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martes, 19 de diciembre de 2017

Canción de navidad




El fin de año huele a compras, 
enhorabuenas y postales 
con votos de renovación; 
y yo que sé del otro mundo 
que pide vida en los portales, 
me doy a hacer una canción. 
La gente luce estar de acuerdo, 
maravillosamente todo 
parece afín al celebrar. 
Unos festejan sus millones, 
otros la camisita limpia 
y hay quien no sabe qué es brindar.
Silvio Rodríguez. Canción de navidad


Un día de diciembre de 1987 me encontré casualmente con Silvio Rodríguez en el aeropuerto de La Habana, venía de hacer varios conciertos en Argentina, yo estaba esperando a un amigo que arribó en el mismo vuelo. La persona que iría a buscar a Silvio al aeropuerto se atrasó y aprovechamos de conversar en el estacionamiento de la terminal aérea. Le había ido muy bien en su estadía en tierra gauchas y estaba contento, pero de lo que más me habló fue de la terrible impresión que le había causado la cercanía de la navidad y las diferencias que evidentemente iba a ocasionar en los hogares argentinos la abrumadora brecha que él percibió y palpó de forma directa en el poder adquisitivo de las familias, y que, sin duda alguna, acarrearían contrastes en la celebración de las fiestas decembrinas. Un tiempo después, el cantor y poeta compuso esta canción de la cual extraigo un verso para iniciar este artículo.

Lamentablemente, treinta años después, la situación no es distinta, en la navidad de 2017, tal como dice Silvio, habrá muchas familias que no sabrán lo que es brindar.


En 2016, el 11% de la población mundial, es decir 615 millones de personas sufrían de hambre según cifras entregadas por la Organización Mundial de la salud (OMS), incrementándose el guarismo en 38 millones respecto del año anterior. Un dato espeluznante del mismo informe es que cada año mueren 5,6 millones de niños por hambre o carencia de agua potable. Lo desalentador de estos antecedentes, es que por primera vez en los últimos 15 años estas cifran volvieron a aumentar. Así mismo, creció el número de personas subalimentadas y las que padecen hambre crónica, lo que produce un retraso en el crecimiento de los niños, afectándose por esta causa 155 millones de infantes, mientras que 50 millones tienen un peso demasiado bajo para su estatura.

Según el informe “Estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2017” elaborado por la mencionada organización internacional, las causas principales que han provocado esta situación son la proliferación de los conflictos en el planeta y las perturbaciones originadas por el clima. Aunque entre los años 1990 y 2015 el porcentaje de población mundial que sufría de malnutrición disminuyó a la mitad, la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha alertado en el sentido de que en caso de mantenerse la conflictividad global será imposible exterminar la pobreza y cumplir con la que posiblemente sea la más importante de todas las metas que se haya propuesto la humanidad, cual es acabar con la malnutrición y la pobreza para el año 2030 cumpliendo con la Agenda para el Desarrollo Sostenible, aprobada por la ONU en 2015.

En América Latina y el Caribe la situación no es diferente, aunque en los primeros años del siglo XXI, un fuerte incremento en la inversión social permitió disminuir la gigantesca brecha en la desigualdad de los ingresos, causa principal de la pobreza en una región que sigue siendo la más desigual del mundo, en 2015, 7 millones de latinoamericanos se volvieron pobres, alcanzando la exorbitante cifra de 175 millones de personas. De ellas, 75 millones viven en la indigencia, 5 millones más que en 2014. En 2016, según la FAO, se alcanzó la terrible cantidad de 42.5 millones de niños y niñas menores de 5 años con malnutrición crónica, un 8% más que en 2013.

