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sábado, 19 de diciembre de 2015

Colombia: La paz es ahora


Cuando transcurren los últimos días del año 2015, el gobierno de Colombia y las FARC firmaban en La Habana el cuarto punto de la agenda trazada para la búsqueda de concretar la paz definitiva en el país.

En el pasado ya se había suscrito el punto 1 “Política de desarrollo agrario integral” con cuatro pilares: acceso y uso de la tierra; establecimiento de programas especiales de desarrollo con enfoque territorial; elaboración de planes nacionales que deberán lograr una reducción radical de la pobreza y la eliminación de la pobreza extrema y creación de un sistema especial de seguridad alimentaria y nutricional. 

El punto 2 “Participación política” ya aprobado tiene tres pilares: nueva apertura democrática; mayor participación ciudadana, y la idea fundamental de que el fin del conflicto debe asegurar que se rompa para siempre el vínculo entre política y armas.

También concluyó el debate y aceptación del punto 4 “Solución al problema de las drogas ilícitas”, el cual establece cuatro aspectos: sustitución y erradicación de los cultivos ilícitos; reconocimiento de que el consumo es un problema de salud pública que requiere un tratamiento prioritario; desarrollo de una estrategia integral para reforzar y ampliar la lucha contra el crimen organizado, el compromiso mutuo de colaborar en la solución de este problema. 

El pasado martes 15 de diciembre se ha acordado en La Habana, el punto 5 de la agenda relativa a las víctimas del conflicto. Con la presencia de 10 ciudadanos seleccionados entre 60 que fueron afectados por el conflicto armado y que han participado en los diálogos, se rubricó este importante aspecto que es expresión del mayor reclamo de la sociedad colombiana. Está compuesto por cinco bases: Creación de una Comisión para el esclarecimiento de la verdad, la convivencia y la no repetición; designación de una Unidad Especial para búsqueda de desaparecidos en el marco del conflicto; establecimiento de una Jurisdicción especial para la paz; aceptación de medidas de reparación integral para la construcción de la paz, y establecimiento de garantías de no repetición.

Habiendo llegado a estos acuerdos, están creadas todas las condiciones para abocarse a la discusión del punto 3 de la agenda referida al fin del conflicto, en el que se deberá discernir acerca de la dejación de las armas por parte de las FARC y la restructuración de las fuerzas militares del Estado. Según los compromisos adquiridos previamente por las partes, este proceso debería ser concluido en el mes de marzo de 2016.

En esta perspectiva, pareciera que la paz en Colombia será un hecho de tiempos cercanos, sin embargo el proceso llevado adelante entre el gobierno y las FARC no ha sido replicado -en cuanto a su desarrollo, conocimiento público y estado actual- por el que se debe estar realizando en las conversaciones con la otra fuerza guerrillera actuante en el país: el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

El ELN ha puesto de manifiesto su voluntad negociadora en fecha tan lejana como 1991, durante el gobierno de César Gaviria. Tal opción surgía de la decisión tomada por su jefatura de optar por el diálogo y participar en las conversaciones que se desarrollaron ese año en Caracas y en Tlaxcala, México, que fueron continuadas en 1992 en esa ciudad mexicana. Siendo ésta, la organización guerrillera que desde sus primeros días asumiera el enfoque más vertical en torno al acogimiento de la lucha armada como vía para tomar el poder, tal sentencia significó un trascendente cambio en su manera de mirar la acción política.

Ya en su II Congreso Nacional que se realizó en las postrimerías del año 1989, el ELN había adelantado la alternativa de la negociación política. El planteamiento central de la organización asumía la necesidad de una combinación de formas de lucha armada y pacíficas en las que el protagonismo lo debían tener “las masas” a fin de solucionar los problemas económicos y sociales que enfrentaban los ciudadanos. En esa medida, el papel del ELN como organización político militar era poner el énfasis en la realización de un trabajo político que lo ligara más férreamente al pueblo a fin de coadyuvar a la acción autónoma de la comunidad. Sin embargo, en ese momento aún conservaba una visión tal, que concebía la negociación como “auxiliar” de la lucha armada. Las conclusiones del II Congreso establecían que “… La negociación, la diplomacia es parte de la guerra, es una continuación de la guerra (…) A la mesa de negociación acudimos para presentar el proyecto global y las reivindicaciones particulares que estamos peleando en los campos de batalla”.

