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sábado, 28 de julio de 2018

Algunas reflexiones acerca de la conflictividad en el mundo del siglo XXI.


En un reciente programa de radio, el conductor del programa me preguntó si según mi opinión se estaba produciendo un reajuste del sistema internacional o si lo que estaba ocurriendo eran tan solo turbulencias coyunturales propias del capitalismo. Toda vez que tal interrogante fue hecha al comenzar el programa, me tomó de sorpresa porque suponía que el mismo transcurriría por otra ruta, sin embargo logré esbozar una respuesta que aunque satisfizo al periodista, me llevó a una reflexión posterior a fin de bosquejar una interpretación correcta de la dinámica tan caótica que se vive a lo largo y ancho del planeta. 

Creo que lo que se está produciendo es un reacomodo múltiple que se ejecuta en varios planos simultáneamente, como cada uno tiene orígenes distintos en el tiempo, en sus características y desarrollo, genera complejos y heterogéneos procesos y superpone variables que al expresarse en paralelo y al mismo tiempo, forja un sinnúmero de acciones, difíciles de entender y mucho más espinosas para analizar y explicar -por lo menos para mí- sobre todo porque el desenvolvimiento de estos procesos, produce contradicciones y crisis que están influyendo en la cotidianidad de los países, las sociedades y los ciudadanos. 

Un primer plano es el de las incompatibilidades que se generan en un mundo eurocéntrico, construido a partir de una visión abarcadora y totalizante de Occidente, que ha dominado el planeta desde hace más de tres milenios, creando una civilización que ha tenido enorme influencia en el idioma, la política, la educación, la filosofía, la ciencia y las artes. Sin embargo, la modernidad vive un empuje en primera instancia de China e India, pero también del mundo musulmán, que pugnan por ocupar un lugar más prominente en el escenario global. No hay que olvidar que en estos países y territorios germinaron algunas de las principales civilizaciones de la antigüedad, como la china, la india, la persa, la mesopotámica y la egipcia. Ninguna de ellas está en Europa o en el territorio del actual Estados Unidos, lo cual da una idea de que estos se impusieron finalmente por vía bélica y la de la usurpación, por el saqueo y el vandalismo continuado sobre todo en África y la América meridional y, por haber puesto el desarrollo de la ciencia y la tecnología al servicio de la guerra. Es evidente que ya en el siglo XX esto comenzó a cambiar y en el XXI la realidad es otra, lo cual genera tensiones no resueltas. 

En segundo lugar habría que decir que tal civilización occidental, de forma particular en el ámbito de la política, creó un modelo denominado democracia que –como se dijo antes- por vía de la fuerza ha querido imponerse como razón universal, forjando parámetros de comportamiento únicos, que marginan y excluyen otras ideas de la política establecidas a partir de experiencias y vivencias propias de otros pueblos. La democracia representativa de corte occidental, ha sufrido por cierto muchos cambios en el transcurrir de más de dos mil años, pero desde fines del siglo XVIII se ha impuesto como realidad incontrovertible y como instrumento de dominación de los poderosos que recurren a ella para sostener su poder y la violentan impunemente cuando no les resulta posible hacerlo. El mundo de hoy es testigo de la emergencia de otros sistemas políticos resultantes de procesos que consideran especificidades, culturas e historias particulares de determinados países. Esas naciones logran sostener sus modelos propios cuando consiguen acumular la fuerza suficiente para defenderlos del avasallamiento y la imposición, caso contrario son violentados, suprimidos y exterminados, en muchos casos incluso, en nombre de esa democracia que se dice sostener. Esto comienza a resultar insoportable por algunos pueblos y empieza a ser también foco de conflicto y tirantez internacional. 

El tercer plano de contradicciones es la mantención de una estructura obsoleta en el sistema internacional, que no responde a la correlación de fuerzas del mundo moderno ni a la realidad del mismo. Hay que recordar que esta estructura fue diseñada por los vencedores en la segunda guerra mundial para legitimar el poder propio sobre el planeta. La Organización de Naciones Unidas (ONU) fue fundada en 1945 por 51 Estados, entre ellos solo 4 de África, 8 de Asia y ninguno del Caribe, hoy existen 193 países independientes, lo cual es la primera y más palpable diferencia con el pasado. Pero, la contradicción más trascendente es la que existe entre un ente democrático como la Asamblea General donde todos los países tienen derecho a voz y voto y la dictadura del Consejo de Seguridad, en la que solo cinco Estados tienen el poder de decidir acerca de los problemas más acuciantes, complicados y difíciles relativos a la guerra y a la paz que son temas transversales, que preocupan a todos, y ante los cuales, las potencias “resuelven” casi siempre a favor de sus intereses políticos, en muchos casos violentando la opinión de la mayoría aplastante de los pueblos del planeta. Además de eso, cuando se produce un fallo contrario a la opinión de Estados Unidos, este país se siente con la autoridad para sobrepasar la institucionalidad de la ONU y actuar al margen de ella o, en otras situaciones, abandonar la estructura y no respetar los acuerdos que se han tomado, todo lo cual ha ido torpedeando la posibilidad de sostener una convivencia pacífica entre las naciones, objetivo fundamental para el cual fuera creada la ONU. 

Finalmente, enfrentamos un tema de coyuntura que tiene que ver con la agresividad imperial progresiva de Estados Unidos y Europa ante la perspectiva de perder la supremacía política y económica en el mundo. La expansión sin control del capitalismo, el afán desenfrenado de lucro y la concentración cada vez mayor de la riqueza en pocas manos, suscita desasosiego creciente en todas partes, toda vez que este modelo, si se quiere sostener en el estado de la situación actual, se tiene que imponer de cualquier forma. Ello conlleva en el plano internacional a la confrontación, los conflictos, la guerra económica, las sanciones económicas, la invasión y el avasallamiento en algunos casos de otros países y pueblos y en el plano interno, a la represión indiscriminada, el exterminio selectivo de líderes y dirigentes populares y sociales, el retroceso en el sostenimiento de logros en materia social obtenidos después de decenas de años de lucha, además de la violación del propio sistema creado, utilizando sus instrumentos para el logro de oscuros fines políticos de grupos minoritarios de la sociedad y, lo más novedoso, la justificación de todas estas tropelías a través de los medios transnacionales de la comunicación y sus adláteres locales, cuya perversa misión es buscar que los ciudadanos acepten que estas acciones son expresión de lo natural y normal de la vida, y la manera habitual como debe funcionar la democracia . Por supuesto, las resistencias de pueblos dignos y dirigentes preclaros a estas expresiones totalitarias van configurando parte del incremento de las complicaciones actuales, en la que la derecha conservadora se ha puesto a la ofensiva en nuestra región. 

Tal vez mirar este “mapa” del origen de la conflictividad, ayude a diseñar las tácticas más adecuadas para la lucha cotidiana, pero también para trazar una estrategia de liberación que permita establecer alianzas y compromisos, aislar al enemigo principal y construir una correlación de fuerzas que en cada país y de acuerdo a las condiciones propias, abra camino a una verdadera democracia de carácter participativo -hoy inexistente en buena parte del planeta- y a una sociedad mejor.

domingo, 22 de julio de 2018

Carta de amor a Nicaragua.


En el esfuerzo por conocer a China, su vida, su cultura, su idiosincrasia y su historia y tratar de entender lo que hoy está ocurriendo en ese país y las implicaciones que ello tiene y va a tener en el mundo, he terminado de escribir un libro en el que después de tres años de investigación y siete viajes a ese país, intenté sintetizar el vasto conocimiento adquirido, logrando comprender y aprender muchas cosas. Una de ellas, tal vez la más importante es que sus parámetros de comportamiento como individuos, como sociedad y como Estado emanan de una historia y una filosofía que no es la nuestra, a lo mejor esto es una verdad de perogrullo, pero creo que el desconocimiento de una afirmación tan elemental lleva a conclusiones erróneas que conducen a análisis incorrectos de la realidad de ese país y de las repercusiones que el acontecer de su vida política tiene en lo interno, y por supuesto en lo exterior.

Me di cuenta que el desconocimiento de su historia y filosofía, de la cual deriva su actuación política tiene fundamentos distintos de los de Occidente, entre ellos el concepto filosófico de tiempo. Me vi obligado -en el capítulo referido a este aspecto- dedicar un subcapítulo para explicar las diferencias en el uso del concepto tiempo para los occidentales y los orientales. Pienso que ahí radica parte importante de las incomprensiones entre ambas culturas y civilizaciones, lo cual, dado el poderío creciente de China en el siglo XXI tiene repercusiones planetarias.