El crecimiento de la clase media como producto de la aplicación de medidas de mejoramiento de las condiciones de vida de los ciudadanos por parte de una buena cantidad de gobiernos de la región, sobre todo en materia de empleo, mejoramiento de los ingresos mínimos de varios países, políticas de redistribución de ingresos y protección social durante los primeros quince años de este siglo, no impide constatar la fragilidad de este sector que hoy alcanza al 35% de la población de la región, toda vez que las cifras que soportan esa condición son extraordinariamente disimiles: aunque un 38% consigue más de US$ 10 diarios, el 39% recibe entre US$ 4 y 10 y un 23% obtiene menos de US$ 4 al día, pero si continúa la tendencia regresiva, la situación de este sector se torna riesgosa en extremo y la probabilidad de que se siga engrosando la población pobre es muy alta. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), calcula que otros 30 millones de personas podrían caer en condición de pobreza. 

Según un informe preparado por el investigador argentino Javier Tolcachier del Centro Mundial de Estudios Humanistas, al comenzar el siglo había en la región 225 millones de pobres (44%) con casi 100 millones de indigentes (19,3%). Esta cifra cayó a 29 y 12%, respectivamente, lo que implica que al menos 50 millones de personas salieron de la pobreza y 25 millones de la indigencia. Sin embargo, desde 2012 se observa el estancamiento de esta mejoría, incluso comenzando a subir tanto el número de pobres como el de indigentes hacia finales de este período.

En este ámbito, China se ubica en el otro polo. Según el presidente Xi Jinping la lucha para erradicar la pobreza, mejorar el nivel de vida del pueblo y alcanzar la prosperidad es considerada un objetivo esencial del socialismo. A pesar de todos los avances en ese sentido, la cantidad de ciudadanos pobres en el país es elevada, sobre todo en las zonas rurales, por lo que resulta imposible hablar de cumplimento del objetivo de lograr una sociedad modestamente acomodada en 2020, es decir un país sin pobreza, sin superar ese rezago, por lo que se seguirán haciendo los mayores esfuerzos en este ámbito.

A este respecto, la ONU ha reconocido que la estrategia china para combatir la pobreza, no solo ha permitido extraer a millones de personas de esa situación, también ha proporcionado esperanzas de que este camino es posible para otros países del mundo. El propio Secretario General del organismo Antonio Guterres afirmó que: "No debemos olvidar que China ha sido la que más ha contribuido durante la última década en la lucha contra la pobreza", y agregó que “a la luz del frágil ambiente internacional, trabajar por el desarrollo es un importante canal para prevenir los conflictos”. Así mismo, se ha reconocido que China resolvió el problema de la falta de alimentos y ropa a más de 1.300 millones de personas y sacó de la pobreza a más de 700 millones, lo que significa una reducción de más del 70% de la población mundial, transformándose en el primer país en cumplir el Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir la pobreza a la mitad. Además, el país ofreció empleo a 770 millones de personas, logró la cobertura total de educación obligatoria para los niños de hasta 9 años, ha proporcionado seguridad a 230 millones de ancianos y 85 millones de personas con discapacidad y ha aumentado la esperanza de vida al nacer de 35 años en 1949 a 76 en la actualidad por lo que la ONU considera que China es el país con crecimiento más rápido en los últimos 30 años. Según Tom Zwart director del Instituto de Derechos Humanos de Holanda es el logro más importante de la historia en materia de derechos humanos.

En general, como se dijo antes, en los últimos 30 años, además de recatar a 700 millones de personas de la pobreza, la pobreza de la población rural cayó a 55,75 millones de personas en 2015 y la incidencia de pobreza se redujo hasta 5,7 % ese mismo año, mientras que en el país ese indicador se redujo a 4,2%. Solo en el período 2013-2016, un total de 55,64 millones de personas del área rural salieron de la pobreza (12,4 millones en 2016), para ello, los ingresos en estas áreas crecieron a una tasa más elevada que la media nacional. Al finalizar 2016, quedaban 43,35 millones de ciudadanos en condición de pobreza, lo cual augura que, de seguir el trabajo que se propone sacar a 10 millones de ciudadanos de esa condición por año, la meta pautada para el 2020 será cumplida casi totalmente.

He ahí las diferencias que produce encarar una tarea tan trascendente desde la óptica del capitalismo o del socialismo. Las cifras no mienten y los resultados están a la vista. 