Como apunta Jaime Zuluaga Nieto, los aspectos básicos que fijan la posición del ELN frente a la negociación son: ”a) debe orientarse a erradicar las causas generadoras del conflicto; b) es indispensable la participación de la sociedad por medio de sus organizaciones; c) es un medio para dar a conocer los objetivos de la lucha, por lo que se requiere adelantarla de ´cara al país `, y d) es un medio para llegar a muchos sectores, entre ellos a la comunidad internacional”. 

Desde ese momento el ELN ha participado en negociaciones o intentos de ellas con todos los gobiernos colombianos en las últimas dos décadas y media, incluyendo las 22 rondas de conversaciones que sostuvieran con los representantes del presidente Álvaro Uribe. Para ello ha recurrido a diferentes modalidades en la búsqueda de objetivos tácticos y estratégicos según cada momento y coyuntura. El V Congreso de la organización realizado en enero de 2015 concluyó en que si “…no son necesarias las armas, tendríamos la disposición de considerar si dejamos de usarlas”. Ello ha permitido realizar las “conversaciones exploratorias” que en número de 6 se han realizado con el gobierno de Juan Manuel Santos en Quito, capital de Ecuador, siguiendo en lo básico el modelo de La Habana en las conversaciones entre el gobierno y las FARC pero adaptadas a sus particularidades. 

Aunque es previsible que las negociaciones con el ELN sigan una agenda similar a la de La Habana, no se pueden obviar tales particularidades y especificidades del discurso político de esta organización. Tal vez sean ellas las que, -al menos públicamente- tengan detenido el proceso o lo hayan hecho infinitamente largo. Lo más difícil en un contencioso como éste, es establecer el objetivo a lograr que en este caso es el cese del conflicto y acordar la agenda para ello. Obtener la paz será un proceso mucho más prolongado que dependerá, del cumplimiento de la agenda aceptada por las partes. 

En ese sentido, el gobierno colombiano debería entender que no podrá replicar de manera exacta la agenda ni las formas que adquirió la negociación con las FARC en La Habana. Es probable que el ELN plantee como aspectos incisivos del debate, los de la participación y las transformaciones necesarias para la paz antes de llegar a discutir el fin del conflicto. Un riesgo que se podría correr sería el de la suposición de que los acuerdos de La Habana, en cuanto a los mecanismos, comisiones y estructuras que crea para verificar la paz, puedan ser aplicados al ELN.

Aunque, después de casi 60 años de guerra, la paz pareciera estar a la “vuelta de la esquina”, todavía deben resolverse estos aspectos, a fin de hacer que los acuerdos sean irreversibles y permanentes. Mientras ello no ocurra, es imposible sacar conclusiones definitivas. Por mucho que se haya avanzado, un proceso inconcluso es una tentación a favor de la continuidad del conflicto. En cualquier caso debería prevalecer el lema del Encuentro Nacional por la Paz, realizado en Bogotá los pasados 22 y 23 de julio de 2015: La paz es ahora.

sábado, 12 de diciembre de 2015

6 de diciembre


Hasta hace unos años, para mi familia el 6 de diciembre era una fecha de fiesta y celebración. Es el día del cumpleaños de mi hermana Valentina. Hace seis años, organizándonos para conmemorar el suceso, mientras culminaban los preparativos, mi padre se acostó a reposar y se quedó dormido para siempre. Ahora, esa efeméride es de sabor agridulce para nosotros, de festejo por un lado, y de evocación, recapitulación y recuerdo emocionado y agradecido, por otro. 

Algo parecido comenzará a sentir desde ahora, el pueblo chavista en Venezuela. Festejarán el 6 de diciembre de 1998 como el día del triunfo electoral inicial del Comandante Chávez, transformando la voluntad expresada en los comicios en sentimiento de esperanza e ilusión por un futuro mejor, obligatoriamente tendrán que evocar, recapitular y reflexionar sobre la derrota del mismo día, 17 años después. Así, la historia recogerá que este es el día de la primera victoria chavista y, si no se acepta que es el de la primera derrota, al asumir como tal el fracaso de 2007 durante el referéndum para reformar la constitución, tendrá que admitir como el momento fatídico en que el proceso chavista ha tenido su revés más contundente, poniendo en juego ese futuro de esperanza que se comenzó a soñar en fecha similar del penúltimo año del siglo pasado. 

