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domingo, 15 de noviembre de 2015

¿Fin del ciclo neoliberal en los países capitalistas desarrollados? II

La semana pasada hablamos de lo que se ha dado en llamar el “fin del ciclo progresista” con el objetivo de dar a conocer mi punto de vista sobre el debate que se ha generado en los medios sobre ese tema. Al respecto quisiera recomendar un extraordinario artículo, -que comparto en su totalidad- escrito por el analista político y periodista panameño Nils Castro, publicado el 14 de octubre pasado en el periódico Página 12 de Argentina, bajo el título “El fenómeno cíclico no se agotó”. Es un tema abierto que no se extinguirá con las elecciones presidenciales argentinas del 22 de noviembre ni las parlamentarias venezolanas del 6 de diciembre. Tampoco se agotará nunca el acoso imperial a todo aquel que inicie un camino soberano, independientemente que no toque las estructuras del sistema ni con el “pétalo de una rosa”, porque no es eso de lo que estamos hablando, como lo señala Atilio Borón en un reciente artículo, al referirse a las particularidades de los comicios en Argentina.

Pero, oculta tras esa discusión subyace la otra, la que podría llamarse “el fin del ciclo neoliberal en los países capitalistas desarrollados”. Hasta la década de los 70 del siglo pasado, América Latina marchaba a la zaga de los acontecimientos políticos mundiales. Los movimientos políticos de finales del siglo XVII, del XIX y la mayor parte del XX en la región, respondieron muchas veces a eventos que se desarrollaban fuera de nuestras fronteras. Así, tuvimos el influjo de la independencia de Estados Unidos, la Revolución Francesa, la derrota de Napoleón Bonaparte en 1815, la revolución de Rafael Riego en España en 1820, todas estas, acciones que influyeron de manera sustancial en el curso de las guerras de Independencia. Posterior a ello, la atadura a Gran Bretaña y a continuación a Estados Unidos, hicieron que nuestro acontecer político estuviera permanentemente signado por los avatares que procuraban las decisiones de política exterior e incluso de la política interna de estas potencias, en particular en los ámbitos económico y militar. 

Durante el siglo XX, esta situación tuvo relevante particularidad antes, durante y después de las dos guerras mundiales. Al finalizar la segunda de ellas, en 1945, el mundo bipolar y la guerra fría “amarró” indisolublemente a los gobiernos de la región (salvo contadas excepciones) a los designios de Estados Unidos y el capital transnacional. La confrontación con el sistema socialista desató la más feroz persecución a los luchadores democráticos y revolucionarios, la represión fue institucionalizada mientras los ejércitos latinoamericanos hacían el trabajo sucio, después de su consabido adoctrinamiento en la Escuela de las Américas y otros centros de “estudio”, en los que entre otras cosas, aprendían a perfeccionar los métodos de tortura.

En la década de los 70 del siglo pasado, ya se había puesto fin hacía rato a la política del “Buen Vecino” que Estados Unidos implementó para ganarse el apoyo latinoamericano en su participación en la guerra mundial. La guerra fría estaba en pleno apogeo, y salvo la revolución boliviana de 1952, el intento inacabado de Jacobo Arbenz en Guatemala en 1954 y los gobiernos de Getulio Vargas en Brasil y Juan Domingo Perón en Argentina, que fueron expresión de un sentimiento nacionalista y democrático que irrumpió en la región, la polarización global, que tuvo poco después su mayor expresión cuando la Revolución Cubana declaró su carácter socialista eran expresión de la fisonomía de una época, que además vio como caían las dictaduras de Perú, Colombia y Venezuela. 

Parecía que había un ascenso democrático en la región y una crisis en el control estadounidense de la misma. La respuesta fue brutal, esa década de los años 70 fue testigo del enseñoramiento de las dictaduras más sanguinarias de la historia que pudieron entronizarse bajo el paraguas protector de Estados Unidos. Sin la existencia legal de partidos políticos, ni sindicatos, con la prensa libre acallada, y los parlamentos cerrados, fue fácil imponer modelos neoliberales que permitieron incrementar los niveles de exclusión social, generando ganancias extraordinarias para las empresas transnacionales y las oligarquías locales. Sin embargo, Europa marchaba a contrapelo. En esos mismos años 70, caían una a una las dictaduras fascistas de España, Portugal y Grecia. La democracia florecía en el Viejo Continente. Mientras tanto, una cantidad no menor de líderes políticos latinoamericanos, social demócratas fundamentalmente, vivieron su exilio en Europa, donde fueron aleccionados y comprados por estos demócratas de nuevo cuño que se preparaban para instaurar modelos neoliberales en sus países, a la usanza de lo que las dictaduras hacían en América Latina. Para los social cristianos no fue necesario vivir ese proceso, porque la gran mayoría de ellos fueron cómplices y partícipes de las dictaduras y absorbieron de manera directa, bajo financiamiento de sus gobiernos militares las enseñanzas malignas de la Escuela de Chicago. 

Ahora, Europa era la que comenzaba a marchar detrás de América Latina. Después de los desastrosos años 80, llamada “década perdida” por los economistas, el modelo neoliberal comenzó a entrar en crisis y con ello las dictaduras que los sostenían. Paradójicamente, bajo la influencia ­­­­de Ronald Reagan y Margaret Thatcher, Europa asumía el neoliberalismo, comenzando la destrucción de los “Estado de bienestar” que había construido al finalizar la guerra.

Pero, el nuevo siglo comenzó a producir cambios más profundos en nuestra región desde la llegada al gobierno del Comandante Hugo Chávez, una nueva camada de líderes comenzaron a desmontar la estructura todavía vigente que sostenía los modelos neoliberales. Sin que ello, significara una transformación profunda de la economía y la sociedad, la respuesta imperial no se hizo esperar. Ahora, por primera vez en la historia, era América Latina la que sentaba las pautas de la política a nivel global. Mientras ello ocurría, Europa se solazaba con sus modelos neoliberales que restringían cada vez más las libertades democráticas y los derechos de los trabajadores.

Quince años después, cuando se habla del “fin del ciclo progresista”, en algunas potencias capitalistas, sus pueblos comienzan a “alebrestarse” y producir ciertos hechos que cuando menos llaman la atención. En septiembre de este año, en Australia, el primer ministro Tony Abbott fue destituido al perder la confianza en el seno de su partido tras “las numerosas encuestas que mostraban, en los últimos meses, una notable pérdida de confianza entre la opinión pública australiana”. Aunque, su sucesor en el cargo, Malcolm Turnbull, es un correligionario de su Partido Liberal, el mismo ha manifestado ideas mucho más avanzadas respecto de participación y derechos de mujeres y homosexuales, cambio climático, protección de la niñez e incluso ha sido partidario de establecer el sistema republicano en su país, que es miembro del Commonwealth británico y por tanto súbdito de su monarquía. Australia ha sido un leal aliado de Estados Unidos en la mayor parte de sus aventuras militares. El nuevo primer ministro ha designado por primera vez en la historia a una mujer como ministra de defensa.

En Canadá, el partido Conservador del ex primer ministro Stephen Harper sufrió una aplastante derrota a favor del partido Liberal y su líder Justin Trudeau en las elecciones del 19 de octubre en lo que el analista Thomas Walkom, del diario Toronto Star consideró “un repudio a Harper y a su estilo de gobierno”. Según Walkom, “al elegir a los liberales de Trudeau, los votantes estaban diciendo basta a tanta mezquindad en la política”.


La derrota de Harper, uno de los más importantes socios de Estados Unidos en sus acciones militares en diferentes regiones del planeta es considerada por el periodista argentino-canadiense Alberto Rabilotta como el “repudio a una década de políticas neoliberales que terminaron por arrasar lo que quedaba del Estado de bienestar, un importante referente de la sociedad y la identidad de los canadienses, así como el rechazo a una política exterior derechista, adosada a la OTAN y contraria,(…) a la tradición de más de medio siglo de la política exterior canadiense basada en la búsqueda de soluciones políticas y diplomáticas a los conflictos armados”.

