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sábado, 21 de octubre de 2017

De un 20 de septiembre a otro: la esencia del imperialismo no cambia


Cuando se hurga en la historia aparecen increíbles veleidades y asombrosas coincidencias que de no ser por las abrumadoras implicaciones que tienen para la vida humana, podrían pasar totalmente inadvertidas. Por supuesto, aceptando que finalmente estas casualidades no son más que anécdotas, el análisis con criterio histórico de las mismas aporta resultados dignos de investigación y estudio por las conclusiones que de ella se derivan.

Así, el 20 de septiembre ha pasado a ser un día nefasto para la humanidad, si nos atenemos al impacto de las aseveraciones hechas en sendos alocuciones pronunciadas ese día por dos presidentes estadounidenses con 16 años de diferencia: en 2001 George W. Bush y en 2017, Donald Trump.

Casi al despuntar el siglo, las palabras de Bush condujeron a trascendentes cambios en la estructura global. En un momento en que se estaba por determinar el sistema internacional que imperaría a futuro, Estados Unidos definió a su favor la disyuntiva entre un mundo multipolar y uno unipolar. De esa manera, la potencia norteamericana emergió como único poder mundial con el apoyo de todos para luchar contra el nuevo "comunismo" ahora denominado "terrorismo". Las declaraciones de Bush del 11 y 12 de septiembre de 2001 y sobre todo la del día 20 de septiembre de ese año establecieron, al igual que la Declaración Monroe y el Destino Manifiesto del siglo XIX y las 14 medidas de Wilson en el siglo XX, el elemento ordenador y de principios de la política exterior de Estados Unidos para el siglo actual.

Lo que podríamos denominar como “Paradigma Bush” o Doctrina Bush de política exterior de Estados Unidos se caracteriza entre otras cosas por las siguientes definiciones: 

1. La utilización de cualquier arma de guerra que sea necesaria. Las operaciones militares se prolongarían en el tiempo. Según el presidente Bush las mismas no tendrán “paralelo en nuestra historia”. En este sentido, ya llevamos 16 años de guerras sin que el terrorismo haya podido ser derrotado, al contrario, asume nuevas estructuras y formas, todas originadas en medidas unilaterales tomadas por Estados Unidos.

2. La obligación de los países de asumir una postura ante la decisión de Estados Unidos que no dejaba espacios a posiciones alternativas: “Cualquier nación, en cualquier lugar, tiene ahora que tomar una decisión: o están con nosotros o están con el terrorismo”. Era la definición de un mundo falsamente bipolar. Los nuevos polos serían Estados Unidos y el terrorismo. Ante la imposibilidad de estar con el terrorismo lo que se hizo fue imponer por primera vez en la historia un mundo unipolar.

3. La exacerbación de sentimientos nacionalistas y militaristas: “Les he pedido a las Fuerzas Armadas que estén en alerta, y hay una razón para ello: se acerca la hora de que entremos en acción, y ustedes nos van hacer sentir orgullosos”.

4. El involucramiento de todos los países y pueblos en el conflicto:”Esta es una lucha de todo el mundo, esta es una lucha de la civilización”. Lucha en la que por supuesto Estados Unidos asumía la vanguardia y el resto del mundo, incluyendo aliados y adversarios se le subordinaban por igual.

5. La aceptación en el marco de un mundo unipolar de que el líder era Estados Unidos: “Los logros de nuestros tiempos y la esperanza de todos los tiempos dependen de nosotros”.

6. Finalmente, la necesaria inspiración divina encarnada también por Estados Unidos: Dijo el presidente Bush “No sabemos cuál va a ser el derrotero de este conflicto, pero sí cuál va a ser el desenlace [...] Y sabemos que Dios no es neutral”

El 11 de septiembre le permitió a Estados Unidos imponer el mundo unipolar, su sueño más preciado desde la desaparición de la Unión Soviética. Los terroristas, (internos o externos), sean quienes sean los que ejecutaron tan bárbaras y repudiables acciones, sólo favorecieron a un país: Estados Unidos.


La brutalidad se impuso en el mundo, hasta que en 2008 la crisis obligó a posponer su paradigma unipolar. Obama, a pesar de ser el presidente más guerrerista de la historia, no pudo mantener la majestad y el señorío mundial de su país. El sistema eligió a un outsider para que retomara el liderazgo dubitativo en el que los había sumido Obama, lo cual los obligó a comenzar a pensar que contra su voluntad, debían compartir la hegemonía.

Trump, a quien el columnista del New York Times Charles M. Blow comparó con Hitler por “la forma en que ha manipulado al pueblo estadounidense con mentiras escandalosas” y el escritor Paul Auster caracterizó como “un psicópata maníaco y una amenaza mundial” que es ”incapaz de leer un libro” pronunció el pasado 20 de septiembre en la Asamblea General de la ONU, un discurso propio de esas características.

Sin siquiera ruborizarse, utilizó la máxima tribuna mundial, para amenazar, mentir y alterar la realidad, suponiendo que los estadistas presentes y el mundo son cretinos e ignorantes como él. Con una retórica propia de las películas bélicas de Hollywood, que terminan siendo creídas como si fueran reales por la sociedad estadounidense, Trump, hablando de paz, arremetió contra el mundo desafiándolo con la guerra:

1. Hizo saber que estaba en su ciudad. Como los perros, marcó su territorio, recordándole al resto de los participantes que no eran de ahí. Así, se hizo patente, la incongruencia que significa que la máxima instancia de la paz en el mundo tenga su sede en el país que mayores guerras ha desatado desde el inicio de su existencia.

2. En el preámbulo de su aviesa e intimidante alocución aludió al presupuesto militar de Estados Unidos se elevó a casi 700 mil millones de dólares. ¿A cuenta de qué ese dato en el escenario donde se viene a hablar de la paz en el planeta?, reafirmando además que el ejército de Estados Unidos “pronto será el más fuerte que haya existido”.

3. Con total carencia de tacto diplomático, habló de “los regímenes canallas representados en este organismo” equiparándolos con “terroristas y extremistas” que “han aunado sus fuerzas”, sin mencionar a quien se estaba refiriendo.

4. Con el más arbitrario desparpajo se refirió a que “las redes criminales internacionales trafican drogas, armas, personas; obligan a la dislocación y a la migración masiva; amenazan nuestras fronteras” sin decir que Estados Unidos es el mayor criminal de la historia reciente, el país que más muertos ha generado, el único que lanzó la bomba atómica contra ciudades inermes. El que más guerras ha iniciado, el que más drogas consume, creando así el mayor mercado de sustancias prohibidas que jamás haya existido, solo porque los ingentes recursos que produce fluyen por su sistema financiero. 

5. Dijo que hay que “garantizar que las nuevas generaciones de niños crezcan libres de violencia, odio y miedo”. Cuando son las acciones de su país las organizaciones terroristas que prohíja, su cine y su televisión, las que forjan esos dañinos sentimientos en los jóvenes del mundo

6. Al referirse a la ONU, afirmó que se creó para conformar “un futuro mejor” y que los pilares de la organización estaban sujetos a la intención de las naciones de “cooperar para proteger su soberanía, preservar su seguridad y promover su prosperidad”, obviando que la acción internacional cotidiana de su país, atenta contra esos pilares, socavando a diario la estructura del sistema internacional.

7. Mencionando el Plan Marshall, recordó al Presidente Truman quien dijo que esa acción fue en consonancia con el apoyo de su país a la ONU. Entonces, ¿por qué se sale de la UNESCO y pone en duda el trabajo de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) en Irán?, que ha dado pruebas de profesionalismo y diligencia.

8. Haciendo gala de sus mejores condiciones histriónicas dijo que “En los Estados Unidos no buscamos imponer nuestro estilo de vida a nadie”. Tal vez sea verdad, pero fuera de Estados Unidos se lo tratan de imponer a todo el mundo y en la mayoría de las ocasiones por la fuerza, la invasión y la intervención de todo tipo.

9. Desesperado porque le creyeran aseguró que “En los Estados Unidos, el pueblo gobierna, el pueblo manda, y el pueblo es soberano”. Si, sobre todo el pueblo multimillonario como él y como más del 80% de los senadores, representantes y gobernadores, que necesitan gastar una suma inimaginable para ser electos.

10. A diferencia de Obama quien decía que no había que recordar la historia, Trump, quiso recordar que “La devoción de Estados Unidos se mide en los campos de batalla donde nuestros jóvenes, hombres y mujeres, han luchado y se han sacrificado junto a nuestros aliados, desde las playas de Europa hasta los desiertos de Oriente Medio y las selvas de Asia” Debería recordar que el Desembarco de Normandía significó miles de muertos no por la acción del ejército nazi, sino por la impericia de sus generales y que se produjo cuando ya la guerra había sido prácticamente ganada por la Unión Soviética después de la Batalla de Stalingrado. Todo lo demás han sido vulgares incursiones o invasiones, donde los militares estadounidenses se han dedicado a asesinar, violar, saquear y sembrar el terror y el caos.

11. Continuando con la lección de historia refirió que “…no buscamos la expansión territorial ni intentamos oponernos e imponer nuestro modo de vida a los demás”. Se le olvidó decir que la expansión territorial de Estados Unidos había finalizado a mediados del siglo XIX, aunque realmente concluyó en 1898 cuando se apoderaron de Puerto Rico. Sino pregúntele a los pueblos originarios del oeste y a los mexicanos.

