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martes, 25 de febrero de 2014

El contexto internacional de la agresión contra Venezuela


La intensidad de la actividad terrorista contra Venezuela no permite dar el seguimiento adecuado a los eventos internacionales, sin embargo, es importante constatar que lo que está ocurriendo en el país es -por condición natural- un hecho internacional, cuando se consideran las causas, el contexto y las repercusiones que las mismas generan en el entorno inmediato y más allá de la región.



En esa medida, es menester preguntarse qué elementos manejaba el gobierno de Estados Unidos para suponer que estaba en condiciones de emprender la “ofensiva final” para el derrocamiento del gobierno del presidente Nicolás Maduro. En el trasfondo, trasluce la idea de que la potencia norteamericana ha comenzado a superar la crisis económica que transita y, en esa medida, viene por sus fueros a recuperar el espacio que los años de crisis le han restado en su confrontación estratégica con China y, de alguna manera con Rusia. 


Habida cuenta, que en la actualidad, la contienda estratégica entre poderes mundiales se manifiesta en la lucha por espacios de influencia e interés en las materias primas del sur y, que la misma adquiere una condición más retórica que real, los hechos demuestran que en Ucrania, Europa y Estados Unidos han jugado fuerte y han obtenido una victoria en las mismas narices de Rusia. Más allá de la vocinglería de esta última, no pareciera que la situación en Ucrania sea reversible.

Las potencias occidentales han tomado nota de Siria y han llegado a la conclusión de que ya no es viable utilizar el Consejo de Seguridad de la ONU para legitimar sus aventuras imperiales en el marco del derecho internacional. En Ucrania han optado por actuar sobre la base de los hechos consumados. Así, se ha utilizado el expediente “Paraguay” para organizar un golpe de Estado institucional. A su favor, encontraron un país quebrado en dos mitades, una al este más cercana a Rusia y otra al oeste, con una identificación mayor con Europa y Occidente. Da la impresión que la “solución” no será solución. Bajo el control de diplomáticos estadounidenses, el parlamento ha designado como presidente provisional al ex jefe de los servicios secretos Alexander Turchinov quien, en realidad es un peón de la millonaria ex primera ministra Yulia Timochenko quien seguramente regresará al poder después de estar presa por abuso de poder.

Sin embargo, el expediente de Ucrania también ha servido como globo de ensayo para actuar en Venezuela. No por casualidad, la prensa internacional se ha encargado de informar de ambas situaciones en simultánea, generando la idea de un paralelo que no se sostiene.

En Venezuela, no hay mitades soportadas por dos potencias extranjeras. En todo caso, la ultra derecha que conduce los destinos de la oposición desearía una intervención militar norteamericana como lo han anunciado públicamente en sus manifestaciones a través de los carteles que enarbolan. Por cierto, vale decir que en Venezuela, las Fuerzas Armadas han dado pruebas irrestrictas de lealtad a la institucionalidad vigente y a la Constitución Nacional. 

La similitud con Ucrania es mediática y manejada desde el exterior. Es irreal suponer que Leopoldo López puso en sintonía a Obama, Cher, Madonna, Paulina Rubio, Piñera, Martinelli, CNN, RCN y Caracol. Eso sólo lo puede hacer un poder superior, con capacidad financiera e influencia política. Que el propio presidente Obama –en un acto poco habitual- se haya referido al tema durante su viaje a México, indica cuán comprometido está su gobierno, o al menos cuánto poder tienen los que lo conminaron a actuar de forma tal que no resiste la más mínima norma de análisis en el marco del derecho internacional.

Vale mencionar que una encuesta dada a conocer en Washington durante la primera semana de febrero mostró que la popularidad del presidente Barack Obama se encuentra en su nivel más bajo, hace meses. Por primera vez, la mayoría de los estadounidenses considera que su presidente es deshonesto y no merece su confianza. El sondeo realizado por el Instituto de Sondeos de la Universidad de Quinnipiac, dijo que “el 54% de los encuestados desaprueba la política del mandatario, frente al 39% que lo respalda, y esas cifras bajaron más aún en las últimas semanas”.

En Venezuela, eso sí, se aprovecharon de las pugnas internas por la hegemonía de la derecha para aupar a Leopoldo López, dado el fracaso continuo de Henrique Capriles que los llevó a la derrota en dos elecciones presidenciales y una municipal. Capriles ya había tenido su aventura terrorista en abril del año pasado y estimaba que aún no existían las condiciones para repetirla. Así, el ímpetu, los deseos de protagonismo y la suposición que la violencia les podía traer la victoria que las urnas electorales le negaron, los llevaron nuevamente –cambio de líder por medio- a un nuevo lance golpista. 

Pero los golpes de Estado necesitan del apoyo de al menos un sector de las Fuerzas Armadas, éstas rechazaron de plano violentar la Constitución y han renovado su decisión de estar junto al pueblo. Mención especial tiene la gran disciplina, el elevado grado de organización y la conciencia política adquirida por el pueblo venezolano y sus colectivos de lucha más avanzados que no han caído en las provocaciones que desearían las huestes de la derecha internacional para justificar una intervención militar “humanitaria” en Venezuela.

La situación creada puso en evidencia el alto grado de penetración que por años han venido adelantando fuerzas paramilitares venidas de Colombia que se establecieron en el estado Táchira, una cabeza de puente para la invasión a Venezuela. La acertada decisión el gobierno de enviar a fuerzas especiales del Ejército a combatir ese cáncer maligno que pudre nuestra sociedad, da cuenta de la más importante de las decisiones tomadas por el gobierno durante estos días. Los paramilitares forman un componente de fuerzas extranjeras que han invadido el territorio de la República y que deben ser combatidos y expulsados del territorio nacional e incautadas todas sus propiedades en provecho de los ciudadanos. No habrá paz en Venezuela, mientras existan remanentes de fuerzas militares extranjeras en el país.

Pero mientras todo esto ocurría, Colombia no era ajena a las turbulencias de su situación interna. Aunque las negociaciones de paz que adelantan el gobierno y la guerrilla de las FARC en La Habana, aún no han concluido, ya comienzan a tener repercusiones en la vida política del país vecino. La posibilidad del fin de la guerra elimina una forma de vida y de actuación de más de 50 años para la guerrilla, pero también para el componente castrense. Como ha ocurrido en otros países con situaciones similares, existe una eventualidad cierta de disminución del contingente militar y del patrimonio que manejan. De la mano, se podría vislumbrar una posible reducción de los recursos del plan Colombia que colocaría a los militares –según visión propia- en una situación de minusvalía respecto de sus vecinos.

Así, un informe de la Revista Semana de Bogotá titulado “Los negocios del Ejército” dio a conocer la semana antepasada unas grabaciones que caracterizó como “evidencia de una presunta red de corrupción en el Ejército”. Esto motivó que alrededor de 12 generales fueran pasados a retiro, produciendo un cambio profundo en el Comando General de las Fuerzas Armadas y la cúpula del Ejército. Así mismo, dos generales de la policía siguieron el camino de los militares. A pesar que tanto el presidente Santos como el ministro de defensa Juan Carlos Pinzón se esmeraron en dar muestras de la respetabilidad de los oficiales pasados a retiro, estos, aún vistiendo el uniforme militar se encargaron de cuestionar públicamente a las máximas instancias del Estado. Semana lo informó así: “Yo renuncio por honor y dignidad (...) Y lo hago ahora porque lo que uno ve es un complot contra las instituciones, entre ellas el Ejército”. Así explicó su renuncia el general Rey a RCN Noticias. “Se lavan las manos con los generales”, dijo en la radio el general Guzmán. El más duro fue el general Reyes, quien habló de “persecución” y dijo: “Muy seguramente con su falta de carácter el señor ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, se dejó asesorar por el señor comandante del Ejército, Juan Pablo Rodríguez, y tomó la decisión de llamarnos a calificar servicios”.

