Páginas vistas en total

martes, 25 de marzo de 2014

Venezuela. Una nueva batalla


Las variables políticas que caracterizan la situación en Venezuela han tenido continuidad en marzo respecto de lo ocurrido desde el comienzo de la ofensiva violentista de la derecha iniciada el 12 de febrero, aunque se pusieron en juego nuevos componentes que establecen una dimensión cada vez más marcada por el sello externo y mediático del problema.

En cuanto a la situación política, la misma pareciera estabilizarse con una clara victoria del gobierno ante la intentona de la derecha por derrocarlo. Permanecen remanentes de violencia que en el caso de Caracas obedecen más a la necesidad mediática internacional de sostener el conflicto que al poder real de convocatoria de los partidos políticos. En la práctica, los manifestantes violentos no responden a los lineamientos del liderazgo político tradicional de los partidos de la derecha encarnados en Henrique Capriles sino a uno emergente construido en torno a las figuras de María Machado y Leopoldo López. A ellos se les suma Antonio Ledezma, oscuro personaje de pasado adeco que ha reconstituido sus prácticas represivas.

El cansancio de ciertos sectores de la clase media que habita en las urbanizaciones del este de la capital y en general, de fracciones de la derecha que se ven asediados por la actuación vandálica de los manifestantes violentos, se ve reflejado en las declaraciones que a comienzos de mes hiciera el opositor y presidente de la empresa encuestadora Datanalisis Luis Vicente León quien manifestara que “Esas personas quieren canalizar su energía en la búsqueda de una solución, pero no han encontrado nada ni a nadie que se las ofrezca de manera racional y estructurada. Y entonces explotan. Pero lo hacen sin tener ni un plan, ni un objetivo concreto ni una articulación formal. Y eso se traduce en una especie de estallido de acciones y emociones incontroladas. Y no es su culpa no saber cómo expresarse eficientemente.

La culpa, o al menos buena parte de ella, es de un liderazgo perdido, dividido, desarticulado y pobre que no es capaz de conducirla ni de conectarla por rutas creativas, articuladas y más sofisticadas que tirar piedras o quemar basura en una calle que, además, es su propia calle y no la del destinatario de su protesta”.

En el mismo sentido, vale destacar la demanda interpuesta por el conocido abogado derechista Juan Ernesto Garantón, ante el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) contra los alcaldes de los municipios Baruta y El Hatillo por “incumplir con sus funciones y colaborar contra la tranca de las calles”. Garantón manifestó que “soy vecino y necesito transitar por las vías del municipio…esto lleva días en un caos total” 

El gobierno por su parte ha actuado con suma paciencia para evitar la violencia innecesaria de las fuerzas de seguridad por un lado, y por otra, el desborde del pueblo chavista, molesto con la actuación de la derecha violenta. La mesura en la actuación de las fuerzas de seguridad contrasta con el pasado cuando las mismas instituciones desprovistas de mandos que sirvieran al pueblo volcaban todo su odio en la represión indiscriminada que provocaba cientos y miles de ciudadanos muertos, heridos y desaparecidos.

La mayor intensidad en las acciones violentistas se siguen manifestando en los estados Táchira y Mérida donde la dinámica del conflicto sigue derroteros propios que tampoco tienen su conducción en los partidos de la derecha. En Táchira, las fuerzas paramilitares colombianas que tienen trascendental influencia en los destinos de ese estado, aprovecharon el conflicto que vive el país a fin de hacer una práctica que le permita medir las fuerzas que han logrado consolidar. Las formas violentas de actuar que introdujeron desde hace algunos años en la práctica de la delincuencia común comenzaron a ser trasladadas al quehacer político con el objetivo de ampliar su base de apoyo y crear condiciones que permitan una virtual intervención de fuerzas militares extranjeras en el país. Los paramilitares colombianos en sí mismo son una fuerza militar extranjera en Venezuela que el gobierno no ha combatido con la fuerza y la contundencia necesaria. En ella está el principal contingente desestabilizador del país que está actuando ahora y lo hará en mayor medida en el futuro si no se le pone coto temprano.

