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martes, 5 de febrero de 2013

La emboscada de Piñera



La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) es el punto más alto jamás logrado en la búsqueda de un acercamiento de los pueblos y países del sur del Río Bravo. Ha venido a concretar la lucha y los sueños libertarios por el que entregaron su vida millones de mujeres y hombres a lo largo de dos siglos  en nuestra región.

Para llegar a la primera reunión cumbre realizada en la Riviera Maya en México se debieron superar múltiples inconvenientes hasta consolidar la idea de que a pesar de las diferencias políticas, ideológicas y filosóficas que tengan coyunturalmente los gobiernos que ostentan el poder en cada uno de los países, -en un mundo tan convulso como el que se vive, lleno de incertidumbres de cara al futuro, con disimiles amenazas globales que provienen de la ambición hegemónica desmedida de los centros del poder mundial-, es imperativo enfrentar tales complejidades desde la fuerza que concede unir las fortalezas de cada uno, construir a partir de las complementariedades y entender que la diferencia no debilita sino que vigoriza cuando se entienden las diversidades en tal calidad.

Nunca se dijo que iba a ser fácil. Nunca lo ha sido. La disyuntiva no es construir a favor o en contra de Estados Unidos. La disyuntiva es construir con o sin Estados Unidos. Es el destino de las relaciones internacionales de América Latina desde el nacimiento de sus Estados independientes a comienzos del siglo XIX. La integración es monroista, panamericana y gira alrededor de una hegemonía imperial que se impone o, es bolivariana, nuestramericana y se da entre actores que respetan las diferencias sobre la base de criterios de equidad y solidaridad entre iguales, entendiendo y superando las asimetrías económicas,  de fortaleza militar, superficie y población.

En noviembre de 2011, previo a la Cumbre de Caracas alertábamos en un artículo publicado bajo el título de “La Cumbre de la CELAC. Trascendencia y futuro” que era “…evidente que esta Comunidad de Estados va a tener retos y obstáculos que superar. Ya se vivieron en la Riviera Maya cuando el ex presidente de Colombia (me refería a Álvaro Uribe) en uno de los últimos estertores  de su vida política, trató de sabotear- al igual que Santander  hace 180 años- la magna cita. Estados Unidos, desarrollará una política con todos los instrumentos coercitivos a su alcance para evitar que esta nueva organización tenga éxito. Es lo que hizo en el Congreso de Panamá y es lo que ha hecho durante toda su vida como nación”. En torno a ello, proponíamos en el mismo artículo que Al respecto resulta imprescindible que todo el proceso de negociación – de alcance regional y sin excluir a ningún país – para la constitución de la Comunidad esté presidido por la identificación de aquellos factores, elementos, propuestas y áreas de política donde se puedan encontrar espacios de convergencia y complementariedad entre todos los gobiernos de la región.”

En su corto andar la Celac ha logrado construir importantes consensos en torno al rechazo al bloqueo estadounidense a Cuba y el irrestricto apoyo a Argentina en  su reclamo por la soberanía de las Malvinas. La reciente reunión cumbre de Santiago de Chile advierte algunos avances en cuanto a un discurso que se aleja un poco más  de la retórica neoliberal, sin embargo debió sortear –y lo hizo con éxito- la emboscada de la derecha internacional que tuvo en el anfitrión, Sebastián Piñera, el estandarte de tal estratagema.

En un país que como Chile el cual desde 1972 -cuando se desarrolló durante el gobierno de Salvador Allende la III Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD)-, jamás había tenido un evento internacional de tal envergadura, esta cumbre pasó absolutamente inadvertida para el conjunto de la población.

Salvo la farandulera transmisión de la llegada de los jefes de estado en la que los medios de comunicación comentaban acerca de las características de los aviones que los trasportaban y los atuendos que lucían las primeras damas, los santiaguinos se enteraban que “ocurría algo” al paso de las raudas comitivas de vehículos que transitaban las calles de la capital chilena. La prensa y la televisión se encargaron de elevar a la categoría de “diosa” a la canciller alemana Angela Merkel  que venía a “dar las instrucciones de lo que debía hacerse” y dieron inusitada relevancia al cadáver político de Mariano Rajoy que más que jefe de estado, parecía representante de las empresas transnacionales españolas en la búsqueda de nuevos mercados. Eso, la I Cumbre empresarial Celac-UE, los ataques de la ultraderecha fascista contra Cuba y su presidente Raúl Castro y el repudio racista y colonial a los reclamos de Evo Morales en pro de la salida al mar de Bolivia llenaron el espectro informativo.

