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sábado, 22 de septiembre de 2018

En el bicentenario de la controversia entre el Libertador Simón Bolívar y el diplomático estadounidense Juan Bautista Irvine.



Durante estos días se debería estar conmemorando el bicentenario del intercambio epistolar entre el Libertador Simón Bolívar y el diplomático estadounidense Juan Bautista Irvine. Además del anecdotario vinculado al hecho histórico y a la coyuntura en la que se produjo el intercambio, me parece que lo más resaltante es el manejo que Bolívar le da al debate, haciendo gala de gran erudición, profundo conocimiento del derecho internacional, la historia, la economía, la política y las artes militares. Es notorio que a través del tiempo se ha resaltado el papel del Libertador como jefe militar, estratega, y conductor de batallas que sellaron la independencia de Sudamérica del colonialismo español, pero poco conocemos de su capacidad de liderazgo político, de estadista y mucho menos su extraordinaria capacidad para lidiar con los hechos internacionales, su manejo de la administración del gobierno en esta área y las decisiones que tuvo que tomar en materia de política exterior. Es de mi opinión que algunos de los asuntos que están ocurriendo en la actualidad son explicables a la luz de las decisiones que Bolívar tomó en esos meses, por lo que creo que este intercambio de misivas con Irvine es fundacional de la política exterior de Venezuela. 

sábado, 15 de septiembre de 2018

¿Qué tan universales son los derechos humanos?



Un diputado chileno de origen croata, pero cuyo apellido en inglés es el nombre de un ácido que se usa como antiséptico hizo una declaración que pone de relieve su amargo carácter reflejo de su acidez, aunque su punto de vista no alude a la condición antiséptica que le permitiría evitar la infección; al contrario, extendiendo la putrefacción que le caracteriza cuando a temas internacionales se refiere y haciendo gala de la ignorancia que pasea con aires de grandeza, el tal parlamentario puso sobre el tapete la discusión la universalidad de los derechos humanos. 

De verdad es un tema interesante y complejo, porque en si mismo niega el carácter multicultural, multiétnico y diverso de la humanidad. Vale preguntarse si es posible lograr la universalidad de algo, por una forma distinta a la imposición y sin que medie la utilización de la fuerza por los más poderosos. En años recientes, el poderío militar, financiero y cultural avasallante del que hacen gala los omnipotentes señoríos del planeta han pretendido por vía mediática (con bastante éxito), universalizar hábitos alimenticios, uso de vestuarios, costumbres y comportamientos. Así el Big Mac se ha convertido en comida universal, así como la coca cola en bebida consumida en todas las latitudes y longitudes del planeta, los “blue jeans” y las “chemises” en la ropa de “todos” y la celebración de Halloween en algo ineludible para las clases medias de buena parte de la tierra. Ha sido tal el impacto que han causado estas prácticas que el lema central del XVIII Congreso del Partido Comunista de China celebrado en octubre de 2012 fue “Hacia la seguridad cultural”, lo cual conllevó un esfuerzo superior del país a fin de salvaguardar sus costumbres, su cultura y sus hábitos de vida. Por cierto, China lo puede hacer por la fortaleza de su civilización milenaria y porque puede oponer su poder económico al poder económico universalizador. 

domingo, 9 de septiembre de 2018

Las damas trogloditas de Trump

 



Al intentar resucitar la doctrina Monroe como instrumento para desarrollar su política exterior hacia América Latina, el gobierno de Donald Trump pretende retrotraer la historia para colocarla en el mismo lugar que estaba en 1823 cuando dicho paradigma fue enunciado por el presidente estadounidense James Monroe, bajo la premisa de que América era para los americanos. Aunque el mundo ha cambiado y ya hoy no es Gran Bretaña el enemigo que amenaza la hegemonía estadounidense en la región, el gobierno de Estados Unidos sigue visualizando adversarios que le ponen obstáculos para controlar sin corta pisas la única región del mundo en la que aún conserva amplios espacios de dominio, sobre todo a partir de los últimos tres años. 

