Páginas vistas en total

martes, 30 de septiembre de 2014

Terrorismo y revolución

La trayectoria revolucionaria de mi padre Mariano Rodríguez, me llevó desde niño a conocer a una gran cantidad de personajes, muchas veces sin saber quiénes eran. En algunos casos, pasaron muchos años antes de conocer la verdadera identidad de estos amigos que pasaban transitoriamente por casa.

En el alba de mi vida, cuando apenas tenía 8 años fuimos a vivir a Maturín. Las actividades políticas de mi padre nos encaminaron a su ciudad natal a la que volvía después de muchos años. Era una época en que la lucha armada arreciaba en el país. Las fuerzas revolucionarias se enfrentaban a la voracidad represiva de los fundadores de la deformada democracia representativa surgida tras el derrocamiento de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez. 

Mi hermana Valentina tenía 1 año e Iván, apenas algunos meses, los dos menores, Marianela y Mauricio aún no habían nacido. Era inevitable que –sobre todo yo- me diera cuenta que mi papá desarrollaba actividades políticas en contra del gobierno y que eso era peligroso. La consigna que nos inculcó –y que todavía hoy recordamos- fue “ver, oír y callar”. Eran tiempos en que Radio Habana Cuba se escuchaba en un tono muy bajo para evitar que los vecinos pudieran saber que auscultábamos la voz de lo que el sistema denominaba “ la tenebrosa dictadura cubana”.

De esa época, recuerdo dos amigos que llegaron a casa donde permanecieron varios días, tal vez semanas. No se podía saber que estaban allí. Ante tal dificultad me transformé en su enlace, llevando y trayendo comunicaciones. Muchos años después (tal vez 30) supe que uno de ellos había sido Alfredo Maneiro, uno de los más preclaros líderes de la izquierda revolucionaria venezolana, fundador de la Causa R, organización que puso en entredicho el poder corrupto de la alianza de social demócratas y demócrata cristianos.

Era muy niño, como para recordar con detalles a Maneiro, pero aún resuenan en mi mente su convocatoria cada vez que regresaba de la escuela, para preguntarme qué cosas nuevas había aprendido y conversar de Venezuela, su historia y geografía. Maneiro trasuntaba humanidad y paz a pesar de las condiciones difíciles en que vivía. 

Años, después, viviendo en Santiago de Chile, pasaban por casa muchos venezolanos quienes compartían junto al pueblo chileno los avatares del gobierno de la Unidad Popular y su presidente, Salvador Allende. Uno de ellos (que para variar supe su nombre muchos años después) fue el hoy tan recordado Baltasar Ojeda Negretti. Trasuntaba alegría, felicidad de vivir, tenía una risa alegre que nunca le abandonaba. Con mi padre hacían planes de futuro y añoraban el regreso a la Venezuela querida. Nunca escuché (aunque escuché mucho) que en su lenguaje o en sus pensamientos se barruntara alguna idea destructiva, alguna manifestación de odio o de resentimiento personal respecto del enemigo. Ya era un joven en plena adolescencia que participaba activamente en las luchas estudiantiles en apoyo a la Unidad Popular y podría haberme dado cuenta de lo contrario e incluso “nutrirme” de ello. 

Con el transcurso del tiempo, me tocó conocer en persona a combatientes, de varios países que asumieron la lucha armada para enfrentar las feroces dictaduras militares que asolaban sus países. En distintos niveles de responsabilidad, ninguno de ellos portaba ideas de odio personal o de búsqueda de la muerte sin sentido.

Recuerdo a Laureano Mairena, ese extraordinario campesino de Solentiname en Nicaragua que fue mi jefe de columna, el más valiente entre todos los valientes que he conocido, jovial, dicharachero, cumplía su misión al lado de los pobres de la tierra que luchaban por su libertad, como la más sencilla de las encomiendas. Combatir junto a él fue un privilegio que atesoro como lo mejor de mi vida. Cayó combatiendo, ya con grados de capitán del Ejército Popular Sandinista, a las bandas contra revolucionarias que devastaban Nicaragua bajo mandato de Estados Unidos a comienzos de los años 80 del siglo pasado.