Así, el día posterior a la clausura de la Cumbre, las primeras planas de los periódicos exhibidos en los kioscos de Santiago no mostraban ni la más mínima alusión al hecho. Era evidente que para ellos la verdadera cumbre era aquella en la que había participado Merkel.  La otra, la que Piñera tuvo que organizar a continuación, era obviada de la manera más descarada. Dicho sea de paso, de 27 países europeos participantes, sólo 5 jefes de estado y/o gobierno se hicieron presentes en Santiago. Mientras todo ello ocurría, la cumbre alternativa de organizaciones y movimientos sociales y políticos en la que participaron cientos de representantes de todo el continente era acallada y minimizada.

La “emboscada” que Piñera trató de consumar contra la Celac tuvo su derrotero cuando previamente organizó la cumbre con la UE y junto a ella la de los empresarios. Ahí se abogó por “… apoyar la apertura de mercados como la mejor vía para impulsar el comercio y las inversiones, y rechazar la aplicación de medidas de naturaleza proteccionista”. Por su parte, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso indicó que “es fundamental garantizar un marco jurídico transparente y estable que respete las normas internacionales y evite la arbitrariedad”, de modo que se impida el proteccionismo y se promueva la liberalización. Se trata de constituir socios estratégicos, dijo, frente a los desafíos del desarrollo y crecimiento económico sostenidos. El propio Piñera señaló que la nueva relación requerirá “más libertad, más innovación, emprendimiento y libertad de comercio y menos proteccionismo”.

El presidente chileno dejaba la mesa servida para que se debatiera en torno a ello en la cumbre de Celac. Sin embargo, una vez más los países con gobiernos autónomos de los poderes mundiales rechazaron tales intentos. Aunque la declaración final  reitera el “compromiso con evitar el proteccionismo en todas sus formas” y apoya una “inversión productiva que respete del todo los aspectos económicos, sociales y ambientales constitutivos del desarrollo sostenible” hubo resistencias que se expresaron sobre todo en los discursos de la presidenta argentina Cristina Fernández y de Bolivia Evo Morales. En ese contexto, Venezuela se opuso  a que se incluyera una alusión de respeto a las inversiones foráneas, lo que  pareció trabar el camino hacia una declaración final consensuada entre los gobernantes de ambas regiones, hasta que finalmente los europeos cedieron.
La última sorpresa que tenía preparada Piñera fue la realización en medio de dos sesiones de la Cumbre Celac de una reunión similar entre sus pares de la llamada Alianza del Pacífico, es decir la organización creada por los gobiernos de derecha de la región, México, Colombia, Perú y Chile instituida para torpedear los esfuerzos integracionistas de Unasur y Mercosur y para llevar adelante “desde adentro” las políticas de Estados Unidos y Europa encaminados a impedir un buen desenvolvimiento a futuro de Celac y buscar la firma de tratados de libre comercio con ellos.
No es novedoso que tal fuera la actuación de un líder de la derecha en nuestro continente, ya Uribe había jugado un rol similar en la Riviera Maya. La Cumbre de Caracas y la presidencia de Venezuela atenuaron y limitaron dichos arrebatos, Cuba hará lo mismo y sin duda alguna su eficientísima diplomacia llevará a la Celac tan lejos como sea posible, luego vendrá otro período difícil en 2014 cuando Costa Rica asuma la presidencia pro tempore. En ese contexto, sería deseable que Ecuador, Argentina Bolivia o Nicaragua solicitaran la sede para 2015. Así se logrará mantener el equilibrio necesario para que la integración entre diferentes que ha emprendido Nuestra América supere las adversidades y avance hacia estadios más altos de realización.
No nos atemorizan los contratiempos, no nos asustan las dificultades. Sabíamos que sería así. El presidente Raúl Castro lo resumió al asumir la presidencia de la Celac: “Entre nosotros hay pensamientos distintos e, incluso diferencias, pero la Celac ha surgido sobre el acervo de doscientos años de lucha por la independencia y se basa en una profunda comunidad de objetivos”.

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