12. Incluso, no muy veladamente se permitió amenazar a Rusia y China: “Debemos rechazar las amenazas a la soberanía desde Ucrania hasta el Mar de China Meridional”. Debe ser que este señor no sabe que esos territorios quedan bastante lejos de Estados Unidos, mientras que si están ubicados en el perímetro de seguridad de Rusia y China, los que están obligados a salvaguardar su soberanía que si está en peligro por las acciones provocadoras que Estados Unidos desarrolla allí.

13. Lamentablemente, en prensa, el espacio es limitado y no me puedo seguir extendiendo pero, para cerrar con broche de oro, Trump vertió furiosas amenazas contra la República Popular Democrática de Corea, Irán, Siria, Cuba y Venezuela. Haciendo uso de una verborrea barata, el presidente de Estados Unidos ladró para intentar coaccionar a estos países, incluso con armas nucleares, solo minutos después que el Secretario General de la ONU António Guterres, había advertido que en un momento tan peligroso como éste, un "…lenguaje inflamatorio puede dar lugar a malentendidos fatales". Es decir, se burló groseramente de la máxima autoridad de la organización mundial.

14. Por cierto, refiriéndose al Medio Oriente, esbozó como un gran honor haber visitado Arabia Saudita. Aunque se le olvidó decir que su gran logro fue venderle 110 mil millones de dólares en armas al mayor régimen terrorista del mundo, anunció que “acordamos que todas las naciones responsables deben trabajar de conjunto para enfrentar a los terroristas y al extremismo islamista que los inspira”. Es decir según él van a hacer una alianza de las naciones que promueven el terrorismo en el Medio Oriente para luchar contra el mismo, o algo así como apagar el fuego con gasolina. 

15. Lanzando un salvavidas a su aliado saudita, le dio carácter de guerra civil a la intervención militar de la monarquía wahabita en Yemen, negando con ello el carácter intervencionista y mercenario del ejército de Riad.

16. Se ahogó hablando del socialismo como algo concluido en la historia. Hay que perdonarlo, no sabía que solo unos días después, el Secretario General del Partido Comunista de China y Presidente de ese país Xi Jinping, al hacer el informe al XIX Congreso de su partido, anunció que en el año 1949, fecha del centenario de la creación de la República Popular, el país más poblado del mundo habrá creado las condiciones para construir un país socialista moderno.

17. Al cierre de su discurso lanzó una interrogante: “La historia nos pregunta si estamos a la altura de la tarea”. La respuesta es fácil: No, Donald, no estás a la altura, eres sólo un millonario ignorante y desquiciado que intenta poner al mundo al borde de la destrucción, eso sí lo puedes hacer, pero la humanidad sana y amante de la paz que es mayoritaria te lo impedirá.

18. Como siempre, pediste al final que Dios bendiga tus desmanes, eres tan cobarde que después de amenazar y patear a casi todo el mundo, pretendes que Dios bendiga tus acciones. Tal vez tu Dios sepa que debe hacer contigo. El mundo lo agradecerá.

lunes, 16 de octubre de 2017

La ayuda humanitaria: nueva modalidad del intervencionismo imperial.



El 15 de diciembre de 1999 ocurrió en Venezuela el peor desastre natural de su historia, cientos de toneladas de piedras y árboles cayeron desde la montaña hacia la costa oriental del Estado Vargas, causando destrucción y muerte al paso de las aguas que bajaron con furia inusitada después de un día en que los pluviómetros marcaron en un día la misma cantidad de lluvia caída que la de todo un año normal. Se calcula que hubo alrededor de 25.000 muertos, aunque esa cifra nunca ha podido ser corroborada

Ese día también hubo elecciones: se votaba en referéndum para aprobar la nueva Constitución que había sido redactada tras largos meses de duro trabajo. Por ello, en cumplimiento del “Plan República” que conmina a la Fuerza Armada a prestar apoyo y seguridad al ente electoral, los militares estaban desplegados a lo largo y ancho del país. Fue un hecho providencial, dado que el terrible impacto del desastre natural, pudo tener una respuesta inmediata de parte de la institución castrense después de recibir la orden del Presidente Chávez de volcarse en la ayuda de la población. Tal vez por primera vez en la historia, la ciudadanía percibió que la institución armada era amiga y cercana al pueblo. Este hecho marcó una pauta de futuro en la relación cívica militaren el país.

Varios países amigos acudieron solidariamente en socorro de Venezuela prestando asistencia material y humana, así mismo, casi de inmediato, el gobierno de Estados Unidos presidido por Bill Clinton resolvió sin consultar con su par venezolano, enviar barcos de su armada cargados de marines quienes no se caracterizan precisamente por su carácter humanitario. El presidente Chávez rechazó la intromisión estadounidense y no permitió que esos navíos atracaran en los puertos del país, en una decisión que desató impúdicamente el feroz repudio de una oposición acostumbrada a acatar la medida yanqui, aún cuando esta fuera violatoria de la soberanía nacional.


Años después, en 2005, Naciones Unidas aprobó la “Doctrina de la Responsabilidad de Proteger” como instrumento para “intervenir humanitariamente” en aquellos países en que el Estado no tiene capacidad de impedir que su población sea objeto de crímenes graves. En el papel, dicha doctrina aparece como un paso adelante en el acto no solo de proteger a las víctimas, también en la salvaguarda de la paz y la seguridad internacional cuando la violación sistemática de derechos humanos puede conducir a la grave alteración de la situación política de un país, incluso con el peligro de que tal situación supere las fronteras nacionales. Hasta ahí, todo está bien, pero cuando se vive en un sistema internacional bajo la égida dictatorial de las cinco potencias que ocupan puestos permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU, tal instrumento solo sirve -como tristemente han demostrado los hechos- para legitimar la injerencia y la intervención en los asuntos internos de los Estados. 

El caso más elocuente en este sentido ha sido el de Libia en 2011, pero aquí, en nuestra región, un año antes en enero de 2010, las fuerzas armadas de Estados Unidos si lograron el propósito de instalarse en Haití, incluso ocupando el derruido palacio de gobierno, y sembrando la muerte de decenas de ciudadanos que pululaban por las calles de Puerto Príncipe clamando por comida y atención médica. Los humanitarios marines estadounidenses no hallaron mejor solución que disparar a mansalva “para eliminar el problema”. Pero los grandes ganadores de la tragedia de Haití fueron el expresidente Bill Clinton (el mismo que había enviado sus barcos a Venezuela) quien junto a su esposa y actuando como Enviado Especial de la ONU, colíder del Fondo Clinton-Bush para Haití (junto al también expresidente George W. Bush) y copresidente de la Comisión Interina de Recuperación de Haití, un órgano semigubernamental de planificación de Estados Unidos hicieran el negocio de su vida, recaudando cientos de millones de dólares que no llegaron a las víctimas del desolado país sino a sus arcas personales, incluso recibiendo promoción (que posteriormente se hizo pública) de su esposa, la en ese entonces Secretaria de Estado.

Ahora, cuando se ha producido una avalancha de violentos huracanes que han afectado la región, Estados Unidos se vale de ello para militarizar el Caribe, recomponiendo su aparato militar y aprovechando de entrenar a sus tropas para futuras acciones intervencionistas. No por conocido, el método de apelar a la “ayuda humanitaria” deja de ser pernicioso: primero, la USAID acude al país devastado, una vez que constata la insuficiencia de su capacidad, se solicita la presencia de las Fuerzas Armadas. Vale recordar que el presupuesto de la USAID para América Latina en el año fiscal que comenzó el pasado 1° de octubre sufrió un recorte del 60%, mientras que el del Pentágono creció en un 10%. 

En este caso 300 marines dislocados en Honduras, fueron movilizados para “brindar apoyo” al Caribe. Aunque esta es teóricamente una de las misiones del Comando Sur, en la historia y en el pensamiento de los pueblos de la región está presente que la tal ayuda humanitaria es uno de los tantos subterfugios de Estados Unidos para consolidar su posicionamiento militar en regiones donde necesita establecer una presencia de carácter estratégico. El problema fundamental es que la estancia de la armada de Estados Unidos en algunos casos no se justifica, cuando lo que realmente se necesitan son médicos, rescatistas y personal de apoyo logístico especializado, no tropas capacitadas para invasiones, ocupaciones, desembarcos o incursiones como los son las fuerzas de infantería de marina de la Armada de Estados Unidos. Por ejemplo, se ha informado que una de las unidades movilizadas hacia Puerto Rico es la 101 División Aerotransportada (DAT) la que junto a la 82 División Aerotransportada configuran las fuerzas de intervención militar de élite. En sus 75 años de existencia la 101 DAT jamás ha cumplido una misión de este tipo, mientras que si se le ha conocido por ser ariete de las agresiones militares estadounidenses en Vietnam, Laos, Afganistán e Irak.

La aceptación de estas operaciones a través de las cuáles el Pentágono se ofrece para conceder ayuda transitoria, se ejecutan a partir de la instalación de Centros de Emergencia Regionales, que se transforman en la mampara preferida para incoar e establecimiento de bases militares de tiempo completo. 

