueblo haitiano. 

Desde el terremoto de 2010 que asoló al país causando centenares de miles de muertos, heridos y desaparecidos y un millón y medio de damnificados, la asistencia humanitaria a Haití se ha convertido en un gran negocio, sobre todo después de la epidemia de cólera que afectó al país en 2014, introducida, -según afirman expertos- por los propios miembros de la Minustah. La ONU se ha transformado en cómplice de la continuidad del saqueo de Haití, permitiendo la acción de grandes transnacionales que se han repartido el país con proyectos mineros, turísticos y del agro negocio. 



Se necesitaban 310 millones de dólares hasta 2017 para erradicar definitivamente el cólera del país, pero solo pudieron recabarse 55 millones. Sólo la solidaridad y apoyo permanente y constante de Cuba y Venezuela han podido en alguna medida generar un frente común en contra de la epidemia. Pero ahora, Haití nuevamente se ve enfrentado a los designios de la naturaleza, el huracán Matthew ha causado la muerte de cientos de ciudadanos y gigantescas pérdidas materiales. Estados Unidos y Francia se han apresurado a enviar una ayuda a Haití equivalente a lo mismo que gastaban durante una hora de su intervención militar en Irak. Ha causado impacto en la opinión pública la carta de una ciudadana haitiana que llamaba a aquellos que quisieran ayudar a los afectados por Matthew, “no donen su dinero a la Cruz Roja de Estados Unidos” (ARC por su siglas en inglés). La información compartida por un usuario de twitter recordaba “lo que hizo" esa organización "con los 500 millones de dólares" que recibió para construir viviendas en Haití tras el terremoto de 2010, cuando esa instancia construyó solo 6 casas de las 700 que había comprometido.

Otro gran ganador de la desgracia del pueblo haitiano ha sido el ex mandatario de Estados Unidos Bill Clinton, cuya fundación creada al salir de la presidencia en 2001, hoy ya tiene un valor de 2 mil millones de dólares, en alguna medida obtenidos a partir de la solidaridad con “Haití”. Clinton se transformó en el gran “mecenas” de la nación caribeña, atrayendo donaciones al país y sobre todo intermediando para que la gigantesca cantidad de vacunas necesarias para combatir las múltiples epidemias que han asolado Haití en los últimos años, se hicieran llegar a través de su fundación. Su esposa Hillary, mientras fue Secretaria de Estado, dio prioridad a los amigos o personas de interés de su marido como contratistas especializados para llevar “ayuda humanitaria” a Haití. Caitlin Klevorick, asesora de la entonces Secretaria de Estado, quien coordinaba las ofertas de asistencia recibidas de la Fundación Clinton, dijo en un mensaje de correo electrónico que necesitaba “que indiquen cuando las personas son amigas de William Jefferson Clinton. Es probable que pueda identificar a la mayoría, pero no a todos”, según dio a conocer la semana pasada, el programa de radio y televisión Democracy Now! emitido desde Estados Unidos y transmitido por más de 900 emisoras de radio y televisión en el mundo.

Haití necesita de todos, y en primer lugar de América Latina y el Caribe. No se trata de limosnas, ni de migajas, sino de asumir realmente un proceso de restauración de la normalidad para lo cual no se necesitan “misiones de estabilización “, sino ayuda financiera para construir hospitales y escuelas y recursos para apoyar las misiones médicas y luchar contras las epidemias, así como aportes para generar una economía productiva. Cada día que pase, y no se haga, será un día de vergüenza para la humanidad y de ignominia para los que miran de manera cómplice sin hacer nada o haciendo muy poco.

domingo, 9 de octubre de 2016

El Premio Nobel de una paz que no se pudo ganar en elecciones.




La semana pasada comentamos el acto del lunes 26 de septiembre en el que se ratificó ante Colombia y el mundo el Acuerdo de Paz entre las Farc y el gobierno de ese país. Por razones editoriales debo entregar mi artículo los días viernes en la noche, de manera que ese análisis no incluía lo que habría de suceder en el plebiscito del pasado 2 de octubre y los hechos posteriores al mismo.