Podría hoy también recordar al Comandante Fidel Castro y la formación que tuvo el contingente internacionalista que partiendo de Cuba dio su apoyo al derrocamiento de la dictadura de Somoza, cuando bajo el influjo de la revolución cubana adquirimos estilos, hábitos y comportamientos respecto del trato con nuestros compañeros, con los heridos y los prisioneros de guerra, si llegábamos a tenerlos. En el caso de Cuba, fue norma permanente del ejército desde los días de la Sierra Maestra.

Estos recuerdos y reflexiones vinieron a mi pensamiento al ver la cobardía y bajeza moral de los dos terroristas venezolanos capturados en Colombia. La desfachatez de su discurso violento sólo puede tener sustento en mentes desquiciadas que gozan de gran apoyo de la ultra derecha colombiana actuando como cabeza de lanza de un conglomerado de fuerzas nacionales e internacionales que supone la intención de reconquistar a cualquier precio el poder perdido. “Restauración conservadora” la denomina el presidente Rafael Correa.

El valor que significa asumir formas de lucha que pueden significar la pérdida de los más preciado del ser humano: su vida, solo puede ser enarbolado por ciudadanos que sienten verdadero amor por su patria y su pueblo, se hace de cara al sol, enfrentando al enemigo armado, no a inermes ciudadanos inocentes como pretendían estos falaces y desvergonzados hijos del fascismo. Esto es puro y burdo terrorismo, hágalo quien lo haga y en el lugar que lo haga. 

Los revolucionarios enfrentarán exitosamente y lograrán derrotar al enemigo empuñando valores, principios y un comportamiento superior. En lo financiero, lo tecnológico y lo militar, el adversario casi siempre es superior, pero jamás podrán derrotar a los pueblos si estos son conducidos por líderes capaces de blandir las banderas de una ética y una moral superlativa. Es la única bandera que el pueblo hará suya para transitar el camino de la victoria. Su carencia augura una derrota segura.

martes, 23 de septiembre de 2014

Capitalismo y conflicto global


Una de las cosas más positivamente sorprendentes que se observan en la cotidianidad de la vida en Venezuela es el interés de los ciudadanos por los acontecimientos políticos internacionales. No estoy hablando solo de las aulas universitarias o de centros de investigación especializados, el tema va mucho más allá: en las tertulias callejeros de plazas y restaurantes, en el intercambio necesario de trabajadores y empleados durante la hora del almuerzo y en casuales encuentros errabundos, los problemas que ocurren allende nuestras fronteras o, aquellos que -sucediendo en el país- involucran el actuar internacional del mismo, son cada vez más debatidos, en ambientes de gran participación y conocimiento. Una segunda etapa debería avanzar hacia el análisis y vinculación de fenómenos aparentemente distintos, que se desarrollan en latitudes y longitudes distantes y que en algunos casos son expresión de la coyuntura, pero que –sin lugar a dudas- están enmarcados en una problemática estructural que dice relación con las características más profundas de la historia, la economía, la política, la sociedad y el Estado. 

En este marco, se observa una tendencia recurrente en torno a la preocupación válida por la conflictividad en el planeta y la creciente agresividad imperial. Todos los días de la semana los medios de comunicación son portadores de nuevas y alarmantes noticias que exponen guerras, epidemias, desastres naturales, y/o violación de derechos humanos entre otras expresiones negativas del desarrollo de la vida cotidiana.

Muchas personas concienzudamente se preguntan ¿qué está pasando? Las respuestas que se dan a través de los instrumentos de información son descriptivas y se limitan a dar a conocer lo que ocurre. Hay carencia de programas de investigación y análisis que convoquen a desentrañar las causas profundas del conflicto, (desprendiéndolos de motivos que apuntan de manera superlativa a la subjetividad) sin caer en el panfleto cómodo, la explicación superficial o la sustitución del papel trascendente de los pueblos por la clarividencia a veces exagerada de los líderes, sin que esto signifique restarle validez a su aporte. 

Vale decir, que tal vez no sean los medios de comunicación a los que les corresponde dicha labor, aunque sea evidente que las transnacionales de la comunicación que sirven intereses imperiales están jugando hoy por hoy el papel trascendente en la creación de condiciones para el conflicto, incluso construyéndolos cuando no existen o incentivándolos cuando están en proceso germinal. En la actualidad, se está transformando en un hecho natural y común afirmar algo que no tenga sustento o que la fuente de su origen sea dudosa o incluso falsa.

