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miércoles, 6 de mayo de 2026

El presente es de lucha el futuro es nuestro. Propuesta para la emergencia de una nueva izquierda latinoamericana y caribeña

 


El colapso y desaparición de la Unión Soviética marcó el fin de una época caracterizada por un sistema internacional bipolar en el que la ideología establecía la inserción de países, gobiernos y organizaciones en la dinámica internacional. A partir de entonces, el mundo no ha logrado afianzar un sistema que lo estructure y lo ordene.

Han sido más de 35 años de inestabilidad en que se ha pasado de una década de caos al finalizar el siglo pasado, la instauración de la unipolaridad tras los ataques terroristas en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, la incapacidad material de Washington por sostener este sistema tras la crisis financiera de 2008, la emergencia de Rusia y China al pináculo en 2012 para comenzar a colocarse a la par de Estados Unidos, el declive de Europa y la crisis del sistema multilateral que no pudo manejar exitosamente la pandemia de Covid19, así como su incapacidad para evitar los genocidios que Occidente produce en diversos lugares del planeta, uno de los cuales obligó a Rusia a reaccionar a través de una operación militar especial en Ucrania.

De igual manera se debe considerar como elementos centrales de la crisis, el asesinato indiscriminado de niños y mujeres en Gaza, las dos guerras contra Irán en junio de 2025 y febrero de 2026, hasta los intentos contradictorios que emergen de Estados Unidos cuando simultáneamente Trump pretendía reinstaurar un sistema unipolar mientras que Marco Rubio y los neoconservadores estadounidenses en alianza con el lobby cubano-americano se proponen llevar el planeta nuevamente a una confrontación ideológica bipolar, esta vez teniendo al partido comunista de China como contradictor del poder imperial de Washington.

Esa incapacidad de países y gobiernos de ponerse de acuerdo en la búsqueda de mínimos consensos, ni siquiera para enfrentar un enemigo común de la humanidad como lo fue el virus del COVID, es expresión de una crisis sistémica que da cuenta del fracaso del capitalismo por sostener un modelo que ha sido incapaz de dar soluciones a los problemas más acuciantes de la humanidad. Por el contrario, en países como China, Vietnam y otros, el socialismo encuentra recursos para llevar a sus pueblos a existir en condiciones cada vez más favorables para el desarrollo de la vida. Más de 1500 millones de ciudadanos (casi el 20% de la población del planeta) viven en sistemas socialistas que exponen su superioridad en esta confrontación sistémica.

jueves, 19 de febrero de 2026

El nuevo sistema unipolar nazi-fascista. Estados Unidos contra el mundo.

 


El sector neofascista de extrema derecha que ha tomado el control de la administración estadounidense y que ha impuesto la lógica expansionista y su ambición de dominio mundial, ha comenzado a hacer público su plan. El sistema internacional unipolar fascista que se ha aplicado al mundo está produciendo una regresión del sistema internacional que no se había visto jamás. Ni siquiera la versión anterior de la unipolaridad establecida por George W. Bush en 2001 y que hizo presencia en el planeta hasta 2008, tuvo las características actuales. En aquella ocasión, Washington se propuso y logró poner bajo su égida a todo el mundo bajo la perspectiva de la lucha contra el terrorismo.

Pero ahora el retroceso conservador no sólo ha traído nuevamente la unipolaridad sino que lo ha hecho atado a la ideología nazi-fascista que permea la Casa Blanca sin contraposiciones aparentes, por lo menos en el corto plazo. Aunque muchos se esfuerzan por sostener que estamos en una fase multipolar del sistema internacional, lo cierto es que de la mano de Donald Trump, al finalizar su primer año de mandato se puede verificar que el orden mundial construido por el propio Estados Unidos tras la segunda guerra mundial ha fenecido. Ya no existe el derecho internacional y la ONU es un edificio vacío ausente de jugar un papel relevante que no sea el que el Consejo de Seguridad y su derecho a veto determinan.