Un verdadero escándalo del que apenas ha asomado la punta del iceberg, de cara a las nuevas grabaciones que han seguido dando a conocer los medios de comunicación colombianos. Lo que Semana ha dado en llamar un “revolcón” en las fuerzas militares produjo repercusiones ipso facto, la más inmediata la caída en 6 puntos del presidente Santos en las encuestas, lo que ha prendido las alarmas del vecino país, toda vez que si el voto en blanco (que en las encuestas sigue subiendo) supera a todos los aspirantes, según las leyes colombianas, las elecciones deben repetirse sin que ninguno de los candidatos participantes del evento comicial anterior puedan hacerlo nuevamente.

Así mismo, en el contexto de esa última semana se descubrió la intercepción del correo privado del presidente Santos y el atentado contra la vida de la candidata presidencial de la Unión Patriótica, hecho que hizo recordar de inmediato al pasado tenebroso de los años 80 del siglo pasado. El nuevo jefe del Ejército, de inmediato adjudicó tal acción a las FARC, lo que fue desmentido por la guerrilla y por la propia candidata Aída Avella. 

Pero, al parecer en Colombia, esas son noticias cotidianas y de poca importancia. Tal vez, por ello, el afán de los medios de comunicación colombianos de informar en primera plana sobre los sucesos en Venezuela como noticia más relevante. Sólo habría que imaginar qué dirían aquellos que se creen dueños de la verdad en el mundo si en Venezuela fueran destituidos los 12 generales de más alto rango de las fuerzas armadas, se interceptan las comunicaciones del presidente de la república y se atentara contra la vida de una candidata presidencial. 

miércoles, 19 de febrero de 2014

¡Fascismo!!!!!!!!!!


En mayo del año pasado, cuando aún la derecha no aceptaba reconocer el triunfo de Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales de abril, escribí en este mismo espacio un artículo titulado “Derecha fundamentalista vs. derecha pragmática”. En ese escrito caracterizaba a la primera como “…una oligarquía primitiva, fundamentalista, vinculada a los sectores más reaccionarios de la iglesia católica como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo y el Yunque, que se fundan en la idea de que la civilización occidental judeo-cristiana está amenazada por una oleada “comunista” y, por tanto se sienten obligados a  arrogarse como “salvadores” de dicha civilización. Asumen una posición altamente ideologizada, extremista que en algunas ocasiones raya en el fascismo. En esta lógica se inscriben –por ejemplo- Fox en México, Uribe en Colombia, Vargas Llosa y Fujimori en Perú, el partido pinochetista UDI y la democracia cristiana en Chile”. Hoy, sin duda alguna, hay que agregar a esa tenebrosa lista al Partido Voluntad Popular de Venezuela.

El fascismo  es un movimiento o ideología autoritaria que originalmente agrupó fuerzas conservadoras en el período entre las dos grandes guerras en la Europa del siglo XX. Las estructuras fascistas que tuvieron mayor alcance fueron la de la Italia de Mussolini,  de donde adquirió su nombre, el nazismo liderado por Hitler en Alemania y el falangismo en España cuyo máximo exponente fue Francisco Franco y del cual derivan el Partido Popular español y los partidos demócrata cristianos de todo el mundo. En Venezuela tuvo su expresión original en COPEI, del que provinieron, –después de múltiples fraccionamientos- otras organizaciones como Primero Justicia y Voluntad Popular.

El fascismo tuvo una gran influencia  de una versión ramplona de la teoría de la evolución de Darwin que establece la lucha interminable entre personas y naciones. De aquí emana el culto a la violencia porque, por esa vía se puede imponer la voluntad del grupo de personas o de la nación que la interpreta con el objetivo de sobrevivir a cualquier precio. El líder fascista pretende ser siempre la encarnación de la “voluntad de la nación”. De ahí, -tal vez- proceda el nombre que Leopoldo López le ha dado a su organización.

Según Gramsci, el fascismo nace cuando  “el mundo viejo se niega a morir y un mundo nuevo no puede nacer”. Así mismo, es válido decir que el fascismo siempre ha surgido en momentos de crisis del sistema capitalista, cuando los sectores que lo interpretan ven debilitadas sus posibilidades de actuar en los marcos del propio modelo de democracia representativa que engendraron y con el que pretenden perpetuar su poder. Desde el punto de vista de clases, el fascismo se apoya fundamentalmente en ciertas fracciones de una clase media arribista que es fácilmente cooptada a partir de su afán de deslindarse de los sectores populares a los que desprecia  profundamente en su intento de “diferenciarse”. Los ideólogos fascistas aprovechan esta condición para hacerlos sentir un grupo superior cuya sobrevivencia se ve amenazada, por la acción de segmentos marginados de la sociedad que comienzan a reivindicar espacios de participación.

En este sentido, vale recordar las palabras del luchador anti-fascista búlgaro Jorge Dimitrov quien en 1935 recalcaba de un modo especial el carácter verdadero del fascismo, “porque el disfraz de la demagogia social ha dado al fascismo, en una serie de países, la posibilidad de arrastrar consigo a las masas de la pequeña burguesía, sacadas de quicio por la crisis, e incluso a algunos sectores de las capas más atrasadas del proletariado, que jamás hubieran seguido al fascismo si hubiesen comprendido su verdadero carácter de clase, su verdadera naturaleza”.
Dimitrov se pregunta, “¿De dónde emana la influencia del fascismo sobre las masas?” y responde “El fascismo logra atraerse las masas porque especula de forma demagógica con sus necesidades y exigencias más candentes. El fascismo no sólo azuza los prejuicios hondamente arraigados en las masas, sino que especula también con los mejores sentimientos de éstas, con su sentimiento de justicia y, a veces, incluso con sus tradiciones revolucionarias”.

Y cual si estuviera viviendo la Venezuela de hoy, el líder búlgaro recrea los ataques de esta derecha fascista a las iniciativas que pugnan por la relación solidaria y fraterna que ha establecido el proceso bolivariano con los pueblos del mundo y en particular con los de Nuestra América. Con prístina visión de futuro afirmó, “El fascismo es el poder del propio capital financiero. Es la organización del ajuste de cuentas terrorista con la clase obrera y el sector revolucionario de los campesinos y de los intelectuales. El fascismo, en política exterior, es el chovinismo en su forma más brutal que cultiva un odio bestial contra los demás pueblos”. Por eso atacan a la Alba , a Petrocaribe, a Unasur y la Celac.

En América Latina, esta corriente de la derecha ultra reaccionaria surgió a partir del influjo de lo que ocurría en Europa, sin embargo, adquirió motor propio sobre todo en Brasil, Chile, Argentina y Bolivia. En nuestra región, además, adoptó una postura ultra radical frente a la democracia liberal burguesa. Aunque el fin de la segunda guerra mundial, produjo un declive del movimiento fascista en Europa, en América Latina logró mimetizarse hasta adquirir razón y fuerza de Estado a partir de la implantación -en la década de los 60 y 70 del siglo pasado- de las dictaduras sustentadas en la Doctrina de Seguridad Nacional apoyadas por Estados Unidos.

