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jueves, 28 de agosto de 2014

Cría cuervos….


A finales de los años 70, en el marco de la guerra fría, Estados Unidos llevó a cabo la “Operación Ciclón” en Afganistan con el objetivo de suministrar armas y financiamiento a los terroristas islámicos que desarrollaban la lucha armada en contra del gobierno de ese país. Sin embargo, la intervención militar directa de la Unión Soviética dio los argumentos para que tal operación se inscribiera en la manida lógica de “ayuda al restablecimiento de la democracia”. 

Esto dio cabida a una ampliación del financiamiento de esas fuerzas que se agruparon, creciendo en organización y armamento hasta que lograron en 1989 que las tropas soviéticas derrotadas, se retiraran del país. La Operación Ciclón llevada adelante por la CIA comenzó con el envío de un financiamiento de 30 millones de dólares en 1980, alcanzando los 630 millones anuales en 1987.

Sin embargo, la retirada soviética no finalizó la guerra y en 1992 el movimiento fundamentalista logró establecer el Estado Islámico. El conflicto entre señores de la guerra culminó parcialmente cuando en 1996 los talibanes se hicieron del poder al ocupar Kabul. Establecieron un gobierno extremista que se sustentó en una interpretación radical del Corán. Así mismo, forjaron una asociación estratégica con Al Qaeda, organización surgida de la guerra anti soviética, que se fortaleció de manera especial por su privilegiada relación con Estados Unidos.

No obstante, Al Qaeda se transformó en enemiga de Estados Unidos realizando acciones directas contra objetivos de ese país en Somalia, Kenia, Tanzania y Yemen hasta que fue acusada de haber dirigido las acciones terroristas del 11 de septiembre de 2001 en el propio territorio de la nación norteamericana, lo que le valió una declaratoria de guerra que dio inicio con la invasión a Afganistán el 7 de octubre de 2001, país donde aún permanecen las tropas estadounidenses y de la OTAN. Hoy, Afganistán es un Estado nominal que solo existe por la presencia de las fuerzas armadas extranjeras de ocupación. El gobierno solo controla la capital y sus alrededores. El martes 5 de agosto, el General Harold Greene del ejército de Estados Unidos fue asesinado por un hombre que vestía uniforme militar afgano. 

Unos años después, en 1990, Estados Unidos inició una larga guerra en el Medio Oriente, que se ha desarrollado en cuatro etapas, la primera empezó en agosto de 1990 y finalizó en febrero de 1991, la segunda dio inicio en marzo de 2003, culminando en diciembre de 2011. Paralelamente a ello, en enero de ese mismo año, se puso en funcionamiento la tercera etapa que aún no culmina y que persigue el objetivo de derrocar al presidente Bashar al-Asad en Siria. La cuarta acaba de comenzar en este mes que transcurre. 

Las dos primeras etapas se llevaron a efecto cuando Irak era aún gobernado por Saddam Husein. Se adujo que su gobierno ocultaba armas atómicas y que era necesario “restablecer la democracia” para impedir que las mismas fueran usadas para desestabilizar la región (léase Israel). Se demostró que tal afirmación era falsa.

Cuando el gobierno sirio se defendía de la agresión mercenaria, Estados Unidos, junto a las monarquías petroleras del golfo -que tienen patente de corso para que en sus países no impere la democracia ni el respeto a los derechos humanos sin ser pasados por la lupa de Occidente- aducían que era necesario “restablecer la democracia” y, por tanto, se debía apoyar a los “luchadores por la libertad” aunque esos a todas luces hacían desmanes y violaban metódica y permanentemente los derechos humanos. Cientos de miles de millones de dólares y armamento en abundancia fluyeron desde Occidente para fortalecer a los terroristas.

Hoy, Irak, es un Estado fallido, constituido por territorios diferenciados por las sectas que los controlan. Uno de esos grupos, el EIIL o ISIS ha creado un califato que no respeta fronteras nacionales y que ha establecido un sistema fundamentalista que al igual que Al Qaeda ha instituido rígidas normas religiosas ajenas a las más elementales bases de respeto a los derechos humanos. La semana pasada, un terrorista de origen británico decapitó al periodista estadounidense James Foley quien se encontraba secuestrado desde noviembre de 2012 en Siria.