Por lo pronto, este año cuando celebre la navidad y esa noche sus hijos reciban los regalos o durante la cena de año nuevo en familia, recuerde y recuérdele a sus seres queridos que usted y ellos son unos privilegiados. No se olvide que allá afuera hay “… otro mundo”, y que existe gente “que pide vida en los portales” como evoca el extraordinario compositor cubano.
 

domingo, 10 de diciembre de 2017

Trump se prepara para “incendiar el Reichstag”


“Las cosas podrían desmoronarse rápidamente” si el mundo no sigue los principios democráticos. “Eso es lo que sucedió en la década de 1930 en Alemania, donde a pesar de la democracia de la República de Weimar y siglos de logros culturales y científicos de alto nivel, llegó a dominar Adolfo Hitler”. “El peligro es crecer de forma complaciente. Tenemos que atender a este jardín de la democracia o las cosas podrían desmoronarse rápidamente” “Entonces, ustedes deben prestar atención. Y votar”. Las frases anteriores no provienen de un “trasnochado” militante de la extrema izquierda antifascista, tampoco de un activista social antiglobalización, no se trata de un tenaz luchador por los derechos humanos en algún país del tercer mundo, vale aclarar que estas palabras no hacían referencia a Venezuela, Rusia o Irán: tal vez se sorprendan, pero fueron pronunciadas por Barack Obama en un discurso en el Club Económico de Chicago el pasado martes 5 de diciembre y se refería a la situación actual de Estados Unidos y al gobierno de Donald Trump, aunque nunca lo mencionó.

La semana pasada, mi articula titulado “Una enfermiza ansiedad por controlar el poder” despertó algunas inquietudes y hubo lectores que me escribieron para decirme que consideraban que el texto era un tanto pesimista y que reflejaba una visión extrema de la situación. Aunque ahí decía que “En Estados Unidos, el presidente Donald Trump y la ultraderecha nazi y fundamentalista que con cada vez mayor cercanía lo arropa, han desatado como nunca antes una espiral guerrerista que comienza a asustar a la propia ciudadanía estadounidense que está empezando a resentir la aplicación interna de su propia medicina. La exacerbación de sentimientos nacionalistas, xenófobos, racistas, misóginos y homofóbicos que se manifiestan en el plano interno, pero también en el internacional preocupa a millones de ciudadanos decentes de Estados Unidos y el mundo”. No me consta que Obama sea un ciudadano decente, pero me sorprende que tengamos las mismas preocupaciones. Tampoco sé si su llamado a votar, es expresión de su preocupación por el agotamiento del sistema de democracia electoral, que va generalizando lel nombramiento de presidentes solo apoyados por entre 20 y 25% de los electores…y a eso se le llama democracia. Ya verán lo que va a pasar en Chile la próxima semana.

Antes, el 5 de noviembre en otro artículo denominado “Nikki Haley y los neoconservadores se preparan para asaltar el poder”, al conocer las particularidades ideológicas de los sostenedores de esa tendencia que han trepado a las más altas instancias de poder en Estados Unidos dije que “Tras conocer estas características, se puede concluir que el pensamiento neoconservador es lo más cercano al fascismo, el nazismo y el ADEAfalangismo que inundaron Europa a mediados del siglo pasado, causando la mayor devastación que la humanidad haya conocido jamás”

Los hechos políticos actuales son tan inverosímiles que algunas opiniones aparecen como expresiones extremistas y visiones radicales, pero lamentablemente manifiestan la terrible realidad. Ahí está Barack Obama para confirmarlo. No hay exageración en lo que se relata, hoy está ocurriendo una regresión al pasado que ni siquiera se vivió durante los tenebrosos tiempos del binomio Reagan-Thatcher.

Justo cuando escribo este artículo, aparece otro del brillante escritor uruguayo, radicado en Estados Unidos, Jorge Majfud titulado “La gran crisis del siglo XXI” en el que manifiesta que “Hoy en 2017, estamos sentados sobre una bomba de tiempo. Mejor dicho, sobre dos, interconectadas”. Se refiere, por un lado a la exorbitante acumulación de dinero, por tanto de poder político y militar en manos de una minoría y a la superlativa amenaza ecológica, por el otro. También Majfud, hace alusión al “creciente fascismo”. Dice el escritor uruguayo “Cualquiera de estas dos bombas de tiempo que estalle primero hará estallar a la otra. Entonces, veremos una catástrofe mundial sin precedentes”.

