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jueves, 3 de octubre de 2013

Identidad nacional y deporte.


Uno de los temas en el que casi todos los analistas y fanáticos del futbol coinciden es el de catalogar al Barcelona Futbol Club como el mejor equipo de España en los últimos años, así mismo como uno de los mejores de Europa y del mundo. Existen grandes posibilidades que siga conservando las dos últimas categorías, pero está en grave riesgo que pueda continuar siendo el óptimo de España. Cualquier lector podría pensar que estas primeras líneas entrañan un error de análisis imperdonable, pero esa conclusión es la que se deduce al leer las declaraciones del presidente de la Generalitat  catalana, Artur Mas quien  opina que "Cataluña siente afecto por España pero ya no confía en el Estado", razón por la cual se ha propuesto hacer una consulta soberanista en 2014, utilizando para ello todos los recursos legales a su alcance.

Mas afirmó que “no hay marcha atrás” en el proceso soberanista y anunció que antes de finalizar el presente año  dará a conocer la pregunta y la fecha de la consulta para decidir el futuro político de Cataluña. El presidente catalán no habla desde la soledad de un sentimiento utópico, toda vez que el 70% de la ciudadanía participó en las últimas elecciones autonómicas y 107 de los 135 actuales diputados del parlamento apoyan el derecho a decidir y a hacer una consulta. Mas se ha propuesto llevar adelante una hoja de ruta hasta la consulta sin que ello signifique conflicto con el Estado español, pero también se está preparando para negociar a fin de enfrentar las resistencias que se generarán en España en particular de la monarquía y las fuerzas armadas. Estos saben que después de Cataluña podría venir el país Vasco y Galicia, conllevando al temor de un probable comienzo del fin de un Estado formado por  múltiples identidades y unido solo por la fuerza de las armas, un idioma y un rey impuesto por el último dictador.  Refiriéndose a Cataluña, Mas afirmó que: "El país está vivo, muy vivo. Y reacciona. Se moviliza. Está cansado de una relación con el Estado a la que no le ve futuro, en las condiciones actuales”.


La consulta ha generado múltiples apoyos al interior de Cataluña. Uno de ellos ha sido el del emblemático ex jugador y victorioso entrenador del Barcelona FC Pep Guardiola, hoy dirigiendo al Bayern Munich de la liga alemana. Guardiola quien defendió por años la camiseta de la selección de futbol de España,  fue enfático al señalar su posición “Aquí tenéis un voto más para la independencia”. La respuesta no se hizo esperar,  vino de  Alfonso Pérez Muñoz, ex jugador del Barcelona  y compañero de Pep en la Selección, quién en su cuenta de twitter recriminó la postura política de Guardiola “Con lo que él ha significado como jugador y entrenador del futbol español… ¿Se alegrará de los éxitos de la selección? Ya tengo mis dudas. Decepción total”. Esta es solo una expresión de cómo el tema de la independencia catalana se instaló en el deporte.

El absurdo reproche de Alfonso Pérez no da cuenta de factores que van más allá del deporte. La identidad nacional y por tanto el sentimiento nacional surge de un vínculo mucho más fuerte que el de la ciudadanía, el cual es expresión de una mera relación jurídica con el Estado. Lo dijo claramente  el deportista catalán de hockey sobre  hierba Alex Fábregas, quién en los Juegos Olímpicos de Londres afirmó que: “Juego con España porque es con quien me toca jugar, no tengo otra opción. Mi sentimiento es catalán, no siento lo mismo escuchando el himno español que 'Els segadors'” el himno oficial de Cataluña.

En pocas palabras, ciudadanía es la relación jurídica que se establece con el ente que concede el documento de identidad a fin de  permitir que el transcurso por la vida esté ajustado a la ley, esta misma da la posibilidad de cambiarla o tener simultáneamente 2, 3 o más ciudadanías. Así mismo, es un vínculo político que responde a la realidad de un momento histórico concreto.  Por su parte la nacionalidad es un vínculo cultural, religiosos, idiomático, que guarda relación con las tradiciones y las costumbres de la tierra en que se nació y nacieron los antepasados.

Así, Lev Yashin, la “araña negra” considerado por muchos el mejor portero de la historia era ruso, pero jugó siempre por la Unión Soviética. Emil Zatopek, “la locomotora checa”, 4 veces campeón olímpico, nació en Praga en lo que hoy es la República Checa, pero es considerado un atleta checoslovaco, gentilicio que hoy no existe. Igual es el caso de Vlade Divac, serbio y Drazen Petrovic, croata quienes brillaron juntos como miembros de la selección de baloncesto de Yugoslavia, una de las mejores del mundo en la década de los 80 del siglo pasado. Nunca abandonaron su nacionalidad y mantuvieron su ciudadanía yugoslava hasta que una guerra absurda sumió a su país desmembrándolo  y haciéndolo desaparecer.