Esta situación ha conducido al inicio de guerras para las que se han aducido causas irreales. Los millones de muertos que las mismas han significado se solucionan con una falaz disculpa o una tardía aceptación del error. Desde las armas atómicas inexistentes en Irak, pasando por los civiles inocentes asesinados por los drones en Afganistán hasta los “falsos positivos” de Colombia, la vida de ciudadanos humildes ha dejado de tener valor para los poderosos. Una disculpa soluciona todo, los medios internacionales se encargan de lavar la cara de los asesinos y la ONU avala los desmanes de las potencias, jugando cada vez más un triste papel como garante de la paz mundial. 

¿Cree alguien que tenemos que aceptar con pasividad este estado de cosas? ¿Nos deberíamos conformar con el consentimiento de que “el mundo es así”? O, ¿producimos una rebelión que tendría que partir de la conciencia? La falsa afirmación de que el “mundo sea así” conduce a aceptar esta fatalidad de manera obligada, admitiendo con ello la injusticia y la desigualdad. La esencia del problema radica en la estructura del sistema capitalista mundial que genera diferencias profundas en la forma en que uno y otro ciudadano (“iguales ante la ley”) puedan llevar el transcurso de su vida. Por supuesto que hoy “el mundo es así”, y lo seguirá siendo mientras el capitalismo campea por sus fueros y mientras las sociedades de clases impongan los intereses de una minoría por encima del derecho de la humanidad a disfrutar la vida en el planeta.

Este es el origen de la conflictividad mundial, un sistema depredador que no escatima ni siquiera en la sobre explotación de los recursos de la tierra en el afán infinito de maximizar ganancias. Suponer que per sécula, los estadounidenses que son el 6% de la población del planeta deban seguir consumiendo el 25 % de la energía es una sinrazón que no tiene viabilidad futura, mientras millones mueren de hambre y padecen enfermedades curables.

En el momento actual, la conflictividad global tiene su germen en la crisis de un sistema que ha entrado en declive. No se sabe cuántos años durará el mismo. A través de la historia, desde Roma hasta el imperio británico y pasando por el español, el proceso de decadencia imperial ha durado varios siglos, pero una vez iniciado el proceso su rumbo avanza de manera ineludible. Corresponde a los pueblos y a los ciudadanos con visión de futuro y de humanidad, acelerar el ritmo de su crepúsculo.

Esta situación de decadencia objetiva, es la que marca el alto nivel de conflictividad mundial. El imperio estadounidense intenta resistir el paso del tiempo y su declinación. Las leyes objetivas que establecen los comportamientos y la transformación de la sociedad y el Estado son inexorables.

En ese sentido, las masacres en Gaza y el apoyo al permanente genocidio israelí contra el pueblo palestino, los golpes de Estado en Honduras, Paraguay y Ucrania, el apoyo a los terroristas en Afganistán, Siria y Venezuela, las invasiones a Libia y Siria, las amenazas a Irán, Rusia y China, el soporte a las intervenciones francesas en África, las negativas a firmar el Protocolo de Kioto para reducir la emisión de gases de efecto invernadero que producen el calentamiento global y el Estatuto de Roma que establece la Corte Penal Internacional son expresión prístina de un sistema en descomposición y de una potencia débil, que como todo animal herido, ataca cuando los olores nauseabundos de sus despojos comienzan a transmitir su pestilencia.

La dialéctica lo explica con sabiduría infinita. Basta entender las leyes de “la negación de la negación”, la de la “transformación de los cambios cuantitativos en cualitativos”, así como la de la “unidad y lucha de los contrarios” para entender lo que está pasando y ver el futuro con optimismo, a pesar de todos los contratiempos que tropezamos en la diaria existencia. 