Los resultados electorales han motivado una serie de opiniones, análisis e interpretaciones, respecto de lo que ha sucedido, sus causas y sobre todo sus posibles consecuencias. Si bien es necesario, que el gobierno y las autoridades políticas y gubernamentales estudien las segundas, si no se produce un análisis de las primeras, no se saldrá del marasmo que se ha producido. 

Por mi parte, aunque los números finales me causaron sorpresa, lo ocurrido no significó ninguna extrañeza ni asombro. El 14 de diciembre de 2011 escribí un artículo que en su párrafo inicial decía: “El declive del chavismo en términos políticos comenzó en el año 2007 cuando perdió el referendo para la reforma de la Constitución en diciembre de ese año”. Agregaba más adelante “En general, el chavismo siempre ha pecado por sobrestimar lo cuantitativo y desechar lo cualitativo. Eso lo ha llevado a sobrevalorar lo electoral y subestimar el papel del trabajo político como instrumento necesario para la transformación de la conciencia colectiva. Me atrevo a hablar de que ha habido derrotas políticas porque a pesar de la extraordinaria obra del proceso bolivariano en casi todos los ámbitos del quehacer gubernamental, esto no se ha traducido en conciencia que motive a los ciudadanos a mantener y/o incrementar su apoyo a los partidos que sostienen al gobierno del país. Es evidente que, -números más, números menos- desde 2006 se ha marcado un aumento de la votación de la derecha y una disminución de la del gobierno. Se puede querer ver o no, y buscar todas las explicaciones posibles, pero esa es una evidencia constatable”. Por esto, no me ha sorprendido el resultado, toda vez que es la concreción de una tendencia que se venía manifestado desde hace 8 años.

Sin haber hecho un estudio profundo de lo ocurrido, mis primeras reflexiones me llevan a afirmar lo siguiente: 

1. El sistema democrático en Venezuela demostró que sí funciona y las instituciones, en particular el Consejo Nacional Electoral confirmó su confiabilidad, poniendo en evidencia que todo lo que se dijo previamente era parte de un operativo de amedrentamiento y desprestigio que apuntaban a desatar nuevamente la violencia. Como es habitual, cuando no gana el candidato de Estados Unidos, los medios transnacionales de comunicación vociferan respecto de una práctica fraudulenta y cuando la victoria es de sus adláteres confirman que los comicios fueron “limpios”. Es la verdad imperial. Al respecto vale decir que oficialmente, Estados Unidos no ha reconocido a Nicolás Maduro como presidente de Venezuela a pesar que fue elegido en 2013. Obtenidos los resultados deseados por el imperio, sin importar los desmanes cometidos ni las víctimas provocadas, al igual que Tony Blair, piden disculpas y asunto resuelto. En ese caso, el más de un millón de ciudadanos iraquíes muertos no tiene mayor importancia.

2. Las elecciones fueron tranquilas y muy limpias. Los únicos que violaron la ley fueron la manada de ex presidentes que hicieron declaraciones aún cuando había votantes en las filas, lo cual está prohibido por ley para los venezolanos, mucho más para los extranjeros. Entre estos demócratas que vinieron a “observarnos” estaba un ex secretario general de la OEA que fue destituido por corrupción cuando llevaba 2 meses en el cargo, la presidenta que se confabuló para permitir el escape del terrorista Luis Posada Carriles a cambio de una importante cantidad de dinero que pagaron las bandas mafiosas de los cubanos de Miami, y otro que fue destituido por el pueblo en las calles por los graves escándalos de corrupción durante su gobierno otros con un prontuario “democrático” similar. 

3. La derrota del chavismo se sustenta en una amplia mezcla de factores. Uno de ellos, muy importante, pero no el único es lo que el gobierno llama "guerra económica", pero también influyó la soberbia, el sectarismo, la incapacidad administrativa y la ineficiencia del gobierno para tomar medidas contra la corrupción y para ampliar la base social de apoyo. Lo que ocurrió es el voto de castigo de una amplia gama de ciudadanos que con Chávez se transformaron en consumidores, y que hoy están molestos. Por eso, no hubo un importante trasvase de votos, sino casi 2 millones de chavistas que esta vez no se hicieron presentes. Como le dijo Fidel a Chávez hace algunos años " En Venezuela no hay cuatro millones de oligarcas"

