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domingo, 19 de noviembre de 2017

Santos: una pesadilla para Colombia.


Los sicólogos y también los siquiatras que investigan acerca de la perversidad humana tienen en el presidente de Colombia Juan Manuel Santos, el más soñado de los objetos de estudio. La perversidad está asociada a una malignidad superior, a la perfidia, a la perversión y a la depravación todas estas, categorías que coinciden en cualquier escuela sicológica o incluso en las visiones religiosas del término, que agregan otros sinónimos los cuales varían según cada punto de vista.

El sicólogo mexicano Alexandro Aguirre Reyes, especialista en Clínica Psicoanalítica y Magister en Terapia Cognitiva Conductual, afirma que la perversión es asintomática. No presenta en el sujeto la necesidad de buscar ningún tipo de tratamiento, ya que nada de lo que le ocurre, le produce padecimiento. Una persona perversa está acosada por pensamientos obsesivos destructivos, al creer que los actos humanos no son sinceros. La mente perversa es una condición anormal de la personalidad cuyo rasgo dominante es la continua agresividad y destructividad hacia otras personas, a través de pensamientos y actos malignos.

Una profesora de la Escuela de Sicología de la Universidad Central de Venezuela, consultada para esta nota explicó que la perversidad tiene su origen en una práctica social, una cultura arraigada, un modelo económico, los antecedentes familiares y tradiciones históricas, es decir, nadie nace perverso, son las condiciones de su entorno, las que le dan esa condición. Santos es un hombre que jamás ha tenido algún tipo de dificultad en su vida y que ha impuesto siempre su razón por la fuerza del dinero de su familia o por el dominio de su clase, que ha tenido una presencia omnipotente a lo largo de la historia republicana de Colombia.

Todos estos, entre muchos otros elementos que no cabrían en un breve artículo como éste, permiten explicar con mayor detalle, la enfermiza determinación de Juan Manuel Santos por destruir a Venezuela. Es comprensible, Santos proviene de una rancia familia de la oligarquía colombiana que por cinco generaciones (alrededor de 180 años) han ostentado el poder y las riquezas que forjaron su carácter y comportamiento. Su obsesiva aspiración de poder lo llevó a cambiar de partido político en tres ocasiones cuando sus caminos hacia la cima se iban cerrando, incluso compitió y derrotó a su mentor y amigo Álvaro Uribe, por la paternidad del ataque militar contra Ecuador, violatorio de la soberanía de ese país y del derecho internacional, lo cual celebró con gran jolgorio. Cuando Uribe no pudo aspirar a la presidencia por tercera vez y designó como su sucesor a Andrés Felipe Arias, Santos no vaciló en traicionarlo e iniciar una campaña en su contra que lo llevó a la presidencia de la República. Antes, contra su voluntad, tuvo que comprometerse con los grandes empresarios colombianos a restablecer las relaciones interrumpidas con Venezuela y Ecuador, que estaban llevando a Colombia a una penosa situación económica en 2010.

A partir de ahí, devino en un político, además de ambicioso, pragmático, oportunista e inescrupuloso. Un nuevo interés individual se atravesó en su camino de perturbadora necesidad de protagonismo: algún hecho de relevancia superior que lo mostrara fuera de las fronteras de su país, nuevamente, para su suerte, vino en su ayuda, la decisión de los que ostentan el poder, quienes impusieron la necesidad de finalizar la guerra, ante el problema que implicaba no poder aumentar ganancias a pesar de tener un país inmensamente rico, que además había firmado un TLC con Estados Unidos, al cual no se le podía sacar provecho por el continuo desangre para la economía del país, que significaba la guerra. Santos, vio en este mandato, esa posibilidad de ser famoso, y de manera oportunista, -sin creer en ello- se auto proclamó el “padre de la paz” de Colombia.

Solo la mente torcida de un sujeto de esta calaña puede afirmar, que su peor pesadilla era Venezuela, tal como lo dijo en una entrevista en Londres el pasado 10 de noviembre. Sólo una mente perturbada puede hacer tal aseveración, sin pensar cuántos graves y profundos problemas existen en su país, que no ha solucionado desde la primera magistratura del Estado y que por el contrario, se han profundizado. ¡Cuánto desprecio por su pueblo y su nación!.

Al presidente colombiano no le causa pesadillas que en su país exista un ejército paramilitar que con el resguardo de sus fuerzas armadas se está preparando para invadir a Venezuela. Claro, con su experiencia en Ecuador, piensa que podría cosechar los lauros de otra eventual “victoria”. 

Tampoco le generan pesadillas que en el año 2016 en su país fueran asesinados 190 líderes sociales ni que entre enero y junio de este año, 335 defensores de Derechos Humanos fueran víctimas de algún tipo de agresión que puso en riesgo su vida y que se produjeran 225 amenazas más contra ellos. Así mismo, el pasado año, fueron asesinados 37 líderes ecologistas colombianos. A Santos no le quita el sueño que de los asesinatos de líderes sociales documentados entre 2009 y 2016 (casi todos durante su gobierno), en el 87% de los casos la justicia no ha hecho nada, ni siquiera identificar a los homicidas. La impunidad es cómplice de Santos…o viceversa.

Santos duerme bien todos los días, a pesar que en su país desde 1938 hasta este año han desaparecido 124.679 personas según un informe del Instituto de Medicina Legal. De ellos, 25.140 fueron presuntamente víctimas de desapariciones forzadas. Desde 2010, cuando Santos llegó a la presidencia, los casos anuales superaron los 7.000. Ese número se mantuvo relativamente constante hasta 2015. En 2016 bajó a 6.934 y, en el primer semestre de 2017, la cifra es de 3.932.

Santos es tan inmoral, que la pesadilla que significan los 280 mil venezolanos que se han ido a Colombia no lo dejan dormir, sin embargo, su sueño no se ve afectado por el hecho de que el conflicto colombiano produjo un millón de homicidios y 7 millones de desplazados, (primer lugar en el mundo), el 80% de los cuales llegó a Venezuela, donde viven con los mismos derechos que los ciudadanos que nacieron aquí, porque la Constitución Nacional así lo ordena. 

Tampoco le genera pesadillas que su país sea el segundo más desigual de América Latina, y que un 1% de la población sea dueña del 81% de la tierra según la ONG británica Oxfam. Tampoco le causa pesadillas que en 2016 según el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) de Bogotá, los cultivos de coca aumentaran de 145.000 a 150.000 hectáreas durante 2016. Es la contribución de Santos a que se mantenga y amplíe la cantidad de 60 mil estadounidenses muertos cada año por sobredosis de drogas, lo cual agradece el gobierno de Estados Unidos, incrementando su apoyo al gobierno colombiano. Otra razón por la que Santos puede dormir tranquilo.

Este mismo centro de investigación afirma que el 62 % de los jóvenes colombianos que viven en el ámbito rural no se inscriben en la educación secundaria y que solo un 2 % accede a la universidad. Pareciera ser que éste no es su problema, no le quita el sueño.

Así mismo, el 42% de hogares colombianos viven en inseguridad alimentaria, con relación a la desnutrición infantil se pudo establecer que, desde enero hasta noviembre de 2016, en la Guajira colombiana fallecieron 66 niños por hambre, pertenecientes al pueblo indígena wayúu. Además, en la última década, en Colombia han muerto aproximadamente 14.000 niños indígenas por este mismo motivo. Esto ha ocurrido durante el gobierno de Santos, pero eso no le genera pesadillas. ¿Por qué habría de tenerlas?, si son pobres e indígenas, es decir invisibles y excluidos de la gestión gubernamental. Como no existen, no pueden producir pesadillas.

A Santos no le producen pesadillas, los ocho congresistas, entre ellos tres de su partido que van a ser investigados por corruptos, al haber favorecido a la constructora brasileña Odebrecht. No puede darle pesadilla al presidente, algo que es absolutamente normal en su país y que ocurre todos los días.

En otro ámbito, una vez obtenido el Premio Nobel de la Paz, Santos ha permanecido indiferente a las modificaciones esenciales que sus partidarios en el Congreso están haciendo a los acuerdos de paz para transformar el espíritu del mismo, criminalizando a los defensores de derechos humanos y persiguiendo a los combatientes desmovilizados, 32 de los cuales han sido asesinados, así como 12 de sus familiares. Vaya paz la de Colombia y la de este Premio Nobel.