La debilidad mayor se ha manifestado en la incapacidad de impedir o al menos reducir el manejo mediático exterior que muestra un falso país en medio de una virtual guerra civil que no existe, pero que permite mantener la tensión a través de la magnificación en tiempo, espacio y volumen de la participación de las jornadas de violencia, las declaraciones de voceros del gobierno de Estados Unidos, además del de Panamá y sectores afines a la derecha española. En este sentido, no guarda ninguna relación la realidad del país con lo que se transmite a través de los medios en el exterior. 

A nivel interno, el conflicto ha permitido -una vez más- la cohesión de las fuerzas políticas que apoyan al gobierno, así como de las fuerzas armadas y de seguridad no solo en el manejo operativo del mismo, también en la visión doctrinaria de cómo enfrentar el intento de profundizar la situación hasta generar una crisis. Se ha hecho evidente que estas fuerzas armadas no son las de 1989. No están dispuestas ni operativa, ni sicológica, ni políticamente a reprimir al pueblo, pero asumen más que nunca el mandato constitucional de “…garantizar la independencia, la soberanía de la Nación…” y “asegurar (…) la cooperación en el mantenimiento del orden interno”. Mi percepción es que conflictos como éste coadyuvan a profundizar la alianza cívico-militar que tanto pregonara el Comandante Chávez como núcleo imprescindible de su proyecto.

En el plano internacional, a pesar de la arremetida estadounidense y de los medios de comunicación, el contundente apoyo al gobierno de Venezuela en la OEA y Unasur es una muestra de los cambios que están acaeciendo en el continente y que dan cuenta, que al menos en el plano regional, Estados Unidos no tendrá apoyo para sus aventuras desestabilizadoras, lo cual no impide que, -como en los casos de Honduras y Paraguay- de encontrar base de sustento interno, apuntarán al derrocamiento del gobierno por la fuerza, para posteriormente encontrar una base jurídica que respalde y legitime su acción.

El contexto internacional da cuenta, cada vez con mayor certeza que, como repite una y otra vez el presidente Rafael Correa vivimos un “cambio de época”. Los sucesos que ocurren en diversos escenarios de la región y del mundo están dando elementos para entender que los factores de poder mundial están construyendo con suprema vertiginosidad un paradigma distinto de democracia. Venezuela no es ajena a ello y debería ser una responsabilidad compartida encontrar respuestas para las nuevas modalidades imperiales de actuación que cuestionan los basamentos propios de la democracia representativa que los poderes oligárquicos edificaron a lo largo de 200 años. 

Retumban premonitorias las palabras del presidente Allende el 4 de septiembre de 1973, una semana antes del golpe de estado que lo derrocó. Al referirse a lo que estaba ocurriendo y ante la inminencia del alzamiento de la derecha apoyada por los militares dijo “Pero, mientras el pueblo ha cambiado en calidad, para mejorar su capacidad de construir una nueva realidad económica y política, el adversario ha desarrollado sus tácticas. Si antes del 4 de septiembre [se refiere a 1970 cuando fue elegido presidente de Chile (NA)] se usó la campaña del terror psicológico, hoy se le acompaña del atentado: el terrorismo efectivo contra vidas humanas, bienes públicos y privados. La reacción está demostrando que, para atajar el avance del pueblo, no vacila en recurrir a prácticas fascistas. Pero, hoy como hace tres años, Chile entero y el mundo están contemplando nuestra capacidad para seguir adelante, frente a un adversario que recurre a todo para derrotar al pueblo, aún a riesgo de destruir la Patria. Los que crearon ayer el sistema de gobierno que nos rige, no aceptan hoy ser gobernados y quieren destruirlo. Los que apoyaron ayer las instituciones del régimen para mantenerse en el gobierno, consideran hoy que ya no les sirven para sus intereses. Llegan a dejar reemplazar sus partidos políticos por grupos aventureros…” Estaba a 41 años de distancia de la Venezuela del año 2014.