Pero, no es de eso que quiero escribir hoy, lo anterior solo sirve de referencia para decir que he aprendido de China que los procesos sociales, sobre todo cuando son de transformación, se gestan y desarrollan en tiempos muy extensos, generalmente mucho mayores que la vida útil promedio de un ser humano de este siglo. A los occidentales nos cuesta mucho entender este hecho que es muy natural para los chinos.

Los procesos sociales, entre ellos los intentos de cambio revolucionario de la sociedad son fenómenos sumamente complejos en los que intervienen múltiples factores subjetivos que conducen a una metamorfosis del componente objetivo que está a la vista. El factor subjetivo más importante es el del papel del ser humano como sujeto de estos procesos, pero también el de aquellos que ejercen el papel de conductores, guías y/o dirigentes que orientan, aceleran, dan curso y establecen las prioridades de cada momento, así como del nivel, calidad y estructura de las organizaciones políticas que tienen la responsabilidad de servir como correas conductoras entre la sociedad y los que asumen la responsabilidad de dirigirla.

Se ha querido establecer una visión idealista de los procesos revolucionarios como si actores y sobre todo conductores fueran seres incólumes, ajenos a imperfecciones, inmunes a las deformaciones que la sociedad de clases impregna a todo aquello que recibe su influencia. Nada más falso. Lo que sí es claro, y ha sido demostrado por la vida y por la historia, es que en la medida de una mayor pureza, capacidad y sensibilidad de los conductores, los procesos pueden avanzar más rápido, mejor y sin correr los riesgos de la desaceleración o la muerte. Creo que quien se acercó en mayor medida a esa perfección fue el Comandante Ernesto Che Guevara quien además tuvo la extraordinaria visión de comprender que para realizar la transformación revolucionaria de la sociedad era necesario construir un “hombre nuevo”. Pero el Che jamás dijo que esa sería una tarea de corto plazo y que estaría vinculada de manera automática a la toma del poder o a la llegada al gobierno, mucho menos cuando esto se produce por vía electoral. 

Tal hecho, como todas las cosas de la sociedad y los seres humanos, no son absolutos, son como la vida misma, plena de complejas variables que en cada país se entrelazan para generar particularidades que hacen que ninguna mutación sea igual a otra. Los que opinan desde lejos deberían saberlo y no tratar de encumbrarse a un Olimpo donde nadie los ha ubicado, para emitir definitorias opiniones que muchas veces desconocen la realidad y que suponen recetas inmaculadas que deben ser cumplidas por todos en cualquier condición y en cualquier situación. La vida me dio la oportunidad de poder conversar varias veces con el más grande revolucionario de nuestra época: el Comandante Fidel Castro. Jamás escuché de él una opinión determinante, conclusiva, excluyente del sentir distinto del interlocutor. Supe de discernimientos absolutamente opuestos entre los propios y los de aquellos con quienes conversaba, pero jamás de una imposición o restricción por emanada de la diferencia.

La situación actual de Nicaragua, como la de Cuba en otros momentos e incluso la de Venezuela en años recientes, genera tal grado de polémica y desazón en determinados personajes, que a uno no le queda más que ser una vez más testigo de la fuerza que logran construir los medios de información del enemigo, capaces incluso de quebrar el raciocinio de quienes en el pasado dieron muestras fehacientes de integridad y ética. Recuerdo cuando ante el fusilamiento en Cuba de los terroristas que secuestraron un barco de pasajeros para llevarlo por la fuerza a Estados Unidos, José Saramago y Eduardo Galeano pusieron distancia con la isla de la libertad. La vida les dio tiempo para comprender los difíciles avatares que debe enfrentar una dirección revolucionaria cuando la cotidianidad los lleva a desafiar todos los días al imperio más poderoso de la tierra. Ambos se reconciliaron con Cuba y murieron como lo que fueron: dos grandes de nuestra época sin transigir, ni desmerecer de su condición revolucionaria.

Conozco Nicaragua, la conozco bien, no solo desde un escritorio y una computadora que es la trinchera que me toca ahora, sino desde el Golfo de Fonseca en el caluroso extremo noroccidental hasta el Río San Juan en la frontera con Costa Rica al suroriente, y desde Bilwi (antes Puerto Cabezas) en la región norte del Caribe nicaragüense hasta Peñas Blancas, paso fronterizo con Costa Rica sobre la carretera panamericana. A través de su territorio solo interrumpido por los lagos, conocí las minas de oro, el duro batallar de los mineros de Rosita, Siuna y Bonanza para extraer la riqueza de la tierra, recuerdo la constitución de las primera baterías antiaéreas en Puerto Cabezas con soldados que no tenían nombre porque no existían los registros de población, rememoro la instalación de los médicos cubanos a comienzos de 1980, en apartadas comarcas de pobladores misquitos, sumos y ramas del Caribe donde nunca había llegado un galeno y en las que los índices de contagiados con enfermedades curables superaba el 70% y los “ancianos” no llegaban a los 40 años. Recorrí los extensos campos de algodón del caluroso occidente chinandegano y leonés, visité las anchurosas zonas ganaderas de Chontales y Boaco y las insurrectas montañas del norte, que todavía respiraban el mismo aire que el general Sandino en las Segovias, Matagalpa, Madriz y Jinotega. Estuve y he vuelto muchas veces a ese sur heroico del departamento de Rivas, donde me hice hombre, guerrillero y revolucionario. Recorrí las calles llenas de historia de los pueblos de Masaya, Granada Estelí y Carazo y sus campos plantados de café y flores. Hice de Managua mi ciudad, caminé por sus mercados, por sus barrios orientales por los que un 20 de julio de 1979 pude todavía palpar el inconmensurable heroísmo de un pueblo que se aprestaba a curar las heridas de la guerra.

Pero no lo dejaron, no le dieron ni un instante de respiro. La primera Purísima (la fiesta religiosa más importante del país) que pasé en Nicaragua, la de diciembre de 1979 estaba al norte de Somotillo, en Cinco Pinos y el Variador al noroccidente del país, donde me habían ordenado trasladarme con una batería de artillería, subordinarme al Jefe de Batallón de Chinandega Iván Tercero Loáisiga, y estar listos para desplegarnos en combate y repeler una probable agresión de las fuerzas armadas hondureñas que estaban concentrando tropas en la frontera para provocar a la joven revolución triunfante. Diciembre de 1979, solo cinco meses de paz le concedió el imperio al pueblo nicaragüense!!!!!

Y todo sabemos lo que vino después…la guerra, la agresión artera desde Honduras, el bloqueo de los puertos, las sanciones económicas, el intento de rendir por muerte o por hambre al sencillo y abnegado pueblo que por tercera vez los había derrotado: a mediados del siglo XIX, cuando el mercenario Walker intentó crear una extensión de Estados Unidos en Centroamérica; a comienzos del siglo XX cuando el general Sandino y su Ejercito de Hombres Libres los hizo morder el polvo de la derrota y los expulsó del territorio nacional y ahora, en 1979, cuando los hijos de Sandino, hicieron huir al hijo de puta Somoza (como lo llamó Roosevelt). No perdonaron a Nicaragua y no la perdonarán jamás.

Siento el orgullo de haber sido un combatiente internacionalista de Nicaragua, cargo en mis hombros el honor de haber sido fundador del Ejército de Nicaragua, de haber podido colaborar en la formación de sus primeros jefes militares, bisoños guerrilleros exitosamente devenidos en líderes para construir la fuerza militar más poderosa de Centroamérica, más que por sus armas y su poderío bélico, por la fuerza de su conducta, por la dignidad y responsabilidad con la salvaguarda de su patria de sus hombres y mujeres, por el honor de ser hijos de Sandino, de Zeledón y de Andrés Castro.

Y alguien, tal vez con justicia me diga que eso es el pasado y que hoy la realidad es otra. Pero, es que volví a Nicaragua, lo hice en 2008 como embajador de Venezuela, como embajador de Chávez, y esta vez mi quehacer no fue exitoso, lo digo sin vergüenza y sin rubor, fuerzas oscuras conspiraron aquí y allá, para que me sacaran, ocurrió lo increíble, el embajador de Chávez fue sacado de Nicaragua por un gobierno sandinista. Pero, así son las imperfecciones de estos procesos. Al regresar conversé con el Comandante, no voy a revelar lo que me dijo, fue una conversación privada y él, lamentablemente no está para corroborar su contenido, pero estoy tranquilo, no tengo resentimientos y si lo traigo a colación no es porque desee hablar de ello, sino porque sin falsa modestia siento que puedo opinar sobre este país hermano, a pesar del maltrato y la humillación sufrida he vuelto muchas veces y he sentido el aprecio y el cariño de muchos compañeros y compañeras: los mismos del 79, los mismos del 84, los mismos del 89, los mismos de la resistencia a los 17 años de neoliberalismo, los mismos del 2007, los mismos del 2018. Ahí están, siguen luchando, dan la cara, aman su país, son sandinistas hasta la médula y no lo entregarán. Estén seguros de ello como lo estoy yo, combatirán hasta el final, ni se venden ni se rinden, jamás!

