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sábado, 27 de octubre de 2012

A 50 años de la Crisis de Octubre. Parte I

 
El triunfo de la Revolución Cubana el 1° de enero de 1959 irrumpió como un vendaval en el planeta, en particular en América Latina y el Caribe. Se vivía una etapa caracterizada por un sistema internacional bipolar rígido que se trastornaba tan solo ante la posibilidad de cualquier vaivén que pusiera en entredicho los severos mecanismos de control tácito que cada polo de poder, Estados Unidos y la Unión Soviética habían establecido como forma de “ordenamiento” del sistema jurídico internacional.
 
Estados Unidos entendió con mucha rapidez la profundidad y alcance de la Revolución Cubana. Casi desde el mismo 1° de enero de 1959 comenzaron sus acciones agresivas en contra de la Isla. Las mismas se manifestaron en el terreno  del sabotaje económico y financiero y en el militar a través de agresiones directas y el apoyo a acciones terroristas que afectaban a ciudadanos y bienes cubanos.
 
El 4 de marzo de 1960, Estados Unidos estuvo tras la voladura del barco francés La Coubre, en el puerto de La Habana. Este criminal atentado ocasionó 101 muertos, entre ellos varios franceses, mas de 200 heridos y numerosos desaparecidos. Al año siguiente se intensificaron los actos terroristas, que incluyeron la quema de cañaverales durante la zafra azucarera, el sabotaje a fábricas y ataques de diversos tipos contra la economía. En estas acciones  fueron asesinados 281 ciudadanos, en su mayoría campesinos, mujeres y niños, así como milicianos y jóvenes voluntarios que participaban en la Campaña de Alfabetización.



Así mismo, el 29 de junio de 1960 las transnacionales Texaco, Esso y Shell, tradicionales suministradoras de petróleo a Cuba, interrumpieron el suministro del producto y se negaron a procesar el crudo adquirido en la Unión Soviética como resultado de las presiones ejercidas por el gobierno de Estados Unidos. En otro ámbito, a través de la ley pública 86-592 de 6 de junio de 1960 se autorizó al Presidente de Estados Unidos a determinar la cuota azucarera cubana para el resto de 1960. A partir de esto,  el Presidente Eisenhower redujo las importaciones de azúcar cubana en un  95% durante ese año. Como colofón de esta escalada agresiva, en abril de 1961, un importante contingente de mercenarios organizados, entrenados y armados por la CIA invadió el territorio de Cuba a fin de derrocar al gobierno revolucionario. En menos de 72 horas el pueblo cubano derrotó la intentona que tuvo siempre el apoyo logístico de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos.
 
En el funeral de las víctimas de los bombardeos aéreos que sirvieron como preludio a la agresión, en una multitudinaria manifestación. Fidel Castro proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana. La guerra fría se había trasladado al continente americano. Ahora, la centenaria ambición de Estados Unidos de apoderarse de Cuba se insertaba en la lógica del mundo bipolar. En fecha tan antigua como 1805, Thomas Jefferson al entregar la presidencia de Estados Unidos le dijo a James Monroe “Nosotros debemos tener las Floridas y Cuba…”. El argumento lo daba el mismo Jefferson ese mismo año en carta al Embajador francés en Washington cuando le informaba que la ubicación de Cuba  “es necesaria para la defensa de Luisiana y la Florida”.
 
Con estos antecedentes que habían llegado a su punto cúlmine con la invasión en Playa Girón,  en abril de 1962, el líder soviético Nikita Jruschov arribó a la conclusión que Estados Unidos intentaría nuevamente una agresión en gran escala contra Cuba, pero que esta vez sus Fuerzas Armadas tendrían una participación directa a fin de asegurar el éxito en la operación.  La pregunta era qué podía hacer la Unión Soviética para evitarlo considerando la gran distancia que la separaba de Cuba y las complicaciones que ello significaba dada la cercanía geográfica de ésta con Estados Unidos.
 
En ese momento, Estados Unidos desarrollaba la “Operación Mangosta” con el objetivo de atacar a Cuba. Desde su aprobación por el presidente Kennedy en noviembre de 1961 hasta enero de 1963 se realizaron 5780 acciones terroristas contra la isla caribeña, tal como lo señala el investigador Rubén Jiménez Gómez en un pormenorizado estudio que el diario Granma de La Habana ha publicado en 23 entregas hasta ahora.
 
