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martes, 3 de septiembre de 2024

Chile: de un Gabriel a otro Gabriel, la traición como política


En 1946, el Congreso de Chile eligió a Gabriel González Videla como presidente de la república. Su victoria contó con el apoyo de una alianza formada por radicales, comunistas y demócratas, tras obtener el mayor número de votos en las elecciones del 4 de septiembre.

Durante su primer año de gobierno, González Videla incluyó a los comunistas en su administración, concediéndoles tres puestos en el gabinete, pero en abril de 1947, los ministros comunistas decidieron abandonar el gobierno tras diferencias irreconciliables con el mandatario. Pronto, el distanciamiento se transformó en ruptura y pocas semanas después en una insaciable persecución ordenada desde Washington en momentos en que se iniciaba la guerra fría que daba por finalizada la política del “Buen Vecino” como instrumento para enfrentar la guerra. Se dio paso a la doctrina de la “autodefensa colectiva” que devino en la creación del Tratado de Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en 1947 y la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1948. Así, el control de Washington sobre América Latina y el Caribe adquirió carácter jurídico con el beneplácito de las oligarquías locales. Los comunistas ya no eran necesarios. Hitler y el fascismo habían sido derrotados y ahora el enemigo era la Unión Soviética.

Al sentirse apoyado por la mayor potencia mundial, González Videla hizo aprobar la “Ley de Defensa de la Democracia”, instrumento jurídico que lo autorizaba a reprimir a los comunistas. La también llamada “Ley Maldita” prohibió al partido comunista de Chile (PC) y fue utilizada para la represión contra el movimiento popular en particular el de los trabajadores. En el plano internacional, González Videla, que en la historia de Chile es conocido como “el traidor”, rompió relaciones con la Unión Soviética y el campo socialista, cosa que ni Estados Unidos hizo.

En el marco de esta política, se abrieron en el país -sobre todo en el norte- campos de concentración donde se recluían a los comunistas y a otros líderes políticos y sociales en las difíciles condiciones del desierto chileno. En uno de ellos, Pisagua, realizó sus primeras acciones como oficial del ejército, el joven teniente Augusto Pinochet Ugarte.

martes, 12 de septiembre de 2023

Chile: celebraciones en claroscuro


Escribo esta semana desde Chile donde asistí a un seminario internacional organizado por la Municipalidad de Recoleta, la Fundación Constituyente XXI y otras organizaciones a fin de conmemorar el 50 aniversario de la caída en combate del presidente Allende y la entronización de la dictadura cívico-militar fascista que se estableció en este país por 17 años.

Un ambiente sombrío se cierne sobre un país que no ha logrado superar la división y la confrontación que impuso la dictadura. La fecha ha tenido “celebraciones ambivalentes”: unos han recordado a Allende, su gesta, su lealtad al pueblo y su inmolación heroica en defensa de la democracia, y otros han recordado con júbilo la irrupción violenta de las fuerzas armadas que “liberó a Chile del cáncer marxista”.

Mientras tanto el gobierno se hizo a un lado, organizando una conmemoración elitista despojada de una participación masiva que diera el realce que la fecha y el presidente Allende se merecían. La retórica previa del presidente Boric asumiendo una vergonzosa neutralidad, refiere a la controvertida teoría de los “dos demonios” que responsabiliza por igual a Allende y a la dictadura por el golpe de Estado.

No podría ser de otra manera si nos atenemos a que Chile tiene un presidente débil, cobarde, timorato, dubitativo y pusilánime, todo lo cual está siendo aprovechado por la derecha más recalcitrante para pasar a la ofensiva y mantener al pueblo en un inmovilismo paralizante que comenzó el 15 de noviembre de 2019 cuando las élites de poder, Boric entre ellos, firmaron un acuerdo de gobernabilidad cupular que inmovilizó la protesta social que tenía a Piñera y a su gobierno “contra las cuerdas” y al borde de su defenestración. Hay que decir que lamentablemente, la pandemia también hizo su parte.

jueves, 20 de enero de 2022

El engaño del progresismo

 



Al igual que en las décadas de los 70 y los 80 del siglo pasado cuando América Latina y el Caribe luchaban por sacudirse de las dictaduras de seguridad nacional made in Washington, el movimiento popular de la región se debate en torno a la orientación política e ideológica que habrán de tener los combates contra el neoliberalismo y el imperialismo. Hay que decir que esto es mucho más que un debate teórico.

Aunque ahora la situación es distinta, habida cuenta del desarrollo dialectico de los acontecimientos, una vez más las fuerzas revolucionarias se ven enfrentadas a la búsqueda de salidas reformistas a la crisis. Este pensamiento se agrupa bajo las ideas de hacer política “en la medida de lo posible” o la satisfacción por haber llevado al poder al “mal menor”.