No bastan el maltrato y la humillación personal que sufrí aquí y allá para que yo deje de sentir un amor infinito por el pueblo nicaragüense. En este momento tan difícil que están viviendo, recuerdo dos cosas, la primera del Che cuando en un acto en Santiago de Cuba en noviembre de 1964 nos alertaba: "...porque es la naturaleza del imperialismo la que bestializa a los hombres, la que la convierte en fieras sedientas de sangre, que están dispuestas a degollar, asesinar, a destruir hasta la última imagen de un revolucionario, de un partidario de un régimen que haya caído bajo su bota o que luche por su libertad... Y recordemos siempre, que no se puede confiar en el imperialismo pero ni tantito así, nada”.

La otra me la dijo personalmente el Comandante Tomás Borge cuando lo visité en Lima, en fechas cercanas a su enfermedad y posterior fallecimiento “América Latina y sus procesos revolucionarios son muy complejos, hay quien puede confundirse o estar desorientado, en esos casos hay que saber donde está Fidel: ahí hay que estar”.

Cuando Nicaragua sufre los embates imperiales, posiblemente iniciados por errores de conducción, por fallas en la subjetividad de la dirección, por métodos y prácticas incorrectas, cuando se pretende retrotraer la historia, cuando la muerte y la destrucción disfrazadas de democracia se quieren instalar en la patria de Sandino de Rubén Darío y de Carlos Fonseca Amador nadie puede estar confundido, hay que estar donde está Fidel, o visto de otra manera hay que saber donde esté el imperio para ponerse en la trinchera del frente. Estar con Estados Unidos es estar con los enemigos de la humanidad. Lo dice el himno del FSLN. Los errores que se hayan podido cometer se tendrán que superar será el propio pueblo el que exigirá retomar el camino correcto, no habrá soluciones venidas desde afuera, menos del norte, tampoco de la OEA o de la CIDH, no será Almagro, el pupilo de Pepe Mujica el que vaya a dictar las pautas del “comportamiento correcto”. Como dice el periodista argentino José Steinsleger: “El pueblo sandinista decidirá. Mas no para que los escritores caigan en el prosaísmo de ser aclamados por consideraciones que exceden sus méritos literarios, o convirtiendo la paradoja en receta de buena ciudadanía”.

lunes, 25 de junio de 2018

Breves reflexiones acerca de los comicios presidenciales en Colombia


El pasado domingo 17 fue un día un tanto extraño en Colombia, aunque la noticia internacional que trascendió fue el de la realización de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en la misma fecha se conmemoró el Día del Padre, además, las preocupaciones de la mayoría de la población estaban puestas en los juegos de la Copa Mundial de fútbol que se celebra en Rusia.

Sin poder conocer la cantidad de ciudadanos que celebraron el comercial día en que se recuerda al forjador de nuestros días, si se supo que el futbol tiene mayores adeptos que la política, las elecciones y la decisión de aportar con el voto a la definición de quién sería el próximo presidente del país: un poco menos de 23 millones de colombianos presenciaron el juego México-Alemania de ese día, mientras que tan solo 19 millones acudieron a ejercer su derecho a elegir a su mandatario.

Aunque la última cifra, que representa a cerca de un 53% del universo electoral es un nuevo récord para un país tradicionalmente abstencionista, no deja de ser sintomático este fenómeno que tal vez cruce la realidad de la mayoría de los países de América Latina: comienza a haber una situación identitaria que supera a la democracia (tal como está concebida en la actualidad) y que se manifiesta en la búsqueda de nuevas formas de participación, conducentes a una felicidad y a una sensación de placer (transitoria) que no aporta el ejercicio de la política en sociedades cada vez más excluyentes. 

En el caso de Colombia, el segundo país más inequitativo de la región tras Honduras y el séptimo en el mundo según el Banco Mundial, resulta interesante estudiar en paralelo las razones del alto abstencionismo al mismo tiempo de tratar de entender que esa cifra haya disminuido en alguna medida en los recientes comicios. En este país que en el período 2006-2014 tuvo un crecimiento económico del 6,6%, es manifiesto que tal auge no significó un mejoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de la población, lo cual contradice las opiniones generalizadas de los economistas clásicos que entienden a esta ciencia como una danza de números que solo interesa en términos macroeconómicos. Son estos quienes a través de la historia, han ocupado los puestos en las áreas económicas del gobierno, el banco central y hasta la presidencia de la república.

Hay que recordar que el modelo oligárquico colombiano ha sido el más perdurable de la historia y el más “exitoso” en el logro de sus intereses exclusionistas de clase. El mismo ha permitido el establecimiento de una sociedad conservadora que ha modelado un tipo de democracia muy particular, en la que, a través de la historia, los dirigentes progresistas han sido apartados por cualquier vía, incluyendo la del asesinato, de la posibilidad de llegar al poder. En este sentido, el que Gustavo Petro haya concluido vivo la campaña electoral, es indudablemente un mérito de primer orden: Jorge Eliecer Gaitán en 1948, Jaime Pardo Leal en 1987, Luis Carlos Galán en 1989, Bernardo Jaramillo en 1990 y Carlos Pizarro en este mismo año, no pueden decir los mismo: tienen en común haber sido candidatos progresistas a la presidencia de Colombia que fueron asesinados en el intento. Es la forma tradicional a través de la cual la oligarquía colombiana aparta a quienes aspiran a cambiar la sociedad, en lo que se ha dado en llamar el mayor genocidio político de la izquierda en cualquier tiempo y en cualquier país. He ahí, el primer elemento de importancia a considerar en el análisis de la reciente campaña política de Colombia.

Habrá también que apuntar que si bien es cierto el bipartidismo cotidiano heredado de la colonia, fue defenestrado tras la victoria electoral de Álvaro Uribe Vélez en 2002, fue la propia oligarquía la que decidió que ante el agotamiento del modelo liberal-conservador, se debía recurrir a una nueva oferta para la cual fue seleccionado el hijo de una familia tradicional antioqueña vinculada al narcotráfico, sin que esto mellara un ápice en las supuestas impolutas conciencias de un sector dispuesto a cualquier cosa con tal de sostener el poder. El uso de la violencia como instrumento imbricado al “funcionamiento” de la democracia colombiana llegó a niveles de sofisticación extrema como política de Estado tras el arribo de Uribe al poder y en esa dimensión se ha sostenido, consolidado y ampliado. Sin embargo, una mirada a los resultados electorales en términos estrictamente cuantitativos puede llevar a concluir que, aunque estas políticas continúan teniendo millones de seguidores, desde el punto de vista cualitativo, es evidente que sus fuerzas comienzan a mermar mientras pareciera que la sociedad inicia un despertar tras su extendido letargo de 200 años. Esta es una segunda conclusión.

El sistema de castas aún presente en Colombia como expresión de una sociedad conservadora y cerrada también pareciera estar poniendo fin a su existencia en un parto que no será natural, sino que requerirá necesariamente de la utilización de fórceps que con innumerables dificultades hará nacer a la nueva criatura. No se puede esperar que un sistema tan retrógrado, atrasado y de tan larga duración pueda ser desplazado en cortos plazos de tiempo, sobre todo si hablamos de tiempos políticos. Así se desprende del alto número de jóvenes que optaron por Petro, contrariando la voluntad y la decisión tradicional de sus padres y abuelos. Ello es también la explicación de la diminución (leve) del abstencionismo. De mantenerse esta tendencia, lo cual dialécticamente parece inevitable, nuevas generaciones de jóvenes irrumpirán en la política colombiana, “refrescando” su ambiente al ser portadores de nuevas demandas y protagonista de novedosas luchas sectoriales en espacios que están siendo ganados a pulso, a las huestes conservadoras.

