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lunes, 29 de enero de 2018

Genuflexión, servilismo y sumisión en la política exterior latinoamericana.


En un acto que no se caracteriza precisamente por el apego a las prácticas diplomáticas, mucho menos a la ética que debe caracterizar el comportamiento internacional de los Estados, el canciller chileno ante el autismo ya habitual de la presidenta Michelle Bachelet, -pensando más en su futuro como funcionaria internacional que en los intereses de su pueblo- aprovecho la convocatoria del Foro China-Celac en Santiago para reunir a los países del autodenominado grupo de “perritos simpáticos acostados en la alfombra de la Casa Blanca” a fin de dar un paso más en su escalada de agresión contra Venezuela. A su vez, Heraldo Muñoz también está tratando desesperadamente que sus amos del norte se fijen en él y recompensen sus servicios con un cargo que mejore sus expectativas, que hasta ahora solo se limitan al intento de impedir que su organización política, el Partido por la Democracia (PPD) tenga un honroso funeral después de la debacle electoral de los últimos comicios.

En una afrenta al gobierno chino, Heraldo espero sólo unas horas tras la partida de Santiago del canciller Wang Yi, para que, después de estar conversando durante dos días de una supuesta voluntad integracionista de los gobiernos de derecha de la región, mostrara su verdadera cara, al proponer un nuevo libelo intervencionista -que fue aprobado por dicho grupo- con el que se proponen coadyuvar a crear condiciones para derrocar al gobierno de Venezuela.

No contento con eso, y después de exultantes y desvergonzadas loas a Wang que solo persiguen atraer inversiones y mejorar un intercambio comercial con China con el único propósito de fortalecer y ayudar a incrementar ganancias a los grandes empresarios chilenos, Heraldo anunció solo unas horas después, (mientras Wang todavía volaba de regreso a Beijing) que en marzo se aprobaría el denominado TPP11, es decir el Acuerdo Transpacífico sin Estados Unidos, una alianza comercial claramente instituida por Obama para competir contra China, la cual fue dejada sin efecto por Trump. Para ello, Heraldo organizó un evento en Viña del Mar en marzo del año pasado en el cual se “vendió” como el salvador del TPP y líder de la Alianza del Pacífico para ese empeño. China, invitado a ese foro, envió una delegación de tercer nivel que se permitió decirle al heraldo chileno, en su propio país: “libre comercio si, TPP no”.

Sin embargo, para Heraldo fue más fuerte su voluntad de servir a sus jefes del Partido Demócrata de Estados Unidos que esperando tiempos mejores, han puesto a funcionar a todos sus adláteres latinoamericanos, (como Heraldo, el canciller mexicano Videgaray y otros) para que hagan su trabajo, después de haber sido desplazados de la presidencia de ese país. Para que no quedara ninguna duda de su papel protagónico, Heraldo afirmó que “…ha sido una negociación intensa que terminó a última hora en Tokio”. Yo estuve hasta última hora (del lunes, hora chilena) en contacto con el ministro de comercio de Canadá quien pidió apoyo a una fórmula que Chile estaba apoyando (sic)…”. O sea, estuvo simultáneamente chupando medias al canciller chino en Santiago y al mismo tiempo, haciendo lo propio con los japoneses y canadienses en Tokio. Continuó Heraldo con su auto adulación: “…la idea de seguir adelante con el TPP sin Estados Unidos y con algunas modificaciones surgió en Viña del Mar en marzo del año pasado, cuando reunimos a todos los cancilleres y ministros de comercio que firmaron originalmente el TPP”. Le faltaba algo a Heraldo: dejar claro que esta era su obra y que ningún Piñera le iba a escamotear su victoria, así lo manifestó claramente: “Esto es algo que firmará la administración de la presidenta Michelle Bachelet, que es la que negoció la parte final del TPP original y que negoció enteramente el TPP11. Estamos muy satisfechos”. Mucho más lo están los grandes empresarios y los chilenos en general, quienes votaron por Piñera, porque a pesar de todas sus genuflexiones y de dejarlos hacer el trabajo sucio por un lapso, la oligarquía sabe perfectamente la diferencia entre quien le sirve subordinadamente y quien es miembro de su cofradía por antigüedad y apellido. Por eso dejó gobernar dos veces a Bachelet, quien aceptó gustosamente su papel servil y sumiso para entregar -dos veces también- el gobierno a la ultra derecha y al pinochetismo, en una de las actuaciones políticas más repudiables de la historia republicana de Chile.