Gran Bretaña enfrenta retos similares. El reciente ganador del torneo de tenis de Wimbledon y número 3 del mundo Andy Murray se identifica como escocés, no dejará nunca de serlo aunque posea un pasaporte británico. El próximo año tendrá que votar a favor o en contra de la Independencia. Ryan Giggs, nacido en Gales, miembro de la selección británica de futbol y estrella del equipo Manchester United aceptó participar en los juegos olímpicos de 2012, aunque manifestó que “era un orgullo estar en los Juegos, pero no representar a Gran Bretaña” Giggs decidió no cantar el himno británico en los arranques de cada partido aún luciendo el brazalete de capitán.

Así mismo, el golfista número 1 del mundo Rory McIlroy de Irlanda del Norte deberá decidir por qué país juega cuando su deporte se haga olímpico en Río de Janeiro 2016, toda vez que su nación –a pesar de ser parte de Gran Bretaña- tiene un status especial como miembro del Comité Olímpico Internacional. McIlroy no ha decidido bajo que bandera jugará, lo más probable es que esté sopesando las consecuencias comerciales de su decisión, un factor que también está presente en algunos en el momento de optar. 

El concepto de identidad ha tenido múltiples interpretaciones a través de la historia.  En general podría decirse que es una categoría que expresa la igualdad, la uniformidad de un objeto o  fenómeno consigo mismo o con otros. En un antiguo texto sobre filosofía de la identidad, se plantea  que ésta más bien significaba la desaparición de las diferencias. Por el contrario, Hegel al sustentar su concepción dialéctica, expresaba que todo está en constante movimiento y cambio lo cual nos permite afirmar que sólo se puede entender la identidad en un momento y espacio determinado, por tanto hablar de ella es referirse a algo relativo y temporal.

Por otro lado, la  identidad nacional ha entrado en un período en el cual tiene que comenzar a compartir su espacio con otros aspectos los cuales configuran características que al comenzar este siglo unen o diferencian a los seres humanos y que en ciertos casos pasan a ser más importantes que la propia identificación a partir de la  nación. Hoy es común que un miembro de una organización protectora de los animales se identifique mucho más con alguien de cualquier nacionalidad que comparte con él ese interés, mientras que con un connacional que ejecuta acciones contrarias a esa organización no siente la más mínima identidad. En ese caso, lo nacional ha quedado en un segundo plano de importancia. El pasaporte o la cédula de identidad que su país le ha concedido pierden validez, tomando mayor preponderancia aquel documento que lo identifica como activista de dicha organización.

El proceso de debilitamiento de las falsas identidades nacionales conduce, -al  mismo tiempo- al debilitamiento de los Estados Nacionales que las han engendrado. Paralelamente, se van fortaleciendo identidades regionales o locales que tienen elementos comunes mucho más sólidos que aquellos que, por lo menos en Europa, llevaron a la construcción nacional y que en la mayoría de los casos tuvo su origen en  pactos y acuerdos matrimoniales de las familias reales. España permanece unificada en torno a un sistema monárquico constitucional que le ha dado una cohesión al Estado, pero, eso no significa que necesariamente exista una férrea identidad entre un gallego y un catalán, como no la hay entre un escocés y un inglés o entre un flamenco y un valón en Bélgica.  


Los países poderosos que a través de la historia han jugado a la fragmentación y la secesión y, han construido “estados nacionales” de acuerdo a sus intereses, tendrán ahora que decidir lo que harán cuando el fenómeno ha comenzado a instalarse dentro de sus fronteras. En el escenario de los próximos años, además del mencionado referéndum de Cataluña, que podría extenderse a otras regiones españolas,  Gran Bretaña se enfrentará a la consulta independentista de Escocia en 2014, Canadá a la propuesta del Partido independentista de Quebec  liderado por Pauline Marois quien en el  discurso posterior a su victoria electoral de 2012  planteó la posibilidad de convocar a un nuevo referendo por la independencia y, hasta en Estados Unidos, los ciudadanos de Texas han planteado un debate en ese sentido que no por novedoso, ha cobrado un inusitado interés que ha llevado a que algunos interesados hayan comenzado a recolectar firmas de apoyo a una velocidad más rápida de lo que se podría suponer. Es un tema que tendremos que ir observado en el futuro dadas sus relevantes implicaciones políticas para la estructura internacional.

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