Hasta el año 2011, Libia era el país con la segunda mayor tasa de PIB de África y el de más alta esperanza de vida al nacer. El líder del país, Muamar el Gadafi logró mantener la estabilidad en un país de compleja estructura tribal y se había transformado en el principal impulsor de la integración y la unidad africana. Sin embargo, Occidente no cesó en su intención de apoyar fuerzas centrífugas que crearan el caos y desestabilizaran el país. A partir de ello, un sector de la población comenzó a realizar protestas contra el gobierno, ello permitió, elaborar un sofisticado montaje mediático que mostró la “represión del gobierno libio contra las fuerzas que luchaban por la democracia”. Con el apoyo de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña y la complicidad de Rusia y China, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1973 que devino en intervención militar de Occidente en el país, derrocando al gobierno y asesinando a Gadafi.

Hoy, Libia es un país de mentira. Cada tribu tiene su ejército propio. La semana pasada, los extremistas islámicos hicieron un juicio público contra un ciudadano egipcio y lo asesinaron en un estadio de fútbol. Así mismo, tras seis semanas de enfrentamientos, milicias terroristas tomaron el aeropuerto de Trípoli, desalojando del mismo a un grupo militar rival. Naves de la aviación saudita y egipcia han estado bombardeando a una de las fuerzas en pugna, mientras grupos armados se enfrentan por el poder.

Chris Stevens, artífice de la operación militar, política y propagandista de Estados Unidos en el país norafricano fue nombrado embajador de su país ante el nuevo gobierno instalado en Trípoli. El 12 de septiembre de 2012 fue asesinado junto a tres miembros del personal diplomático estadounidense en el consulado de ese país en la ciudad de Bengasi, cuna del movimiento terrorista. Según se informó, los extremistas atacaron y quemaron la sede diplomática en respuesta a un video que ofendía a Mahoma, el cual fue hecho en Estados Unidos. 

Como dice el dicho “Cría cuervos y te sacarán los ojos”, el problema es que aquí son cuervos criando cuervos…

martes, 19 de agosto de 2014

El capital es implacable


Según el Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) el más prestigioso centro de investigaciones sobre desarrollo de armamento, gasto militar, comercio de armas y seguridad internacional en todo el planeta, de los 15 países con mayor gasto militar como por ciento de su PIB en 2013, 10 están en el Medio Oriente y el norte de África. Los más altos son los de Omán con 11,3%, Arabia Saudita con 9,3%, Afganistán con 6,3% e Israel con 5,6%. Tienen en común ser aliados cercanos de Estados Unidos. 

Así mismo, mientras el presupuesto militar se redujo en 2013 en un 2% en todo el mundo, lo que incluye disminuciones de 7% en las Américas y 1% en Europa, en África creció 8%, 3% en Asia y Oceanía y 3% en el Medio Oriente.

El presupuesto militar de Estados Unidos el año pasado fue de 640 mil millones de dólares, el de China, 188 mil millones y el de Rusia 88 mil millones. El de los dos grandes países de Europa y Asia juntos no llegó ni a la mitad del de la potencia norteamericana. 

Tal vez eso explica, porque es necesario conservar el conflicto en esas regiones del planeta. Si hubiera paz, los vendedores de armas disminuirían su negocio afectando considerablemente la economía de sus países. Y en cosa de negocios no hay ética que valga, se le vende por igual a Israel de un lado y a Arabia Saudita y Omán, además de Bahréin, Irak, Jordania, Líbano y Marruecos de otro, países que son técnicamente adversarios de la entidad sionista y están entre los mayores compradores de armas en el mundo. Por eso es una falacia hablar de conflicto árabe-israelí. El genocidio del pueblo palestino parte de la necesidad de Estados Unidos de mantener un conflicto que sostenga e incremente la venta de armas. Israel es el instrumento estadounidense para amparar esta inmoral situación y las monarquías árabes son sus cómplices.

Israel tuvo un gasto militar de 2037 dólares per cápita en 2013. Sólo fue superado en ese rubro por Omán con 2902 y Arabia Saudita con 2261. El de Estados Unidos fue de 2033 dólares, el de Rusia de 621 y el de China 138,5.

El último porta avión de la clase Ford de Estados Unidos fue botado al mar en noviembre de 2013. Costó 12 mil millones de dólares. Un bombardero B-2 cuesta 400 millones, un caza bombardero F-22 Raptor 350 millones y el avión caza de cuarta generación F-18 Hornet 94 millones. La guerra en Irak desde marzo de 2003 hasta diciembre de 2011 le costó a los contribuyentes de Estados Unidos 845 mil millones de dólares.