Pero ya se va, (indudablemente lo que viene es peor) eso es lo que quiso la minoría que vota en Chile, con ella se va Heraldo, no se sabe a que nueva rastrera misión, propia de su personalidad y comportamiento, lo importante es que se va. Y así, la historia irá olvidando a todos los “perritos simpáticos”, Kuczynski pactó con el hijo del ex dictador la libertad de éste a cambio de mantenerse en el gobierno. Esa actitud tan ruin, egoísta y cobarde le hizo caer a menos de un 20% de popularidad. Ya se va Cartés en Paraguay, está tratando desesperadamente de dejar a un pupilo que no investigue sus múltiples actividades que según la prensa de su país están al borde de la ilegalidad. Juan Orlando Hernández debió dar un golpe de Estado en Honduras y su gobierno sólo ha sido reconocido por Estados Unidos, Israel, Colombia y Guatemala. 




Santos se marchará también este año, será recordado como traidor por la derecha uribista, y como genuflexo por sus aliados, seguramente utilizará su Premio Nobel para dar conferencias sobre la paz que no se logró en Colombia porque todo fue un engaño de su gobierno, en un proceso fracasado en el que la oligarquía colombiana logró en la negociación, la victoria que no pudo obtener en los campos de combate. Santos ha dicho que no reconocerá al gobierno que surja de las próximas elecciones en Venezuela. ¿Habrá alguien en el país que le importe el reconocimiento de Colombia? ¿Acaso Bolívar le preguntó a la oligarquía bogotana si estaban de acuerdo con su independencia? No lo hizo, desarrollo la campaña de Nueva Granada concluida en la Batalla de Boyacá y les dio patria y libertad sin pedir nada a cambio. Venezuela tuvo que esperar 34 años, guerra mediante, para que España reconociera su independencia y nadie se echó a morir por eso. Santos se debería preocupar por las decenas de líderes sociales y activistas de derechos humanos asesinados diariamente en Colombia, por los miles de niños muertos por desnutrición en la Guajira, por el incremento de las acciones de las organizaciones paramilitares y sobre todo porque algún pupilo suyo gane las elecciones para que no investigue sus vínculos con Odebrecht y otras actividades no muy “santas” precisamente. 

Así mismo, Peña Nieto se dispone al mayor fraude de la historia de México (lo cual es mucho decir) para impedir el triunfo de Andrés Manuel López Obrador, no hay otra manera de frenar esa realidad que anuncian todas las encuestas creíbles. Peña se va mucho más rico de lo que llegó al gobierno, con un país mucho más peligroso para la vida de los ciudadanos, un récord en materia de violación de derechos humanos que es una vergüenza para el país que en algún momento tuvo la Constitución más avanzada de América Latina, la mayor cantidad de periodistas asesinados y el más alto número de feminicidios del mundo y lo que es peor, sometido a la humillación de Estados Unidos, algo despreciable para el noble pueblo mexicano que sufre con resignación la carencia de líderes que se acerquen mínimamente a la dignidad de los próceres que le dieron nación y patria.

Temer gobierna con el 5% de popularidad, apoyado en la compra de la mayoría de los parlamentarios los cuales evidentemente tiene su precio, a cambio, tocada día restringe más los logros sociales obtenidos por el pueblo brasileño tras largos años de lucha, al mismo tiempo le entrega el país a las transnacionales, vendiendo impunemente la soberanía y las riquezas de su país. Macri pasó de un 60% de popularidad en octubre a un 51% en diciembre y 37% ahora cayendo por una pendiente abrupta que no logra detener después que los argentinos de clase media se han comenzado a dar cuenta que no solo los pobres serán afectados por las políticas anti populares y represivas del gobierno. Ahora van por ellos, lo empezarán a sentir en sus bolsillos y en la supuesta estabilidad lograda tras “salir de Cristina”.

¿Estos personajes son los que juzgan a Venezuela? ¿Habrá alguien que los tome en serio? Se sabe que hoy la democracia electoral da para cualquier cosa: ladrones, mentirosos, tramposos y violadores de derechos humanos pueden acceder a la presidencia de un país con la única condición de ser vasallos de Estados Unidos. Las muestras más fehacientes: Temer, Juan Orlando Hernández y Piñera. Se sabe también que la democracia venezolana está apenas en construcción y que serán los venezolanos quienes tendrán que mejorarla, pero será mediante el diálogo y la negociación. Los dirigentes de la oposición, -ninguno de los cuales ha ido nunca a una guerra y no sabe lo que ella significa y hasta dónde pueden llegar los comportamientos humanos en esa situación- tendrán que asumir la responsabilidad histórica de buscar caminos pacíficos de solución o hacerle caso a Trump, Bachelet, Rajoy y Santos que los presionan para que sigan el despeñadero de la violencia y la guerra. Finalmente, las cosas se solucionarán internamente, no serán estos oscuros personajes de la historia que no tienen mucho que mostrar en sus países, los que vengan a dar lecciones de democracia, probidad y honradez. Ninguno terminará su gobierno con más del 20% de aprobación.

sábado, 20 de enero de 2018

Foro China-CELAC: una oportunidad para América Latina y el Caribe.


