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viernes, 1 de julio de 2022

¡O nos salvamos todos o desapareceremos todos por igual! He ahí el dilema



Tras la reciente estrategia decidida por la OTAN en su Cumbre de Madrid que establece que China "desafía sus intereses, seguridad y valores", y que Rusia es "la amenaza más significativa y directa" para sus intereses, el mundo avanza muy rápidamente hacia su partición en términos de la estructura del sistema internacional.

El evento reafirmó los valores de la OTAN. Uno podría preguntarse, ¿a que se refiere? cuando pareciera que se estuvieran remitiendo a la tradicional política de Estados Unidos para endosarle a Rusia un supuesto interés por “establecer ámbitos de influencia y control directo a través de coacción, subversión, agresión y anexión", agregando que "usa medios convencionales, cibernéticos e híbridos…” como reza un comunicado publicado en el sitio web de esa organización guerrerista, la mayor estructura terrorista del planeta.

En el caso de América Latina es muy fácil constatar la verdad: ¿Cuántas bases militares rusas o chinas hay en la región? ¿Cuántos portaviones o flotas de esos países rondan nuestros mares? ¿Cuántos presidentes han asesinado Rusia o China en América Latina y el Caribe? ¿Cuántas invasiones han ejecutado o propiciado?

Suponen la estupidez, la ignorancia y el olvido de nuestros ciudadanos para pretender que desconozcamos u olvidemos nuestra historia. ¿O tal vez creen que todavía somos españoles, y que tenemos monarcas de pantomima, gobiernos que solo sirven de marioneta para la diversión de sus amos y presidentes que se sientan a la mesa de los poderosos para recoger las migajas que vomita Washington cuando termina de comer?

Lo cierto es que Europa es un continente ocupado militarmente por Estados Unidos desde donde planea y ejecuta su proyecto hegemónico global a partir de acciones ofensivas contra cualquier lugar del planeta. En un reciente artículo, el analista español Luis Gonzalo Segura lo explica con certeza y precisión: “Nos dicen que los europeos y los norteamericanos somos socios, pero existen hechos incuestionables que desmontan esta falacia. En suelo europeo se encuentran desplegados por lo normal 70.000 militares norteamericanos en bases militares distribuidas por la geografía del Viejo Continente, una cifra que se eleva en la actualidad a más de 100.000 efectivos. Además, existe multitud de armamento norteamericano en Europa, incluyendo armas de destrucción masiva —pero no como las que Estados Unidos aseveró que existían en Irak, sino de las de verdad—.

Ahora, constatado este hecho, pregúntese cuántas bases militares europeas hay en Estados Unidos. La respuesta es conocida por todos: ninguna.

Vayamos a las otras dos grandes potencias mundiales: China y Rusia. ¿Cuántas bases militares chinas hay en Rusia o cuántas bases militares rusas hay en China? Efectivamente, ninguna. No solo no hay, es que ni se les pasa por la cabeza a ninguno de los dos países permitir que el otro instale bases militares en su territorio.

Habrá quien pueda replicar que existe una disimetría en la asociación entre europeos y norteamericanos, pero lo cierto es que lo que existe es una anormalidad. Una anormalidad si consideramos a Europa y los países europeos como soberanos e independientes, pero una absoluta normalidad si asumimos la realidad: Europa es un territorio militarmente sometido a Estados Unidos”.

Vista la situación en esta perspectiva, avanzamos hacia un sistema internacional inédito, jamás antes explicado e impensado incluso en el pasado más reciente. En un artículo en el periódico La Jornada de México, el laureado economista estadounidense Joseph Stiglitz opina que: ”Parece que Estados Unidos ha iniciado una nueva guerra fría”.

Pero a diferencia de la del siglo pasado en el que el elemento ideológico era el ordenador de las relaciones internacionales, Stiglitz afirma que ante la hipocresía estadounidense que sustenta sus puntos de vista en una supuesta defensa de la democracia, la de ahora “…hace pensar que, al menos en parte, lo que está en juego aquí es la hegemonía global más que una cuestión de valores”.

