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sábado, 13 de junio de 2026

El mundo de hoy: excremento y desecho del capitalismo

 



Durante milenios, la humanidad ha avanzado dialécticamente hacia la generación de mejores condiciones para la vida. Hace 5 a 6 mil años, a partir de la revolución neolítica (transición radical de la humanidad de un estilo de vida nómada basado en la caza y recolección a uno sedentario), fundamentado en la agricultura y la ganadería, las sociedades de clases se entronizaron sobre la tierra. A partir de entonces, la agricultura se hizo sedentaria y comenzó el proceso de urbanización.

Se empezaron a acumular excedentes generando riqueza por un lado y desigualdad por otro. Surgieron las clases sociales y con ello, los administradores que manejaban los atributos de los gobiernos, los “profesionales” de la religión que daban explicación e interpretaban a su manera los fenómenos desconocidos de la naturaleza y los soldados que “resolvían” por vía armada las diferencias y confrontaciones que el proceso de acumulación generaba.

Comenzó la apropiación por algunos miembros de la sociedad de los excedentes y de los medios de producción. El Estado surgió como instrumento que aseguraba por vía de la fuerza que los propietarios mantuvieran el control de la sociedad, de los trabajadores y de la producción. Así, se comenzaron a hacer las primeras leyes para regular la autoridad y se oficializaron los ejércitos como principal herramienta para hacer valer la razón de los propietarios. Así también surgieron las clases sociales y la explotación. La sociedad esclavista fue la primera expresión de este desarrollo de la sociedad. Se institucionalizó cuando algunos pueblos optaron por explotar como mano de obra cautiva a los prisioneros de guerra, en lugar de ejecutarlos.

En la época esclavista no existía ningún tipo de industria, el capital era escaso y las técnicas de producción son rudimentarias. Solo la tierra y el trabajo contaban como instrumentos para el esfuerzo productivo. Pero al estar la fuerza de trabajo sometida a la esclavitud no era propiedad de los que laboran y por ello, no recibían ninguna retribución y se propagaba por decisión única y exclusiva de los esclavistas que por interés propio, alimentaban y fomentan la reproducción de los esclavos.


Desde el siglo V a.C. en Grecia, y posteriormente en Roma, el esclavismo se masificó, pero a partir del siglo III comenzó su decadencia cuando empezó el ocaso de ambas culturas tras el inicio de la preeminencia de la ciudad sobre el campo. Esto creó las condiciones para el surgimiento de la sociedad feudal que significó un gran paso adelante en la historia de la humanidad.

No obstante, lo hizo sin superar una incompatibilidad fundamental, es decir las contradicciones antagónicas de clase que no fueron superadas, solo asumieron otro carácter. La necesidad de la expansión, y por tanto de la guerra que antes se utilizaba para obtener esclavos, ahora se usó para conquistar territorios en los que campesinos libres venían a jugar el mismo papel que el esclavo. Sin embargo, aunque haya sido un trascendente paso adelante porque las personas habían conquistado su “libertad”, al mismo tiempo fueron utilizados para formar parte de los ejércitos, posibilitando sostener la solidez del sistema.