El nuevo presidente es clara expresión de esta sociedad colombiana retrógrada que a través de la historia ha enviado a sus hijos a las mejores universidades, a las academias militares y a las escuelas vaticanas, para que como políticos, militares o curas aseguren la continuidad del poder. En este sentido, la oligarquía colombiana ha resultado mucho más sofisticada que sus pares de la región. Iván Duque, prácticamente no tiene experiencia política, lo cual no impidió que fuera formado para el poder, donde llegó de la tenebrosa mano de Álvaro Uribe Vélez lo cual marcará un antipopular talante represivo y el establecimiento de políticas a favor de las grandes familias del poder en Colombia.

En este marco se inserta la reafirmación (después del triunfo electoral) de la decisión de modificar los Acuerdos de Paz de La Habana, lo cual en la práctica significará el fin de estos y/o el regreso a la guerra. Por otra parte, con el triunfo de Duque vuelve al poder la oligarquía rural terrateniente vinculada con el narcotráfico y el paramilitarismo que en alguna medida había sido desplazada por la oligarquía tradicional bogotana de la cual Santos y su familia son encumbrados representantes. No obstante lo cual, se puede augurar una alianza con la burguesía industrial exportadora, comercial y financiera, es decir aunque se produce un nuevo alineamiento de las fuerzas oligárquicas, el eje del poder fáctico cambia de dueño, lo cual augura un incremento del narcotráfico y de las actividades paramilitares que tendrán un apoyo más desembozado desde el poder, mientras que es de esperar que las medidas represivas contra sectores en pugna se mantendrán y elevarán a fin de asegurar la “estabilidad “ del modelo.

La alianza opositora con Petro a la cabeza obtuvo cuatro veces mayor cantidad de votos que el número más alto conseguida por algún candidato más o menos progresista en la historia. Eso es un buen augurio, sobre todo si se logra consolidar esa unidad, proyectarla al futuro y darle continuidad no sólo electoral, también orgánica y de lucha para dar conducción a las innumerables demandas del pueblo colombiano nunca atendidas por los gobiernos oligárquicos. 

Una tarea de primer orden es cumplir con la exigencia multitudinaria de frenar de inmediato los asesinatos selectivos de líderes sociales, campesinos y de derechos humanos, lo cual debe transformarse en bandera de lucha de la oposición de izquierda, sobre todo porque el talante del nuevo presidente presagia que esa política se mantendrá e incluso va a ir en ascenso.

El crecimiento de la superficie sembrada de cultivos de coca con el consiguiente aumento de la producción y exportación de cocaína hacia su mercado principal: el de Estados Unidos, permitirá a este país y al propio gobierno colombiano justificar la militarización de la sociedad, transformando al país en la principal amenaza a la estabilidad de la región, sobre todo ahora que Colombia se ha asociado con la OTAN, accediendo a que la mayor maquinaria bélica del planeta pueda asentarse en la región, intimidando a los vecinos que ahora estarán bajo riesgo de que las armas nucleares puedan hacer su presencia en una zona que había sido declarado de paz por la CELAC y libre de armas nucleares tras el Tratado de Tlatelolco de 1969. Esta política aceptada por Santos y revertida por él mismo tendrá segura continuidad con Duque. La guerra, el chantaje y las amenazas a la paz estarán siempre presentes en el discurso del presidente colombiano, mientras que, siguiendo la política iniciada por el General Santander, torpedeará cualquier inactiva de integración latinoamericana, acogiendo como propia la Doctrina Monroe y la subordinación el país a Estados Unidos, haciendo de este país una nación indigna de su origen bolivariano.

Siguiendo el legado bipartidista estadounidense adoptado por Chile y que ahora – con la nueva correlación de fuerzas- también pareciera estar alcanzando Colombia, las diferencias entre ambas coaliciones se manifiesta en lo interno mientras que en la política exterior Duque y Petro no tenían mayores diferencias: subordinación a Estados Unidos, presencia activa en la Alianza del Pacífico y de manera particular una identidad absoluta en sus ataques contra Venezuela, tema en el que ambos siguen al pie de la letra la política estadounidense de acoso, agresión y amenazas al país vecino.







viernes, 8 de junio de 2018

Carta abierta a Sebastián Piñera



Señor 
Sebastián Piñera 
Presidente de la República de Chile 
Palacio de la Moneda 
Santiago. Chile 


Señor presidente, como chileno y venezolano me dirijo a usted a fin de agradecer su decisión de no enviar un nuevo representante de su país a Venezuela. 

En primer lugar me parece muy sabio que no regrese el señor Pedro Felipe Ramírez nombrado por su antecesora, quien tiene cierta fama de promiscuo en su vida privada, (cosa que no me consta), pero es lo que se comenta en ciertos corrillos diplomáticos de Caracas y también en el Dominó, Tavelli o en el café Haití de Santiago lugares a los que he acudido en diferentes momentos y donde al saberse que resido durante algún tiempo en Venezuela, se han acercado algunos parroquianos a exponerme sus quejas, como si fuera mi responsabilidad velar por la catadura moral de los miembros del cuerpo diplomático chileno. Aprovecho de decir que respeto lo que cada quien haga con su vida, por lo que invariablemente no me he hecho eco de tales perversos comentarios, y los repudio contundentemente. 

Pero, por otro lado, quiero felicitar su inteligente determinación de no enviar un diplomático que provenga de sus filas a Caracas. Es algo que los pueblos chileno y venezolano le sabrán agradecer, sabiendo que el aire de Caracas permanecerá un poco más limpio sin la putrefacta presencia de uno de sus colaboradores, cuando sabemos que se corre el riesgo que algún pinochetista, posiblemente torturador, asesino o partícipe de violaciones de derechos humanos pueda estar en la ciudad cuna del Libertador Simón Bolívar en representación del heroico pueblo chileno. Sería algo muy difícil de digerir y de aceptar, sobre todo porque enrarecería aún más las ya difíciles relaciones entre los dos países. 

También se corre el riesgo que el nuevo embajador sea algún amigo de sus correrías cuando estafó el Banco de Talca en agosto de 1982, (no es algo que diga yo, sino el ministro de la Corte, Luis Correa Bulo en su dictamen sobre el caso) huyendo del país protegido por la CIA a solicitud de su padre, para regresar libre de polvo y paja gracias a que su hermano José, ministro de Pinochet, abogó ante su jefe para que su delito quedara impune. Para ello el dictador le ordenó a la ministra de justicia, la tristemente recordada Mónica Madariaga que cerrara su expediente. Usted mejor que nadie sabe, que las relaciones que se establecen en el mundo de las estafas bancarias no son muy puritanas y no sería bueno que algún colega suyo de esos años, vaya a Caracas, porque esas prácticas no tan sanas deben estar alejadas del quehacer cotidiano de la diplomacia. Estoy seguro presidente, que Usted coincidirá conmigo en este aspecto. 

Años después, usted entró en contacto con Julio Ponce Lerou, yerno de Pinochet, y se involucraron en el caso Cascadas, la verdad es que cada quien tiene derecho a elegir sus amigos, pero para lo que nos ocupa, que es la posibilidad o no del nombramiento de un embajador suyo en Caracas, no parece apropiado. Se corre el riesgo que Ponce Lerou tan acostumbrado a financiar… mejor dicho, asesorar a los políticos de todos los partidos de su país, termine recomendándole a alguno de sus amigos comunes en la embajada en Caracas, a cambio de algún dinerito que nunca viene mal. No se lo permita, presidente, a pesar de que él es de su misma investidura (le confieso que pensé en escribir “de su misma calaña”, pero lo evité porque no es una palabra apropiada para un presidente), corre el riesgo de inducirlo a un error. Le pido me disculpe la ocurrencia, es que a veces me lleva a la confusión acordarme que en Chile usted es conocido por su apodo “piraña”. 

No se deje presidente, no creo que sea recomendable, en Venezuela todo lo que huela a Pinochet resulta repulsivo, sobre todo, a los venezolanos les resulta difícil no se logra comprender cómo los chilenos pueden seguir viviendo en una situación de ilegitimidad, bajo una constitución que no aprobó el pueblo, sino que fue impuesta por el dictador, más sorprendente resulta aún que usted y sus antecesores se solacen hablando de democracia, cuando esta se práctica solo “en la medida de lo posible”, como dijo uno de los artífices civiles del golpe de Estado contra Salvador Allende, el ex presidente Aylwin, quien debe estar junto al diablo riéndose de sus ocurrencias en La Moneda. 

