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jueves, 17 de junio de 2021

Nicaragua 2021. Una nueva agresión imperial

 


Nicaragua es un pequeño país de América Central que tiene una población 50 veces y una superficie 75 veces menor que la de Estados Unidos. El PIB estadounidense (en 2019) fue 1.772 veces superior al de Nicaragua el mismo año. Estados Unidos tiene 5.113 ojivas nucleares, 11 portaviones y 18 submarinos nucleares, Nicaragua ninguno. ¿Puede alguien creer en su sano juicio que Nicaragua sea una amenaza para Estados Unidos?

Si el problema fuera la democracia, vale preguntarse ¿Cuánta preocupación le genera a Estados Unidos la democracia en Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos o en nuestra región Paraguay, Brasil, Honduras, Venezuela Haití o Chile donde ha planificado, organizado y apoyado golpes de Estado en contra de la democracia?

Eso por no hablar del pasado cuando apoyó a cuánta dictadura hubo en la región. En la propia Nicaragua, Estados Unidos fue mentor de Somoza quien según el presidente Roosevelt era “un hijo de puta”, pero era “nuestro hijo de puta”.

¿De dónde viene entonces el furibundo odio que los sucesivos gobiernos de Estados Unidos han sentido y sienten por Nicaragua? Sin duda alguna de su historia. Ningún país de América Latina y el Caribe le ha propinado a Estados Unidos tantas derrotas como la patria de Rubén Darío y Augusto C. Sandino.


Veamos. Su posición geográfica dentro de la cintura centroamericana le valió desde muy temprano la mirada ambiciosa de las potencias. Así, a mediados del siglo XIX, el filibustero estadounidense William Walker (hoy le diríamos mercenario) con el visto bueno tácito del gobierno de Estados Unidos, invadió Nicaragua con una fuerza militar que lo llevó incluso (aupado por un sector de los siempre presentes indignos y aleves que aparecen en todo proceso político) a la presidencia de la República. Las fuerzas patriotas se vieron abocadas a la Guerra Nacional para resistir la invasión extranjera. Tras avances y retrocesos que intentaba para consolidar su control sobre el país, Walker sufrió una contundente derrota el 14 de septiembre de 1856 en la batalla de San Jacinto a manos de los patriotas nicaragüenses que eran doblados en número, dirigidos por el coronel José Santos Estrada. Fue el principio del fin, por muchos más intentos que Walker hizo para sostenerse en el poder fue perseguido, acosado y finalmente fusilado en Honduras en 1860. El intento estadounidense de apoderarse de Nicaragua fue derrotado por primera vez.