El ritmo de los acontecimientos es tan acelerado que resulta tarea difícil dar seguimiento a los hechos que ocurren y deliberar sobre sus repercusiones y consecuencias. La semana pasada escribí sobre la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos y dije que continuaría intentando discernir sobre ella, pero recientes eventos han obligado a modificar el objeto de análisis.
Nadie, ni siquiera Lenin, Stalin, Ho Chi Minh, Mao Zedong, Fidel Castro, el ayatola Jomeini, el Che Guevara o Hugo Chávez, han hecho tanto como Donald Trump para destruir a Estados Unidos y con ello, la hegemonía imperial de Washington sobre el planeta. Si no fuera tan dramática la coyuntura y tan aplastante la cotidiana retórica amenazante de Trump mientras sufre derrota tras derrota tanto en el escenario internacional como en el interno, tendríamos que pensar que en algún momento del futuro se lo tendríamos que agradecer.
Jeffrey Sachs profesor universitario y director del Centro para el Desarrollo Sostenible en la Universidad de Columbia y asesor de tres secretarios generales de la ONU, en un artículo escrito para el portal independiente “Common Dreams”, titulado “El imperio de la arrogancia y la violencia de Trump” lo ha explicado diciendo que: “La seguridad estadounidense no se fortalecerá actuando como un matón. Se debilitará estructural, moral y estratégicamente. Una gran potencia que asusta a sus aliados coacciona a sus vecinos y desobedece las normas internacionales, acaba por aislarse”.
No es que Trump haya alterado el tradicional talante imperialista de Estados Unidos. Lo novedoso es que si aceptamos que la ideología nazi se caracteriza por el ultranacionalismo y el supremacismo que establecen la existencia de una raza superior que debe expandirse a partir del odio contra los denominados “seres inferiores”; el totalitarismo que impone el control absoluto del Estado como lo pretende Trump al minimizar y subestimar al Congreso, los tribunales de justicia y otras instancias del poder; el militarismo que supone la exacerbación de la fuerza militar y la agresión, como instrumentos de expansión y guerra y finalmente, la ideología anticomunista y antiliberal en oposición al socialismo y la democracia, a la luz de la retórica y los recientes discursos de Trump, tendríamos que llegar necesariamente a la peligrosa conclusión de que en Estados Unidos se ha establecido un régimen nazi con todas las implicaciones que ello tiene.
