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viernes, 19 de agosto de 2016

Migración y deportes: la hipocresía de los países ricos


Las investigaciones científicas han demostrado que los seres humanos se han desplazado a lo largo y ancho del planeta desde que se conoce su existencia en el mismo. Es una de sus condiciones naturales, tal vez una de las más importantes y trascendentes. Lo particular han sido los estudios que se han hecho a partir de las circunstancias en que se produjeron y las repercusiones en términos políticos, económicos, sociales y culturales que han tenido en sus diferentes contextos a través de la historia. Los instrumentos que los poderosos utilizaron en cada etapa, signan su validez o repudio según sea el caso.

La creación de Estados nacionales en Europa a partir del siglo XVII y la expansión por la fuerza de las monarquías del viejo continente, creo regímenes coloniales que dividieron pueblos, alteraron tradiciones, culturas y costumbres, además de violentar fronteras donde existían y establecerlas donde no las había.  El colonialismo creó nuevos países en los que se impusieron las usanzas, cultura, religión e idioma de las metrópolis. Sin embargo,  a pesar del esfuerzo por imponer una lógica universal eurocéntrica, en cada rincón del globo, los pueblos avasallados, enfrentaron, -en virtud de su mayor o menor potencia cultural y de su fuerza civilizatoria- la propagación maligna que se les impuso  a través  de esta avalancha, dada en llamarse modernidad.

El siglo XIX impuso una aceleración del proceso colonial a través de la ocupación de territorios y la reducción de los pueblos, utilizando para ello cualquier instrumento que los poderes europeos tuvieran a su alcance. Por supuesto, este “nuevo acontecimiento” iba a tener impactos significativos en los movimientos poblacionales que durante aproximadamente un siglo y medio hicieron que el planeta se fuera construyendo demográficamente de otra manera. Además, la intrusión de Estados Unidos como potencia que desde finales del siglo XIX pugnaba por ganarse un espacio en el concierto de los países que tomaban las decisiones, mientas que de forma similar, Rusia aspiró a lo mismo desde principios del siglo XX, –aunque desde otra perspectiva ideológica-, y la ubicación geográfica de ambos actores, fuera de la Europa Occidental irrumpió en la estructura política del planeta durante la segunda mitad de la pasada centuria, estableciendo una nueva lógica a partir, -sobre todo- de la ilimitada expansión de la economía estadounidense, lo cual instauró expresiones inéditas de los desplazamientos humanos.

En tiempos más recientes (desde finales del siglo XX), este proceso generó indudables transformaciones identitarias, que han conllevado entre otras cosas a la cuasi desaparición de ciertas “homogeneidades”, las innovaciones en la creación de políticas públicas en materia de educación y cultura y a profundas mutaciones en las estructuras de la sociedad y la economía.

Estados Unidos y Europa se han visto sometidos, casi desde los mismos comienzos del siglo XXI  a una serie de sucesos que han puesto en evidencia el fracaso de sus políticas migratorias: incremento de acciones violentas, manifestaciones crecientes de inmigrantes afectados por decisiones gubernamentales, exclusión de las minorías y exacerbación del racismo, el chovinismo y la xenofobia, todo lo cual ha sido acentuado por la suposición mecánica de que un inmigrante es un terrorista potencial a la luz de la política de “guerra al terrorismo” inaugurada por el Presidente Bush después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

La ola humana de migrantes proveniente de los países del Oriente Medio, que se calcula en alrededor de 18 millones de ciudadanos indocumentados llegados a territorio europeo, antes de la “primavera árabe” y el comienzo de la guerra en Siria han cambiado para siempre la perspectiva del quehacer gubernamental de los países de Europa, haciendo de este tema  una prioridad en la discusión para la toma de decisiones políticas y económicas. A mediados de la década pasada, se calculaba que Palestina, Turquía, Marruecos y Egipto tenían cada uno dos millones y medio de ciudadanos viviendo en Europa, así mismo, la cifra alcanza a un millón para Argelia y medio millón para Túnez y Líbano según cifras que aporta el reconocido antropólogo e investigador mexicano Andrés Fábregas Puig. La guerra en Siria, el surgimiento del Estado Islámico, la expansión de Al Qaeda, todo bajo paraguas y visto bueno occidental ha venido a incrementar a niveles alarmantes estas cifras.

