En 1946, el Congreso de Chile eligió a Gabriel González Videla como presidente de la república. Su victoria contó con el apoyo de una alianza formada por radicales, comunistas y demócratas, tras obtener el mayor número de votos en las elecciones del 4 de septiembre.
Durante su primer año de gobierno, González Videla incluyó a los comunistas en su administración, concediéndoles tres puestos en el gabinete, pero en abril de 1947, los ministros comunistas decidieron abandonar el gobierno tras diferencias irreconciliables con el mandatario. Pronto, el distanciamiento se transformó en ruptura y pocas semanas después en una insaciable persecución ordenada desde Washington en momentos en que se iniciaba la guerra fría que daba por finalizada la política del “Buen Vecino” como instrumento para enfrentar la guerra. Se dio paso a la doctrina de la “autodefensa colectiva” que devino en la creación del Tratado de Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) en 1947 y la Organización de Estados Americanos (OEA) en 1948. Así, el control de Washington sobre América Latina y el Caribe adquirió carácter jurídico con el beneplácito de las oligarquías locales. Los comunistas ya no eran necesarios. Hitler y el fascismo habían sido derrotados y ahora el enemigo era la Unión Soviética.
Al sentirse apoyado por la mayor potencia mundial, González Videla hizo aprobar la “Ley de Defensa de la Democracia”, instrumento jurídico que lo autorizaba a reprimir a los comunistas. La también llamada “Ley Maldita” prohibió al partido comunista de Chile (PC) y fue utilizada para la represión contra el movimiento popular en particular el de los trabajadores. En el plano internacional, González Videla, que en la historia de Chile es conocido como “el traidor”, rompió relaciones con la Unión Soviética y el campo socialista, cosa que ni Estados Unidos hizo.
En el marco de esta política, se abrieron en el país -sobre todo en el norte- campos de concentración donde se recluían a los comunistas y a otros líderes políticos y sociales en las difíciles condiciones del desierto chileno. En uno de ellos, Pisagua, realizó sus primeras acciones como oficial del ejército, el joven teniente Augusto Pinochet Ugarte.

