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lunes, 16 de julio de 2012

Encuestas y encuestadoras, ¿ciencia o deseo calculado?


La estadística existe desde los tiempos más remotos. Existen grandes evidencias del uso de estadísticas en las civilizaciones egipcias, griega y romana, aunque de manera bastante rudimentaria. Así, por ejemplo, se realizaron censos de población, se llevaban controles de natalidad y mortalidad, sí como del pago de tributos e impuestos. Incluso en la Biblia se encuentran alusiones a censos del pueblo judío.

La estadística como ciencia surge en el siglo XVII, con la aparición de los primeros estudios expuestos en la Teoría de Probabilidades, la cual se constituiría más tarde en la base matemática de la estadística moderna. El origen de la Teoría de Probabilidades es de carácter humilde, debido a que surgió en los juegos de azar.

En la sociedad francesa del siglo XVII era de buen gusto ser jugador. Estos trataban de ganarse el apoyo de los científicos de la época para lo que construyeron esquemas y teoremas que permitían ganar en el juego. A partir de la correspondencia entre ellos, a través de Europa, se consolidó siglos más tarde la nombrada Teoría de las Probabilidades que en la actualidad ha constituido la base fundamental de los estudios de la estadística moderna.

Mi excelente profesor de estadística en la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela, Armando Soto Negrín nos enseñaba que la Estadística “se define como una metodología que trata de la recolección, análisis e interpretación de los datos, así como de la proyección e inferencias que se pueda hacer de los mismos”
He recordado al profesor Soto Negrín, al ver la profusión de encuestas que anuncian uno u otro resultado y su papel cada vez más relevante en el quehacer político cuando las mismas, más que medir un resultado se han transformado en instrumento para influir en ellos. De esa manera, pareciera que las encuestas tienen un resultado determinado, incluso antes de que se hayan hecho. Entendiéndolas como una herramienta científica necesaria, resulta inverosímil que encuestas realizadas por empresas de dudosa reputación se equivoquen una y otra vez y se siga confiando en ellas como mecanismo válido para evaluar el probable comportamiento electoral de la población.

Defendiendo y creyendo en el valor insuperable del vilipendiado conocimiento científico como soporte fundamental para construir y desarrollar políticas públicas, en el área electoral se debería actuar con mayor firmeza para evitar que ambiguas empresas que se dedican a hacer este tipo de trabajo puedan tener un reconocimiento que les permita con absoluta impunidad seguir engañando a los ciudadanos.

Como en todo cálculo científico es normal que existan ciertos márgenes de error. Soto Negrín los denominaba “Intervalos de seguridad o confianza”: Al respecto decía que “Una vez conocido el error de estimación, sumándole y restándole un determinado número de veces dicho error al valor obtenido en la proyección, llegaremos a un resultado con un cierto margen de seguridad o confianza, es decir con una determinada probabilidad que viene dada por el conocimiento de la curva normal o de Gauss”. Más allá que los lectores y yo no manejemos estos instrumentos que son propios de especialistas en el tema, es obvio que si de manera permanente una empresa encuestadora supera ese margen una y otra vez en distintos procesos eleccionarios, no está trabajando con criterios científicos, o ha sido pagado para dar un resultado establecido de antemano. No hay que ser especialista para tener certeza de lo que el pueblo en su infinita sabiduría ha llamado “empresas piratas”

En un esfuerzo por regular esta situación el pasado 25 de junio el Consejo Nacional Electoral de Venezuela (CNE) inició el registro de empresas encuestadoras para la campaña electoral presidencial. La rectora del CNE Socorro Hernández había anunciado el 7 de junio que se solicitaría a las encuestadoras un registro de la empresa, la ficha técnica, su metodología, y otros datos que den garantía a los votantes de que efectivamente la información que se va a estar difundiendo "es realmente profesional y confiable".

Al respecto el presidente de la encuestadora GIS XXI, Jesse Chacón, aseguró que apoya la exigencia del CNE "para que se sepa quiénes tienen historia haciendo encuestas y quiénes aparecen simplemente por la necesidad de la campaña". Y agregó "Últimamente han estado saliendo algunas encuestadoras que creo ni RIF (Registro de Identificación Fiscal) tienen". Según Chacón la medida tiene el objetivo “de certificar más que regular”. Propuso, igualmente, que “a futuro el CNE sea un ente que pueda premiar a aquellas encuestadoras que hayan acertado en sus estudios con respecto a los resultados electorales”.

La propuesta del presidente de GIS XXI es buena pero se queda corta. El CNE debería tomar cartas en el asunto y sancionar e incluso impedir que aquellas empresas que consecutivamente expongan datos que se alejen de forma aberrante de los resultados electorales sean sancionadas e imposibilitadas de seguir haciendo esa tendenciosa labor que evidentemente está alejada de normas científicas y más apegada a prácticas tendenciosas que responden a intereses de partidos o grupos.

Pero, no sólo los partidos políticos están tras estas encuestadoras fantasmas, los medios de comunicación “están sesgados” y, por ende, las encuestas que solicitan como afirmaron en Ciudad de México el antropólogo social dominicano Héctor Díaz Polanco y el economista mexicano Julio Boltvinik en el seminario "Quinto poder: las encuestas y la construcción social del ganador", convocado por el Colegio de México y realizado el mes de marzo pasado. Díaz Polanco aseguró que "las encuestas pueden favorecer a ciertos candidatos y que se trata de un uso velado de dinero en las elecciones. Es inadecuado distinguir encuestas de partidos (como menos creíbles) y de medios de comunicación (como más creíbles). Unas y otras pueden ser igualmente partidarias. "Los partidos políticos más grandes son los Medios que financian esas encuestas". Ambos especialistas concluyeron en que "Las cifras de las encuestas son lo menos útil de las mismas".

Este concepto fue redondeado por el académico Luis Mochán, del Instituto de Ciencias Físicas de la UNAM, quien citó un ejercicio estadístico con el que demostró la idea de que en una elección y, por ende, en una encuesta, "matemáticamente, la democracia es imposible". En este sentido, el Doctor en Relaciones Internacionales mexicano Lorenzo Meyer se preguntó si los poderes fácticos encargan encuestas para determinar a qué candidato darán su apoyo económico, y abrió la duda de que estos ejercicios metodológicos realmente aporten algo a la democracia.

Finalmente, los participantes coincidieron en que los resultados de las encuestas inciden en los electores que suelen dar seguimiento a estas mediciones y el sufragio que finalmente emiten, dando lugar a lo que se ha denominado "voto útil".
A la vista están los resultados electorales en México, donde la aplastante mayoría de las encuestadoras daban por triunfador a Enrique Peña Nieto con mucho más de 10 puntos y los resultados (con fraude y todo) arrojaron una diferencia menor a 7 puntos porcentuales.

En Venezuela, empresas que desde 1998, vienen “presagiando” la derrota del Comandante Chávez, hoy nuevamente anuncian resultados similares, llegará octubre y una vez más se equivocarán. Es de esperar que para la posterior elección de gobernadores de diciembre el CNE, tome nota de esto e impida la irresponsabilidad consuetudinaria y el irrespeto por el pueblo.

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