En solo una semana, en Estados Unidos se aprobó una nueva reforma tributaria que reduce los impuestos para lo más ricos, aunque también el gobierno se propone rebajar el monto del presupuesto, eso se hará a costa de la disminución del gasto social, es decir, la reducción del presupuesto, procederá, aumentando las cargas a los más pobres. De la misma manera Trump decidió rebajar la cantidad de áreas protegidas en dos parques nacionales del estado de Utah en lo que se considera la mayor reducción de tierras públicas protegidas en toda la historia de Estados Unidos, así, recortó en un 85%, el territorio bajo protección de Bears Ears, una extensa área que había sido declarada en esa condición por el gobierno anterior, y redujo casi el 46% de la superficie de Grand Staircase-Escalante, un parque protegido en 1996.

Pero, lo que rebasó todo atisbo de racionalidad política por parte del gobierno de Estados Unidos, fue la decisión del Presidente Trump de reconocer a Jerusalén como capital de la entidad sionista y trasladar la embajada de su país a esa ciudad, considerada lugar santo para las tres religiones monoteístas: islamismo, cristianismo y judaísmo. Esta disposición estadounidense viola la Resolución 478 del año 1980 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que condenó el intento de anexión de Jerusalén este por parte de Israel, condenando de la manera más enérgica una ley israelí que pretendió declarar a la ciudad como capital “eterna e indivisible” de la entidad sionista, declarando así mismo que tal decisión era una violación del derecho internacional. Paradójicamente, Estados Unidos no vetó dicha resolución, por lo que pudo ser aprobada. Esa misma resolución instó a los países el mundo a retirar sus embajadas de la ciudad y trasladarlas a Tel Aviv.

La decisión de Trump solo puede entenderse como una provocación que permita atizar el conflicto en el Medio Oriente, desatar la violencia en la región y, de esa manera, crear una situación de inestabilidad que permita aumentar las ventas de armas y justificar el incremento de la presencia militar estadounidense en los ya devastados países de esa zona del planeta. La medida tomada por Trump permitió en pocas horas generar el más amplio arco iris de opiniones en contra de la misma: desde los gobiernos europeos habitualmente sumisos a Estados Unidos como Francia y Alemania, el Papa Francisco, el secretario general de la ONU, el presidente de Turquía, el Movimiento de Países No Alineados que la rechazó por unanimidad de sus 120 miembros, y hasta…Rex Tillerson y James Mattis, secretarios de Estado y de Defensa de Estados Unidos. Solo Trump ha sido capaz de lograr eso.

Con esta decisión, Trump abrió una nueva etapa del conflicto en la región cuando la derrota del Estado Islámico en Irak y Siria permitía pensar que la se podría avanzar hacia una situación más promisoria. Está visto que el papel de Estados Unidos en el mundo, es echar gasolina al fuego, para mantener al mundo en tensión. No, no hay exageración, el nuevo Hitler estadounidense pretende como su par nazi, en febrero de 1933, “incendiar el Reichstag”, buscar culpables donde no están y justificar de esa manera, la fundación del Tercer Reich para llevar a Alemania hacia el nazi-fascismo. Tal vez eso estaba pensando Obama cuando se atrevió a hacer tan tenebrosa comparación. Todo el mundo debería recordarlo, especialmente los judíos.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Una enfermiza ansiedad por controlar el poder.