En el proceso, Trump se llevó por delante la alianza occidental, puso a la OTAN al borde de su destrucción, restableció los vínculos con Rusia e hizo que su país abandonara alrededor de 70 organismos o acuerdos multilaterales. Todo esto después que el sector de extrema derecha que rechaza la democracia promueve la violencia y el culto a la personalidad de Trump y reivindica un nacionalismo excluyente y expansionista, ha asumido la conducción de la política exterior de Estados Unidos

Acarreados por Marco Rubio y Stephen Miller entre otros, la extrema derecha fascista está señalando el camino ideológico de Estados Unidos para la construcción y fortalecimiento del mundo unipolar que tiene a Washington como única potencia actuante que toma decisiones en el mundo mientras los otros están preocupados de graves problemas existenciales en su entorno.

En una entrevista para la cadena CNN, Stephen Miller, subdirector de Gabinete de Donald Trump, al explicar la intervención armada en Venezuela dijo con crudeza y contundencia: "Se puede hablar tanto como quieran de los detalles internacionales, pero vivimos en un mundo, en el mundo real, que se gobierna por la fuerza, por el poder. Los Estados Unidos usan su poder militar para garantizar sin complejos nuestros intereses en nuestro hemisferio. Somos una superpotencia y con el presidente Trump vamos a comportarnos como tales. Es absurdo que vayamos a permitirle a un país en nuestro patio trasero que provea de recursos a nuestros adversarios, y no a nosotros".

jueves, 15 de enero de 2026

Trump contra el planeta. Esto apenas está comenzando

 


Muchas personas asumen que las acciones de Donald Trump están signadas por un desorden mental del presidente. Tratando de confirmar esa situación, investigué al respecto y en un artículo publicado el pasado 16 de julio bajo el título “¿Es Trump un loco o un típico niño rico extasiado por sus perversiones?” informaba del historial delincuencial y falsificador de la realidad de los antepasados directos de Trump. Ahora, intentando ampliar al respecto consulté a una especialista para que me ilustrara sobre el asunto. Ella me refirió al “Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales” (DSM-5) que es la herramienta taxonómica y diagnóstica publicada por la Asociación Americana de Psiquiatría y que en su Quinta Edición ha actualizado la de 2013.

Según el DSM-5, la personalidad narcisista (Trastorno de Personalidad Narcisista- TPN) es un patrón dominante de grandiosidad (en fantasía o comportamiento), necesidad de admiración y falta de empatía. Algunas de sus características refieren a una autopercepción de magnificencia (hasta un delirio de grandeza), prepotencia, exageración de los logros propios ( a veces en su fantasía) y esperanza de ser reconocido como un ser superior.

Así mismo, se manifiesta una absorción de fantasías de éxito que llevan al paciente a creerse especial y único en sus relaciones por lo que solo se vincula con sus iguales. De la misma manera, expresa un sentimiento orientado al merecimiento de privilegios no razonables que explota a su favor y aprovecha para sus propios fines.

Revela rencor injustificado, no es empático y no reconoce las necesidades o sentimientos de los demás. En ese marco, es envidioso y también siente que lo envidian a él. Otros síntomas son la impulsividad y la necesidad de ser admirado para lo cual exterioriza arrogancia y aires de superioridad.

Hasta aquí lo que expone el DSM-5, considerado la “biblia” de los psiquiatras y sicólogos estadounidenses y una referencia mundial. Consulté la opinión personal de la especialista a este respecto. Me explicó que Trump llena todos los criterios, es decir posee una personalidad narcisista y una conducta antisocial, toda vez que no cumple con las reglas, vulnera los derechos de los demás, engaña sin culpa, es impulsivo pero también planifica con antelación sin ningún sentimiento empático o de remordimientos.

Concluye que el cuadro es muy complejo ya que se suma a la posición que ocupa, lo cual exacerba todos los criterios. Así mismo, reflexiona en torno a que se podría considerar que “el paciente” también sufre de un “Delirio de grandeza” o “megalomanía” que el DSM-5, define como un tipo de delirio grandioso, una creencia fija y falsa de su propia importancia, poder, conocimiento o identidad exagerada, que no se basa en la realidad y que persiste a pesar de la evidencia. En esta medida , su actitud mesiánica que lo hace autodefinirse como “salvador del mundo” le hace suponer que puede engañar a todos por su ambición desmedida.

Como dice la especialista consultada, esto no pasaría de ser un tratamiento natural sino fuera porque estamos hablando del presidente del país más poderoso que es dueño de las fuerzas armadas más grandes del planeta, poseedor de un vasto arsenal nuclear suficiente para hacer desaparecer al ser humano de la faz de la tierra.