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martes, 31 de julio de 2012

Mercosur. Un paso adelante

Antes de finalizar la segunda guerra mundial, los Estados entendieron que se hacía necesario crear un nuevo sistema internacional que diera cuenta de los cambios que habían tenido lugar a partir de la correlación de fuerzas que se había creado al término de la conflagración. Así nació la Organización de Naciones Unidas. No fue el fin del mundo estadocéntrico, pero si marcó la irrupción de un actor que dio origen a relaciones internacionales de carácter multilateral. Antes, al final de la primera guerra mundial se había creado la Sociedad de Naciones de efímera existencia.

Los teóricos han dedicado bastante tiempo a debatir acerca de este tema y  acerca de las características del regionalismo como expresión de una práctica de diplomacia multilateral, su importancia y trascendencia de cara a un futuro que se estima complejo y plagado de dificultades en momentos en que según el presidente Rafael Correa vivimos un “cambio de época”.

El mundo vivió casi todo el siglo XX en los marcos de un sistema bipolar que a  través de los años y de acuerdo a las debilidades que presentaba se hacía más o menos flexible, más o menos rígido. Pero, el fin de la guerra fría significó el inicio de una profunda transformación del sistema internacional que no se produjo en el corto plazo. Las pugnas por establecer nuevas normas que regularan el sistema a construir desde una visión distinta, llenaron toda la última década del siglo pasado. Se expresaron en el espacio global y también en el regional. Nuestro continente no fue ajeno a tal situación. Ese es el contexto  en que nació Mercosur.

Este organismo internacional surgió el 26 de marzo de 1991  en Asunción, capital de Paraguay y por ello el Tratado que lo regula lleva el nombre de esa ciudad. El último día de 1994,  reunidos en Ouro Preto, Brasil los cuatro estados miembros adoptaron un Arancel Externo Común (AEC).  Antes, en 1985, cuando la democracia había retornado a Brasil y Argentina después de largos períodos dictatoriales, los presidentes de ambos países se habían reunido en Foz do Iguazú para firmar el “Acta de la Integración” primer paso para avanzar hacia lo que  después sería el Mercado Común del Sur.

Se trataba de construir en la región, lo que era imposible en el escenario global. Al respecto Modesto Emilio Guerrero afirmó que Mercosur “…comenzó como un bloque defensivo y proteccionista” y al referirse a Brasil y Argentina agregó que “Sin proponérselo oficialmente, ambas naciones comenzaron a limar viejas asperezas, conocidas como ´hipótesis de guerra`, fricciones fronterizas y recelos diplomáticos”.

En 1988, se firmó el Tratado de Buenos Aires que establecía la creación de una zona de libre comercio entre los dos países en un plazo de 10 años. Eran acciones que contradecían el rumbo que tomaba el mundo. En ese mismo 1991, -cuando nacía Mercosur- desaparecía la Unión Soviética y se comenzaba a constituir algo que –en ese momento-  nadie imaginaba las perspectivas que iba a tener: un trazado distinto para el futuro de América Latina. No hay que olvidar que durante esos años nuestro país vivió el caracazo en 1989,  las rebeliones militares de 1992 y la posterior destitución del presidente Pérez. La podredumbre del sistema no era ajena al resto de los países de América Latina que transitaban modelos neoliberales con grandes dificultades. Las normas del “Consenso de Washington” permeaban la vida política y económica de nuestras naciones y establecía los intereses y la política de Estados Unidos  para la región.

Los últimos años fueron de intensa actividad diplomática en América Latina a fin de generar una nueva inserción internacional. Ello, se ha manifestado en las relaciones bilaterales y también en el ámbito multilateral, en particular en los niveles regionales y subregionales.