Los gobiernos dictatoriales de Brasil, Argentina, Uruguay y Chile fueron catalogados como fascistas por algunos académicos y/u organizaciones políticas, sin embargo fue en Chile, donde asumió posiciones más claras en cuanto a sus características más importantes.

El propio presidente Salvador Allende alertaba respecto de este maligno tumor en el acto multitudinario con el que se conmemoraban tres años de su victoria electoral, el 4 de septiembre de 1973, justo una semana antes que la derecha chilena amparada en el poder de las fuerzas armadas, derrocara por la fuerza al presidente constitucionalmente elegido.

El Héroe de la Moneda describía el papel que la derecha jugaba para detener el avance del pueblo  y  afirmaba que la misma “no vacila en recurrir a prácticas fascistas”. Enfático dijo “Los que crearon ayer el sistema de gobierno que nos rige, no aceptan hoy ser gobernados y quieren destruirlo. Los que apoyaron ayer las instituciones del régimen para mantenerse en el gobierno, consideran hoy que ya no les sirven para sus intereses. Llegan a dejar reemplazar sus partidos políticos por grupos aventureros. No vacilan en atacar a los rectores de las universidades, a la propia iglesia, a su Cardenal. Nada los detiene, sino nuestra propia fuerza, unidad y convicción por lo que estamos luchando. Han roto, o intentan romper, todas las formas de la convivencia. La legalidad ya no les sirve, y la pisotean”.

Y agregaba más adelante “En las barbaries provocadas por el fascismo, ante nuestros propios ojos, hay una fuerza de represión brutal, ejercitada con tal crueldad, que constituye una muestra de lo que sería capaz de hacer contra los trabajadores, si tuviera el gobierno en sus manos. Es una muestra mínima de su desprecio por la democracia, por la vida de los hombres, mujeres y niños; de su odio, de su insaciable capacidad de destrucción”.

La historia se repite como los hechos habitualmente nos lo recuerdan.  La reflexión, el conocimiento y la experiencia adquirida en las vicisitudes de la lucha popular  darán los instrumentos para aprender de ella, pero sólo la fuerza del pueblo organizado es capaz de maniobrar o  incluso acelerar cuando ello sea necesario.  La tradición de Venezuela es pródiga en ejemplos.


Finalizo como el mismo párrafo con el cual concluí el artículo antes mencionado, escrito en mayo del año pasado “… el gobierno debe saber administrar este nuevo escenario en que la confrontación será de otro tipo, sin olvidar que las huestes fascistas siguen vivas y conspirando y que Estados Unidos siempre ´juega una simultánea en varios tableros`”. 

martes, 11 de febrero de 2014

¡Que se joda la Unión Europea!


Después que sus principales líderes fueran sujeto de espionaje por parte de las agencias de seguridad de Estados Unidos, que la subsecretaria de Estado para asuntos europeos de ese país, Victoria Nuland haya prorrumpido en el “piropo” que titula este artículo, al referirse a sus aliados europeos, da cuenta de la muy poca estima que tiene la potencia norteamericana por sus amigos, poniendo en evidencia además, la dignidad en decadencia de sus líderes. Salvo una tibia reclamación de la canciller alemana Ángela Merkel, no se escucharon voces que salvaguardaran algo del decoro que en otros tiempos caracterizara al viejo continente. La política es así. Con cientos de satélites espiando sus comunicaciones, los dirigentes europeos pensaron que era mejor tragarse el insulto antes de despertar la ira de su aliado mayor. Esta vez la causa del exabrupto fue Ucrania.

La vida política de Ucrania ha estado marcada a través de la historia por su ubicación a medio camino entre Rusia y Europa. De ahí su nombre que significa “País de la Frontera”. Los ucranianos desarrollaron una larga lucha por su unidad y su independencia, lograda apenas en el siglo XX. La relación con Rusia es parte inseparable de su historia desde mucho antes de la existencia de la Unión Soviética.

Ucrania fue el espacio donde se desarrollaron algunos de los combates más cruentos de la Segunda Guerra Mundial o Gran Guerra Patria como la han denominado los pueblos que pertenecieron a la URSS. Su territorio fue escenario de la lucha de grandes destacamentos guerrilleros que operaban en la retaguardia de las fuerzas de ocupación nazis. Estas unidades actuaban de manera primordial contra los trenes y otros convoyes de medios de transporte que necesariamente debían pasar por su territorio para apoyar a las fuerzas que pugnaban por ocupar la Unión Soviética.

Se calcula que más de 6 millones de ucranianos fueron asesinados por las tropas nazis y alrededor de un millón y medio de soldados provenientes de este país entregaron su vida formando parte de las Fuerzas Armadas Soviéticas. 700 ciudades y más de 25 mil pequeños pueblos fueron destruidos por la barbarie fascista.

El gobierno soviético se volcó a la reconstrucción de Ucrania en el período posterior a la guerra. Eso permitió que el país desarrollara un gran potencial industrial, de los más importantes del campo socialista y de toda Europa. 

Ucrania heredó parte significativa de la industria de armamento y de las Fuerzas Armadas de la Unión Soviética. Su ubicación geográfica y su soberanía sobre Crimea desde 1954, le permiten tener algunos de los puertos más importantes en el mar Negro. En Sebastopol se encuentra –después de un acuerdo bilateral- la gigantesca Flota Rusa del Mar Negro que opera en el flanco sur del territorio ruso y en el Mar Mediterráneo, lo que le da importancia estratégica.

Ucrania es un país de gran desarrollo industrial. Una vez superada la aparatosa caída de su economía, signada por el incremento de la pobreza, altísimos niveles de inflación y una ola de privatizaciones durante la transición del socialismo al capitalismo tras la desaparición de la Unión Soviética, el país se ha ido reponiendo durante este siglo.

Su economía está considerada entre las 40 más importantes del mundo por su PIB, aunque el PIB per cápita la ubica en lugares cercanos al 80 en el mundo. Su riqueza se basa en el desarrollo industrial, la alta tecnología, la producción de vehículos de múltiples usos, particularmente camiones, así como aviones de todo tipo. Se destaca también en el desarrollo espacial y el turismo. Sin embargo, es un importador neto de petróleo y gas, en primer lugar desde Rusia y en segundo de los países que bordean el Mar Caspio. Casi la mitad de su energía es nuclear.

La victoria electoral de Viktor Yanukovich tuvo importantes implicaciones políticas para el país y para la región. Su acercamiento a Rusia, generó condiciones óptimas para una alineación de estos gobiernos con el de Belarús, impidiendo en los hechos los planes de la OTAN para extenderse hacia el este. Esto cambió la correlación de fuerzas en la geopolítica de Europa Central y de todo el continente. La posibilidad de reactivar una alianza similar a la Comunidad de Estados Independientes (CEI) que se creó al desaparecer la Unión Soviética, hizo que el eje que tiene centro en Moscú se pudiera articular nuevamente desde Europa oriental hasta las profundidades de Asia. Las buenas relaciones actuales de Rusia con China crearon -en los hechos- un polo de poder que mermará el posicionamiento de la OTAN y Estados Unidos en esta parte del planeta. La importancia de Ucrania en esta lógica es trascendental por su ubicación geográfica como puerta de entrada y salida de Europa y por su privilegiado litoral sobre el Mar Negro.