En ese ámbito, el 24 de septiembre el nuevo líder del Partido Laborista británico Jeremy Corbyn, obtuvo una sonora victoria que lo encumbró a la máxima dirección de su partido, sustentada en una plataforma considerada “de izquierda sin compromisos”. El triunfo de Corbyn con un 59,5% y una inusual participación de 76% es, en primer lugar una profunda derrota para Tony Blair y sus huestes que hizo que el partido Laborista se pareciera tanto al Conservador que sus diferencias tan disimiles eran difíciles de detectar por los electores. En estas condiciones, la opinión pública británica comienza a conjeturar una eventual derrota de los conservadores en las próximas elecciones.

Corbyn se define como pacifista y republicano. Ha participado en diferentes campañas contra la guerra y de solidaridad con Palestina. Tuvo un activo papel en el intento de juzgar al dictador chileno Augusto Pinochet cuando fue detenido en Londres. La sola victoria de Corbyn en las elecciones internas del partido laborista significo que miles de ciudadanos solicitaran su ingreso a ese partido, esperanzados en un cambio de orientación a su política neoliberal.

Otro tanto, ha ocurrido con la sorpresiva campaña electoral del senador Bernie Sanders en las internas del Partido Demócrata que lo ha colocado en segundo lugar detrás de la candidata del presidente Obama, Hillary Clinton. Sanders, se considera un político social demócrata, lo cual es mucho decir en Estados Unidos. En la lógica de ese país, sus propuestas reflejan ideas avanzadas respecto de temas como la protección del medio ambiente y el cambio climático, el derecho a la educación y la salud, la desigualdad de los ingresos, el financiamiento y los gastos de las campañas electorales, su negativa a la disminución de los impuestos para los ricos propuesto por el presidente Bush, las libertades civiles y la crítica a la ley Patriota y el derecho a la privacidad de los ciudadanos.


Algunos analistas han afirmado, que independientemente de lo que pudiera ocurrir con Corbyn y Sanders, su discurso ha obligado a sus opositores a moderarse en algunas propuestas que han vertido con sentido retrógrado, dado el inusitado apoyo que han obtenido en importantes sectores de la ciudadanía.


Finalmente, en Portugal, una alianza de los partidos Socialista, Comunista y el Bloque de Izquierda llevaron a la caída del gobierno de derecha en ese país ibérico. La nueva coalición sustentó su acuerdo en el logro de consensos respecto del fin de los recortes impuestos por la troika conformada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional y la vuelta al escenario económico de 2011, cuando el gobierno de la derecha aprobó importantes recortes en las pensiones y los salarios. Algunos de los puntos acordados para formar gobierno son el aumento de las pensiones, el complemento de las rentas mínimas para jubilados, el fin de los recortes a los salarios de los funcionarios públicos y la reposición de un 25% por cada trimestre de 2016, la elevación del salario mínimo, al reposición de cuatro feriados (dos laicos y dos religiosos) que habían sido suprimidos, el establecimiento de una jornada laboral de 35 horas semanales, reformas a la legislación laboral para beneficiar a los trabajadores, progresividad de los impuestos y deducción por hijos, reducción de la sobre tasa al impuesto a la renta, bajada del IVA y un impuesto a las herencias superiores al millón de euros, supresión de tasas de seguridad social a los que ganan menos, reforma de las tasas por servicios de salud, rebaja de la tarifa eléctrica aplicando una tarifa social a 500 mil familias de bajos recursos y anulación de las privatizaciones que estaban en marcha y fin de ellas a futuro. Todas medidas, de claro corte anti neoliberal.

Entonces, si estamos hablando de fin de ciclo, ¿a cual nos referimos? ¿no será más bien que no hemos sistematizado aquello que el presidente Correa llama el cambio de época y nos quedamos sin categorías para estudiar lo que está ocurriendo? Pero, más allá del debate académico, que no tuviera mayor importancia, si no estuviera en juego la vida de millones de ciudadanos, lo relevante es que no existen ciclos. La sociedad y la economía se rigen por leyes científicas que sin embargo, suelen ser manipuladas por oscuros intereses mediáticos de minorías. Mientras un “fin de ciclo” se presenta como terminal y catastrófico, el “otro” se oculta, se minimiza y se hace desaparecer. Así, se construyen falsos referentes en el cerebro de los ciudadanos, que los inducen a actuaciones políticas y sobre todo electorales acorde a la información que han recibido. Además, dicen que eso se llama democracia y “libertad de prensa”.

lunes, 9 de noviembre de 2015

EEUU provoca a Venezuela en busca de excusas para iniciar una operación de mayor envergadura


La reciente incursión aérea de un avión militar estadounidense en espacio soberano de Venezuela se inscribe en la ya larga lista de acciones agresivas de ese país contra el gobierno bolivariano. La misma no se puede ver aislada de las peligrosas declaraciones injerencistas del General John Kelly, Jefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, contra Venezuela y la declaración del presidente Obama de marzo de este año en la que define a Venezuela como un “peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos.

En un contexto más amplio, esta irrupción violatoria de la soberanía venezolana forma parte de una restructuración estratégica de las fuerzas armadas de Estados Unidos en el Hemisferio Occidental para impedir el normal desenvolvimiento de las funciones gubernamentales en aquellos países que han decidido un camino independiente de desarrollo. Ello incluye la reactivación de la 4ta. Flota, inactiva desde 1950 y la instalación de una serie de bases militares de todo tipo en las cercanías de Venezuela, de ellas siete en Colombia y otras en las islas holandesas del mar Caribe, muy próximas al territorio terrestre venezolano.

Esta nueva agresión es una provocación a fin de buscar una respuesta militar de Venezuela que le de excusas a la potencia imperial para iniciar una operación de mayor envergadura. Lo peligroso, es que la historia de Estados Unidos no ha estado exenta de auto agresiones para justificar sus intervenciones militares. Vale mencionar la explosión del Acorazado Maine en Cuba en 1898 y el incidente del Golfo de Tonkin en Vietnam en 1964, ambos hechos devinieron en guerras de gran amplitud por la dimensión, el tiempo de las operaciones y los objetivos a lograr. 

Tampoco es ajena a Estados Unidos la falsedad de las declaraciones de sus autoridades apoyadas en la tergiversación de los hechos que hacen los medios transnacionales de comunicación a su servicio, que seguramente ocultarán la noticia, obviarán las declaraciones documentadas del Ministro de Defensa de Venezuela, General Vladimir Padrino López y argumentarán en torno a una supuesta paranoia del gobierno de Venezuela.

En este contexto, y en la perspectiva de las próximas elecciones parlamentarias, la violación del espacio aéreo venezolano es una acción temeraria y peligrosa del gobierno de Estados Unidos que debe ser alertada y denunciada como violatoria de la soberanía y del derecho internacional.

sábado, 7 de noviembre de 2015

¿Fin de ciclo? I


Durante los últimos meses hemos sido testigos de un denodado esfuerzo de un grupo importante de estudiosos, investigadores, académicos y analistas para aportar a favor o en contra de la idea de lo que se ha dado en llamar “el fin de ciclo de los gobiernos progresistas” o la “restauración conservadora” como la ha denominado el presidente Rafael Correa. Interesantes debates se han producido al respecto. Me da la impresión que la mayoría de las opiniones responden a una reacción defensiva mientras se obvia otro debate necesario y paralelo referido a lo que podríamos llamar “el fin del ciclo neoliberal al exterior de América Latina”. Esta semana hablaremos del primer proceso y dejaremos el segundo para la próxima. 