En su cobardía infinita, firmó los acuerdos de paz, para desmovilizar y desarmar a las FARC y hacer, en estas condiciones, lo que no pudo en el campo de batalla: intentar exterminarlos física y moralmente. Se trataba de que las FARC no pudieran jugar un papel en la contención de la agresión militar a Venezuela, mientras el ejército paramilitar de Santos se prepara para ello, lo cual, tampoco lo deja dormir, pero no por las pesadillas, sino por la euforia que le produce la sangre, el dolor y la muerte, por la satisfacción patológica que le produce su irracional perfidia y su natural perversidad. En realidad, la verdadera pesadilla para el presidente de Colombia es él mismo.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Arabia Saudita e Israel: una peligrosa alianza terrorista.


En marzo de 2012, hace cinco años y medio escribí un artículo en el que intentaba desmontar una engañosa idea que ponía y pone el centro del conflicto del Medio Oriente en un lugar en el que no está. Se había cumplido un año del inicio de la llamada “primavera árabe”, y habían transcurrido solo unos meses desde el atroz asesinato de Muamar El Gadafi, la guerra en Siria apenas comenzaba. 

Ahí decía “En relaciones internacionales es común hablar de `conflicto árabe-israelí´, sin embargo cuando alguien se introduce con cierta profundidad en el tema verá que ello en realidad hace alusión a la política expansionista del estado israelí en contra del pueblo palestino violando la justa y legítima respuesta de éste.

Lo que ocurre en realidad es la confrontación entre los aliados de Estados Unidos y Europa que pueden ser árabes y/o israelitas y los pueblos árabes doblemente oprimidos por la intervención imperial en sus territorios en connivencia con sus gobiernos y el carácter represivo, autoritario y antidemocrático de la mayoría de los gobiernos de la región. Es así, que Israel tiene excelentes relaciones con una buena cantidad de gobiernos de los países árabes con los que supuestamente está en conflicto. 

Israel, las monarquías autocráticas y los gobiernos reaccionarios del Medio Oriente y el norte de África han establecido una virtual alianza bajo la égida de Gran Bretaña primero y Estados Unidos después… La falacia de un supuesto conflicto alimentado desde Occidente no hace más que sostener un mercado vital para el mantenimiento de un modelo de sociedad decadente”.

Todavía en ese momento, era posible disfrazar la realidad, pero las evidencias de hechos recientes, se han encargado de quitar las máscaras y dar la certidumbre de que lo expuesto en aquel entonces, se ha transformado en un escenario triste y lamentable que prefigura los acontecimientos políticos más relevantes del Medio Oriente y del norte de África. La alianza comandada por Estados Unidos e integrada por Arabia Saudita, Israel y casi todas las monarquías del Golfo Pérsico han destapado sus verdaderas intenciones para justificar los más terribles desmanes, el apoyo y protección al terrorismo en Irak y Siria, una despiadada guerra contra el pueblo yemení y las violaciones más flagrantes al derecho internacional y al respeto de los derechos humanos. Sólo en Irak se habla de entre 1.2 y 1.4 millones de muertos, en Siria de alrededor de 450 mil fallecidos y en Yemen de 40 mil, además de la peor crisis humanitaria de la historia reciente en la que se cuentan 850 mil ciudadanos que contrajeron el cólera por las insuficientes condiciones de salubridad, así como 14.8 millones de personas que carecen de servicios básicos de salud y 14.5 millones, de agua potable según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Mientras ello ocurre, los proyectos de la alianza saudita-israelí no han podido ser cumplidos: Bashar El Assad continúa en el poder en Siria y sus fuerzas armadas han derrotado virtualmente a ISIS y a las otras organizaciones terroristas, el ejército iraquí ha recuperado la casi totalidad del territorio nacional, los huthies de Yemen mejoran día a día su capacidad y disposición combativa y comienzan a dar certeros golpes a las fuerzas sauditas invasoras en su propio territorio.

La desesperación ha comenzado a cundir al interior de la monarquía wahabita y el reino comienza a mostrar sus grietas. El brutal dispendio económico que significa mantener el nivel de vida de la familia monárquica, los gigantescos gastos de financiamiento del terrorismo y el mantenimiento de la guerra en Yemen, ha hecho mermar los fondos de las arcas reales. La respuesta ha sido comprar armas a Estados Unidos por valor de 110 mil millones de dólares durante la reciente visita del presidente Trump a Riad­­, a fin de intentar dar un vuelco a la situación bélica en el sur de la península arábiga, lo cual parece poco probable. A cambio, el presidente estadounidense se ha comprometido a dar carta blanca a todas las acciones de la alianza saudita-israelí en la región. 

De la misma manera, se han tomada una serie de medidas de carácter interno a fin de intentar mantener la cohesión social y la gobernabilidad del país, ante las cada vez mayores manifestaciones de descontento popular que han llevado a incrementos de la represión, sin temor a críticas por el apoyo occidental a tales prácticas. Buscando dar salida a la tensa situación, el rey Salmán destituyó a quien había nombrado como sucesor, para designar en su lugar a su hijo Mohamed Bin Salmán, a quien además le concedió la titularidad del ministerio de defensa, por lo cual le ha correspondido dirigir la desastrosa campaña de Yemen. 

Con el objetivo de dar un carácter institucional al relevo en la máxima jerarquía del gobierno, el 4 de noviembre pasado, el rey creó un Comité anti corrupción poniendo al frente, al mismo Príncipe Mohamed, quien como una manera de abrirse paso a su futuro reinado y en lo que en los hechos, ha sido un auto golpe de Estado, mandó a detener a 201 altos cargos del gobierno, las fuerzas armadas, gobernadores provinciales, y empresarios a quienes se le confiscaron o congelaron alrededor de 800 mil millones de dólares que pasarán a las arcas del Estado, a fin de permitirle al príncipe pagar deudas, dar continuidad a la guerra en Yemen y financiar el terrorismo, después que el gobierno monárquico se vio obligado a recurrir a los mercados crediticios y a los fondos de su reserva nacional, para contener la acelerada crisis de su economía. Los empresarios detenidos, algunos de ellos considerados entre los mayores millonarios del reino y del mundo, están siendo sometidos a apremios y torturas para que declaren dónde se encuentran sus capitales, que necesitan ser repatriados a Riad. Entre estos magnates arrestados se encuentran los propietarios de algunas de las principales cadenas de medios de comunicación del mundo árabe: MBC, ART y Orient. Con estas acciones, el príncipe heredero se garantizó el control de las finanzas, los medios de comunicación, las fuerzas armadas y los gobiernos locales, completando de esa manera un exitoso e incruento autogolpe de Estado.

Con el objetivo de “lavar la cara” de la monarquía y mostrar una faz más agradable al mundo, Mohamed ha perseguido y reducido a líderes wahabitas radicales, intentando revelar una posición modernizante en los marcos de una lógica occidentalizada, lo que permite entender las razones del diseño de su programa estratégico denominado “Visión 2030” encaminado a remozar la economía saudita, elevando sus niveles de producción industrial y tecnológico, con el fin de reducir la dependencia de la producción petrolera. 

En el trasfondo, lo que subyace, es el impacto en la monarquía del incremento e intensificación del prestigio de Irán en desmedro de su propia capacidad de influir en los acontecimientos políticos de la región. Para ello, con la congratulación y el visto bueno de Estados Unidos ha dado un paso audaz, al establecer una alianza estratégica con quien supuestamente era su adversario histórico: Israel. Así, ha configurado un esquema a partir de la común enemistad de ambos regímenes con Irán, acusándolo de estar tras los últimos y exitosos ataques de las fuerzas militares yemeníes conducidos por el movimiento Ansar Allah que le han permitido consolidar las acciones bélicas en la profundidad del territorio saudita.