Un hospital pediátrico infantil cuesta 70 millones de dólares. Su mantenimiento anual una cifra similar. Con el valor de un porta avión se podrían construir 100 hospitales de este tipo garantizando su mantenimiento durante 70 años.

La OMS ha solicitado 100 millones de dólares para combatir el ébola. En un acto de extrema generosidad Europa ha donado 5,9 millones de euros entre abril y julio para la lucha contra la epidemia. Bastaría dejar de hacer un F-18 y destinar esos recursos a la OMS para eliminar ese terrible mal.
Haití necesitaba 9 mil millones dólares para subsanar las consecuencias del terremoto de enero de 2010. Si las tropas de Estados Unidos se hubieran retirado de Irak un mes antes y el dinero se hubiera enviado al desolado país caribeño, éste podría haber cubierto las abrumadoras necesidades de su población. Hasta el momento, y después de 4 años y medio, el mundo sólo ha enviado 4.3 mil millones dólares.

Se entiende ahora ¿por qué el genocidio palestino?, ¿por qué el ébola se sigue propagando?, ¿por qué Haití no puede superar las secuelas del terremoto? Hoy son los palestinos, los haitianos y los pueblos del África Occidental. Mañana puede ser cualquiera de nosotros. El capital es implacable.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Ese no es el camino presidente Santos

El 19 de julio de 1979 las fuerzas guerrilleras del FSLN entraron a Managua después de derrotar militarmente al ejército de Somoza. El dictador huyó. Las fuerzas armadas se desmoronaron. El Estado había desaparecido virtualmente. No hubo negociaciones ni antes ni al finalizar la guerra a fin de construir el futuro del país. El FSLN con el apoyo de la aplastante mayoría de la población se dio a la tarea de erigir una nueva institucionalidad en la que el somocismo no tuviera cabida.


Tan solo 7 años después, los sandinistas, ahora en el poder tuvieron que aceptar negociar con las bandas armadas y financiadas por Estados Unidos que a través de una despiadada guerra buscaban derrocar al gobierno. Bajo la convocatoria de Vinicio Cerezo presidente de Guatemala se desarrollaron en Esquipulas, pequeña ciudad de ese país, fronteriza con Honduras, dos rondas de negociaciones en las que participaron todos los presidentes centroamericanos. Los Acuerdos de Paz de Esquipulas establecieron el cese del apoyo externo a los grupos armados, el diálogo interno, la amnistía para los que depusieran las armas y garantías para su participación en la vida política. Desde entonces, Nicaragua ha vivido en paz.

Cualquier observador externo podría preguntarse por qué cuándo los sandinistas eran una maltrecha fuerza guerrillera que apenas se había hecho con el poder no aceptó negociar con sus oponente, mientras que años después con todo el poder del Estado que incluía un enorme ejército bien adiestrado y armado si lo tuvo que hacer.

La respuesta es que en 1979 el FSLN había conseguido la derrota militar de la dictadura, mientras que ese objetivo no había podido ser logrado por su gobierno a mediados de la década de los 80. La experiencia indica que no es lo mismo negociar con un enemigo aniquilado en lo militar, desmoralizado en lo moral y destruido en lo político y orgánico que hacerlo con uno que sigue manteniendo su capacidad y disposición combativa y su moral de lucha en alto. El que quiera verlo fuera del contexto latinoamericano puede recordar los juicios de Nuremberg al finalizar la segunda guerra mundial. No es posible negociar en iguales condiciones una rendición que una paz entre dos contendientes independientemente del poderío militar de cada uno de ellos, siempre que ambos tengan visión de futuro.

Esta reflexión viene al caso, al observar los términos en que pretende negociar el gobierno colombiano con las FARC y el ELN. Al prestar atención a los discursos del Presidente Santos y los altos personeros del gobierno de ese país, se supondría que las conversaciones de la Habana se están realizando en el marco de una derrota militar de las fuerzas guerrilleras a las que se les puede imponer condiciones a posteriori. En todo caso, si esas condiciones pudieran ser aplicadas, no sobrevendría la paz y la concordia, sino el resentimiento, el deseo de venganza y la amenaza permanente de reinicio del conflicto.