Sin embargo, revisando alguna información, encontramos que en Estados Unidos la cifra más alta  a la que llegó el número de migrantes indocumentados fue de 12,2 millones en 2007, lo cual representaba el 4 % de su población, Italia, recibió 167 mil inmigrantes en 2014 según Euronews. Por su parte datos oficiales de la Unión Europea señalan  que en 2013 todos los países que la conforman recibieron 3.4 millones, aunque en el mismo año salieron de ella, 2.8 millones, incluyendo ciudadanos de un país de la Unión que se trasladaron a otro. Los mayores receptores fueron Alemania con 693 mil dentro de una población total de alrededor de 80 millones, es decir menos del 1% y Reino Unido con 526 mil en una población de 58 millones es decir un poco más del 1%. Al mirar estas cifras no se entiende el escándalo que han armado a fin de tratar de encontrar respuestas para un problema que ellos mismos han creado. Solo desde una visión racista y xenófoba que ha incubado en las élites del poder y la política puede explicarse la histeria frente a un problema que como hemos explicado es tan antiguo como la humanidad misma. ¿Qué hubiera pasado si -como Venezuela-,  recibieran a 6 millones de migrantes, de una población total de alrededor de 30 millones, es decir el 20 % de la población (solo contando a los colombianos) que han llegado al país por un problema que Venezuela no generó y que responde exclusivamente a las paupérrimas condiciones de vida del país vecino, la guerra interna, la delincuencia organizada y el paramilitarismo?. ¿Acaso el Presidente Chávez pidió ayuda internacional para concederle a esos inmigrantes todos los derechos sociales con que cuentan los ciudadanos nacidos en el país, incluyendo, salud y educación enteramente gratuita y posibilidad de obtener una vivienda digna en igualdad de condiciones que los venezolanos?

Pero, en realidad lo que motivó esta nota, es la consumación ante miles de millones de ciudadanos de todo el mundo de un acto que devela la mayor hipocresía que jamás se podría haber esperado de los “dueños del planeta”. La inauguración de los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro mostraron  el desfile de una delegación de migrantes que compitieron bajo las banderas del Comité Olímpico Internacional (COI), decenas de litros de lágrimas se derramaron por tal “acto de humanidad” que se insertaba en un supuesto espíritu olímpico. Espíritu que por cierto, borró del juramento inicial de los juegos la palabra Patria, que se utilizó por primera vez en Amberes 1920, cuando los deportistas se comprometían  “…por el honor de nuestra patria y por la gloria del deporte” para mutarla  a “por la gloria del deporte y el honor de nuestros equipos” que se usa ahora, por supuesto, en el proceso de mercantilización del deporte que tiende a olvidar los valores insuflados al olimpismo por el Barón de Coubertin y que son expresión del verdadero espíritu que debería primar en los Juegos.

Lo risible de esta delegación de migrantes (seguramente inventada para darse golpes de pecho por los mafiosos que dirigen el deporte mundial) es que cuando comenzaron los eventos, se pudo observar por ejemplo, al equipo de futbol de Suecia compuesto por tres deportistas de origen africano y cuatro árabes, o a una jugadora alemana de tenis de mesa de origen chino, recibiendo instrucciones… en mandarín de su técnica también alemana, y de origen chino. Así mismo, un ucraniano de origen croata  que competía en el mismo deporte con un bosnio que representaba a Eslovenia. Vimos a un pesista mexicano de origen cubano, a un voleibolista ruso participando por Italia y a Pedroso una cubana que también compitió por Italia en 400 mts. con vallas. No dejó de sorprenderme la judoca alemana de apellido Vargas, la futbolista de Dinamarca, en cuyo dorsal pudo leerse “Gómez” y el pesista Robles de Estados Unidos, así como el atleta británico de 400 mts. de apellido no muy inglés Uhorhogu, y al voleibolista italiano Egoru, negros ambos como sus ancestros evidentemente venidos de África.

                                     
Pero, lo que rebasó todo umbral de ironía y descaro  respecto del origen de los atletas y la inmoralidad que conlleva esta mirada sobre los inmigrantes es que de la delegación de Bahréin compuesta por 35 deportistas, 10 nacieron en Kenia, 7 en Etiopía, 6 en Nigeria, 3 en Marruecos, 2 en Jamaica, 1 en Rusia y solo 6 en su país. Este caso, no es más que un vulgar robo de talentos por parte de una monarquía corrupta y desvergonzada.



