El proceso de contención de la presencia económica de China en América Latina y el Caribe ya está en marcha en diferentes escenarios abiertamente, y de manera más sutil en otras ocasiones. Además de la franca declaración de rechazo a las empresas chinas en Venezuela, tras la incursión armada en ese país el 3 de enero, otras manifestaciones marcan una tendencia que se expresa en las áreas comerciales, de inversión, tecnología y seguridad. Si bien China tiene capacidad y le preocupa defender sus intereses en estos espacios, la confrontación también se revela en el área geopolítica en la que Beijing no tiene la mínima aspiración de confrontar a Washington. Retomando el viejo adagio habría que decir que a China no le interesa tener amigos, su anhelo es tener buenos socios con los que hacer -valga la redundancia- buenos negocios.
El enfoque de China sigue siendo equivocado y tiene que ver con su incomprensión del problema, toda vez que lo aborda exclusivamente desde la perspectiva comercial, económica y financiera, magnificando de esa manera el peso que pudiera tener su poderío económico en la región por una parte y, el grado de arraigo que su presencia significa en las economías locales, por otra.
Los análisis de académicos chinos son casi estrictamente cuantitativos, no les interesa medir el gran impacto cualitativo y subjetivo que su enorme presencia económica produce en la región. Y lo cierto es que en gran medida, los pueblos no perciben esa disposición china, porque la misma está casi exclusivamente circunscrita a hacer negocios con empresarios y empresas que no producen beneficios para los ciudadanos.
Los estudios realizados en China sobre sus lazos con la región se ajustan a análisis cuantitativos de flujos comerciales, inversiones a largo plazo, vínculos financieros, proyectos de infraestructura, cadenas de suministro globales y otros que efectivamente producen un crecimiento económico el cual es básicamente usufrutuado por una minoría de la población.
Y como siempre, todo análisis realizado en China apabulla con cifras: que si en 2024 el comercio bilateral de China con América Latina superó los 500 mil millones de dólares por primera vez, aproximadamente 35 veces el nivel de 2001 y que se espera que el comercio en 2025 vuelva a superar esa marca, lo que pondría de relieve la creciente profundidad del compromiso económico de China en la región.
O que si en Sudamérica, China ya ha superado a Estados Unidos como principal socio económico en países clave como Chile, Perú y Uruguay. Que Brasil envía alrededor del 28% de sus exportaciones a China, en comparación con aproximadamente el 13% a Estados Unidos.
Que si los patrones de inversión muestran un cambio similar toda vez que el volumen acumulado de inversión de China en América Latina, estimado en unos 650.000 millones de dólares, se está acercando al total estadounidense, de aproximadamente un billón de dólares.