El pesimismo no puede ser asociado a la lucha de los pueblos. Vale recordar al presidente Salvador Allende en aquel aciago 11 de septiembre de 1973, desde La Moneda en llamas y sabedor de que el fin se acercaba, transmitió una lección de confianza en el futuro cuando dijo que “La historia no se detiene ni con la represión ni con el crimen. Esta es una etapa que será superada. Este es un momento duro y difícil: es posible que nos aplasten. Pero el mañana será del pueblo, será de los trabajadores. La humanidad avanza para la conquista de una vida mejor” agregando que “Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos”.

martes, 16 de septiembre de 2014

Contra hienas y chacales. Cuba reta al ébola en África


Ante la incapacidad de la comunidad internacional para detener el avance de la epidemia de ébola, la preocupación de los organismos internacionales se ha ido elevando al máximo. En ese marco, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon llamó por teléfono el 9 de septiembre a varios líderes mundiales recabando ayuda para evitar que el mal se continúe propagando. Por supuesto, casi todos los jerarcas gubernamentales convocados por el máximo dirigente del organismo internacional  eran de países desarrollados y ricos, sin embargo el prestigio y el aval internacional de Cuba en esta materia no pudieron ser soslayados, por lo que al Presidente Raúl Castro también se le solicitó el apoyo urgente de la isla caribeña a fin de contribuir con su experiencia y su avanzado modelo científico en esta materia.

De acuerdo con la Organización Mundial de la salud (OMS) el número de casos de ébola asciende a 4800, cifra que crecerá ante la posible aparición de otros miles en Liberia durante las próximas tres semanas. La epidemia ha golpeado  sobre todo a Guinea, Liberia y Sierra Leona, donde se reportan más de 2400 muertos en lo que se ha catalogado como el peor brote del microorganismo en cuatro décadas.

La respuesta del gobierno cubano fue inmediata. Al día siguiente, miércoles 10 de septiembre, una delegación encabezada por el ministro de Salud Pública. Dr. Roberto Morales Ojeda viajó a Ginebra, Suiza, sede de la OMS, para coordinar la ayuda de su país en la lucha contra la epidemia.  El jueves 11, solo dos días después de la conversación telefónica entre Ban Ki-moon y Raúl Castro, el Dr. Morales y la delegación que lo acompaña se entrevistó con la directora general de la OMS, Margaret Chan, y visitaron un centro de emergencia para atender la situación de esa fiebre hemorrágica.


El ministro cubano informó que su país ya tiene 23 colaboradores médicos en Sierra Leona y 16 en Guinea. Así mismo, dio a conocer, que Cuba aportará  una brigada de 165 integrantes, de los cuales 62 son médicos y 103 enfermeros y enfermeras con un promedio de 15 años de experiencia, todos los cuales se han ofrecido voluntariamente para esta misión de alto contenido humanitario, dada la peligrosidad del virus. Este contingente médico cubano  tiene en su haber la participación en situaciones de desastre natural y epidemiológico, además de haber estado presente en otras misiones de cooperación de las tantas que Cuba ha prestado en todo el mundo.

No es primera vez que Cuba envía a su personal médico a África. Ya en mayo de 1963 a solo 4 años del triunfo de la revolución, la primera Brigada Médica cubana viajó a Argelia, país que el año anterior había declarado su Independencia de Francia después de lo cual sólo quedaron  600 médicos para atender una población de 11 millones de habitantes. La grandeza del hecho estriba en que en ese momento en Cuba sólo había 3000 médicos, después que una cantidad similar había abandonado el país tras el triunfo de la revolución en 1959. Este primer contingente de 54 trabajadores de la salud, de los cuales 29 eran médicos, 14 enfermeros y enfermeras, 7 técnicos de rayos x y 4 odontólogos –al igual que ahora- cumplieron su misión de forma totalmente voluntaria.

Más recientemente, la operación Milagro llevada adelante por Cuba junto a Venezuela ha permitido recuperar la vista  a 36636 ciudadanos  africanos. Según el ministro de salud de Cuba “En África, hasta la fecha, han participado 76744 colaboradores de la salud en 39 países. En estos momentos existen 4048 colaboradores en 32 países, de ellos 2269 son médicos”.

Por su parte la Dra. Margaret Chan, Directora General de la OMS agradeció al presidente Raúl Castro, por ser su país el primero que dio el paso ante el llamado de la ONU y la OMS. La Dra. Chan recordó que Cuba es mundialmente famosa por “su capacidad para entrenar excelentes médicos y enfermeras” y agregó que además  es famosa “por su generosidad y solidaridad con los países en ruta hacia el progreso”, por lo que hizo patente la necesidad de aprender de la experiencia cubana en el tratamiento de casos de emergencia Finalizó diciendo que esperaba que el anuncio hecho por el gobierno cubano estimulara a otros países a ofrecer su apoyo.