Una y otra esconden la incapacidad de los sectores políticos más avanzados de la sociedad de encumbrarse por encima de las dificultades que conducen a construir una alternativa popular y revolucionaria. Nadie podrá decir que ello ocurre por el abandono de los pueblos de su lucha por la democracia, la paz y la equidad. Es muy fácil culpar a los pueblos cuando en realidad han sido algunas élites políticas las que han paralizado los procesos. Incluso, a la vista está lo ocurrido en años recientes en la región cuando organizaciones de izquierda, una vez obtenido el gobierno, han priorizado las alianzas con la burguesía y la derecha, desplazando a los sectores populares a un marginal papel de “objeto” de las medidas de gobierno, cuando en realidad debió haberse aprovechado la cuota de poder obtenido para transformar al pueblo en sujeto del cambio de la sociedad.

martes, 28 de diciembre de 2021

Con todo respeto Atilio Borón: no votaré por Boric


Habló, o mejor dicho escribió, el gran Atilio Borón. No sólo hizo un artículo en el que sintiéndose –como siempre- poseedor único de la sacro santa verdad que emana de su conocimiento, y en el que no deja espacio a que se pueda pensar diferente, so pena de acusaciones y adjetivaciones de cualquier dimensión para los que osamos pensar diferente. También ha enviado mensajes inquisitorios a algunos amigos, consultándoles sobre el escrito en el que yo simplemente daba mi opinión sobre las próximas elecciones en Chile. Tal ha sido su furia que hasta se ha permitido utilizar a Simón Bolívar para justificar su apoyo a Gabriel Boric en la segunda vuelta de las elecciones chilenas. Es muy viejo eso de descontextualizar para desinformar.

Debo decir sin embargo, que te agradezco por decir lo que para mí -un imberbe en estas lides), es un cumplido viniendo de alguien como tú, cuando afirmas que has aprendido tanto de mis “sofisticados análisis sobre la realidad internacional”.

Pero de todas maneras Atilio, ¿Por qué gastas pólvora en alguien tan insignificante como yo? No soy el enemigo. Pensar distinto a ti, no me debería hacer blanco de tu irritación. En el mismo momento que tú estudiabas en la Universidad de Harvard, en Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos, yo lo hacía en la Escuela de Artillería de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (FAR) en La Habana. Entonces, es normal que pensemos diferente, provenimos de escuelas distintas. Cuando tú te hiciste doctor, yo me hice artillero a mucha honra.

viernes, 17 de diciembre de 2021

De Venezuela a Chile. De Caldera a Boric. Un solo Chávez y un solo Salvador


 
La situación actual de Chile se me hace cada vez más asombrosamente similar a la de comienzos de la década de los 90 del siglo pasado en Venezuela. En ese instante, aquí –al igual que en Chile hoy- se vivían 30 años de pos dictadura. Los dos países –en su momento- fueron presentados como “modelo de democracia a seguir” y “ejemplo para el mundo” a partir del “éxito” del sistema de democracia representativa bipartidista en el que la economía se puso al servicio de un sector minoritario de la población.

“No son treinta pesos, son treinta años” hubieran podido exclamar las decenas de miles de manifestantes que protagonizaron el “caracazo” del 27 y 28 de febrero de 1989, movimiento popular de protesta que se expresó en forma masiva como expresión del rechazo a las medidas de corte neoliberal implementadas por el presidente Carlos Andrés Pérez. En el quinto mayor productor y exportador de petróleo del mundo, había un 51% de pobreza. El destino de Pérez (contumaz corrupto como quedó demostrado pocos años después) y de la falsa democracia, quedaron sellados para siempre. Miles de muertos y desaparecidos -hasta hoy- fueron la respuesta del gobierno a la vibrante acción popular

Pero ambas situaciones también tienen diferencias, una de ellas muy relevante. Ante el clamor multitudinario de la ciudadanía y la reprobación del sistema ante la inactividad, pasividad y complicidad de los políticos, un grupo de militares patriotas, atentos a la situación creada, produjeron dos alzamientos durante el año 1992 para manifestar su apoyo al sentir popular. El primero de ellos, realizado el 4 de febrero bajo la conducción de Hugo Chávez Frías, un desconocido teniente coronel de Fuerzas Especiales, elevó el espíritu de lucha, señaló un camino distinto y colocó a Chávez en el pedestal de las futuras batallas que habrían de sobrevenir. Como nunca antes en la historia de Venezuela un líder asumió la responsabilidad por un fracaso, pero esta vez, la derrota “por ahora” del movimiento le imprimió un derrotero de victoria a lo que ese día había significado una derrota.