Ese no es el camino Presidente Santos, tómese su tiempo y lea los documentos de trabajo del Grupo de Contadora, del que Colombia formó parte de manera brillante junto a México, Panamá y Venezuela. No es una buena táctica negociar amenazando. No es alabando a Uribe y su obra de destrucción y muerte como se logrará la paz, sino enalteciendo el espíritu fecundo del pueblo colombiano que no merece el futuro de guerra que el ex presidente paramilitar le ofreciera y le sigue ofreciendo.

martes, 5 de agosto de 2014

Un mundo sin control y sin ley


Un avión de pasajeros malasio cae en la región oriental de Ucrania falleciendo 295 personas. Todo el mundo se pregunta quién fue el causante de tan demencial acción. Nadie se interroga acerca de por qué los controladores aéreos ucranianos no prohibieron que esa y cualquier nave civil sobrevolara una zona de guerra como lo establece la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), que es una agencia de la ONU.

Un diplomático venezolano es hecho prisionero en Aruba a pesar que portaba documentos que le conferían esa potestad y con ello, la inmunidad que establece la Convención de Viena de 1961 aprobada bajo el alero de “los propósitos y principios de la Carta de la ONU”.

Por su parte, Libia se ha sumido en una situación de inestabilidad desde el derrocamiento y posterior asesinato de Muamar Gadafi en 2011. En las últimas semanas ha habido un acelerado deterioro con combates abiertos en Trípoli y Bengasi entre las numerosas milicias armadas, hasta el punto de que muchos países optaron por evacuar a sus nacionales y dejar al mínimo o clausurar sus embajadas. Todo surgió de la aprobación de la Resolución 1973 del año 2011 en el Consejo de Seguridad de la ONU, la cual “legalizó” la intervención armada que dio pie al actual estado de cosas.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama reconoció que “oficiales estadounidenses han "torturado a alguna gente" luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001”. Eso es violatorio de la “Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes” aprobada por la Asamblea General de la ONU en diciembre de 1984. A su vez, esta convención está sustentada en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En Palestina, Israel no enfrenta militarmente a su enemigo, sino que asesina niños, mujeres y ancianos. Ha transformado escuelas, hospitales y mezquitas en objetivos militares. Los asesinos sionistas violentaron los convenios de Ginebra que regulan el derecho internacional humanitario, en particular la 4ta. Convención relativa a la protección de civiles en tiempo de guerra, convirtiendo de esa manera a la Cruz Roja Internacional en objetivo militar.

Todo ello amparado en la protección de Estados Unidos que ha amenazado con vetar cualquier resolución de condena del genocidio del pueblo palestino por parte del ejército sionista, en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El preámbulo de la Carta de la ONU proclama entre sus objetivos la preservación de las generaciones venideras del flagelo de la guerra, la reafirmación de la fe en los derechos fundamentales del hombre y la obligación de crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional.

Si la ONU no es capaz de cumplir estos objetivos, me pregunto entonces, ¿para qué sirve la ONU si sólo responde a los intereses de 5 potencias cuya economía depende de la fabricación y venta de armas?

miércoles, 30 de julio de 2014

A cien años de la primera guerra mundial. Causas y consecuencias.



El pasado lunes 28 de julio se cumplieron 100 años del inicio de la primera guerra mundial. Esta conflagración significó en su momento, el conflicto bélico de mayores dimensiones de la ya iniciada época imperialista del sistema capitalista mundial.


Aunque la historiografía tradicional ha señalado como causa del conflicto el asesinato del Archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo, en realidad ese fue el motivo de la misma. Las causas profundas dicen relación con los cambios en la base productiva, -en particular la militar-industrial- que vivían las potencias en pleno desarrollo del imperialismo. Tal fenómeno produjo respuestas particulares de los poderes mundiales de acuerdo a factores geopolíticos, estratégicos y a sus características socio culturales. Esto comenzó a generar transformaciones en las alianzas políticas existentes , las que condujeron al rompimiento del equilibrio económico y al potencial bélico de los factores de poder global y sus coaliciones.

Debe recordarse que la definición más conocida de guerra es aquella de Clausewitz que señala que la misma es la continuación de la política por otros medios. En esa medida, hacer referencia al conflicto solo en su desarrollo bélico es algo válido para aquellos estudiosos o interesados en la historia militar, sin embargo en el trasfondo de la conflagración subyacen una serie de condicionantes de orden económico y político donde se debe buscar el origen de esta guerra y de cualquier otra. 