La Unión Europea y Estados Unidos han puesto en funcionamiento a tope su diplomacia tratando de buscar una salida favorable a sus intereses y ajenos a los de Rusia. Sus negociadores han actuado coordinadamente durante todo el invierno hablando con uno y otro actor del conflicto. Sin embargo, lo han tenido que hacer con suma prudencia a fin de no exaltar los ánimos de Yanukovich, llevándolo a caer mansamente en los brazos de Moscú. 

El malestar de la subsecretaria Nuland surgió por la diferencia de visión entre su país y Europa en torno a la salida de la crisis. Mientras Estados Unidos apuesta por Arseni Yatseniuk, abogado y ex ministro de economía de la República Autónoma de Crimea en el sur de Ucrania, los europeos lo hacen por el ex campeón mundial de boxeo y actual parlamentario Vitali Klichkó, para controlar un potencial gobierno post Yanukovich. Los intentos de encontrar una opinión de consenso han fallado una y otra vez. La impotencia de Nuland por la incapacidad para imponer la alternativa estadounidense a Europa causó su destemplanza cuando hablaba por teléfono con su embajador ante Ucrania.

La imposibilidad de Occidente para alcanzar una solución del conflicto parte de su errada idea de buscar la misma entre las instancias políticas que hacen vida en el parlamento. Los manifestantes opositores que se encuentran instalados en la plaza Maidán en Kiev, responden a criterios diferentes y a reivindicaciones muy distintas de las que sustentan los políticos.

En una situación que guarda cierta similitud con el manejo de la crisis siria, Occidente apostó por los manifestantes opositores suponiendo que serían dóciles vasallos que podrían controlar para hacer caer a Yanukovich. Al igual que en Siria, cuando el conflicto se le escapó de las manos, buscaron a ciertos sectores proclives a sus intereses a fin de hallar una salida atinada al problema. Al igual que en Siria, tendrán que acudir a Rusia para que los salve. Al igual que en Siria, Rusia acudirá gustosamente.

Desde el primero momento. Moscú ha informado a Occidente que los manifestantes de la Plaza Maidán provienen de agrupaciones extremistas y xenófobas, vinculadas a organizaciones fascistas y, han alertado en torno a la orientación anti rusa de los líderes de las protestas. 

Estados Unidos y Europa hicieron caso omiso de las advertencias rusas y alentaron a los manifestantes de igual manera que en 2004 cuando impulsaron la Revolución Naranja. Aunque en esa ocasión lograron la anulación de las elecciones que tuvieron que realizarse nuevamente, la situación hoy es distinta. Las diferencias entre Europa y Estados Unidos dan cuenta de esta situación. 

Tal vez ahora, Rusia coincida con Nuland y parafraseándola, puedan afirmar lo mismo que ella, aunque probablemente agreguen a Estados Unidos en su imprecación. 

jueves, 6 de febrero de 2014

Crónica desde El Salvador en elecciones


En 1932, en el occidente de El Salvador se realizó un gran levantamiento campesino como respuesta a reformas llevadas adelante por el gobierno, que afectaban a los campesinos y favorecían a los terratenientes. El dictador Maximiliano Hernández Gutiérrez reprimió a sangre y fuego las manifestaciones que devinieron en un genocidio de 25 mil campesinos, en su gran mayoría indígenas. Si consideramos que la población de el país para la época era de alrededor de un millón de habitantes podemos tener una dimensión real de la magnitud que dada la composición de los asesinados ha llegado a ser catalogado también como un etnocidio.
El gobierno de Hernández Gutiérrez responsabilizó al Partido Comunista Salvadoreño (PCS) de las acciones de protesta que escalaron hasta llegar a lo que también se ha denominado como una insurrección campesina. El 1° de febrero de 1932, el líder comunista Agustín Farabundo Martí, junto a los dirigentes estudiantiles Alfonso Luna y Mario Zapata fueron fusilados en San Salvador.
Sobre estos hechos, Schafik Handal, Secretario General del PCS, miembro de la Comandancia del FMLN durante el período de guerra y líder de la organización al finalizar la misma, nos recuerda en sus memorias que al respecto se han escrito muchas mentiras, agregando que “No hubo durante muchos años posibilidad de replicar y se dieron por verdades, falsas historias como aquellas donde se relata que las ´hordas comunistas` entraban a las casas, violaban a las mujeres, mataban niños y asesinaban a mucha gente. Todo eso es y fue mentira. En verdad muy pocas personas murieron a manos de los insurgentes”. Este evento escrito con la sangre de miles de salvadoreños marcó indeleblemente la historia de este país centroamericano en el siglo XX.
En 1980, las fuerzas revolucionarias que luchaban contra el gobierno de facto que se había entronizado en el país en octubre del año anterior, formalizaron un proceso de unidad que conformó una única organización política-militar para llevar adelante la pugna contra la dictadura en los frentes militar, político y diplomático. Los hombres y mujeres que participaron en la creación de la nueva estructura no dudaron en denominar a la misma con el nombre de aquel adalid de las luchas de comienzos de siglo. Así, el 10 de octubre de ese año nació el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) como paso superior a la Dirección Revolucionaria Unificada (DRU) que ya venía funcionando desde mayo.
El período de confrontación bélica iniciado a partir de entonces, obligó a los revolucionarios salvadoreños a elevar no sólo su nivel militar, sino también el político y el diplomático. Con grandes contratiempos al comienzo y, llevando adelante un proceso de elevación de la capacidad combativa de conjunto, el FMLN fue construyendo su unidad interna en la búsqueda de los objetivos que se iban trazando en el desarrollo de la guerra que duró doce largos años y en la que se calcula que murieron alrededor de 70 mil ciudadanos.
En 1989 se iniciaron conversaciones entre el gobierno y el FMLN para poner fin al conflicto bélico. Este proceso arduo y complicado llegó exitosamente a su fin el 16 de enero de 1992 tras la firma de los Acuerdos de Paz de Chapultepec, México, convirtiendo a la organización guerrillera en un partido político que a partir de entonces entraría a participar como tal en los marcos de una frágil democracia representativa que se propuso profundizar creando mecanismos reales de participación popular.
El FMLN es hoy la segunda fuerza política del país después de los comicios legislativos y municipales del 11 de marzo de 2012 tras obtener 31 diputados de los 84 que conforman la Asamblea y 85 alcaldías de las 262 que tiene, aunque en 2009 tuvo la capacidad necesaria para alcanzar al gobierno llevando a la presidencia al periodista Mauricio Funes.
Ahora, cinco años después, la nación centroamericana ha realizado la primera vuelta de las elecciones presidenciales donde no hubo ganador por lo que los ciudadanos tendrán que acudir nuevamente a las urnas el próximo 9 de marzo.
La víspera de las elecciones que se realizaron el pasado domingo 2 de febrero se conmemoró el 82 aniversario del fusilamiento de Farabundo Martí y sus compañeros. Muy temprano, en la mañana del sábado, dirigentes y militantes del FMLN acompañados por visitantes venidos de variados rincones del planeta llegaron al cementerio a rendir homenaje al héroe que diera su nombre a la organización. En el mismo camposanto, reposan los restos de Schafik Handal y del General Francisco Morazán, hondureño de nacimiento y poseedor de una extraordinaria visión integracionista que lo hizo ser el más importante de los continuadores del ideal bolivariano en Centro América durante el siglo XIX. Ante estos tres grandes de la historia salvadoreña, los militantes del FMLN, a través de las voces del Presidente de la Asamblea Nacional Sigfrido Reyes y la Secretaria de Relaciones Internacionales Nidia Díaz, ambos miembros de la Comisión Política se comprometieron a la victoria en la próxima jornada electoral.