Para comenzar, quisiera exponer algunas reflexiones sobre la imagen que trasunta detrás del concepto de “gobiernos progresistas”. Para mí no es clara. La idea de progreso proviene del avance ideológico que supuso la superación del feudalismo y el adelanto que en el mismo ámbito condujo al Renacimiento y a la aceptación de la racionalidad moderna como superación del paradigma que aceptaba que el conocimiento provenía de la idea teológica del espíritu. Todo ello sirvió de base para que el paradigma del progreso fuera usado como soporte del capitalismo en sus fases de desarrollo más acelerado, en particular durante las revoluciones industriales que se asociaron a esa idea. En esa medida, el concepto “progreso” se vinculó a los “éxitos” que el capitalismo generaba y que se visualizaban como una evolución dialéctica en relación al sistema feudal.

La irrupción de la revolución rusa al entrar el siglo XX, conjeturó un nuevo debate acerca de la imagen del progreso. La posibilidad real de que el capitalismo fuera negado por el socialismo no fue aceptada como progreso sino como regresión. Las ideas socialistas eran presentadas a través de las mass media como sinónimo de conservadurismo. En esa medida, la “verdadera” revolución no se produjo en 1917 sino en 1989, teniendo como símbolo la caída del Muro de Berlín y la posterior desaparición de la Unión Soviética y con ello el fin de la guerra fría y el mundo bipolar. Por ejemplo, a fines del siglo XX, se llegó a decir que la Revolución Cubana era expresión de “ideas retrógradas, anquilosadas y conservadoras” que no tienen sustento en el mundo que se vivía. Con ello se anticipaba la caída de Cuba y su apropiación por el imperio estadounidense.

El triunfo electoral de Hugo Chávez en 1998 y su asunción de la presidencia de Venezuela a comienzos del año siguiente inauguró una época que con el devenir de los años y las victorias en las urnas de otros líderes de la región condujeron a lo que, -a mi juicio erróneamente- se han dado en llamar “gobiernos progresistas”. En mi opinión, éste es un término tan ambiguo que “sirve para todo y no sirve para nada”.

Veamos algunos ejemplos. El lema de uno de los gobiernos más profundamente neoliberales que ha tenido América Latina, el del chileno Ricardo Lagos, quien apoyó el golpe de Estado contra el Comandante Chávez en abril de 2002 era “Progreso con igualdad”. Estos gobiernos de la Concertación, incluyendo el de la Presidenta Bachelet, sostenedores de un modelo neoliberal, con democracia restringida a las veleidades de la Constitución pinochetista, también han sido considerados como progresistas. 

En el mismo contexto, el 10 de marzo de 2012 el ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso visitó Venezuela para dar una conferencia por invitación el Banco Banesco. En dicho evento, afirmó “un país puede cambiar y entrar en una senda del progreso, no importa lo difícil con que se presenten las circunstancias presentes”.

En estos dos casos, pareciera, que la sola oposición a la derecha fascista bastara para ser catalogado como progresista, sin importar su soporte del modelo neoliberal y su subordinación a Estados Unidos.

Hoy, son dirigentes de Partidos Progresistas en América Latina, el neoliberal encubierto Mauricio Macri de Argentina, su amigo, el ambiguo Marco Enriquez-Ominami de Chile que juega a arañar votos de la izquierda y la derecha, con discursos acordes en cada caso, a fin de llegar al gobierno, el renegado Henry Falcón en Venezuela con un discurso conciliador que ambiciona integrar a los indeterminados, engañando por igual a unos y otros, y el todavía alcalde de Bogotá Gustavo Petro contra quien se volcaron todos los poderes visibles y fácticos pata impedir una gestión sana en la capital colombiana. ¿Es posible colocar en este marco tan turbio de “progresismo” a los gobiernos de América Latina y el Caribe cuya distinción es haber intentado una redistribución más justa del ingreso y ostentar una condición anti neoliberal, anti hegemónica y de defensa de la soberanía?, Lo han logrado en mayor o menor medida, han avanzado en dimensión superlativa, aquellos que han establecido mecanismos más profundos de participación y de construcción de poder popular.

En otro ámbito, se les exige a estos gobiernos, logros que son imposibles de obtener en los marcos en los que se ha desarrollado su gestión. Me da la impresión que en algunos sectores existe alguna confusión terminológica y al suponer que estas administraciones encarnan gobiernos revolucionarios en el marco de la guerra fría. A veces, estamos aprisionados por términos propios del mundo bipolar que no tienen cabida en el desarrollo de la política actual. En ese sentido, no es dable que un gobierno “revolucionario” se juegue su estabilidad y continuidad en elecciones en el marco estrecho de la democracia representativa y de un sistema económico mundial que sigue siendo capitalista. Los conceptos de izquierda y derecha no bastan para construir una correlación de fuerzas que se oponga a la hegemonía imperial, a la imposición de gobiernos neoliberales, a la incorporación de millones de excluidos que han estado invisibilizados hasta hoy y a la imperiosa necesidad de salvar el mundo de la voracidad del capital que lo devasta y que destruye el medio ambiente. En esta lógica, nadie puede afirmar si Putin es de derecha o de izquierda, si lo es el gobierno de Irán o el de Siria, todos en primera línea de enfrentamiento a la expansión imperial. En otro ámbito, nadie podrá poner en duda que Raúl Castro sigue siendo un militante de izquierda y un inveterado líder revolucionario, después que Cuba, tras una larga y heroica lucha, logró establecer relaciones con Estados Unidos y pugnar por la normalización de sus vínculos con la potencia imperial. Es evidente que los cánones de análisis del pasado, no nos sirven ahora para enarbolar las mismas banderas justas de independencia, soberanía y libertad que ondearon en momentos pretéritos.

Dialécticamente, las revoluciones son un paso adelante que niega un pasado de ignominia. Si ellas, se llegaran a desarrollar por ciclos no podrían caracterizarse en tal concepto. La idea estratégica del cambio revolucionario, la lucha por la independencia y la libertad no se juegan en elecciones por muy democráticas que estas sean, porque en el trasfondo, las elecciones son expresión de un sistema restringido que mide la política sólo en términos cuantitativos, Además, en la realidad de la América Latina de hoy, este propio sistema de democracia representativa ha sido mutilado cuando el papel de los partidos políticos lo han asumidos los medios de comunicación que representan intereses oscuros de poderes fácticos que no son elegidos por la sociedad.

¿Invalida esto, lo que se ha avanzado en el presente siglo? No, al contrario. La obtención del poder político por estos gobiernos ha creado condiciones para avanzar en el proceso de organización popular, de formación política y de toma de conciencia. Es indudable que los pueblos están hoy en mejor condición que al comenzar este siglo, para luchar por sus derechos. No es el progreso, lo que puede medir la característica fundamental de estos gobiernos, ni vivimos fin de ciclo alguno. Lo que hay son elecciones en las que cada cierto tiempo hay que medir las fuerzas. Hay retrocesos y avances, pero no se puede confundir sujeto político con sujeto electoral y el sujeto de la transformación de la sociedad es el político. 

La correlación de fuerzas (que es un concepto mucho más amplio y completo) que el de medición cuantitativa en elecciones, ha avanzado positivamente, a favor de los pueblos, incluso si se llegaran a perder algunas elecciones en determinados países. Así, el proceso iniciado por el comandante Hugo Chávez en 1998, no tendrá retroceso. Las elecciones y la obtención de la victoria de las fuerzas populares en ellas, permiten colocar a grandes sectores de la sociedad en mejores condiciones para emprender la lucha por su liberación, pero no es la liberación en sí misma. La lucha política y la lucha electoral deben ir de la mano, pero sin dejar de entender que lo electoral es coyuntural, mientras que lo político es permanente.

Saber distinguir al enemigo principal, construir una correlación de fuerzas que lo aísle y debilite, establecer las más amplias alianzas bajo la hegemonía de los trabajadores y el pueblo son el ABC de la política que hay que poner en práctica en todo momento, incluyendo cuando se miden las fuerzas en los eventos electorales. Somos parte de una generación que tiene como responsabilidad salvar el planeta y avanzar en la construcción de una sociedad más justa y una vida mejor para las mayorías. Eso no depende de ciclos ni se puede hacer bajo la falsa bandera del progreso, que solo sirve para encubrir ideas ambiguas y engañosas.

viernes, 30 de octubre de 2015

¿Una Humillación? No, es el nuevo orden mundial emergente.