El ex secretario de Estado Rex Tillerson puso el tema sobre el tapete al “denunciar” la creciente presencia de China y Rusia, bajo el argumento de que solo Estados Unidos es amigo natural de los países latinoamericanos y caribeños. En el discurso que hiciera el 1° de febrero en la Universidad de Texas en Austin, fue de la opinión que la Doctrina Monroe era “tan relevante hoy como lo fue el día de su escritura”, agregando más adelante, -al mencionar a China y Rusia- que “América Latina no necesita nuevos poderes imperiales”. 

sábado, 1 de septiembre de 2018

Salvar la salud. Una nueva operación encubierta del Pentágono en Colombia.



La semana pasada escribí sobre la instalación del barco hospital USNS Comfort de la marina de guerra de Estados Unidos en Colombia, utilizado el trasnochado subterfugio de ayuda humanitaria, en este caso a Venezuela como instrumento para justificar una intervención militar, que ha sido tradicional en la política exterior de Estados Unidos. 

Posteriormente, me quedé pensando si la misión del barco no persigue además objetivos ocultos y disimulados a fin de “echar una mano” a la atribulada sociedad colombiana, precisamente en uno de los aspectos que está más afectada: el de la salud, toda vez que se ha transformado en práctica que los gobiernos destinen mayor cantidad de recursos a la guerra que a las necesidades de la ciudadanía. 

En esa medida, la visita del Comfort podría ser muy beneficioso para Colombia habida cuenta que el propio ministro de salud del gobierno anterior, Alejandro Gaviria ya en 2016 había diagnosticado que el país vivía una crisis de la salud, motivada en un déficit que él cuantificaba entre 350 y 650 millones de dólares aproximadamente. Las Empresas Prestadoras de Salud (EPS) instituciones privadas que “brindan” servicios de esa índole, presentaban a la fecha un déficit de 1.7 mil millones de dólares, mientras que el presupuesto aprobado para el año 2017 en esa materia, fue apenas de 260 millones de dólares. Así, el ministro se vanagloriaba de que, a pesar de la incertidumbre, el sector se seguía expandiendo, pues la demanda de servicios y las prestaciones crecían permanentemente. Claro, cuando él hablaba del sector, estaba refiriéndose a estas empresas privadas que lucran con la salud del pueblo, con el favor del gobierno. 

sábado, 25 de agosto de 2018

USNS Comfort, instrumento de guerra de la armada de Estados Unidos.


La guerra es un fenómeno sumamente complejo en el que en sus aspectos estratégicos, tiene estrecha vinculación con la política y la economía, es a partir de estas que se puede explicar el origen, desarrollo y las consecuencias que se derivan de los resultados obtenidos. Pero, las complicaciones que la misma entraña, también vienen dadas por sus aspectos operativos y tácticos que se revelan en el mismo proceso del combate, o dicho de otra manera en la manifestación bélica del conflicto armado.

Se suele suponer que las tropas que participan directamente en las hostilidades, juegan el papel principal en el desarrollo de las mismas, y tal vez esa aseveración sea indiscutible, pero no es menos cierto que sin los aseguramientos que permiten la realización exitosa de los combates, la victoria difícilmente será conseguida.

Existen aseguramientos de dos tipos: por una parte los de carácter combativo, que van a facilitar la toma de la decisión del jefe y la ejecución del mando durante las operaciones, aunque existe una variedad, los más importantes son la información y la inteligencia además de las comunicaciones y la ingeniería. En el otro plano, a veces muy subestimadas, porque en muchas ocasiones se realizan alejadas del borde delantero del combate, se encuentran los aseguramientos logísticos: médicos, víveres, vestuarios, combustibles, armamento y otros, sin los cuales tampoco se podría garantizar el éxito en la batalla.

Toda esta reflexión, surge después de conocer la noticia de que el barco hospital de la armada de Estados Unidos USNS Comfort se va a trasladar a Colombia a fines de desarrollar “labores humanitarias” a favor de los emigrantes venezolanos. Hay que ser demasiado inocente o demasiado imbécil para creer esto. Visto lo anteriormente expresado, el Comfort como cualquier barco de la armada de Estados Unidos, cumple misiones en la lógica bélica de garantizar los aseguramientos médicos para las operaciones ofensivas de la Armada de Estados Unidos, cuya función -según sus reglamentos- es: “Mantener, entrenar y equipar para el combate a las fuerzas navales, capaces de conseguir la victoria de la guerra, disuadir agresiones y mantener la libertad en los mares”. Podríamos aceptar las dos primeras, pero la última es una auto atribución que Estados Unidos se ha dado y que debe entenderse como la posibilidad de intervenir militarmente en cualquier rincón del planeta donde por decisión propia, decida que debe hacerlo.

