En octubre del año pasado escribí un artículo en el que señalaba los problemas internos que aquejaban a las Fuerzas Armadas de Estados Unidos. En ese momento puse el énfasis en aquellos elementos de carácter doctrinario en los que se manifestaban discrepancias entre los líderes políticos y militares del Pentágono sobre todo, en relación a la nueva estrategia de defensa preparada por la Administración Trump.
En ese escrito, señalé que el punto de vista del secretario de Guerra Pete Hegseth -que ha establecido que el centro de la inquietud de Estados Unidos en materia militar debe orientarse a enfrentar y derrotar amenazas internas- es resistido por los altos mandos de las Fuerzas Armadas toda vez que una buena parte de generales y almirantes creían que el secretario minimizaba la competencia de Estados Unidos con China y reducía el papel del país en Europa y otras regiones del mundo.
Esta situación crítica parece haberse profundizado en los últimos dos meses. Al respecto voy a mencionar cuatro perspectivas fundamentales que sin ser las únicas, expresan aspectos de la capacidad combativa de una fuerza armada que sin duda influyen en la determinación de su verdadera disposición de combate. Son ellos:
1. Conducción estratégica
2. Moral de combate de las tropas
3. Infraestructura
4. Equipamiento
Veamos:
En cuanto a la conducción estratégica, es sabido el impacto que ha causado el manejo desacertado de la secretaría de guerra por parte de Pete Hegseth a tal punto que el pasado 6 de agosto, el propio presidente Trump tuvo que comparecer públicamente para refutar que tuviera tensiones con Hegseth motivadas en las “falsas informaciones” que este le habría entregado en cuanto las reservas de armas del país, presuntamente agotadas durante la guerra contra Irán.