Más allá del desarrollo de las hostilidades en el escenario de combate, la primera guerra mundial y el colapso de las potencias centrales (imperio austro-húngaro, Alemania, e imperio otomano) se debió a su incapacidad de desarrollar las fuerzas productivas a fin de forjar un proceso de producción económica e industrial que les permitiera mantener su status.

Al finalizar el conflicto, surgió un poder diferente en Rusia alternativo a los existentes a partir de la toma del poder por los bolcheviques. Así mismo las potencias centrales desaparecieron, dando paso a otros países, que consumaron un nuevo reparto del mundo, en particular de Medio Oriente y el norte de África, dando origen a la mayor parte de los males que esa región ha vivido en los últimos cien años y que ha tenido desde entonces -dada su importancia como mayor fuente de energía del mundo- valor estratégico en el tablero mundial.

miércoles, 18 de junio de 2014

Irak, apagando el incendio con gasolina


En un discurso pronunciado en Bruselas el pasado 26 de marzo, el presidente de Estados Unidos Barack Obama aseguró que “Nosotros no pretendemos anexar el territorio de Irak. No les arrebatamos sus recursos para nuestro propio beneficio. En vez de esto, terminamos nuestra guerra y dejamos Irak a su pueblo, en un Estado iraquí plenamente soberano que puede tomar decisiones sobre su propio futuro”

Menos de dos meses después, el lunes 16 de junio, el mismo Obama, en cumplimiento de la Resolución de Poderes de Guerra expuso en una carta dirigida al presidente de la Cámara de Representantes John Boehner y al presidente del Senado Patrick Leahy que “ A partir del 15 de junio de 2014, aproximadamente 275 miembros de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se estarán desplegando en Irak, para proporcionar apoyo y seguridad al personal de Estados Unidos en Bagdad” y agregó que “Esta fuerza se está implementando con el fin de proteger a los ciudadanos y los bienes de Estados Unidos, si es necesario, y está equipada para el combate. Esta fuerza permanecerá en Irak hasta que la situación de seguridad sea tal que ya no sea necesaria”

Paralelamente el gobierno de Estados Unidos ha decidido el despliegue del portaviones George Bush junto a un destructor y un crucero porta misiles en el Golfo Pérsico. Según el vocero del Pentágono, contralmirante John Kirby, el envío de los tres buques de guerra a los mares cercanos de Irak “dará una flexibilidad adicional al Presidente Barack Obama para que considere la necesidad de una intervención militar” en el país árabe.

En octubre de 2011, el propio presidente de Estados Unidos al informar el retiro de las tropas de su país de Irak anunció que la guerra de 9 años había terminado, porque “Una vez muerto Bin Laden, nos concentraremos en repatriar a nuestras tropas”. El primer mandatario estadounidense aseguró que los militares estadounidenses saldrán de Irak “con la cabeza bien en alto, orgullosas de su éxito”. 

Vistas las palabras, surgen algunas dudas y no pocas interrogantes, ¿terminó realmente la guerra de Estados Unidos en Irak? ¿Es el Estado iraquí plenamente soberano?, ¿puede tomar decisiones sobre su propio futuro? ¿Salió Estados Unidos de Irak con la cabeza bien en alto? ¿Tuvo realmente un éxito en Irak? 

Siguiendo la tradición de los presidentes estadounidenses, Obama ha erigido una nueva mentira, que sólo tiene cabida por el aletargamiento colectivo y los altos niveles de desinformación e ignorancia de la opinión pública de su país. La veracidad de lo que encubre esta nueva falacia, no vino formulada por ningún “marxista trasnochado” ni por “oscuros terroristas tramando conspiraciones” contra la sacrosanta democracia, sino del propio vocero de las fuerzas armadas estadounidenses que ha exteriorizado sin pudor alguno que se están creando las condiciones para que el presidente del país más poderosos del planeta “…considere la necesidad de una intervención militar”.

Disfrazar la misma, ya no es posible. El año pasado ha sido el más mortífero desde 2008. En el Irak “plenamente soberano que puede tomar sus propias decisiones” según Obama, el gobierno no ha podido consolidarse. Desde abril del año pasado, los conflictos entre las sectas se han incrementado. Todos los días hay atentados terroristas. El “oasis de paz” que dejó Estados Unidos muestra –al igual que en Libia- un país carente de Estado. Como lo señaló Serguei Lavrov, ministro de relaciones exteriores de Rusia, la situación actual de Irak ilustra “el fracaso completo de la aventura que comenzó principalmente Estados Unidos y el Reino Unido, y que finalmente ha terminado fuera de control".