Se habla de “operaciones ofensivas” porque la última vez que la armada de Estados Unidos realizó operaciones defensivas fue en diciembre de 1941, en Pearl Harbor, de manera bastante desastrosa, toda vez que su flota del Pacífico fue neutralizada tras el ataque japonés sin poder dar respuesta, salvo en las películas de Hollywood.

Así, el Comfort es un instrumento de agresión de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, toda vez que su subordinación al Pentágono, -no a la Secretaría de Transporte ni a la de Salud de ese país- ubica su misión en términos militares, siendo su objetivo dar soporte a las acciones bélicas que ese país en su carácter imperialista desata en múltiples latitudes y longitudes del planeta de forma permanente y como parte de su política exterior. En este contexto, es evidente que la decisión tomada por el secretario de Guerra de Estados Unidos James Mattis, acatada con la sumisión tradicional de los gobiernos colombianos, no puede entenderse sino como otro eslabón en la preparación de acciones militares ofensivas contra Venezuela.

En el contexto actual, en que el ex presidente Uribe -quien siente una repulsión enfermiza hacia Venezuela- ha regresado a la supremacía del Estado en Colombia, colocando a su pupilo Duque en el palacio de Nariño, pero controlando a distancia los hilos del poder, existen sobradas razones para temer cualquier acción desde territorio colombiano.

Es sabido que la visita de este barco a otros lugares, aparte de la atención médica que además podría ser provista por cualquier organización civil, hace manifiesto el acoso a la población, el incremento de la prostitución y una ostensible presencia de los marinos en los bares de los puertos que visitan, como se atestiguó en Puerto Rico donde el citado barco hizo presencia en octubre del año pasado.

En el trasfondo, estas operaciones se insertan en la necesidad del entrenamiento regular que deben realizar las fuerzas armadas de cualquier país para la realización de la guerra; los aseguramientos y los servicios médicos como parte de ellos, no están ajenos a este proceso de preparación combativa. 

Ya en diciembre de 1999, tras el desastre natural producido por las enormes inundaciones que se suscitaron en el estado Vargas, las fuerzas armadas de Estados Unidos ofrecieron su “generosa” ayuda a Venezuela. El presidente Chávez no titubeó en rechazar tal propuesta. En ese caso no ocurría la “crisis de refugiados más grande de la historia”, sino “el desastre natural más grande de la historia”, así mismo fue la “intervención cubana más grande de la historia” en Granada en 1983 y la búsqueda del “mayor narcotraficante de la historia” en Panamá en 1989. Como buitres necesitados de carne muerta para saciar su apetito intervencionista, Estados Unidos siempre anda indagando formas que justifiquen su despreciable presencia, el resultado siempre es el mismo: muerte y destrucción.

En 1999, se demostró que las Fuerzas Armadas de Venezuela, el pueblo y el gobierno bastaron para derramar apoyo y solidaridad a fin de salir de la terrible situación por la que pasó el país, sin necesidad de la intervención militar “humanitaria” de las fuerzas armadas imperiales.