La crisis del sistema no solo se manifiesta en términos económicos y financieros que es la cara más visible del problema. La esencia de la sociedad capitalista es la distribución inequitativa de la riqueza y, en esta etapa imperialista, la acumulación concentrada de la misma. Eso se ha ido expresando en años recientes, en los que a pesar de la crisis, las ganancias de una minoría ha aumentado de forma exponencial: en 2014, 85 personas ostentaban la mitad de la riqueza mundial, eso se redujo a 62 en 2016 y a solo 8 este año. Por el contrario, la pobreza y el hambre crecieron en el planeta por primera vez en 15 años. Las cifras son suficientemente elocuentes para expresar el fracaso de este sistema como modelo de prosperidad y buen vivir de sus habitantes sin embargo, se hacen esfuerzos descomunales para seguir sosteniendo una razón que cae hecha pedazos ante las evidencias.

Cuando se revisan las noticias del planeta en los últimos días se asiste a un axiomático desquiciamiento existencial en los comportamientos de estadistas y políticos que sólo son reflejo de la desesperación por mantener el poder a toda costa en condiciones de crisis palpable. Tal vez, al hacer una retrospección histórica podremos encontrar que no existen alteraciones -respecto de actuaciones anteriores-, referidas al deformado uso de la democracia como instrumento de paz y convivencia social, el problema es que los expedientes de esta democracia tal como la conocemos se están terminando y los poderosos están recurriendo de manera obligada a la prepotencia y la soberbia, a la represión y la fuerza, al asesinato y la guerra como instrumentos para sostenerse en el poder, maximizar ganancias y avasallar a los pueblos. 

En África, el presidente de Francia Emmanuel Macron, durante una visita a Burkina Faso, cual jerarca imperial, se permitió humillar al presidente del país que lo acogía durante un discurso en la universidad de la capital, fue de tal dimensión el exabrupto colonial que el mandatario burkinabés Roch Marc Christian Kaboré se vio obligado a abandonar abruptamente la sala, respondiendo de manera digna al insuflado bufón galo, cuya popularidad decrece aceleradamente en su país. Paralelamente, la ONU descubrió con “horror” que cientos de años de colonialismo en el continente africano y la “intervención humanitaria” de la OTAN en África recientemente, han generado un fenómeno que el líder libio Muamar Gadafi vaticinó con precisión, muchos años antes. Como si hubiera descubierto el agua tibia, el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados afirmó que “Demasiado a menudo, las medidas en relación con las rutas del Mediterráneo se han centrado en cómo controlar, disuadir y excluir. Esto puede tener un efecto deshumanizador y, aún más importante, por sí solo no ayuda a los refugiados y migrantes” y agregó, “Los graves abusos perpetrados contra migrantes y refugiados en las rutas del Mediterráneo central ya no pueden ser ignorados”. Todo ello, después que se descubrió que en pleno siglo XXI, los inmigrantes son subastados como esclavos en Libia. Rasgando vestiduras los mandatarios europeos reunidos en Cumbre junto a sus pares africanos, buscan explicación a tan salvaje práctica, sin reconocer que sus países han sido los responsables directos de esta situación que escapa al entendimiento más elemental, y que solo tiene esclarecimiento en la perenne y ancestral barbarie europea, continente del que han emergido las actuaciones más tenebrosas, brutales y crueles de la historia de la humanidad, para después venderse a sí misma como región civilizada del planeta. Nunca podrán darse cuenta que las intervenciones militares que generan y las guerras que procrean les terminarán estallando en su propio territorio en forma de incesantes migraciones masivas y, peor aún, en repulsivo terrorismo que como siempre, afectará la vida de inocentes ciudadanos inermes, víctimas en primer lugar de sus propios gobernantes.

Por su parte, Arabia Saudita ha inaugurado una nueva forma de simultánea lucha política y recaudación de impuestos, el novedoso método consiste en capturar a los rivales políticos, llevarlos a un centro de detención y obligarlos bajo tortura que paguen sumas multimillonarias de dinero por su libertad. De esa forma, el joven sátrapa saudita Mohammed bin Salman, pretende seguir financiando el genocidio contra el pueblo de Yemen y el apoyo al terrorismo en el mundo, bajo la atenta mirada y la bendición de Estados Unidos y Europa. 

