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viernes, 28 de mayo de 2021

Algunas precisiones sobre el diálogo y la negociación en Venezuela


Hay ciertos indicios en el sentido de que Estados Unidos podría cambiar en algo su política hacia Venezuela. No se trata de forjar falsas expectativas ni de suponer que su intención de derrocar al gobierno de Nicolás Maduro ha cesado, solo que hay señales que permiten barruntar la posibilidad de que se produzca una modificación de la forma que puede adquirir la búsqueda de ese objetivo.

La primera pista tiene que ver con el repentino cambio de discurso desde Washington y Bruselas que es desde donde se dan las órdenes que establecen la forma de actuar de la oposición venezolana, inicialmente de toda ella, pero en la medida de que una de las partes se ha ido deslastrando del terrorismo como forma de hacer política (lo cual le ha valido sanciones), solo ha quedado la oposición terrorista como receptora de las disposiciones coloniales e imperiales que acata con perruna obsecuencia en el interés de maximizar ganancias y dar prueba de su fe antinacional y entreguista.

Sin embargo, la resistencia del pueblo venezolano que ha hecho fracasar todos los intentos subversivos que incluyeron el asesinato de ciudadanos, el golpe de Estado, la alianza con el paramilitarismo y el narcotráfico colombiano, las invasiones por vía marítima y terrestre, el sabotaje y paralización eléctrica, el intento de magnicidio del presidente Maduro, el falso expediente de la ayuda humanitaria, el bloqueo a las exportaciones de petróleo y a la actividad financiera internacional del Estado, el robo de los recursos del país y los desesperados llamados a invasiones de potencias extranjeras, los obstáculos a la importación de alimentos, medicinas y combustibles, entre otros expedientes, han señalado a Estados Unidos y Europa la obligación de buscar otros rumbos que se acerquen más a la política del presidente Obama hacia Cuba que se caracterizó por su intención de “matar suavemente”.

jueves, 20 de mayo de 2021

Una mirada a la confrontación palestino-israelí ¿Hacia dónde apunta el conflicto estratégico?

 


El ascenso en la conflictividad entre Israel y Palestina ha llegado en los últimos días a un nivel jamás antes alcanzado en muchos años. Los medios transnacionales de información aducen que la reciente escalada se produjo por la indignación de los palestinos ante lo que consideran un inaceptable cercenamiento de sus ya conculcados derechos y las limitaciones impuestas por Israel en Al Quds durante el Ramadán que tuvieron continuidad en el desalojo de Sheikh Jarrah un barrio árabe. Es probable que estos hechos hayan sido un detonante para la explosión social producida, pero, ¿cree alguien que ese puede ser el trasfondo del conflicto en su etapa actual?


Hasta el pasado fin de semana los ataques israelíes en Gaza han dejado al menos 212 palestinos muertos, entre ellos 61 niños y 36 mujeres, y más de 1000 heridos, mientras que entre los israelíes al menos diez personas han muerto, incluidos dos niños, y decenas resultaron heridos. ¿Puede algún analista militar explicar un conflicto en el que de 222 fallecidos, 63 sean niños, es decir el 28,3%? y que las bajas fatales ¿sean en un 95,5% de una de las partes?

jueves, 13 de mayo de 2021

¿Quién paga la cuenta por el desastre?


A mi amigo y hermano nicaragüense
Luis Armando Guzmán (El Chiri)
que se nos fue antes de tiempo,
dejándonos para siempre su espíritu 
noble, combativo, fraterno y solidario.

Mucho más que una simple crisis coyuntural, el sistema capitalista se está confrontado a fallas de fondo que dicen relación con las contradicciones que se generan en su fase imperialista monopólica. La pandemia del Covid19 ha mostrado como nunca antes las costuras de la estructura de dominación mundial en las que los ciudadanos son simples espectadores que asisten al drama de su propio sacrificio en pro del sostenimiento del capital.

Ante esto, los grandes centros del poder de Occidente se han abocado a la búsqueda de antídotos que permitan el tratamiento del mal no solo en lo inmediato de la crisis, sino sobre todo preocupándose de actuar hacia la profundidad del sistema.

