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jueves, 13 de agosto de 2026

Fidel: Cien años de gloria. Una experiencia personal inédita

 


Nota: Las siguientes líneas son un extracto de un libro en edición en el que relato algunas de las vicisitudes de mi vida. En este caso doy a conocer por primera vez los pormenores de mi primer encuentro personal con Fidel. Yo había estado con él como parte del grupo que se preparaba para viajar a Nicaragua a incorporarse a la guerra de liberación de ese país, pero este fue el primero de varios encuentros privados y reservados. En ese momento yo era militante del partido comunista de Chile y en esa condición, asumí una responsabilidad que me llevó a conocer y trabajar con Fidel para el cumplimiento de una específica misión que recibí. He aquí el texto:

Al día siguiente, muy temprano regresé a la casa de seguridad y retomé mi rutina. Al rato llegó Fernando y me dijo que no debería salir y que esperara visitas. Sin embargo el día transcurrió sin que nada sucediera, no obstante, casi al finalizar la tarde, cuando ya oscurecía, apareció Alejandro. Contrario a su natural parsimonia, estaba agitado, me dijo que me vistiera y preparara rápido para salir, le pregunté si tenía que llevar algo y me dijo que no, reiterando que debía apurarme.

Pocos minutos después, salíamos a toda velocidad por 5ta. Avenida. En ningún momento me dijo de qué se trataba, curiosamente, siendo tan locuaz, iba en silencio. Entendí que no debía hacer preguntas. Al llegar a la Avenida Paseo torcimos a la derecha y comenzamos a subir. Muy tenuemente comencé a sospechar algo, pero era tan inverosímil que en mi interior, yo mismo me respondí que lo que pasaba por mi cabeza era imposible. Comencé a pensar posibles escenarios. Al llegar a la Plaza de la Revolución, no torcimos a la izquierda hacia el edificio del Ministerio del Interior. Quedaba cancelada la posibilidad de una nueva reunión con el general Abrantes.

Doblamos a la derecha y raudamente entramos a la zona de estacionamientos del Palacio de la Revolución. Ahí estaba la respuesta: el Comandante Piñeiro había decidido recibirme y le había pedido a Alejandro que me llevara. El Palacio de la Revolución, sede de las más altas instancias políticas y de gobierno de Cuba está dividido en dos partes: en el ala oeste funciona el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, pasamos de largo. La probable reunión con Piñeiro había quedado descartada.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Cuba ante un inminente ataque imperial. “Al combate corred bayameses…”



Fuentes diversas anuncian la inminencia del ataque militar de Estados Unidos contra Cuba. Una vez más, el himno nacional llama a la batalla: “Al combate corred bayameses que la patria os contempla orgullosa. No temáis una muerte gloriosa, que morir por la patria es vivir”. Y en este contexto, no puedo más que recordar a Silvio: “Dicen que me arrastrarán por sobre rocas cuando la Revolución se venga abajo. Que machacarán mis manos y mi boca, que me arrancarán los ojos y el badajo” Esa es la propuesta de Washington, los cubanos lo saben mucho antes de que Silvio lo dijera.

Ya a finales del siglo XIX, Bonifacio Byrne en su poema “Mi bandera” señaló el camino que ya habían trazado en los campos de batalla los mambises dirigidos por Antonio Maceo y Máximo Gómez, bajo la visión estratégica del apóstol José Martí: “Si deshecha en menudos pedazos, llega a ser mi bandera algún día...¡nuestros muertos alzando los brazos la sabrán defender todavía!”

Confieso que respecto de Cuba, soy un extranjero atípico. Pisé la isla por primera vez a los 16 años, no habían pasado ni dos semanas y ya estaba estudiando en un instituto preuniversitario. Mis nuevos compañeros me acogieron con desbordante solidaridad y afecto sabiendo que yo venía del Chile de Pinochet donde mi padre había estado preso. En el “pre” no sólo pude continuar mis estudios, comencé a cursar la universidad de una vida sustentada en valores, principios y comportamientos que habrían de forjar mis propios principios y valores: la solidaridad, la preocupación por el prójimo, el valor del colectivo y la posibilidad de construir una existencia al margen del individualismo y el consumismo propios del capitalismo.

Solo un año y medio después, a solicitud propia y aprovechando las circunstancias entré a la escuela militar, recibí formación como oficial de artillería. A partir de entonces y durante 8 años serví en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). En 1979, junto a un grupo de militantes de izquierda de diversos países y gracias a la mirada de largo plazo del Comandante en Jefe Fidel Castro, tuve la posibilidad de ascender al más alto olimpo al que puede aspirar un revolucionario: el de ser un combatiente internacionalista. En mi caso personal, era un premio que ofrendé a la memoria del Libertador Simón Bolívar, el primer luchador internacionalista de América.