El 11 de mayo de 1983 se inició en Chile la primera Protesta Nacional contra Pinochet, comenzando así una ofensiva que no se detendría hasta el 11 de marzo de 1990 cuando el dictador se vio obligado a abandonar la Moneda. Empezaba así lo que pomposamente se denominó “transición a la democracia”, hecho que nunca ocurrió en su totalidad en tanto los usufructuarios de la derrota del tirano prefirieron dar prolongación a “su obra”, en vez de emprender el camino hacia la transformación del país en una verdadera democracia con participación popular en el marco de un sistema político equitativo y de derechos para todos los chilenos.
Las jornadas de protesta contra la dictadura fueron convocadas -al igual que ahora- por una vasta amalgama de fuerzas sociales apoyadas por agrupaciones políticas tan amplias que sumaron a aquellas que fueron perseguidas por la dictadura con otras que apoyaron, favorecieron y aplaudieron el golpe de Estado, en especial el partido demócrata cristiano, que solo se hizo opositor cuando constató que Pinochet no le iba a transferir el poder como esperaba.
