El sector neofascista de extrema derecha que ha tomado el control de la administración estadounidense y que ha impuesto la lógica expansionista y su ambición de dominio mundial, ha comenzado a hacer público su plan. El sistema internacional unipolar fascista que se ha aplicado al mundo está produciendo una regresión del sistema internacional que no se había visto jamás. Ni siquiera la versión anterior de la unipolaridad establecida por George W. Bush en 2001 y que hizo presencia en el planeta hasta 2008, tuvo las características actuales. En aquella ocasión, Washington se propuso y logró poner bajo su égida a todo el mundo bajo la perspectiva de la lucha contra el terrorismo.
Pero ahora el retroceso conservador no sólo ha traído nuevamente la unipolaridad sino que lo ha hecho atado a la ideología nazi-fascista que permea la Casa Blanca sin contraposiciones aparentes, por lo menos en el corto plazo. Aunque muchos se esfuerzan por sostener que estamos en una fase multipolar del sistema internacional, lo cierto es que de la mano de Donald Trump, al finalizar su primer año de mandato se puede verificar que el orden mundial construido por el propio Estados Unidos tras la segunda guerra mundial ha fenecido. Ya no existe el derecho internacional y la ONU es un edificio vacío ausente de jugar un papel relevante que no sea el que el Consejo de Seguridad y su derecho a veto determinan.
En el proceso, Trump se llevó por delante la alianza occidental, puso a la OTAN al borde de su destrucción, restableció los vínculos con Rusia e hizo que su país abandonara alrededor de 70 organismos o acuerdos multilaterales. Todo esto después que el sector de extrema derecha que rechaza la democracia promueve la violencia y el culto a la personalidad de Trump y reivindica un nacionalismo excluyente y expansionista, ha asumido la conducción de la política exterior de Estados Unidos
Acarreados por Marco Rubio y Stephen Miller entre otros, la extrema derecha fascista está señalando el camino ideológico de Estados Unidos para la construcción y fortalecimiento del mundo unipolar que tiene a Washington como única potencia actuante que toma decisiones en el mundo mientras los otros están preocupados de graves problemas existenciales en su entorno.
En una entrevista para la cadena CNN, Stephen Miller, subdirector de Gabinete de Donald Trump, al explicar la intervención armada en Venezuela dijo con crudeza y contundencia: "Se puede hablar tanto como quieran de los detalles internacionales, pero vivimos en un mundo, en el mundo real, que se gobierna por la fuerza, por el poder. Los Estados Unidos usan su poder militar para garantizar sin complejos nuestros intereses en nuestro hemisferio. Somos una superpotencia y con el presidente Trump vamos a comportarnos como tales. Es absurdo que vayamos a permitirle a un país en nuestro patio trasero que provea de recursos a nuestros adversarios, y no a nosotros".
Al finalizar el siglo pasado, cuando se gestionaba la estructura que debía adquirir el mundo tras el fin de la guerra fría, el debate se daba en torno a la multipolaridad y la unipolaridad que terminó imponiéndose a partir del 11 de septiembre de 2001. Hoy aunque la discusión es similar, la realidad es que -por diferentes razones -la tendencia es hacia la construcción de un sistema de Balanza de Poder.
Estados Unidos lo busca porque sabe que a través de la fuerza puede destruir el planeta pero no a China y a Rusia. China porque maneja su política exterior en plazos distintos a los de Occidente y considera que no están dadas las condiciones para una confrontación, además, prefiere -por razones filosóficas- la búsqueda de la armonía y el equilibrio. Y Rusia porque a pesar de su extraordinario poder militar que le permite preservarse e impedir que sus rivales la avasallen, necesita recomponer su economía para lo cual debe concluir la operación militar especial y recomponer sus alianzas. Además han surgido otros poderes que aspiran a ocupar un papel más relevante dentro del sistema internacional.
Lo más sensato para las tres potencias es construir una balanza de poder. En su implacable pragmatismo, Trump sabe que no puede sostener la hegemonía total e intenta refugiarse -con éxito hasta ahora- en el control de América Latina y el Caribe y tratar de garantizar el modelo de vida depredador y consumista de su país para lo cual necesita devastar el planeta a fin de obtener sus carencias actuales o futuras, en especial las de carácter energético. No creen en la multipolaridad ni el multilateralismo porque necesitan impunidad para cometer sus fechorías. Su lógica es que si Rusia desarrolla su operación militar especial en Ucrania y China hace demostración pública de que no va a permitir la secesión de Taiwán, ellos pueden bombardear Venezuela y secuestrar a su presidente. Así mismo, consideran válido apoderarse del canal de Panamá o de Groenlandia y asesinar por hambre a casi 10 millones de cubanos.
¿Y Europa? Ya no juega en este tablero porque no es independiente: su economía depende de China, su energía de Rusia y su seguridad de Estados Unidos. Al haber perdido las dos últimas, se aferra con asco a la primera porque no tiene opción. En el transcurrir de pocos años, Europa dejará de ser un actor internacional relevante y no podrá formar parte de la Balanza.
Todo esto ha quedado transparentemente patentizado en la reciente Conferencia de Seguridad de Múnich que se llevó a cabo entre el 13 y el 15 de febrero donde se expusieron las bases del sistema unipolar existente y se hicieron algunos guiños a la Balanza.
Haciendo manifiesta la destrucción del sistema internacional creado en 1945, básicamente por la acción del gobierno de Estados Unidos que se ha propuesto destruir todo lo existente, ha quedado claro que la paz como opción se aleja cada vez más del sistema internacional. Trump, que se ha autoproclamado como mensajero de la paz, en realidad ha estado apagando el fuego con gasolina.
