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miércoles, 27 de mayo de 2026

Cuba ante un inminente ataque imperial. “Al combate corred bayameses…”



Fuentes diversas anuncian la inminencia del ataque militar de Estados Unidos contra Cuba. Una vez más, el himno nacional llama a la batalla: “Al combate corred bayameses que la patria os contempla orgullosa. No temáis una muerte gloriosa, que morir por la patria es vivir”. Y en este contexto, no puedo más que recordar a Silvio: “Dicen que me arrastrarán por sobre rocas cuando la Revolución se venga abajo. Que machacarán mis manos y mi boca, que me arrancarán los ojos y el badajo” Esa es la propuesta de Washington, los cubanos lo saben mucho antes de que Silvio lo dijera.

Ya a finales del siglo XIX, Bonifacio Byrne en su poema “Mi bandera” señaló el camino que ya habían trazado en los campos de batalla los mambises dirigidos por Antonio Maceo y Máximo Gómez, bajo la visión estratégica del apóstol José Martí: “Si deshecha en menudos pedazos, llega a ser mi bandera algún día...¡nuestros muertos alzando los brazos la sabrán defender todavía!”

Confieso que respecto de Cuba, soy un extranjero atípico. Pisé la isla por primera vez a los 16 años, no habían pasado ni dos semanas y ya estaba estudiando en un instituto preuniversitario. Mis nuevos compañeros me acogieron con desbordante solidaridad y afecto sabiendo que yo venía del Chile de Pinochet donde mi padre había estado preso. En el “pre” no sólo pude continuar mis estudios, comencé a cursar la universidad de una vida sustentada en valores, principios y comportamientos que habrían de forjar mis propios principios y valores: la solidaridad, la preocupación por el prójimo, el valor del colectivo y la posibilidad de construir una existencia al margen del individualismo y el consumismo propios del capitalismo.

Solo un año y medio después, a solicitud propia y aprovechando las circunstancias entré a la escuela militar, recibí formación como oficial de artillería. A partir de entonces y durante 8 años serví en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). En 1979, junto a un grupo de militantes de izquierda de diversos países y gracias a la mirada de largo plazo del Comandante en Jefe Fidel Castro, tuve la posibilidad de ascender al más alto olimpo al que puede aspirar un revolucionario: el de ser un combatiente internacionalista. En mi caso personal, era un premio que ofrendé a la memoria del Libertador Simón Bolívar, el primer luchador internacionalista de América.