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miércoles, 29 de diciembre de 2010

La opción de América Latina y el Caribe en el mundo unipolar.

Conferencia dictada en la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas.(UNICACH) Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, México, 24 de septiembre de 2004
  
I. Un nuevo orden internacional: el mundo unipolar

Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos nos llevan a hacer una revisión de algunos aspectos históricos relevantes que permiten formular dos posibles causas que explicarían estos actos.

La primera posible causa es de origen externo y se refiere al resentimiento acumulado contra Estados Unidos por su política de intervención Estados Unidos está cosechando la respuesta a los tantos agravios que durante más de medio siglo ha cometido contra los países del tercer mundo. Se puede decir que las víctimas y sus herederos están devolviendo golpe a golpe (blow back) todas las invasiones, destrucciones y masacres que ocasionó la política de fuerza que aplicó Washington desde que se erigió en superpotencia.

Un importante analista ha dicho “que para saber hacia dónde vamos debemos revisar cuidadosamente de dónde venimos, ya que la única forma de evaluar lo que podría ocurrir en el futuro es mirar hacia adelante con base en lo que sucedió a partir de 1947, cuando Estados Unidos estableció el Acta de Seguridad Nacional y aún antes de que se iniciara la Guerra Fría”.

La consolidación económica de Estados Unidos posterior a la guerra hispano-cubano-norteamericana de 1898, en la cual este país comienza su transformación como primera potencia mundial, obedeció en primer término a su situación geográfica, vale considerar  que  en su territorio continental nunca se ha desarrollado una guerra y que es el único país capaz de crecer sin dilación debido a que, por esa razón, sus pérdidas materiales y humanas han sido considerablemente menores que las de otros países beligerantes.

En segundo lugar, la industria de guerra,  particularmente dinámica, ha revitalizado en repetidas ocasiones la economía norteamericana por cuanto no está sujeta a las fluctuaciones de un mercado normal. Sin embargo, la extensión y afianzamiento de la influencia soviética en Europa y las tendencias pro-socialistas de algunos movimientos de liberación en Asia, África y América Latina, en el periodo de la guerra fría, fueron percibidos como una amenaza por Estados Unidos, profundizando su política intervencionista con el fin de garantizar su supremacía.

La Doctrina Truman expresó la percepción de la “amenaza comunista”, declarando que todas las naciones del mundo se enfrentaban, quisieran o no, a dos alternativas y opuestos modos de vida: “un modo de vida se basa en la voluntad de la mayoría y se distingue por sus instituciones libres, gobierno representativo, elecciones libres, garantías para la libertad individual, libertad de expresión y de religión y ausencia de represión política. El segundo modo de vida se basa en la voluntad de una minoría: Ella se basa en el terror y la opresión, elecciones fraudulentas y la supresión de las libertades individuales...” Esta doctrina cumplía cabalmente con los propósitos ideológicos del gobierno norteamericano: justificar las acciones políticas y militares que se estaban desarrollando para consolidar su poder en su zona de equilibrio y en su zona periférica. Creó alianzas y tratados estratégicos de control,  como la Organización del Tratado del Atlántico Norte, dirigido a fortalecer el aparato militar del bloque capitalista en Europa y América del Norte, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, orientado a mantener su hegemonía política en los países de América que constituyen la parte más segura de su área periférica, la Organización del Tratado del Sureste Asiático y la Organización del Tratado del Asia  Central, disuelto en 1979, concebidos para frenar la expansión del bloque socialista en el continente asiático. No obstante  esta estrategia los conflictos comenzaron a aparecer obligando a Estados Unidos a endurecer sus líneas de acción en una política más profunda.

En este marco el blow back ejecutado por presuntos terroristas árabes, aparece como la respuesta del nuevo siglo a una serie de acciones de Estados Unidos a lo largo de los años en que presenciamos el uso continuo de una diplomacia de fuerza en Medio Oriente, América Latina, Asia y África:  Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia y Chile en la década de los sesenta y setenta; el involucramiento en la lucha por el derrocamiento del gobierno sandinista en Nicaragua y el de la Nueva Joya en Grenada en la década de los ochenta, el bombardeo de la capital panameña en 1989 para capturar a Manuel Antonio Noriega,  el bloqueo económico de Cuba y las guerras en Vietnam, Camboya y Laos y en el Golfo Pérsico, punto estratégico este último que representa su fuente más importante de abastecimiento de petróleo.

