Más allá de la grandilocuencia de Donald Trump, de su usual retórica sustentada en mentiras y de su hábito imperial de hacer política a partir de amenazas, chantajes y guerra, lo cierto es que no puede exhibir triunfos visibles en Asia Occidental. Al contrario, Irán le acaba de proporcionar una contundente derrota que le cuesta comprender y a la que solo atina a responder con más amenaza y más guerra.
Su política en la región se sostiene en el respaldo de Israel como instrumento de conflicto latente que genera un mercado de armas permanente para el Complejo Militar Industrial, principal puntal de su economía. De otra parte, sus aliados árabes, en su mayoría putrefactas monarquías medievales bastante alejadas incluso de los cánones tradicionales de la democracia occidental, mantienen un firme vínculo con Washington a fin de escapar del escrutinio mundial que esconde la cara para no observar sus satrapías y la violación permanente de los derechos humanos. Esos dos pilares son los que sostienen el edificio de la política exterior de Estados Unidos en la región. Su ambición mayor es acercarlos y para ello han diseñado los Acuerdos de Abraham. Pero han chocado con la férrea firmeza de Irán y del Frente de la Resistencia que paulatinamente ha ido desmoronando los planes imperiales en el Asia Occidental y el norte de África.
Ahora pretenden exhibir un acuerdo entre Israel y el Líbano como éxito de su diplomacia. Pero una cosa son los planes, los objetivos y la narrativa que la mantiene y otra, la realidad. El relato de Washington y de Occidente es que el conflicto en el Líbano tiene su origen en la existencia de los “proxys” que Irán “maneja” en la región. Así, desde el 7 de octubre de 2023, Estados Unidos e Israel han atacado dos veces a Irán responsabilizando a Hamás en Palestina, a Hezbollah en Líbano, a Ansar Allah en Yemen y a las Fuerzas de Movilización Popular en Irak de los problemas de esa zona del planeta.
De esta manera ha sembrado la idea de que Irán es un peligro para la región y para la política occidental. Por ello se ha planteado como objetivo impedir el proyecto nuclear pacífico iraní, desmembrar el Frente de la Resistencia y producir un cambio de régimen en Teherán.