En el caso de Puerto Rico, además, el gobierno estadounidense y los militares que controlan el poder en ese país, han decidido desplegar aviones, helicópteros y barcos de la Armada, procedentes de doce estados de la unión americana, destacando entre ellos el buque de asalto anfibio USS Kearsarge, que se encarga de inspeccionar las costas para ubicar probables puntos de desembarco, así mismo 20 unidades de aviación, infantería de marina y logística conforman el contingente militar enviado a Puerto Rico ante las mermadas capacidades de la USAID y los mecanismos civiles de real ayuda humanitaria.

La opinión pública puertorriqueña no ha tardado en manifestar su preocupación por la probable temporalidad de la presencia de estas fuerzas militares en la isla, y no han dudado en expresar la inquietud que desata la posibilidad de una larga estadía del ejército imperial en este país, colonia de Estados Unidos. La imagen de Haití tras el terremoto de 2010 está presente en el imaginario del pueblo borincano donde como recuerda Francisco Santiago, Copresidente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) “estuvieron mucho tiempo dirigiendo el país”. Esta situación acaecida en Haití, establece un paralelo con Puerto Rico donde ha sido designado el Teniente General Jeffrey Buchanan a cargo de las operaciones para el manejo de la emergencia, con lo que además del control financiero directo de Estados Unidos al país, ahora ha sumado también un gobernante militar de facto ejerciendo la supremacía sobre la sociedad boricua.

Estas operaciones, vienen a complementar una serie de acciones del gobierno de Estados Unidos contra Venezuela, que llegó incluso a consumarse en la amenaza del presidente Trump de intervenir militarmente en el país. Además de este despliegue bélico inusitado, en junio del presente año se realizó en las cercanías de las costas de Venezuela el ejercicio militar y naval Tradewinds 2017 con la participación de 18 países, bajo conducción del Comando Sur de Estados Unidos, también presentado como "una maniobra multinacional de seguridad marítima y respuesta a desastres en el Caribe”.

Sin embargo, la vida se encargó muy pronto y de forma lamentable de demostrar que tras el paso de los huracanes Irma y María, la tan cacareada ayuda humanitaria de Estados Unidos se ha reducido a publicidad en las redes sociales, a un apoyo retórico que no se ha manifestado en la práctica, y que además está totalmente alejado de las capacidades y las potencialidades económicas del país del norte, desnudando con ello, su verdadera catadura intervencionista y su desinterés en los pueblos de América, si no es con ánimo agresivo y expoliador.

En el ámbito más amplio estas acciones se inscriben dentro de la Operación Venezuela Freedom 2, elaborada e implementada por el Comando Sur, la OEA y el grupo de países autodenominados “Perritos simpáticos en la alfombra” constituido por 13 gobiernos de la región subordinados políticamente a Estados Unidos.

viernes, 6 de octubre de 2017

Che. Un hombre de otra época*


Hablar del Comandante Ernesto Che Guevara entraña una gran responsabilidad y un inmenso honor. Pocas personalidades de la historia contemporánea han copado la multitud de opiniones y comentarios de índole tan disímil, que su figura ha transitado por las inconmensurables facetas de leyenda o aventurero y “Quijote” del siglo XX, con la misma intensidad.

El problema de fondo es que el Che no fue un hombre de su época, como todas las grandes personalidades de la historia, se antecedió a ella, su visión de mundo transcurría mucho después de los acontecimientos cotidianos que le tocó vivir, y como aquellos adalides extraordinarios, podía otear los sucesos del futuro, adelantándose a su época. Como Bolívar y Fidel, como Einstein y Galileo, como Newton, Darwin y Copérnico, el Che fue un incomprendido, alguien que con su práctica trazó un camino señero en el comportamiento del hombre del futuro, a partir de una práctica y de una cotidianeidad basada en el realce de los mejores valores de la condición humana para ponerlos al servicio de la construcción de una nueva sociedad en la que la humanidad pueda, en plenitud de condiciones, desatar su espíritu edificador de un mundo mejor.

El aniversario de la caída del Che que hoy conmemoramos en su quincuagésimo aniversario nos trae el recuerdo de un hombre que incluso después de su muerte ha resistido en el tiempo, las falsas imágenes que se pretendieron erigir en torno a él. Mucho se ha hablado del Che como un estereotipo, como un mito mediante el cual el movimiento revolucionario y especialmente Cuba intentaban edificar una falsa “deidad” que sirviera para desatar el ímpetu de la lucha contra el capitalismo y el imperialismo, es decir como si fuera un “Superman” comunista que permitía desbrozar el camino de la revolución.

Desde el momento de su muerte, la propaganda imperialista pretendió asociar al Che con la idea de fracaso, de derrota, de fin de una época. Así, su ausencia física y el fin del proyecto que inició en Bolivia se podía exponer como la liquidación de una idea y de la posibilidad de construir un mundo distinto. Aunque no existía la posverdad y los medios de comunicación no eran tan tenebrosamente poderosos como ahora, la falsificación de la historia pretendía eliminar la mejor imagen de lucha inclaudicable y desinteresada que un hombre podía emprender en contra de los explotadores, incluso al precio de sacrificar su propia vida. Se equivocaron, con su sangre, el Che sembró un camino que no se ha dejado de transitar ni un solo día de la historia de Nuestra América.

La amplitud del pensamiento político y las facetas que transitó en su fructífera vida, nos permite tener una visión sino acabada, bastante aproximada de la impronta del Comandante Ernesto Guevara. El Che dedicó parte de su vida a teorizar sobre la estrategia y la táctica para la toma del poder en América Latina. Muy comúnmente se le ha adjudicado una supuesta visión dogmática respecto del papel de la lucha armada y la guerra de guerrillas como única opción para la toma del poder, acusándolo además de intentar extrapolar la experiencia de la revolución cubana. Sin embargo, la realidad es que, como lo reflejan sus escritos, siempre concibió la lucha guerrillera, como lucha de masas, como lucha popular.

Muy pocos analistas de la época (y él no era un a analista sino un luchador social) tuvieron la capacidad del Che para esbozar una interpretación tan acabada de la forma como se manifestaba la acción imperialista en América Latina, también en África y Asia, así mismo estudió y expuso acertadas ideas respecto de la situación económica de la región, la lucha de clases, el papel del Estado y el carácter de la revolución. De igual manera, su conocimiento de la historia latinoamericana, su capacidad para tener una visión totalizante de la problemática global y su influencia en los países subdesarrollados, le permitió construir un sólido paradigma que aportaba sustancialmente al camino de la liberación.

Vale decir, que, como es conocido, no se quedó en la confección teórica, su obra es sobre todo práctica, la llevo a cabo en su quehacer como estadista, como dirigente político, edificador de instituciones en la Cuba de los primeros años de revolución, también en la lucha en la Sierra Maestra y en las misiones internacionalistas en diferentes latitudes y longitudes del planeta.

La lucha ideológica cobró fuerza en estas condiciones, no sólo en el proceso de construcción socialista en Cuba, también en los debates que se generaban por la influencia de la revolución en los luchadores y en las organizaciones políticas de la región. Esto es primordial para alejarlo del dogma y ubicarlo responsablemente en su condición de pensador dialéctico y de ejecutor práctico de los procesos de transformación de la sociedad. Afirmó que “La Revolución Cubana ha mostrado una experiencia que no quiere ser única en América Latina” y reprochó a quienes trataron de “implantar la experiencia cubana sin ponerse a razonar mucho si es o no el lugar adecuado “. Pareciera que estaba “mirando” el futuro más inmediato cuando solo tres años después de su muerte habría de fructificar esta idea en Chile de la mano del presidente Salvador Allende, en la Revolución Sandinista un poco más de una década posterior a su partida y en los recientes procesos populares que el devenir del siglo XXI trajeron para América Latina y el Caribe.

Así mismo, contrario a lo que se suele pensar, jamás hizo de la lucha armada una condición obligada del camino revolucionario, opinaba que ello dependía de encontrar el momento adecuado en que existieran las circunstancias que la hicieran posible, para lo cual se requería dos factores que deben complementarse en lo subjetivo, “…la conciencia de la necesidad del cambio y la certeza de la posibilidad de este cambio revolucionario”, a lo cual agregaba como imprescindible, la existencia de condiciones objetivas, la firmeza en la voluntad de lograrlo y una correlación de fuerzas favorable en el mundo, entendiendo si, que era responsabilidad de los luchadores revolucionarios, trabajar por crear esas condiciones, y no sentarse a esperar que ellas maduraran por sí mismas. Pensaba que las fuerzas progresistas debían “utilizar hasta el último minuto la posibilidad de la lucha legal dentro de las condiciones burguesas” como lo expuso con determinación en su obra “Táctica y Estrategia de la Revolución Latinoamericana”, sin embargo no dejó de alertar acerca de que una victoria electoral del movimiento popular, que diera paso a la aplicación de un programa de gobierno orientado a grandes transformaciones sociales en un país, traería necesariamente la resistencia de los instrumentos de dominación de clase, en particular de las fuerzas armadas a fin de impedir la ejecución de tal programa, afirmando premonitoriamente que esa ejecutoria podría devenir en golpes de Estado como lamentablemente ocurrió en varios países de nuestra región muy pocos años después de la muerte del Che.

