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lunes, 30 de julio de 2012

Estados Unidos se prepara para una nueva guerra


El conflicto en el Medio Oriente y la posibilidad latente de una intervención militar de Estados Unidos y la OTAN en Siria y de manera ulterior en Irán, no son impedimento para que la primera potencia siga adelantando sus planes de contención de China en primer lugar, pero también de Rusia. Por ello se ha seguido mostrando activo en las regiones de Asia Central y de Asia-Pacífico.

En una clara provocación a China, Estados Unidos incorporó a su tratado de seguridad con Japón a las Islas Diaoyu sobre las que el país nipón y China mantienen un contencioso. Así mismo, ha persistido en sostener las tensiones en el Mar del Sur de China involucrándose en disputas territoriales que China y sus vecinos están negociando en el ámbito de la diplomacia. Por otro lado, se han intensificado las visitas de funcionarios de alto nivel a países vecinos del coloso asiático a fin de avanzar en la construcción de una alianza anti china en las inmediaciones de su territorio.

El diplomático y analista internacional indio M. K. Bhadrakumar especialista en temas asiáticos, valora que esta rivalidad en la que incluye como tercer actor a Rusia “ha comenzado a aflorar en Tayikistán”. Este país fronterizo con China ha cobrado vital importancia por poseer gigantescas bases militares de Estados Unidos y Rusia y por ser también fronterizo con Afganistán, por tanto, base fundamental del complejo de seguridad ruso en Asia Central. La posibilidad de que tras la retirada estadounidense de Afganistán en 2014, regresen los talibanes al poder, potencia la trascendencia de este país que ha amenazado con finiquitar el contrato de gratuidad de la base rusa mientras le cobra a Estados Unidos por el alquiler de su base de Manas.

El problema de fondo es que para Moscú resulta inaceptable que Estados Unidos esté negociando en secreto acuerdos con Uzbekistán, Kirguizistán y Tayikistán para el establecimiento de bases militares. El viernes 13 de julio, Dan Burton alto funcionario del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos, de visita a Dusambe, capital de Tayikistán dijo tras una reunión con el presidente de ese país que “Washington estaba considerando a Tayikistán como una posible base para el período post-2014 debido a que es el país con una más extensa frontera con Afganistán” (sic). También afirmó que “dicho país ´es clave para los asuntos de la región` y que su papel es muy importante para asegurar la seguridad de la región”.

China, que junto a Rusia es el garante de la seguridad y la estabilidad en Asia Central a través de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), tiene significativo interés en los recursos naturales de Afganistán y del Mar Caspio. Tayikistán es zona de paso y puerta de entrada en la ruta desde Afganistán hacia China Por ello está construyendo líneas férreas y planea un gigantesco oleoducto desde Turkmenistán que debe pasar por Afganistán y Tayikistán antes de entrar a territorio chino. Así mismo está interesada en concesiones petrolíferas en la región fronteriza afgano-tayika, todo lo cual está encaminado a acelerar el desarrollo económico de la región occidental de Sinkiang, la más extensa del país, poblada por la minoría uigur.

Pero, Estados Unidos no se ha quedado de brazos cruzados. En una reciente decisión, Uzbekistán “suspendió” oficialmente su membrecía en la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC) una alianza político militar formada por países que pertenecieron a la Unión Soviética. Aunque tal medida no fue sorpresiva dada la actitud del gobierno uzbeko de mantener lo que el analista cubano Juan Sánchez llama “presencia ausente”, no deja de ser un golpe para la OTSC. Washington ha hecho a este país promesas de inversiones y mejoramiento de su potencial bélico porque ve a Uzbekistán como un lugar estratégico para instalar sus bases militares y las de la OTAN y, de paso, desalojar a los rusos y romper su estrategia en la región.

Este territorio forma parte de lo que Rusia considera su entorno de seguridad, lo cual la ha llevado a instalar bases militares en Tayikistán, Kirguistán y Azerbaiyán. De ahí que una crisis en cadena que pudiera ser provocada por la disposición uzbeka podría significar un debilitamiento del escudo militar ruso en su franja meridional, y una alteración del equilibrio con Estados Unidos en la región. En esta zona, Rusia tiene instalada la estación de observación espacial “Okno” en Tayikistán, que cubre la parte central de Rusia y Siberia de posibles ataques coheteriles desde las direcciones sur, suroeste y occidental y un radar situado en Gabala, Azerbaiyán.

Al respecto, en un artículo publicado en el portal Eurasian Hub, el experto armenio en Asia Central David Arutiunov, sostiene que “la salida uzbeka de la OTSC refleja un nuevo momento en el fortalecimiento de las posiciones de Estados Unidos y de la OTAN en el Asia Central y un debilitamiento de las de Rusia” Además coincide con la mayor parte de los analistas que esta medida “puede alterar el balance regional” por lo que “tendría consecuencias seguras para la paridad estratégica global.”