No quiero ser insistente con el tema, pero la “porfiada realidad” como fue llamada por alguien, no deja de confirmar que la construcción de un sistema internacional de balanza de poder sigue avanzando. Hace un año y medio (en abril de 2014) se publicó mi libro en el que argumentaba en ese sentido, y en este lapso, nuevas acciones de los actores hegemónicos corroboran el enunciado. 

Durante las últimas semanas, dos hechos vienen a alimentar la hipótesis. En primer lugar el viaje del presidente de China, Xi Jinping a Gran Bretaña en el que se firmaron importantes acuerdos, -impensables hace sólo 10 años- y la reunión en Viena para evaluar una salida a la crisis en Siria, con la participación de Rusia, Irán, Estados Unidos, Turquía y Arabia Saudita, -impensable hace solo un año-.

Más allá de la parafernalia del espectáculo mediático que rodea cualquier visita a un país en el que la monarquía juega un papel protagónico, muy superior al de los líderes políticos, el presidente Xi tuvo una extraordinaria acogida en Gran Bretaña, a pesar de su subordinación extrema a Estados Unidos en temas de la esfera internacional. Las máximas autoridades del Estado chino y del gobierno británico establecieron una “asociación estratégica a nivel global para el siglo XXI” en áreas que van desde la internacionalización de la moneda china, el renminbi (RMB) o yuan y el libre comercio, hasta la ciber seguridad, la protección de la propiedad intelectual y el cambio climático. La visita se desarrolló en un clima de amistad y calidez muy distante del frío recibimiento que tuvo Xi en Estados Unidos durante el mes de septiembre. Así mismo el Reino Unido reafirmó su respaldo a la inclusión del RMB en la cesta de derechos del Fondo Monetario Internacional y anunció su intención de incrementar su empleo en las transacciones bilaterales. De igual manera, Beijing y Londres ajustaron procedimientos sobre un estudio de viabilidad a fin de establecer vínculos entre las Bolsas de Shanghái y Londres.

En otro ámbito, los dos países firmaron acuerdos comerciales por un monto superior a los 60 mil millones de dólares en las esferas energética y de transporte, entre otras. En esa materia, lo más destacado es el financiamiento por parte de China de una tercera parte de la primera central nuclear que construye el Reino Unido desde 1995. La potencia asiática participará en este proyecto en conjunto con el gigante energético francés EDF. En el transcurso de la visita, el presidente Xi y el primer ministro Cameron también llegaron a acuerdos para una inversión china en los sectores gas y petróleo en asociación con las empresas británicas Rolls Royce y British Petroleum (BP). De igual manera China estará presente en la renovación y puesta en funcionamiento nuevamente de la central de Hinkley, paralizada desde hace algunos meses y el diseño y construcción de la de Essex con una participación del 66,5%.

Estos acuerdos, -que siembran perspectivas de un equilibrio mundial de otro tipo entre potencias globales, en este caso dos miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU-, resultan inverosímiles si nos atenemos a la dinámica de la confrontación retórica que ambos países tienen en otros escenarios del enfrentamiento estratégico como el Medio Oriente. Steve Hilton, ex asesor político de David Cameron, en una entrevista con la BBC llegó a caracterizar los acuerdos como “una de las mayores humillaciones internacionales a las que hemos asistido”, sobre todo por las acusaciones occidentales a China como país que practica el espionaje electrónico.

Así mismo, sin tener tanto impacto, pero con acuerdos de similar trascendencia se han producido en días recientes las visitas a China de los Jefes de Estado de dos de los principales aliados de Estados Unidos en Europa: el presidente de Francia, François Hollande y la Canciller Federal de Alemania Angela Merkel. 

Por separado, en otro escenario, también se ha producido un acontecimiento que es expresión del nuevo orden mundial que nace. Durante los pasados jueves 29 y viernes 30 de octubre, se desarrolló en Viena, el intercambio más amplio jamás habido entre países directa o indirectamente implicados en el conflicto sirio. La novedad es la aceptación por Estados Unidos y sus adláteres Turquía y Arabia Saudita de la ineludible presencia de Irán. En el evento también participaron representantes de Francia, Alemania, la Unión Europea, China, Irak, Catar, Líbano, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos y Omán, así como el emisario especial de la ONU para Siria, Steffan de Mistura.

Es evidente que el cambio de posición de Estados Unidos tuvo que ver con el auge de las acciones del ejército sirio en el terreno de los combates y el éxito de las operaciones aéreas de Rusia en la lucha contra el terrorismo. En este trazado, hoy también resulta imposible obviar el papel trascendente de Irán y del movimiento libanés Hezbollah en el apoyo político militar y económico al gobierno de Bashar El Assad. De ahí, la presencia de la nación persa en las conversaciones de Viena. 

El giro de Estados Unidos, que en el pasado había negado toda injerencia de Irán en la búsqueda de una salida negociada al conflicto sirio, supone un cambio significativo en la geopolítica del Medio Oriente y, en general en el ámbito global. Ello ha conducido a un malestar entre los aliados de Estados Unidos en la región: paradójicamente los otrora adversarios Israel y Arabia Saudita. Sin embargo, es importante decir que esta decisión no ha sido una concesión gratuita a Irán. Los persas lo han ganado con su firme resistencia ante la agresión a la que ha sido sometido durante los últimos años y su irrestricto apoyo a Siria, Irak, Palestina, Yemen y Líbano, creando una nueva correlación de fuerzas en la región que ha hecho impensable tomar decisiones sin contar con su opinión.

Estados Unidos parece haber escuchado a Henry Kissinger quien en su libro más reciente “World Order” (Orden Mundial), publicado en septiembre de 2014 opina que las diferencias culturales entre distintos países y regiones deben ser sorteadas, a fin de buscar consensos que sean aceptados por todas las partes. Este consenso debe ser tomado a partir de la aceptación de que las diferentes culturas entiendan el orden como base de las relaciones internacionales. 

Respecto del Medio Oriente, Kissinger señala que esta es la región más complicada para lograr el anterior desafío y que para establecerlo, se debe organizar un orden regional sustentado en el islam y hacerlo compatible con la paz y la estabilidad en todo el mundo, considerando que el planeta aún no se pone de acuerdo respecto del orden internacional del futuro. Con relación a Irán, el ex Secretario de Estado durante el gobierno de Richard Nixon, expone que éste es un Estado moderno, que ha aceptado jugar con las reglas internacionales vigentes.

Sugiere sin embargo, que Occidente no debería intentar establecer de manera ideal una “cruzada por la democracia” a partir de su propia visión de ella. En ese sentido, recomienda tomar en cuenta que otras regiones del mundo tienen sus propias definiciones respecto de los conceptos de legitimidad y poder. Todo esto, debería conducir a elaborar estrategias que lleven a objetivos realizables en pos de dirigir la política internacional hacia el equilibrio. El gobierno de Obama tradujo estas propuestas como “smart power” o “poder inteligente”, entendido como la combinación entre el poder blando (soft power) y el duro (hard power).

Lo que Kissinger está planteando es que, resulta imposible suponer que los valores culturales y políticos de Occidente puedan ser impuestos a los pueblos árabes y musulmanes únicamente por vía de la fuerza, y que solo una adecuada amalgama de instrumentos políticos, económicos, diplomáticos y militares les puede permitir lograr los objetivos. Por cierto, el fin último para Kissinger es conservar el poder de Estados Unidos como potencia hegemónica mundial.

Es decir, la estrategia no varía, pero debe modificarse la táctica y, en ese sentido, es que puede explicarse el acuerdo sobre el programa nuclear iraní y la invitación a éste para que participara en las conversaciones de Viena. Vale un paréntesis, para decir que esto es también lo que explica el cambio de política de Estados Unidos respecto a Cuba.