En su rol de estadista, el Comandante Guevara dejó una estela de dignidad y principios. En julio de 1960, durante un congreso latinoamericano de juventudes, expresó incluso, comprensión hacia aquellos gobiernos latinoamericanos que se prestaban para confabularse al lado de Estados Unidos en su agresión contra Cuba y se manifestó respetuoso de la soberanía de esos países, pero precisamente aquí en Uruguay, en Punta del Este en agosto de 1961, solo unos meses después de la derrota de la invasión mercenaria en Playa Girón, el Che advirtió que Cuba no podría ser separada del corazón de las naciones latinoamericanas, y que lucharía por no ser apartada de la organización que los agrupaba, aceptando incluso que la Alianza para el Progreso, podría llevar una mejoría de las condiciones de vida de decenas de miles de habitantes de la región. No es la opinión del guerrero desalmado que el imperialismo y sus voceros han querido mostrar, sino de un líder, un estadista que ante todo tenía la capacidad de entregar una gran cuota de amor y solidaridad a la humanidad, poseedor de una inconmensurable flexibilidad táctica en el análisis, mente fría y pasión revolucionaria en el tratamiento de asuntos sumamente complejos.

Ese sentir humanista del Che, lo llevó a una vida de sacrificios en pro de dar el ejemplo sin proponérselo, sino como actitud cotidiana de vida, a diseñar y seguir caminos, estuvo totalmente alejado de la vanagloria personal. Percibió como nadie la necesidad de un hombre nuevo que debería estar motivado por valores que superaran la visión mercantilista del trabajo, lo cual se manifestó en los hechos, en la promoción de un gran movimiento de trabajo voluntario que encaraba la construcción de la obra humana alejada de la búsqueda del beneficio personal, que para el Che era parte sustancial de la edificación del socialismo en Cuba, creando preceptos que no han sido mellados por las necesarias transformaciones que se deben hacer para enfrentar los retos de una economía mucho más interdependiente en el marco de un sistema capitalista cada vez más agresivo e intervencionista.

La consumación de la obra del Che vino dada por su convicción internacionalista que lo llevó a una prédica de la cual no quiso estar apartado en la práctica. Esta semana estamos recordando precisamente, los primeros cincuenta años desde que aquel 8 de octubre diera un paso a la inmortalidad, entregando su vida en las selvas de Bolivia, dando con ello al internacionalismo, el horizonte más alto de desprendimiento en favor de la humanidad, sin importar en qué rincón de la geografía del planeta se lucha y se está dispuesto a la victoria o la muerte.

El Che, se entregó al internacionalismo como expresión de solidaridad activa en su proyecto de luchar por una sociedad mejor, de manera leal, auténtica y aherrojado de un soporte ético que le hacía ponerse al frente de cualquier tarea que enfrentara, incluso la postrera hace ya cincuenta años, lo hizo como siempre, como un soldado más, alejado de las glorias de su pasado como comandante de la revolución cubana o como dirigente del más alto nivel del gobierno de la Cuba revolucionaria. Lo encaró con el mismo desprendimiento con que se incorporó al Granma, entusiasmado por el inicio de la epopeya que Fidel le había propuesto, lo hizo con la misma entereza que le permitió resistir los brutales ataques de asma en la humedad de la selva tropical de la Sierra Maestra, lo asumió con el mismo fervor con que resolvió las responsabilidades gubernamentales de una gestión que se inició casi de inmediato bajo el asedio imperial.

¡Y cuando cayó, llegó a la muerte, con la misma convicción que vivió, para estar junto a nosotros, encabezando las nuevas batallas que se libran y se habrán de librar hasta la victoria, siempre!!!! 

*Palabras en la conmemoración del Quincuagésimo aniversario de la caída del Che en el acto organizado por el Sindicato Único de la Construcción y Anexos (SUNCA) de Uruguay el 4 de octubre de 2017.

viernes, 29 de septiembre de 2017

El imperio por dentro, crisis, poder y guerra.


El eje del desolador panorama de la situación mundial está signado por la llegada de Donald Trump al gobierno de Estados Unidos. De solo pensar que si hubiera sido Hillary Clinton, la presidenta del país más poderoso del mundo, la situación hubiera sido mucho peor resulta espeluznante y aterrador. Pero, esa es hoy la realidad de un sistema político que ha tenido un corrimiento hacia posiciones ultra reaccionarias como nunca antes en la historia, llevándose como un huracán no sólo aquellos que desde el partido republicano profesan la fe más conservadora, también a los demócratas que en el léxico de Estados Unidos son considerados como liberales. 

La conducción política de Estados Unidos hoy asume, -en los hechos- un pensamiento claramente fascista, que solo tiene parangón ideológico en la historia, durante los prolegómenos de la segunda guerra mundial, cuando Adolfo Hitler llegó al poder en Alemania. Sin embargo, los estudios más acuciosos de la realidad interna de Estados Unidos afirman que esta situación no se está produciendo gracias a Donald Trump, sino a pesar de Donald Trump.

Esta afirmación que a primera vista podría causar hilaridad y sorpresa, se explica por la razón de que en los hechos no es Trump quien gobierna, sino que son aquellos que ostentan el poder real, los que están aprovechando una situación ideal producida por la ignorancia, la idiotez y la mentalidad troglodita del presidente estadounidense, todo lo cual crea condiciones óptimas para la imposición de una política guerrerista, amenazante, belicista e intervencionista del poder real, ese que manda desde las sombras.

En el trasfondo, lo que impera es el aparato globalizador que tiene en Estados Unidos a su eje, el cual llegó al poder con el gobierno de Obama y se mantiene aún hoy con Trump. Éste, pensó combatirlo a partir del desarrollo de una política de "nacionalismo económico” que proponía que la maximización de ganancias para las grandes empresas de Estados Unidos iba a ser el motor de la dinamización económica del país en crisis desde 2008.

Para ello, se debería disminuir la presencia militar de Estados Unidos en el planeta y mermar la actitud intervencionista no sólo en términos políticos, también en los económicos. En sus semanas iniciales de gobierno, Trump quiso aplicar su programa de gobierno “Estados Unidos primero”, para lo cual era básico disminuir y eliminar la confrontación con Rusia y hacer asumir a la OTAN parte de los gastos de guerra pero de inmediato sufrió el efecto demoledor del conjunto del aparato formado por Wall Street, (poder financiero), el Pentágono y las agencias de inteligencia (poder militar, de seguridad y espionaje) y las grandes trasnacionales de la comunicación (poder mediático), las que actuando como un todo, hicieron capitular al presidente de Estados Unidos en solo seis meses, por lo que a éste no le quedó otra opción, que actuando como el gran bufón que es, sumarse al poder real que encarna en los hechos, el Secretario de Defensa James Mattis. Esto ha tenido variadas repercusiones, pero en lo que más incumbe a América Latina y el Caribe, ha producido lo que James Petras denomina “la militarización de la política exterior de Estados Unidos”, cuyos efectos ya hemos comenzado a sufrir.

Esta política es básica para soportar económicamente al país. ¿Cómo funciona? A través del incremento del gasto militar que para el año fiscal 2018 que comienza el próximo 1° de octubre se elevó a 692 mil millones de dólares, sin contar el presupuesto de las agencias de inteligencia que no se incluyen en este rubro y que hace que la cifra supere con creces el billón de dólares. El gasto militar tiene una doble función: por una parte es la base del desarrollo de la guerra como instrumento de dominación, pero, por otra, se transforma en una original forma de reactivar la economía. Cuando a partir de 1945, en la carrera armamentista, ingresó el componente atómico, las cifras de la industria militar superaron a las de la economía de la mayor cantidad de países del mundo. La posibilidad de destruir el planeta (o un país como ha amenazado Trump refiriéndose recientemente a la República Popular Democrática de Corea), se transformó en el instrumento de chantaje más poderoso del mundo. Esa es la explicación de que el fin de la guerra fría no produjo una reducción en la producción de armas nucleares, por el contrario, un incremento.

En el meollo de este fenómeno está el hecho de que en el contexto de la economía global, las guerras y las armas necesarias para desatarlas, son la mejor mercancía en términos de acumulación de ganancias y riquezas para la sociedad capitalista. Se produce además, un círculo vicioso: el incremento del gasto militar garantiza la hegemonía global y viceversa. Así mismo, algunos objetivos colaterales que se logran son la garantía de la solvencia económica para las grandes empresas y la justificación para una gran inversión en ciencia y tecnología por parte de los gobiernos (incluyendo la espacial), en beneficio de las empresas, pero que solo sirven para el desarrollo de armamento aún más sofisticado. A los medios de comunicación y al cine le cabe el papel de construir imágenes falsificadas de enemigos “que vienen de afuera”, y con ello quiméricos héroes individuales o institucionales que salvan a Estados Unidos de “los malos”, los cuáles generalmente son negros, indios, latinos, asiáticos o musulmanes. Son oportunamente recompensadas con gigantescos contratos de publicidad y la prioridad en la concesión de los espacios radio electrónicos para incrementar su negocios y su ganancia, así mismo, están liberados de transmitir la verdad, o dicho de otra manera, están exentos de responsabilidad ética o incuso penal.