Finalmente, la gran responsabilidad del gobierno sigue siendo restablecer la normalidad en el funcionamiento de la economía. Aunque ha quedado claro que la derecha tiene objetivos políticos desestabilizadores, el soporte de su discurso está montado sobre las dificultades económicas y sobre ellas ha incidido su actuación a partir de un plan bien estructurado que ya se conoció en tiempos de la Unidad Popular en Chile. En esa medida, el conflicto que se pretende establecer en las calles de forma permanente se soluciona haciendo que la economía responda de manera eficiente a las necesidades de los venezolanos.

martes, 11 de marzo de 2014

El Salvador. Diálogo imaginario entre Schafik Hándal y Salvador Sánchez Cerén.


Es difícil hablar un día como hoy cuando las emociones han desbordado la razón y un nuevo sueño se ha hecho realidad en El Salvador. Es mejor que hablen los protagonistas. Schafik Hándal, líder fundador del FMLN, fallecido lamentablemente en  enero de 2006 y Salvador Sánchez Cerén, presidente electo de esa república centroamericana.






Este diálogo imaginario tiene textos extraídos del libro “Legado de un revolucionario de Schafik Hándal (SH) y “Con sueños  se escribe la vida” de Salvador Sánchez Cerén (SSC). Los enlaces en cursiva son míos, solo para dar coherencia al texto

SH.  Salvador, hay algunas ideas equivocadas respecto al futuro.


“La tesis suprema de algunos compañeros es la siguiente: `Los dirigentes históricos quieren mantenerse siempre en oposición, nosotros queremos llegar al gobierno´ Estas afirmaciones son falsas, son afirmaciones gratuitas, eluden analizar abierta y transparentemente las capacidades y fraudes de la derecha para conservar el gobierno y nuestra eficaz manera de derrotarla en base  de una creciente acumulación de fuerzas. Eluden reconocer nuestro consistente avance en esa acumulación.

Para los revolucionarios el realismo responde a otro concepto: conocer y estudiar la realidad para cambiarla, no para someterse a ella. Y la viabilidad no tiene que ver con sacrificar principios y misión,  sino con saber definir y aplicar estrategias de organización y lucha que nos lleven a niveles superiores de conciencia, movilización del pueblo, alianzas, acumulación y vuelco a nuestro favor  de la correlación de fuerzas para lograr el cambio”.

 SSC. Claro Schafik. A veces pareciera que algunos olvidan nuestros orígenes.

 “En los últimos años, tras la firma de los Acuerdos de Paz el 16 de enero de 1992 visito con frecuencia Quezaltepeque, ubicado en el departamento de la Libertad. Mi pueblo, paraíso de mi infancia, el lugar donde vine a la vida y crecí en el seno de una familia numerosa, humilde, en la que me eduqué en valores humanos que procuro me acompañen siempre. Cuando camino por sus calles, me vienen a la memoria aquellos días felices de los años cuarenta y cincuenta y puedo verme a mí mismo por las calles empedradas y polvorientas en las que jugábamos (…) entre risas, gritos jubilosos y algún que otro pleito. Son raíces profundas las que me devuelven siempre a este pueblito mío, mostrándome que en cierto modo la vida es un eterno retorno y  que a pesar de los años no hay olvido sino necesidad de abrazar el paisaje de la niñez”.

SC. De ahí venimos. Eso somos. Hombres y mujeres del pueblo, pero nos acusan de ser muy radicales

 “En realidad, nuestro supuesto radicalismo no se puede definir en la actualidad como anticapitalismo total. El programa que hemos elaborado tiene a la base la conciencia de que no se trata de la volición inmediata del capitalismo en general, de toda expresión de relaciones capitalistas de producción, distribución e intercambio. De lo que se trata en nuestro Programa de la época de la Revolución Democrática, es de abolir el capitalismo neoliberal dependiente y asegurar el desarrollo nacional con justicia social y en democracia participativa, que supere la pobreza, el desempleo  profundo y crónico, el atraso educativo-cultural y científico-técnico, que garantice la salud, la vivienda, el medio ambiente, la equidad de géneros; que reactive la economía, reconstruya y fortalezca el tejido productivo nacional  agropecuario e industrial apoyando la pequeña y mediana empresa, las empresas cooperativas y desarrollando la integración regional. O dicho en pocas palabras: construir la base económica y social que haga posible transitar a una sociedad socialista”.