Así mismo, buscando crear un nuevo escenario de conflicto que le proporcione la segura intervención de Israel y el afianzamiento de una alianza con el régimen sionista, Arabia Saudita forzó la inexplicable renuncia del primer ministro libanés Saad Al Hariri, mientras visitaba Riad, para mantener consultas con el gobierno, actuando como si fuera el embajador saudita en Líbano y no el jefe de gobierno de un país independiente. Aunque Hariri es un antiguo aliado de la casa Saúd, que suministró importante ayuda financiera para el imperio empresarial de su familia, informes provenientes de la región afirman que el primer ministro libanés está secuestrado en Riad, sin poder regresar a su país. La extraña justificación para su renuncia fue que el movimiento Hezbollah libanés intentaba asesinarlo, sin presentar ninguna prueba de tal acusación, la cual fue inmediatamente desmentido por el propio líder de la organización Hasan Nasrallah. La monarquía saudita en un acto de extrema y absurda impotencia declaró que el Líbano le había declarado la guerra, sin que mediara argumento alguno que sostuviera tan grave imputación. El objetivo final es la creación de condiciones para una nueva invasión sionista a El Líbano, de manera de involucrar a Hezbollah en tal conflicto desviándolo de su misión de apoyo al gobierno sirio en la lucha contra el terrorismo. 

Cuando pareciera que el terrorismo está siendo definitivamente derrotado en Irak y Siria, la alianza saudita-israelí, podría estar creando en el Líbano un nuevo frente de guerra en el Medio Oriente, y con ello, otro incendio incontrolable para Occidente, que tendrá que valorar que tal conflagración se producirá en una zona aún más cercana a Europa, en la misma frontera del régimen sionista y contra la única fuerza que lo derrotó en el pasado.

jueves, 9 de noviembre de 2017

XIX Congreso del Partido Comunista de China: Un evento que mira al futuro.


Tal vez como nunca antes, el más importante evento interno de China ha despertado un interés superlativo fuera de sus fronteras. Ello lo atestiguan los más de 1800 periodistas de todas las regiones del planeta que estuvieron presentes en Beijing entre el 18 y el 24 de octubre pasados a fin de reportar la gran cantidad de acontecimientos realizados vinculados a esta magna cita, durante esos días. Aunque todavía, en muchos casos, con una visión peyorativa de Occidente, que sigue intentando observar y evaluar el desarrollo de los hechos ocurridos en China desde una óptica ajena y no desde la de un país que ha construido su realidad desde una lógica que se sustenta en una civilización distinta ajustada a una cultura, una tradición y unas costumbres milenarias, el XIX Congreso del Partido Comunista de China (PCCh) se transformó en un suceso de una importancia tal, que superó los límites del país para comenzar a ser considerado una circunstancia de interés para toda la humanidad.


Ello tiene que ver con la creciente trascendencia de China en la vida política, económica y social y la influencia que pudieran proyectar, en el transcurrir de cualquier país, las decisiones que se tomaron durante el cónclave 

No había pasado un mes desde el 20 de septiembre, día en que, durante su comparecencia ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en New York, el presidente de Estados Unidos Donald Trump, se había permitido una altisonante diatriba en la que “decretaba”, con cierto dejo de solemnidad, el fracaso del socialismo en el mundo como opción de futuro distinta para la construcción de una nueva sociedad, más justa, más equitativa, más solidaria y sustentable en el planeta. En su Informe al Congreso, el Secretario General del PCCh, Xi Jinping se encargó de desmentir a Trump, al confirmar que el proceso que China comenzó a construir tras la revolución de 1949, liderado por Mao Zedong, continuado en 1978 tras la aprobación de la política de reforma y apertura bajo conducción de Deng Xiaoping, tendrá su punto más alto cuando a mediados de siglo, al conmemorar el primer centenario de la fundación de la República Popular China en 2049 se habrán creado las condiciones para que China sea un “país moderno, próspero, fuerte, democrático, culturalmente avanzado, armonioso y hermoso” y que este país y su sociedad serán socialistas.

Sin embargo, previo a ello, China conmemorará otro centenario, en 2021 se cumplirá también la primera centuria de la fundación del Partido Comunista, efeméride que será celebrada haciendo el último esfuerzo para eliminar la pobreza del país asiático, permitiendo que China pueda ser considerada un país de desarrollo medio o como ellos mismos lo califican: una “sociedad modestamente acomodada”. La lucha contra la pobreza ha cubierto parte importante del esfuerzo del gobierno chino desde el año 2013 cuando Xi Jinping accediera a la presidencia, la ambiciosa meta de sacar de la pobreza a 10 millones de ciudadanos por año, para llegar a 2020 con el objetivo cumplido, se ha ido verificando con suma eficiencia, para lo cual se han conjuntando los esfuerzos del PCCh con los del Estado y la sociedad, lo cual le permitió a Xi confirmar en su Informe al Congreso que sin duda alguna, se llegará exitosamente a la meta planteada. 

Hay dos diferencias sustanciales entre los procesos de reforma iniciados prácticamente en la misma época en la Unión Soviética y en China, Mientras el país euroasiático comenzó su transformación desde la esfera política, China lo inició desde la económica. Sus líderes entendieron que sin poseer un potencial económico, tecnológico y financiero, iba a ser imposible producir los necesarios cambios políticos en su sociedad o, dicho en otras palabras, sin construir la base económica, material y tecnológica, del socialismo, era imposible hablar de éste, mucho menos construirlo. Con aciertos y errores, algunos muy graves, como ellos mismos lo han reconocido, el PCCh se ha dedicado a eso durante los últimos 68 años. Los resultados están a la vista. En el Informe al XIX Congreso, Xi ha venido a confirmar que el proceso de transformación estructural de la sociedad podrá comenzar en breve, desmintiendo con ello, las opiniones agoreras, que afirmaban que China estaba en camino de regresar al capitalismo. Se trataba de crear las condiciones para alcanzar el socialismo, jugando con las reglas capitalistas, por la sencilla razón de que aún son las que imperan en el planeta, pero aprendiendo de ellas, extrayendo lo positivo y desechando la putrefacción que generan, lo cual también ha sido preocupación de primer orden del presidente Xi, tanto en la conducción del Estado como del Partido, al dar una batida contundente y frontal a las prácticas de corrupción y otras deformaciones que aquejan a todos los gobiernos del mundo y de las que China no ha estado exenta. La otra diferencia entre los procesos socialistas de los dos países ha sido la firmeza y lealtad a los principios de los dirigentes. Mientras en la Unión Soviética, Gorbachov y Yeltsin, escucharon los “cantos de sirena” que le auguraban un gran futuro a su país subordinados a Estados Unidos y a Occidente, los dirigentes chinos fueron capaces de resistir tales tentaciones y persistir en la línea trazada de construir el “socialismo con peculiaridades chinas” hoy confirmadas por Xi, quien además ha aportado sustantivos elementos de carácter teórico que constituirán a partir de ahora, y sin duda alguna, fuente importante de estudios de la base teórica para la edificación del socialismo en cualquier país del mundo. En este sentido Xi, ha recurrido al marxismo-leninismo para afirmar que el problema principal que afronta China, de cara al futuro, es la superación de lo que ha denominado la contradicción fundamental de la época para su país, que ha identificado como la que se produce entre el desarrollo desequilibrado y las necesidades de sus ciudadanos, y ha asegurado que de su superación dependerá en gran medida el cumplimiento de las tareas del PCCh en el porvenir. Se trata, ni más ni menos, que China deberá hacer los ajustes necesarios para cumplir la máxima marxista de que la economía en el socialismo debe producir “de cada quien según su capacidad”, y distribuir “a cada cual según su trabajo”. Habiendo afirmado Xi, que esta es la contradicción fundamental de la época, no cabe duda que el PCCh y el Estado chino bajo su liderazgo se abocarán con la mayor energía posible a la resolución de este problema. 

Después de finalizado este XIX Congreso y tras conocer el Informe de Xi Jinping al mismo, es menester afirmar que los ciudadanos del mundo podemos mirar el futuro desde una perspectiva más promisoria. Cuando ningún analista pone en duda, que China será la primera potencia mundial y solo titubean en ponerse de acuerdo en cuando se producirá tal situación, -que varía al diferir en la metodología que se use-, Xi nos ha venido a decir que China no tiene aspiraciones hegemónicas ni expansionistas y así sido hasta ahora. No hay ningún país en el mundo que pueda afirmar que ha recibido una inversión china o ha establecido acuerdos de cooperación , o intercambio en materia comercial, financiera, tecnológica o de otro tipo, a cambio de instalar una base militar en sus territorio, subordinar sus fuerzas armadas a la lógica militar de China o formar parte de bloques militares bajo mando chino para intervenir en los asuntos internos de otros países, lo cual no deja de ser una novedad trascendente en la historia de la humanidad. Sin embargo, Xi ha afirmado que el Ejército Popular de Liberación (EPL) (fuerzas armadas chinas) continuarán y acelerarán su proceso de modernización, bajo liderazgo del PCCh para que a mediados de siglo sea un potente instrumento de defensa y de disuasión, ante cualquier intento de retrotraer los objetivos del Sueño Chino. Para ello, el PCCh trabajará para que el EPL llegue a tener una capacidad y una fortaleza de nivel mundial. 

