Los que se creen el cuentico de la democracia representativa y el “mundo libre” habrán tenido tiempo de recapacitar tras los últimos sucesos en Perú y Brasil, que han mostrado en todo su esplendor la falsedad de tales conceptos. Finalmente, se sigue imponiendo la fuerza como instrumento de los poderosos para hacer valer los criterios que le permiten dominar el mundo.
Durante muchos años –en tono de sorna- se hacía la pregunta de por qué en Estados Unidos no había golpes de Estado. La invariable respuesta era: “… lo que pasa es que en Washington no hay embajada de Estados Unidos”. Esta historia ya no podrá seguir siendo contada. En enero de 2021, en el mayor centro imperial del mundo, también hubo un intento de golpe de Estado.
Ahora, la historia se ha repetido en Brasil con asombrosas similitudes, incluso casi coincide en el día y la fecha, tal vez la única diferencia es que en Estados Unidos Trump no había entregado la administración y en el caso más reciente, Bolsonaro ya era parte de la historia.
En los últimos años ha estado causando gran consternación el resurgimiento de posiciones y organizaciones de ultra derecha fascista que finalmente es la derecha pura y dura. Ese afán de algunos de distanciarse de ciertas posiciones cuando la coyuntura lo amerita, ha hecho surgir la centro derecha, la derecha, la ultra derecha, la extrema derecha y en Israel hasta la “derecha ortodoxa”. De la misma manera al otro lado ha emergido la izquierda democrática, la centro izquierda, la izquierda radical, la ultra izquierda, la social democracia y otras denominaciones que sólo sirven para ocultar las verdaderas posiciones y engañar a los electores.