En Estados Unidos, el presidente Donald Trump y la ultraderecha nazi y fundamentalista que con cada vez mayor cercanía lo arropa, han desatado como nunca antes un espiral guerrerista que comienza a asustar a la propia ciudadanía estadounidense que está empezando a resentir la aplicación interna de su propia medicina. La exacerbación de sentimientos nacionalistas, xenófobos, racistas, misóginos y homofóbicos que se manifiestan en el plano interno, pero también en el internacional preocupa a millones de ciudadanos decentes de estados Unidos y el mundo. En el colmo de la desfachatez, después de haber tomado medidas restrictivas para el trabajo de los medios de comunicación rusos, y tras acciones de iguales características y dimensiones adoptadas por Rusia, la vocera del Departamento de Estado de Estados Unidos Heather Nauert afirmó que "La nueva legislación que permite al Ministerio de Justicia calificar como 'agentes extranjeros' y supervisar o bloquear ciertas actividades en internet supone otra amenaza a la prensa libre en Rusia". Para los que no lo entienden, las medidas tomadas por Estados Unidos son de defensa de su país, pero si las mismas son establecidas por otra nación, manifiestan una expresión de violación a la libertad de expresión. Que alguien me explique este doble rasero que solo mentes idiotas son capaces de exteriorizar.


No andan las cosas mejor en nuestra región, las sacrosantas elecciones que se vendían como el templo de la democracia, hoy son abiertamente una expresión prostibularia de la política. En Chile, los militares en retiro, sostenedores de la dictadura militar y de la Constitución aprobada fraudulentamente en dictadura que rige ese país, se reunieron con el ex candidato de la ultra derecha fascista José Antonio Kast para expresar a través de él, su decisión de apoyar a Sebastián Piñera en las elecciones del 17 de diciembre “para salvar al país de un nuevo gobierno marxista”. Kast aprovechó de agradecer el apoyo del “mundo militar, evangélico y conservador” que le dio 8% de votos en primera vuelta. Es de suponer que si se están preparando para salvaguardar al país del “marxismo duro” como le llaman, en caso que gane Guillier (quien por cierto, no le llega ni a la suela de los zapatos al presidente Salvador Allende) estarían dispuestos a otro 11 de septiembre, lo cual paradójicamente será apoyado por aproximadamente la mitad de los chilenos que votan, lo cual no supera el 22% de los ciudadanos en edad de hacerlo.

En otra latitud de América Latina, específicamente en Honduras, parece estarse consumando un fraude. Cualquier analista que se especialice en temas electorales sabe que con un 60% de votos escrutados y un 5% de diferencia, es imposible una remontada. En Honduras, sí está ocurriendo con la mirada cómplice del gobierno de Estados Unidos que vocifera histéricamente ante cualquier resultado electoral en Venezuela, pero ampara este repugnante saqueo de la voluntad popular. Al igual que en 2009, la oligarquía de ese país amparada en el poder de los militares más trogloditas del continente, pretende una vez más violentar la democracia, cosa que se puede hacer cuando eres amigo de Estados Unidos. La base militar de Washington en Palmerola se encuentra en alerta de combate, lista para apoyar al corrupto devenido presidente Juan Orlando Hernández, en su afán de continuar otros 4 años expoliando las arcas nacionales y asesinando luchadores sociales. Sólo la paralización del país y la movilización del pueblo, lamentablemente con un seguro costo de sangre podrá impedir que se consume el golpe de Estado, Made in United States.

Lejos de avanzar, el mundo pareciera caminar hacia atrás, las fuerzas retrógradas de la historia intentan imponer a sangre y fuego una lógica de muerte y destrucción, de hambre y miseria, pero “no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista” como dice el proverbio popular. En momentos como éste, siempre recuerdo al Presidente Allende cuando en el trance de inmolarse para no defraudar la lealtad del pueblo, nos legara su optimismo para siempre: “mucho más temprano que tarde se abrirán las grandes alamedas, por donde pase el hombre libre a construir una sociedad mejor”, aunque los milicos fachos, los Kast y los Piñera de Chile y el mundo pretendan impedirlo.