Al finalizar la guerra fría, la política de la única potencia mundial se vio forzada a abandonar los métodos clásicos que aplicó en el marco del mundo bipolar y los sustituyó por otros que sin embargo perseguían el mismo objetivo: preservar mercados y fuentes de materias primas, incrementar las ganancias monopolistas, impulsar y reforzar el capitalismo y garantizar su posición económica, política, ideológica y estratégico-militar.

Esta política originó la formación de movimientos que se manifestaban contra la actuación de Estados Unidos, algunos de ellos, principalmente en países periféricos comenzaron a utilizar el terrorismo como forma de expresión de sus ideas con el deseo de provocar un cambio en sus países y en el mundo. El resentimiento generalizado en los países árabes por el establecimiento de un Estado judío en lo que consideran su territorio, reanimó el espíritu del Islam de gran influencia en estos países, que además los ha mantenido unidos en su lucha contra el neocolonialismo.

El terrorismo se constituye así, tanto en el ámbito interno como en el mundial, como  una vía abierta a todo acto violento e intimidatorio aplicado sin reserva o preocupación moral alguna. Los fines buscados por esta forma de "guerra" no convencional pueden ser políticos, religiosos, culturales y la toma del poder por un medio totalmente ilícito.

En su sentido más amplio, el terrorismo es la táctica de utilizar un acto o una amenaza de violencia contra individuos o grupos para cambiar el resultado de algún proceso político. Ahora bien, puede ser definido de manera más específica como el uso coercitivo de la violencia. Sin embargo, hay que decir que no se ha hecho una definición única de terrorismo, incluso en el periodo de la guerra fría se comenzó a hablar de “terrorismo de Estado” como aquella acción violenta organizada y ejecutada desde los aparatos de inteligencia de los Estados.

Así, la administración estadounidense ha declarado la guerra al terrorismo y a todos los países que protejan a terroristas, en lo que  denominó “Operación libertad duradera”, señaló a Osama Bin Laden como el principal sospechoso de los ataques y como su protector al gobierno talibán de Afganistán. No obstante, existe el peligro de que el eventual ataque de Estados Unidos pueda extenderse a Asia Central, internacionalizando este conflicto. Semejante decisión  puede conducir a trascendentes cambios en el sistema internacional. La misma define que la disyuntiva entre un  mundo multipolar y uno unipolar se ha resuelto a favor del último. Estados Unidos ha emergido como única potencia mundial con el apoyo de todos, para luchar contra el nuevo comunismo ahora denominado “terrorismo″. Las declaraciones de Bush del 11 y 12 de septiembre de 2001 y sobre todo la del día 20 del mismo mes y año  son al igual que la Declaración Monroe y el Destino Manifiesto del siglo XIX y las 14 medidas de Wilson en el siglo XX el elemento ordenador y de principios de la política exterior de Estados Unidos para el siglo que se inicia. Lo que podríamos puntualizar como “paradigma Bush” de la política exterior de Estados Unidos se caracteriza entre otras cosas por las siguientes definiciones:

1.     La utilización de cualquier arma de guerra que sea necesaria.
2.    Las operaciones militares se prolongarán en el tiempo. Según el Presidente Bush las mismas no tendrán  “un paralelo en nuestra historia”.
3.    La obligación de los países de asumir una postura ante la decisión de Estados Unidos que no deja espacios a posiciones alternativas: “Cualquier nación, en cualquier lugar, tiene ahora que tomar una decisión: o están con nosotros o están con el terrorismo”. Es la definición de un mundo falsamente bipolar. Los nuevos polos serían Estados Unidos y el terrorismo. Ante la imposibilidad de estar con el terrorismo lo que se ha hecho es imponer por primera vez en la historia un mundo unipolar 
4.    La exacerbación de sentimientos nacionalistas y militaristas: “Les he pedido a las Fuerzas armadas que estén en alerta, y hay una razón para ello: se acerca la hora de que entremos en acción, y ustedes nos van hacer sentir orgullosos”.
5.    El involucramiento de todos los países y pueblos en el conflicto: ”Esta es una lucha de todo el mundo, esta es una lucha de la civilización”.
6.    La aceptación en el marco de un mundo unipolar  que el líder es Estados Unidos:   “Los logros de nuestros tiempos y la esperanza de todos los tiempos dependen de nosotros”.
7.    Finalmente la necesaria inspiración divina encarnada también por Estados Unidos: “No sabemos cuál va a ser el derrotero de este conflicto, pero sí cuál va a ser el desenlace (...) Y sabemos que Dios no es neutral”.