En cuanto al otro gran tema, sobre el que se habla mucho de China, cuál es su real compromiso con el medio ambiente, en una actividad paralela al Congreso, el ministro de Protección Ambiental Li Granje dio una conferencia de prensa en la cual informó que la búsqueda de un desarrollo que respete al ambiente es una prioridad del gobierno de Xi Jinping buscando bajar la contaminación y aumentando la superficie de árboles sembrados. Así mismo, China se ha planteado reducir las partículas finas peligrosas PM2.5 del nivel actual de 47 microgramos por m³, a 35 microgramos por m³en 2035, para continuar reduciendo esa cifra a fin de llegar al año 2020 con un 80% de días de buena calidad del aire en las 338 ciudades del país que están siendo monitoreadas por ese ministerio.

Creo, que en estas líneas se sintetizan los mayores logros del XIX Congreso del PCCh, pero no los únicos, la elección de un nuevo Comité Central que ha designado a los miembros del Buró Político, sus integrantes permanentes y la Comisión Central de Control y que ha reelegido a Xi Jinping como Secretario General ha marcado el inicio de una nueva y promisoria época para China y para el mundo.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Nikki Haley y los neoconservadores se preparan para asaltar el poder.


La corriente retrógrada y más reaccionaria políticamente hablando en Estados Unidos en las últimas cinco o seis décadas es la de los neoconservadores, un movimiento político defensor del libre mercado, el individualismo y la exacerbación de ideas nacionalistas que a su vez pretenden imponer por la fuerza al exterior de sus fronteras, por lo que promueven la agresión y la intervención en los asuntos internos de otros países, incluyendo la acción militar como instrumento de imposición del modelo de vida estadounidense, desde la consideración de que sus principios y valores configuran criterios universales emanados de la idea de que el pueblo de Estados Unidos fue elegido por Dios para cumplir sus designios en la tierra. Son comúnmente conocidos como neocons. 

Aunque los neoconservadores se han extendido a algunos países de Europa, básicamente han incubado en Estados Unidos. De forma generalizada se les relaciona con el sector más regresivo del Partido Republicano, pero se ubican en distintos sectores de la sociedad, incluyendo el Partido Demócrata. En cualquier caso, son profundamente anticomunistas y aborrecen las ideas socialistas

Su estructura de pensamiento rechaza de forma radical a otras civilizaciones en particular a los musulmanes, pero también a los latinos y asiáticos, en general odian a cualquier minoría nacional en su país, así como a las de carácter sexual y religioso, también repudian a los luchadores por la paz y a los defensores del medio ambiente, pues los consideran poseedores de argumentos anticientíficos, creados con el único objetivo de afectar y perturbar a Estados Unidos.

Están en contra del aborto, la eliminación de la pena de muerte y la eutanasia, no quisieran que la sociedad se modernice, están apegados a la conservación de las normas y están dispuestos a cualquier acción para defenderlas, sin importar terceras personas puedan ser afectados o que haya daños colaterales, para lo cual no escatiman en la acción represiva de la policía u otros órganos de seguridad, incluyendo el ejército, lo cual en el plano internacional significa la apología y la justificación de la guerra como necesidad, por lo cual desprecian la labor de organizaciones internacionales a favor de la paz.

No les interesa la historia ni las costumbres, exponen repulsión por el arte popular y por las expresiones sociales que emanen del sentir y la cultura surgida de manifestaciones de grupos y sectores excluidos de la sociedad.

Defienden a ultranza al Estado capitalista, pero desprecian a la burocracia en pro de una exacerbación de la tecnología como medio de transformación y mejoramiento de la sociedad.

Tras conocer estas características, se puede concluir que el pensamiento neoconservador es lo más cercano del fascismo, el nazismo y el falangismo que inundaron Europa a mediados del siglo pasado, causando la mayor devastación que la humanidad haya conocido jamás. Así mismo, después de escuchar la retórica del presidente Trump y algunos miembros de su equipo de gobierno, se tiene la impresión de que, no obstante, los portadores de estas ideas adquirieron auge durante el gobierno de George W. Bush, ha sido en esta administración donde han trepado a las más altas instancias gubernamentales en Estados Unidos, lo cual expone al planeta a un peligro de gran dimensión. 

El repunte neocons en el gobierno de Estados Unidos está llegando a través de la influencia sostenida y la conspicua presencia de la Embajadora en Naciones Unidas, Nikki Haley en las decisiones más importantes de política exterior de la administración Trump. 

La influencia de Haley ha llevado al presidente a mantener una posición extrema en el caso de Irán, contrariando las opiniones del propio Departamento de Estado y de los otros cinco países firmantes con Irán del Plan Conjunto de Acción (JCPOA), refutando además las conclusiones de las investigaciones in situ llevadas a cabo por la Agencia Internacional de Energía Atómica (IAEA). El rechazo de Trump de continuar certificando el JCPOA fue interpretado por Haley como “un anuncio claro para Pyongyang”, lo cual además hace evidente la perversa mentalidad criminal de la embajadora, al relacionar un hecho con el otro. 

Es conocido el vínculo de Haley con uno de los “tanques de pensamiento” neocons más acreditados como tal en Estados Unidos, el American Enterprise Institute (AEI) que ha sido desde siempre portador de las ideas más retrógradas de Estados Unidos hacia el Medio Oriente. En esa calidad fue promotor directo de la invasión de Irak en 2003 durante el gobierno de Bush, así mismo ha sido notoria la subordinación de Haley a las políticas sionistas emanadas de su lobby en New York y del propio Estado de Israel. Junto a la senadora Lindsay Graham, otra destacada neoconservadora comparten una irrestricta pasión y entusiasmo por Israel, y una dura retórica anti iraní y anti rusa, de la misma manera, apoyan sin tapujos la política intervencionista de su país en cualquier lugar del mundo, recibiendo para sus acciones, ingentes recursos financieros provenientes de grandes inversionistas ligados a los sectores de ultra derecha del sionismo internacional, que incluso han insinuado desde el año 2013 la necesidad de que Estados Unidos detone un arma nuclear en territorio iraní, si el país persa no cumple las demandas estadounidenses en materia nuclear, las que por cierto no son compartidas por la comunidad internacional. 

En otro ámbito, la Embajadora arrastró a Trump a sostener su verborrea belicista en contra de la República Popular Democrática de Corea (RPDC), siendo ella misma quien emitiera sendas amenazas contra ese país en el seno de la ONU: en una sesión de ese organismo a comienzos del mes de septiembre llegó a decir que Pyongyang "está rogando por una guerra". Tan solo una semana después en la misma instancia afirmó que ya se habían agotado todas las opciones, por lo cual el Pentágono debía encargarse de este asunto, asegurando que “Corea del Norte será destruida”. 

Otro frente de batalla tomado por Haley como un reto personal, y ante el cual Trump también ha aceptado sus postulados, es el interno de la ONU. Asumiendo su responsabilidad cual “matón de barrio” o, desde otra perspectiva, como el “niño dueño del juguete”, su ataque contra la AIEA por el caso Irán, esconde también un interés en debilitar el organismo internacional y a la propia ONU para ponerla a trabajar acorde sus intenciones y puntos de vista, bajo amenaza de retirarse de esta agencia, así como del Consejo de Derechos Humanos, -tal como ya lo hiciera de la UNESCO- si se siguen emitiendo criterios que ponen en evidencia la acción intervencionista de Estados Unidos y de su aliado Israel.