En el momento que entregué mi artículo para su publicación (viernes 30 de septiembre) no podría saber el resultado del plebiscito, pero a diferencia de la mayoría de los entendidos y de las benditas (malditas) encuestas, no aseguré que el Si iba a ganar por una mayoría abrumadora como se afirmaba en todos los ámbitos de la información. Como se sabe, eso no ocurrió, peor aún, ganó la opción que rechaza los Acuerdos y que en un primer momento apostó por la continuación de la guerra, pero que presionados por las masivas movilizaciones auto convocadas de la mayoría de los colombianos que quieren la paz, y también por la aplastante generalidad de la opinión pública internacional, obligó a los ahora envalentonados guerreristas a morigerar su discurso para aprovechar su triunfo en pos de lograr objetivos de política coyuntural que nada tienen que ver con la guerra y si con la próxima elección presidencial: la protección de la propiedad privada como si la misma se hubiera puesto en duda, la impunidad para los militares acusados por violación de derechos humanos y finalmente, la salvaguarda del ego de los ex presidentes Pastrana y Uribe. Para esto, fueron capaces incluso de paralizar los acuerdos que trabajosa y pacientemente se habían construido durante cuatro años.

Mi artículo de hace siete días finalizaba con la frase de una canción de Silvio Rodríguez “¿Cuánto de pesadilla quedará todavía”? Ello valió para que algunos lectores me acusarán de pesimista, sin embargo, la “cochina realidad” de la que hablaba el profesor Carlos Guerón en la Escuela de Estudios Internacionales pudo más que el optimismo desenfrenado sin asidero en el entorno de los hechos de la política. Lo cierto es que lo ocurrido a partir del domingo 2 ha sido una pesadilla para Colombia y su pueblo.

Ríos de tinta se han vertido en el análisis de los hechos que buscaban explicación de las causas del fracaso de Santos, porque ésta es una derrota de él y de nadie más que de él, por más que a priori los noruegos le hayan regalado su Premio Nobel, como también lo anuncié hace una semana, intentando explicar el discurso del Presidente, el 26 de septiembre pasado.

En su euforia triunfalista, Santos pensó que podría utilizar el deseo de paz del pueblo colombiano, sometiendo a plebiscito, es decir a los vaivenes de la coyuntura y a las “falsedades democráticas” de la democracia liberal, (valga la redundancia en este caso) un acuerdo de trascendencia estratégica y de alcance indeterminado para Colombia, América Latina y el Caribe y el mundo. Así, se logró el objetivo de minimizar el contenido del Acuerdo, que expone demandas significativas de la sociedad en materia de propiedad y distribución de la tierra, justicia, incorporación de los excluidos y protección de los derechos humanos como nunca antes se había planteado en la historia de Colombia. Por el contrario, asistimos a una exacerbación del fundamentalismo religioso de protestantes y católicos, que llevó a que muchos curas desoyeran al propio Papa Francisco y su clamor por la paz, demostrando que cuando están en juego los intereses de clase, la supuesta fidelidad al Papa, que es el “representante de Dios en la Tierra” es solo retórica, incluso en un país frenéticamente católico. 

Entonces, el debate pasó a ser que Uribe le había ganado a Santos, que el uribismo había quedado en inmejorables condiciones para ganar las próximas elecciones presidenciales y además comenzaron los tradicionales discursos maniqueos respecto a que “habló la mayoría” como si el 18% de los colombianos son la mayoría. Porque, no es lo mismo el 51% de los que votaron, que el 51% de los colombianos. Entonces emergió una nueva y manida frase: “Así es el juego democrático”. O dicho en palabras del respetado analista político colombiano Ariel Ávila “… así es la democracia; se gana con un voto y punto”, lo cual debe ser cierto en Colombia, porque en las últimas elecciones venezolanas, el chavismo ganó por bastante más que un voto y no hubo punto, sino 43 muertos ocasionados por la violencia fascista de la oposición.

Las razones del triunfo de los antagonistas al Acuerdo en el plebiscito, no tiene que ver con un pueblo esquizofrénico que le gusta la guerra, tampoco se le puede achacar al mal tiempo que azotó buena parte del territorio nacional el día de los comicios, (esto me llevó a recordar que la Constitución de Venezuela fue aprobada el mismo día que ocurrió el mayor desastre natural de la historia de este país). Tiene que ver con la brutal campaña de desinformación, falsedades y descrédito, que montó el uribismo y la oligarquía rural atrasada que él encabeza no contra Santos, ni contra las Farc, sino contra la paz, preocupados por las repercusiones que pueda tener para su voracidad expoliadora, los acuerdos en materia de tierras.