Por su parte, continuando con la ampliación de su presencia en el Pacífico, Estados Unidos se propone incrementar y mejorar su dotación naval en Filipinas, Singapur y Australia. Incluso, durante la visita del Secretario de Defensa Leon Panetta a Vietnam, planteó la idea de incorporar su antigua base naval en Cam Ranh Bay a su complejo naval, con la idea fija de cercar a China por vía marítima.

Aunque los países de la región niegan que las medidas tomadas por Estados Unidos tengan el objetivo de reforzar la contención de China, pocos dudan que eso sea lo que se proponen. El ex Primer Ministro de Australia Malcolm Fraser ha dicho que se viven días peligrosos en lo económico y en lo estratégico y afirma con preocupación, “No deberíamos tener que preguntarnos si Obama está tratando de jugar una carta china para inclinar la balanza electoral a su favor. Si esa es su intención, se trata de un movimiento cargado de grandes peligros”.

Más que una táctica electoral, la carta asiática es el centro de la estrategia de Estados Unidos para el siglo XXI, tal como lo anunció el presidente Obama en noviembre pasado. Para su implementación, poco importará si es reelecto o no. Por el contrario, si el próximo huésped de la Casa Blanca llega a ser Mitt Romney, lo más probable es que éste le imprima un carácter aún más agresivo a esta política, en relación al Medio Oriente, Asia Central y el Pacífico.

En ese marco, y como preámbulo necesario para implementar su política, Estados Unidos ha reforzado su presencia en el Golfo Pérsico, con el objetivo de Irán puesto en su mira. Ha concentrado en ese espacio acuático, 3 portaviones a los que se sumará uno más en noviembre, 8 dragaminas, y otras naves que se suman a los 250 mil soldados desplegados en alrededor de 30 bases militares en varios países de la región. El Comando estadounidense para Medio Oriente (Centcom), cuenta con 3 estaciones de radar en Catar, Israel y Turquía para la defensa antimisiles y está coordinando sus misiones con la Quinta Flota estacionada en Bahréin, el Mando Central de su ejército en Catar, la base aérea británica en Omán, y la francesa en Emiratos Árabes.

Esto es una muestra clara de los preparativos de Estados Unidos para una nueva guerra, sin embargo hay factores que aún la retrasan. En primer lugar la contienda electoral que no hace lógico iniciarla en el preámbulo de la misma. Por otro lado, debe garantizar la seguridad de Israel y la suya propia dado el importante contingente de fuerzas que tiene desplegadas en la región, y en tercer plano, debe impedir que el conflicto interrumpa sus vitales suministros de petróleo, así como tratar de mantener los precios en un nivel razonable en medio de la conflagración. Todo esto lo obliga a una acción bélica de corta duración que aún no tiene seguridad de conquistar exitosamente. Por todos estos factores aún no se deciden a intervenir en Irán como Israel quisiera y se concentran en Siria.

Golpear a Siria es sólo el preámbulo de un ataque a Irán donde Estados Unidos pretende, además debilitar a Hezbollah y sacudirle a Israel un enemigo que los derrotó, desbaratando el mito de su invencibilidad. El subsecretario de Asuntos Públicos del Departamento de Estado estadounidense, Mike Hammer fue claro al respecto. Dijo que su país está tratando de crear “condiciones que conduzcan a un rápido colapso del régimen sirio”. Como respuesta Irán en nombre de su primer vicepresidente Mohammad Reza Rahimi hizo patente que en consideración a que “…los poderes se han unido para dañar a la nación siria, la postura de Irán hacia el país no puede cambiar: siempre estaremos junto a nuestros hermanos sirios”.

Todo este ajedrez no puede verse al margen del “juego global”. Para China y Rusia es trascendental que Irán -y por tanto Siria- se sostenga para evitar la prolongación del conflicto hacia el oriente en territorios mucho más cercanos de sus fronteras. El problema es que nadie sabe qué puede pasar en Siria después de una eventual caída de Bashar El Assad. Un gobierno fundamentalista vinculado a los Hermanos Musulmanes o peor a Al Qaeda en Damasco sería un peligro mayúsculo para Israel. Estados Unidos y la OTAN habrían arado en el mar.

Por ello es tan complicado analizar el conflicto. Mientras tanto, China y Rusia seguirán vetando una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que apruebe una intervención militar en Siria. En tanto ello siga ocurriendo, Estados Unidos seguirá implementando -junto a sus aliados- acciones encubiertas para intentar llegar a Damasco a través de las presiones diplomáticas y económicas y el fortalecimiento de la fuerza militar que han construido con 60 mil mercenarios.

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