La avalancha de eventos multilaterales de las últimas semanas como las cumbres de los BRICS, de las Américas, del G-7, de la OTAN y los Foros de San Petersburgo y Davos, entre otros, dan cuenta de la intensidad con la que se están moviendo los principales protagonistas en el escenario internacional y la vorágine de gestiones en las que se ven envueltos.

Vale decir que el gobierno de Venezuela ha tomado nota de esta situación por lo que el presidente Nicolás Maduro ha buscado ensanchar la mirada y el espacio del país, asumiendo él mismo junto a la vicepresidenta Delcy Rodríguez la responsabilidad personal para solucionar los problemas de Venezuela en este mundo tan caótico y en plena efervescencia en la que el imperio arrecia su agresividad, mientras se debate en una crisis multisectorial de la que visualizan que pueden salir solo a través de la guerra y un conflicto permanente que le asegure incrementar sus ingresos por la vía de su principal industria: la de la producción y venta de armas.

Así, llegamos a esta situación original y extraña enmarcada en la posibilidad de esa nueva guerra fría de la que habla Stiglitz. Lo novedoso es que la bipolaridad se manifiesta de manera diferente. Por una parte el polo occidental autodenominado “comunidad internacional” configurado por el 11% de la población del planeta, que hacia el interior funciona en términos unipolares con Estados Unidos actuando de forma hegemónica y teniendo a Europa, Australia, Nueva Zelanda y Japón como subordinados obedientes, incluso en desmedro de sus propios ciudadanos.

El otro polo, configurado por la gran mayoría de la humanidad se ha propuesto construir un gran ambiente multipolar en el que puedan participar varios centros de poder mundial en un espacio de cooperación y ayuda que ya se puso de manifiesto en el combate a la pandemia.

En este ámbito de confrontaciones y definiciones, se coteja la validez y persistencia de un derecho internacional construido tras siglos de búsqueda de la paz en el planeta versus la propuesta estadounidense de establecer “un sistema internacional basado en reglas” como forma de imposición unilateral de su lógica imperial. En este punto ya no se sabe cuál será el papel de la ONU en el futuro. Si sigue existiendo, habrá que definir, en qué condiciones lo hará, cuando observamos que la OTAN se ha apoderado de la principal organización multilateral del planeta.

La situación actual es solo comparable a la que se comenzó a vivir tras la derrota nazi en Stalingrado en febrero de 1943 que permitió visualizar que tras la derrota de Alemania y sus aliados un nuevo mundo sobrevendría y había que organizarlo y estructurarlo.


Pero ahora la situación es diferente y mucho peor. En las conferencias de Teherán (28 de noviembre al 1° de diciembre de 1943), Yalta (4 al 11 de febrero de 1945) y Potsdam (17 de julio al 2 de agosto de 1945) se moldeó la estructura del sistema internacional de la posguerra. Ahí se reunieron los adversarios ideológicos Iósif Stalin de la URSS, Winston Churchill de Gran Bretaña y Franklin Roosevelt de Estados Unidos (Harry Truman en la última porque el presidente Roosevelt había fallecido en abril de ese año). Se trataba de exterminar al nazismo y en torno a ese objetivo se habían transformado en aliados.

En el inicio de la guerra fría del siglo XX, a pesar de todo, ante la debacle que produjo 100 millones de muertos, primó la racionalidad y el deseo de paz, aún siendo imposible producir acercamientos ideológicos. Por supuesto todo cambió, cuando solo cuatro días después de finalizada la Conferencia de Potsdam, Truman (un presidente proveniente del Partido Demócrata) se apresuró a regresar a Washington para ordenar el lanzamiento de una bomba atómica contra la inerme ciudad japonesa de Hiroshima. Se hizo evidente que para Estados Unidos, la racionalidad tenía un límite si atentaba contra sus afanes hegemónicos.