Si Estados Unidos tuviera el más mínimo sentimiento humanitario no habría intervenido militarmente al menos 48 veces en América Latina y el Caribe en los dos últimos siglos; ni hubiera apoyado a Stroessner, Pinochet, Videla, Banzer, Trujillo, Batista, Somoza y cuánto sátrapa se haya encumbrado en el poder en los países de nuestra región; no le hubiera robado a México un tercio de su territorio; tampoco hubiera financiado al mercenario William Walker para intentar apoderarse de Centroamérica; no se hubiera apoderado de Puerto Rico ni de Guantánamo en Cuba, ni le hubiera impuesto la Enmienda Platt a este país; tampoco hubiera estimulado la segregación de Panamá de Colombia para apoderarse por casi un siglo de un territorio de ese hermano país reprimiendo a sangre y fuego a los valientes panameños que se opusieron a ello; no hubiera intervenido militarmente en República Dominicana en 1904, 1916 y 1965, en Cuba en 1906, en Panamá en 1908, 1918, 1925 y 1989, en Nicaragua en 1910, 1912 y 1927, en México en 1911 y 1914, en Haití en 1915, en Honduras en 1924, en Guatemala, en 1954 y 1966 ni en Granada en 1983 provocando miles de muertos en esos países, no precisamente de forma humanitaria; no hubiera financiado los escuadrones de la muerte que asesinaron a Monseñor Romero, a los seis sacerdotes jesuitas en la Universidad Centroamericana y a las cuatro monjas maryknoll en El Salvador en 1980, por un partido político al que sigue apoyando hasta hoy; no hubieran apoyado militar, logística y financieramente la guerra de los contras en Nicaragua ni hubiera minado los puertos de ese país a partir de 1981; no hubiera ordenado el asesinato del general Torrijos en Panamá en 1981; tampoco hubiera lanzado el Plan Colombia para asegurar los envíos de cocaína a Estados Unidos mediante vías controladas por la DEA, a fin de hacerse de los multimillonarios ingresos que le produce la droga y que van a parar a su sistema financiero para servir de base importante del funcionamiento de su economía, sin importarle para nada la vida y el futuro de los jóvenes de su propio país; no hubieran organizado los golpes de Estado contra Chávez en 2002 y Correa en 2010 ni la secesión de Bolivia en 2008; tampoco hubieran secuestrado al presidente Jean Bertrand Aristide en Haití en 2004, para posteriormente invadir ese país y permitir que Bill Clinton y su esposa hicieran multimillonarios negocios a costa del sufrimiento de ese pueblo; no hubieran apoyado los golpes de Estado en Honduras, 2009, Paraguay, 2012 y Brasil, 2016; ni los descarados fraudes electorales en Honduras 2017 y Paraguay, 2018. No parece, en definitiva, que Estados Unidos tenga un expediente humanitario que mostrar, sin hablar de los desmanes que ha cometido a través de la historia por todo el mundo, incluyendo las “humanitarias” bombas atómicas que lanzó en Hiroshima y Nagasaki contra la inerme población civil de esas ciudades. 

Muchas de estas acciones fueron realizadas por la marina de Estados Unidos y han contado con apoyo logístico de barcos como el Comfort u otros similares, varias de ellas se han disfrazado de operaciones humanitarias, no hay que ser demasiado inteligente para entender que esta orden emanada de forma directa del ministro de la guerra de Trump y emitida desde Colombia se inscribe en los preparativos de invasión a Venezuela para lo cual han visitado la región -solo durante este año- el vicepresidente Mike Pence dos veces, el ex secretario de Estado Rex Tillerson, le embajadora ante la ONU, Nikki Haley, el actual secretario de Estado Mike Pompeo y el jefe del Comando Sur almirante Kurt Tidd, además del ministro de guerra James Mattis. Entonces, resulta válido o no preguntarse, ¿Cuándo antes en la historia había ocurrido este despliegue? y ¿Para qué lo realizan? Todos, absolutamente todos, han manifestado en declaraciones públicas que sus viajes persiguen el derrocamiento del presidente de Venezuela, por tanto, no hay nada oculto.

El despliegue del USNS Comfort en las costas cercanas a Venezuela solo se puede interpretar como una medida logística que se inscribe en los preparativos de invasión de un ejército paramilitar colombiano con el apoyo de su gobierno. Al pueblo venezolano, le queda estar preparado y movilizado y organizarse para que si Estados Unidos, utilizando a Colombia desata tan insensata medida, repeler la agresión y hacer morder el polvo de la derrota a los invasores. Recordar que Sun Tzu, el filósofo y teórico chino de la guerra decía que: “En el ámbito castrense existe la premisa de no suponer que el adversario no atacará, sino contar con la propia presteza en presentar batalla; de no confiar en que no atacará, sino hacerse uno mismo inderrotable”

sábado, 18 de agosto de 2018

¡Alerta! Un perro rabioso anda suelto en la región.



La visita del jefe del Pentágono, a quien me cuesta llamar Secretario de Defensa, James Mattis a América del Sur ha venido a generar todo tipo de debates en torno a los objetivos de dicho periplo, en el que ha hecho escala en cuatro países subordinados a donde se ha dirigió para impartir órdenes imperiales. 