SSC. Esas ideas fueron los que nos permitieron entrar a dialogar con la misma entereza que fuimos a la guerra. ¿Te acuerdas Schafik?

 “El proceso de diálogo y negociación entre el gobierno y el FMLN  fue complejo. Hubo que superar una alta barrera de desconfianza. En segundo lugar nos vimos en la necesidad de construir un espacio de interlocución con un lenguaje que ayudara a la aproximación y no al distanciamiento. Un tercer esfuerzo se centró en la elaboración de una agenda y en el manejo lo más unificado posible de conceptos. En el interior del FMLN hicimos también un trabajo de inserción del proceso de negociación en una estrategia más amplia y ambiciosa que de ningún modo contemplaba un acuerdo de paz como el final del proceso revolucionario. En todo caso la vía del diálogo político era parte de la filosofía y la visión del FMLN desde 1981 cuando incorporamos a nuestra voluntad de  lucha la hipótesis de modificar el escenario institucional y político de nuestro país por la vía de un acuerdo político basado en principios y reglas democráticas, y que significara un avance sustantivo hacia la justicia social”.

SH. ..y ahí surgió un nuevo problema

“Hay quienes argumentan que no es posible generar un proceso de cambio desde dentro del sistema, actuando con las mismas reglas del sistema. Estoy en desacuerdo con esta opinión que se presenta como verdad absoluta e indiscutible. (…) Nada, pues autoriza hoy planteamientos dogmáticos sobre la vía de la revolución: Todas son posibles si las fuerzas revolucionarias, el partido de la revolución logra ganar el corazón y la mente del pueblo y si lo sabe organizar y conducir con acierto. Ello exige un partido fiel a su misión y un liderazgo experto y lúcido”.

SSC. Si, la vida nos dio la razón

“En 1994, cuando participamos por primera vez en las elecciones, llevamos un programa basado en los Acuerdos de Paz cuyo contenido era el desarrollo de la transición democrática. En esas elecciones generales en marzo de 1994, aspirábamos a ganar alcaldías, diputados, diputadas y la presidencia de la república. Logramos ganar las primeras 15 alcaldías y 21 diputados (de un total de 84), y aunque perdimos las presidenciales, nos convertimos en la segunda fuerza nacional”.

SH. Pero, eso tuvo una respuesta inmediata de quienes querían detener la historia

“Que en El Salvador se repitiera el fenómeno de la izquierda revolucionaria asumiendo el gobierno por vía electoral, fue lo que llevó al pánico a la gran burguesía y a su partido Arena en las elecciones en el 2004. Sus temores tenían fundamentos: para detenernos recurrieron a una operación gigantesca de atemorizamiento en la que participaron altos funcionarios de Estados Unidos (….). Y, sin embargo, gran parte de la ciudadanía entendió nuestro mensaje. Nosotros llegamos a ochocientos doce mil votos y eso es más que la suma de las dos veces anteriores que participamos en elecciones presidenciales, más que los votos con los que ganó Arena la Presidencia en cada una de las tres ocasiones anteriores y una vez y media más que nuestra votación mayoritaria para diputados y alcaldes de 2003”.

SSC. Y tal como dijimos, perseveramos y seguimos avanzando. Trabajamos en colectivo porque…

“…uno se comporta, crea y construye como parte de un contingente destacado del pueblo. Tengo claro que el afán por lo justo es una tarea comunitaria, popular, que no es suficiente con ser buena persona. Yo he sido parte de esta obra colectiva, porque son los pueblos los que construyen la historia, los que hacen las grandes transformaciones, las revoluciones, pues la realización de los cambios sociales y democráticos solo puede ser una tarea de las mayorías populares. De modo que integro ese segmento del pueblo más organizado, comprometido con la lucha por defender los ideales más nobles del ser humano, y en cierto modo mi vida personal, es al mismo tiempo expresión y espejo de la vida de muchos, de una experiencia colectiva”