4. Queda claro que la democracia representativa no funciona en condiciones de fuerte injerencia y agresión externa. La embestida no necesariamente tiene que ser militar, puede tener características económicas, políticas, diplomáticas y/o mediáticas o una mezcla de ellas. En Gran Bretaña se suspendieron las elecciones de 1940 y se volvieron a realizar en 1945 y en Estados Unidos se optó por re elegir tres veces a Roosevelt durante la guerra. En la Nicaragua de 1989, el pueblo sandinista votó contra el FSLN a fin de detener la guerra y la sangría del pueblo, como se demostró posteriormente, la sabiduría del pueblo le permitió comprender que esa era la única manera que había para que Estados Unidos cesara la agresión. La democracia representativa es intrínsecamente asistémica cuando se pone en juego el poder de los que siempre han mandado.

5. El PSUV nunca ha actuado como partido político, sino como maquinaria que se activa, de manera exclusiva- en tiempos electorales, el resto del tiempo es pasiva y se limita a la acción parlamentaria. Esto es posible para países donde no se está sufriendo una situación de “guerra económica” o de otro tipo, pero para aquellos, en los que en condiciones de inferioridad respecto del imperio, pretenden construir un modelo de desarrollo y sociedad diferente, es fundamental el trabajo político, toda vez que nunca se va a poder competir contra un enemigo de esas dimensiones en términos de las finanzas, la economía o las capacidades bélicas. Sólo se vence con una ética y una moral superior, una gestión diferente, y un pueblo participando, con alta conciencia a partir de procesos de formación y organización política superior. 

6. En el mundo de hoy, y en particular en América Latina, las funciones tradicionales de los partidos políticos han sido asumidas por los medios de comunicación. Ellos fijan la pauta, imponen la agenda y organizan el "show de la democracia". El combate sustancial tiene que ser contra ellos, sobre todo porque han hecho que la "verdad" ya no tenga valor alguno. Se puede hacer cualquier afirmación como argumenté en mi artículo anterior, mintiendo impunemente sin posibilidades de denuncia y sin que la sociedad tenga mecanismos para su control. Cualquier decisión en ese sentido es considerada “un ataque a la libertad de expresión". Hoy, los medios de comunicación y las llamadas redes sociales son los soldados imperiales más importantes y sobre los que se construye el ejército necesario de los poderosos para lograr sus objetivos cuando las condiciones de desarrollo del componente bélico de la guerra no están presentes.

Hasta ahí, algunas reflexiones iniciales. El debate está lanzado. Ojalá no llegue nuevamente a oídos sordos. Los resultados electorales en Argentina y Venezuela parecieran confirmar que ha comenzado el “fin de ciclo progresista”. En un artículo anterior expuse mi opinión al respecto. Me parece más acertado hablar de momentos de flujo y reflujo del movimiento popular. En algunos de los primeros, tal situación coincide con el surgimiento de liderazgos individuales o colectivos que los potencian. Así fue el iniciado en Perú en 1968 con el general Velasco Alvarado y continuado en 1969 en Panamá por el general Torrijos, en Chile 1970 con Salvador Allende, en Bolivia con la llegada al poder del general Juan José Torres en 1970, con la fundación del Frente Amplio en Uruguay en 1971 y la victoria de Héctor Cámpora y del general Perón en Argentina en 1973. Ese período duró alrededor de 7 años y fue aplastado a sangre y fuego, sobreviniendo feroces dictaduras militares que ilegalizaron los partidos políticos, los sindicatos, cerraron los parlamentos, persiguieron a la prensa libre y asesinaron, torturaron, desaparecieron y exiliaron a centenares de miles de ciudadanos. 

Pasaron seis años entes que la revolución sandinista en Nicaragua y la de la Nueva Joya en Granada detuviera el período de reflujo, y alrededor de 25 años para que comenzara esta nueva etapa de flujo popular a partir de la victoria electoral de Hugo Chávez en Venezuela en 1998. Si nos atuviéramos al enunciado de que en este 2015 se ha iniciado un nuevo momento de retroceso, tendremos que aceptar que esta vez, el avance de las fuerzas populares duró 17 años mucho más que en los 60 y 70 del siglo pasado y que las condiciones en que finaliza son totalmente distintas. Las muestras más claras: la despedida de la presidente Cristina Fernández en un multitudinario acto en Plaza de Mayo el pasado miércoles y la auto convocatoria de las organizaciones populares y sociales en Caracas que marcharon al palacio de gobierno ese mismo día. No eran pueblos derrotados los que se reunieron, por el contrario, se observaban caras altivas y en resistencia que miraban el futuro. Tengo la certeza de que no habrá que esperar 25 años, ni siquiera 6 para que los pueblos retomen la ofensiva que los conducirá a nuevas victorias.