La colaboración médica cubana que lleva vida a todo el mundo contrarresta la información cotidiana de los últimos meses y años signada por la intervención militar occidental en la propia África, pero también en Asia, Europa y América Latina acarreando destrucción y muerte consigo.

A pesar de esto, sin armas letales por medio, los médicos cubanos causan terror al imperio. El propio presidente Barack Obama – con indisimulado desprecio- se refirió a ello el 19 de abril de 2009 cuando en la Cumbre de las Américas que se celebraba en Puerto España, Trinidad y Tobago la catalogó como la “diplomacia médica” de Cuba. Sólo en la mente perversa del primer presidente gris de la historia de Estados Unidos puede caber la peregrina idea de que la ayuda humanitaria entregada desinteresadamente y de manera voluntaria pueda tener objetivos políticos tras sí. Sólo su mentalidad consumista, prohijada en una sociedad putrefacta puede concebir la imagen de una salud que se rija por la ley de la oferta y la demanda.

Solo seres superiores, provistos de valores que consideren la condición humana por encima de intereses particulares, pueden ser capaces de verter su sudor, su esfuerzo, su sacrificio y su sangre -cuando ha sido necesario- para llevar adelante los supremos intereses de la humanidad.

Uno de los primeros médicos enviados por la revolución cubana a África fue el Comandante Ernesto Che Guevara. No iba sin embargo a cumplir misiones profesionales. En fecha tan temprana como 1965 hizo su primer viaje a ese continente. Quería conocer en carne propia los estragos causados por casi 5 siglos de ocupación colonial y ofrecer a los líderes africanos que luchaban por la independencia, el apoyo del pueblo cubano para erradicar ese flagelo.

Antes, el 11 de diciembre de 1964 en su intervención ante la XXI Asamblea General de la ONU al referirse al papel del colonialismo en África y especialmente en el Congo, el Comandante Guevara expresó que “Nuestros ojos libres se abren hoy a nuevos horizontes y son capaces de ver lo que ayer nuestra condición de esclavos coloniales nos impedía observar; que la civilización occidental esconde tras su vistosa fachada un cuadro de hienas y chacales. Animal carnicero eso es lo que hace el imperialismo con el hombre, eso es lo que distingue al blanco imperial”.

Esas hienas y chacales que experimentan para crear enfermedades a fin de producir vacunas que engorden las arcas de los grandes laboratorios son los causantes de esta epidemia de ébola. Sus fauces llenas de la sangre de pueblos marginados del desarrollo 
y sedientas de mayor expoliación y guerra no son capaces de acudir a la ayuda que la humanidad necesita para exterminar este terrible mal.

En Nuestra América, en este Caribe orgulloso construido con la sangre africana, un pueblo noble y solidario acude una vez más al llamado de la vida. Cuba, con su ejemplo cotidiano de amor y paz, se yergue por encima de las dimensiones de su superficie y población, por arriba del tamaño de su economía y  logra saltar el brutal muro del bloqueo imperial, para seguir erigiendo el homenaje más sublime a su apóstol José Martí cuando dijo que “Patria es humanidad”.

martes, 9 de septiembre de 2014

Obama, un presidente gris, derrotado una vez más.


Si se juzgara por la apariencia física de sus líderes, las mayores potencias nucleares del planeta mostrarían una fisonomía diametralmente opuesta. Mientras el presidente ruso Vladimir Putin exhibe aspecto saludable, un cuerpo atlético y una faz rozagante que transmite seguridad y confianza, el mandatario estadounidense Barack Obama revela cansancio, y acelerado proceso de envejecimiento que se manifiesta por una piel ajada, rostro gris, aureolas negráceas alrededor de sus ojos, hombros caídos y un cabello que se ha tornado apresuradamente canoso, todo lo cual trasunta perplejidad, incapacidad y derrota. 


El peligro es que cuando ello ocurre a los poderosos, estos suelen intentar tapar sus debilidades y flaquezas a través de la demostración del poder y la fuerza. Lo cierto es que una vez más en Ucrania, Putin derrotó a Obama y éste solo le quedó recurrir a la OTAN para intentar evidenciar que su poderío podría sacar a Europa del atolladero en que se han metido. 