Este nuevo paradigma ha hecho que la agenda política internacional sufriera un cambio radical puesto que la atención de las naciones se centró primero en las manifestaciones de apoyo y solidaridad con el gobierno norteamericano y en secundar su propuesta de conformar una coalición para enfrentar al terrorismo; sin embargo, ahora la atención gira en torno a la seguridad nacional. Después de los ataques terroristas a Estados Unidos y antes de la respuesta de éste contra Afganistán e Irak, la amenaza de una nueva guerra, cambió el sentir de los gobiernos, quienes se presentaron más cautelosos respecto a la propuesta de apoyo incondicional que en primera instancia ofrecieron. La prioridad fue responder a nuevos retos que garantizaran la seguridad nacional y regional, mediante el intercambio abierto de información, la cooperación de grupos policiales y la detección de redes de dinero supuestamente ligado al terrorismo.

Aunque Estados Unidos ha afirmado que los ataques tienen un origen externo y para ello dice tener evidencias, que salvo el primer ministro  de Gran Bretaña Tony Blair y en su momento el Presidente de Pakistán  Pervez Musharraf nadie más ha visto, no se puede obviar una segunda causa que va cobrando fuerza con el desarrollo posterior de los hechos, misma que obligatoriamente necesita de una importante estructura interna de apoyo.

Esta segunda causa, puede obedecer a estos factores de origen interno, que sugieren que los ataques fueron provocados por algún grupo de extrema derecha norteamericana o ultra conservadores que estaban viendo seriamente afectados sus intereses. Podría incluso tratarse de una acción mixta de actores internos y externos que pudieran actuar coordinados o no y en función de objetivos similares o no, pero con un fin en común cual es causarle daño a quien ambos consideran su enemigo, cual es el sistema político norteamericano. Esto es lo que insinúa Michael Moore en su documental “Fahrenheit 911”.

A partir del 11 de septiembre del 2001, se inició un proceso de  configuración de un nuevo orden internacional que hasta esa fecha tendía a la multipolaridad. Los ataques a las torres gemelas de Nueva York dieron la pauta para que EEUU, país inmerso en una crisis económica y social y por tanto viviendo un momento de declive, emergiera como la potencia capaz de conformar un mundo unipolar basado en la confrontación estratégica, expresada a través de la intervención en Afganistán y en Irak con la justificación de combatir el terrorismo. En un instante EEUU retomó su papel de policía mundial pasando por alto al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, responsable de mantener la paz y la seguridad internacional y que ante todo promueve la resolución pacífica de conflictos dejando como última instancia las medidas militares. La Doctrina Bush se reveló como la determinante de la política exterior norteamericana, asimismo, la Estrategia de Seguridad Nacional y la Patriotic Act actuaron  como las medidas para la protección interna del territorio norteamericano aún por encima de los derechos humanos de sus ciudadanos.

De esta forma EEUU inicia su ofensiva contra el terrorismo y aquellas naciones que lo encubran. Una vez derrotado el régimen talibán en Afganistán, sin tener rastro de Osama Bin Laden, y terminada la guerra en Irak, sin  huella de las armas de destrucción masiva, las justificaciones que dieron pauta para la intervención en dichos países, se han puesto en duda, lo cual guarda relación con los intereses petroleros de la administración Bush en el Medio y Cercano Oriente, considerando que Afganistán es país de paso para el transporte de gas y petróleo, e Irak posee las más grandes reservas petroleras después de Arabia Saudita.