A esa hora, el cementerio de los Ilustres, ubicado en una populosa barriada de San Salvador, rodeado -cosas de Nuestra América- del más importante mercado popular de la ciudad, rebosaba febril actividad de los pequeños comerciantes quienes con voces vocingleras anunciaban sus productos. Los sacos de mangos, jocotes, chayotes, güisquiles, ocras, carambolas y ayotes cubrían las aceras del mercado cuya retaguardia era cubierta por la pared de la necrópolis. El salvadoreño, pueblo humilde y muy laborioso desde estas tempranas horas del día trabajaban con un entusiasmo que los rebasaba transmitiendo la alegría que los caracteriza, a pesar de las dificultades de un país que intenta salir adelante a pesar de una derecha recalcitrante que durante décadas ostentó el poder, aprovechando para construir falsas verdades a través de feroces medios de comunicación que levantan inexistentes imágenes de terror e inseguridad si el FMLN continuara en el gobierno, ahora a través de un presidente salido de sus propias filas.

Bajo este marco transcurrió el proceso electoral del domingo. Los hechos de corrupción que cobraron fuerza en las semanas previas a las elecciones involucrando a altos dirigentes del ultra derechista partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), entre ellos a un ex presidente de la República, parecían haber decantado definitivamente a los votantes, augurando un probable triunfo en primera vuelta para el FMLN si obtenía el tan ansiado 50% + 1 voto.

Ello no ocurrió. Al obtener “sólo” el 48, 9% de las preferencias populares, se deberá realizar la segunda vuelta el próximo 9 de marzo cuando se dirimirá definitivamente quien será el próximo presidente del más pequeño de los países centroamericanos.

No fue la derecha quien impidió el triunfo electoral del FMLN el pasado domingo, sino una abstención que rondó al 50%. Esa oscura fuerza para la que pareciera no haber estado preparado no les permitió la victoria definitiva. Confrontaron exitosamente a la derecha cavernícola en el plano de las ideas, en la generación de propuestas y en la elaboración de un plan de futuro en el que la Alba tiene un papel preponderante, pero no previeron la inasistencia de tan alto número de ciudadanos a la contienda comicial. En El Salvador, la Alba se manifiesta de manera concreta y tangible: combustible a menor precio que el mercado, créditos y entrega de semillas para los productores, así como la seguridad de que su cosecha será comprada, becas para los jóvenes y muchas otras acciones en beneficio de los más necesitados e incluso de sectores de la clase media . Todo ello hace que encuestas realizadas en el país muestren que la Alba tiene un mayor nivel de aprobación que el propio gobierno, lo cual es calificado de insólito por muchos visitantes extranjeros que han acudido al país como observadores de las elecciones.


En el discurso de victoria, el candidato presidencial del FMLN y actual vicepresidente de la República, Salvador Sánchez Cerén resaltó la importancia de haber obtenido más de 10 puntos de ventaja sobre su contendiente de la derecha y llamó a trabajar para ensanchar el espectro de los que deben participar para conquistar la victoria del 9 de marzo. Un esfuerzo continuado para atraer a los potenciales votantes que no acudieron a las urnas el pasado 2 de febrero será la clave para lograr el tan anhelado triunfo por lo que lucharon y murieron Farabundo y Schafik, así como decenas de miles de salvadoreños.

miércoles, 29 de enero de 2014

No habrá ciudades de sal en Bolivia


En su extraordinaria novela “Ciudades de Sal”, Abderrrahmán Munif considerado el mejor novelista árabe de la segunda mitad de la pasada centuria, hace una fenomenal radiografía de la sociedad beduina de la Arabia Saudita de comienzos del Siglo XX, así como la radical transformación que sufriría la misma a partir del descubrimiento del petróleo. Arropada con una bella prosa y haciendo una minuciosa descripción muy útil para los que desde la distancia desconocemos las particularidades de la vida de los oasis ubicados a lo largo de la ruta de las caravanas, Munif nos da a conocer el profundo conflicto creado por el desgarro que produjo en los hombres y mujeres del desierto la llegada de las empresas petroleras británicas y estadounidenses, produciendo –a partir de entonces- una insondable metamorfosis en la vida cotidiana, la cultura, la vinculación de los ciudadanos con la naturaleza, los valores y los códigos morales de los ancestrales habitantes de tierras tan desoladas. 

El título del libro dice relación a una forma de vida surgida en el desierto a la par de la irrupción del petróleo. Dichas urbes, portadoras de los valores de Occidente y poseedoras de un certificado de identidad falsificado que se construyó sobre una riqueza fatua y una cultura extraña para los ciudadanos del desierto, “pueden estallar y desaparecer en un instante” a decir de Edward Said. 

Este fenómeno que algunos llaman modernidad, es mostrado hoy como los evidentes logros de una sociedad que bajo el reinado de la familia Saúd muestra cifras de crecimiento sostenido que no pueden ocultar un país atrasado y conservador, con un gobierno despótico en el que las mujeres tienen conculcados sus derechos y que no resiste la menos evaluación respecto del funcionamiento democrático, en cuanto a derechos civiles y humanos de su población. La riqueza petrolera le ha permitido al país introducir una modernización que significó el desarrollo de infraestructuras y una gran independencia financiera. El problema ha sido y aún es, la desenfrenada ostentación de la monarquía a partir de una riqueza que no ha sido redistribuida equitativamente a la población.

Todo esto bajo el amparo de Estados Unidos y Europa que se hacen de la “vista gorda” ante tan evidentes violaciones de los derechos humanos de quien consideran un aliado leal, mientras exigen “buen comportamiento” en otras latitudes, a las que incluso son capaces de movilizar gigantescos contingentes de sus ejércitos para imponer verdades acorde a sus intereses. Así, Arabia Saudita se ha convertido en la sede de una de las más importantes concentraciones de tropas de Estados Unidos en el mundo.

Esta larga introducción viene a razón de una manida frase que comienza peligrosamente a copar el espectro informativo internacional cuando se dice que aquellos países que poseen grandes reservas de litio podrían convertirse en la Arabia Saudita de ese mineral. Muy probablemente, quienes enarbolan tal afirmación visualizan la posibilidad de un cambio brusco de una sociedad rezagada en el contexto del desarrollo capitalista mundial a otra “adelantada” en términos de los valores que blande Occidente para que se pueda ostentar tal caracterización.

Estudios publicados por especialistas en la materia no logran ponerse de acuerdo torno a si las mayores reservas mundiales de litio se encuentran en Afganistán o en Bolivia. Ambos países amenazados por Estados Unidos -aunque en diferente medida - se muestran en las antípodas en cuanto a las posibilidades de hacer uso de sus riquezas para fines propios de sus ciudadanos. El litio es un mineral básico para la construcción de computadoras, teléfonos celulares, cámaras digitales o baterías de vehículos eléctricos.

