El colapso y desaparición de la Unión Soviética marcó el fin de una época caracterizada por un sistema internacional bipolar en el que la ideología establecía la inserción de países, gobiernos y organizaciones en la dinámica internacional. A partir de entonces, el mundo no ha logrado afianzar un sistema que lo estructure y lo ordene.
Han sido más de 35 años de inestabilidad en que se ha pasado de una década de caos al finalizar el siglo pasado, la instauración de la unipolaridad tras los ataques terroristas en Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001, la incapacidad material de Washington por sostener este sistema tras la crisis financiera de 2008, la emergencia de Rusia y China al pináculo en 2012 para comenzar a colocarse a la par de Estados Unidos, el declive de Europa y la crisis del sistema multilateral que no pudo manejar exitosamente la pandemia de Covid19, así como su incapacidad para evitar los genocidios que Occidente produce en diversos lugares del planeta, uno de los cuales obligó a Rusia a reaccionar a través de una operación militar especial en Ucrania.
De igual manera se debe considerar como elementos centrales de la crisis, el asesinato indiscriminado de niños y mujeres en Gaza, las dos guerras contra Irán en junio de 2025 y febrero de 2026, hasta los intentos contradictorios que emergen de Estados Unidos cuando simultáneamente Trump pretendía reinstaurar un sistema unipolar mientras que Marco Rubio y los neoconservadores estadounidenses en alianza con el lobby cubano-americano se proponen llevar el planeta nuevamente a una confrontación ideológica bipolar, esta vez teniendo al partido comunista de China como contradictor del poder imperial de Washington.
Esa incapacidad de países y gobiernos de ponerse de acuerdo en la búsqueda de mínimos consensos, ni siquiera para enfrentar un enemigo común de la humanidad como lo fue el virus del COVID, es expresión de una crisis sistémica que da cuenta del fracaso del capitalismo por sostener un modelo que ha sido incapaz de dar soluciones a los problemas más acuciantes de la humanidad. Por el contrario, en países como China, Vietnam y otros, el socialismo encuentra recursos para llevar a sus pueblos a existir en condiciones cada vez más favorables para el desarrollo de la vida. Más de 1500 millones de ciudadanos (casi el 20% de la población del planeta) viven en sistemas socialistas que exponen su superioridad en esta confrontación sistémica.