No tengo duda que si los migrantes, o los hijos de migrantes hubieran integrado una sola delegación, ésta sería la más numerosa de todas las que participaron y posiblemente la que mayor cantidad de medallas hubiera obtenido. Mientras los gobiernos reprimen brutalmente la emigración, y tratan de impedirla por la fuerza, se vanaglorian por los éxitos que sus naciones obtienen a través de estos talentos que independientemente del país por el que compitieron son expresión de lo mejor de esta humanidad diversa y multicultural que tiene todo el derecho de desplazarse a donde quiera por el sueño de una vida mejor.  También son expresión de lo peor del capitalismo putrefacto y decadente que lamentablemente ha transformado al deporte en un negocio y a los atletas en mercancía.

sábado, 13 de agosto de 2016

Fidel. Noventa años. II


La semana pasada explicábamos a través de un ejemplo, cómo la capacidad de Fidel le permitió diseñar acciones combativas sin jamás haber estado en el terreno de las operaciones, así como tener la visión para predecir las acciones estratégicas que Somoza (asesorado por Estados Unidos) iba a perfilar, a fin de derrotarlas en el terreno bélico, el de la política y el de las relaciones internacionales, lo que le habilitó para construir una amplia alianza de países con gobiernos de distinto signo que coadyuvaron a la derrota de la dictadura. En el artículo mencionado señalé que al referirse a los combatientes internacionalistas, la valoración que Fidel hizo del cumplimiento de la misión es contundente. En su libro “La paz en Colombia” expuso que “´…escribieron una página imborrable en la historia de América Latina, tarea que prosiguió después de la victoria, junto al esfuerzo solidario e irrestricto de nuestro país`”.

Fidel realizó su primer viaje a Nicaragua al conmemorarse el primer aniversario de la Revolución Sandinista en julio de 1980. Allí cumplió una nutrida agenda de trabajo y de visitas. Nosotros ya teníamos un año en el país y conocíamos bastante bien la capital Managua, en ese entonces una ciudad de 340 mil habitantes. Aunque por mis responsabilidades, me tocó trabajar directamente en el plan de cobertura antiaérea del evento, la mayoría de mis compañeros fueron convocados para participar como personal de apoyo a la seguridad del Comandante. Fidel quiso conocer el Parque Nacional Volcán Masaya, cuya entrada está ubicada en el Km. 23 de la carretera de Managua a Masaya. La seguridad se desplegó a lo largo de toda la vía desde Managua hasta el Parque. Al regreso, los compañeros se mantenían en sus puestos y fueron alertados que el Comandante volvía a Managua, pero justo en el momento en que salía de la instalación y cuando debía tomar hacia el norte en dirección a la capital, la caravana torció al sur en dirección a Masaya, cundiendo el desconcierto y la sorpresa. Algunos intentaron indagar qué había ocurrido, y la respuesta que recibieron fue que había sido una decisión de último minuto del Comandante. Si algún grupo terrorista o al servicio de oscuras fuerzas contrarrevolucionarias había preparado alguna acción contra la vida de Fidel, se quedó con los preparativos hechos. En ese momento, entendí que el jefe de seguridad de Fidel era él mismo, y que obedecía a un instinto y una sagacidad que se había formado y solidificado después de veinte años de lucha frontal contra el imperio más poderoso del mundo que había puesto todos los recursos humanos, tecnológicos y financieros a su alcance para hacerlo desaparecer físicamente: se contabilizan más de 600 intentos de asesinato de Fidel a través de la historia. Estar vivo y llegar a su noventa cumpleaños en sí mismo es una victoria del pueblo cubano, de sus órganos de seguridad y del propio Fidel que crearon eficientes mecanismos para evitar que el gobierno de Estados Unidos, sus agencias y los terroristas a sueldo fracasaran en sus intentos criminales. Fidel logró como David que el Goliat imperial no fuera capaz de apartarlo del camino de lucha trazado que es un ejemplo para todos los hombres y mujeres dignos del planeta.

Algunos años después, en 1986, estando de visita en la Habana, junto a otros dos compañeros fui invitado a una jornada de pesca submarina por el Comandante Fidel Castro. Fuimos trasladados a una zona del sur de la isla donde nos encontramos con Fidel. Al día siguiente de nuestra llegada, después de un frugal desayuno dado la actividad que habríamos de realizar nos dirigimos en una pequeña lancha al lugar donde volví a practicar un deporte después de 15 años, lo cual no dejaba de preocuparme. Durante el trayecto de alrededor de 20 minutos, Fidel iba ensimismado en la lectura de un voluminoso libro.