Pero como no se puede curar el cáncer con aspirina, se está recurriendo a terapias de shock para exterminar a quien consideran un virus maligno que ha penetrado en sus entrañas para desestabilizarlo.

jueves, 6 de mayo de 2021

Que el último apague la luz


Mi apreciado amigo Luis Casado me ha dicho varias veces que los títulos de mis artículos no se corresponden con su contenido. Razón no le ha faltado, reconozco que es una habilidad que no tengo. Al contrario, los escritos de Luis dicen mucho desde su propio enunciado. Uno de sus textos recientes fue denominado “Salvar el negocio” y tal vez no haya mejor forma de expresar los avatares que atraviesa el sistema neoliberal de democracia representativa para sostener el poder a cualquier precio, inclusive haciendo maquillajes para que “todo cambie sin que nada cambie” con el objetivo de mantener privilegios a costa de la exclusión y represión de las mayorías con uno de los pocos recursos que les va quedando: el de la fuerza

Al hacer un recorrido por algunos países de América Latina se puede percibir tal situación. Al escribir estas líneas, Colombia entra en su octavo día de manifestaciones populares de rechazo a la reforma tributaria que trató de imponer el gobierno de Iván Duque. Después de 31 ciudadanos asesinados por las fuerzas militares y policiales, 124 heridos, 13 personas con daños oculares, 6 hechos de agresión sexual, 726 detenciones arbitrarias, 45 defensores de derechos humanos detenidos o limitados para realizar sus funciones y 1089 casos de violencia policial, las manifestaciones han continuado y las demandas han crecido mientras se hacen desesperados llamados a que cese la masacre. Como respuesta, el jefe del ejército hablando como si estuviera en guerra informó que “480 hombres orgánicos, que son 16 pelotones tengo en este momento desplegados” (sic). A continuación explicó que eso es solo para cumplir la primera orden del presidente de la república. Y para la segunda, tiene helicópteros tanto de la policía como del ejército “que ya están dispuestos allá”, refiriéndose a la ciudad de Cali.

jueves, 29 de abril de 2021

El conflicto estratégico del siglo XXI (II).

 


La semana pasada analizamos todos los elementos que permiten afirmar desde el punto de vista conceptual que Estados Unidos se está preparando para trasladar el conflicto estratégico de los próximos años al Asia-Pacífico transformando a China en su enemigo estratégico. Para ello haremos una revisión cronológica de los hechos desde que Joe Biden llegó a la presidencia. Al final cada quien podrá sacar sus propias conclusiones

23 de enero

El portaaviones estadounidense Theodore Roosevelt, acompañado por tres navíos de guerra, entró en las aguas del mar de la China Meridional.

25 de enero

El Ministerio de Asuntos Exteriores de China acusó a Estados Unidos de provocar inestabilidad en Asia al desplegar barcos de guerra en la proximidad de su territorio. “Esto no favorece la paz y la estabilidad en la región", dijo a la prensa el portavoz de la Cancillería china, Zhao Lijian.

29 de enero

El portavoz del Ministerio de Defensa chino, Wu Qian, reiteró que Taiwán es una parte de China y afirmó que la independencia de la isla “significará una guerra”, agregando que: “aquellos que jueguen con fuego se quemarán”,

jueves, 22 de abril de 2021

El conflicto estratégico del siglo XXI (I)

 


Es habitual que todos los presidentes estadounidenses hagan patente su vocación imperialista, agresiva e intervencionista. El objetivo es dual: por un lado, demostrar al mundo que Estados Unidos es la principal potencia y que tiene el poder de hacer lo que les venga en gana en cualquier lugar del planeta y, al mismo tiempo, demostrar a la estupidizada opinión pública del país que el matonaje fuera de las fronteras es lo que les garantiza su estilo de vida: de lucro para unos, de consumo para otros y de derroche para terceros.

Sin embargo, hay que decir que Joe Biden lanzó esa señal mucho más pronto que ninguno. El 25 de febrero a tan solo 31 días de haber asumido la más alta magistratura de su país ordenó un bombardeo a Siria. El argumento fue el “ojo por ojo, diente por diente”. Es como si Japón en 1945 hubiera lanzado bombas atómicas en Seattle y San Francisco como respuesta a Hiroshima y Nagasaki. Ese es el lenguaje imperial y el que espera buena parte del establishment bipartidista de Estados Unidos, siempre ávido de abultar sus ingresos provenientes de la venta de armas y de drogas, sin importar cuánta sangre sea derramada para lograr los objetivos.