La historia ha demostrado que la existencia de una secretaría de defensa (con ese nombre) en el gobierno de Estados Unidos es una total falacia. En sus más de 240 años de vida republicana, el país ha sido atacado tres veces en su territorio y sus defensas “no lo han podido defender”. La primera vez fue en la guerra contra Gran Bretaña entre 1812 y 1814, en la que los ingleses le propinaron una derrota aplastante a la soberbia nación emergente capturaron la capital Washington, incendiándola, incluso quemando la Casa Blanca y el Capitolio. Posteriormente, en la segunda guerra mundial, los japoneses destruyeron la armada estadounidense del Pacífico en Pearl Harbor, Hawái, cuando los radares no vieron (o no quisieron ver) el desplazamiento de la aviación nipona, para así tener la justificación ante su opinión pública que les permitiera entrar oficialmente a la contienda bélica. Finalmente, el 11 de septiembre de 2001, no fueron capaces (o no quisieron) evitar el ataque terrorista en New York y Washington, lo que fue usado para desatar su guerra contra ese flagelo a fin de establecer un sistema unipolar con preeminencia de Estados Unidos. Lo que observamos tras el brutal atentado que costó la vida de miles de ciudadanos inocentes, fue la estúpida mirada perdida de un presidente incapaz de hacer algo de inmediato. Un mes después, dio inicio a una guerra en Afganistán, que hoy, tras 17 años, aun no termina y no tiene visos de hacerlo. 

De manera que hablar de defensa y de secretaría de defensa en Estados Unidos no deja de ser un eufemismo, en ese mismo período de dos siglos han desatado centenares de guerras en todas los continentes y en todos los rincones del planeta. Valdría la pena tener en cuenta que en la actualidad, según datos entregados por el presidente del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, general Joe Dunford su país tiene 300 mil soldados en más de 800 bases militares en 177 naciones del mundo, una cifra que aumenta constantemente si se considera que en 2016 eran 138 y en 2017, 149 estos países, todo lo cual le cuesta a los contribuyentes más de 716 mil millones de dólares según el presupuesto de guerra recién aprobado para el año 2019 y que sobrepasa el billón de dólares si se consideran los gastos de inteligencia no incluidos en el presupuesto militar. Al respecto, el prestigioso portal informativo Vox, explicó ya en 2015 que este entramado configuraba "un sistema militar masivo que aseguraba la influencia de Estados Unidos en todos los rincones del planeta, y dado el carácter indiscutible de esta estrategia generalizada, no es probable que pronto se produzca algún cambio", como las evidencias posteriores han demostrado. 

En América Latina hay 75 bases militares de Estados Unidos en varios países, destacando la presencia de 12 en Panamá, 12 en Puerto Rico, 9 en Colombia, 8 en Perú, 3 en México, 2 en Honduras, 2 en Paraguay, además de tener también fuerzas militares desplegadas bajo diferentes modalidades en Brasil, Guyana, Aruba, Bahamas y El Salvador. 

Esto nos lleva a concluir que en realidad esta tal secretaría de defensa más que preocuparse de la protección del país, su encargo real es la guerra. Así, nos podríamos preguntar ¿qué viene a hacer el ministro de la guerra de Trump a América del Sur? 

“Perro rabioso” como es conocido el jefe del Pentágono, es el primer militar en 50 años que ocupa ese cargo, para lo cual debió establecerse una “dispensa legislativa “ que permitiera hacer una excepción a fin de que Mattis, que no había cumplido los siete años reglamentarios desde su retiro para optar por este cargo, tuviera la posibilidad de ejercer el mismo. Él uno de los pocos sobrevivientes del gabinete cercano de Trump que ocupa su responsabilidad desde el primer día de gobierno, lo cual es una verdadera hazaña si se considera la característica inestabilidad emocional de su jefe 

América Latina, bajo el influjo de la designación de 2018 por Estados Unidos como “año de las Américas” ha visto desfilar en el último tiempo a una cantidad inusitada de personeros de alto nivel del gobierno imperial, pero es la primera vez que Perro Rabioso pasa revista a sus tropas en directo. 