SH. Te toca una gran tarea Salvador…

“Para nosotros es indispensable  llegar al gobierno, pero no es suficiente; es necesario preparar las condiciones que hagan posible que emprendamos verdaderas transformaciones estructurales, capaces de superar las causas que dan origen a la injusticia social, a la pobreza y al sistema político autoritario. Me estoy refiriendo a ganar el corazón y la mente del pueblo, elevar su conciencia revolucionaria mediante una intensa y sistemática lucha de ideas y propuestas concretas de soluciones a sus problemas y sufrimientos, construyendo una extensa, ramificada y poderosa organización popular, concertando y movilizando un amplísimo sistema de alianzas sociales y políticas, vinculando profundamente al FMLN con un creciente movimiento social; en fin, logrando un gran vuelco de correlación de fuerzas a nuestro favor como la fuerza revolucionaria capaz de transformar el país para bien de la gente”.

SSC. No te preocupes Schafik. Me conoces bien.

“Me incorporé a las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí y contribuí a unir nuestras fuerzas con otras fuerzas político-militares. Fui fundador del Frente Farabundo martí para la Liberación Nacional, FMLN, y no dudé cuando tuvimos que tomar la decisión de firmar los Acuerdos de Paz e iniciar un nuevo período de lucha. Todo mi pasado se vuelca hacia el presente y de manera especial hacia el futuro: sé que el camino es largo, duro y complejo, pero he aprendido a ser paciente y constante. No dudo de la victoria de nuestro pueblo y sé que la garantía de que ello suceda radica en que siempre combatiremos, lucharemos, por alcanzar mayores niveles de bienestar de la población de este pequeñito pero gran país”

Hoy ganamos Schafik, el pueblo obtuvo la victoria, es nuestra victoria, es tu victoria. Tu visión segura nos señaló el camino, la convicción de nuestras ideas y la certidumbre en la política que hemos desarrollado en cada momento de la lucha nos ha traído a este instante grandioso de la historia de El Salvador.


martes, 4 de marzo de 2014

Crimea, reciente expresión de la balanza de poder.


Hace tres semanas, en este mismo espacio escribí sobre el exabrupto de la subsecretaria de estado de Estados Unidos Victoria Nuland respecto de las contradicciones entre Europa y su país para manejar la crisis ucraniana. Ahí adelantábamos algunos escenarios probables de lo que podía suceder, sobre todo a partir de la percepción de Rusia sobre el tema y la importancia que esta potencia euroasiática le daba particularmente a Crimea. Decía en esa ocasión refiriéndome a Ucrania que “…su ubicación geográfica y su soberanía sobre Crimea desde 1954, le permiten tener algunos de los puertos más importantes en el mar Negro. En Sebastopol se encuentra –después de un acuerdo bilateral- la gigantesca Flota Rusa del Mar Negro que opera en el flanco sur del territorio ruso y en el Mar Mediterráneo, lo que le da importancia estratégica”.


Hoy, se tiene que hablar de un hecho consumado: la ocupación rusa de Crimea, un acontecimiento que era fácil de prever en las condiciones de balanza de poder que comienza a construir el mundo desde la crisis económica y financiera de Estados Unidos que lo debilitó, haciendo inviable mantener la unipolaridad como soporte del sistema internacional.

A través de la historia, Crimea ha sido una encrucijada de culturas y un territorio de permanente conflicto. Distintas civilizaciones se han establecido en esta península de 26 mil kilómetros cuadrados con costas en los mares Negro y de Azov.

La mezcla de los mongoles, -que permanecieron varios siglos- con los turcos que la ocuparon posteriormente, dio origen a los tártaros de Crimea que podrían considerarse sus habitantes autóctonos. Casi a finales del siglo XVIII, la zarina Catalina II incorporó Crimea a Rusia después de la victoria de esta sobre los turcos en 1774.