Pero, no todo está perdido, a diferencia de lo que ocurrió en Libia, cuando inocentemente, Rusia y China le dejaron las manos libres a la OTAN para producir la brutal intervención militar que condujo al asesinato de Gadafi, el desmembramiento del país, el despliegue de los odios tribales, la destrucción de su sociedad y la virtual desaparición del Estado, hoy, las dos potencias han decidido asumir su responsabilidad con la humanidad, evitando con su accionar diplomático e impidiendo, en el caso de Rusia, a través del despliegue de sus fuerzas militares en Siria que los planes imperiales de Estados Unidos puedan ejecutarse a su libre albedrío. Mientras eso siga aconteciendo y la posibilidad de mantener el equilibrio sea una realidad, el mundo puede respirar con un poquito de confianza

No obstante, el peligro es permanente, es constante, es acosador, la militarización de la política exterior de Estados Unidos y la presencia de un presidente débil desde el punto de vista político e inestable sicológicamente, dominado por las corporaciones (lo cual no es una novedad) y por las agencias del aparato de poder (lo cual si es novedoso), que actúan a partir de criterios propios, en un país donde el poder se ha hecho difuso y las decisiones ya no se toman centralizadamente, sino que cualquier mando medio tiene acceso a la llave que puede iniciar el primer ataque, como ocurrió cuando se hizo estallar “la madre de todas las bombas” en Afganistán, o como se hizo patente cuando Trump informó que los portaviones se dirigían a Corea, cuando en realidad el Pentágono los había enviado a Australia, da cuenta del momento más alarmante y oscuro que el planeta haya vivido desde la crisis de los misiles de 1962.

Se ha hecho común decir que “estamos en manos de un loco”, es peor que eso, estamos en un momento en que la crisis del capitalismo, expresada en la debilidad de Estados Unidos, que se manifiesta en la languidez de su moneda, el ascenso económico de China, la fortaleza y entereza de Rusia en la defensa de sus intereses y el desmoronamiento del aparato del poder imperial, que ya no sabe actuar como un todo único, nos hace vivir tiempos de extrema tensión, o dicho en otras palabras, el riesgo que significa una bestia herida lanzando zarpazos, obliga a los hombres y mujeres de buena voluntad a resistir, seguir construyendo, hacer que, a pesar de todo, este mundo pueda ser mejor, sobre todo para los excluidos, haciendo el mayor esfuerzo para evitar la imposición imperial, que pretende el avasallamiento a través de la fuerza y la violencia, para aplicar sin impedimentos su lógica de guerra y de muerte.

domingo, 24 de septiembre de 2017

“…Incapaces de gobernar a un pueblo libre…”. España y el referéndum catalán


Increíble, pero cierto, como si el mundo no hubiera girado más de doscientas veces alrededor del sol, la monarquía borbónica y el gobierno español pretenden seguir actuando como hace doscientos años, su lógica, su pensamiento, su actuación no ha evolucionado un ápice y pretenden aplicarle a Cataluña lo mismo que intentaron en América, aunque no sabemos si será capaz hoy, de desatar la despiadada represión, la brutal amenaza política, económica y religiosa y la feroz guerra que tuvieron que enfrentar nuestros padres fundadores para lograr la Independencia.

¿Se imagina alguien que Francisco de Miranda, Juan Germán Roscio, Francisco Isnardi, Juan Antonio Rodríguez, así como los restantes diputados que firmaron el Acta de la Independencia de Venezuela, iban a acatar el mandato de las cortes españolas y del rey y desistir de dar el paso adelante que los convocaba a “vivir y morir libres” y a que como “Estado libre e independiente [tenga] un pleno poder para darse la forma de gobierno que sea conforme a la voluntad general de sus pueblos”?. Imposible, la decisión estaba tomada, la voluntad de hacerlo era indefectible y así, procedieron a firmar el Acta de la Independencia. Sobrevinieron diez años de guerra, de resistencia española a la realidad, de intentar retrotraer la historia, hasta que el genio político y militar de Bolívar los barrió en Carabobo, tres años antes de que otro grande: el Mariscal Antonio José de Sucre, los derrotara definitivamente en la Pampa de Ayacucho en 1824 y los expulsara de América del Sur.


¿Se puede imaginar alguien que los diputados elegidos en las provincias venezolanas iban a renunciar a los propósitos que se habían planteado para a cambio, respetar la constitución española y al rey que pensaban formalmente desconocer? No sé si el deleznable gobierno de Rajoy y la putrefacta monarquía de parásitos borbónicos pretenden repetir la historia en Cataluña, pero los aprestos que hacen de cara al 1° de octubre cuando se ha convocado al pueblo catalán a que manifieste a favor o en contra de seguir perteneciendo a España y seguir viviendo bajo un sistema monárquico, apuntan en ese sentido.

Refiriéndose precisamente a la familia todavía reinante en el Estado español, el acta de la Independencia de Venezuela dice que “…faltaron, despreciaron y hollaron el deber sagrado que contrajeron con los españoles de ambos mundos, cuando, con su sangre y sus tesoros, los colocaron en el bono a despecho de la Casa de Austria; por esta conducta quedaron inhábiles e incapaces de gobernar a un pueblo libre, a quien entregaron como un rebaño de esclavos”. Hoy no es formalmente la “Casa de Austria”, la que rige los destinos de España y de Europa, su símil en el siglo XXI es la troika formada por la Comisión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, ante el cual los gobiernos débiles de Europa se arrodillan, se subordinan y se dejan llevar a una integración desigual, que somete a los pueblos, lo cual es también resistido por los catalanes.

¿Y con que le responden? Volvamos al Acta de nuestra Independencia: “A pesar de nuestras protestas, de nuestra moderación, de nuestra generosidad, y de la inviolabilidad de nuestros principios, contra la voluntad de nuestros hermanos de Europa, se nos declara en estado de rebelión, se nos bloquea, se nos hostiliza, se nos envían agentes a amotinarnos unos contra otros, y se procura desacreditarnos entre las naciones de Europa implorando sus auxilios para oprimirnos”. El que lea esto podría pensar que estas palabras fueron extraídas de un manifiesto catalán de septiembre de 2017. No, no, no: es el documento fundacional de Venezuela redactado por Roscio e Isnardi y aprobado por los diputados en julio de 1811. 

De la misma manera, el Parlamento catalán aprobó el inicio del camino hacia su independencia de España, lo que estableció la realización del referéndum del 1° de octubre como medida democrática para que sean los catalanes quienes decidan respecto de su futuro político. Como es normal en estos casos, una decisión de este tipo, significa desobedecer la institucionalidad del Estado que le ha dado cobijo a tal nacionalidad, porque de eso precisamente se trata, de construir una institucionalidad nueva que obviamente desconoce la anterior. Para los que no lo saben, se llama Independencia.

España tiene buen récord en este sentido, aunque rechazó la independencia de Kosovo en 2008, precisamente por aquello de no “mirar la viga en ojo ajeno, sin considerar la paja en el propio”, jugó un papel relevante en el desmembramiento de Yugoslavia, no sólo porque Javier Solana, ex ministro de Felipe González era el Secretario General de la OTAN, cuando esta organización tomó la decisión de intervenir militarmente en ese país, también por su participación en esta brutal agresión con fuerzas de tierra, mar y aire a partir de 1992, lo cual pasó a formar de los “anales gloriosos” de las fuerzas armadas españolas. Ante esta amplia participación en la que igualaron a sus oponentes en cuanto a masacres contra la población civil, el posterior no reconocimiento de Kosovo fue pura hipocresía.

Hoy, Rajoy, más preocupado de Venezuela, que del desastre en el que se ha convertido su país, pretende aplicar el artículo 155 de la Constitución, para poder, -si logra la aprobación de la mayoría absoluta del Senado- desatar una ilimitada represión que obligue a Cataluña, -por la fuerza- a seguir subordinada a España, contra su voluntad, si eso es lo que decide el pueblo el próximo 1° de octubre. Rajoy, ha amenazado con suspender la autonomía y si fuera necesario ordenar una intervención militar en Cataluña. 

No sabemos quién será el Pablo Morillo que comandará las tropas, pero está visto que no hay fuerza capaz de impedir el espíritu de independencia de un pueblo. Además, la historia señala con claridad que, en términos de intervenciones militares, además de los asesinatos masivos y la represión ilimitada al pueblo inerme, el ejército español no ha sido muy ducho en estas lides, así fue en América y en el Sahara, sus más importantes aventuras coloniales y en la guerra civil donde el ejército franquista dio muestras palpables de salvajismo y barbarie. No hay que olvidar que Rajoy es miembro y dirigente de ese partido surgido de las huestes falangistas que tuvieron y tienen en Francisco Franco a su mayor adalid. Basta recordar también el bombardeo a Gernika, apacible pueblo vasco que hace 80 años fue destruido por las bombas de los aviones nazis alemanes y de la aviación fascista italiana a pedido de Franco, en lo que ha sido considerado el primer bombardeo masivo causante de una masacre a la población civil en la historia.