II. Justificaciones estadounidenses: petróleo y amas

Estados Unidos tiene una creciente dependencia con el petróleo importado. Según un estudio publicado en noviembre 2001 por la Agencia Internacional de la Energía (AEI), en 2020 la demanda petrolera mundial será de 95.8 mil millones de barriles por día. En ese país, 7 de cada 10 barriles de petróleo consumidos serán importados. La dependencia de una sola fuente, como la del Golfo Pérsico, hace a Estados Unidos vulnerable a las crisis en los precios, y a las interrupciones en el abasto. Para evitarlo, su gobierno busca aumentar el acceso a este recurso en todas las zonas posibles, incluida América Latina y la costa occidental de África. Dada la inestabilidad de los lugares con reservas energéticas, la búsqueda se ve aparejada con el involucramiento militar de Washington para la protección de los oleoductos y campos petroleros.

No es de dudar entonces que la intervención de las tropas de Estados Unidos en Afganistán, después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, no sólo tuvo como finalidad derrotar al régimen talibán en la lucha contra el terrorismo, sino que también sirvió a su campaña por acceder al petróleo mundial. Este fuerte interés por controlar el llamado “oro negro”, tiene que ver sobre todo con la relación que existe entre algunos miembros del gabinete de Bush y empresas petroleras norteamericanas. Dick Cheney, actual vicepresidente, fue funcionario de la firma Halliburton, ésta ayudó a reconstruir los campos petroleros de Irak, dañados por la Guerra del Golfo en 1991, el antiguo director de la CIA, John Deutsch, es miembro en la junta directiva de Schlumberger, la segunda firma de servicios petroleros después de Halliburton, que también hace negocios con Irak a través de subsidiarias.  

Se debe considerar que el gobierno de EEUU está dominado por ex directivos del sector petrolero. Condolezza Rice, Consejera para la Seguridad Nacional, fue directiva del gigante petrolero Chevron, el mismo Presidente, George W. Bush, antes de dedicarse a la política profesional, fundó por sugerencia de su padre, la compañía petrolera Arbusto (Bush en inglés) que luego se transformó en “Bush Exploration”. En la política norteamericana actual, el controvertido plan energético federal, que supondría, de acuerdo al Consejo de Defensa de Recursos Naturales, un notable retroceso en la protección del medio ambiente, fue elaborado con los dirigentes de las grandes industrias del carbón, petróleo, gas y del sector nuclear. Los intereses de estos grupos coinciden con los movimientos de la política exterior estadounidense. Al respecto cabe recordar que en el denominado “eje del mal”, Irak e Irán atesoran cuantiosos yacimientos de crudo.

Otro argumento que conduce a reafirmar las intenciones norteamericanas respecto al petróleo y a sus intenciones de dominación mundial, es el descubrimiento de información falsa utilizada para respaldar la invasión en Irak. La  existencia de armas de destrucción masiva en territorio iraquí nunca fue sustentada por los inspectores de desarme de la ONU en sus investigaciones previas a la guerra. Hans Blix, jefe de esa misión,  declaró en enero que su equipo no había encontrado pruebas de armas prohibidas. Pese a esto, EEUU, secundado por Gran Bretaña y España lanzaron una ofensiva que duró cerca de tres meses. La teoría de esta coalición, sin embargo, entró en crisis cuando la Agencia Central de Inteligencia norteamericana, CIA-  aceptó haberse equivocado en datos entregados al Presidente Bush, y utilizados por éste en su informe a la nación y al Congreso para respaldar  el supuesto que llevara a EE.UU. a la guerra. Gran Bretaña aseguró tener datos sobre el intento de Saddam Hussein por obtener uranio para desarrollar armas nucleares en África, afirmación que fue falsa, como lo reconoció la propia Casa Blanca después de tres meses de terminada la guerra. 

Algunos de los argumentos no comprobados que los dirigentes de la coalición utilizaron para justificar la guerra contra Irak fueron:

-      Irak iba a adquirir uranio de África para “reconstruir” su programa de armas nucleares.
-      Irak pretendía importar tubos de aluminio para desarrollar armas nucleares.
-      Irak conservaba, desde la primera guerra del Golfo, vastos arsenales químicos y biológicos.
-      Irak tenía hasta 20 misiles que podían cargarse con elementos químicos y biológicos, cuya capacidad de alcance amenazaba a las fuerzas británicas en Chipre.
-      Saddam Hussein tenía medios para desarrollar cepas de viruela.
Los anteriores inspectores de armas fracasaron e su labor.
-      Los inspectores de la ONU respaldaron las acusaciones estadounidenses y británicas.
-      Irak obstruía la labor de los inspectores de armas.
-      Irak podía lanzar un ataque con armas de destrucción masiva en sólo 45 minutos.