En 1922, cuando se creó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Crimea se transformó en república autónoma dentro de la estructura política del grandioso país que nacía. .El apoyo de parte importante de los tártaros al ejército nazi durante la segunda guerra mundial dio pié a que, al finalizar la contienda, Stalin decidiera deportarlos a Siberia en grandes cantidades. Así comenzó a incrementarse la población rusa en la península, hasta que llegó a ser la mayoría, situación que se mantiene en la actualidad. De la misma manera, en 1954, Crimea fue despojada de su condición de república autónoma dentro de la Unión Soviética e incorporada en esa condición a la República Socialista Soviética de Ucrania. Esta decisión tuvo importantes consecuencias al desintegrarse la URSS toda vez que el control de los territorios marítimos del sur ha sido trascendental para Moscú desde hace dos siglos. Desde los puertos de Crimea y especialmente desde la base naval se Sebastopol, sede de la Flota del mar Negro, Rusia puede tener influencia sobre el este de Europa, el Mar Mediterráneo y el Medio Oriente.

Entre 1992 y 1997, Rusia y Ucrania negociaron la soberanía de la península. Rusia argüía que Crimea tenía un status espacial por ser la sede de la base naval. Finalmente reconoció la soberanía ucraniana sobre el territorio pero firmaron un acuerdo (renovable) por el cual la flota rusa puede permanecer en la base naval hasta el año 2042. Además del turismo, la actividad económica fundamental de Crimea gira en torno a la base naval que por razones de interés estratégico goza de una importante inyección de recursos financieros de Rusia, los que se derraman a toda la península en forma de empleos y elevación de la actividad económica respecto de sus alrededores.

La flota del mar Negro fue creada en 1783, en un momento posterior a la incorporación de Crimea a Rusia. El acuerdo de 1997, dividió la flota entre Ucrania y Rusia, a esta le correspondió conservar el 70% de las embarcaciones y aceptó que podía contar con un máximo de 388 naves entre ellas 14 submarinos convencionales, sin embargo, no puede ampliar esa cantidad y debe tener un permiso especial de las autoridades ucranianas en caso que necesite sustituir uno de esos buques.

Esta situación es la que determina la actuación de Rusia frente al conflicto ucraniano y su reciente intervención militar en la península. Una vez que el presidente Víktor Yanukovich fue destituido, la mayoría rusa de Crimea solicitó el regreso a la Constitución de 1992 que establecía la independencia, desconociendo a su vez al nuevo gobierno instalado en Kiev, la capital de Ucrania. El Parlamento de Crimea debió reunirse el pasado 26 de febrero para tomar una decisión respecto de la demanda rusa, sin embargo, la minoría tártara declaró lealtad a Kiev y rechazaron la moción. Este fue el inicio de manifestaciones de la población rusa en toda la península pidiendo la realización de un referendo que establezca un nuevo status político para Crimea. Las acciones de una y otra parte llevaron a la violencia. Rusia entendió que sus connacionales corrían peligro y el presidente Putin solicitó al Senado la autorización para el envío de un contingente militar a Crimea. La carta de Putin al Senado expresa que "Debido a la extraordinaria situación en Ucrania, la amenaza para la vida de los ciudadanos de la Federación de Rusia (...), al contingente de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia acuarteladas en Ucrania (...) solicito al Consejo de la Federación el empleo de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia en territorio de Ucrania hasta la normalización sociopolítica en ese país”. La respuesta de la instancia legislativa no se hizo esperar. Le pidió al Presidente que tome "todas las medidas posibles para proteger la vida y la seguridad de los ciudadanos de la Federación de Rusia que viven en Ucrania, nuestros compatriotas y el contingente de las Fuerzas Armadas de la Federación de Rusia acuartelado en Ucrania". Esa decisión condujo a que el sábado 1° de marzo, 6000 soldados del ejército ruso arribaran a Crimea en una misión que Rusia asume como de protección de sus ciudadanos.