Todavía quedan diez días, aún hay espacio para la búsqueda de una solución negociada, sin embargo este martes 26, Rajoy se reunirá con Trump en la Casa Blanca, imagino que recibirá las últimas instrucciones, aunque vale decir que tanto Estados Unidos como la Unión Europea, potencias dominantes en España han sido cautos al momento de emitir opiniones respecto del referéndum catalán. Sobre todo es sorprendente en el caso de Estados Unidos donde está primando un discurso guerrerista que ha hecho recordar a muchos los días de Hitler en el gobierno alemán. Sin embargo, la portavoz del departamento de Estado de Estados Unidos Heather Nauert, afirmó que éste era un “asunto interno” de España y que su país “trabajará” con el “gobierno o entidad” que salga del referéndum. Por su parte, el presidente de la Comisión Europea Jean Claude Juncker ha hecho una sorpresiva declaración en la que, aunque negó la posibilidad de una incorporación inmediata a la UE de una eventual Cataluña independiente, aseguró que si triunfara el “Si” en el referéndum, “respetaremos esa elección”. 

Las cartas están echadas, hasta el momento de redactar estas líneas, ni el gobierno catalán, ni el de España, han mostrado intenciones de retroceder en sus puntos de vista, lo cual sigue ensombreciendo un horizonte de diálogo y negociación, deseable para todos a fin de evitar la violencia y la represión que ya han comenzado a desatar Rajoy y la monarquía española.

domingo, 17 de septiembre de 2017

El Vía Crucis del Papa Francisco.


En lo que la prensa ha dado en llamar una reprimenda del Papa Francisco a los líderes de la iglesia colombiana, el máximo jerarca de la iglesia católica mundial, expresó a los 130 obispos reunidos en Bogotá que la misma necesita de una mirada propia, para orientarla hacia la paz y la reconciliación. Enfocando el origen del conflicto de ese país, Francisco clamó por avanzar “…hacia la abdicación de la violencia como método, la superación de las desigualdades que son la raíz de tantos sufrimientos, la renuncia del camino fácil, pero sin salida de la corrupción, la paciente y perseverante consolidación de la ´res pública`, que requiere la superación de la miseria y la desigualdad”. Con profunda certidumbre, les aclaró a los obispos que ellos “no son técnicos ni políticos, son pastores”.

Evidentemente, estaba informado de que mientras invocaba la paz en Colombia, apoyaba el diálogo y las negociaciones del gobierno con las Farc en La Habana, la iglesia colombiana desde la base torpedeaba sus intenciones para oponerse junto al ex presidente Uribe a favor a ese camino de paz y reconciliación que tanto anhela para los colombianos. ¿O es que acaso es un secreto que en los días previos al referéndum que habría de ratificar el acuerdo logrado en La Habana, los sacerdotes desde los púlpitos llamaban a votar en contra?, como efectivamente ocurrió, tras la amenaza de que de no hacerlo se desplegarían los mil demonios contra el país. Esto, no me lo dijo nadie, lo conozco de manera directa.

Ahora, tras su visita y su desesperado llamado a reconstruir espiritualmente a un país quebrado, la vida demostrará que su grito caerá lamentablemente en “saco roto”, la oligarquía colombiana de la que forman parte la mayoría de los obispos, sencillamente no acatará las demandas del Papa y seguirá pugnando por un país en defensa de los ricos, de los opresores, porque contrario a lo que se pueda suponer, el Papa ya no manda en el Vaticano, mucho menos a su grey desparramada por el mundo.

Lo que Francisco no quiere entender o no puede entender es que, la relación de un católico con su Dios no es igual para todos, no es igual la de un humilde trabajador que la de un capitalista explotador, no es la misma, la de aquel que hace de la política un espacio para enriquecerse de manera corrupta e ilegal, que la de un obrero o un campesino que con el sudor de su frente le lleva el pan a sus hijos. 

En Venezuela, ha sido público y notorio que tras la construcción de múltiples viviendas, algunas de las cuales erigidas en el este de Caracas, territorio de la clase media, para ser entregadas a personas humildes de la población, los nuevos feligreses no se logran “mezclar” con los habitantes tradicionales de esas urbanizaciones, que asisten a las misas en las iglesias de esos sectores, por el contrario, han sido segregados y marginados durante los ritos dominicales. Incluso, durante aquellos meses de enfermedad y convalecencia del Comandante Hugo Chávez, algunos de esos feligreses que pedían por su salud en la misa, mientras era imposible no observar la cara de disgusto y repudio de aquellos que se creían y se creen los verdaderos y únicos dueños de la iglesia. 

Tampoco la iglesia es la misma, recuerdo al cura Hasbún que desde un programa cotidiano en el canal de televisión de la Universidad Católica de Chile, propiedad de la iglesia, llamaba a desatar la violencia contra el gobierno de Salvador Allende y tras su derrocamiento, hacía apología de Pinochet mientras miles de chilenos estaban siendo asesinados, torturados y desaparecidos. ¿Puede este engendro fascista, tener una cercanía a su Dios como la que tenían centenares de sacerdotes que permanecieron fieles a su pueblo, algunos de los cuales incluso fueron asesinados por la dictadura como Joan Alsina, Miguel Woodward, André Jarlan y Gerardo Poblete o desaparecido como Antonio Llidó?. ¿Eran acaso ellos miembros de la misma iglesia de Hasbún?

En su viaje a Colombia, Francisco se reunió con una delegación de la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV), entre los participantes en el encuentro estaba el cardenal Baltazar Porras, quien accedió a esa majestad, por recomendación de su amigo Pietro Parolin, ex nuncio en Venezuela y ahora Secretario de Estado del Vaticano, desde donde dirige la oposición a Francisco, quien se vio obligado a nombrar a Porras, en virtud de los necesarios equilibrios que el Papa debe mantener entre los grupos de poder que pululan en la Santa Sede. Tan solo un mes antes, Porras conocido por la promoción de la violencia contra el gobierno y su apoyo al terrorismo, le impidió al sacerdote Numa Molina presidir una misa en su diócesis de Mérida en honor de las víctimas de la violencia terrorista. Vaya manera de practicar la democracia de este seudo católico, que dice implorar por ella.

Esa reunión, no revistió mayor importancia, toda vez que en un hecho inédito, la CEV se auto inhibió como mediadora, al apoyar y actuar como miembro de una de las partes y oponerse al diálogo que ha promovido el Papa en el conflicto interno del país. Al igual que en Colombia, actuando contra la voluntad del Sumo Pontífice, la iglesia venezolana ha sido promotora de la violencia y el terrorismo.

No es mera especulación hablar, sobre la pérdida de poder de Francisco y el sabotaje a su gestión desde el interior de los muros del Vaticano. En el año 2015, se publicó el libro “Via Crucis” del periodista e investigador italiano Gianluigi Nuzzi, en el que con más de un millar de escritos originales se documentan los graves hechos de corrupción que agobian la estructura máxima de la iglesia católica, en la que altos prelados que gobiernan la curia, despliegan verdaderas actuaciones mafiosas que incluyen robo, malversación, estafa, despilfarro del dinero de los creyentes, malas prácticas en los procesos de beatificación y santificación (manejados como verdaderos negocios), desvío del dinero que llega desde todas partes del mundo, que debería destinarse a obras benéficas para aliviar a personas necesitadas y, es utilizado para la vida lujosa y el dispendio de cardenales y altos jerarcas de la curia.

El objetivo es minar la credibilidad en Francisco y generar un malestar de los feligreses hacia su gestión, desde el momento en que tras su llegada al papado intentó hacer transformaciones profundas y poner correctivos a una iglesia que se debate entre su alejamiento de los pobres y el crecimiento de otras iglesias cristianas.

En su alegato, Nuzzi quien como él mismo dice, no pretende hacer una “defensa del Papa, sino un análisis periodístico de los graves problemas que afectan a la Iglesia”, pone en manos de los lectores abundante información para entender las actuaciones políticas del Vaticano. 

En lo que a nosotros respecta, se podrá comprender la razón de las contradicciones entre las declaraciones del Papa y los “comunicados del Vaticano”, claramente diferenciados porque postulan antagónicos objetivos para la resolución del conflicto interno de Venezuela. En oposición a Francisco que ha pedido por la paz en Venezuela, como se dijo antes, se encuentra el cardenal Pietro Parolin quien desde su encumbrada posición, emitió a comienzos de agosto un documento de rechazo a la Asamblea Constituyente, en abierta injerencia en los asuntos internos de Venezuela y en clara conjunción con la CEV, la Secretaría General de la OEA y el gobierno de Estados Unidos.

No se puede esperar algo distinto de quien se negó varias veces a entregar información a una comisión creada por el Papa y que por orden de él, intentaba tener un cuadro real de la situación financiera del Vaticano, la cual increíblemente, es “desconocida” por cualquier autoridad y jamás entregada al Papa. Cuando el Sumo Pontífice, exigió conocer acerca del uso del dinero proveniente de las tradicionales colectas recibidas en las fiestas de San Pedro y San Pablo y ejerció presión a través de su Secretario, el Prelado Alfred Xuareb, Parolin se vio obligado a entregar un informe, aunque ocultó datos relevantes, alegando que dichas cuentas se habían “mantenido hasta ahora en absoluta reserva por respeto a las indicaciones de los Superiores…”. Se ignora quienes puedan ser esos “Superiores” que tienen mayor autoridad en la Iglesia que Francisco. Este es solo un ejemplo entre muchos otros que aparecen en el libro, respecto de las oscuras actuaciones del aparato permanente de poder del Vaticano, tras el cual se encuentra, sobre todo, la iglesia italiana y la estadounidense.