Al llegar al lugar previamente elegido, uno de mis compañeros, Juan y yo nos lanzamos al mar, Fidel había sido el primero en hacerlo. Juan era buzo profesional y no tardó en sumergirse a la misma profundidad que Fidel, cosa que yo no pude hacer. Debo haber bajado unos 5 o 6 metros y en esa zona me dediqué a buscar algunos ejemplares que no me hicieran quedar tan mal en comparación con mis dos avezados “colegas”. Fidel estaba pronto a cumplir 60 años, y su estado físico era envidiable, se mantenía durante largos minutos en el mar y a una profundidad que debía rondar los 12 metros, solo con máscara y aletas para nadar. Sin embargo, llegó un momento en que decidí que había sido suficiente por ese día y volví a la lancha. Me vi obligado a aguardar que Fidel y Juan concluyeran la faena antes de regresar a tierra firme. La espera no fue corta. En algún momento, comencé a dar vueltas por la lancha y me acerqué al pequeño cubículo de unos 6 metros cuadrados donde había una silla en la que Fidel había estado leyendo durante el viaje. Había varios libros. Fue imposible contener mi curiosidad y tomé el texto que estaba más arriba, estaba lleno de anotaciones y se encontraba marcado mucho más adelante de la mitad, su título en inglés “Biotechnology”. Primera vez que veía esa palabra, de la cual ni siquiera tenía conocimiento en castellano. Para no mostrar mi curiosidad y mucho menos mi ignorancia, no pregunté a nadie de qué se trataba.

El domingo en la tarde regresamos a La Habana, pero la respuesta a mi inquietud la vine a tener apenas el martes siguiente. Ese día, 1° de julio de 1986 fue inaugurado por Fidel, el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de Cuba, una de las joyas principales de la ciencia cubana, el cual en 30 años ha desarrollado, a pesar del criminal bloqueo estadounidense que impide la obtención de los insumos y la tecnología necesaria, una amplia gama de investigaciones de alto nivel, las cuales puestas al servicio de los ciudadanos cubanos y de muchos países del mundo, han servido para elevar sus niveles de salud y vida digna. Los años han sido testigos de la voluntad personal de Fidel para desarrollar la ciencia y la tecnología, en particular como apoyo a la salud, haciendo extraordinarios esfuerzos financieros que han llevado a transformar a Cuba en un faro en el horizonte de los países en vías de desarrollo, lo cual le permite mostrar índices solo comparables con los de los países más ricos del planeta. El CIGB contribuye al diagnóstico, prevención y tratamiento de casi 30 enfermedades, a través de la producción de una serie de vacunas y otros compuestos, algunos de ellos únicos en el mundo. 

Fui testigo “involuntario” del esfuerzo personal de Fidel por conocer del tema en el momento previo al de la puesta en marcha del CIGB y prepararse para hacer una presentación a Cuba y al mundo del futuro que se iniciaba. En silencio disfruté ese día mientras escuchaba su discurso en el que concretaba lo que había sido la concreción de una visión clarividente del futuro de Cuba, - trazado en los primeros años de la Revolución- a través de la promoción de la biotecnología como una de las principales industrias del futuro desarrollo del país.

En esa época se debatía mucho respecto de la lucha contra las dictaduras y el retorno a la democracia en América Latina. Los gobiernos represores aliados de Estados Unidos habían fenecido en Brasil, Argentina y Uruguay. Chile se estremecía a través de las gigantescas jornadas de lucha de su pueblo en contra del gobierno fascista de Pinochet. Una noche conversamos sobre ese tema con Fidel, propugnábamos una salida revolucionaria a la dictadura. Como siempre, él hacía muchas preguntas, guardando información en su cerebro privilegiado, pero no emitía opinión alguna. Los que participábamos de la reunión anhelábamos conocer su discernimiento al respecto. Fidel era muy mesurado cuando conversaba con revolucionarios de otros países y evitaba formular sentencias terminantes si no se le consultaba directamente respecto a un tema. 

Nosotros insistimos en querer conocer su sentir. Muy tarde, ya en la madrugada dijo “Nadie más que yo quisiera una salida revolucionaria para la tragedia de Chile, pero lo imprescindible es evitar mayores sufrimientos al pueblo chileno, Hay que impedir que sus hijos sigan siendo asesinados, torturados y desaparecidos. No es revolucionario prolongar la agonía de un pueblo, esperando encontrar las mejores condiciones para un triunfo revolucionario” y finalizó “…los revolucionarios chilenos deberían seguir haciendo el esfuerzo que hacen, y hacer su mayor contribución para el fin de la dictadura que es lo inmediatamente necesario”.