Este marco, nos da la pauta de que para Kissinger, la balanza de poder es una obligación de Estados Unidos si quiere sostenerse como máxima potencia mundial y apela a la flexibilidad de todos los actores, incluyendo del propio Estados Unidos, toda vez que le atribuye a éste el rol de principal responsable del mantenimiento de la balanza.

En su visión hegemónica, Kissinger apunta a la creación de una cultura y una justicia global que debe ser aceptada por todos y en la que deben coexistir todos. Sorpresivamente, apunta hacia el objetivo de “alcanzar el equilibrio, restringiendo mientras tanto a los perros de la guerra”.

Que una voz tan autorizada en el establishment estadounidense y global recurra a estas definiciones, sólo puede ser entendido como la aceptación de que un nuevo orden mundial está emergiendo, que las imposiciones unilaterales a través de la fuerza no tienen cabida en el futuro, y que las resistencias que ello pueda generar conducen a un debilitamiento estratégico del poder “único” de Estados Unidos. Es la admisión del concepto del “equilibrio por obligación” como se denomina el capítulo 14 de mi libro. Pero, otra cosa piensa Rusia, otra cosa piensa China y otra cosa debemos pensar los latinoamericanos si queremos sobrevivir en el mundo del futuro.

sábado, 24 de octubre de 2015

Relación China-América Latina y el Caribe: buenas perspectivas


La semana pasada visité la República Popular China, por invitación del Centro de Estudios Globales de la Universidad de Shanghái y la Asociación de Cultura Internacional de esa ciudad para dictar tres conferencias en el marco del “Simposio de Relaciones Sino-Venezolanas” organizado por esas dos instituciones de la urbe más grande del país asiático. Los temas de mis conferencias fueron: la situación política en Venezuela de cara a las elecciones parlamentarias de diciembre, las relaciones sino-venezolanas y las relaciones entre Estados Unidos y Venezuela. Así mismo, participé como comentarista de la ponencia presentada por el Doctor Xu Schicheng, profesor-investigador titular y tutor del doctorado del Instituto de América Latina (IAL), anexo a la Academia de Ciencias Sociales de China, quien cuenta con más de 50 años de experiencia en los estudios sobre América Latina. El Profesor Xu disertó sobre el “Desarrollo de las relaciones entre China y América Latina y el Caribe en el siglo XXI”.

Por la importancia que tiene conocer el estado de las relaciones entre China y América Latina a partir de su visión propia, me parece importante rescatar algunos aspectos fundamentales de la presentación del profesor Xu, quien comenzó recordando que los vínculos entre su país y América Latina datan desde hace varias décadas, pero la llegada del siglo XXI los ha potenciado hasta llevarlos en una tendencia positiva de desarrollo que llamó “omnidireccional, de amplio alcance y de múltiples niveles”, a partir de la intensificación de los contactos y la consolidación de un alto grado de “confianza política mutua”.

En 2008, el gobierno chino publicó un documento sobre la Política de China hacia América Latina y el Caribe (ALC) denominado Libro Blanco, en el que se señala que al enfocar las relaciones con la región desde una mirada estratégica, “el Gobierno chino se esforzará por establecer y desarrollar con los países latinoamericanos y caribeños una asociación de cooperación integral caracterizada por la igualdad, el beneficio recíproco y el desarrollo compartido”.

Ello hace necesario profundizar la cooperación estratégica, intensificar los intercambios de alto nivel, crear mecanismos de consulta intergubernamentales, ampliar los contactos entre los parlamentos, los partidos políticos y los gobiernos locales y reforzar el intercambio de experiencias en materia de gestión de gobierno y manejo de asuntos administrativos. Con esos objetivos se han realizado en lo que va de siglo las visitas de los presidentes Hu Jintao en 2004, 2008 y 2010, Xi Jinping en 2013 y 2014 y de los primeros ministros Wen Jiabao en 2012 y Li Keqian en 2015.

En el plano económico, China ha fomentado la complementación recíproca con ventajas mutuas. El comercio bilateral pasó de 12.596 millones de dólares en 2000 a 263.600 millones de dólares en 2014, siendo China el segundo socio comercial de la región

Así mismo, se ha fortalecido el intercambio cultural. Hasta ahora se han creado 32 institutos Confucio para el estudio del mandarín y 10 Cátedras en 14 países de ALC, y se estableció el primer Centro de Cultura de China en México. De igual manera, se ha intensificado el envío de estudiantes y profesores entre ambas partes y los vínculos académicos. 

El Doctor Xu expuso que “China ha reforzado la comunicación y la coordinación de posiciones con ALC sobre temas comunes como cambio climático, seguridad alimentaria, energética y financiera, el sistema comercial multilateral, los objetivos de desarrollo del Milenio de la ONU y otros de carácter global con el objeto de preservar los intereses comunes. Frente a la compleja situación financiera y económica internacional, China está fortaleciendo el intercambio de experiencias con ALC sobre la prevención de riesgos para proteger la estabilidad financiera y económica nacional y regional y la participación conjunta para influir activamente en la elaboración de las reglas económicas, financieras y comerciales internacionales promoviendo el avance de un orden económico internacional más justo y razonable”.

En julio del año pasado, el presidente Xi Jinping visitó la región. Durante su estadía en Brasil, Xi se reunió con líderes de ALC acordando establecer relaciones de asociación integral basadas en la igualdad, el beneficio mutuo y el desarrollo común, y decidieron crear una comunidad de destino compartido entre China y ALC. Así mismo, se estableció el Foro China-CELAC, con lo que se crea una nueva plataforma para llevar adelante el diálogo multilateral sobre aspectos políticos, comerciales, sociales y diplomáticos a fin de innovar, creando una forma de colaboración y promoción del desarrollo común, avanzando en la cooperación integral bilateral.

La Primera Reunión Ministerial del Foro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y China, se realizó en Beijing los días 8 y 9 de enero de este año. El presidente Xi Jinping fijó el objetivo del comercio bilateral entre China y ALC en 500.000 millones de dólares en los próximos diez años. El mandatario chino señaló que la inversión directa de China en América Latina alcanzará los 250.000 millones de dólares en la próxima década. Propuso un marco de cooperación y varios préstamos, fondos y proyectos en materia de infraestructura, agricultura, recursos energéticos, manufactura, alta y nueva tecnología, intercambios entre ciudadanos, entre otros. En la reunión se aprobó la Declaración de Beijing, el Plan de Cooperación CELAC-China 2015-2019, y las Reglas Institucionales del Foro CELAC-China. De esta forma, quedaron formalizados los acuerdos tomados en Brasil seis meses antes.

Al hacer mis comentarios sobre la presentación del Profesor Xu, señalé que para ALC, los vínculos con China marcan un nuevo tipo de relación de la región con una potencia mundial. Por primera vez, estas no son de subordinación y de imposición militar por parte de una parte hegemónica. No se puede ocultar, que -más allá de cualquier crítica o desacuerdo-, ello marca un punto de inflexión de las relaciones de la región con cualquier poder mundial en toda su historia. Para América Latina y el Caribe es positivo que China busque asociaciones estratégicas y de coordinación en asuntos internacionales y de integración con la región promoviendo consensos en temas internacionales. Eso ayuda a potenciar nuestro propio proceso de integración.

En 2012, durante la visita del primer ministro Wen Jiabao, en un discurso pronunciado en la sede de CEPAL en Santiago de Chile expresó que ambas partes nos debemos atener al “…respeto mutuo y al trato en pie de igualdad y atender de conjunto los intereses esenciales y las preocupaciones trascendentales…” Para nuestra región, con un historial de invasiones, ocupaciones, intervenciones militares y económicas y apoyo a golpes de Estado por parte de las potencias hegemónicas, ese tipo de trato, es ya ganancia. 