Habría que agregar la dudosa información que el Primer Ministro británico Tony Blair expresó ante la Cámara de los Comunes en febrero pasado, acerca de la infraestructura del ocultamiento de las armas, posteriormente se descubrió que la mayor parte del documento fue copiado de tres artículos de internet.

Por su parte, el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes de EEUU que estudió durante 4 meses hasta 19 volúmenes de documentación oficial secreta empleada por ese Gobierno para justificar la guerra contra Irak, concluyó en una carta al Jefe de la CIA, George Tenet, en la cual se afirma que la información usada por los servicios de inteligencia era muy débil para basar en ella la ofensiva.

III. La consolidación del mundo unipolar

La ocupación de Irak  ha sido difícil para las tropas norteamericanas que no dejan de sufrir bajas a pesar de haberse declarado la victoria de la coalición. Grupos de resistencia se oponen a una colonización de “estos  libertadores” y lo han manifestado con ataques a soldados, personal diplomático y humanitario.  Las reglas del juego han cambiado desde el momento en que Bush decidió actuar unilateralmente y ahora muchas organizaciones no quieren permanecer en territorio iraquí, lo que hace más difícil las posibilidades de reconstrucción.

EEUU, después de ignorar el sistema legal internacional creado al finalizar la Segunda Guerra Mundial y haber intervenido en Irak sin apoyo del Consejo de Seguridad, presentó ante este organismo una resolución para legitimar y dar fin a la ocupación, ciertamente los costos económicos y políticos han puesto en una situación difícil a Bush, lo cual lo ha llevado a considerar a la comunidad internacional para los trabajos de recuperación. Esto quedó demostrado en octubre de 2003 al entregar, apoyado por Camerún, España y Reino Unido, la propuesta de resolución finalmente aprobada el 16 de ese mes por unanimidad. Bajo este texto se crea una fuerza multinacional bajo “mando unificado” es decir, estadounidense y otorga a Washington todo el control sobre la reconstrucción política y económica de Irak. El traspaso de poderes entre la Autoridad y el Consejo de Gobierno que encarnará una soberanía simbólica, se hará “cuando sea posible”. EEUU decidió que para el próximo mes de diciembre habrá elecciones “a la norteamericana” en Irak. La ONU, continúa destinada a desempeñar un papel secundario, como dotador de ayuda humanitaria y económica, así como participar en los esfuerzos para restablecer instituciones nacionales y locales. Kofi Annan, Secretario General de ese organismo, declaró que la llamada a elecciones “no representa una gran diferencia en la forma de pensar de la Coalición” y reiteró que la actual resistencia en Irak seguirá creciendo mientras dure la ocupación.

La ahora llamada Resolución 1511 (2003) fue aprobada por unanimidad, y legitima el statu quo de ocupación militar, insta a la comunidad internacional a implicarse militar y económicamente en la estabilización del país árabe, pero no logra que Rusia, Francia y Alemania se decidan a aportar tropas y dinero. El triunfo de Washington en el Consejo de Seguridad sin embargo, no llenó sus expectativas para conseguir un incremento sustancial de la participación militar internacional y de la ayuda financiera, y aliviar de esta manera al ejército y a los contribuyentes norteamericanos.

Esta situación amenaza con transformarse en incontrolable. Hoy todos los medios de comunicación hablan de un nuevo Viet Nam  y aceptan que la presencia de Estados Unidos en Irak es una ocupación del territorio de ese país. El intento de multilateralizar la reconstrucción, después de haber unilateralizado la invasión a Irak es una prueba fehaciente de los instrumentos que se pretenden utilizar para construir un nuevo orden mundial. Frente a esta situación y las consecuencias que de ella se derivan, cada país y cada bloque regional busca nuevas alianzas que le permitan una mejor reinserción en el mundo del siglo XXI.