Curiosamente uno de los acuerdos de la Conferencia de Potsdam, realizada dos meses después del fin de la guerra y la rendición de Berlín, fue la desmilitarización y desnazificación de Alemania, el mismo objetivo que se propone Rusia ahora al realizar su operación militar especial en Ucrania. Cabe preguntarse, ¿Por qué en 1945 tenía validez y ahora no? Y otra pregunta, ¿Qué ha pasado? O mejor dicho ¿que no ha pasado para que 77 años después, el objetivo sea el mismo?

Hoy la situación es diferente, se impone la irracionalidad que emerge –precisamente- del apoyo de Occidente al resurgimiento del nazismo y el fascismo como herramientas de control hegemónico del planeta. Ya lo habían hecho antes al crear Al Qaeda en Afganistán y el Estado Islámico en Irak y Siria, pero esta vez tiene un alcance mayor cuando se ha puesto en cuestión toda la estructura que ordena el sistema internacional.

Claro, ni Biden es Roosevelt, ni Johnson es Churchill ni tampoco Macron es De Gaulle, más allá de diferencias ideológicas, no se puede dejar de reconocer que aquellos eran estadistas, los de ahora no pasan de ser payasos intentando la puesta en escena de un circo en el que pretenden salvarse de la debacle. Someter a sus pueblos a dificultades indecibles solo para aplicar sanciones a Rusia que se han revertido de manera desfavorable para sus promotores, solo puede provenir de mentes pequeñas y mediocres que difícilmente están pensando en la salvaguarda de la paz y la convivencia de todos en el planeta. De ese tamaño es el trance que enfrentamos. Pero hoy, el mundo no puede evocar aquella suposición de que es posible que alguien sea capaz de preservarse solo, porque ahora, o nos salvamos todos o desapareceremos todos por igual. Que cada quien haga lo que le corresponda.

lunes, 27 de junio de 2022

Doğu Perinçek: Un llamado a la unidad anti imperialista desde Asia

 


En estos días, he intentado hacer un esfuerzo superior para obtener datos creíbles que me permitan entender mejor los procesos políticos que se viven en alejados lugares del planeta sobre los cuales resulta difícil obtener información fidedigna que conlleve a apreciaciones acertadas en el análisis. Tres situaciones de conflicto han captado mi interés más reciente: el mar del sur de China, la guerra en Ucrania y las crecientes tensiones en el Asia Occidental, considerando el visto bueno que Estados Unidos le ha dado a Israel y Arabia Saudita para cometer todo tipo de desmanes.

En este empeño, he tenido la extraordinaria suerte de toparme con los estudios e investigaciones del líder socialista turco Doğu Perinçek quien precisamente en estos días arriba a ocho décadas de vida. Ha sido de suma utilidad encontrar información que posibilita conocer los hechos antes mencionados desde la perspectiva de la teoría científica.

Doğu Perinçek nació el 17 de junio de 1942. Se licenció en la Facultad de Derecho de la Universidad de Ankara en 1964 y comenzó su labor académica en el Departamento de Derecho Público (Teoría del Estado y Libertades Públicas). Se doctoró en Derecho en marzo de 1968. Mientras estudiaba en la universidad, pasó 10 meses en Alemania en los años 1962-1963 donde se empleó como trabajador y aprendió el idioma.

miércoles, 15 de junio de 2022

Palabras de Sergio Rodríguez Gelfenstein en la reunión del segundo ciclo de debates entre los partidos miembros del Foro de Sao Paulo y el Partido Comunista de China, el 14 de junio de 2022




Señora Fu Jie, subdirectora general del Departamento Internacional del CC del PCCh.

Compañera Mónica Valente, Secretaria Ejecutiva del Foro de Sao Paulo.