Esta ofensiva neoconservadora tiene como trasfondo la búsqueda de debilitar a sectores que también pugnan por el poder en Washington. Como se dijo antes, pareciera que Haley le va ganando la batalla al Departamento de Estado y a Tillerson quien, como representante del sector energético, ha visto cómo va perdiendo espacio en favor de su hoy subordinada. Tillerson ha basado su defensa en una alianza con el sector militar del gobierno, que ve con horror, que se desate una guerra de la que no necesariamente van a tener el control, lo cual derivaría en cambios profundos en la dinámica del poder interno de Estados Unidos. Los rumores cada vez más fuertes en torno a que Trump ya estaría estudiando la destitución de Tillerson en favor de Haley apuntan en esa dirección. Los medios de comunicación más poderosos de manera interesada parecieran estar apoyando tal cambio.

Lo cierto, es que algo se está moviendo en Washington, el punto de inflexión que significó la crisis financiera de 2008, ha seguido su curso, la derrota estratégica de la política de Estados Unidos en Siria, necesariamente tendrá repercusiones en la cueva imperial, en Catar y Turquía, por no decir en Arabia Saudita, han comenzado a producirse cambios y se acercan a Rusia, la política de Trump de avanzar hacia una situación distendida con esta potencia, ha fracasado, los neoconservadores han sido causantes directos de ese hecho para torpedear desde adentro cualquier avance hacia un mundo multipolar o de balanza. Por lo que se ve, en un movimiento de extremo riesgo, Trump ha aceptado su derrota y se ha plegado a las huestes neocons. Imagino que piensa que es mejor estar con ellas que quedarse fuera, en esa medida, habrá que prepararse para lo peor, si los sectores de la ultra derecha ideológica logran su cometido en su cruzada por el poder.

sábado, 21 de octubre de 2017

De un 20 de septiembre a otro: la esencia del imperialismo no cambia


Cuando se hurga en la historia aparecen increíbles veleidades y asombrosas coincidencias que de no ser por las abrumadoras implicaciones que tienen para la vida humana, podrían pasar totalmente inadvertidas. Por supuesto, aceptando que finalmente estas casualidades no son más que anécdotas, el análisis con criterio histórico de las mismas aporta resultados dignos de investigación y estudio por las conclusiones que de ella se derivan.

Así, el 20 de septiembre ha pasado a ser un día nefasto para la humanidad, si nos atenemos al impacto de las aseveraciones hechas en sendos alocuciones pronunciadas ese día por dos presidentes estadounidenses con 16 años de diferencia: en 2001 George W. Bush y en 2017, Donald Trump.

Casi al despuntar el siglo, las palabras de Bush condujeron a trascendentes cambios en la estructura global. En un momento en que se estaba por determinar el sistema internacional que imperaría a futuro, Estados Unidos definió a su favor la disyuntiva entre un mundo multipolar y uno unipolar. De esa manera, la potencia norteamericana emergió como único poder mundial con el apoyo de todos para luchar contra el nuevo "comunismo" ahora denominado "terrorismo". Las declaraciones de Bush del 11 y 12 de septiembre de 2001 y sobre todo la del día 20 de septiembre de ese año establecieron, al igual que la Declaración Monroe y el Destino Manifiesto del siglo XIX y las 14 medidas de Wilson en el siglo XX, el elemento ordenador y de principios de la política exterior de Estados Unidos para el siglo actual.

Lo que podríamos denominar como “Paradigma Bush” o Doctrina Bush de política exterior de Estados Unidos se caracteriza entre otras cosas por las siguientes definiciones: 

1. La utilización de cualquier arma de guerra que sea necesaria. Las operaciones militares se prolongarían en el tiempo. Según el presidente Bush las mismas no tendrán “paralelo en nuestra historia”. En este sentido, ya llevamos 16 años de guerras sin que el terrorismo haya podido ser derrotado, al contrario, asume nuevas estructuras y formas, todas originadas en medidas unilaterales tomadas por Estados Unidos.

2. La obligación de los países de asumir una postura ante la decisión de Estados Unidos que no dejaba espacios a posiciones alternativas: “Cualquier nación, en cualquier lugar, tiene ahora que tomar una decisión: o están con nosotros o están con el terrorismo”. Era la definición de un mundo falsamente bipolar. Los nuevos polos serían Estados Unidos y el terrorismo. Ante la imposibilidad de estar con el terrorismo lo que se hizo fue imponer por primera vez en la historia un mundo unipolar.

3. La exacerbación de sentimientos nacionalistas y militaristas: “Les he pedido a las Fuerzas Armadas que estén en alerta, y hay una razón para ello: se acerca la hora de que entremos en acción, y ustedes nos van hacer sentir orgullosos”.

4. El involucramiento de todos los países y pueblos en el conflicto:”Esta es una lucha de todo el mundo, esta es una lucha de la civilización”. Lucha en la que por supuesto Estados Unidos asumía la vanguardia y el resto del mundo, incluyendo aliados y adversarios se le subordinaban por igual.

5. La aceptación en el marco de un mundo unipolar de que el líder era Estados Unidos: “Los logros de nuestros tiempos y la esperanza de todos los tiempos dependen de nosotros”.

6. Finalmente, la necesaria inspiración divina encarnada también por Estados Unidos: Dijo el presidente Bush “No sabemos cuál va a ser el derrotero de este conflicto, pero sí cuál va a ser el desenlace [...] Y sabemos que Dios no es neutral”

El 11 de septiembre le permitió a Estados Unidos imponer el mundo unipolar, su sueño más preciado desde la desaparición de la Unión Soviética. Los terroristas, (internos o externos), sean quienes sean los que ejecutaron tan bárbaras y repudiables acciones, sólo favorecieron a un país: Estados Unidos.


La brutalidad se impuso en el mundo, hasta que en 2008 la crisis obligó a posponer su paradigma unipolar. Obama, a pesar de ser el presidente más guerrerista de la historia, no pudo mantener la majestad y el señorío mundial de su país. El sistema eligió a un outsider para que retomara el liderazgo dubitativo en el que los había sumido Obama, lo cual los obligó a comenzar a pensar que contra su voluntad, debían compartir la hegemonía.

Trump, a quien el columnista del New York Times Charles M. Blow comparó con Hitler por “la forma en que ha manipulado al pueblo estadounidense con mentiras escandalosas” y el escritor Paul Auster caracterizó como “un psicópata maníaco y una amenaza mundial” que es ”incapaz de leer un libro” pronunció el pasado 20 de septiembre en la Asamblea General de la ONU, un discurso propio de esas características.

Sin siquiera ruborizarse, utilizó la máxima tribuna mundial, para amenazar, mentir y alterar la realidad, suponiendo que los estadistas presentes y el mundo son cretinos e ignorantes como él. Con una retórica propia de las películas bélicas de Hollywood, que terminan siendo creídas como si fueran reales por la sociedad estadounidense, Trump, hablando de paz, arremetió contra el mundo desafiándolo con la guerra:

1. Hizo saber que estaba en su ciudad. Como los perros, marcó su territorio, recordándole al resto de los participantes que no eran de ahí. Así, se hizo patente, la incongruencia que significa que la máxima instancia de la paz en el mundo tenga su sede en el país que mayores guerras ha desatado desde el inicio de su existencia.

2. En el preámbulo de su aviesa e intimidante alocución aludió al presupuesto militar de Estados Unidos se elevó a casi 700 mil millones de dólares. ¿A cuenta de qué ese dato en el escenario donde se viene a hablar de la paz en el planeta?, reafirmando además que el ejército de Estados Unidos “pronto será el más fuerte que haya existido”.

3. Con total carencia de tacto diplomático, habló de “los regímenes canallas representados en este organismo” equiparándolos con “terroristas y extremistas” que “han aunado sus fuerzas”, sin mencionar a quien se estaba refiriendo.

4. Con el más arbitrario desparpajo se refirió a que “las redes criminales internacionales trafican drogas, armas, personas; obligan a la dislocación y a la migración masiva; amenazan nuestras fronteras” sin decir que Estados Unidos es el mayor criminal de la historia reciente, el país que más muertos ha generado, el único que lanzó la bomba atómica contra ciudades inermes. El que más guerras ha iniciado, el que más drogas consume, creando así el mayor mercado de sustancias prohibidas que jamás haya existido, solo porque los ingentes recursos que produce fluyen por su sistema financiero. 