Lo cierto es que la situación creada en Irak tiene su origen en la intervención militar de Estados Unidos y sus aliados en 2003 y si ahora se muestran preocupados es porque las acciones de los grupos terroristas que amenazan con apoderarse del país ponen en cuestionamiento los inmensos intereses de las grandes transnacionales occidentales de energía que tomaron el control tras el derrocamiento de Saddam Hussein.

No hay que olvidar que las supuestas armas químicas que poseía el gobierno de Hussein que sirvieron como pretexto para la invasión, nunca fueron encontradas. En esa medida, quedó claro que la verdadera causa de la intervención fue el propósito estadounidense de controlar las enormes reservas petroleras del país. Después de la ocupación de Afganistán, el ataque a Irak, perseguía como objetivo ulterior detener los avances de Irán en su proceso de transformación en potencia regional. Así, se pensaba colonizar esta estratégica zona del planeta rica en petróleo, gas, agua y minerales. 

Por otra parte, es imposible abstraer la situación actual de Irak con lo que está ocurriendo en Siria. No en vano, la organización terrorista actuante se denomina Estado Islámico de Irak y el Levante (EEIL) y opera tanto en Irak como en Siria. 

Este grupo sunita aliado de Al Qaeda ha recibido un importante apoyo logístico y financiero de Occidente, Arabia Saudita y Catar. Precisamente, el pasado 14 de junio, 4 días después del inicio de las acciones del EEIL en Irak que lo llevaron a ocupar Mosul (la segunda ciudad en importancia del país) y, a dominar casi en su totalidad la provincia de mayoría sunita de Nínive, Mohammad Abbud, uno de los nueve altos oficiales que renunció a seguir formando parte del Ejército Libre Sirio, la principal fuerza que desarrolla la guerra para derrocar al presidente Bashar El Assad, denunció que su decisión está basada en la “…mala gestión de la ayuda militar concedida por los países que financian a los grupos opositores.

En sus declaraciones, Abbud afirmó, que la decisión de él y sus compañeros se debe a que el Consejo Militar Supremo ya no tiene ninguna función pues “los países donantes nos han evitado por completo” y han resuelto enviar las armas de guerra a los mercenarios asegurando que las mismas han sido hechas llegar a “grupos específicos”.

Con sus acciones iniciales, el EEIL provocó el desplazamiento de alrededor de 500 mil ciudadanos, así mismo reivindicó el asesinato de 1700 soldados gubernamentales mediante ejecuciones masivas que han divulgado a través de redes sociales, todo lo cual está redundando en un gran desastre humanitario que ya se comienza a configurar. No ocultan su intención de ocupar Bagdad, para lo cual incrementaron el avance de sus tropas que ya se encuentran a solo 50 Km. de la capital, lo cual ha disparado todas las alertas y la solicitud de apoyo militar a Estados Unidos por parte del Presidente iraquí Nuri Al Maliki.

Esta situación amenaza con desestabilizar toda la región toda vez que un gobierno fundamentalista en Irak pondría en riesgo los débiles equilibrios políticos de la zona. De hecho, las acciones del EEIL ya han provocado que los kurdos del norte de Irak, enfrentados a los sunitas hayan aprovechado la situación de debilidad creada en el país para tomar la importante ciudad petrolera de Kirkuk. Un incremento del potencial militar kurdo crearía condiciones para un gran alzamiento de esa nación que vive desperdigada sin Estado entre Siria, Irak, Irán y Turquía. Para este último país en particular y para la OTAN y la Unión Europea, significaría un conflicto de dimensiones colosales. 

El virtual desmembramiento de Irak tornaría la situación de la región -ya de por si explosiva- en un trance que amenazaría la paz mundial y obligaría a las potencia a tomar decisiones simultáneamente de corto y de largo plazo a fin de evitar la expansión del conflicto. De ahí la inquietud del Canciller Lavrov quien manifestara preocupación y expresara con vehemencia que Rusia se solidariza con el gobierno y el pueblo iraquí que debe “… restablecer la paz y la seguridad en su país”, pero alerta en torno a que “las acciones de nuestros socios occidentales causan muchas preguntas".

jueves, 12 de junio de 2014

La otra cara del desembarco de Normandía


Entre agosto de 1942 y febrero de 1943 se desarrolló el enfrentamiento bélico de mayor dimensión en la historia de la humanidad. La batalla de Stalingrado produjo un poco más de 2 millones de bajas entre soldados de ambos ejércitos y civiles soviéticos.