La actuación de Biden sorprendió a inocentes e ignorantes que suponían que el presidente demócrata era diferente y que su llegada al poder iba significar un alivio para la convulsionada humanidad que se bate contra la pandemia de Covid-19. Contrario a esas espurias esperanzas, ya antes de tomar posesión, Biden comenzó los juegos de guerra que auguran un futuro inmediato de extrema tensión en el planeta. En este contexto, el escenario principal de conflicto es el Mar de la China Meridional y la República Popular China el principal enemigo para los afanes hegemónicos de Estados Unidos

jueves, 15 de abril de 2021

¿Habrá guerras por el agua?



De acuerdo a un informe de la Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) de Argentina citado por el portal “Resumen Latinoamericano”, según el Censo Nacional 2010 en ese país “5.3 millones de personas no tienen acceso al agua potable dentro de su vivienda y cerca de 1 millón no la tiene en el perímetro de su terreno”, lo cual significa que el 13% de los habitantes están imposibilitados de contar con agua en sus hogares.

El mismo informe señala que las causas de dicha situación hay que encontrarlas en el Cambio Climático, las modificaciones en los usos del suelo y el aumento del extractivismo, todo lo cual influye negativamente en la vida de los ciudadanos en general y de los trabajadores que necesitan el agua para realizar sus labores. Los habitantes de algunas zonas rurales deben pagar ocho veces más que los de las urbanas y a veces incluso caminar muchas horas para obtener el agua necesaria a fin de solventar las necesidades mínimas para la vida.

En Chile, recientemente se ha denunciado que Fuad Chahín, candidato a la Convención Constitucional y presidente del derechista Partido Demócrata Cristiano -que fue el principal promotor del golpe de Estado contra el presidente Allende, propagandista de la dictadura en sus primeros años y usufructuario protagónico de la pos dictadura- ha utilizado sus conexiones dentro del poder para salvaguardar intereses familiares, promoviendo leyes para que sus allegados tuvieran acceso privilegiado al agua, violando la ley que supuestamente juró defender. En su época de parlamentario, Chahín votó en temas vinculados a intereses propios o de su clan, si se considera que algunos de sus familiares directos, además de ser dueños de gran cantidad de derechos de agua en la comuna de Curacautín en la Región de la Araucanía al sur de Chile, poseen superlativos intereses en la generación hidroeléctrica de la región.

Estos son solo dos ejemplos recientes que expresan la paulatina conflictividad surgida de la imposibilidad de que importantes sectores de la población tengan acceso al agua. Tal vez, esto es lo que llevó a que la vicepresidenta de Estados Unidos Kamala Harris el pasado 7 de febrero haya manifestado en tono amenazante que: “Durante años las guerras se han peleado por el petróleo, [pero que] en poco tiempo serán por el agua”.

Aunque se estaba refiriendo a una problemática local de su país en la que reconocía “desigualdades en el acceso”, se debe considerar lo que el significado de la palabra “guerra” tiene, cuando es mencionada por la segunda figura de la administración del país más poderoso, agresivo y belicista del mundo.


Hay que recordar que el agua dulce solo representa el 2,5% de los 1.386 millones de kilómetros cúbicos de reservas de agua que hay en el mundo, sin embargo el 70% de ese total corresponde a polos y glaciares, al mismo tiempo que otra cantidad significativa se encuentra en ríos no potabilizados.

Los pueblos de todas las latitudes y longitudes del planeta conocen ampliamente lo que ocurre cuando Estados Unidos tiene falencias en sus reservas de algún recurso o, cuando se producen insuficiencias internas que no permiten garantizar el consumo cotidiano. De la misma manera, se sabe mucho acerca de las formas y métodos que utiliza para obtenerlos. Si la presión, el chantaje, las amenazas, las sanciones, los bloqueos y los asesinatos de líderes no funcionan, recurren a la guerra, esta vez anunciada de antemano por la vicepresidenta Harris.

Aunque parezca increíble que la carencia de agua sea causa de conflicto y guerra, ello es casi tan antiguo como la propia sociedad. Michael Klare en su obra “Guerras por los recursos. El futuro escenario del conflicto global” nos recuerda que ya en el Antiguo Testamento se señala que ante la incapacidad de los israelitas para entrar en los fértiles valles del Rio Jordán sin antes expulsar a sus habitantes, Dios les instruyó que entraran a esa tierra toda vez que él se encargaría de expulsar a los pueblos autóctonos que la poblaban. Posteriormente, le ordenó a Josué -sucesor de Moisés- que cruzara el Jordán y exterminara a “los habitantes de Jericó y otros asentamientos de la zona”.