5. Dijo que hay que “garantizar que las nuevas generaciones de niños crezcan libres de violencia, odio y miedo”. Cuando son las acciones de su país las organizaciones terroristas que prohíja, su cine y su televisión, las que forjan esos dañinos sentimientos en los jóvenes del mundo

6. Al referirse a la ONU, afirmó que se creó para conformar “un futuro mejor” y que los pilares de la organización estaban sujetos a la intención de las naciones de “cooperar para proteger su soberanía, preservar su seguridad y promover su prosperidad”, obviando que la acción internacional cotidiana de su país, atenta contra esos pilares, socavando a diario la estructura del sistema internacional.

7. Mencionando el Plan Marshall, recordó al Presidente Truman quien dijo que esa acción fue en consonancia con el apoyo de su país a la ONU. Entonces, ¿por qué se sale de la UNESCO y pone en duda el trabajo de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) en Irán?, que ha dado pruebas de profesionalismo y diligencia.

8. Haciendo gala de sus mejores condiciones histriónicas dijo que “En los Estados Unidos no buscamos imponer nuestro estilo de vida a nadie”. Tal vez sea verdad, pero fuera de Estados Unidos se lo tratan de imponer a todo el mundo y en la mayoría de las ocasiones por la fuerza, la invasión y la intervención de todo tipo.

9. Desesperado porque le creyeran aseguró que “En los Estados Unidos, el pueblo gobierna, el pueblo manda, y el pueblo es soberano”. Si, sobre todo el pueblo multimillonario como él y como más del 80% de los senadores, representantes y gobernadores, que necesitan gastar una suma inimaginable para ser electos.

10. A diferencia de Obama quien decía que no había que recordar la historia, Trump, quiso recordar que “La devoción de Estados Unidos se mide en los campos de batalla donde nuestros jóvenes, hombres y mujeres, han luchado y se han sacrificado junto a nuestros aliados, desde las playas de Europa hasta los desiertos de Oriente Medio y las selvas de Asia” Debería recordar que el Desembarco de Normandía significó miles de muertos no por la acción del ejército nazi, sino por la impericia de sus generales y que se produjo cuando ya la guerra había sido prácticamente ganada por la Unión Soviética después de la Batalla de Stalingrado. Todo lo demás han sido vulgares incursiones o invasiones, donde los militares estadounidenses se han dedicado a asesinar, violar, saquear y sembrar el terror y el caos.

11. Continuando con la lección de historia refirió que “…no buscamos la expansión territorial ni intentamos oponernos e imponer nuestro modo de vida a los demás”. Se le olvidó decir que la expansión territorial de Estados Unidos había finalizado a mediados del siglo XIX, aunque realmente concluyó en 1898 cuando se apoderaron de Puerto Rico. Sino pregúntele a los pueblos originarios del oeste y a los mexicanos.

12. Incluso, no muy veladamente se permitió amenazar a Rusia y China: “Debemos rechazar las amenazas a la soberanía desde Ucrania hasta el Mar de China Meridional”. Debe ser que este señor no sabe que esos territorios quedan bastante lejos de Estados Unidos, mientras que si están ubicados en el perímetro de seguridad de Rusia y China, los que están obligados a salvaguardar su soberanía que si está en peligro por las acciones provocadoras que Estados Unidos desarrolla allí.

13. Lamentablemente, en prensa, el espacio es limitado y no me puedo seguir extendiendo pero, para cerrar con broche de oro, Trump vertió furiosas amenazas contra la República Popular Democrática de Corea, Irán, Siria, Cuba y Venezuela. Haciendo uso de una verborrea barata, el presidente de Estados Unidos ladró para intentar coaccionar a estos países, incluso con armas nucleares, solo minutos después que el Secretario General de la ONU António Guterres, había advertido que en un momento tan peligroso como éste, un "…lenguaje inflamatorio puede dar lugar a malentendidos fatales". Es decir, se burló groseramente de la máxima autoridad de la organización mundial.

14. Por cierto, refiriéndose al Medio Oriente, esbozó como un gran honor haber visitado Arabia Saudita. Aunque se le olvidó decir que su gran logro fue venderle 110 mil millones de dólares en armas al mayor régimen terrorista del mundo, anunció que “acordamos que todas las naciones responsables deben trabajar de conjunto para enfrentar a los terroristas y al extremismo islamista que los inspira”. Es decir según él van a hacer una alianza de las naciones que promueven el terrorismo en el Medio Oriente para luchar contra el mismo, o algo así como apagar el fuego con gasolina. 

15. Lanzando un salvavidas a su aliado saudita, le dio carácter de guerra civil a la intervención militar de la monarquía wahabita en Yemen, negando con ello el carácter intervencionista y mercenario del ejército de Riad.

16. Se ahogó hablando del socialismo como algo concluido en la historia. Hay que perdonarlo, no sabía que solo unos días después, el Secretario General del Partido Comunista de China y Presidente de ese país Xi Jinping, al hacer el informe al XIX Congreso de su partido, anunció que en el año 1949, fecha del centenario de la creación de la República Popular, el país más poblado del mundo habrá creado las condiciones para construir un país socialista moderno.

17. Al cierre de su discurso lanzó una interrogante: “La historia nos pregunta si estamos a la altura de la tarea”. La respuesta es fácil: No, Donald, no estás a la altura, eres sólo un millonario ignorante y desquiciado que intenta poner al mundo al borde de la destrucción, eso sí lo puedes hacer, pero la humanidad sana y amante de la paz que es mayoritaria te lo impedirá.

18. Como siempre, pediste al final que Dios bendiga tus desmanes, eres tan cobarde que después de amenazar y patear a casi todo el mundo, pretendes que Dios bendiga tus acciones. Tal vez tu Dios sepa que debe hacer contigo. El mundo lo agradecerá.

lunes, 16 de octubre de 2017

La ayuda humanitaria: nueva modalidad del intervencionismo imperial.



El 15 de diciembre de 1999 ocurrió en Venezuela el peor desastre natural de su historia, cientos de toneladas de piedras y árboles cayeron desde la montaña hacia la costa oriental del Estado Vargas, causando destrucción y muerte al paso de las aguas que bajaron con furia inusitada después de un día en que los pluviómetros marcaron en un día la misma cantidad de lluvia caída que la de todo un año normal. Se calcula que hubo alrededor de 25.000 muertos, aunque esa cifra nunca ha podido ser corroborada

Ese día también hubo elecciones: se votaba en referéndum para aprobar la nueva Constitución que había sido redactada tras largos meses de duro trabajo. Por ello, en cumplimiento del “Plan República” que conmina a la Fuerza Armada a prestar apoyo y seguridad al ente electoral, los militares estaban desplegados a lo largo y ancho del país. Fue un hecho providencial, dado que el terrible impacto del desastre natural, pudo tener una respuesta inmediata de parte de la institución castrense después de recibir la orden del Presidente Chávez de volcarse en la ayuda de la población. Tal vez por primera vez en la historia, la ciudadanía percibió que la institución armada era amiga y cercana al pueblo. Este hecho marcó una pauta de futuro en la relación cívica militaren el país.

Varios países amigos acudieron solidariamente en socorro de Venezuela prestando asistencia material y humana, así mismo, casi de inmediato, el gobierno de Estados Unidos presidido por Bill Clinton resolvió sin consultar con su par venezolano, enviar barcos de su armada cargados de marines quienes no se caracterizan precisamente por su carácter humanitario. El presidente Chávez rechazó la intromisión estadounidense y no permitió que esos navíos atracaran en los puertos del país, en una decisión que desató impúdicamente el feroz repudio de una oposición acostumbrada a acatar la medida yanqui, aún cuando esta fuera violatoria de la soberanía nacional.


Años después, en 2005, Naciones Unidas aprobó la “Doctrina de la Responsabilidad de Proteger” como instrumento para “intervenir humanitariamente” en aquellos países en que el Estado no tiene capacidad de impedir que su población sea objeto de crímenes graves. En el papel, dicha doctrina aparece como un paso adelante en el acto no solo de proteger a las víctimas, también en la salvaguarda de la paz y la seguridad internacional cuando la violación sistemática de derechos humanos puede conducir a la grave alteración de la situación política de un país, incluso con el peligro de que tal situación supere las fronteras nacionales. Hasta ahí, todo está bien, pero cuando se vive en un sistema internacional bajo la égida dictatorial de las cinco potencias que ocupan puestos permanentes en el Consejo de Seguridad de la ONU, tal instrumento solo sirve -como tristemente han demostrado los hechos- para legitimar la injerencia y la intervención en los asuntos internos de los Estados. 