Según Jiménez, el 10 de abril de 1962 el presidente Kennedy le ratificó al líder contra revolucionario José Miró Cardona “la disposición de su Gobierno de resolver el problema cubano por medio de las armas”. Ello dio paso a un infinito número de preparativos tanto en acciones de desestabilización en territorio cubano, como entrenamientos y maniobras en otras regiones del Caribe  para crear condiciones óptimas para la invasión.
 
Por su parte, a los líderes soviéticos les preocupaba el emplazamiento en Turquía de cohetes con cargas nucleares dirigidos contra la URSS los que sólo demorarían 10 minutos en hacerse presente en su territorio. Los cohetes Júpiter con un alcance de 1500 KM. se encontraban en número de 15 en Turquía, pero se habían hecho acuerdos similares con Italia para instalar 30 Júpiter y  con Gran Bretaña donde se planeaba ubicar 60 Thor, todos ellos apuntarían contra el Estado soviético. Jruschov pensó que podía “pagarle a Estados Unidos con la misma moneda” e instalar cohetes en secreto en Cuba, porque en esas condiciones un ataque estadounidense contra la Isla podría ser considerado un ataque contra la Unión Soviética y en esa situación se imponían otras reglas de juego, pues no pensaba el dirigente soviético que se pudiera producir un irracional ataque estadounidense contra objetivos que estaban bajo su protección y control  
 
Después de mucho reflexionar sobre el tema y de consultas a sus principales asesores militares y civiles quienes no tenían una opinión homogénea, Jruschov “llegó al convencimiento de que no era posible garantizar la defensa de Cuba con armamentos convencionales, solo los cohetes nucleares podían resultar un medio seguro para contener una posible agresión”  de acuerdo a lo que señala Jiménez en el artículo antes mencionado.
 
En ese marco, el 21 de mayo de 1962 se efectuó en Moscú una reunión del Consejo de Defensa a la que fue invitado el Embajador en Cuba, Alexander Alexeiev. El Consejo era presidido por Nikita Jruschov en su calidad de Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas de la URSS. Ahí se discutió acerca de cómo reaccionaría Cuba y su líder Fidel Castro ante la propuesta de instalar cohetes soviéticos en su territorio como medio para su defensa y seguridad ante la inevitable agresión armada que Estados Unidos preparaba. El Embajador Alexeiev era contrario a la idea y opinó que el máximo dirigente cubano la rechazaría. Jruschov expuso que todas las evidencias confirmaba la inminencia de un ataque estadounidense contra Cuba, que no tenía dudas de cual iba a ser la respuesta de su pueblo ante tal hecho pero que “era necesario  emplear un medio de disuasión que hiciera comprender a los norteamericanos que si atacaban a Cuba no solo tendrían que vérselas con un pueblo indomable, sino también con todo el poderío militar de la Unión Soviética, y resumió que semejante medio de disuasión solamente podía ser el arma nuclear.”   Según su opinión “esa operación no perseguiría el objetivo de desencadenar una guerra, sino solo el de contener al agresor”.
 
Dada la importancia y trascendencia del tema, en esa reunión no se tomó una decisión, sólo se creó un equipo de trabajo para preparara una propuesta. A cargo del mismo fue designado  el jefe de la Dirección de Operaciones, mayor general Anatoli Gribkov.
 
El 24 de mayo se reunió nuevamente el Consejo de Defensa de la URSS. Se discutió el documento preparado por el equipo del General Gribkov que proponía crear una Agrupación de Tropas Soviéticas  de hasta 53 00 efectivos, compuesto de unidades de las Fuerzas Terrestres, la Fuerza Aérea, las Tropas Coheteriles Estratégicas, las Tropas de Defensa Antiaérea, la Marina de guerra y Aseguramientos Combativos.
 
 
Después de un profundo debate el documento fue aprobado, pero se ratificaría después de recibir la aprobación de Fidel Castro, por lo que se enviaría una comisión a Cuba para efectuar conversaciones. Con ello, se había dado inicio a la “Operación Anadir”
 
CONTINUARÁ

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