Podríamos asegurar que su visita encara dos objetivos: uno estratégico y uno táctico. En febrero de este año, el groseramente defenestrado ex secretario de Estado Rex Tillerson, antes de su viaje a la América meridional, puso en el tapete la necesidad de hacer más efectiva la Doctrina Monroe que ha estado presente como eje de la política estadounidense hacia el continente por casi 200 años, pero a diferencia de la idea del presidente de su país que dio nombre a tal paradigma y que se orientaba a impedir la presencia de Gran Bretaña y la Santa Alianza en la región, esta vez, se trata de utilizar la misma como instrumento de presión y chantaje a las oligarquías vasallas que usufructúan el poder de los países subordinados, para que se mantengan alejadas de China y Rusia. En el plano táctico, se trata de ofrecerles dádivas y limosnas para que se presten a la tarea imperial de agredir a Venezuela. 

No obstante, en lo específico existen particularidades en cuanto a la misión de Mattis en cada país. En Brasil, Perro Rabioso, fue a llamarle la atención a las fuerzas armadas de ese país que todavía conservan un sector poseedor de un sentimiento nacionalista que sigue teniendo en mente la defensa de la soberanía de su país y que enarbolan las banderas de la integración sudamericana en materia militar por encima de la idea panamericana y monroista de entrega del país, que propicia Temer y el sector fascista del componente militar. A este sector no le ha agradado los exitosos esfuerzos de Estados Unidos, avalado por los gobiernos de la región, incluyendo el suyo propio de desactivar Unasur, y con ello el Consejo de Defensa Sudamericano y el Colegio Sudamericano de Defensa, que consideran una obra propia y emanada de su doctrina, como oposición a la doctrina panamericana que se enseña en la Universidad de Defensa (ex escuela de las Américas) ubicada en el estado de Georgia en el sureste de Estados Unidos y que demostró su ineficiencia durante la Guerra de las Malvinas. 

Todo ello, es percibido en Estados Unidos como un impedimento para hacerse de la poderosa industria militar de Brasil, y de sus más preciados tesoros: la Amazonía en tierra y los gigantescos recursos energéticos del presal en el océano, los que están siendo entregados por Temer a las empresas transnacionales de Estados Unidos. Ni siquiera la dictadura de los años 60 y 70 del siglo pasado logró una subordinación de las fuerzas armadas brasileñas a Estados Unidos de la magnitud de la que ha implementado Temer. 

En Argentina, el mensaje de Perro Rabioso fue claro: mostrar su rechazo a la base espacial china de Neuquén, el mandato es preciso: debe ser cerrada. Mauricio Macri, que cultiva la hipocresía como forma de hacer política no tuvo empacho en aceptar las imposiciones de Mattis, mientras, al mismo tiempo, corre desaforado a los brazos del presidente chino Xi Jinping a fin de solicitar los recursos que le permitan salvar su maltrecha economía. Así, lo persigue en cuanto evento multilateral se encuentran, presentando planes y proyectos de inversión para atraer a China a su país, en el colmo de su desfachatez felicitó a Xi por su reelección como secretario general del Partido Comunista de China en octubre del año pasado. 

Después de reunirse con su homónimo rioplantense Oscar Aguad, Perro Loco afirmó que “Argentina es considerada una amiga de Estados Unidos” y agregó “La conversación de hoy continúa la relación que comenzó hace más de 200 años atrás“. Se le olvidó, mencionar el pequeño detalle de que en la guerra de las Malvinas en 1982, Estados Unidos estuvo en la trinchera opuesta apoyando al invasor británico. Por supuesto, Aguad no tiene la dignidad suficiente como para recordárselo. 

Por su parte, Chile es un país casi insignificante en la agenda del ministro de guerra estadounidense. Tanto, que el escueto comunicado de su visita y encuentro con el presidente de ese país, elaborado por la embajada de Estados Unidos en Chile, no tuvo más de dos párrafos. El tema de la agresión conjunta a Venezuela ocupó la mayor parte del encuentro bilateral. 

En el momento de escribir estas líneas, Perro Loco se reunía con el presidente colombiano Iván Duque, no habrá grandes novedades: darán continuidad a las acciones de los ex presidentes Uribe y Santos, en la coordinación de operaciones contra Venezuela, el apoyo al paramilitarismo para prepararlo como ejército de invasión y la utilización de la cocaína que hace de Colombia el primer productor y exportador mundial, como instrumento necesario para justificar la presencia militar de Estados Unidos en la región. 