El caso más elocuente en este sentido ha sido el de Libia en 2011, pero aquí, en nuestra región, un año antes en enero de 2010, las fuerzas armadas de Estados Unidos si lograron el propósito de instalarse en Haití, incluso ocupando el derruido palacio de gobierno, y sembrando la muerte de decenas de ciudadanos que pululaban por las calles de Puerto Príncipe clamando por comida y atención médica. Los humanitarios marines estadounidenses no hallaron mejor solución que disparar a mansalva “para eliminar el problema”. Pero los grandes ganadores de la tragedia de Haití fueron el expresidente Bill Clinton (el mismo que había enviado sus barcos a Venezuela) quien junto a su esposa y actuando como Enviado Especial de la ONU, colíder del Fondo Clinton-Bush para Haití (junto al también expresidente George W. Bush) y copresidente de la Comisión Interina de Recuperación de Haití, un órgano semigubernamental de planificación de Estados Unidos hicieran el negocio de su vida, recaudando cientos de millones de dólares que no llegaron a las víctimas del desolado país sino a sus arcas personales, incluso recibiendo promoción (que posteriormente se hizo pública) de su esposa, la en ese entonces Secretaria de Estado.

Ahora, cuando se ha producido una avalancha de violentos huracanes que han afectado la región, Estados Unidos se vale de ello para militarizar el Caribe, recomponiendo su aparato militar y aprovechando de entrenar a sus tropas para futuras acciones intervencionistas. No por conocido, el método de apelar a la “ayuda humanitaria” deja de ser pernicioso: primero, la USAID acude al país devastado, una vez que constata la insuficiencia de su capacidad, se solicita la presencia de las Fuerzas Armadas. Vale recordar que el presupuesto de la USAID para América Latina en el año fiscal que comenzó el pasado 1° de octubre sufrió un recorte del 60%, mientras que el del Pentágono creció en un 10%. 

En este caso 300 marines dislocados en Honduras, fueron movilizados para “brindar apoyo” al Caribe. Aunque esta es teóricamente una de las misiones del Comando Sur, en la historia y en el pensamiento de los pueblos de la región está presente que la tal ayuda humanitaria es uno de los tantos subterfugios de Estados Unidos para consolidar su posicionamiento militar en regiones donde necesita establecer una presencia de carácter estratégico. El problema fundamental es que la estancia de la armada de Estados Unidos en algunos casos no se justifica, cuando lo que realmente se necesitan son médicos, rescatistas y personal de apoyo logístico especializado, no tropas capacitadas para invasiones, ocupaciones, desembarcos o incursiones como los son las fuerzas de infantería de marina de la Armada de Estados Unidos. Por ejemplo, se ha informado que una de las unidades movilizadas hacia Puerto Rico es la 101 División Aerotransportada (DAT) la que junto a la 82 División Aerotransportada configuran las fuerzas de intervención militar de élite. En sus 75 años de existencia la 101 DAT jamás ha cumplido una misión de este tipo, mientras que si se le ha conocido por ser ariete de las agresiones militares estadounidenses en Vietnam, Laos, Afganistán e Irak.

La aceptación de estas operaciones a través de las cuáles el Pentágono se ofrece para conceder ayuda transitoria, se ejecutan a partir de la instalación de Centros de Emergencia Regionales, que se transforman en la mampara preferida para incoar e establecimiento de bases militares de tiempo completo. 

En el caso de Puerto Rico, además, el gobierno estadounidense y los militares que controlan el poder en ese país, han decidido desplegar aviones, helicópteros y barcos de la Armada, procedentes de doce estados de la unión americana, destacando entre ellos el buque de asalto anfibio USS Kearsarge, que se encarga de inspeccionar las costas para ubicar probables puntos de desembarco, así mismo 20 unidades de aviación, infantería de marina y logística conforman el contingente militar enviado a Puerto Rico ante las mermadas capacidades de la USAID y los mecanismos civiles de real ayuda humanitaria.

La opinión pública puertorriqueña no ha tardado en manifestar su preocupación por la probable temporalidad de la presencia de estas fuerzas militares en la isla, y no han dudado en expresar la inquietud que desata la posibilidad de una larga estadía del ejército imperial en este país, colonia de Estados Unidos. La imagen de Haití tras el terremoto de 2010 está presente en el imaginario del pueblo borincano donde como recuerda Francisco Santiago, Copresidente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) “estuvieron mucho tiempo dirigiendo el país”. Esta situación acaecida en Haití, establece un paralelo con Puerto Rico donde ha sido designado el Teniente General Jeffrey Buchanan a cargo de las operaciones para el manejo de la emergencia, con lo que además del control financiero directo de Estados Unidos al país, ahora ha sumado también un gobernante militar de facto ejerciendo la supremacía sobre la sociedad boricua.

Estas operaciones, vienen a complementar una serie de acciones del gobierno de Estados Unidos contra Venezuela, que llegó incluso a consumarse en la amenaza del presidente Trump de intervenir militarmente en el país. Además de este despliegue bélico inusitado, en junio del presente año se realizó en las cercanías de las costas de Venezuela el ejercicio militar y naval Tradewinds 2017 con la participación de 18 países, bajo conducción del Comando Sur de Estados Unidos, también presentado como "una maniobra multinacional de seguridad marítima y respuesta a desastres en el Caribe”.

Sin embargo, la vida se encargó muy pronto y de forma lamentable de demostrar que tras el paso de los huracanes Irma y María, la tan cacareada ayuda humanitaria de Estados Unidos se ha reducido a publicidad en las redes sociales, a un apoyo retórico que no se ha manifestado en la práctica, y que además está totalmente alejado de las capacidades y las potencialidades económicas del país del norte, desnudando con ello, su verdadera catadura intervencionista y su desinterés en los pueblos de América, si no es con ánimo agresivo y expoliador.

En el ámbito más amplio estas acciones se inscriben dentro de la Operación Venezuela Freedom 2, elaborada e implementada por el Comando Sur, la OEA y el grupo de países autodenominados “Perritos simpáticos en la alfombra” constituido por 13 gobiernos de la región subordinados políticamente a Estados Unidos.

viernes, 6 de octubre de 2017

Che. Un hombre de otra época*


Hablar del Comandante Ernesto Che Guevara entraña una gran responsabilidad y un inmenso honor. Pocas personalidades de la historia contemporánea han copado la multitud de opiniones y comentarios de índole tan disímil, que su figura ha transitado por las inconmensurables facetas de leyenda o aventurero y “Quijote” del siglo XX, con la misma intensidad.

El problema de fondo es que el Che no fue un hombre de su época, como todas las grandes personalidades de la historia, se antecedió a ella, su visión de mundo transcurría mucho después de los acontecimientos cotidianos que le tocó vivir, y como aquellos adalides extraordinarios, podía otear los sucesos del futuro, adelantándose a su época. Como Bolívar y Fidel, como Einstein y Galileo, como Newton, Darwin y Copérnico, el Che fue un incomprendido, alguien que con su práctica trazó un camino señero en el comportamiento del hombre del futuro, a partir de una práctica y de una cotidianeidad basada en el realce de los mejores valores de la condición humana para ponerlos al servicio de la construcción de una nueva sociedad en la que la humanidad pueda, en plenitud de condiciones, desatar su espíritu edificador de un mundo mejor.

El aniversario de la caída del Che que hoy conmemoramos en su quincuagésimo aniversario nos trae el recuerdo de un hombre que incluso después de su muerte ha resistido en el tiempo, las falsas imágenes que se pretendieron erigir en torno a él. Mucho se ha hablado del Che como un estereotipo, como un mito mediante el cual el movimiento revolucionario y especialmente Cuba intentaban edificar una falsa “deidad” que sirviera para desatar el ímpetu de la lucha contra el capitalismo y el imperialismo, es decir como si fuera un “Superman” comunista que permitía desbrozar el camino de la revolución.

