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domingo, 2 de octubre de 2011

La mascota negra de Wall Street

Es sabido que la política imperial de Estados Unidos se gesta desde las grandes empresas transnacionales y en particular desde el Complejo Militar Industrial. En esa medida, la función presidencial se circunscribe a administrar la actividad gubernamental -acorde los intereses de esas empresas- a fin de maximizar las ganancias para ellas.

Sin embargo, cada presidente trata de gestar una impronta que señale la especificidad de su gestión y por ende, que lo diferencie del resto. De ahí que la personalidad del presidente de Estados Unidos y sus características individuales influyen en su gestión y, en tanto hablamos de la mayor potencia mundial, ejerce -por cierto- influencia en todo el planeta.

Bill Clinton fue un presidente instruido, culto. Según la prestigiosa Universidad George Washington de la capital estadounidense que desde finales del siglo XIX ha hecho un estudio del índice de coeficiente intelectual de los presidentes estadounidenses, Clinton ha sido el más inteligente entre todos sus colegas. Es conocido el relato que hizo Gabriel García Márquez de su conversación con él, cuando el Premio Nobel fue gratamente impresionado por el conocimiento del ex presidente estadounidense sobre América Latina y su literatura. Si el presidente Chávez le hubiera querido regalar el libro “Las Venas Abiertas de América Latina” de Eduardo Galiano, es muy probable que le habría comentado que ya había leído tan importante obra.

A Clinton lo sustituyó George Bush, el presidente más bruto que ha tenido Estados Unidos según el mismo estudio de la Universidad George Washington. Su proverbial ignorancia, su gran capacidad de decir cosas incongruentes, sus innumerables frases sin sentido y su superficialidad rayana en la estupidez al hacer uso de la historia, signaron su gestión. Eso es público y de todos conocido.

Barack Obama es el término medio. Es un estúpido ilustrado. Nadie puede dudar de su excelente formación académica en las universidades de Columbia y Harvard, lo que lo llevó a dictar cátedra en la Universidad de Chicago. Cuesta entonces, entender cómo es posible que teniendo los conocimientos que tiene, pueda manejarse con tamaña desfachatez al manejar elementos de carácter histórico, político y del derecho internacional en la principal tribuna del mundo.

Sólo tiene explicación cuando se comprende que habla desde la prepotencia que le da dirigir la mayor potencia militar del planeta, desde la soberbia del poder imperial y desde la bobería del que no tiene la razón y la pretende imponer por vía de la fuerza, la amenaza y el chantaje. 
Por eso, repito, es un estúpido ilustrado.

Por eso, tal vez, sólo pase a la historia, como “La mascota negra de Wall Street” tal como lo llamó Cornel West prestigiado filósofo, escritor y profesor de la Universidad de Princeton.
No me vayan a acusar de racista. West es negro e imparte clases en el Centro de Estudios Afroamericanos de dicha universidad. No hay porque dudar que sabe lo que dice.

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