La victoria soviética significó un punto de inflexión en la intención nazi de derrotar a ese país y el inicio de una contra ofensiva de las Fuerzas Armadas al mando del mariscal Zhukov, que no se detuvo hasta la victoria definitiva en Berlín en mayo de 1945. En esa medida, Stalingrado, encarnó un cambio en la correlación estratégica de fuerzas de la segunda guerra mundial y la convicción de Occidente que el poder soviético no iba a caer por la fuerza avasalladora del ejército nazi, aspiración suprema de las fuerzas aliadas que durante los dos años anteriores miraban con ambición no oculta que ese hecho ocurriera.

Intentando contener a las tropas soviéticas, en julio de 1943 Hitler ordenó el ataque de sus principales fuerzas, lo que dio origen a la Batalla de Kursk, (en territorio ucraniano), considerada la de mayor dimensión en cuanto a la participación de blindados (8.000) y de aviones (5.000) entre ambos contendientes. Los soviéticos pasaron a la ofensiva y entre julio y agosto lograron derrotar a la mayor agrupación de fuerzas alemanas sobrevivientes de Stalingrado convenientemente reforzadas por Hitler. La derrota en Kursk fue el último intento nazi de pasar a la ofensiva en el frente oriental. 


De inmediato, el mando soviético ordenó dar continuidad a la contra ofensiva para aprovechar el alto grado de desmoralización que produjeron las derrotas del ejército nazi en Stalingrado y Kursk, por lo que entre agosto y octubre de 1943 se desencadenó la Batalla de Smolensk que ocasionó alrededor de 250 mil bajas alemanas y de sus aliados y 400 mil entre soldados y civiles soviéticos. Esta contienda permitió la entrada de las tropas en Bielorrusia iniciando los combates por la liberación de esa república.

Simultáneamente, en agosto de ese año, dio inicio la Batalla del Dniéper. Al finalizar la misma en diciembre, las fuerzas nazis tuvieron un millón 700 mil bajas y las soviéticas un millón 250 mil. Este enfrentamiento también está considerado uno de los de mayor dimensión en la historia, con la participación de alrededor de 4 millones de combatientes entre ambos bandos.

Durante los últimos meses de 1943 y primeros del año 1944 el avance de las tropas soviéticas hacia el oeste se mantuvo indetenible. Fueron liberadas Kiev, Crimea, Odessa, Sebastopol y Nóvgorod, creando condiciones para romper el cerco sobre Leningrado que había durado 900 días ininterrumpidamente desde septiembre de 1941 hasta el 27 de enero de 1944 sin que el alto mando nazi hubiera logrado el objetivo de capturar la ciudad.

Así, el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas soviéticas preparó para el verano de 1944 la Operación Bagration encaminada a desplazar a los alemanes de Bielorrusia y los países bálticos, liberar totalmente su vasto territorio de toda presencia militar extranjera y entrar a la Europa ocupada a través de Polonia. Esta batalla significó el aniquilamiento total de 17 divisiones del ejército nazi, quedando además 50 de ellas gravemente disminuidas. 

La Operación Bagration basó su éxito en el extraordinario trabajo de la inteligencia soviética que logró detectar los planes alemanes hasta el último detalle, logrando planificar de antemano las operaciones, adelantarse en las mismas y quitarle toda posibilidad de iniciativa al enemigo que se vio sorprendido y sin capacidad de respuesta ante la acometida de las tropas al mando de los mariscales Zhukov, Vasilevsky, Bagramián, y Rokossovsky y el General de Ejército Iván Chernyajovsky, muerto en combate en Polonia en febrero de 1945

De manera tal que esa era la situación en los campos de batalla cuando por fin¡¡¡¡¡, el alto mando aliado decidió abrir el frente occidental ejecutando el Plan Overlord y el desembarco en Normandía como parte de él. A partir de ese momento la mitología occidental se ha encargado de transformar el desembarco en Normandía -a través de Hollywood y su gran aparato ideológico y de propaganda- en la “batalla decisiva” de la segunda guerra mundial, adjudicándole a las fuerzas armadas estadounidenses un papel que no le cabe en la historia. No se trata de minimizar la contribución de los aliados en la contienda, pero la realización tardía e interesada del desembarco persiguió objetivos políticos vinculados a la situación que habría de crearse en la posguerra. 