IV. Buscando presencia en el nuevo orden

En el contexto de la guerra fría, y después de verse desplazada por EEUU y la Unión Soviética del escenario internacional,  Europa comprendió que dada la cercanía y características comunes de su parte occidental, era posible recuperar su papel protagónico, por lo que en 1950 comienza el proceso de integración que conduce a lo que hoy se conoce como Unión Europea, compuesta de 15 países pero que recientemente ha dado paso a la ampliación más ambiciosa de su historia. Derrotado el sistema soviético, el objetivo de volver a unir el continente europeo y ganar terreno en la arena mundial se materializa con la incorporación de 10 países del Este: Chipre, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Malta, y Polonia, los cuales son miembros de la Unión desde el 1° de mayo de este año con lo cual se ha configurado un espacio político de 500 millones de personas. Sin embargo, la intervención de EEUU en Irak ha puesto en riesgo esta consolidación al dividir a los países clave, Inglaterra e Italia, por un lado,  Francia y Alemania y España que cambió su posición desde que Rodríguez Zapatero tomó el poder por el otro.

Dicha separación de intereses se refleja actualmente en el proyecto constitucional que pretende la creación de un mecanismo de defensa con capacidad propia de planificación y con la posibilidad de actuar al margen del Tratado del Atlántico Norte, OTAN. Inglaterra como era de esperarse ha mostrado su renuencia anteponiendo su estrecha relación con la Casa Blanca, de igual forma, el embajador de Washington ante la Alianza Atlántica, Nicolas Burns, ha dicho que tal supuesto representaría “la más grave amenaza para el futuro de la OTAN. Cabe destacar que ya desde 1998, británicos y franceses formulaban una serie de propuestas comunes, evocando una "capacidad autónoma de acción", en el sentido de reforzar a la OTAN, a través de la actuación conjunta.

El actual belicismo de Bush, fracturó la alianza atlántica entre Estados Unidos y Europa, propiciando la formación de nuevos lazos políticos que nunca nadie se hubiera imaginado. En el preámbulo de la guerra contra Irak, Francia, Alemania, Rusia y China, coincidieron en su posición contraria a la nueva doctrina unilateral de EEUU.  Esta alineación da cuenta de una nueva política de alianzas donde se abandona definitivamente lo ideológico como elemento aglutinante de voluntades y se cae en el más absoluto pragmatismo que indica que las acciones internacionales de las potencias se conducen por el interés nacional por encima de cualquier otra consideración válida en tiempos del mundo bipolar y de la guerra fría.

En este nuevo contexto unipolar y globalizado,  algunos países de América Latina vieja aliada de EEUU, con democracias representativas emergentes después de largos años de férreas dictaduras y con numerosos mecanismos de integración en marcha, buscan una vía alternativa para hacer frente a la que se consolida como potencia mundial, y es que a pesar de los avances políticos, la mayoría de los Estados que la conforman aún se hallan limitados por sistemas de gobierno débiles y por la dependencia económica. En el actual orden, no sólo se busca el desarrollo y la inserción en los mercados internacionales, sino más bien ganar terreno frente a la estrategia antiterrorista y hegemónica de Bush, reforzando la tendencia multilateral que se perfilaba antes del 11 de septiembre de 2001. En varios países de Sudamérica se comienzan a desarrollar procesos encaminados a tratar de ser el contrapeso de EEUU.

En un intento por buscar un lugar en el marco actual, Brasil y Argentina han replanteado sus relaciones y decidido consolidar el Mercado Común del Sur, Mercosur a través de una política que hace un llamado a los instrumentos del multilateralismo, esto es, cooperación internacional, alianzas estratégicas, oposición a la hegemonía de cualquier tipo e inclusión social. Estos países con  plataformas políticas de centro izquierda, coinciden en la reformulación  de la identidad latinoamericana. Tanto Luiz Inacio Lula da Silva de Brasil como Néstor Kirchner de Argentina, son vistos como dirigentes que orientan su gestión hacia la democracia y como los modelos de liderazgo a seguir en esta parte del mundo. En ellos ha recaído la responsabilidad de fortalecer el Cono Sur americano, y defender la soberanía económica y política de América Latina ante proyectos como el Área de Libre Comercio para las Américas, ALCA.

