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jueves, 18 de junio de 2026

Irán ha señalado el camino. La arrogancia imperial no basta para triunfar


En el argot del beisbol, el dugout o banquillo es el área donde descansan los jugadores, entrenadores y el personal autorizado que no está participando activamente en el terreno de juego. Al finalizar los encuentros, la televisión suele hacer tomas de los dugouts de ambos equipos: El de los ganadores y el de los perdedores. Eso permite conocer el estado de ánimo de los jugadores tras el triunfo para unos y la derrota para otros. En uno se observan sonrisas, abrazos, felicitaciones y una expresión corporal que denota la alegría por la victoria. En el otro, caras largas, rostros compungidos, cuerpos cabizbajos y miradas perdidas en la amplitud del terreno de juego.

Así se observan hoy los dugouts del terreno de juego del Asia Occidental. La victoria de Irán es indudable, la celebración evidente. En el otro dugout, Estados Unidos busca explicaciones donde no las hay. Por otra parte, una somera observación a los medios de engaño de masas israelíes (utilizando la definición del presidente Putin de lo que antes se llamaba medios de comunicación) da cuenta de una aplastante derrota que los sionistas todavía no han podido digerir.

Aunque el texto del Acuerdo para poner fin a los conflictos militares entre Irán y Estados Unidos no se conoce, las disposiciones del memorando de entendimiento aceptado por ambas partes, cuya firma está prevista para el próximo viernes 19 en Suiza, son las siguientes:

1. Cese permanente e inmediato de las hostilidades en todos los frentes, incluido el Líbano;

2. Compromiso de Estados Unidos de no injerencia en los asuntos internos de Irán y respeto a la soberanía de la República Islámica de Irán;

3. Levantamiento completo del bloqueo naval en un plazo de 30 días;

4. Compromiso de Estados Unidos de retirar sus fuerzas de las inmediaciones de Irán;

5. Reapertura del estrecho de Ormuz en un plazo de 30 días con arreglos iraníes;

sábado, 13 de junio de 2026

El mundo de hoy: excremento y desecho del capitalismo

 



Durante milenios, la humanidad ha avanzado dialécticamente hacia la generación de mejores condiciones para la vida. Hace 5 a 6 mil años, a partir de la revolución neolítica (transición radical de la humanidad de un estilo de vida nómada basado en la caza y recolección a uno sedentario), fundamentado en la agricultura y la ganadería, las sociedades de clases se entronizaron sobre la tierra. A partir de entonces, la agricultura se hizo sedentaria y comenzó el proceso de urbanización.

Se empezaron a acumular excedentes generando riqueza por un lado y desigualdad por otro. Surgieron las clases sociales y con ello, los administradores que manejaban los atributos de los gobiernos, los “profesionales” de la religión que daban explicación e interpretaban a su manera los fenómenos desconocidos de la naturaleza y los soldados que “resolvían” por vía armada las diferencias y confrontaciones que el proceso de acumulación generaba.

Comenzó la apropiación por algunos miembros de la sociedad de los excedentes y de los medios de producción. El Estado surgió como instrumento que aseguraba por vía de la fuerza que los propietarios mantuvieran el control de la sociedad, de los trabajadores y de la producción. Así, se comenzaron a hacer las primeras leyes para regular la autoridad y se oficializaron los ejércitos como principal herramienta para hacer valer la razón de los propietarios. Así también surgieron las clases sociales y la explotación. La sociedad esclavista fue la primera expresión de este desarrollo de la sociedad. Se institucionalizó cuando algunos pueblos optaron por explotar como mano de obra cautiva a los prisioneros de guerra, en lugar de ejecutarlos.

En la época esclavista no existía ningún tipo de industria, el capital era escaso y las técnicas de producción son rudimentarias. Solo la tierra y el trabajo contaban como instrumentos para el esfuerzo productivo. Pero al estar la fuerza de trabajo sometida a la esclavitud no era propiedad de los que laboran y por ello, no recibían ninguna retribución y se propagaba por decisión única y exclusiva de los esclavistas que por interés propio, alimentaban y fomentan la reproducción de los esclavos.


Desde el siglo V a.C. en Grecia, y posteriormente en Roma, el esclavismo se masificó, pero a partir del siglo III comenzó su decadencia cuando empezó el ocaso de ambas culturas tras el inicio de la preeminencia de la ciudad sobre el campo. Esto creó las condiciones para el surgimiento de la sociedad feudal que significó un gran paso adelante en la historia de la humanidad.

No obstante, lo hizo sin superar una incompatibilidad fundamental, es decir las contradicciones antagónicas de clase que no fueron superadas, solo asumieron otro carácter. La necesidad de la expansión, y por tanto de la guerra que antes se utilizaba para obtener esclavos, ahora se usó para conquistar territorios en los que campesinos libres venían a jugar el mismo papel que el esclavo. Sin embargo, aunque haya sido un trascendente paso adelante porque las personas habían conquistado su “libertad”, al mismo tiempo fueron utilizados para formar parte de los ejércitos, posibilitando sostener la solidez del sistema.