Aunque comprensible, no deja de resultar sorpresivo el afán de Trump y sus adláteres de resucitar algo que él mismo decretó como fallecido: el comunismo. En días recientes y en más de una ocasión, el presidente de Estados Unidos y en general diferentes voceros del sistema político estadounidense han hecho mención del tema. En escritos pasados he referido que en cada una de sus intervenciones en la Asamblea General de Naciones Unidas durante la primera administración, Trump hizo alusión al asunto exponiendo una tendencia marcada por la preocupación de este “fantasma que recorre Estados Unidos”. Veamos.
El 19 de septiembre de 2017 durante su discurso en la ONU dijo que: “El problema en Venezuela no radica en que el socialismo se haya implementado mal, sino en que se ha implementado fielmente. Desde la Unión Soviética hasta Cuba y Venezuela, dondequiera que se ha adoptado el verdadero socialismo o comunismo, ha traído consigo angustia, devastación y fracaso. Quienes predican los principios de estas ideologías desacreditadas solo contribuyen al sufrimiento continuo de quienes viven bajo estos sistemas crueles”.
Un año después, el 25 de septiembre de 2018 en una alocución que pareciera haber sido escrita en épocas de guerra fría y que ignora de manera irrisoria sus propias palabras en referencia a la libertad y la autonomía de cada país, afirmó que en todos lados el socialismo o el comunismo han producido “sufrimiento, corrupción y decadencia”.
El 24 de septiembre de 2019, centró su “análisis” en China afirmando que la potencia asiática se había “negado a adoptar las reformas prometidas, sino que ha adoptado un modelo económico que depende de enormes barreras de mercado, cuantiosos subsidios estatales, manipulación monetaria, dumping de productos, transferencias forzadas de tecnología y el robo a gran escala de propiedad intelectual y secretos comerciales” y agregaba que: “Uno de los desafíos más serios que enfrentan nuestros países es el espectro del socialismo. Es el destructor de naciones y de sociedades”. Para “probarlo” expresó que “…en el siglo pasado, el socialismo y el comunismo causaron la muerte de 100 millones de personas”. Finalizó reiterando que “Estados Unidos nunca será un país socialista”.
A pesar de su natural ignorancia es difícil saber por qué tanta preocupación. Tal vez sea porque mientras él obtuvo 76.9 millones de votos en las últimas elecciones presidenciales, el partido comunista de China arribó a casi 102 millones de militantes.