Para ello, recurrieron a todo, incluso a la mentira y al engaño como lo ha hecho público en entrevista al periódico “La República” el Gerente del Comando de Campaña del No, Juan Carlos Vélez quien reconoció que su mensaje estuvo basado, no en informar sobre el contenido de los Acuerdos, sino en la búsqueda de “indignación”. Sin mayores conflictos éticos, explicó que un concejal le había dado una imagen de un mensaje de Santos y Timochenko que explicaba “ por qué se le iba a dar dinero a los guerrilleros si el país estaba en la olla. Yo publiqué en mi facebook y al sábado pasado tenía 130.000 compartidos con un alcance de seis millones de personas”. O sea, una mentira y un engaño preconcebido, sobre una base falsa. Cosas de la democracia representativa, “…se gana con un voto y punto”.

Todo ello oculta el verdadero problema de fondo cual es tratar de responder a la pregunta de por qué el 63% de los colombianos que sí son la mayoría, estuvo ajeno a tan trascendental decisión. Es sabido que en la “democracia colombiana”, los niveles de abstención rondan siempre el 60 %, lo cual da cuenta de un sistema político agotado en el cual los ciudadanos ya no creen, como tampoco creyeron que esta “solución” que Santos se sacó de la manga, pensado que aplastaría a Uribe, a fin de permitirle colocar un delfín en la casa de Nariño en 2018, aplacaría decenios de violencia, marginación, pobreza y carencias ilimitadas.

A pesar que tanto el gobierno como las Farc dieron pruebas de madurez política a fin de dar continuidad al proceso, ahora reina la incertidumbre, de cara al futuro. Noruega ha hecho un aporte regalándole el Nobel a Santos, lo cual no es novedad después que se lo entregara a Obama, Kissinger, Menachem Begin, Frederik de Klerk, Isaac Rabin y Shimon Perez, entre otros, todos connotados guerreristas y asesinos. Santos viene a ser uno más de esta lista. Estados Unidos, el país que más guerra ha desatado y que ha llevado a efecto la mayor cantidad de invasiones e intervenciones militares en todo el mundo, es el que más veces lo ha recibido con 20, así mismo de 98 ganadores, 71 han sido de Estados Unidos o países de la Unión Europea y la OTAN, quienes han sido los mayores generadores de guerras y conflictos en la historia del último siglo, de manera que su prestigio es bastante dudoso, siendo un mecanismo mediante el cual, el sistema capitalista reconoce a quienes logran hacer acciones para su sostenimiento en momentos de peligro. Pareciera que en el resto del mundo conformado por casi el 90% de la humanidad no hubiera suficientes personas merecedoras de este premio. Hay que recordar además, que Noruega es miembro de la OTAN, la mayor alianza agresiva de la historia.

El regreso a la mesa de negociaciones está plagado de dilemas. El gobierno y las Farc han acordado escuchar “en un proceso rápido y eficaz, a los diferentes sectores de la sociedad…”, así mismo, reiteraron el compromiso de cese al fuego bajo monitoreo y verificación de la ONU y continuar avanzando en tomar medidas de construcción de confianza, lo cual pareciera dar alguna certeza de que el proceso de paz tendrá continuidad, a pesar de las maquinaciones, mentiras, trucos fraudulentos y manipulaciones de Uribe, el ex procurador Ordoñez y las cúpulas eclesiásticas católica y protestante, cuyo afán destructivo se ha puesto de manifiesto, creando el caos y el desconcierto, sin hacer propuestas concretas que destraben el impase. Saben que su triunfo es el de una minoría de la sociedad y no tienen capacidad para hacerlo valer en las calles. Como dice Ariel Ávila, “… lo que les queda es dilatar y ganar tiempo, manteniendo el caos político hasta el 2018, año en que ellos aspiran a ganar las elecciones de nuevo”. Ese fue el verdadero objetivo de los promotores del No, el fin de la guerra y la paz para los colombianos no es algo que les inquiete demasiado.