sábado, 5 de diciembre de 2015

Reflexiones pre-electorales


Al escribir estas líneas, hoy viernes 4 de diciembre, Venezuela se prepara para que dentro de pocas horas se realicen las elecciones parlamentarias para renovar la Asamblea Nacional, sin embargo, como han sido todos los eventos electorales en el país (veinte en total, incluyendo presidenciales, parlamentarias, de gobiernos locales y referéndums ) durante los últimos 15 años, los mismos se transforman en verdaderas contiendas donde pareciera que se juega el todo por el todo, en una confrontación de vida o muerte. No hay otro país del mundo en que esto sea así. No hay otro evento de este tipo en el planeta que vuelque todas las miradas para buscar, previo a los comicios, los probables resultados y en ningún otro lugar del globo, se manifiesta una pugna política en la que actores de diferente índole y de las más diversas latitudes, se sientan con el derecho de intervenir y opinar como si de elecciones locales se tratara.

Algunos de los que leen estas reflexiones, ya sabrán el resultado del sufragio, no obstante, dados los compromisos de entrega con los medios que las publicarán, escribo sin saber los números finales y sus consecuencias. Mi única aspiración es que mientras examinen estas líneas, el país se mantenga en calma, los resultados sean reconocidos y prime la cordura y la racionalidad. El sistema electoral venezolano y su institución rectora, el Consejo Nacional Electoral han dado pruebas fehacientes de su efectividad, transparencia y neutralidad en el ejercicio de sus funciones. La tecnología introducida desde hace unos años imposibilita la alteración de los resultados como ha sido reconocido por algunas instituciones, personalidades y especialistas en el tema que han venido una y otra vez a Venezuela durante los últimos años. El ex presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, muy lejano políticamente del chavismo afirmó en 2006 que "… de las 92 elecciones que hemos monitoreado, yo diría que el proceso electoral en Venezuela es el mejor del mundo", y de esa fecha hasta ahora, los avances tecnológicos y la profesionalidad del recurso humano han incrementado la eficiencia del sistema.

Dos días antes de los comicios, no es posible ofrecer resultados probables en lo que todo indica será una contienda muy cerrada en la que aún hoy, el número de indecisos es muy alto. Las empresas encuestadoras, mercenarias de los números, dicen lo que desean que digan quienes les pagan. En una verdadera actuación esquizofrénica, se equivocan una y otra vez y las siguen contratando como si fueran el “Oráculo de Delfos” de las elecciones. Es algo que no resiste la más mínima investigación seria. En Argentina se equivocaron en la primera vuelta cuando daban diez puntos a favor del candidato oficialista y en la segunda, lo volvieron a hacer cuando, esta vez daban los mismos diez puntos a favor del opositor., pero no tengo duda que en las próximas elecciones acudirán nuevamente para ellas para confundir y terminar sirviendo oscuros intereses que nunca son públicos.

Las verdaderas encuestas son las que no se publican, las que permiten elaborar políticas, no sólo en tiempos electorales, sino como verdadero instrumento científico para construir eficientemente una gestión u hacer oposición a ella. Las otras son un mero instrumento de manipulación, que además ahora tienen en las llamadas “redes sociales” un tambor de resonancia para engañar incautos. Vale recordar lo que al respecto de este tema dijo el destacado escritor y filósofo italiano Umberto Eco, quien por cierto, tampoco es chavista: “Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles”. 

Digo esto porque me parece sumamente peligroso el ambiente pre electoral creado por la oposición venezolana, al divulgar, -con los bombos y platillos que le ofrecen los medios transnacionales de la comunicación, la ultra derecha global y estas “redes sociales”- la idea de que va a obtener una aplastante victoria. Sin saber los números, creo que ese no es un escenario probable, que sin embargo, genera condiciones para desatar la violencia posterior como ya lo han anunciado Henrique Capriles y el director del pasquín caraqueño El Nacional, Miguel Henrique Otero. Todo ello, mientras un portavión de la armada de Estados Unidos estará surcando aguas del Mar Caribe el día de la elección y centenares de paramilitares colombianos se concentran en la frontera entre ambos países.