Afganistán es el quinto país más pobre del mundo, casi la mitad de sus 30 millones de habitantes vive con menos de 14 dólares al mes, la tasa de alfabetización no supera el 25% y la esperanza de vida es de 43 años. La ocupación militar estadounidense y la guerra han profundizado esa situación. 

Un equipo de inspectores del Centro de investigaciones geológicas de Estados Unidos encontró reservas por valor de un billón de dólares según se reportó en junio de 2010, aunque algunos analistas afirman que incluso podrían ser superiores. Resulta curioso que esta novedad haya sido dada a conocer por una institución de la potencia ocupante y en el noveno año desde el inicio de la intervención. Valdría conjeturar si ya desde mucho antes, sus satélites no les habrán dado información al respecto. Lo cierto es que tal “descubrimiento” podría generar “niveles de desarrollo” similares a los sauditas, aunque antes Estados Unidos debería pacificar el país.

Sin embargo, el analista político afgano Janan Mosazai es pesimista: "Dudo que el país sea capaz de gestionar esta riqueza para construir un Afganistán más prospero y pacífico". En la perspectiva, subyace la idea de que al igual que con Arabia Saudita, para asegurarse el abastecimiento de petróleo, Estados Unidos haya minimizado los excesos autoritarios de la monarquía, lo que induce a suponer que podría repetirse el guión para hacerse de los ricos yacimientos de litio afganos. 

En el otro lado del planeta, Bolivia es poseedora, en el salar de Uyuni de la mitad de las reservas internacionales de litio detectadas hasta el año 2010. Sin embargo, la posición del presidente Evo Morales es diametralmente opuesta a la que se observa en Afganistán. Ante la voracidad de las empresas transnacionales por hacerse de los ricos yacimientos, el presidente Morales ha sido enfático “…Bolivia necesita socios, pero no dueños de nuestros recursos naturales”. Afirmó que aunque Bolivia no tiene ni la tecnología ni la capacidad financiera para explotar el estratégico mineral, su gobierno “Jamás va a perder la propiedad de sus recursos naturales”.

Así, Bolivia, no apuesta solo a la extracción del litio o al procesamiento de “simples baterías” sino a una industrialización en gran escala que beneficie a la mayoría de los ciudadanos y les permita mejorar su nivel de vida. En esa medida, Morales ha actuado con suma prudencia en la elección de sus socios y ha firmado un decreto por el que se protege la propiedad estatal del mineral y de las plantas de procesamiento que se generen a partir de la explotación del mismo.

En Bolivia, la historia muestra una continuidad en cuanto a la expoliación sufrida por su pueblo como consecuencia de la explotación minera. En la colonia la plata de Potosí se convirtió en la principal fuente de ese mineral para enriquecer las arcas de la monarquía española. Después en el siglo XIX y XX, el estaño configuró la posibilidad de una riqueza que nunca llegó a la mayoría de los ciudadanos. Así ocurrió más recientemente con el petróleo y el gas. Con la belleza de su prosa, nos lo recuerda Eduardo Galeano:

“…la plata de Potosí dejó una montaña vacía
el salitre de la costa del Pacífico dejó un mapa sin mar,
el estaño de Oruro dejó una multitud de viudas.
Eso, y sólo, dejaron”

El 22 de enero de 2006 durante su toma de posesión como presidente de Bolivia Evo Morales afirmaba que “…no se trata de nacionalizar por nacionalizar. Sea el gas natural, el petróleo o los recursos minerales o forestales, tenemos la obligación de industrializarlos”. Más adelante, con visión de futuro y la mira puesta en la elevación de las condiciones de vida de su pueblo, el presidente señaló enfático que era “importante desarrollar una economía con soberanía y (…) que empresas del Estado pueden ejercer, no solamente el derecho de propiedad sobre los recursos naturales, sino entrar en la producción”.

Difícilmente, el litio transformará a Bolivia en una Arabia Saudita, el proyecto del Movimiento al Socialismo, instrumento político de las organizaciones sociales distan mucho de un gobierno de sátrapas y corruptos en un país carente de democracia bajo el cobijo estadounidense. 

Paradójicamente, el Salar de Uyuni, no será un nuevo territorio de “ciudades de sal” sino vergel de futuro para el pueblo boliviano y latinoamericano como sentenciara en 2006 el primer presidente indígena de Bolivia.

martes, 21 de enero de 2014

Chile vs. Perú… y el ganador es…


El año 2014 se inaugura con la espera de un nuevo fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya que dirimirá un diferendo fronterizo sobre territorio marítimo entre Perú y Chile. La Corte ha fijado para el próximo lunes 27 de enero la fecha en que dictará su decisión acerca del litigio en el que ambos países han presentado sus alegatos.

La mayoría de los conflictos limítrofes en América Latina han tenido su origen en un mapa del continente delineado por un sistema que creó instancias políticas a las que se les adjudicó mayor o menor relevancia en la estructura colonial acorde su riqueza y al peso de sus aportes a la metrópoli. Los monarcas europeos se atribuyeron la potestad de establecer límites en territorios desconocidos, con linderos disimiles en los que instauraron órganos de gobierno sin considerar otros factores que no fueran su viabilidad para el control político en función de aportar riquezas a las realezas. Manifiestas diferencias de puntos de vista en el manejo de sus intereses comerciales llevaron a que las colonias portuguesas se independizaran como un solo y gran Estado nacional que dio origen a Brasil, mientras que las españolas se fracturaron llevando al nacimiento de un variado abanico de nuevas naciones, de heterogéneas dimensiones geográficas, población y potencial económico.

Las oligarquías triunfantes al finalizar la guerra de independencia pudieron usufructuar de las nuevas condiciones políticas al apoderarse de los Estados nacionales para ponerlos al servicio de sus intereses particulares en detrimento de los pueblos y del ideal integracionista que persiguieron los padres fundadores de nuestras naciones. Aquel ideal que llevó a ciudadanos de Venezuela, Nueva Granada, Quito, Perú y Charcas, del Río de la Plata y Chile a luchar indistintamente por la independencia sin importar a que bandera servían y cuál territorio estaban liberando fue abandonado en la medida del tiempo y el avance del siglo XIX hacia el futuro.

Comenzaron a primar intereses comerciales de grupos criollos que se aliaron con el gran capital, sobre todo con el británico, para iniciar la explotación y expoliación de los recursos naturales que en gran dimensión se descubrían en las entrañas de la tierra, los campos y los mares de nuestra región.

Ese fue el marco para nuevos conflictos, que ahora (pleno siglo XIX) tenían un carácter intraoligárquico. Vale decir que el apoderamiento y uso que las élites hicieron del Estado, transformaron vía educación y cultura el interés particular de estas clases, en interés nacional creando un falso concepto de Patria que llevó incluso a los sectores más humildes de la población a olvidar que el origen de su situación de exclusión no estaba fuera de las fronteras nacionales sino en el propio país. Así, eran llamadas a filas, jóvenes humildes que en guerras fratricidas morían en defensa de intereses exclusivos y de potencias extranjeras, bajo el disfraz de defensa de la Patria. Finalmente, olvidaban o no sabían que el Libertador Simón Bolívar nos había legado la idea suprema de que “para nosotros, la Patria es la América”.

Este es el origen de algunos conflictos limítrofes que aún perduran en el tiempo, entre ellos el que motiva estas líneas y que ha conducido una vez más a que las élites chilenas y peruanas convoquen a un supuesto interés nacional para lograr una presumida unidad que en realidad beneficia intereses particulares de ambos países.