Así mismo Presidente, he sabido que a usted le gusta nombrar a sus hermanos como embajadores y que la élite chilena está dispuesta a permitir casi todo, pero no que en Chile se establezca una monarquía. Usted, aunque se parezca, no es Napoleón Bonaparte, quien si pudo poner a su hermano donde quiso, además debe recordar que aparte de la guerra que Pinochet y los suyos declararon al pueblo, usted no ha ganado ningún combate, salvo los que ha entablado contra la justicia, lo cual no es ninguna gracia para un millonario en Chile. Pero, debe saber usted que el sistema político de Chile es republicano, no porque lo quiso Pinochet, sino que por ello, miles de chilenos bajo liderazgo de O´Higgins, Carrera y Manuel Rodríguez entre otros próceres, lucharon y derrotaron a Mariano Rajoy…disculpe el lapsus presidente, es que siempre confundo a ese señor con Marcó del Pont, el sátrapa español que gobernó Chile a comienzos del siglo XIX…debe ser por lo de sátrapa. Pero bueno, presidente, lo que le quería decir es que no permita que los habituales chupamedias de oficio le recomienden enviar a su hermano José a su embajada en Caracas. La Constitución venezolana impide establecer modelos neoliberales, reprimir a los trabajadores, hacer constituciones ilegales, privatizar los fondos de pensiones y establecer modernizaciones de corte fascista. Pienso que su hermano se aburriría mucho en Caracas, sin poder hacer las gracias que le permitió Pinochet mientas asesinaban, torturaban y reprimían al pueblo chileno. 

Ya sé que no fue su culpa lo del fallido intento de enviar a su hermano Pablo de embajador a Argentina, pero si es su responsabilidad presidente, tener un canciller tan penca, un tipo que de derecho internacional no sabe nada y que blasona un estandarte de ignorancia tras una mediocridad intelectual disfrazada de novelista, gracias al dinero de la derecha europea en pago por haber aceptado su papel de converso, con el que encubre la cobardía y el fracaso que no le permitió llegar donde quería en sus años juveniles. Nadie lo obligó a ponerlo ahí, debe saber presidente, que su canciller es “escritor” de ficción, y que como tal puede inventar cualquier cosa, pero la política en general y la política exterior en particular se conforma con actores reales y hechos reales, además se soporta en el conocimiento del derecho y la historia, de lo cual adolece su ministro, como quedó claramente demostrado ante el mundo en la reciente reunión ministerial de la OEA donde hizo el ridículo ante las delegaciones de los gobiernos de la región. No sé presidente, si logró ver la mueca de asco que mostró el representante de Trump en la OEA cuando hablaba su canciller. No creo que lo haya visto, porque eso no lo muestran en CNN en español que debe ser su principal vía de comunicación, es además una manera de informarse que nos lleva a entender –después de escucharlo- porque siempre parece que usted anda despistado en asuntos de política internacional. 

El Chile decente, que es la aplastante mayoría, que sabe que a través de la historia tuvo entre sus diplomáticos a Eduardo de la Barra, Alberto Blest Gana, Luis Enrique Délano, Pablo Neruda y Vicente Pérez Rosales, entre otros, esos si escritores de verdad que dieron prestigio y generaron respeto hacia el país, debe sentir una profunda vergüenza de tener a este seudo intelectual como canciller. 

Sé que Usted me puede refutar diciendo que cada quien es dueño de hacer el ridículo donde quiera y es verdad, lo que pasa que en este caso, se hace con cargo al fisco y al bolsillo de todos los chilenos, y eso no me parece correcto, incluso si la constitución de Pinochet lo permite. 

Finalmente, me han dicho que usted ha estado pensando en liberar a los criminales, asesinos, torturadores y violadores presos en la cárcel cinco estrellas de Punta Peuco, la que usted pretende cerrar aduciendo que esas basuras humanas merecen un trato humanitario para transitar los años finales de sus vidas. Yo no me debería meter en eso, pero es claro que a usted le preocupan más los victimarios que las víctimas, por eso usted retiró el proyecto de ley para reparar a víctimas de la dictadura, por eso también, usted le paga 170.000 pesos mensuales como indemnización a las víctimas y 2.300.000 a los victimarios, porque en el fondo usted ama esos asesinos y odia y desprecia al pueblo, recuerde que por usted sólo votó el 26,5% de los chilenos, presidente, solo le quería recomendar que si libera a los asesinos de Punta Peuco, no se le ocurra mandar a ninguno de ellos de embajador a Venezuela, lamentablemente para usted sería rechazado, y eso tampoco ayudaría al mejoramiento de las relaciones. 

Debo decirle, que las relaciones y los vínculos entre los dos pueblos están en su mejor momento, incluso como se vio en la reciente votación en la Cámara de Diputados, hay una cantidad mayor de representantes populares que rechazaron su política contra Venezuela, que es la misma del gobierno anterior, lo que significa que el pueblo está eligiendo de otra manera. Así mismo, las muestras de solidaridad del pueblo chileno con Venezuela son infinitas y eso no lo va a poder evitar usted ni nadie, señor presidente. 

Es su potestad enviar embajador o no, le reitero mi agradecimiento por tomar la decisión de no enviar a alguno de sus amigos, porque las relaciones entre los pueblos de Chile y Venezuela siempre se han mantenido en un alto nivel, incluso durante la dictadura de su amado general Pinochet, e incluso también cuando su antecesor Ricardo Lagos fue el primer jefe de Estado del mundo que reconoció la dictadura impuesta en Venezuela tras el golpe de Estado contra el presidente Chávez en 2002 y que el pueblo venezolano depuso en menos de 72 horas con el apoyo de las fuerzas armadas, esas relaciones no se van a romper porque Usted no quiere mandar a su embajador, los venezolanos pueden esperar a “que se abran las grandes alamedas nuevamente” para tener un digno representante del pueblo chileno en Caracas. 

Ah, Presidente, se me olvidaba, me permito hacerle una última solicitud que no guarda relación con el tema de esta misiva, pero por favor presidente, no se atragante hablando de democracia, cuando todo el mundo sabe que usted es un furibundo apasionado de la dictadura, o acaso ¿no es verdad que su campaña electoral finalizó con el grito “¡Viva Chile y Pinochet!”? 

Muchas gracias por atenderme, señor presidente

domingo, 3 de junio de 2018

Una democracia de ficción que persigue a amigos y enemigos.


Tal vez como nunca antes en la historia, el sistema occidental de democracia representativa está atravesando un período de fuertes turbulencias, y no sólo en términos económicos lo cual es recurrente desde 2008, también en el plano político. 

Los recientes acontecimientos en Italia (donde la inestabilidad política es normal desde el fin de la segunda guerra mundial) y sobre todo en España, dan cuenta de manifestaciones particulares del ejercicio de la democracia, que sin ser ilegales, ya que se inscriben en los marcos constitucionales establecidos en cada uno de esos países, son ilegítimos e inmorales toda vez que en ambos casos, se cambian gobiernos al margen de la decisión y opinión popular, ¿no nos dijeron durante siglos que la democracia era el gobierno del pueblo y que la soberanía residía en ese mismo pueblo? Pues en Italia y España, la “salida” a las crisis políticas se ha realizado como acuerdos de élites que responden más a una lógica matemática que a una democrática. 

En el caso de Italia, una vez más se votó y eligió a un gobierno, esta vez de ultra derecha, sólo que el mismo se orienta a señalar que la pertenencia del país a la alianza europea y consiguientemente al euro son los causantes de la crisis que se vive, por lo que proponen la salida de las dos instancias, lo cual significaría un duro golpe a la integración europea, considerando que estamos ante la tercera economía más grande de la Unión Europea (UE) (ya sin contar a Gran Bretaña). El establishment escrutó el peligro y rechazó al ministro de economía propuesto quien seguramente apostaría por seguir el camino de los súbditos de la reina Isabel, saliendo de la UE y abandonando el euro como moneda única, marcando en este caso una pauta muy difícil para la región de cara al futuro, sobre todo en tiempos en que están siendo maltratados y humillados de forma vehemente por su aliado y hermano mayor Estados Unidos. La respuesta del sistema fue “elegir” un primer ministro “a dedo” en una práctica muy alejada de la democracia de la que se dicen exponentes, el nominado fue Carlo Cottarelli, ex funcionario de alto nivel del FMI, elegido por un voto: el del presidente. Sin embargo, la maniobra fracasó, las élites se volvieron a poner de acuerdo y la ultra derecha ha sido nuevamente llamada a formar gobierno. 

En España, el ejercicio de la democracia se ha circunscrito al cálculo numérico desde que se dio a conocer el fallo judicial respecto del mayor escándalo de corrupción en la historia de ese país: la ideología, los valores y los principios pasaron a un segundo plano durante estos días. Aunque tal hecho es conocido desde hace muchos años por la opinión pública, la ultra derecha franquista se ha sostenido en el poder por la fuerza del engaño y la mentira, las insanas alianzas de cúpulas partidarias (incluso con los que hoy los han defenestrado), la banca y los medios de comunicación ha permitido construir un “insigne” entramado de democracia, solo sostenido con la amenaza, el chantaje y la represión. 