Son innumerables a través de la historia los hechos de guerra vinculados al agua. En fechas recientes, se ha estado agudizando un conflicto de dimensiones insospechadas entre tres países (Egipto, Sudán y Etiopía) de los 11 que se encuentran en la cuenca del río Nilo, el mayor del mundo.

El río Nilo tiene dos fuentes principales: el Nilo Blanco que aporta el 20% y el Nilo Azul que representa el 80% de sus aguas. Este último tiene su nacimiento en el Lago Tana en Etiopía y fluye hacia el norte en dirección a Sudán y posteriormente a Egipto para luego desembocar en el mar Mediterráneo.



En 2011 Etiopía inició la construcción en el Nilo Azul de la “Gran Presa del Renacimiento Etíope” -la más grande de África- sin que previamente se llegara a un acuerdo con los dos otros países que aguas abajo también son subsidiarios del río. No obstante, en el año 2015 se firmó un acuerdo entre los tres por el que Etiopía se comprometía a no afectar la disponibilidad de agua de Sudán y Egipto. Pero, en fechas recientes, variadas desavenencias entre las partes aumentaron la tensión amenazando con echar por la borda la colosal obra.

El vínculo de Egipto con el Nilo es histórico y fundamental ya que el río fue el sustento principal para erigir una gran civilización en la antigüedad, lo cual ha signado parte importante de la vida del país y de su diplomacia en el último siglo.

Desde el año 1902, Egipto viene realizando acuerdos internacionales encaminados a apuntalar su posición dominante sobre el Nilo, lo cual no es del agrado de Etiopía ni de Sudán. En un artículo titulado “Las guerras del agua. Egipto, Sudán y Etiopía” publicado en el portal Rebelión por el analista especializado Germán Romano, el autor recuerda que Butros Butros-Ghali, ex Ministro de Relaciones Exteriores de Egipto, en una entrevista con el periódico BBC durante el año 1985 expuso la posición de su país en relación al Nilo: “La próxima guerra en Oriente Medio se librará por el agua, no por política”. Posteriormente, debió modificar su punto de vista al asumir funciones como Secretario General de la ONU entre 1991 y 1996, favoreciendo la cooperación como forma de hacer un aprovechamiento óptimo para todos los involucrados con el gran río. Así, Butros-Ghali antecedió a la actual vicepresidenta de Estados Unidos en su percepción de la conflictividad que la carencia de agua puede generar en el sistema internacional.

En el artículo mencionado, Romano apunta que: “En caso de un conflicto armado entre estos países, las consecuencias recaerán sobre las poblaciones que sufren los efectos de gobiernos que no son elegidos por el pueblo (sic). Asimismo está en riesgo el acceso sin distinción de fronteras para el riego utilizado por agricultoras y agricultores.”

Desde este punto de vista, no debe entenderse como casualidad estrictamente vinculada a la riqueza energética que se hayan producido las intervenciones militares de Estados Unidos y la OTAN en Libia e Irak. En el caso del país africano, bajo su desierto se encuentra uno de los mayores reservorios de agua de todo ese continente. El interés en explotar y distribuir el líquido en amplios sectores de la población, se transformó en la obra estratégica de mayor alcance del gobierno de Muamar Gadafi, que logró hacer una revolución verde en las arenas del Sahara, convirtiendo su país en un gran vergel que posibilitó acceso al agua y alimentos a grandes sectores de la población, llevando al país a ser el de mayor Índice de Desarrollo Humano (IDH) del continente.

En Irak, la confluencia de los ríos Tigris y Éufrates fue el sustento para que se originara la civilización mesopotámica que tanto brillo y tantos avances dio a la humanidad en materia de ciencia y tecnología. Esa riqueza, además de sus grandes reservas petrolíferas y gasíferas constituyó el eje de la ambición imperial que motivó la invasión a ese país en 2003. De manera tal que llega tarde el anuncio de la vicepresidenta Harris. Por si no lo sabe, su país ha sido protagonista de crueles incursiones en países dueños de grandes existencias de agua a las que los tentáculos imperiales también han querido echarle mano. América Latina debe tomar nota de esta nueva amenaza bélica. Poseedora del acuífero guaraní en los confines de Argentina, Brasil y Paraguay y las cuencas del Amazonas, el Río Negro y el Orinoco donde se concentran parte importante de las reservas de agua dulce del planeta, nuestra región es objetivo fundamental del interés imperial en un elemento vital para la vida en el planeta.