En este caso, ya en 1835 Perú sufría contratiempos internos entre diversas facciones de la minoría selecta que había surgido victoriosa de la Independencia. El presidente boliviano Andrés Santa Cruz participó directamente a favor de uno de los grupos en disputa con resultado adecuado a sus intereses. Esta situación devino en la creación de la Confederación peruano-boliviana que despertó de inmediato la suspicacia del gobierno chileno toda vez que dicha alianza tendía a cuestionar la hegemonía de Chile en el Pacífico sur, territorio de grandes riquezas y muy activo en el comercio marítimo, considerando que distaban muchos años para la apertura del canal de Panamá.

En 1837 se produjo –después de incursiones en ambos lados de la frontera- una intervención militar chilena en Perú que fue derrotada por el ejército confederado al mando de Santa Cruz. Sin embargo, en un segundo momento de esta fase del conflicto las fuerzas bolivianas fueron vencidas por el ejército chileno en 1839 y la Confederación peruano-boliviana fue disuelta. Chile emergió victorioso de esta guerra. Sin embargo, el virus de la desconfianza y el resentimiento había permeado muy fuertemente y para siempre las profundidades del sentimiento “patriótico” de cada país.

En 1879, los intereses capitalistas europeos fueron causa de primer orden de una nueva guerra entre los mismos actores. En Chile fundamentalmente, pero también en Bolivia y Perú se habían descubierto importantes yacimientos de salitre. Este mineral era esencial para la elaboración de pólvora, lo que le llevó a transformarse en material estratégico desde el punto de vista de los intereses bélicos de las potencias. Empresas británicas azuzaron en secreto las rivalidades latentes y los intereses comerciales particulares de las burguesías mineras, todo lo cual complotó para generar un conflicto entre los tres países. Aunque en 1874 parecía que se habían creado condiciones para un acuerdo favorable a todas las partes, prevaleció –una vez más- el interés de grupos que privilegiaron el conflicto a favor de la búsqueda de maximizar sus ganancias en la zona, lo cual llevó nuevamente a la confrontación bélica que, -con más fuerza aún- fue introducida en el imaginario popular como de objetivos nacionales, identitarios y libertarios. Lo cierto es que el usufructo de la minería condujo en los tres países a situaciones de explotación extrema de los trabajadores y a la sustracción indiscriminada de la riqueza nacional a favor de una minoría.

Por segunda vez, Chile triunfó en este conflicto. Como resultado del mismo y negociaciones posteriores que se extendieron hasta 1929, Bolivia perdió la provincia de Antofagasta y con ello su costa en el Pacífico y Perú la provincia de Tarapacá hasta Arica. Chile se consolidó como la primera potencia del Pacífico a costa de la expoliación de territorio boliviano y peruano. Sin embargo, los grandes ganadores fueron los intereses capitalistas británicos que se apoderaron de toda la riqueza mineral del territorio obtenido por Chile.

Hoy asistimos a consecuencias aún no resueltas de ese conflicto: una delimitación marítima de los nuevos linderos nacionales. Los puntos de vista a favor que cada país esgrime son sustentados en argumentos que seguramente tienen justa validez. La verdad histórica no necesariamente tiene relación con la verdad jurídica. Es la difícil tarea que tendrán que dirimir los magistrados de la Corte, pero ellos no son historiadores, son jueces. Los que acuden a ese tribunal saben que el dictamen puede ser a favor o en contra, pero también saben que en el sistema internacional, más allá de toda sentencia que tenga validez jurídica en el marco del derecho internacional, es el poderío de una nación respecto de otra la que conduce al acatamiento o no del fallo. Así fue cuando la Corte Internacional de Justicia dictaminó a favor de Nicaragua contra Estados Unidos de 1986 y el más reciente, también a favor de Nicaragua en contra de Colombia el año pasado. Ni uno ni otro han acatado la sentencia. Todo el mundo sabe que en la Haya no necesariamente gana el que tiene la razón, sino el que contrata mejores abogados capaces de exponer los argumentos con mayor solidez y, –vale decirlo- en algunos casos se impone el fervor y el sentido patrio con que algunos juristas defienden los intereses de su país.

En este caso, se sigue acudiendo a la exacerbación de absurdos odios alimentados interesadamente. Cuando la selección nacional de futbol de Chile fue a jugar a Lima en la eliminatoria mundialista reciente, arrebatados hinchas peruanos estuvieron toda la noche en las afueras del hotel donde se hospedaban los chilenos tocando tambores y emitiendo insoportables sonidos encaminados a alterar el descanso necesario de los futbolistas. Los periódicos limeños lo llamaron la “importante contribución del jugador número 12”. Otros siete equipos sudamericanos fueron a jugar a Lima. En ninguno de esos casos, el jugador número 12 se hizo presente. Mientras los fanáticos peruanos se despojaban de su propio sueño, los representantes de le élite chilena que asistieron al encuentro deportivo, tomaban whisky en un encumbrado salón limeño con sus pares peruanos. Al día siguiente, compartieron el palco del estadio. Seguramente, cada cierto tiempo, llamaban telefónicamente desde Lima a su casa en Santiago por la preocupación de haber dejado a sus hijos con una siempre peligrosa “nana peruana”.

Ahora, por una parte, el presidente Humala convocaba a quienes según la prensa de Lima son sus “adversarios políticos más férreos” ( los ex mandatarios Alan García y Alejandro Toledo) en pro de una socorrida unidad nacional que no les impide llegar a acuerdos en el Parlamento para favorecer una presencia extranjera que vulnerando las leyes nacionales, avasalla a los trabajadores peruanos y destruye el medio ambiente con su acción indiscriminada contra la naturaleza y los ciudadanos de las comunidades cercanas a los sectores donde se han instalado.

De otra, su par chileno, Sebastián Piñera, citaba al Consejo de Seguridad Nacional, instrumento de la institucionalidad legada del pinochetismo en el cual por mandato constitucional el poder civil se subordina al militar. Haciendo uso del mismo discurso de sus antepasados en el siglo XIX, Piñera, apeló a la unidad nacional para salvaguardar “un mar que es chileno”. Detrás de tal invocación están los intereses (esos si de unidad) entre el gobierno y la oposición bacheletista que no dudaron en ponerse de acuerdo para aprobar una nueva Ley de Pesca a favor de los grandes grupos económicos que lucran con la explotación del mar en detrimento de los pequeños y medianos pescadores que con su labor cotidiana viven y alimentan a sus familias. En este caso, el saliente presidente chileno desearía asegurarle a los usurpadores del mar, los 37.900 km cuadrados ricos en recursos pesqueros que la Corte Internacional de Justicia le otorgará o no el próximo 27 de enero.

miércoles, 15 de enero de 2014

Panamá. A 50 años de la lucha heroica de los mártires del 9 de enero.


La historia de Panamá está atada directamente a la historia del Canal. Ya en 1864,  en el Tratado Mallarino-Bidlack que Colombia firmó con Estados Unidos, este país se atribuyó la potestad de intervenir militarmente en la región. Así mismo, el instrumento le otorgaba a la potencia del norte la autorización para construir un ferrocarril transístmico con el objetivo de contrarrestar la presencia británica en América Central, permitiendo a su vez acortar las distancias entre sus costas de los océanos Atlántico y  Pacífico.