Hace un año, exactamente el 11 de septiembre, el Presidente Putin publicó un mensaje al pueblo estadounidense en el New York Times. En el mismo afirmaba que “… una escalada de violencia, extendiendo el conflicto más allá de las fronteras de Siria inevitablemente aumentaría la violencia y desencadenaría una nueva ola de terrorismo”. Agregaba más adelante: “Hay que entender que hoy no estamos ante una batalla por la democracia en Siria, sino de un conflicto armado entre el Gobierno y la oposición en un país multi religioso. Los defensores de la democracia no son muchos. Pero sí que son más que suficientes los combatientes de Al Qaeda y extremistas de toda tendencia del campo opositor. El Departamento de Estado de Estados Unidos ha tachado al Frente Al Nusra y al Estado Islámico de Irak y el Levante que luchan con la oposición, de organizaciones terroristas”. El presidente ruso señalaba que a pesar de esto, las armas extranjeras alimentan este conflicto, así mismo se preguntaba con preocupación ¿quién puede garantizar que esos delincuentes no volverán a nuestros países con la experiencia adquirida en Siria?.

Casi 365 días después, lamentablemente la vida le dio la razón. Hoy sus advertencias e inquietudes se han transformado en las de casi todos los políticos de Occidente, incluyendo por cierto a Estados Unidos y su presidente quien da órdenes y emprende nuevas acciones bélicas en Irak y Siria contra fuerzas que armaron y financiaron a pesar de haber sido declarados terroristas.

La semana pasada, completamente ajeno a la realidad y con una desesperación que raya en la locura, Obama declaraba que “No se puede hacer ningún verdadero arreglo político si, de hecho, Rusia declara que continuará enviando tropas, armas y asesores disfrazados de separatistas, y que la única solución posible es que Ucrania ceda su territorio o su soberanía”. El problema es que Rusia, ninguno de sus dirigentes o autoridades ha declarado algo que sólo está en la cabeza del atribulado y gris presidente de Estados Unidos 

Además, todo ello ha ocurrido cuando en Ucrania se ha puesto en efecto un acuerdo de cese al fuego en el marco de negociaciones que entre otros temas, ha significado un inmediato canje de prisioneros y acciones de carácter humanitario avaladas por las dos partes. El propio presidente ucraniano Petró Poroshenko ha reconocido que dicho acuerdo ha sido influido por la actuación de su colega ruso.

Así mismo, la Unión Europea en su última reunión del pasado lunes 8 no pudo lograr unanimidad para establecer nuevas sanciones contra Rusia toda vez que algunos países quieren discutir la posibilidad de retirarlas en caso que continúe la tregua en Ucrania. El primer ministro ruso Dmitri Medvedev había advertido que en caso de adoptarse nuevas sanciones contra su país, éste respondería “de forma asimétrica”.

En cualquier caso el objetivo de la OTAN, -que no tiene nada que ver con Ucrania- se ha cumplido. El escalamiento del conflicto por parte de la alianza atlántica, ha permitido la instalación de 5 nuevas bases militares y una fuerza de despliegue rápido de la OTAN en las cercanías de Rusia. Con ello se configura un contingente de 51 bases militares de fuerzas terrestres, marina y aviación de los países occidentales en las cercanías de Rusia, de ellas, 30 están dislocadas en territorio europeo. Así mismo, Finlandia y Suecia países que no son miembros de la OTAN han aceptado involucrarse en las campañas militares agresivas anti rusas. En ese mismo ámbito, la incorporación de Ucrania a la alianza generaría una inédita y peligrosa situación en la correlación de fuerzas militares de la región

La política suele concebirse como un hecho racional. La política exterior no es ajena a ello. Los decisores actúan a partir de determinados límites que no deben ser superados, pero cuando prima la irracionalidad nada es previsible y toda disposición es probable. Esto se torna infinitamente peligroso cuando se habla de la principal potencia mundial y un presidente que ya no tiene control sobre sus subordinados ni capacidad para tomar decisiones acertadas.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Europa, jugando con fuego en Ucrania



No sé si alguien se habrá dado cuenta, pero en mi opinión, el conflicto de Ucrania es el más peligroso de cuantos se hayan desarrollado en el planeta desde el fin de la guerra fría. Es verdad que en el período se han vivido varias invasiones a países africanos, golpes de Estado en América Latina, una profunda crisis económica y financiera, la sangrienta desintegración de Yugoslavia, el genocidio en el marco de un asedio permanente de Israel contra el pueblo palestino, la amenaza constante de ataque de la OTAN a Irán y las guerras posteriores a las intervenciones imperiales en Afganistán, Irak, Libia y Siria, pero en ninguna de ellas ha estado o está tan cerca el enfrentamiento directo entre dos o más potencias nucleares. Ello tiene explicación en el contexto local, regional y global. Vayamos de lo particular a lo general.

