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domingo, 26 de febrero de 2012

La pelota está en la cancha del presidente Santos.


El 5 de julio de 2008, mientras me desempeñaba como Embajador de Venezuela en Nicaragua fui entrevistado por el periódico “El Nuevo Diario” de Managua para que opinara sobre la entonces reciente liberación de Ingrid Betancourt y otros rehenes que habían estado por años en cautiverio bajo control de las FARC. Sin titubeos respondí  “En ningún caso es admisible el secuestro de civiles, en ningún conflicto bélico de ninguna característica…” y agregué más adelante “La humanidad está por encima de todo, por encima de las diferencias ideológicas, políticas, o de cualquier tipo…”.

Más recientemente, en esta misma columna, el 6 de noviembre del año pasado con el nombre de “La negociación es el único camino hacia la paz en Colombia” afirmé  que “Después de la muerte de Alfonso Cano, el presidente Santos ofreció como alternativas la rendición o la muerte, lo cual en pocas palabras es la continuación de la guerra, en contra de la opinión de millones de colombianos que claman por la paz y la negociación. Un vencedor -como lo es Santos en este momento-, debió haber sido “generoso en la victoria”. Enfaticé más adelante “Lo que cabe es escuchar a los que han hecho un llamado a la negociación que le evite a Colombia más muertes y más destrucción, que impida que la guerra siga siendo el negocio de una minoría, que no haya más perseguidos, asesinados ni secuestrados, que los falsos positivos sean parte del pasado, que las organizaciones sindicales y sus dirigentes puedan desarrollar sus actividades de manera segura y que no haya más desplazados”. Soy un total convencido de ello.

En una  declaración fechada el pasado 26 de febrero, el Secretariado de las FARC.EP ha comunicado “…nuestra decisión de sumar a la anunciada liberación de los seis prisioneros de guerra, la de los cuatro restantes en nuestro poder”  y han  dado  a conocer una información de gran trascendencia para Colombia en lo que respecta a la práctica del secuestro: “Con la misma voluntad indicada arriba, anunciamos también que a partir de la fecha proscribimos la práctica de ellas en nuestra actuación revolucionaria”.

Al escribir estas líneas, habían transcurrido pocas horas de la noticia, sin embargo, como era de esperarse, la misma recibió inmediatas muestras de apoyo de diversos sectores de la sociedad colombiana y de otros países. Como era de esperarse también, fue puesta en duda por el ex presidente Uribe, quien sigue apostando por el conflicto y la guerra.



La experiencia ha demostrado que en estas situaciones, lo más difícil es dar el primer paso. Al igual que Uribe, no faltarán los agoreros que pretendan cerrar todo camino a la armonía, la concordia y el diálogo. De la misma manera que en noviembre pasado, la pelota está en la cancha del Presidente Santos. De él depende que esta decisión unilateral de las FARC sea ese primer paso ineludible para el regreso de todos los secuestrados a sus hogares y el inicio de la negociación para una paz definitiva, necesaria para Colombia y para toda América Latina y el Caribe.

domingo, 19 de febrero de 2012

¿Monarquías o repúblicas?


Cuando Bolívar y los Libertadores nos procuraron independencia y patria estaban distantes de pensar el salto gigantesco en la historia que habían dado para los países cuya libertad conquistaron.

Entre los múltiples  significados y las incontables repercusiones que tuvo para los pueblos de nuestra región ese salto adelante encarnó la instauración de un nuevo sistema político: el republicano.

En su discurso en el Congreso de Angostura, Bolívar  debate consigo mismo acerca de los sistemas monárquicos y republicanos y afirma “…me siento arrebatado de gozo por los grandes pasos que ha dado nuestra República al entrar en su noble carrera. Amando lo más útil, animada de lo más justo y aspirando a lo más perfecto al separarse Venezuela de la Nación Española, ha recobrado su Independencia, su Libertad, su Igualdad, su Soberanía Nacional. Constituyéndose en una  República Democrática, proscribió la Monarquía, las distinciones, la nobleza, los fueros, los privilegios: declaró los derechos del hombre, la Libertad de obrar, de pensar, de hablar y de escribir…”.

Como República Democrática nos caracterizaba Bolívar en aquel lejano 1819, ni republicanos ni demócratas son los sátrapas que gobiernan en Arabia Saudita,  Kuwait, Bahréin, Omán, Catar, y los Emiratos Árabes Unidos, confabulados en la Organización de Cooperación del Golfo.  Aquellos que ostentan el poder mundial no se han molestado en cuestionar que en esos países no existe parlamento, ni partidos políticos, ni sindicatos, mucho menos elecciones o atisbos de lo que hoy se asume incluso por nuestras rancias derechas latinoamericanas como parámetros básicos de la democracia representativa.

Sustentados en la monumental riqueza surgida de la propiedad de la enorme riqueza energética de su subsuelo, imponen sus decisiones en la Liga Árabe.  Tomaron las decisiones que llevaron a cambios superfluos en Egipto y Túnez y a los sangrientos bombardeos contra el inerme pueblo libio, y pretenden hacer lo mismo en Siria e Irán, todos con gobiernos republicanos. Por supuesto, contaron con el apoyo de la OTAN, algunos de cuyos miembros, también poseen anticuadas y parasitarias monarquías.

Lejos estaba el Padre de la Patria de suponer que casi 200 años después las monarquías seguirían avasallando a los pueblos y tomando decisiones en organismos internacionales que involucran la libertad y la independencia de otros países que han adoptado el sistema republicano.


Una de esos putrefactos estados monárquicos europeos, sumergido en una profunda crisis económica y financiera, y que se ha asumido como una provincia de Estados Unidos en Europa, pretende sembrar para siempre su huella repulsiva en nuestro continente y  ha mandado a uno de sus principitos como cabeza de puente de un contingente militar que en las Malvinas y el Atlántico Sur crea inestabilidad y zozobra, pretendiendo iniciar una carrera armamentística  en nuestra región  horadando con ello nuestro pasado y nuestras tradiciones republicanas, de pueblos libres que defenderán unidos y por vía pacífica ese sagrado territorio  argentino y latinoamericano.