Así mismo, ese sábado el presidente del parlamento de Crimea anunció que en el referéndum del próximo 30 de marzo se preguntará a los habitantes si quieren que Crimea reciba el estatus de Estado. Agregó que las autoridades de la península actuarán inflexiblemente en el marco de la Constitución y de las leyes de Ucrania. Además, hizo hincapié en que el Parlamento de Crimea asume la responsabilidad política de la situación en la península "en condiciones de la profunda crisis en la que Ucrania está sumergida, en términos de ilegalidad y arbitrariedad", dada las condiciones de la injerencia europea y estadounidense que produjo el cambio de gobierno en Ucrania.

Esta acción decidida por las más altas instancias rusas se inscriben en la lógica de los nuevos tiempos. A pesar de las advertencias amenazantes de Occidente, lo más probable es que Ucrania inicie un largo período de inestabilidad signada por la influencia rusa en Crimea y la región este del país, y la de Occidente en la zona oeste fronteriza con Europa. En Kiev permanecerá un gobierno aliado de Europa que incrementará sus vínculos con la OTAN, creando una situación de tensión permanente, toda vez que Rusia considera que la presencia de la alianza militar en la cercanía de sus fronteras es un peligro para su seguridad nacional.

Los líderes europeos han reaccionado rechazando la intervención rusa, pero su discurso ha sido cauteloso. Tal vez consideran su dependencia energética de ese país. Francia, Alemania y Gran Bretaña manifestaron preocupación por los acontecimientos y exhortaron a las partes a evitar una escalada en las acciones y a Rusia a respetar la soberanía de Ucrania. 

Distinto ha sido el lenguaje de Estados Unidos. El presidente Barack Obama advirtió amenazante que la intervención rusa “podría acarrear costos”. En palabras que resultan risibles en boca de un presidente estadounidense dijo que lo ocurrido es una "profunda interferencia" que contraviene la "ley internacional". La diplomacia estadounidense comenzó a actuar para convencer a sus aliados europeos a no asistir a la Cumbre del Grupo de los 8 (G-8) que se debe realizar en junio en la ciudad rusa de Sochi, relativamente cerca de Crimea. Así mismo, se han contemplado otras medidas de presión económica contra Rusia. El Secretario de Estado Kerry, incluso sugirió la posibilidad de expulsar a Rusia de ese grupo que congrega a las principales potencias políticas, económicas y militares del planeta. Por su parte, la OTAN en línea con el gobierno de Estados Unidos y olvidando que han sido los promotores y ejecutores de las más brutales y descarnadas intervenciones militares del presente siglo, establece pautas de comportamiento que serían importantes aplicar no sólo por Rusia sino por todos los miembros de la alianza. En una declaración que es la expresión más alta de la hipocresía, la soberbia imperial y la duplicidad de criterios el secretario general de la OTAN, el danés Anders Fogh Rasmussen manifestó que "lo que hace Rusia en Ucrania viola los principios de la Carta de las Naciones Unidas”. Se olvida de Afganistán, Irak, Libia y Siria. 

Sin embargo, como expresión de una de las características del equilibrio que se vive en el sistema internacional, no se vislumbran acciones militares o una guerra entre potencias en Ucrania. El analista Dmitry Trenin, del Centro Carnegie de Moscú, no cree que el objetivo de Putin en Crimea sea una guerra. El especialista dijo al sitio online de la revista alemana Der Spiegel que "Rusia quiere evitar un baño de sangre" y explicó que las acciones militares rusas están encaminadas a “bloquear las vías de acercamiento para prevenir que unidades del ejército o la policía ucranianas o voluntarios nacionalistas entren en Crimea…”.

Hoy, el conflicto entre las potencias no es bélico, sino retórico, y no pasará a mayores mientras se respeten las áreas de influencia de cada uno. Las sanciones económicas, políticas y diplomáticas, solo contribuyen a mantener el equilibrio, evitando los desbordes que puedan desnivelar la balanza de poder a favor de uno u otro. La diferencia entre lo que hoy ocurre respecto de 10 años atrás, es que ahora Rusia y China han decidido ser protagonistas reales en el escenario internacional y Occidente lo ha tenido que aceptar. Rusia permanecerá en Crimea como lo hace en Georgia desde 2008.