Las dificultades más notorias tienen que ver con las diferencias históricas entre nuestros países y las orientaciones tan diversas de los líderes y los gobiernos, lo cual obliga a una búsqueda de consensos a partir de los intereses compartidos. En esa medida, hasta ahora, el ritmo de las relaciones ha sido trazado en gran medida por Beijing, ante la pasividad de la región por generar propuestas de conjunto en beneficio de varios países simultáneamente a partir de los intereses propios. Por ejemplo en el área de infraestructura la prioridad de China es desarrollar proyectos que integren las costas del Atlántico y el Pacífico, pero a la región también le debería preocupar llevar adelante propuestas que potencien nuestra propia integración y, en esa medida, realizar planes que nos permitan vincularnos más de norte a sur y viceversa. 

En la región hay particularidades que conllevan distintos ritmos en su relación con China, lo cual hace que ésta privilegie a aquellas naciones con los que convergen mejor sus intereses. Por ello, es muy difícil hacer una evaluación global del impacto de los vínculos entre ambas partes. Hay países que tienen economías complementarias con China y hay otros (siendo México, el caso más emblemático) que compiten, sobre todo por el mercado estadounidense.

Por otro lado, es positivo para América Latina y el Caribe que China tenga necesidades de materias primas que se producen en nuestros países, pero esto podría conducir a la potenciación de una reprimarización de la economía, si se perpetúa la condición de exportadores de productos básicos y se reducen las posibilidades de industrialización en perjuicio de la empresa local. Todo ello conllevaría una interdependencia asimétrica que podría conducir de manera peligrosa a reproducir esquemas clásicos de la relación centro-periferia si no se establecen oportuna y puntualmente los correctivos. Pero ello depende más de la parte latinoamericana, de sus líderes y gobiernos que de China que ha mostrado voluntad de cooperar en el desarrollo industrial y tecnológico y el intercambio de conocimientos.

Hoy, cuando la economía china pasa por un momento de reducción de su demanda interna y un vuelco hacia un desarrollo endógeno que apunta a una elevación de la calidad en el crecimiento por encima de la cantidad que la había caracterizado en los últimos años, tal proceso ha tenido un fuerte impacto en la región, el que debe ser estudiado y enfrentado para sacar conclusiones necesarias que minimicen las consecuencias.

Se trata de vincular la agenda regional con laos necesidades de la agenda china, optando por el desarrollo productivo para evitar la reprimarización de la economía, creando políticas de esa índole en múltiples áreas en las que China puede ayudar estableciendo una relación integral no sólo en materia económica, también en lo referido a la cultura, la política y la seguridad, por ejemplo.

Es responsabilidad de América latina y el Caribe, avanzar hacia su propia integración, aprovechando mejor las oportunidades que China ofrece, trascendiendo el corto plazo y estableciendo programas y planes con visión estratégica.

viernes, 16 de octubre de 2015

El bloqueo estadounidense a Cuba: huella putrefacta de la guerra fría


Desde que se comenzó a aplicar el bloqueo a Cuba, su transitar ha sido contradictorio y obtuso. Estados Unidos ni siquiera, desde el punto de vista del concepto, ha querido aceptar su formulación y ejecución, utilizando para ello el eufemismo de “embargo”, confirmando de esta manera incluso, que terminológicamente, debe recurrir a la falsedad a fin de sostener una política injusta, que además ha fracasado de manera estrepitosa. 

El embargo es un término jurídico que dice relación con una acción judicial mediante la cual ciertos bienes quedan afectados hasta extinguir una obligación pecuniaria, a fin de que no puedan ser utilizados por el afectado ni en su propio provecho ni en el de terceros. Resulta evidente que en el caso que nos convoca, no hay obligación de Cuba para con Estados Unidos, toda vez que el origen de esta acción tiene claras motivaciones políticas, cuyos fundamentos se basan en la decisión soberana emprendida por el pueblo cubano de iniciar en 1959, un camino de desarrollo independiente y grande, liberándose de la tutela que había ejercido por 60 años la potencia imperial. Además, ningún tribunal ha juzgado a Cuba, ni se ha probado delito alguno que pudiera justificar tal medida. 

Hablar de bloqueo, establece con precisión el ejercicio emprendido a partir de una actitud imperial, si se considera que éste se define como un acto de guerra, de hostilidad contra un enemigo al que se le pretende doblegar a través de acciones que buscan impedir que obtenga suministros, mantenga sus comunicaciones y evite que pueda desarrollar sus actividades con normalidad. El problema, en este caso, es que Cuba jamás le ha declarado la guerra a Estados Unidos y, éste formalmente tampoco lo ha hecho. Por eso es que se ha visto obligado a eludir el término que conceptualmente define esta criminal política contra Cuba.

54 años después, período en el que 10 presidentes han pasado por la Casa Blanca, el bloqueo contra Cuba ha mostrado su ineficacia para cumplir los objetivos que se había propuesto, como lo ha reconocido el propio inquilino actual de la sede del gobierno estadounidense. El entramado jurídico que sustenta el bloqueo está montado sobre la Ley de Asistencia Exterior de 1961, la de Administración de las Exportaciones de 1979, la Torricelli de 1992 y la Helms-Burton de 1996. Todas fueron aprobadas por el Congreso de Estados Unidos y es esa instancia la que debe revocarlas, sin embargo, como dio a conocer la Directora General de Estados Unidos en el Ministerio cubano de Relaciones Exteriores, Josefina Vidal, “el Presidente tiene posibilidades, yo diría que ilimitadas, para vaciar al bloqueo de su contenido fundamental”.

Durante el último año (para que sirva de referencia), la política emprendida por el gobierno estadounidense significó que la economía y la sociedad cubana fue perjudicada en un monto calculado en 3.850.916.000 dólares, en su mayor parte (70%) por dificultades e impedimentos para realizar exportaciones de bienes y servicios. Las prohibiciones por el cierre del mercado estadunidense aumentaron 196% en este período. Así mismo, las medidas punitivas afectan los inventarios que deben mantenerse inmovilizados en el territorio cubano mientras puedan trasladarse a destinos más lejanos y la reducción de la inversión extranjera por temor a represalias y sanciones a las empresas que comercien con Cuba.

Hoy esta medida es repudiada por todo el mundo. En 1991, por primera vez Cuba presentó un Proyecto de Resolución contra el bloqueo durante el 46to. Período de Sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas, pero tuvo que ser retirado con posterioridad debido a las fuertes presiones ejercidas por Estados Unidos sobre muchos países. A pesar de ello, a partir de 1992 cuando 59 países la apoyaron y solo 3 la rechazaron, durante 23 años seguidos, la aplastante mayoría de naciones (incluyendo todas los de América Latina y el Caribe) que llegaron a 188 el año pasado, rechazaron el intento estadounidense de incomunicar a la isla antillana. Por el contrario, como expresión de otro gran revés de su política exterior, Estados Unidos se ha quedado solo apoyado por Israel en la votación anual. 

En la reciente Asamblea General de este año, Jefes de Estado y gobierno de países de todos los continentes, alzaron una vez más su voz para repudiar tal política. A través de sus máximos representantes, pueblos tan distantes y de gobiernos de diversas ideologías, como los de Ghana, Panamá, Serbia, Benin, Guinea Ecuatorial, Comores, Laos, Vanuatu, Namibia, México y Mozambique por citar algunos, clamaron por el cese del bloqueo a Cuba.

