Tal vez la humanidad no haya vivido un momento tan complicado como el actual desde la irrupción de Adolf Hitler y el nazi fascismo al poder en 1933, lo que llevó a la peor conflagración bélica de la historia desde 1939 hasta 1945. Las evidencias apuntan en la dirección de entender y aceptar que el mundo se encuentra en manos de una camarilla de fanáticos extremistas y fundamentalistas, que al igual que en la segunda década del siglo pasado miran con desesperación que el capitalismo ha entrado en fase de crisis y que deben salvarlo por cualquier medio. La diferencia fundamental entre un momento y otro es que en aquella ocasión la bomba atómica se usó para darle “formal” fin a la guerra y ahora podría utilizarse para darle “formal” inicio.
Esto es lo que se puede inferir al observar la solicitud de presupuesto que hizo el presidente Trump para el año 2020: indudablemente se elaboró sobre la base de una hipótesis de guerra. Aumentó el dinero para la secretaría de defensa y para la seguridad nacional, mientras que lo redujo para salud, trabajo, educación, medio ambiente y cooperación internacional estableciendo como prioridad la construcción del muro en la frontera con México a un irracional costo de 8.6 mil millones de dólares de los cuales 5 mil millones salen del presupuesto de seguridad nacional y 3.6 de defensa.