Para nadie es un secreto que en Ucrania hubo un golpe de Estado. El mismo tiene su origen, precisamente en la necesidad de la OTAN de crear una situación de conflicto como la que hoy existe. El gobierno del derrocado presidente Yanukovich era un obstáculo para ello. En ese sentido, el actual gobierno ucraniano no ha sido más que una creación de Estados Unidos y Europa. Al igual que en Siria e Irak, donde hasta hace dos meses el Estado Islámico estaba formado por luchadores por la libertad de Siria y hoy son catalogados de terroristas, en Ucrania no se debe olvidar que las revueltas conducentes al golpe de Estado, aupadas por Occidente, fueron llevadas a cabo por organizaciones de inspiración nazi cuyas primeras acciones fueron el ataque a sinagogas. Incluso el principal rabino de Ucrania Moshe Reuven Azman recomendó a su comunidad, en febrero de este año, abandonar Kiev y el país, afirmando que no quería tentar la suerte, porque “constantemente existen amenazas de ataque a las instituciones judías”. Por supuesto, el gobierno de Israel y el de Estados Unidos mantuvieron vergonzoso silencio.

Así, se crearon condiciones para imponer en medio de una brutal campaña sicológica las elecciones que llevaron al poder al actual gobierno. En la situación actual, su discurso, secundado por el de los voceros de la OTAN es tan agresivo que hace recordar con añoranza la guerra fría. El presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, aseguró que Ucrania estaba “muy cerca del punto de no retorno”. Según él, “el punto de no retorno es una guerra a gran escala". Echándole leña al fuego el secretario general de la OTAN Anders Fogh Rasmussen, -quien es famoso por sus declaraciones bruscas según el periodista alemán Michael Stürmer-, afirmo que la organización que dirige está dispuesta a fortalecer la cooperación con Ucrania. En el mismo contexto, el ministro de defensa de Ucrania Valery Geletey indicó que su país “está en el umbral de una ´gran guerra` con Rusia, cuyas pérdidas se medirán en miles y decenas de miles” de víctimas. Llama la atención la utilización de la denominación de “gran guerra” que fue, la dada por los pueblos de la Unión Soviética a la que emprendieron para expulsar al ejército nazi de su territorio con el costo de 20 millones de ciudadanos caídos.

Vale decir que los argumentos que se dan tanto por parte de los gobiernos occidentales como el de Ucrania para hacer estas inflamantes aseveraciones, se basan en una supuesta participación directa de las fuerzas armadas rusas en el conflicto. Lo cierto es que hasta ahora nadie ha podido presentar una prueba válida al respecto. Ante el emplazamiento del gobierno ruso en ese sentido, las respuestas han sido vagas y superficiales. En la memoria, están las armas atómicas nunca encontradas en Irak, los asesinatos masivos de Gadafi en Libia que después se supo habían sido un escenario hollywoodense montado en Catar y decenas de historias falsas que signan la historia de la agresiva política exterior de Estados Unidos y la consuetudinaria tendencia a tergiversar la realidad por parte de sus presidentes. 

En el trasfondo hay dos elementos a destacar, el primero es la incapacidad del ejército regular ucraniano para derrotar a las fuerzas rebeldes del este. Incluso, en reunión celebrada a puertas cerradas el pasado domingo 31 de agosto, el alto mando de la OTAN llegó a la conclusión de que “militarmente el conflicto está perdido para Kiev” como lo notifica la revista alemana “Der Spieguel”. Uno de los participantes en la reunión aseguró que el único camino que le queda al presidente ucraniano es el de las negociaciones “para poder sacar con vida a sus hombres de las tenazas de las autodefensas” del este. 