No se trata de valorar qué está primero, si el humanista o el revolucionario, un revolucionario verdadero es ante todo profundamente humanista y Fidel nos señalaba que había que tener la grandeza suficiente para hacer avanzar la humanidad, incluso si ello significara que los objetivos propuestos no son alcanzables en el corto plazo. 

Habría muchas otras cosas que contar, muchas otras anécdotas que como dije al comienzo, retratan a un personaje superior, pero el espacio es limitado y no es posible hacerlo como se quisiera. Sirvan estos modestos recuerdos para dar a conocer algunas facetas de este hombre que superó la vida para entrar a la historia como líder de un pueblo digno y heroico al cual condujo mil veces a la victoria.

viernes, 5 de agosto de 2016

Fidel. Noventa años. I



He tenido la extraordinaria oportunidad de transitar a través de la vida en circunstancias inusitadas, lejos de cualquier protagonismo, y en condiciones de disfrute pleno, vivir con pasión los avatares de una existencia marcada por el devenir que señaló el ejemplo de mis padres y su propio derrotero en las luchas por hacer un aporte para la transformación del mundo en un lugar en el que los ciudadanos vivan en condiciones de equidad y libertad.

Eso me llevó a conocer la Cuba de Fidel y hoy cuando estamos a solo días de conmemorar el inicio de su décima década de existencia, vienen a la memoria algunos recuerdos, que sin magnificencia alguna ni grandilocuencias innecesarias, fueron construyendo en mí, la imagen del personaje a través de vivencias directas e indirectas que coadyuvaron a extraer la esencia de un ser humano, que se fue erigiendo en paradigma de la resistencia, el honor, la dignidad, la inteligencia y la valentía a la que se aspiraba, a fin de tener la solvencia y la fortaleza necesaria para superar los escollos y hacer de la vida, un espacio útil y provechoso para los que nos rodean y para la sociedad, a pesar de las feroces arremetidas imperiales que nos ha tocado sufrir en todas las latitudes y en todos los tiempos.

Era octubre de 1976, un grupo de combatientes latinoamericanos cursábamos estudios superiores militares en la Escuela de Artillería de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (FAR), Comandante Camilo Cienfuegos, ubicada en ese entonces en la fortaleza de La Cabaña en La Habana. Era momento de pruebas finales, habíamos concluido la mayor parte de ellas, pero faltaban “los exámenes estatales” que tomaba una comisión del Alto Mando. Eran sumamente difíciles, por lo que el estudio se desarrollaba con el mismo nivel de intensidad que generaba esa dificultad. El más espinoso de todos era el de táctica y estaba pautado para el día sábado 16. Todo marchaba sin contratiempos hasta que el 6 de octubre, un avión de Cubana de Aviación fue hecho explotar en pleno vuelo con todos sus pasajeros a bordo (la mayoría de ellos, jóvenes deportistas) y tripulantes, en las cercanías de Barbados. La acción terrorista organizada por el gobierno de Estados Unidos y ejecutada por Luis Posada Carriles y otros agentes al servicio de la CIA, causó estupor, dolor e impotencia en el pueblo cubano. Se decidió que el funeral público en la Plaza de la Revolución se realizara el 15 de octubre, (el día antes de nuestro examen). Unánimemente, solicitamos ir a la Plaza, algunos opinaron que se debía pedir una posposición de la fecha, pero la mayoría lo rechazó. A pesar del dolor que nos embargaba, era imposible abstraerse de un sufrimiento colectivo jamás vivido. 

El viernes 15 ante una plaza abarrotada por un pueblo sobrecogido por la consternación que significaba el sacrifico de decenas de inocentes, Fidel hizo un discurso que interpretó como tal vez nunca el sentir popular y concluyó diciendo “No podemos decir que el dolor se comparte. El dolor se multiplica. Millones de cubanos lloramos hoy junto a los seres queridos de las víctimas del abominable crimen. ¡Y cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!”. Ese día comencé a entender que estaba ante un hombre de una estirpe superior, de un ser invencible, cuando solo su convicción, era capaz de levantar a un pueblo herido y hacer temblar con la fuerza de su verbo fulgurante al más poderoso imperio del planeta. Ese día entendí que el pueblo cubano jamás iba a ser derrotado y que la potencia de su quehacer se iba a manifestar más que por sus riquezas materiales, por la fortaleza de su conciencia, que encarnaba el liderazgo de Fidel. 