La acusación por corrupción contra el PP como partido y varias decenas de sus líderes en individual, develan una trama putrefacta que incluye hasta ahora a Luis Bárcenas ex tesorero de ese partido y su esposa, además la ex ministra de salud y ex vice secretaria general de esa organización Ana Mato, entre otros. En un hecho probablemente sin antecedentes en la historia de España y del mundo, el juez ha condenado al partido Popular por beneficiarse de una trama corrupta. En pocas palabras, estamos hablando de un partido de delincuentes, una organización creada para hacer trampas a fin de adueñarse del poder y perpetuar el ideal franquista de persecución, ilegalidad y muerte, a favor del gran capital. Pero, lo más curioso no ha sido esto, sino el hecho de que durante décadas este grupo mafioso se ha ufanado de transmitir el ideal democrático en Europa y sobre todo en América Latina. 

Curioso también resulta que tras el fallo del juez español acusando al PP y a sus dirigentes, su otrora socio de correrías, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se apresuró a presentar una moción de censura del gobierno, la cual condujo a que Mariano Rajoy, fuera destituido como presidente de España y Pedro Sánchez, secretario general del PSOE accediera a la más alta magistratura del gobierno español. El PSOE sabía que solo por esa vía podía llegar al poder, considerando que las urnas electorales no le daban para hacerlo. Esta vez, hubo más votantes si se compara con Italia: 350, de los cuales 180 votaron por la destitución del franquista. Pero al igual que en Italia, el pueblo estuvo ajeno a la decisión. Repito, todo se ha desarrollado en el marco de la legalidad, no es cuestionable desde ese punto de vista, sin embargo, resulta novedoso que países que pretenden dar lecciones de democracia en el mundo produzcan decisiones tan trascendentales al margen de la voluntad popular que debió haber sido llamada a manifestarse para elegir sus altas autoridades. ¿Por qué estos sistemas indirectos son legítimos y no lo es el de Cuba? Me podrán decir que el sistema cubano es unipartidista, pero ¿para qué se necesita un sistema de múltiples partidos, si la mayoría actúa como el PP, aunque no los hayan descubierto todavía? El PSOE y Pedro Sánchez han llegado al gobierno sin que haya habido elecciones y tras haber perdido dos comicios consecutivos. Uno pensaba que el colmo había sido Trump que ganó sacando menos votos, pero la “democracia” siempre enseña algo nuevo. 

Ese sistema ilegítimo es el que permite que de este lado del Atlántico, exista la democracia de Sebastián Piñera, el estafador del Banco de Talca; la de Peña Nieto, de 103 candidatos asesinados durante el actual proceso electoral, 48 periodistas ultimados bajo el mandato del PRI y el partido Verde, además de las 25 mil desapariciones habidas en los últimos seis años de gobierno, cifra muy superior a la que produjo el mismo Pinochet y cercana a la que desató la dictadura argentina de Videla, Massera, Viola y Galtieri; la democracia de Colombia con un sistema electoral en el que los votos son elaborados en fotocopiadora por los mismos “electores”, donde han sido asesinados centenares de dirigentes sociales y de derechos humanos, y miles de niños wayúu muertos por desnutrición por la negligencia del Estado, mientras su presidente está preocupado por incorporar a su país a la OTAN, la peor máquina de guerra y muerte del mundo; la de Temer, actuando desde la ilegalidad (esta si claramente al margen de la ley) para privatizar el país y entregarlo al capital extranjero, para lo cual no ha escatimado el uso de la represión y un aparato institucional podrido y corrupto, la de Kuczynski, que convocó una cumbre para debatir sobre corrupción, sin que pudiera participar tras su caída precisamente por esa razón. 

Los acontecimientos recientes obligan a preguntarse qué tipo de democracia se pretende construir, ¿es realmente el gobierno del pueblo? o ¿es solo un instrumento usado para acceder al poder y utilizarlo para favorecerse a sí mismo y a las grandes empresas que financian las campañas? Esta pudrición también ha tenido efectos planetarios. 

A nivel global se está manifestando una crisis moral entre las élites que controlan el poder. Las actuaciones internacionales del presidente Trump han desbordado los habituales y hasta si se quiere comprensibles ataques a Rusia y China, Irán y Corea del Norte, Cuba y Venezuela, países caracterizados por no seguir los dictados imperiales. En este ámbito, lo novedoso es el desprecio que ha mostrado Trump por sus aliados y amigos: Europa, Canadá y México, aplicando sanciones que según el coro de quejas “afectan y distorsionan el comercio internacional de mercancías”. Lo dicen países que están aplicando sanciones económicas contra Venezuela y otras naciones: Europa participa gustosamente de medidas restrictivas del comercio con Rusia y contra Corea del Norte y está amenazando a China. Hago una pregunta elemental: ¿por qué lo que le hacen a ellos es ilegal, cuando ellos mismos se lo están haciendo a otros países? 

La Secretaría de Economía de México ha dicho que tales medidas no “son adecuadas ni justificadas”, suponiendo que Estados Unidos ha justificado alguna vez la implementación de medidas punitivas contra quien sea. En este caso, la lealtad perruna de México no ha sido óbice para que se haya convertido en blanco “adecuado y justificado” del “America first”. Pero, mucho más allá ha ido Canadá, en el colmo de la desvergüenza, el primer ministro Justin Trudeau ha recordado que Canadá ha seguido a Estados Unidos en todas sus aventuras imperiales desde la segunda guerra mundial, por lo que no comprende que se le pague de esta forma. 

Por su parte, Alemania ha advertido que al “América primero” se le responderá con “Europa unida”, a lo que el usuario de twitter 24Charliejoe ha agregado “Pero igual se bajan los pantalones”. El presidente francés por su parte ha caracterizado los aranceles establecidos por Estados Unidos contra Europa como “ilegales”. La primera ministra británica ha proclamado que “la UE y el reino Unido deberían estar permanentemente exentos de aranceles” y dijo que estaba “profundamente decepcionada”. Pero, por otro lado, ante la crisis desatada por Trump y conscientes del papel subordinado que han estado jugando en el conflicto que Estados Unidos ha planteado contra Rusia, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker se ha apresurado a llamar al “cese de los ataques anti rusos” y a hacer un esfuerzo para “reconectar con Rusia”. Estas declaraciones han “coincidido” no solo con las furibundas acciones económicas de Trump contra Europa, también con la llegada al poder de la alianza de derecha en Italia que a mediados del mes de mayo había hecho saber su opinión favorable al levantamiento de sanciones contra Rusia lo que pudiera comenzar a hacerse efectivo en el corto plazo, pudiendo tener un efecto dominó en la Unión Europea y un debilitamiento de las medidas ordenadas por Estados Unidos a Europa contra el gigante euroasiático. 

Como se dijo al comienzo, el escenario internacional pasa por turbulencias propias de la crisis de un sistema democrático que no es capaz de controlar los afanes imperialistas que conducen a la sobre acumulación y la obtención de ganancias a cualquier precio, incluyendo la guerra y la devastación del planeta, poniendo incluso en peligro la estabilidad del propio sistema capitalista que se dice proveedor de mejoras en las condiciones de vida de la ciudadanía. Las evidencias nos señalan que la realidad es otra: una democracia en crisis, una economía paralizada, que Estados Unidos pretende seguir sosteniendo con más guerra, más sanciones, más amenazas, solo que ahora no es sólo contra los enemigos, los amigos también cayeron en sus garras.

sábado, 26 de mayo de 2018

En el bicentenario del asesinato de Manuel Rodríguez ¡Aún tenemos patria, ciudadanos!


Voy a hacer un paréntesis en mis temas habituales. Sé que hay muchos asuntos importantes para tratar, pero debo cumplir un compromiso de honor. Mañana 26 de mayo se cumplen 200 años del asesinato de Manuel Rodríguez, el Guerrillero de la Independencia de Chile. Para mi conciencia hubiera significado cargar un peso muy difícil de llevar, si hubiera dejado pasar la fecha. He aquí una modesta contribución a que esta efeméride no pase inadvertida. El texto es parte de un trabajo más amplio que forma parte de un libro que estamos preparando con otros dos colegas y amigos para cumplir el mismo objetivo. 