En este marco, pareciera un contrasentido la visita de Penny Pritzker, Secretaria de Comercio del gobierno de Estados Unidos a Cuba. Tal vez podría entenderse este viaje como un intento del presidente Obama de presionar al Congreso para que acelere la derogación de las leyes que mantienen el bloqueo, sin embargo como señala el destacado analista cubano Esteban Morales, la funcionaria estadounidense al comentar algunas medidas tomadas por su gobierno el pasado 18 de septiembre puntualizó que “las últimas regulaciones estaban diseñadas para apoyar al sector privado emergente en Cuba y colocarnos más cerca de alcanzar los históricos objetivos de política del presidente Obama”. El mismo Morales reflexiona al respecto “Su histórico mesianismo y la prepotencia los lleva a pensar que los demás somos tontos. Están tan acostumbrados a manipular a los otros y que les salga bien, que llegan a veces a desplegar una diplomacia tonta. Por eso su mayor reto será continuar negociando con Cuba de manera equilibrada y en igualdad de condiciones. Con respeto de su soberanía e independencia…”

En tal contexto, durante su reciente visita a Estados Unidos para participar en la Asamblea General de la ONU, el presidente de Cuba, Raúl Castro, fue enfático al referirse al tema del bloqueo durante su intervención en la magna cita. Así mismo, en la reunión bilateral que sostuvo con el presidente estadounidense, en un ambiente “respetuoso y constructivo”, según informó el canciller cubano Bruno Rodríguez, el mandatario cubano le reiteró a Obama su opinión respecto de que va a haber relaciones normales entre Cuba y Estados Unidos cuando el bloqueo, que causa daños y privaciones al pueblo cubano y afecta los intereses de los ciudadanos estadounidenses, sea levantado.

De igual manera, el máximo responsable cubano de la política exterior expuso que el ritmo del proceso hacia la normalización de las relaciones entre los gobiernos de Esta­dos Unidos y Cuba dependerá del levantamiento del bloqueo, que persiste en su totalidad y está en completa aplicación. Por ello, y considerando que el proceso de restablecimiento y normalización de relaciones no ha significado cambios sustanciales respecto del bloqueo, Cuba presentará nuevamente un proyecto de resolución similar al de los 23 años anteriores. Este proyecto será debatido y votado por la Asamblea General el próximo martes 27 de octubre.

Vale decir, que también al interior de Estados Unidos, son cada vez más, los que alzan sus voces para exigir el fin del bloqueo. En una declaración emitida por Engage Cuba, un grupo lobbysta de Estados Unidos que favorece las relaciones bilaterales, al referirse a la visita de la Secretaria Pritzker expuso que la misma es “un avance positivo que fortalecerá el momento sin precedentes en las relaciones Cuba-Estados Unidos” para concluir reafirmando que “A la vez que aplaudimos este viaje, consideramos absurdo que la política de Estados Unidos prohíba a nuestra propia Secretaria de Comercio promover las exportaciones estadounidenses durante su viaje a Cuba. El Congreso debe hacer su trabajo y levantar el embargo para un mejor fortalecimiento de los negocios en ambos países”

Por su parte, en una carta fechada el pasado 8 de octubre y enviada a los líderes del Congreso de Estados Unidos, nueve gobernadores de ese país han solicitado el levantamiento del bloqueo, por ser un impedimento para la normalización de las relaciones entre ambos países. En la misiva exteriorizaron que “Como gobernadores de los estados de Estados Unidos, escribimos para compartir nuestro apoyo al fin de las sanciones comerciales actuales impuestas contra Cuba. Es hora de que el Congreso tome medidas y retire las restricciones de viaje, financieras y otras que impiden una relación normal y el comercio entre nuestro país y Cuba”.

Así mismo, conocidas encuestadoras de Estados Unidos han mostrado que en los últimos meses ha habido un sustancial crecimiento del rechazo de la población y sectores sociales de ese país al mantenimiento del bloqueo a Cuba. En particular, esa cifra es aplastante entre los ciudadanos estadounidenses de origen cubano. Entre ellas, están la encuestadora Bendixen, Public Policy Polling, Universidad Internacional de la Florida, Hearst Corporation, el Pew Research Center y la empresa Associated Gik quienes confirmaron lo señalado anteriormente. 

Ya hace un año, el 12 de octubre de 2014, el New York Times, el medio de comunicación más influyente del país, publicó un editorial en el cual señalaba el beneficio que significaba para los dos pueblos la eliminación del bloqueo y el aumento de los mecanismos de intercambios culturales.

En este contexto, será verdaderamente interesante constatar qué postura asumirá Estados Unidos el próximo 27 de octubre. Un voto en contra, sería reflejo de una actuación contradictoria con el discurso del presidente, y de alguna manera, expresión de la debilidad que se ha hecho manifiesta en sus últimas decisiones de política exterior. Otras opciones, son que se abstenga o se ausente de la sala durante la votación. Más que una decisión referida a un tema internacional, la misma se sustentará en consensos y equilibrios internos que el presidente considerará, sobre todo cuando la campaña para elegir su sucesor o sucesora está lanzada. Queda por ver también que hará Israel en esta situación. Lo único seguro, es que el 27 de octubre el mundo nuevamente rechazará el bloqueo a Cuba por ilegal e inmoral y por respeto y admiración a un pueblo que lo ha resistido con coraje y sacrificio durante más de cinco décadas.

sábado, 10 de octubre de 2015

¡Ahora si comenzó la guerra contra el terrorismo!



A pesar de lo que se ha querido construir a través de las grandiosas súper producciones hollywoodenses, lo verdaderamente cierto es que Estados Unidos ha fundado sus victorias en la mentira y en la apariencia de una efectividad militar que no pasa de ser una quimera. Ello lo atestiguan varias de sus actuaciones durante el transcurrir de la historia: la explosión del acorazado Maine en la Bahía de la Habana, Cuba en 1898, la intervención en Filipinas ese mismo año, Pearl Harbor en 1941, el Golfo de Tonkin, Vietnam en 1964, Granada en 1983, hasta las más recientes falacias referidas a la posesión de armas nucleares por Irak que devino en la invasión a ese país en 2003 y la supuesta represión del gobierno de Libia contra manifestantes que dio cabida a los bombardeos de la OTAN, el derrocamiento y asesinato de Muamar Gadafi, la transformación de ese país en un Estado fallido y la crisis de migrantes que hoy enfrenta Europa.


Sin embargo, en Siria, no han podido edificar una farsa cinematográfica de tal estilo. Las acciones emprendidas por Rusia en alianza con Irán, Irak, Siria, Hezbollah y las organizaciones que representan al pueblo kurdo, lo han impedido poniendo en evidencia la incapacidad militar de Estados Unidos, mostrando su verdadero talante, el cual obstruye el sostenido discurso de combate al terrorismo. Al contrario, en días recientes, la potencia norteamericana y sus adláteres en la región, armados y financiados por el Pentágono, el Departamento de Estado y la CIA se han visto obligados a dar explicaciones por fallidas acciones llevadas a cabo por sus fuerzas armadas, las que son expresión de un extravío estratégico, una mediocridad operativa y una táctica imperfecta. Los tres niveles están fallando, lo cual es manifestación de una debacle, sólo comprensible por su subordinación única a la tecnología, mientras se subestima el factor humano y su capacidad e inteligencia como elemento decisivo para la toma de decisiones.