El 10 de enero de 1870, el secretario de Marina de Estados Unidos le dirigió una carta al Capitán de Fragata Thomas O. Selfridge en la que le informaba que quedaba a cargo de una expedición que debería “… hacer una inspección en el istmo de Darién a fin de determinar el lugar más conveniente para abrir un canal desde el océano Atlántico hasta el Pacífico…”. El Secretario caracterizaba tal encomienda como “…una misión relacionada con la mayor empresa de nuestra época”.

En 1880 se iniciaron las obras de construcción del canal a cargo de una empresa francesa, la Compañía  Universal del Canal de Panamá, que dirigía Ferdinand de Lesseps, el mismo que había dirigido la edificación del Canal de Suez concluido en 1869. El nuevo proyecto no llegó a buen término, las labores se paralizaron en 1882 para ser retomadas un año después en medio de múltiples problemas generados por la imposibilidad de resolver de manera inmediata los retos de ingeniería que encaraba una obra tan compleja, así como por la gran cantidad de trabajadores que contraían fiebre amarilla o malaria, enfermedades que no tenían tratamiento conocido en la época. En 1889 la construcción el canal interoceánico fue suspendida definitivamente.

En 1902, Estados Unidos compró los derechos para construir el canal y al año siguiente firmó con Colombia un nuevo Tratado, el Hay-Herrán que establecía las bases del acuerdo para la construcción y administración del mismo. La novedad es que obtuvo en arriendo perpetuo la concesión de una franja de 9,5 kilómetros  que cubría ambos lados del canal a través de todo el istmo entre los dos océanos. Sin embargo, el Senado de Colombia rechazó tal Tratado por ser lesivo a los intereses nacionales y a la soberanía del país. Esta decisión detonó las ambiciones secesionistas de ciertos sectores de la oligarquía terrateniente panameña que manifestó su descontento por el rechazo  al acuerdo Hay-Herrán.

Desde 1901, en Estados Unidos gobernaba Teodoro Roosevelt, caracterizado por la aplicación de una férrea política intervencionista y una clara vocación imperialista. Roosevelt no dudó en girar instrucciones para estimular la secesión panameña de Colombia en alianza con fracciones de la élite panameña que se identificaban con la política estadounidense. Así, con la presencia del navío de guerra Nashville de la armada de Estados Unidos en el puerto de Colón en el Caribe panameño, la rebelión separatista se consumó el 3 de noviembre con la Independencia de Panamá. Tan sólo 15 días después, en Washington se firmó un nuevo Tratado en el que Panamá estuvo representado por el lobbyista francés Philippe Bunau-Varilla quien secretamente había negociado con Estados Unidos su intervención en la rebelión secesionista. El Tratado Hay-Bunau Varilla cedió a perpetuidad a Estados Unidos el uso de una franja de territorio de 16 kilómetros de ancho a ambos lados del canal y en toda su extensión. A cambio Panamá, obtendría 10 millones de dólares y un pago mensual de 250 mil dólares.

Algunos años después Roosevelt declaró abiertamente “Tomé Panamá y dejé que el congreso discutiera”. En 1921, Colombia aceptó una indemnización de Estados Unidos por 25 millones de dólares por la usurpación de su territorio. En 1904 el Tratado Hay-Bunau Varilla fue ratificado por los parlamentos de ambos países. Desde ese momento se inició la larga lucha del pueblo panameño por la recuperación de su territorio ocupado a la fuerza por una potencia extranjera.

Ya en 1947 se produjeron grandes manifestaciones de rechazo ante la intención de ampliar la presencia de bases militares estadounidenses a territorios fuera de la Zona del Canal, pero fue en la década de los años 50, sobre todo a partir de las acciones de los jóvenes y los estudiantes  cuando el pueblo panameño comenzó a expresar mucho más abiertamente el repudio a la usurpación de su soberanía. En todas ellas, la bandera panameña fue un símbolo de la lucha por la recuperación de la soberanía.

Al finalizar la segunda guerra mundial, el paso interoceánico comenzó  a jugar un papel subsidiario en la importancia estratégica de la Zona del Canal. La instalación en ese lugar de la sede central del Comando Sur, autoridad militar superior de Estados Unidos para la ejecución de su política militar en el hemisferio occidental, aunada a la creación de la OEA y la firma del TIAR, configuró una red de dominación y de consolidación hegemónica de Estados Unidos en la región. Las bases militares navales y aéreas estadounidenses  llegaron a ser 21 según informó en 1967 la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA) quien denunció que en realidad dicho componente militar (que incluía la tristemente célebre Escuela de las Américas) sobrepasaba el lindero de la zona y se adentraba en el territorio de la República de Panamá.

Desde este punto de vista, la lucha de los panameños por el rescate de la soberanía sobre la totalidad de su territorio incorporaba también un componente internacionalista y solidario para con toda la región afectada por las constantes intervenciones militares emanadas de la Zona y por la represión que los oficiales latinoamericanos ejercían en sus propios países tras adquirir de las fuerzas armadas de Estados Unidos los conocimientos sobre la tenebrosa Doctrina de Seguridad Nacional que consideraba a los pueblos como el enemigo a derrotar.

En 1963, se acordó que la bandera panameña fuera izada junto a la de Estados Unidos en los edificios civiles de la Zona, lo cual se pondría en práctica a partir del 1° de enero de 1964, sin embargo tal decisión no se cumplió. El 7 del mismo mes, los estudiantes estadounidenses izaron su bandera en la Escuela Superior de Balboa, los panameños aspiraban a hacer lo mismo en cumplimiento del acuerdo al que se había llegado.  El día 9, estudiantes del Instituto Nacional de Panamá obtienen permiso para izar su bandera en la Escuela Superior de Balboa, lo cual es rechazado violentamente por estudiantes estadounidenses de la Zona y sus familiares con el apoyo de la policía militar que acude a reprimir a los panameños quienes se repliegan a un lugar seguro. Sin embargo, la noticia de lo ocurrido se divulgó  muy rápidamente por diferentes sectores aledaños al canal, a partir de lo cual ciudadanos indignados acudieron a ayudar a los estudiantes reprimidos por la policía. Las fuerzas de seguridad estadounidenses de la Zona, así como residentes de la misma comienzan a utilizar armas de fuego contra los estudiantes que protestaban. Estos comenzaron a acudir en número creciente, contando con el apoyo de miles de ciudadanos indignados por la represión  por lo que la policía es desbordada, pidiendo ayuda a las Fuerzas Armadas, a pesar que  su virtual enemigo estaba despojado de armamento y solo portaba su bandera nacional como símbolo de la lucha que habían emprendido.

En la noche, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos desplegaron la 193 Brigada de Infantería, la que portando armamento de combate y contando con el apoyo de artillería y blindados arremeten contra los manifestantes trayendo como consecuencia la muerte 22 de ellos, además causando alrededor de 400 heridos. Las acciones se prolongaron hasta el día 11 cuando la presencia de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos se hizo patente incluso en ciudades panameñas, bajo el argumento de dar persecución a estudiantes que habían participado en las acciones del día 9.



Esos 22 estudiantes panameños son considerados héroes y mártires en su país. Su recuerdo acompaña permanentemente las luchas de su pueblo. Al cumplirse 50 años de su muerte heroica, la llama permanente de su vida joven entregada a la batalla por la soberanía nacional brilla hoy en un país que recuperó su territorio y está aparentemente libre de la soldadesca yanqui que mancilló su tierra sagrada.