En fin, nada distinto de lo que ya han hecho el vicepresidente Pence, el ex secretario de Estado Tillerson, el ex director de la CIA y actual secretario de Estado Pompeo, el comandante del Comando Sur Kurt Tidd y la embajadora ante la ONU, Nikki Haley: mostrar impaciencia y desesperación por la imposibilidad de competir con China en cuanto a la cooperación, la inversión y el comercio, amenazar y chantajear a los pusilánimes presidentes de la ultra derecha latinoamericana y rumiar su exasperación por la incapacidad de la oposición venezolana para derrocar al gobierno democrático del país. En cualquier caso, hay que tener cuidado: Un perro rabioso anda suelto en la región.

sábado, 11 de agosto de 2018

¡Adiós Santos, cuídate mucho!


En agosto de 2010, cuando Álvaro Uribe dejaba la presidencia de Colombia, escribí un largo artículo titulado “Adiós Uribe o un nuevo fracaso de la política imperial contra Nuestra América”. Finalizaba así: “Colombia y su gobierno han asumido el papel preponderante en esta armazón imperial que se propone retrotraer los procesos soberanos que llevan adelante nuestros pueblos. A ello debemos oponer la unidad y la integración del sur para construir un sólido bastión que impida la embestida estadounidense y aísle los ánimos intervencionistas. Uribe se fue, pero el imperio perseverará en su política. Contará siempre para ello con la oligarquía colombiana, y sus representantes de turno porque sus intereses –a través de la historia- siempre han coincidido con los de Estados Unidos. Este nuevo y más reciente conflicto creado por el ex presidente Uribe ya cuando fenecía su gobierno se inscribe en la permanente posición mantenida por Estados Unidos contra nuestros pueblos…” 

Hoy, ocho años después, podríamos repetir casi textualmente lo apuntado en esa ocasión, pero ahora referido a Juan Manuel Santos quien se marchó de la más alta magistratura del país vecino de la misma manera que su antecesor: derrochando odio y atacando a Venezuela. Es como si los presidentes colombianos necesitan dar examen de “buena conducta” para que al perder la inmunidad de la presidencia, que les permite hacer cualquier destrozo sin sufrir las secuelas, el imperio les conceda “un rinconcito en sus altares” como dice Silvio Rodríguez. 

Lo cierto es que más allá del aborrecimiento y la animadversión que la oligarquía colombiana (de la cual Santos y su familia son miembros conspicuos) ha sentido por Venezuela desde hace 200 años, Juan Manuel ha dejado la presidencia despreciado y rechazado por sus propios compatriotas, incluso en niveles más bajos que sus cuatro antecesores. Según encuestas publicadas por BBC Mundo, el rechazo a Santos en el momento de entregar su cargo ascendió a 61% de acuerdo a Invamer/Semana, mientras que para Gallup es de 59%, aunque habría que decir que esa cifra hace cuatro meses llegó a 73%. Su aprobación el martes 7 cuando abandonó el poder fue de solo 35% después de haber llegado al gobierno con 83%, lo cual es expresión clara del repudio que le profesan los colombianos. Vale decir que hasta Andrés Pastrana, uno de los presidentes más grises de las últimas décadas tuvo menor desaprobación con 54%. 

Santos se va, pero deja tras sí una impronta de muerte que es muy difícil de borrar. Según la Defensoría del Pueblo de Colombia, entre el 1° de enero de 2016 y el 3 de agosto de 2018 han sido asesinados 333 líderes sociales y defensores de derechos humanos en el país. Por su parte, el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) y el programa no gubernamental Somos Defensores registran más de 400 asesinatos en el mismo período. En lo que sí armonizan los datos de estas entidades es que desde la firma del Acuerdo de Paz entre las FARC y el Gobierno de Colombia en 2016, la cifra de asesinatos se ha elevado de manera alarmante. 

Solo en el mes de julio del presente año, el último del mandato de Santos, se contabilizan 30 líderes sociales asesinados, entre los que se destacan miembros de Juntas de Acción Comunal, militantes de la oposición política, excombatientes de las FARC, reclamantes de tierras, activistas que lideran programas de sustitución voluntaria de cultivos ilícitos, defensores de derechos humanos, docentes del sector público, campesinos, indígenas y afrodescendientes. 

Santos se va, seguramente a disfrutar de su premio Nobel de la paz, el mismo que Estados Unidos le compró en Noruega como pago por haber invadido militarmente a Ecuador cuando era ministro de defensa en 2008, por el asesinato de centenares de colombianos y por haber incorporado su país a la OTAN, tres claras acciones a favor de la paz según el desprestigiado comité que regala ese premio. 