Y uno se pregunta, si de la manera más descarada se desconoce la autoridad del Papa en materia interna y financiera, qué se puede esperar en el ámbito internacional. El Vaticano vive una crisis profunda, los males de la sociedad capitalista lo han permeado: corrupción, enriquecimiento ilícito, pederastia, despilfarro y apego a los intereses de los poderosos en detrimento de los pueblos que de manera sana y envueltos en una gran fe profesan su religión. He ahí el Vía Crucis de Francisco y su opción preferencial por los pobres como camino que ha elegido, para conducir una iglesia, que parece ir en sentido contrario.

sábado, 9 de septiembre de 2017

Una propuesta novedosa: Venezuela debería adoptar la constitución saudita


Hace algunos días Julian Assange, hizo una propuesta que ayudaría a resolver buena parte de los problemas de Venezuela y nos garantizaría la amistad de Estados Unidos, la OTAN y la derecha internacional. El periodista australiano planteó que para ello, Venezuela debería adoptar la Constitución de Arabia Saudita. A partir de esta idea, se me ocurrió que valdría la pena revisar que hace ese país, bajo el alero y protección de Estados Unidos y Europa, para tener tales posibilidades, las cuales, incluso en estimación de sus méritos le valieron el ingreso a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

En primer lugar si tuviéramos la Constitución de Arabia Saudita, tal vez no ocurriría que en menos de dos días, un canal de televisión español y otro colombiano con absoluta premeditación, ajenos a cualquier ética periodística y apelando a la “libertad de prensa” que dicen defender, emitieran noticias falsas sobre Venezuela. Por una parte, la cadena de televisión española Antena 3 utilizó una imagen que mostraba el desabastecimiento en un supermercado de Austin (Texas, Estados Unidos) para “informar” sobre la dificultad para encontrar alimentos y otros productos en Venezuela, mientras que una periodista del canal 1 de Colombia le pagó a un supuesto ex agente de la inteligencia venezolana para que acusara de corrupción y narcotráfico a altos dirigentes del gobierno y las fuerzas armadas bolivarianas. Ante la flagrancia del hecho, la inmoralidad del canal colombiano, respondió diciendo que la denuncia hecha por el canal Telesur, ponía en peligro la integridad de la seudo periodista. Deberían recordar a José Gervasio Artigas: “Con la verdad no ofendo ni temo.” 

Pero, volviendo a Arabia Saudita, tal vez, adoptar su Constitución permite mantener asediada durante meses por las fuerzas militares del régimen, a una ciudad, solo porque la mayoría de su población tiene una creencia religiosa distinta de la oficial. En efecto, la ciudad de Al Awamiyah, estuvo en esa condición, mientras el ejército la bombardeaba y la sometía a disparos de francotiradores que causaron decenas de muertos, cuyos cuerpos permanecían en las calles, tres meses después del inicio del asedio, mientras los órganos de seguridad secuestraban y torturaban a mujeres y niños. 


Por la misma razón, el año pasado la monarquía saudita, detuvo al reconocido clérigo chii Nimr al Nimr, quien junto a cuatro civiles chiíes y 43 suníes fue ejecutado por presuntos cargos de terrorismo no demostrados. 

Arabia Saudita también ha sido autorizada por la comunidad internacional (léase Estados Unidos y Europa), para el financiamiento, soporte y entrenamiento de terroristas en todo el mundo, utilizando para ello “organizaciones de caridad” que funcionan tras el manto de la ayuda a los necesitados. Según el periodista y analista internacional Rasoul Goudarzi “entre los años 1975 y 1985, Arabia Saudí “ayudó”, con unos 48.000 millones de dólares, a estas estructuras para hacer llegar dinero a los grupos extremistas”, todo lo cual es conocido por Estados Unidos, incluyendo el papel jugado por ese país en los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Desde la misma óptica, el centro analítico británico Henry Jackson Society, sitúa en no menos 86.000 millones de dólares el financiamiento saudita al extremismo wahabí. Según Goudarzi, estos recursos sirvieron en 2004 para crear “centros de caridad” en alrededor de 50 países de América, Asia, Europa y África con más de 5.000 empleados a fin de ser utilizados para financiar los centros de entrenamiento de terroristas. Esta información ha sido corroborada por informes de los servicios de inteligencia de Alemania y Gran Bretaña. Ante esto, algunos países europeos como Austria y la misma Alemania se han visto obligadas a tomar medidas para evitar el financiamiento del extremismo wahabí, lo cual no obsta para que casi todos los países del viejo continente mantengan excelentes relaciones con la monarquía.

Así mismo, en los últimos años, los recursos sauditas han sido utilizados por el “Estado Islámico” y Al Qaeda como se desprende de un informe elaborado por el Grupo de Acción Financiera contra el Blanqueo de Capitales (GAFI), publicado en febrero de 2015.

El interés de Estados Unidos y Occidente por permitir el financiamiento del terrorismo y la proliferación de madrasas, escuelas donde se enseña una visión extremista y radical del Corán viene dada por el uso de estos “estudiantes” como tropa de choque y carne de cañón en las guerras que las potencias libran en todo el mundo a fin de incentivar el conflicto, incrementando las ventas de armas, verdadero pilar de la economía capitalista, así también evitan la participación de tropas estadounidenses y de los países de la OTAN, disminuyendo bajas que impactan negativamente en su opinión pública desde la guerra de Vietnam. Esta modalidad se ha hecho práctica recientemente en Irak, Libia y Siria.

De la misma manera, el sistema medieval monárquico de Arabia Saudita ha creado una policía religiosa que se denomina mutawa y que se encarga de “preservar la virtud y prever el vicio”, en realidad se trata de un órgano muy similar a la Santa Inquisición que entre los siglos XII y mediados del XX le permitió a la iglesia católica perseguir a quienes consideraban herejes o brujas. La mutawa es la encargada de ahorcar y decapitar públicamente a quienes se alejen de la fe wahabí…en pleno siglo XXI.


En otro ámbito, vale decir que Arabia Saudita pasó de ser en 2011 el décimo primer comprador de armas del mundo, al primer lugar en 2014, cuando gastó 6.4 mil millones de dólares, con lo que tuvo un aumento del 280% en solo una década, según un informe de los expertos del IHS Janes, con sede en Londres. Tal vez el secreto de la buena relación con Estados Unidos está en que este país se benefició con el 57% de esas compras. 

Con este armamento, la monarquía saudita inició una guerra de agresión contra el país más pobre del mundo árabe: Yemen. Con el apoyo de Israel y otras monarquías árabes de su misma especie, los ataques del “heroico” ejército de la familia Saud ha causado más de 12 mil bajas en la población civil, casi 4 millones de refugiados, y la destrucción de la mayor parte de la infraestructura del país del sur de la península arábiga, así mismo ha dejado como resultado que el 82% de los 26.5 millones de yemeníes necesite ayuda humanitaria, que 14.4 millones no alcancen a cubrir sus necesidades alimenticias básicas y cerca de 20 millones no tengan agua potable, mientras que 14.1 millones no disponen de asistencia sanitaria, toda vez que cerca de 600 centros de salud han sido clausurados por los daños causados por la aviación y la artillería saudita, así mismo hay una falta total de insumos y personal médico. Sin embargo, en el terreno militar, las tropas del rey Salman y su hijo Mohamed están siendo derrotados por los patriotas yemeníes, al mismo tiempo que Al Qaeda y el Estado Islámico toman mayor control del territorio del país amparados en la brutal agresión saudita. 

Como consecuencia del superlativo gasto militar para librar la guerra en Yemen y el apoyo al terrorismo, las finanzas de la monarquía han comenzado a hacer mella. Un informe elaborado por el profesor israelí Eido Cohen llega a decir que “el sistema saudí corre el riesgo de un hundimiento en medio de un empeoramiento progresivo de las condiciones económicas”, todo lo cual ha llevado a la la reducción de salarios de empleados civiles y militares en 900 riyales (300 dólares), así como a la eliminación de los incrementos salariales y las bonificaciones. También se ha producido un aumento de los gravámenes que afectan a los cigarrillos, las bebidas energizantes y otros productos alcanzando al 100% de su costo de producción. De la misma manera, se aprobó un nuevo impuesto por el uso de las calles en la capital y otro a los pasajeros que viajan de y hacia los países vecinos.

Esto no ha sido óbice para que durante la última gira internacional del rey, en marzo de este año, se haya hecho acompañar con un séquito de 1000 personas y 500 toneladas de equipaje, lo cual no ayuda mucho a alivianar la carga de la crisis económica y financiera que como siempre recaerá en el pueblo. En ese ámbito los indicadores de la economía saudí, expresan el crecimiento de las tasas de pobreza, inflación y desempleo, llegando a que 60% de la población se ubique por debajo de la línea de pobreza, desmintiendo los más de 20 mil dólares de PIB per cápita que muestran las cifras oficiales, los cuales no expresan la distribución que se hace de los ingentes ingresos petroleros, los cuales son apropiados en su casi totalidad por la monarquía corrupta reinante.