Manuel Rodríguez nació en Santiago de Chile, el 25 de febrero de 1785. Desde su más temprana niñez demostró una inteligencia fuera de lo común, las calificaciones obtenidas en sus estudios denotaban que era un joven destacado, aplicado, laborioso y cumplidor. Sus maestros del Colegio Carolingio y la Universidad de San Felipe no escatimaron palabras para resaltar sus dotes intelectuales y su talento. Su amor por la lectura amenizó su vida desde los primeros años, pasando largas horas en la biblioteca de su padre, una de las mejores provistas de la ciudad 

El primer cargo público ocupado por Manuel Rodríguez fue el de Procurador de Ciudad, para posteriormente asumir las carteras de Guerra, y de Gobierno entre noviembre de 1811 y julio de 1812 y Hacienda, entre agosto y octubre de 1814 durante los diferentes mandatos de José Miguel Carrera. En todos ellos fue capaz de exponer una integridad a toda prueba y una encomiable disposición para el trabajo. En el desempeño de sus funciones debió confrontar retos provocados por el rechazo que su impronta iba dejando. La mediocridad del entorno lo perseguía, de la misma manera que las rivalidades que algunas familias oligárquicas manifestaron desde siempre contra él y sus hermanos. 

El descalabro en Rancagua el 1° y 2 de octubre de 1814, no tuvo igual impacto en todos los patriotas. Los ricos huían desesperadamente y ante tal situación, los de menos recursos seguían el mismo camino en la medida de sus posibilidades, la desmoralización hacía presa de soldados, mujeres, niños y ancianos, mientras que el abandono de las propiedades de quienes huían, era seguido por el saqueo, el robo y hasta impúdicos asesinatos. Para Manuel Rodríguez, las penalidades fueron de orden superior al no admitir presencia en uno ni en el grupo de Carrera ni en el de O´Higgins, mientras pensaba en la mejor manera de contribuir a la libertad de su tierra. Sin embargo, en el entorno, la estancia de los patriotas chilenos en el exilio de Mendoza significó el lamentable y definitivo distanciamiento entre José Miguel Carrera y Bernardo O´Higgins, así también dio inicio el largo rosario de divisiones entre los luchadores chilenos por la libertad. 

En el ámbito de esos aprestos, el genio militar de San Martín comprendió que era básico contar con información precisa del enemigo. Su conocimiento de la guerra le indicaba que la exploración, información e inteligencia eran aseguramientos combativos sin los cuales era imposible organizar de manera exitosa una empresa como la que estaba preparando. 

Enterado de estas necesidades, Manuel Rodríguez pensó que podía servir en estas misiones como enlace, observador y correo para el general rioplatense en sus imprescindibles labores de preparación de las condiciones para el arribo exitoso del ejército libertador a tierras chilenas. Así se lo hizo saber, ofreciéndose para retornar a su país a fin de desarrollar tales funciones. A pesar de todos los corrillos y patrañas de mala fe que le habían llegado sobre la figura y personalidad del enjundioso abogado chileno, San Martín, no dudó que podía ser útil para los objetivos que se proponía, se dio cuenta muy rápidamente que Rodríguez llenaba los requisitos por la admirable audacia, inteligencia y voluntad que transmitía, por lo que le entregó de inmediato delicadas misiones, las que además encaraban un gran riesgo personal. 

San Martín comprendió que el carácter delicado de la misión, obligaba a elaborar un plan de desinformación, que ocultara las acciones que Rodríguez habría de desarrollar a fin de darles protección a él y a su tarea. En ese contexto, hizo circular la afirmación que Rodríguez había viajado hacia el este, a San Luis siguiendo los pasos de José Miguel Carrera quien se había trasladado por la fuerza de las circunstancias a Buenos Aires. Mientras eso se transmitía como un reguero de pólvora por la ciudad, Manuel Rodríguez viajaba en sentido opuesto, emprendiendo nuevamente, -pero ahora en dirección contraria- el cruce de la cordillera para volver a su patria afligida, bajo las férreas medidas del gobierno español, que haciendo uso de brutales acciones represivas, intentaba impedir cualquier atisbo de independencia. 

A partir de este momento, se puso en práctica la inaudita audacia de Manuel Rodríguez, devenido en guerrillero encargado de llevar adelante la noción sanmartiniana de “guerra de zapa”, entendida como la forma en que se iba a “alarmar a Chile, seducir las tropas realistas, promover la deserción, figurar los sucesos, desconceptuar los jefes, infundir temor a los soldados y procurar desconcertar los planes de Marcó” Rodríguez desempeñó el papel más relevante en el cumplimiento de esta misión, aunque no el único, también destacaron Diego Guzmán, Ramón Picarte, Miguel Ureta, Pedro Alcántara, Juan Pablo Ramírez, Domingo Pérez, Antonio Merino y José Antonio Álvarez Condarco, sin embargo ninguno estuvo a la altura del ingenio, la creatividad conspiradora y el optimismo de quien comenzó a construir una leyenda que aún hoy perdura como expresión de la inteligencia natural, el valor y la inventiva del pueblo chileno. 

A partir de ese momento -y aunque no ha sido verificado- se supone que cruzó la cordillera en variadas ocasiones, estudiando caminos y rutas de desplazamiento para el ejército libertador, observó el despliegue de las fuerzas enemigas en ciudades y aldeas, sumando además sus grandes dotes persuasivas para convencer a los chilenos de la necesidad de apoyar a las fuerzas de San Martín que se preparaban para la invasión desde el otro lado de la frontera. Sus arengas hablaban de un futuro mejor tras la independencia, pero al mismo tiempo trazaba el itinerario de esfuerzos y sacrificios para lograrla, utilizando su proverbial energía, su incansable voluntad de trabajo, su capacidad de trasladarse en plazos muy breves de uno a otro lugar del país, recorriendo tenazmente cada rincón a pie, caballo o burro, aprovechando su facultad de mimetizarse y disfrazarse entre las diferentes capas de la población, especialmente del sur agrícola, recabando el apoyo de los campesinos, que caían embrujados por el poder de su verbo y la convicción de victoria que transmitía, todo lo cual le fue granjeando una credibilidad y una confianza que se fue transformando en apoyos para la causa independentista 

Unas veces disfrazado de minero, otras de humilde campesino, de huaso o de pordiosero en las ciudades, fue tejiendo su propia leyenda, que difundida de boca en boca por el pueblo, aunaba a la realidad, diversos rumores surgidos de la creatividad popular, los cuales fueron generando un mito, que como ningún otro instrumento, sirvió para los objetivos que San Martín se había propuesto. 

Manuel Rodríguez hizo de la provincia de Colchagua el centro de su actividad, no sólo San Fernando, su ciudad más importante, los pueblos y los campos de esa región fueron objeto de la dinámica actividad guerrillera, desarrollada durante todo el año 1816 y hasta el día de la Batalla de Chacabuco. Su infatigable capacidad le permitió reclutar nuevos adeptos y comenzar a golpear al enemigo en su retaguardia, causándole importantes bajas, más por el efecto sicológico de tropas que no estaban acostumbrados a enfrentar a un enemigo “invisible” que por la magnitud de las pérdidas recibidas, las cuales sin embargo, no se pueden minimizar en el contexto de la guerra. Decenas de campesinos incorporados a su novel ejército sin mayor cercanía previa a la causa independentista, se van impregnando del sentido de patria que Rodríguez les va inculcando en la lucha. 

Pero, tal vez el aporte más importante que hace es el de recopilar valiosa y precisa información sobre el despliegue del ejército español, las características de sus fortificaciones y el estado moral de las tropas, todo lo cual va haciendo llegar de forma oportuna a San Martín, que ante los evidentes éxitos de su enviado, incrementó los aportes financieros y logísticos, ampliando el espacio de las acciones, hasta que el 4 de enero, en una acción de extrema audacia, Manuel Rodríguez asaltó y tomó la ciudad de Melipilla, en las cercanías de Santiago, en lo que suele considerarse como “el inicio de las acciones patriotas insurgentes en el territorio nacional, durante el período de la Reconquista” y “el primer asalto a una localidad, realizado en el territorio nacional ocupado por el ejército español”. Así mismo, en el marco del necesario aumento de las acciones, preparatorias de la irrupción del ejército libertador en Chile, fuerzas al mando del guerrillero atacaron San Fernando y Curicó, creando un verdadero descalabro en el esquema defensivo español y el caos en el mando realista que no sabía cómo enfrentar estas acciones. En su paso por estas ciudades el verbo encendido de Rodríguez se dejó sentir a través de proclamas o escritos que instaban a la ciudadanía a desconocer el poder monárquico e incorporarse a la lucha por la libertad de la patria. 