Por un lado, Estados Unidos bombardeó un hospital de Médicos Sin Fronteras en Afganistán causando 22 víctimas fatales y decenas de heridos. Como ya va siendo habitual, el presidente estadounidense pidió perdón y asunto resuelto. A esperar el próximo “error” y los venideros “daños colaterales” que ya se cuentan por miles en los países invadidos por Estados Unidos en el Medio Oriente. Para no ser menos, la fuerza aérea de Arabia Saudita atacó una fiesta de matrimonio en Yemen asesinando 130 ciudadanos que participaban de la ceremonia. Nada de ello ha impedido que los rebeldes huties sigan avanzando en territorio saudita donde ya ocupan la mayor parte de las provincias de Jizán y Najrán, -con un territorio superior a los 100 mil kilómetros cuadrados- las cuales pertenecieron históricamente a Yemen, y fueron ocupadas por Arabia Saudita, aunque la mayoría de su población perpetúan su identidad chiitas y ­­­yemenita. Así mismo, las fuerzas armadas de la monarquía, continúan sufriendo cuantiosas pérdidas materiales y humanas, incluyendo altos jerarcas militares del régimen de Riad, que fueron aniquilados en un ataque con cohetes a una importante base militar, todo lo cual ha sido ocultado por la prensa occidental. En otro ámbito, en Egipto fueron asesinados 12 ciudadanos, 8 de ellos mexicanos, también por un “error” de las fuerzas armadas de ese país, asesoradas y entrenadas por Estados Unidos. Tres países, tres deslices producidos por una obsesión anti terrorista que no ha producido resultados positivos tangibles. Por el contrario, 14 años después del inicio de dicha cruzada por el presidente Bush, ni en Afganistán, ni en Irak, mucho menos en Libia o Siria la coalición occidental ha logrado éxitos que puedan justificar los multimillonarios presupuestos invertidos en ello. Todo ha sido una gran farsa cuyo principal protagonista es el sistema imperial de Estados Unidos y sus actores más relevantes, sus ineficientes fuerzas armadas que sólo en Hollywood, CNN y Fox pueden logran ser transformados en héroes.

Como dije antes, en Siria quisieron construir la misma trama y ¡Oh sorpresa!, la denuncia vino esta vez desde las propias entrañas de las fuerzas armadas imperiales. Según informa el investigador español Enrique Montánchez quien a su vez, cita al diario New York Times, medio centenar de analistas de inteligencia del Mando Central de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, encabezados por Gregory Hooker el analista de más alto nivel sobre Irak en el Mando Central (CENTCOM, por sus siglas en inglés), “han acusado a militares de alta graduación por obligarles a manipular sus informes para presentar un escenario optimista de la guerra que la coalición internacional libra contra los terroristas del Estado Islámico en Siria e Irak”, que comenzaron en agosto de 2014.

Hooker afirmó que sus jefes les exigieron cambiar los datos sobre el estado real de preparación de las fuerzas armadas iraquíes y presentar una imagen favorable del resultado de las acciones aéreas de Estados Unidos en Irak y Siria. Se trata, dijo, de “politizar” los resultados para mostrar a las altas autoridades políticas y de inteligencia del país, éxitos que no se han obtenido. Ante esto, David Faulkner antiguo director de objetivos en CENTCOM quien trabajó con los analistas sobre Irak afirmó que no había objetivos estratégicos, “Esto no es más que la guerra por la guerra”, dijo, todo lo cual ha hecho estallar la ira entre los miembros del Congreso de Estados Unidos.


Esta situación contrasta con las acciones concretas que Rusia ha comenzado a ejecutar en la lucha contra el terrorismo. En su comparecencia en la Asamblea General de la ONU, el pasado 2 de octubre, el presidente Vladimir Putin expuso que su país consideraba un enorme error el rechazo a cooperar con las autoridades sirias y con su Ejército, tomando en cuenta que sólo estas fuerzas y la milicia kurda eran las únicas que estaban luchando realmente contra el EI y otras organizaciones terroristas.

Por otro lado, el mandatario ruso, afirmó que "Es hipócrita e irresponsable hablar sobre la amenaza terrorista internacional y al mismo tiempo, hacer la vista gorda ante los canales de financiación y el apoyo que se brinda a los terroristas o intentar manipular a los grupos extremistas para alcanzar objetivos políticos propios". En ese sentido, propuso crear una amplia coalición de fuerzas, en la que los países musulmanes deberían jugar el papel preponderante en el combate al terrorismo, para lo cual es clave apoyar al gobierno legítimo de Siria.

Antes, ya se había dado el primer paso. El 25 de septiembre se anunció la creación en Bagdad de un centro de coordinación de operaciones militares conformado por Irán, Rusia, Siria y el país sede. Así mismo participan en el Centro, representantes de Hezbollah de Líbano y de las milicias kurdas. Según el Canciller ruso, Serguei Lavrov dicho estamento servirá para coordinar las acciones contra el Estado Islámico.

A pesar de la falta de voluntad de Estados Unidos y la OTAN de involucrarse realmente en las acciones contra el grupo terrorista, Rusia y sus aliados pasaron de inmediato de las palabras y los aprestos orga­­­nizativos que evidentemente se venían disponiendo con mucha anterioridad, a los hechos concretos: las fuerzas armadas rusas comenzaron a realizar ataque­­s aéreos contra objetivos seleccionados del Estado Islámico. A continuación, decenas de misiles fueron lanzados contra blancos fijos y móviles, principalmente puestos de mando y control, centros de aseguramiento logístico y campos de entrenamiento, con el fin claro de debilitar la capacidad de dirección, capacitación y abastecimiento de la organización terrorista. Posteriormente, cuatro buques de la Armada rusa dispararon 26 misiles Kalibr contra 11 objetivos, logrando la destrucción de todos los blancos. Estas acciones fueron coordinadas con los aliados de los países musulmanes y planificadas con antelación. 

En otra faceta de los hechos, vale destacar la transparencia informativa que caracteriza las acciones bélicas. El propio ministro de defensa ruso Serguei Shoigú ha dado a conocer los resultados de las operaciones. Los daños causados han sido verificados a través de satélites y por observación directa de la aviación militar. El vocero del ministerio de defensa de ese país informa puntualmente de las acciones combativas. No hay, en este caso, falsos informes de analistas, a fin de “hacer felices” a los generales, a los senadores y al presidente.

En la primera semana de operaciones en Siria, fueron destruidos además 32 vehículos blindados y golpeados 112 objetivos. Los éxitos logrados han servido como preparación para una ofensiva terrestre que adelanta el Ejército Árabe Sirio, la cual ha producido la desbandada de los combatientes y mercenarios al servicio del EI, que en número de 3000 han cruzado la frontera hacia Jordania. Así mismo, las autoridades iraquíes están estudiando la posibilidad de que las operaciones también se realicen en su territorio, poniendo en duda, -en la práctica- la efectividad de las acciones de la coalición dirigida por Estados Unidos. Ello ha conducido a que sectores influyentes de las monarquías árabes intenten disuadir a Irak de tal decisión.

Entre tanto, Rusia ha insistido en la solicitud a Estados Unidos y los países occidentales de incorporarse a la coalición. La contradicción de fondo es que Estados Unidos ha planteado que las acciones deben estar encaminadas a derrocar el gobierno de Bashar el Assad, mientras que Rusia sostiene que la única forma de derrotar el terrorismo es contando con la participación activa y protagónica de Siria, su gobierno y sus fuerzas armadas. Por el contrario, Estados Unidos se ha negado a facilitar a Rusia los datos de inteligencia que posee sobre los grupos terroristas, convirtiéndose de esa forma en protector, cómplice y salvaguarda de dichas organizaciones a las que dice combatir.

En el trasfondo, las acciones de una y otra coalición han puesto en el tapete del debate internacional las intenciones reales de cada alianza en su lucha contra el terrorismo. El nerviosismo del gobierno de Estados Unidos surge de que las acciones realizadas por Rusia y sus aliados le conducen a perder la bandera de lucha contra el terrorismo que izaron a partir del 11 de septiembre de 2001 y que tanto al gobierno republicano como al demócrata les ha servido como eje estructurador de las relaciones internacionales a nivel global, bajo su hegemonía. Aquel discurso del presidente Bush del 20 de septiembre de ese año cuando dijo “O están con nosotros o están con el terrorismo” ha perdido total validez. La cercanía de Estados Unidos con los terroristas se ha hecho evidente, hoy los protegen evitando que otros les puedan dar golpes efectivos, a fin de causarle pérdidas reales a su máquina de muerte y destrucción. Al perder la bandera de adalid en la lucha contra el terrorismo, Estados Unidos está destruyendo el principal instrumento que había utilizado en su intención de configurar un nuevo mapa del Medio Oriente, creando territorios y naciones que sirvan a sus intereses imperiales. Esto, evidentemente tendrá trascendentales repercusiones en la región y en todo el mundo.