Santos, se va, pero dejó ya en el año 2015, 4.770 niños wayuu muertos por hambre y desnutrición en la Alta Guajira según cifras entregadas en su momento por Javier Rojas Uriana, representante legal de la Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas Wayuu Shipia Wayuu. Solo en lo que va de este año 2018, han muerto 321 niños por desnutrición según el defensor del pueblo Carlos Negret: “…no existe ningún departamento de Colombia donde no existan niños que hayan muerto por desnutrición. 

Se va Santos, pero queda el déficit que dejó en el sector educativo que asciende a 600 mil millones de pesos (alrededor de 204 millones de dólares), cifra que según la Federación Colombiana de Educadores (FECODE) podría duplicarse antes de finalizar este año, todo lo cual ha significado que en este momento 1.446.295 niños se encuentren fuera del sistema educativo. 

Se va, Santos, pero ahora va a tener que enfrentar algo, esta vez nefasto para él: la guerra contra Uribe, tarde se dio cuenta, por lo que inició el contra ataque moviendo sus fichas dentro del Estado a fin de incriminar a su antecesor en alguna de las decenas de acusaciones ante la justicia que tiene pendientes. Pensaba que de esa manera, podría negociar una salida decorosa que significara la impunidad para los dos. 

Pero el expresidente Uribe no cree en reconciliaciones, el mismo día del cambio de gobierno desplegó un anuncio pagado en todos los medios de comunicación impresos, titulado “La herencia de Santos”, en el que a continuación se enumeran decenas de hechos y situaciones que desenmascaran el supuesto paraíso santista. OJO amigo lector, esto no fue publicado por el gobierno de Venezuela, sino por el Centro Democrático de Uribe, que algo debe saber de estos temas. En el mencionado afiche se puede leer que Santos dejó un país: 

1. Nadando en coca y con problemas de drogadicción. 

2. Sin desarrollo social. 

3. Con su economía deteriorada y saturada de impuestos. 

4. Sin la revolución de la infraestructura prometida. 

5. Con la salud en cuidados intensivos. 

6. Con mayor burocracia. 

7. Con corrupción y derroche. 

8. En manos del crimen organizado. 

9. Con otra imagen. 

Cada uno de estos puntos está ampliamente desarrollados puntualizando con detalles lo que se quiere demostrar, lo cual evidencia que los ataques de Santos a Venezuela son solo una cortina de humo, en el intento de escabullirse de la justicia que ahora lo perseguirá por los escándalos de Odebrecht y otras “cositas” se estarán investigando. 

No es de Venezuela, de la que tiene que preocuparse Santos, finalmente el gobierno venezolano es respetuoso de las decisiones que cada país tome, incluyendo si esto tiene que ver con juzgar a un presidente por corrupto, serán las autoridades colombianas y la justicia de ese país, la que resuelva qué hacer. 

Por eso, ante los hechos acaecidos en Caracas el pasado 4 de agosto, Venezuela ha actuado en el marco del derecho internacional y ha acudido al nuevo gobierno de Colombia para que no cargue con las responsabilidades de Santos, solicitando la entrega de los participantes en el hecho terrorista, que se encuentran viviendo en ese país. 

El comunicado oficial del gobierno de Santos sobre este atentado terrorista es que ese día, él se encontraba en el bautizo de su nieta Celeste. Alguien se encargó de recordar como casualidad que Michael Corleone en la película “El Padrino II”, ordenó asesinar a sus enemigos, mientras él estaba bautizando a su sobrino…claro, estaba hablando de una película, en todo caso, le deseo a Celeste, salud y una vida luminosa, la misma que su abuelo intentó negarle a los niños venezolanos por 8 años. 

Adiós Santos, como es habitual con los de tu calaña, es probable que corras a refugiarte en Estados Unidos, como todos los tránsfugas de este continente que buscan el abrigo imperial tras realizar sus tropelías en el uso del poder. Lamentablemente para ti, no podrás encontrarte con tu amigo Martinelli, ya Estados Unidos se lo entregó a Panamá, como hacen a veces los amos, cuando los lacayos ya no le sirven. Cuídate mucho allá en el norte, no vaya a ser que tengas una sorpresa similar.