En sus escritos, que puntualmente hacía llegar a San Martín, también manifestaba una visión clasista de la lucha en las que delimitaba claramente el papel coyuntural que jugaban los grupos aristocráticos de la sociedad y el papel más efectivo de los sectores populares, así como los anhelos que expresaban al incorporarse a la confrontación. Su intercambio epistolar con San Martín es prueba inequívoca de su convicción de que la nobleza y el “primer rango de Chile” al que consideraba “despreciable”, no eran necesarios para el futuro del país, pero comprendió y así se lo hizo saber al libertador rioplatense que había que entenderse con ellos por necesidades tácticas por lo cual no se debía “prepararles guerra hasta cierto tiempo”. 

Nadie mejor que el propio Marcó del Pont, podía explicar el alcance de la actividad revolucionaria de Manuel Rodríguez. En carta dirigida al Virrey del Perú, expuso que: “Manuel Rodríguez, joven corrompido, natural de esta ciudad, secretario e íntimo confidente de don José Miguel Carrera, con quien fugó al otro lado de los Andes, fue mandado el 24 de diciembre de 1815, con otros sus iguales para preparar el ánimo de los residentes. Rodríguez no perdió tiempo en el ejercicio de su misión, formó un complot con varios vecinos de los partidarios del sur; los bosques de sus haciendas y sus casas mismas le albergaron, facilitándole cuantas proporciones podía apetecer para el logro de sus designios. Esta ciudad fue su mansión por mucho tiempo, aquí observó, a salvo, el número de tropas, sus progresos en la disciplina, y en suma, cuánta providencia tomaba el gobierno para su mayor seguridad. Aquí formó sus combinaciones con sus adictos, extendiendo, de acuerdo con ellos, una clave, por cuyo medio podían todos entenderse sin ser descubiertos aún en caso de ser sorprendida la correspondencia. El Gobierno, a costa de vencer mil dificultades, había llegado a tener noticias de la misión Rodríguez, después de pasado mucho tiempo. No pudo lograr dar con su paradero para conseguir su aprehensión, por más que se doblaron todos los esfuerzos. Tal ha sido la protección que ha logrado de sus confidentes, pues la oferta del olvido eterno de cualquier delito y la de una gratificación de mil pesos, no fueron bastante, para que uno solo diese el menor aviso de su existencia”. 

Tan solo unos días antes, el 22 de enero, Marcó del Pont, había publicado un bando en el que se establecían una serie de normas que buscaban evitar la actividad guerrillera de Manuel Rodríguez sin mencionarlo, en ellas se limitaba la libertad de movimiento entre los ríos Maipú y Maule, de lo cual solo quedaban exceptuados los militares, amenazando incluso con pena de muerte a quienes no cooperaran con las tropas realistas en la aplicación de las ordenanzas que se estaban emitiendo, en particular las referidas al acopio de cabalgaduras, que los vecinos estaban obligados a entregar a las autoridades. 

Las acciones guerrilleras de Manuel Rodríguez y en general su actividad en pro de la independencia, significaron un aporte sustancial al objetivo de debilitar al ejército español, dispersar sus tropas hacia el sur, impidiendo con ello su concentración para la defensa de Santiago o para su despliegue en la provincia de Aconcagua, al norte de la capital, por donde habría de producirse la dirección principal de la invasión libertadora. En este sentido, toda vez que la estabilidad de la defensa realista se centraba en la capacidad de concentración de las tropas, es que se puede visualizar en su justa dimensión el papel jugado por el Guerrillero en el desenlace de las acciones bélicas posteriores. Ante el crecimiento irreversible y el empuje de las fuerzas del frente patriótico que encabezaba Manuel Rodríguez, Marcó del Pont se vio obligado a reforzar sus patrullas en movimiento y cuarteles de Curicó, Talca y San Fernando, alejándolas de la zona donde se desenvolverían los combates principales. 

Los riesgos personales asumidos superaron los de cualquier otro patriota, no era ajeno a ello, pero lo cumplió como parte de un deber, nunca minimizó el peligro, pero tampoco hizo apología de su audacia y valor. A pesar de todos los intentos realistas, en especial de Marcó del Pont que puso precio a su cabeza y la de sus compañeros, no eludió la misión planteada. Asumió que su principal defensa era introducirse muy profundamente en el pueblo, física y moralmente, imbuirse de su espíritu de lucha, sentir, pensar y actuar como uno más de ellos, impregnándose de sus anhelos y necesidades. Nunca hubo uno solo que lo delatara o traicionara, ahí estuvo su valor y la fuente del mito que se construyó en torno a su persona, sin que él mismo, jamás fuera consciente de la gran labor que había cumplido. 

Una vez consolidada la victoria en Chacabuco, Manuel Rodríguez recibió instrucciones de San Martín de atacar y eliminar toda resistencia realista en Colchagua mientras las tropas españolas huían en desbandada hacia el sur. Finalizada su misión, se dio a la tarea de organizar la administración de gobierno en la provincia, instando al pueblo a que eligiera sus autoridades. Así mismo, en su carácter de Comandante militar de Colchagua, procedió a tomar severas medidas para aplicar la justicia, así como otras de orden económico a fin de financiar las actividades que se debían realizar contra un enemigo que conservaba en esa región y hasta Concepción más al sur, una fuerza activa con capacidad bélica que era necesario combatir. En consonancia, tuvo que actuar de acuerdo a las condiciones de inestabilidad política generadas por la presencia militar española que se organizaba para buscar la reconquista nuevamente del territorio perdido. Chacabuco había sido una gran victoria, pero no significó el fin de la guerra. 

En ese contexto, mantuvo permanentemente informado de sus acciones a San Martín y a O´Higgins que el 17 de febrero había sido elegido Director Supremo ante la negativa de San Martín de asumir tal encomienda, iniciando de esa manera un período de un año denominado por algún historiador de “liberación nacional”. Con ello también comenzaron las peores desgracias e la vida de Manuel Rodríguez, las que lo llevaron a su persecución, presidio y asesinato. 

Interesadas interpretaciones quisieron demostrar que los actos de Manuel Rodríguez en Santiago, tras el desastre de Cancha Rayada, al norte de Talca, en marzo de 1818, que supuso una importante derrota de las fuerzas patrióticas al mando de San Martín y O´Higgins, fueron expresión de hechos de insubordinación, sin embargo tras un estudio sereno de los acontecimientos históricos, es evidente que tal aseveración no tiene asidero. Ante el caos generado por la sorpresa y contundencia de las operaciones que significaron que el ejército patriota se impregnara de un estado de pánico y confusión suprema, los rumores y las noticias contradictorias y perniciosas se hicieron eco de la población. Unos días después, en Santiago corrió la voz de que San Martín y O´Higgins habían muerto, el espanto y el pesimismo cobraron vigencia, sobre todo entre los sectores altos de la población, algunos de los cuales se apresuraron nuevamente a cambiar de bando. En estos escenarios de crisis extrema, de desesperanza superior es cuando se prueba la fuerza de la voluntad y la confianza en las capacidades propias para salir adelante, es también cuando emerge el liderazgo propio de los pueblos. De ahí brotó la suprema convicción de Manuel Rodríguez, cuya autoridad moral a toda prueba, fue reconocida por la población cuando desde el balcón del palacio de gobierno proclamó en medio del generalizado desaliento “¡Aún tenemos patria, ciudadanos!”. 

Tal vez, en Manuel Rodríguez se ensamblan dos hombres en un solo personaje -como lo afirmara Mariano Latorre-: “el héroe chileno casi despojado de atributos reales y el héroe histórico, insuficientemente estudiado y algo diverso del personaje legendario”, por lo que según su opinión habría que conectar el Rodríguez real, con el Rodríguez legendario para encontrar “la exacta comprensión de su personalidad”. 

Todos estos elementos confluyen en la construcción de un personaje en el que no se conocen los límites entre lo real y lo imaginario, difícilmente haya otro actor de la historia de Chile que genere tanto desacuerdo y controversia entre historiadores e investigadores. Así fue su vida y sobre todo su muerte, sin embargo al conmemorarse 200 años de su vil asesinato, el ejemplo de Manuel Rodríguez, su entrega y amor a la patria, su sentido de justicia y de libertad, su desprendimiento, la valentía y el coraje de sus acciones están presentes en el pueblo chileno que lo reconoce como uno de sus representantes más leales, es el mismo pueblo junto al que el Guerrillero ha cabalgado y cabalgará siempre.