Lo cierto es que el sostenido avance soviético en el este, despertó inquietud en la alianza atlántica en la carrera por llegar primero a Berlín y, en primera instancia a París, en una Francia que resistía a través de sus partisanos comunistas mientras el General De Gaulle vivía en Londres y refunfuñaba con imprecaciones de toda índole por la demora estadounidense-británica en ejecutar el ansiado desembarco, cuyo retraso amenazaba con poner en entredicho su propia capacidad de liderar el proceso de liberación de Francia. 

Debe decirse que a mediados de junio de ese año, la inteligencia soviética había logrado desinformar a Alemania acerca de sus planes en el frente oriental, por lo cual concentraba grandes cantidades de unidades en el este que jamás pudo desplazar al oeste. Además, sus tropas se encontraban diseminadas en un amplio frente de combate que iba desde el Báltico hasta el Mediterráneo, donde además de las tropas soviéticas combatían heroicamente fuerzas guerrilleras rurales y urbanas en Italia, Yugoslavia, Eslovaquia, Polonia y Grecia.

Sin desmerecer a los miles de soldados aliados y a los civiles franceses caídos durante y después del desembarco en Normandía, quienes arriesgaron su vida a favor de destruir la plaga del nazismo, la cifra de 214 mil bajas aliadas y de 300 mil alemanes entre muertos y heridos, palidece ante las dimensiones antes relatadas de las épicas jornadas de combate que sufrió la Unión Soviética durante 3 años. 

Si se pudiera comparar en términos militares, el desembarco en Normandía con las batallas en Stalingrado, Leningrado, Smolensk, Kursk o el Dniéper habría que decir que la primera fue una simple escaramuza, no tanto por la magnitud de las fuerzas militares y el armamento terrestre, aéreo y naval ocupado en las operaciones, sino sobre todo porque a diferencia de los soviéticos que luchaban por liberar territorio patrio y su pueblo sufría en carne propia los desmanes y la represión indiscriminada del aparato de guerra y represión nazi, Estados Unidos y Gran Bretaña luchaban fuera de su territorio, ocupados en una batalla geopolítica para impedir que el país de los soviets fuera el primero en llegar a Berlín y lograra la gloria de derrotar al Tercer Reich en su propia madriguera. Era parte de la guerra fría y el mundo bipolar. 

Es cierto que 45 años después la Unión Soviética fue derrotada y desapareció, que sus líderes de entonces no tuvieron la misma grandeza de los que lo condujeron en la Gran Guerra Patria y que su desvanecimiento anunció “el fin de la historia”. Pero esa es una cosa, y otra es que se pretenda por vía cinematográfica tergiversar la historia, construir falsos ídolos y esquilmar a los pueblos de la Unión Soviética el sustantivo aporte que hicieron a la libertad no sólo de ellos mismos, sino de toda la humanidad.

“Honrar, honra”, dijo José Martí y se debe reconocer la honra del presidente francés Francois Hollande cuando durante los actos en conmemoración del 70 aniversario del desembarco aliado el pasado 6 de junio, en las playas normandas destacó “el valor del Ejército Rojo y la contribución del pueblo de la entonces Unión Soviética a la derrota del nazismo en la II Guerra Mundial”. Hollande hizo patente su deseo de “…saludar el coraje del Ejército Rojo que, lejos de aquí, frente a 150 divisiones alemanas, fue capaz de hacerlas retroceder”

En el acto que contó con la presencia de 19 jefes de Estado entre los cuales destacaba Barack Obama de Estados Unidos y Vladimir Putin de Rusia, Hollande destacó "…la contribución decisiva de los pueblos de la llamada Unión Soviética" durante esa contienda.

En ese sentido, la agencia Prensa Latina recordaba que “Cuando el mando aliado decidió abrir el Frente Occidental con el desembarco de más de 130 mil efectivos de varios países en Normandía, ya el Ejército Rojo había prácticamente derrotado a las fuerzas alemanas que invadieron a su país agregando que “La confrontación costó a la hoy extinta Unión Soviética un duro precio de más de 20 millones de vidas humanas, así como la destrucción de una gran parte de su territorio”.