Lula, manifestó desde su discurso de toma de posesión en el Congreso Nacional Brasileño, que uno de los objetivos de su gobierno sería, “estimular los incipientes elementos de multipolaridad de la realidad internacional contemporánea, así como, la democratización de las relaciones internacionales, sin hegemonías de ningún tipo”. Kirchner, por su parte, desde su llegada a la presidencia se comprometió a “abandonar el alineamiento automático con EEUU” para asociarse con Brasil en una “alianza estratégica”. Hace unos meses, los dos mandatarios suscribieron el Consenso de Buenos Aires que materializa y legitima sus objetivos de asociación e integración para el Cono Sur, sentando las bases que servirán para que ambas naciones encaren los problemas políticos y económicos que atraviesan. 

En Venezuela, Bolivia y Ecuador, por otro lado, la fuerza de las masas ha logrado en los últimos años orientar el rumbo político de esos países. El caso de Venezuela es el mejor ejemplo, después de Cuba, de antineoliberalismo. El gobierno de Hugo Chávez ha sido sin duda uno de los más controvertidos y ahora consolidados de América Latina, llegó al poder democráticamente en 1998 y reformó la constitución. Desde el primer momento encaminó su política a destituir a las viejas oligarquías, redistribuir las tierras, dotar de servicios gratuitos de educación y salud a la población y expulsar de la administración de la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) a las  élites. En 2002, su gobierno casi es derrocado por líderes empresariales, medios de comunicación, miembros de la clase media y militares, quienes en medio de una confusión entre la crisis económica que se vivía y enfrentamientos violentos, lograron deponer al presidente por dos días, luego de los cuales, surgió el clamor popular que desconoció el nuevo poder y exigió la restitución de su líder.

En Bolivia y Ecuador, la movilización social con una fuerte participación del movimiento indígena se manifestó en contra de las estrategias económicas neoliberales de los gobiernos que llevaron a estos países a la pobreza y al caos social. Primero Ecuador, en 2000, vivió el derrocamiento de Jamil Mahuad. En 17 meses, el mandatario enfrentó 4 huelgas nacionales que paralizaron el país, finalmente miles de indígenas apoyados por un grupo de militares desconocieron al poder ejecutivo e instalaron una junta cívico militar. Hace unos meses, Bolivia también se encontró en medio de un proceso de desestabilización social que se rebeló contra un sistema político represivo y  desgastado y un modelo económico ineficaz. En octubre del año pasado, grupos de campesinos, obreros, cocaleros, mineros y partidos de oposición se movilizaron contra el gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, obligándolo a dimitir. A diferencia de Ecuador la movilización se caracterizó por la respuesta violenta del gobierno, causando 200 muertes.

En este contexto, México no cuenta con una estrategia definida en su acercamiento y pertenencia a Latinoamérica, ya que por vecindad, sus políticas se han visto vinculadas a las de Washington, más aún desde la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, (TLCAN), con el que México se convierte en el segundo socio comercial de EEUU, así mismo existe otro ámbito que los liga indiscutiblemente: la migración. Algunas cifras revelan que en aquel país  hay alrededor de 23 millones de mexicanos, de las que nueve millones nacieron en territorio mexicano y de éstos alrededor de cinco millones son indocumentados, (La Opinión, 21 de octubre de 2003) aunado a los anterior, se encuentra la condición de país puente, utilizado por la población centroamericana que quiere alcanzar la “estabilidad económica” que ofrece el líder mundial.


V. La opción de América latina

Para finalizar y a manera de conclusión quisiera decir  que el 11 de septiembre puso en el tapete de la discusión internacional la necesidad de recuperar valores  básicos asumidos en todas las latitudes y longitudes de nuestro planeta. Si pensamos que el terror, y la violencia como respuesta traerán la solución a los problemas de la humanidad visualizamos un futuro muy oscuro. Los muertos en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001 y los de Afganistán y de Irak en los años posteriores tienen en común que no participaron en la decisión que los llevó a su último suspiro. La seguridad global no puede estar en manos de un solo país. Los mecanismos multilaterales deben ser recuperados para transformarlos en los ejecutores de las políticas de paz y seguridad.