Las convenciones han permitido organizar el tiempo a partir de los períodos de duración de los fenómenos naturales: el día y la noche, las estaciones y el tiempo de traslación de la tierra alrededor del sol, así como también de conformidades religiosas, así tenemos días, semanas, meses y años. Esto conduce a la equivoca idea de que estas convenciones pueden establecer parámetros de comportamientos sociales o políticos: se dice “este año ocurrirá esto o lo otro”, sin embargo, la realidad es que estos acuerdos modulan ciertas conductas y procedimientos, pero no los determinan ni los deciden. Esta reflexión, viene a cuenta de que siempre que comienza un nuevo año se elucubra respecto de que podría ocurrir durante el mismo, lo cual siendo valedero, no necesariamente señala con certeza lo que habrá de suceder, toda vez que los procesos políticos y sociales son continuos, dialécticos y dependen de las condiciones objetivas y subjetivas en que transcurren, no de plazos creados artificialmente. 

Es así que el mapa político mundial no necesariamente se modifica en ciclos anuales, en esa medida genera muchas mayores certezas estudiar cuáles son las tendencias en la situación internacional, en ese sentido veo difícil que se produzcan cambios trascendentes en 2018 en comparación con 2017, si se considera que las directrices del poder global no sufrirán grandes variaciones durante el año que comienza.

La dicotomía principal seguirá siendo aquella que existe entre la guerra y la paz. Las acciones de política exterior de Estados Unidos que se orientan a favor del conflicto y la guerra, se han acentuado desde la llegada al poder de Donald Trump: incremento de su actividad agresiva en la península coreana, reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, amenazas de revertir el acuerdo nuclear con Irán, apoyo irrestricto y ciego a Arabia Saudita en el desarrollo de su guerra genocida en Yemen, incremento del gasto militar, fortalecimiento de la OTAN, intimidaciones a Cuba y Venezuela, escalamiento de la tensión con Rusia y aumento de la presencia militar en el mar Meridional de China, al mismo tiempo que incentiva los conflictos en esa región. El mapa político de 2018 se dibujará dependiendo en gran medida de la capacidad que tengan las fuerzas favorables a la paz, de impedir los designios bélicos, terroristas e intervencionistas de Estados Unidos.

Por su parte, la situación de América Latina y el Caribe está marcada desde hace algunos años, por una transformación de la correlación de fuerzas a favor de una regresión conservadora que está revirtiendo todos los avances que se habían logrado en materia social durante los primeros quince años del siglo, poniendo en entredicho la democracia electoral como modelo de gobierno, sobre todo cuando se pudo destituir ilegalmente a la presidenta Dilma Rousseff en Brasil y al presidente Fernando Lugo en Paraguay, organizar un golpe de Estado de Honduras en 2009 y que ahora ha visto como se impone un monstruoso fraude electoral o, la posibilidad que personas que han delinquido, -paradójicamente protegidos por la justicia- como Michael Temer, Mauricio Macri, Juan Manuel Santos, Enrique Peña Nieto y Sebastián Piñera accedan a la presidencia de sus países, todo ello influido y condicionado por esta situación de enaltecimiento del conflicto que permea al globo. De manera tal que la situación mundial está afectando negativamente a América Latina en un año 2018 en que definitivamente los eventos electorales pondrán a prueba la credibilidad en los sistemas democráticos electorales.

Es muy difícil responder en términos plurales a la pregunta de ¿qué se debe hacer para lograr una mayor presencia de América Latina y el Caribe en el escenario global?, porque su única posibilidad de participar con cierto protagonismo en el escenario global es a través de su concurrencia integrada. Ningún país de la región, ni siquiera Brasil por si solo, tiene capacidad de conseguir un espacio importante en el mundo. Lula compendió eso y llevó a Brasil a los BRICS y a utilizar la potencia de su economía para fomentar la integración regional y subregional. Eso fue favorecido por el impulso que le dio el comandante Hugo Chávez a este proceso, así como los gobiernos progresistas que estuvieron en el poder durante los primeros tres lustros de este siglo.