Desde el mismo momento de nuestra graduación comenzamos a hacer la práctica, mientras solicitábamos que se nos incorporara a las misiones internacionalistas que Cuba a través de sus fuerzas armadas cumplía en Angola o Etiopía, sin embargo tales requerimientos chocaban con la idea de Fidel, que una y otra vez nos hizo saber, que no era el momento y que ya llegaría una oportunidad en que las circunstancias harían más propicia la participación de combatientes no cubanos. Esa posibilidad se hizo patente a mediados de 1979, cuando emanaban los últimos estertores de la dictadura somocista. Nos consultaron si estábamos dispuestos a constituir un contingente que apoyara las acciones que desarrollaba el FSLN en la ofensiva final.

Antes de partir a Nicaragua, Fidel nos informó sobre la situación política y militar en Nicaragua. Nos dijo que el FSLN se había unificado lo que permitió idear un solo plan insurreccional. Nos dio detalles sobre la ubicación de los frentes de guerra y las misiones más generales de cada uno de ellos en el marco de una ofensiva final que debía terminar solo con el fin de la dictadura. Después de esto, pasó a la misión concreta para el contingente que salía. Dijo que íbamos al Frente Sur, que operaba en la frontera con Costa Rica, el cual debía incursionar en una pequeña franja de territorio que iba desde el Lago de Nicaragua hasta el Océano Pacífico. En un artículo que escribí en julio de 2009, para conmemorar el 30 aniversario de esa gesta, relataba de la siguiente forma esa reunión con Fidel: “Explicó que hasta ahora habían sido infructuosas las acciones para consolidar ese frente y que los combatientes nicaragüenses con mucha valentía y heroísmo habían tenido que retirarse a Costa Rica desde donde se preparaba un nuevo ataque a territorio nicaragüense, pero esta vez sobre la Carretera Panamericana a partir del puesto fronterizo de Peñas Blancas”

Más adelante “… nos señaló con firmeza que nuestra misión consistía en apoyar a las columnas guerrilleras sandinistas para mantenerse en el territorio ocupado, que una vez dentro del territorio nicaragüense, se debía profundizar la ofensiva lo más que se pudiera sin correr el riesgo de que un ataque por la retaguardia de nuestras fuerzas pudiera “cortar” el frente en dos con el riesgo del aniquilamiento del mismo. Que una vez ocupadas las posiciones, debíamos pasar a formas de guerra regular, manifestada a través de la consolidación de una línea de trincheras que se debía mantener a cualquier costo”.

Y concluía en esa ocasión “Nos explicó que era necesario aumentar la potencia de fuego para impedir o desestimar cualquier intento enemigo de recuperar sus posiciones y crear condiciones para -si la situación táctica lo permitía- avanzar en la ampliación de la ´cabeza de puente` conquistada. Comprendimos la urgencia del envío de artilleros al Frente Sur”. Todo esto fue decisivo para el fin de la guerra y con ella el ocaso de la dictadura somocista.

Así lo estimó Justiniano Pérez, último Comandante de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) la fuerza élite de Somoza, cuyo contingente mayor actuaba precisamente en el Frente Sur. En un libro de su autoría Pérez reconoció que “Las operaciones en el Frente Sur se prolongaron por 6 semanas: todo el mes de junio y las dos semanas de julio antes de la partida del “Jefe”. La historia del Frente Sur es triste para la Guardia Nacional (GN) por que (sic) representa el fracaso del éxito. Fue el único y último lugar de Nicaragua donde se pudo aglutinar una fuerza táctica organizada apresuradamente con elementos de diferentes unidades, especialmente del Batallón Blindado y la EEBI y donde se pudo coordinar un apoyo aéreo efectivo para fines del reabastecimiento y emplear por primera vez en Nicaragua, del teléfono inalámbrico” y finaliza afirmando que “ El Frente Sur resume sin lugar a dudas, el éxtasis y la agonía; la confianza y la resignación de una pequeña fuerza que representaba lo mejor de una institución en su postrimería. Llegó a ser la “crema y nata” de lo que la GN pudo llegar a tener y en consecuencia, con lo mejor de lo mejor en un solo lugar, el resto del país quedó desprotegido por que (sic) no había autosuficiencia en ningún lado. Esta portátil de la GN quedó empantanada en la zona sur, mientras el resto del país sin posibilidad de auxilio, caía paso a paso. Un éxito táctico, convertido en derrota estratégica. Una trampa mortal”.

Ni más ni menos, que lo que Fidel nos había dicho antes de salir a la zona de combate, lo cual esboza la genialidad en la conjunción de su pensamiento operativo y estratégico.