Las posibilidades que aportan las nuevas tecnologías de comunicaciones facilitaron el proceso. La integración ha ido adquiriendo un carácter más relevante y su peso ha aumentado con el tiempo en las políticas exteriores de los Estados.  El aumento de la confianza mutua y la convicción de la necesidad de utilizar vías pacíficas para la resolución de los conflictos han permitido mejorar las condiciones para avanzar en ese sentido. En Sudamérica sólo la guerra interna que vive Colombia -alimentada por Estados Unidos- y rechazada por su pueblo, continúa siendo el único impedimento para una paz que permita crear todavía mejores circunstancias a fin de progresar en la construcción de un amplio espacio de integración. Así mismo, la cimentación de un ámbito válido para el diálogo político, incluso entre gobiernos de antagónicas posiciones ideológicas, son una muestra de la plena convicción de nuestros estadistas en la imperiosa necesidad de la integración.


Sin embargo, los ataques terroristas en Estados Unidos 11 de septiembre de 2001,  sirvieron a ese país para imponer la unipolaridad como sistema político internacional y el unilateralismo en las negociaciones económicas y comerciales. No era una buena señal para América Latina. Los presidentes brasileños Fernando Color de Mello y argentino Carlos Saúl Menem abanderaban políticas neoliberales. Bajo ese influjo nació Mercosur.

Durante esos primeros años, no hubo una visión homogénea sobre las perspectivas de la organización,  la inestabilidad fue el signo más relevante de esos tiempos, sin embargo el Mercosur pasó la prueba de los años difíciles. Para Brasil, Mercosur siempre fue un proyecto estratégico de integración de largo plazo, para su proyección invirtió todo el aparato gubernamental, en particular su Cancillería. La Argentina de Menem, -por el contrario- privilegió su relación con Estados Unidos, en particular en cuanto a la construcción del ALCA, su intención de incorporarse a la OTAN en 1999 y su apoyo al Plan Colombia el mismo año.  

Estas divergencias conspiraron para la transformación de Mercosur en un mecanismo que además de tener un componente económico, también se expresara en lo político. Sólo a partir de 2003 cuando Lula llega al gobierno en Brasil y Néstor Kirchner en Argentina que se comienza a producir un cambio en el mecanismo regional. Todo ello se potencia con la elección de Tabaré Vázquez como presidente de Uruguay en 2005. Así surge un discurso común en el bloque económico. Se empiezan a priorizar los intereses regionales y se plantea reformular la relación con Estados Unidos, buscando salir de las políticas neoliberales implementadas durante los años 90 del siglo pasado. Se propusieron reconstituir el bloque y actuar de manera conjunta en contra del Alca que Estados Unidos pretendía imponer en la región. 


A este Mercosur llega Venezuela, aunque ésta, no ha sido una iniciativa improvisada. Durante 6 largos años, el senado paraguayo había vetado su ingreso al bloque regional. En efecto, el 4 de julio de 2006 se suscribió el Protocolo de Adhesión de Venezuela al Mercosur[] mediante el cual se constituyó como Estado Parte. En la idea de futuro del presidente Chávez y  de su gobierno la perspectiva de entrar a Mercosur ha estado presente desde hace muchos años. La entrada de Venezuela al mecanismo viene a coronar un esfuerzo que se concretará  en la práctica en 2014  cuando el país haya puesto en funcionamiento  los instrumentos que definen al bloque, básicamente el libre comercio entre las partes y el Arancel Externo Común.

El ingreso de Venezuela a Mercosur ofrecerá posibilidades y oportunidades a pequeñas, medianas y grandes empresas para colocar sus productos con un arancel común en un mercado de 300 millones de habitantes. El gran reto es superar la unilateralidad de nuestras exportaciones que son básicamente petroleras y ampliarlas  a otros sectores industriales vinculados a la industria del hierro y la bauxita y a los productos agrícolas. Eso obliga a nuestros empresarios y al Estado a elevar la productividad y la eficiencia. Una inserción positiva en Mercosur allanará el camino para generar nuevos y mejores empleos potenciando nuestros recursos humanos. Esta decisión y su implementación futura son positivas para el país, sus sectores productivos y los ciudadanos. Sin duda alguna se ha dado un gigantesco e histórico paso adelante en el proceso de integración sudamericano.

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