En otro plano, los intentos de escalar el conflicto por parte del gobierno de Ucrania obedecen a la urgencia de resolver la acuciante situación económica del país, la que se hace muy difícil por la falta de gas que le augura un invierno muy crudo en los próximos meses. Hoy, en pleno verano, el gobierno ya se ha visto obligado a realizar cortes en el suministro de agua caliente a fin de hacer reservas de gas para prepararse para las inclemencias del tiempo a comienzos del próximo año. La incapacidad del gobierno de negociar y solucionar el problema de abastecimiento de gas desde Rusia ha llevado a una abultada deuda que ha paralizado los envíos desde ese país. El primer ministro renunciante Arseni Yatseniuk ha afirmado que sin el gas ruso no se podrá afrontar el invierno.

La respuesta a una y otra situación ha sido profundizar el conflicto e involucrar a Europa en el intento de buscar un salvavidas que le permita sostenerse en el poder y salvarse de la derrota. Sin embargo, para Europa, en la que la amplia mayoría de sus países se encuentran gobernados por la derecha, haberse embarcado en este trance, como furgón de cola de la política de Estados Unidos la coloca en una situación que ya comienza a mostrar manifestaciones negativas. Las sanciones a Rusia se originaron en su apoyo a la decisión de Crimea de incorporarse a este país, sin embargo, hoy el argumento ha mutado y se esgrime el apoyo del gobierno del Presidente Putin a las autodefensas del sureste de Ucrania. Las contra medidas rusas a dichas sanciones se comienzan a sentir en Europa. Las mismas se ubican, además en un contexto sombrío. El segundo trimestre del presente año, la economía alemana se ha contraído por primera vez desde 2012, la llamada “locomotora europea” ha reducido su marcha en un 0,2% del PIB y la de Francia se encuentra estancada. Las dos representan casi la mitad de la producción de la zona euro e Italia, la tercera economía de la región, se encuentra en recesión.

En este contexto, los especialistas advierten que de mantenerse las sanciones a Rusia, o peor, si las mismas se incrementan tal como ha pedido el presidente ucraniano, es fatal una afectación profunda de los negocios y la inversión, así como una pérdida de confianza en que la situación mejore, con todas las repercusiones que ello tiene. Europa debe medir bien las consecuencias de sus acciones, la economía estadounidense es mucho más impermeable a las contra medidas rusas, sobre todo en el ámbito energético. Así mismo, en estas condiciones es inevitable el fortalecimiento del dólar respecto al euro. Así, Estados Unidos habrá utilizado un conflicto extra continental para fortalecer su moneda a expensas de quien se considera su aliado. 

En el escenario global, debe considerarse que Rusia ha vuelto por sus fueros a asumir su condición de potencia mundial, después de haber sido sometida a la humillación y el escarnio en tiempos de Gorbachov y Yeltsin, venerados por Occidente y despreciados por su pueblo según las encuestas. En tal circunstancia, no es posible aplicar medidas de fuerza en su contra. La violación de los acuerdos hechos con el propio Yeltsin de no ampliar la “frontera de la OTAN” hacia el este a cambio de introducir reformas de mercado a finales del siglo pasado han sido violentadas por la propia alianza militar. En fecha reciente, la OTAN ha anunciado que instalará 5 nuevas bases militares en Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania, todas cercanas a Rusia. Incluso, Finlandia y Suecia, países bálticos que no son miembros de la alianza atlántica han anunciado que se plegarían a las medidas militares anti rusas de la coalición.

En ese tenor, la revista alemana Die Welt afirma que “la ayuda militar a Kiev podría llevar a una guerra global” y alerta en el sentido de que “tales acciones son inadmisibles en la época de armas nucleares”. A pesar que el gobierno ruso ha afirmado una y otra vez que no lleva, ni llevará a cabo ninguna acción militar en Ucrania, Occidente en un esfuerzo sin sentido intenta demostrar lo contrario. El propio presidente Putin ha señalado que el conflicto ucraniano debería servir “para acabar con esta tragedia lo antes posible, de manera pacífica y a través de negociaciones”. 

Rusia no es Afganistán, no es Irak, Libia ni Siria. Esto lo debería considerar Europa, sacar sus cuentas y recordar que las dos guerras mundiales del siglo XX fueron libradas en su espacio, que tardaron años en reponerse y que en ambos casos el único país victorioso fue Estados Unidos que no arriesgó ni su territorio, ni su población, ni su economía y no creo que- en medio de la crisis- haya recursos para un nuevo Plan Marshall.