Estimados amigos y amigas del Partido Comunista de China

Estimadas amigas y amigos de los partidos políticos agrupados en el Foro de Sao Paulo.

Estimados colegas, investigadores y expertos de China.

Hoy conmemoramos el 94 aniversario del natalicio de uno de los más grandes latinoamericanos de la historia: el Comandante Ernesto Che Guevara. Con el recuerdo siempre presente de su vida y de su obra, agradezco la oportunidad que me han dado para entregar algunas opiniones y dar a conocer algunas ideas respecto de este encuentro y su importancia para América Latina y el Caribe.

Estas reuniones permiten allanar el camino para lograr el principal objetivo que deben tener los partidos políticos de América Latina y el Partido Comunista de China: conocerse.

Más que países distintos, las naciones latinoamericanas y caribeñas y China configuran dos civilizaciones diferentes. Por tanto, nuestros vínculos, más que una simple relación internacional, son expresión de un nexo intercivilizacional. Ahí podemos ubicar la complejidad de los mismos. Si no entendemos y aceptamos estas circunstancias, difícilmente se podrán establecer lazos de cooperación y ayuda mutuamente ventajosos.

miércoles, 1 de junio de 2022

Venezuela y América Latina en el contexto del conflicto global actual

                                     


La pandemia de Covid 19 iniciada en 2020 ha tenido un notable impacto en el sistema internacional, pero ha sido la operación militar especial de Rusia en Ucrania la que ha generado cambios de carácter estructural que están redundando en una transformación profunda del sistema, forjando una situación inédita en los últimos años, sólo comparable a la que se comenzó a vivir en el planeta a partir del año 1943 cuando, tras la derrota nazi en Stalingrado, se empezó a visualizar el fin de la Alemania del Tercer Reich y la necesidad de crear un régimen político que impidiera que en el futuro se pudiera desatar un nuevo conflicto de dimensiones planetarias. Esto cobró valores de subsistencia después del lanzamiento por parte de Estados Unidos de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945.

La operación militar rusa en Ucrania ha hecho patente la crisis y caducidad de ese sistema que desde la desaparición de la Unión Soviética que condujo al fin del mundo bipolar, se ha debatido en la búsqueda de su estabilización. Desde entonces el planeta ha transitado por un período de incertidumbre y caos (última década del siglo pasado), hasta la imposición del mundo unipolar por Estados Unidos, aprovechando las acciones terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Sin embargo, tal modalidad transformada en norma, feneció muy rápidamente al ser atacada desde adentro por la crisis económica y financiera que dinamitó las bases del sistema capitalista a partir del año 2008. Desde entonces, la pugna entre unipolaridad y multipolaridad no ha podido ser resuelta a favor de una u otra opción. Vale decir que en este contexto, entre los signos distintivos del nuevo siglo, sobre todo a partir de su segunda década, se manifiesta la presencia de China y Rusia como actores relevantes que señalan la posibilidad de construir una multipolaridad amplia que ordene el mundo del mañana.

miércoles, 25 de mayo de 2022

Las Segovias, Playa Girón, Mar del Plata y… ¿Los Ángeles?

 



El entramado sobre el que se ha construido Estados Unidos se sostiene en la idea de ser un pueblo elegido por Dios. Un seguimiento del discurso de todos sus presidentes dará cuenta de la presencia y continuidad del concepto en todos ellos, aunque han tenido la precaución de adaptarlo a cada momento histórico.

El influyente analista político estadounidense de extrema derecha Patrick J. Buchanan citando a su colega Charles Krauthammer en un artículo publicado para un pequeño libro titulado “El propósito de Estados Unidos de América” escrito en 1991 pero que tiene particular vigencia en la coyuntura actual, dice que el ”deseo y trabajo de Estados Unidos debe ser “integrarse “ con Europa y Japón dentro de una entidad “súper soberana” que es “económica, cultural y políticamente hegemónica en el mundo” agregando que “este nuevo universalismo […] requeriría de la depreciación consciente no solo de la soberanía norteamericana sino también de la noción de soberanía en general. Esto no es tan atroz como parece”.