Ante el triunfalismo que se erigió en occidente tras la caída del muro de Berlín y que tuvieron su clímax en la idea de que “la historia había terminado”, se le pone en evidencia hoy una globalización preñada de mecanismos de exclusión social y una concentración del desarrollo en determinadas áreas de la tierra, todo esto hace más explícitas las asimetrías que nos muestran que el mundo tal como existe hoy es inviable. La pobreza campea hoy por una cada vez mayor superficie de nuestro planeta y ni siquiera sectores de los países más desarrollados escapan a esta tenebrosa realidad. Hay quien dice que las grandes divisiones de la humanidad en el futuro y sus fuentes de conflicto serán culturales. En el propio Estados Unidos el colapso de la élite WASP ( blancos, anglosajones y protestantes), de los valores tradicionales que erigieron a ese país y le dieron fuerza y presencia mundial y la sustitución de éstos por aquellos surgidos desde Hollywood y las grandes cadenas de televisión, los cuales ponen el énfasis en el consumismo exacerbado, la promiscuidad sexual, la frivolidad, la violencia y el incumplimiento de las normas sociales han conducido a ese país a un estado de desorden que amenaza ser incontrolable. El racismo y la xenofobia que la masificación de estos valores genera en una sociedad que se ve  cada vez más desplazada por aquellos que motivados e inspirados por las mismas películas y programas de televisión se proponen llegar al norte y establecerse para ganarse un espacio de supervivencia, es también un motivo de inquietud permanente que  consideran a estos recién llegados una amenaza de “otras culturas”.

Es así, que el triunfalismo antes mencionado, que propugnaba la derrota del principal obstáculo a la expansión desenfrenada del  capitalismo, se vió detenido desde los mismos resultados de la primera guerra del Golfo Pérsico en 1991. El propio Papa Juan Pablo II ha expresado que el “capitalismo salvaje” no es una solución para los problemas de la humanidad. El mundo, entonces se adentró en un caos donde diversas fuerzas pugnaban por construir un mundo multipolar desde una visión casi universal o unipolar desde la visión estadounidense. Esa contradicción comenzó a resolverse a partir del 11 de septiembre de 2001, y recién ahora el mundo comienza a reaccionar, diversas alternativas se empiezan a construir. En Porto Alegre, Brasil, se acuñó la idea de que “otro mundo era posible”, pero aún es inexistente una alternativa, mientras tanto seguimos viviendo en un mundo en conflicto.

Algunos piensan que la solución del problema de la hegemonía pasa por al solución del problema de la hegemonía cultural y que sólo esto va a permitir un cambio de la agenda internacional donde elementos inexistentes o de importancia secundaria en el mundo bipolar cobrarán fuerza y valor en la actualidad, nos referimos  a los problemas ambientales y ecológicos, los de desarrollo y lucha contra la pobreza, el narcotráfico, las migraciones, y el tema energético entre otros. Sectores conservadores de Estados Unidos han afirmado que “el componente tercermundista del multiculturalismo forma parte de una estrategia política  antiamericana y antioccidental”  y esto lo asocian al movimiento negro y femenino de Estados Unidos junto a las crecientes migraciones de latinoamericanos a ese país, incluso afirman que la base de las contradicciones de América Latina con Estados Unidos es causa de la incompatibilidad de los “valores ibéricos tradicionales con el pluralismo político y la libertad de mercado y, del otro, del inevitable resentimiento del fracasado con el exitoso”.

Podríamos decir que  el norte resiente nuestra cultura, piensan que les hace daño. Tal vez sea el único elemento en el cual todavía tenemos posibilidades de luchar y vencer. Nuestros valores culturales han demostrado ser sólidos. Han resistido más de 500 años de una constante agresión y hoy, a pesar de los avatares de un mundo caótico y excluyente nos da las maravillosas armas del saber, de las letras, de los sonidos y los colores que nos permitirán seguir resistiendo. Independientemente  de lo que ha ocurrido, América Latina y el Caribe continúan enhiestos, en gran medida gracias a su cultura. Debemos dar otro paso, tenemos la obligación de construir nuestra utopía, una que nos permita conquistar el espacio que nos hemos ganado, para seguir existiendo en el mundo del mañana.

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