Las tendencias retrógradas que se han ido imponiendo en la región se han dedicado a torpedear este proceso, las oligarquías en el poder tienen un punto de vista más nacionalista -que les conduce a optar por la maximización de ganancias en una relación subordinada a Estados Unidos- que una tendencia integracionista apuntando a construir un polo de poder mundial. La potencia norteamericana ha conseguido aliados latinoamericanos para torpedear la integración de la región, que ha sido un objetivo de política exterior permanente de Estados Unidos desde hace casi 200 años.

En esa medida, América Latina y el Caribe como región no tiene ninguna posibilidad de tener “un puesto más importante en la administración global y el mapa político mundial”. Individualmente, los únicos países que podrían hacerlo: Brasil y México, no están en condiciones, uno por la profunda crisis económica que atraviesa y la carencia de credibilidad política de un gobierno que sólo tiene el apoyo de 5% de la población y que se puede sostener sólo por las triquiñuelas propias de la democracia electoral y el otro, México, entrampado en una relación de subordinación casi absoluta a Estados Unidos, que lo desprecia y humilla constantemente, sin capacidad para responder, también por la abrumadora falta de credibilidad en un sistema político corrupto y desprestigiado. La región tendrá todavía que transitar algunos años en los que debiera mostrar capacidad de revertir estas tendencias dañinas para sus sociedades antes de pensar en tener alguna participación protagónica en el ámbito global.

Para la región, la agenda política de integración de este año, comienza en Santiago de Chile con la realización entre el 19 y el 21 de enero de la II Reunión de Ministros de Relaciones Exteriores del Foro CELAC-China con el tema “CELAC-China: Trabajando por más desarrollo, innovación y cooperación para nuestros pueblos”. América Latina como región no tiene una mirada similar respecto de su relación con China y en esa medida, no configura una opinión única sobre el tema, sin embargo esta instancia es una excelente oportunidad de incrementar los vínculos con una potencia que en sus lazos con la región no manifiesta actitudes hegemónicas, ni prácticas intervencionistas. 

Para algunos países de América Latina y el Caribe, China es un país amigo, otros, interesadamente dicen que lo es, mientras de forma velada la desprecian, sobre todo cuando necesitan exponer su lacayuna actitud de subordinación a Estados Unidos; para la mayoría, no es más que el socio comercial más importante, en algunos casos el único salvavidas para sus maltrechas economías. La contrariedad es que la mirada desde China es distinta, basada en su filosofía, su historia y sus preceptos de política exterior, todos los países con los que tienen relaciones son considerados “amigos”, independientemente de la opinión de la contraparte, su régimen político, orientación ideológica y tamaño de su economía.

Ninguna persona con mínimos conocimientos políticos podría concebir que Mauricio Macri haya felicitado a Xi Jinping por su reelección como secretario general del Partido Comunista de China durante el XIX Congreso de esa organización celebrado en octubre pasado, a través de una curiosa misiva escrita en primera persona, en la que trata al presidente chino como “amigo” y lo felicita en su nombre y el de su esposa (súper sic como diría Alfredo Jalife-Rahme). Pocas veces se había visto una expresión de oportunismo y cálculo político tan escandaloso en las relaciones internacionales. Esta carta es un “monumento” a la hipocresía y la doble cara de un sujeto que desprecia a los comunistas y a la democracia, pero no puede abstenerse de aceptar el papel y la importancia creciente de la República Popular China en el escenario global y su potencial económico en ascenso. Los gobiernos de derecha que repudian el curso político de China se han visto obligados a aceptar esa realidad a regañadientes, por la sencilla razón de que no tienen otra opción, dada la profundidad de la crisis económica mundial.

Por el contrario, los países amigos de China, valoran altamente el papel constructivo que está jugando en el sostenimiento de la paz mundial, la cooperación mutuamente ventajosa, basada en la ecuación ganar-ganar y su posición irrestricta de defensa de la justicia y el derecho internacional. Se aprecia la gran valía que tiene que China establezca relaciones amistosas de cooperación económica sin imposiciones de carácter político, económico o militar y tienen la esperanza de que juegue un papel más activo y protagónico en la gobernanza mundial y en la administración global, utilizando todo su potencial político y económico para evitar imposiciones de otras potencias a los países pequeños, ejerciendo sus fortalezas no solo en favor de su pueblo, también en favor de los pueblos del mundo.