                                    

Esto es lo que recientemente Estados Unidos ha comenzado a llamar “comunidad internacional” y que Rusia ha denominando “la comunidad del 11% del planeta”. Según Washington todo los que no estén ahí, no existen, lo cual es aceptado en los círculos más reaccionarios de Estados Unidos y Europa.

En el caso de América Latina y el Caribe esto es particularmente aberrante a tal punto que pareciera que a veces en Washington confunden el propio nombre de su país. En un ejercicio de dislexia orgánica, creen que en vez de ser Estados Unidos de América, en realidad son “América de Estados Unidos”.

jueves, 19 de mayo de 2022

Amenazas, presiones y retórica lacerante. La diplomacia china en tiempos de guerra.

 


Aunque el escenario más visible del conflicto en Ucrania, se desarrolla en el ámbito bélico, tras las sombras pero también de forma pública, la diplomacia juega un papel fundamental en la búsqueda de solución al conflicto. No obstante las diferencias y las posiciones antagónicas que a veces conspiran contra la posibilidad de dar real solución al atolladero, toda vez que cada potencia manifiesta intereses particulares que pone sobre la mesa en el momento de dialogar y negociar.

Desde el comienzo de la operación militar de Rusia en Ucrania, Occidente ha apelado a China para que se involucre con las medidas y sanciones que han tomado Estados Unidos y Europa contra Moscú. Ya a comienzos de marzo, Europa se propuso intensificar la campaña de presión para que China mediara en el conflicto en Ucrania. Ante esta situación el presidente Xi Jinping se comunicó el día 8 de ese mes con su colega francés, Emmanuel Macron y con el canciller federal alemán Olaf Scholz, para decirles que “lamentaba profundamente el regreso de la guerra al continente europeo” y que apoyaba una resolución diplomática de la crisis.


Xi reiteró la oposición de Beijing a las sanciones que se han convertido en piedra angular de la respuesta de Occidente a la acción rusa. Agregó que debe ejercerse la “máxima moderación” para evitar un desastre humanitario, advirtiendo que las sanciones “arrastrarán a la economía mundial que ya está bajo la pesada carga de la pandemia” añadiendo que todos los países debían “abogar activamente por un concepto de seguridad común, integral, cooperativo y sostenible”.

miércoles, 11 de mayo de 2022

El “mal menor”, la “izquierda cobarde” y algo más

 


Es sabido que los conceptos de izquierda y derecha en política tuvieron un origen casual que remite a la ubicación de los delegados a la Asamblea Nacional creada en Francia después de la revolución del 14 de julio de 1789, cuando los sectores conservadores se sentaron a la diestra del presidente del magno parlamento, mientras que los revolucionarios se colocaron en el área opuesta.

Frente a la realidad que se vivía, cuando se había derrocado la monarquía para instaurar un sistema político republicano, aquellos que se ubicaban a la derecha se proponían salvaguardar los intereses de la nobleza y el clero, mientras que sus antagonistas propugnaban ideas liberales y democráticas que se vinculaban a un republicanismo que defendía mayor igualdad y fraternidad entre y para los ciudadanos.

La noción de la existencia de una izquierda y una derecha como elementos aglutinadores de las ideas políticas se comenzó a dispersar fuera de Francia ya en el siglo XIX, primero hacia Europa y después al resto del mundo. En ese tiempo (cuarta década del siglo XIX) se comenzó a hablar de socialismo. Marx nació en 1818 y en 1848 se publicó el Manifiesto Comunista en que establece de manera precisa las diferencias entre socialismo y comunismo, aunque ya en 1847 en el Programa de la Liga de los Comunistas, antecesor del Manifiesto, Federico Engels se había referido al tema.