Las instrucciones para su accionar parecen venir de Marco Rubio que estando ya en campaña electoral es quien fija las pautas de la actuación exterior de su país. Su discurso en Munich estableció el modelo del nuevo sistema unipolar nazi-fascista que ha comenzado a imperar en el mundo. El enfermizo resentimiento de Rubio que lo lleva a suponerse blanco y de ojos azules lo conduce a plantear una reorganización planetaria a partir de criterios civilizatorios, jerarquizados y supremacistas.
En esa medida su discurso se centró en el liderazgo unívoco de Estados Unidos y de Occidente que es enfocado como poder supremo amenazado por la migración, el multilateralismo y la redistribución del poder global, incluso se permitió enviar un mensaje a Europa al decirle que “Estados Unidos está dispuesto a actuar solo, pero ´prefiere` hacerlo junto a sus aliados”. De esta manera estableció una relación vertical incluso con sus socios europeos que todavía no despiertan de su condición de subordinados. De igual manera, Rubio se propone reformar a la ONU para hacerla más manejable para los intereses de Estados Unidos, sino, sencillamente habría que eliminarla. Esta tarea ya fue iniciada por Washington tras la creación del Consejo de Paz, bien visto incluso por Rusia, en un aparente gesto a la Balanza.
En este contexto también se debería considerar el planteamiento de Rubio a favor de sostener el diálogo con China y negociar el fin de la guerra entre Rusia y Ucrania en un afán de sostener la armonía necesaria para el funcionamiento de una eventual Balanza. Así, el secretario de Estado solo mencionó a Ucrania una vez durante su discurso y fue para enfatizar el liderazgo estadounidense a la hora de llevar a Rusia y Ucrania a la mesa de negociaciones.
Para Rubio, todas las opciones están sobre la mesa. Estas señales dan cuenta de que en caso que -como todo indica, Estados Unidos igual que a comienzos de siglo no logre sostener la unipolaridad- la Balanza de Poder sea una opción. Pero incluso la multipolaridad fue tomada en cuenta como alternativa pero solo como espacio de controversias para sostener y profundizar el poder de Washington. Como señala el analista Federico Pita en el portal Página 12 de Buenos Aires, en ese contexto Estados Unidos intentaría “ganar tiempo, reconstruir alianzas y reordenar cadenas productivas para preservar su primacía tecnológica y militar”,
Sin embargo, Rubio tampoco desdeña la posibilidad de regresar a un mundo bipolar en que el factor ideológico juegue el papel ordenador de las relaciones internacionales. En su discurso en Munich, introdujo la noción de que Occidente era “víctima” de su propio declive y que Estados Unidos debe evitarlo, luchando contra el nuevo enemigo que según él, es el partido comunista de China. Incluso llegó a decir que la descolonización había sido un “complot comunista” que destruyó cinco siglos de hegemonía que habían permitido a Occidente llevar al mundo la civilización y una cultura superior negando así lo que la propia historia se ha encargado de demostrar. Vale decir que en este punto recibió fervorosas muestras de adhesión y continuados aplausos de las delegaciones europeas que se postraron a sus pies.
El impacto de este discurso recorrió toda la geografía planetaria. El geopolítico noruego Gleen Diesen, dijo que esta disertación manifestaba “una guerra ideológica declarada contra la multipolaridad” y agregó que la retórica de Rubio era expresión de “una declaración de guerra contra la igualdad soberana”, señalando que ese lenguaje revive mentalidades del siglo XIX en un mundo del XXI.
Por su parte Kanwal Sibal, exsecretario de relaciones exteriores de India y rector de la Universidad Jawaharlal Nehru de Nueva Delhi declaró concluyente que: “Este es efectivamente un ataque ideológico contra el resto del mundo”, toda vez que “Rubio construye un nuevo tipo de imperio donde Washington sería dueño absoluto del orden internacional”. Sibal dijo que el diagnóstico de Rubio enuncia una estrategia peligrosa en la que Estados Unidos pretende que “el mundo acepte su versión única de la historia, ignorando completamente otras perspectivas”.
Con este discurso, Rubio aplazó definitivamente la cooperación para dar paso a la hegemonía como instrumento principal de la diplomacia, arrastrando además al mundo a la unipolaridad como sistema en el que solo la subordinación y la sumisión a Washington tienen validez.
En otro rasgo distintivo de la unipolaridad, el grupo BRICS que se suponía la principal expresión alternativa al sistema internacional actual, también ha mostrado total inoperancia. Aunque ha manifestado una idea contraria en ese sentido, ha guardado total silencio ante la agresión imperialista del gobierno nazi-fascista de Estados Unidos a dos de sus miembros. Irán y Cuba, limitándose a acciones de tipo individual de algunos de los países integrantes del grupo.
Así, el planeta se debate una vez más, por cuarta vez en los últimos 35 años, a una inestabilidad sistémica que es expresión de la incapacidad de hacer que el planeta sea un espacio de paz, armonía y concordia. La existencia de Estados Unidos como hegemón único que amenaza al mundo con su talante expansionista y que se ha propuesto dominar y subordinar al planeta, solo ofrece guerra, destrucción y muerte.
La alternativa es la lucha por la vida y por la paz y lograr que la buena voluntad de la mayoría de los pueblos del mundo derrote, al igual que a mediados del siglo pasado estas ambiciones depredadoras y destructivas emanadas desde Washington hoy, como fueron desde Berlín ayer.
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