Imagino que todas estas prácticas bendecidas y aprobadas por Estados Unidos y Europa, los cuales se permiten mantener una excelente relación con la familia Saud, deben ser la razón por la que Assange, víctima él mismo de la hipocresía occidental, haya hecho tan novedosa propuesta para Venezuela.

viernes, 1 de septiembre de 2017

“No me vendo ni me rindo. Yo quiero Patria Libre o Morir”



En el marco de la guerra civil en Nicaragua, en enero de 1927, las tropas estadounidenses desembarcan en el país y en una rápida campaña militar ocuparon Managua en el mes de abril. El día 17 de ese mes arribó a la capital nicaragüense Henry Stimson, -enviado especial del presidente estadounidense Calvin Coolidge- quien el 4 de mayo, firmó con el general liberal José María Moncada, el pacto del Espino Negro, a través del cual se consagró la rendición del ejército liberal y la aceptación del mandato del presidente conservador Adolfo Díaz. El 25 de agosto, en clara intromisión en los asuntos internos del país centroamericano, Estados Unidos entregó al gobierno de Díaz un documento mediante el cual le informaba que el Embajador Charles C. Eberhard y otro enviado especial del presidente Coolidge, el General Frank Ross McCoy, elaborarían las clausulas que habrían de establecer las pautas para la celebración de los comicios presidenciales de noviembre de 1928. 

De manera inmediata, al día siguiente 26 de agosto, el general Augusto C. Sandino, que se ubicaba en el campo liberal, a través de una carta de su autoría rechazó la componenda diseñada por la Casa Blanca, señalando que permanecería en armas mientras hubiera un gobierno conservador en el país y sólo las entregaría a uno de corte liberal, aún sin estar de acuerdo con él. Así mismo, informó a sus soldados que de en adelante estarían solos en esa lucha y que el tirano presidente Adolfo Díaz ya no era el enemigo principal, sino que ahora deberían enfrentarse a “los marinos del imperio más poderoso que la historia ha conocido”. Sandino entendió perfectamente que el conflicto dejaba de tener un carácter interno, para transformarse en una guerra en defensa de la soberanía y la integridad territorial de su país. 

Como recuerda el historiador Gregorio Selser, con Sandino había veintinueve combatientes, que conformaron el germen que dio nacimiento el 2 de septiembre de 1927 al Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN). El General de Hombres Libres no ocultó a sus soldados la magnitud de la contienda que se avecinaba: “Seremos asesinados villanamente por las bombas que desde el aire nos envíen truculentos aviones; acuchillados con bayonetas extranjeras; tiroteados por ametralladoras modernísimas”, pero no hubo dudas respecto de la misión que debía emprenderse por amor a “nuestra afligida madre Nicaragua”. Ante la traición que significó el Pacto del Espino Negro, Sandino afirmó contundente “No me vendo, ni me rindo. Yo quiero Patria Libre o Morir”

Ese día, en el cuartel general de El Chipote, ubicado en las cercanías de Quilalí en el Departamento de Nueva Segovia, al norte del país, todos los combatientes firmaron el documento de 14 puntos que marcaba el modelo de organización que seguiría el EDSN. Entre ellos se establecía que podían unirse a él quienes estaban dispuestos a “defender con su sangre la libertad de Nicaragua” y que se reconocía como Jefe Supremo “al patriota general Augusto César Sandino, leal y sincero, quien ha sabido defender con toda abnegación el decoro nacional como legítimo nicaragüense”. Así mismo, se desconocía todo acto del gobierno traidor de Nicaragua y de los invasores extranjeros, pues se entiende “que la política de nuestro país no debe emanar de una nación extraña, sino que debe estar basada en el más alto espíritu nacional”. El documento fijaba certeramente la prohibición de cualquier jefe del EDSN de celebrar pactos secretos con el enemigo ni convenios de ninguna clase so pena de ser juzgado marcialmente en Consejo de Guerra. 

El combate sin cuartel del EDSN contra los invasores llegó a su fin en 1933 cuando el ejército estadounidense derrotado, se vio obligado a abandonar Nicaragua. La paz con el gobierno se firmó en febrero de 1933 y un año después, Anastasio Somoza quien había sido designado por Estados Unidos como Jefe de la Guardia Nacional creada cuando era inminente su salida del país, asesinó a Sandino, cuando éste abandonaba el palacio presidencial tras reunirse con el nuevo presidente liberal Juan Bautista Sacasa.

Largos años de lucha sobrevinieron a la muerte de Sandino y en 1961, un grupo de patriotas liderados por Carlos Fonseca Amador y Tomás Borge fundaron el Frente Sandinista de Liberación nacional (FSLN) que se propuso dar continuidad a la lucha de Sandino y del EDSN.

En 1978, el FSLN había avanzado de forma considerable en la conjunción de las acciones de sus fuerzas políticas, militares y diplomáticas de manera que logró colocar a la dictadura, -que se había entronizado en el poder por 44 años- en una situación de verdadera debacle. En esas condiciones, la idea de reconfigurar las fuerzas guerrilleras, de forma tal, que una vez derrotado el tirano, pudiera fundarse un nuevo ejército que tomando el ideario sandinista, se transformara en defensor de la soberanía y salvaguarda de la paz y la estabilidad del país, volvió a estar en el tapete de las decisiones a tomar por los dirigentes del movimiento libertario nicaragüense. El 23 de octubre de 1978, la Dirección Nacional del FSLN anunció el renacimiento de dicho ejército.

El desarrollo de la insurrección tuvo un primer momento en agosto y septiembre de ese año, pero, fue después de algunos ajustes, -sobre todo una vez que se logró la unidad interna del FSLN- que se retomó la lucha insurreccional con fuerza superior en abril de 1979 tanto en las montañas como en las ciudades, y ya no se detuvo hasta la derrota final de la dictadura el 19 de julio de 1979.


Un día después, el 20 de julio la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN) disolvió la Guardia Nacional somocista y dio formal vida al nuevo Ejército Nacional. El 22 de agosto de ese año a través del Decreto N° 53 de la JGRN se creó el Ejército Popular Sandinista (EPS) que como reconocimiento y homenaje al General Sandino adoptó el 2 de septiembre como Día del Ejército. De esta manera, este año y en esta fecha estamos conmemorando el 90° aniversario de tan gloriosa institución, heredera de las mejores tradiciones de lucha del pueblo nicaragüense.

De inmediato, el ejército guerrillero comenzó su proceso de profesionalización y transformación en la poderosa fuerza armada de Nicaragua que es hoy, no tanto por la cantidad de su armamento como por el alto espíritu de combate, el pundonor de sus generales, oficiales y tropa y la gran experiencia adquirida en la guerra de diez años en contra de la agresión extranjera que armó, financió y entrenó a fuerzas contrarrevolucionarias que pretendieron, bajo asesoría directa de la CIA y el Pentágono, retrotraer el curso de la historia. 


Ya a finales de 1979, menos de seis meses después del triunfo revolucionario, se produjeron desde Honduras las primeras manifestaciones de acciones armadas contra el naciente gobierno sandinista, El EPS se fue formando y estructurando en el propio combate, resistiendo la invasión mercenaria a un costo muy alto en vidas de soldados y del propio pueblo que lo alimentaba con sus mejores hijos. Una a una las operaciones diseñadas por el Pentágono y la CIA fueron derrotadas: “Navidad Roja” en diciembre de 1981, “Plan C” a finales de 1982 e inicios de 1983, “Pino Grande 1” en territorio hondureño para facilitar a las fuerzas contrarrevolucionarias su inserción operativa en el país en febrero de 1983, “Plan Sierra” a finales de 1983, “Ofensiva Generalizada” en 1984, “Operación Rebelión 85” durante ese año, “Operación Limpieza Fronteriza” en 1986, “Plan Ofensiva de Primavera”, “Operativo Salvador Pérez”, “Operación David” y “Operación Olivero” en 1987, hasta que en 1988 con las operaciones ofensivas “Unidad Indestructible”, “Soberanía”, “Unidad Interarmas” y “Danto 88”, el Ejército Popular Sandinista mostró una calidad superior para golpear al enemigo y producir la neutralización de sus unidades operativas más importantes, creando condiciones para la derrota política y militar definitiva de la contrarrevolución, propiciando además una solución definitiva del conflicto a través del diálogo y la negociación.


Como dijo el Comandante Daniel Ortega, presidente de Nicaragua en 2009, hoy, “…la guerra quedó atrás y enterrada para siempre…”. En su 90° aniversario, el Ejército de Nicaragua cumple con eficiencia la misión de garantizar la paz en su país, salvaguardándola de las complicaciones que afectan a los vecinos, en el combate contra la delincuencia organizada, el narcotráfico y los intentos de desestabilización interna del Estado, elevando al pedestal más alto los ideales y el legado del General de Hombres Libres, Augusto C. Sandino, jefe del primer ejército que en América Latina derrotara militarmente al imperialismo estadounidense, señalando con su ejemplo y con su gesta el camino a emprender por los militares patriotas y los pueblos dignos, que no aceptan amenazas imperiales y se yerguen por sobre la superioridad económica y tecnológica para luchar y vencer, con las armas del decoro y el amor a la patria.