Pero hay un hecho, ocurrido recientemente que retrata en toda su magnitud, la catadura moral de esta gente y la de aquellos que los apoyan en el escenario internacional, lo cual incluye jefes de Estado y parlamentarios de varios países, pero en primer lugar de Colombia y Chile, que de estos temas no tiene un expediente muy limpio.

Al finalizar un acto político en la ciudad de Altagracia de Orituco, y en el momento en que se retiraba del lugar, en un ajuste de cuentas entre bandas delictivas, fue asesinado un conocido hampón que operaba en la zona y que era un connotado extorsionador, miembro de la banda los Plateados. El delincuente asesinado llamado Luis Manuel Díaz alias “La Crema”, había salido de prisión hace dos años por el asesinato de dos jóvenes. Este delincuente, además de realizar estas funciones no tan santas, fungía en la ciudad, desde hace dos meses como Secretario General de Acción Democrática, el partido de Carlos Andrés Pérez, uno de los principales de la oposición. Este hecho que se intentó politizar, fue resuelto policialmente con gran celeridad, los asesinos fueron capturados, declarando que en ningún momento el homicidio tuvo motivos políticos. De hecho, con la misma pistola que fue asesinado Díaz, unos meses antes había sido ultimado otro miembro de su banda. 

Hasta ahí, el homicidio no hubiera superado las crónicas rojas de cualquier periódico en cualquier lugar del mundo, sin embargo acompañando al delincuente en el acto estaba la esposa de Leopoldo López quien se apresuró a decir que se había manchado de sangre de “este líder de la oposición asesinado por el gobierno”. La imaginación de la señora Tintori no tiene recato, toda vez que es falsa tal aseveración, porque ella se encontraba en el escenario del acto alejada por varios metros del lugar del asesinato. Esta señora a la que han dado rienda suelta para mentir, unos días antes regresando de Buenos Aires, armó un gran show en el avión de Aerolíneas Argentinas que la trasladaba a Caracas, haciendo aspavientos y diciendo que “dos funcionarios de la policía política venezolana la estaban siguiendo”. Las aeromozas siguiendo instrucciones del capitán de la nave la tuvieron que llamar a la cordura y tranquilidad. La misma puesta en escena fue repetida al ingresar al aeropuerto de Maiquetía en Caracas. Ella actúa bajo órdenes superiores que la instan a hacer escándalos en toda ocasión posible para que los medios internacionales puedan construir las falsas verdades que los receptores de la información aceptan como auténticas.

Lo cierto es que al funeral del señor Díaz asistieron muy pocas personas, entre ellas ninguno de sus “compañeros de partido” ni de ninguno de los partidos de la oposición. Así mismo, ciudadanos de Altagracia de Orituco, tanto proclives al gobierno como a la oposición, mostraron tranquilidad y alivio por “haber salido de tamaña lacra”. Algunos de ellos, productores agrícolas y pecuarios de la zona que van a votar por la oposición y que fueron extorsionados por “La Crema” manifestaron que el fallecimiento de éste, traerá mayor tranquilidad a la región y a la ciudad.

Enterado de la noticia del homicidio de Díaz, el presidente de Colombia Juan Manuel Santos manifestó que “El mundo entero debe condenar este asesinato”, y a continuación, asumiendo a priori el engaño montado por la Tintori respecto del supuesto carácter político del hecho resaltó que “Esto que sucedió en Venezuela no tiene justificación. Hacemos votos para que Venezuela no tenga unas elecciones con violencia”

Resulta curioso que en un país en el que la violencia desde hace más de 65 años es cosa de todos los días, en el que se han asesinado varios candidatos presidenciales y un sinnúmero de parlamentarios y dirigentes locales, en el que sólo en el último año han sido victimizados 69 dirigentes sociales y de derechos humanos, el presidente muestre preocupación por la muerte de un delincuente. Si esta fuera una actitud permanente del señor Santos, prácticamente no podría gobernar, porque todos los días tendría que estar dando pésames, y lamentándose de la alta criminalidad de su país. 

Pobre Colombia, mientras su pueblo y su sociedad luchan por la paz, su máxima autoridad está preocupada por la muerte de un delincuente, asesino y extorsionador quien en sus ratos libres hacía de dirigente de la oposición, ¿será que ambas funciones son compatibles?