Desde el momento de su muerte, la propaganda imperialista pretendió asociar al Che con la idea de fracaso, de derrota, de fin de una época. Así, su ausencia física y el fin del proyecto que inició en Bolivia se podía exponer como la liquidación de una idea y de la posibilidad de construir un mundo distinto. Aunque no existía la posverdad y los medios de comunicación no eran tan tenebrosamente poderosos como ahora, la falsificación de la historia pretendía eliminar la mejor imagen de lucha inclaudicable y desinteresada que un hombre podía emprender en contra de los explotadores, incluso al precio de sacrificar su propia vida. Se equivocaron, con su sangre, el Che sembró un camino que no se ha dejado de transitar ni un solo día de la historia de Nuestra América.

La amplitud del pensamiento político y las facetas que transitó en su fructífera vida, nos permite tener una visión sino acabada, bastante aproximada de la impronta del Comandante Ernesto Guevara. El Che dedicó parte de su vida a teorizar sobre la estrategia y la táctica para la toma del poder en América Latina. Muy comúnmente se le ha adjudicado una supuesta visión dogmática respecto del papel de la lucha armada y la guerra de guerrillas como única opción para la toma del poder, acusándolo además de intentar extrapolar la experiencia de la revolución cubana. Sin embargo, la realidad es que, como lo reflejan sus escritos, siempre concibió la lucha guerrillera, como lucha de masas, como lucha popular.

Muy pocos analistas de la época (y él no era un a analista sino un luchador social) tuvieron la capacidad del Che para esbozar una interpretación tan acabada de la forma como se manifestaba la acción imperialista en América Latina, también en África y Asia, así mismo estudió y expuso acertadas ideas respecto de la situación económica de la región, la lucha de clases, el papel del Estado y el carácter de la revolución. De igual manera, su conocimiento de la historia latinoamericana, su capacidad para tener una visión totalizante de la problemática global y su influencia en los países subdesarrollados, le permitió construir un sólido paradigma que aportaba sustancialmente al camino de la liberación.

Vale decir, que, como es conocido, no se quedó en la confección teórica, su obra es sobre todo práctica, la llevo a cabo en su quehacer como estadista, como dirigente político, edificador de instituciones en la Cuba de los primeros años de revolución, también en la lucha en la Sierra Maestra y en las misiones internacionalistas en diferentes latitudes y longitudes del planeta.

La lucha ideológica cobró fuerza en estas condiciones, no sólo en el proceso de construcción socialista en Cuba, también en los debates que se generaban por la influencia de la revolución en los luchadores y en las organizaciones políticas de la región. Esto es primordial para alejarlo del dogma y ubicarlo responsablemente en su condición de pensador dialéctico y de ejecutor práctico de los procesos de transformación de la sociedad. Afirmó que “La Revolución Cubana ha mostrado una experiencia que no quiere ser única en América Latina” y reprochó a quienes trataron de “implantar la experiencia cubana sin ponerse a razonar mucho si es o no el lugar adecuado “. Pareciera que estaba “mirando” el futuro más inmediato cuando solo tres años después de su muerte habría de fructificar esta idea en Chile de la mano del presidente Salvador Allende, en la Revolución Sandinista un poco más de una década posterior a su partida y en los recientes procesos populares que el devenir del siglo XXI trajeron para América Latina y el Caribe.

Así mismo, contrario a lo que se suele pensar, jamás hizo de la lucha armada una condición obligada del camino revolucionario, opinaba que ello dependía de encontrar el momento adecuado en que existieran las circunstancias que la hicieran posible, para lo cual se requería dos factores que deben complementarse en lo subjetivo, “…la conciencia de la necesidad del cambio y la certeza de la posibilidad de este cambio revolucionario”, a lo cual agregaba como imprescindible, la existencia de condiciones objetivas, la firmeza en la voluntad de lograrlo y una correlación de fuerzas favorable en el mundo, entendiendo si, que era responsabilidad de los luchadores revolucionarios, trabajar por crear esas condiciones, y no sentarse a esperar que ellas maduraran por sí mismas. Pensaba que las fuerzas progresistas debían “utilizar hasta el último minuto la posibilidad de la lucha legal dentro de las condiciones burguesas” como lo expuso con determinación en su obra “Táctica y Estrategia de la Revolución Latinoamericana”, sin embargo no dejó de alertar acerca de que una victoria electoral del movimiento popular, que diera paso a la aplicación de un programa de gobierno orientado a grandes transformaciones sociales en un país, traería necesariamente la resistencia de los instrumentos de dominación de clase, en particular de las fuerzas armadas a fin de impedir la ejecución de tal programa, afirmando premonitoriamente que esa ejecutoria podría devenir en golpes de Estado como lamentablemente ocurrió en varios países de nuestra región muy pocos años después de la muerte del Che.

En su rol de estadista, el Comandante Guevara dejó una estela de dignidad y principios. En julio de 1960, durante un congreso latinoamericano de juventudes, expresó incluso, comprensión hacia aquellos gobiernos latinoamericanos que se prestaban para confabularse al lado de Estados Unidos en su agresión contra Cuba y se manifestó respetuoso de la soberanía de esos países, pero precisamente aquí en Uruguay, en Punta del Este en agosto de 1961, solo unos meses después de la derrota de la invasión mercenaria en Playa Girón, el Che advirtió que Cuba no podría ser separada del corazón de las naciones latinoamericanas, y que lucharía por no ser apartada de la organización que los agrupaba, aceptando incluso que la Alianza para el Progreso, podría llevar una mejoría de las condiciones de vida de decenas de miles de habitantes de la región. No es la opinión del guerrero desalmado que el imperialismo y sus voceros han querido mostrar, sino de un líder, un estadista que ante todo tenía la capacidad de entregar una gran cuota de amor y solidaridad a la humanidad, poseedor de una inconmensurable flexibilidad táctica en el análisis, mente fría y pasión revolucionaria en el tratamiento de asuntos sumamente complejos.

Ese sentir humanista del Che, lo llevó a una vida de sacrificios en pro de dar el ejemplo sin proponérselo, sino como actitud cotidiana de vida, a diseñar y seguir caminos, estuvo totalmente alejado de la vanagloria personal. Percibió como nadie la necesidad de un hombre nuevo que debería estar motivado por valores que superaran la visión mercantilista del trabajo, lo cual se manifestó en los hechos, en la promoción de un gran movimiento de trabajo voluntario que encaraba la construcción de la obra humana alejada de la búsqueda del beneficio personal, que para el Che era parte sustancial de la edificación del socialismo en Cuba, creando preceptos que no han sido mellados por las necesarias transformaciones que se deben hacer para enfrentar los retos de una economía mucho más interdependiente en el marco de un sistema capitalista cada vez más agresivo e intervencionista.

La consumación de la obra del Che vino dada por su convicción internacionalista que lo llevó a una prédica de la cual no quiso estar apartado en la práctica. Esta semana estamos recordando precisamente, los primeros cincuenta años desde que aquel 8 de octubre diera un paso a la inmortalidad, entregando su vida en las selvas de Bolivia, dando con ello al internacionalismo, el horizonte más alto de desprendimiento en favor de la humanidad, sin importar en qué rincón de la geografía del planeta se lucha y se está dispuesto a la victoria o la muerte.

El Che, se entregó al internacionalismo como expresión de solidaridad activa en su proyecto de luchar por una sociedad mejor, de manera leal, auténtica y aherrojado de un soporte ético que le hacía ponerse al frente de cualquier tarea que enfrentara, incluso la postrera hace ya cincuenta años, lo hizo como siempre, como un soldado más, alejado de las glorias de su pasado como comandante de la revolución cubana o como dirigente del más alto nivel del gobierno de la Cuba revolucionaria. Lo encaró con el mismo desprendimiento con que se incorporó al Granma, entusiasmado por el inicio de la epopeya que Fidel le había propuesto, lo hizo con la misma entereza que le permitió resistir los brutales ataques de asma en la humedad de la selva tropical de la Sierra Maestra, lo asumió con el mismo fervor con que resolvió las responsabilidades gubernamentales de una gestión que se inició casi de inmediato bajo el asedio imperial.

¡Y cuando cayó, llegó a la muerte, con la misma convicción que vivió, para estar junto a nosotros, encabezando las nuevas batallas que se libran y se habrán de librar hasta la victoria, siempre!!!! 

*Palabras en la conmemoración del Quincuagésimo aniversario de la caída del Che en el acto organizado por el Sindicato Único de la Construcción y Anexos (SUNCA) de Uruguay el 4 de octubre de 2017.