Algunas transnacionales de la desinformación vienen hablando con insistencia de los preparativos de Estados Unidos para un escalamiento del conflicto en Asia Occidental y una nueva guerra con Irán. Dando por cierto el hecho, las agencias difieren en cuanto a si el mismo se producirá durante la última semana de octubre (previo a las elecciones de Israel) o a finales de mes y comienzos de noviembre (antes de los comicios de Estados Unidos). En ambos casos, el análisis surge de la idea de que agotados todos los recursos para derrotar a Irán en el marco de la “racionalidad” de la guerra, Washington y Tel Aviv solo pueden recurrir a una respuesta que incluso podría incorporar el uso táctico del arma nuclear para impedir una debacle electoral que saque de circulación al sionista y deje altamente debilitado al estadounidense.
En este marco, vale preguntarse si es posible una nueva guerra a gran escala en Irán, cuando lo que está en juego es la estabilidad política, económica y social de Estados Unidos en primera instancia, pero también de todo el planeta, si se tiene una mirada más abarcadora del problema sobre todo cuando la potencia hegemónica manifiesta vulnerabilidades y condiciones precarias de existencia que son posibles de ocultar solo por el aplastante control que posee sobre el aparato comunicacional, cultural y mediático.
Varias condicionantes vienen a ponerse en el tapete para hacer un análisis correcto del asunto, la primera y más importante emerge del examen de la situación energética que está íntimamente relacionada con el segundo factor, el económico-financiero en el momento en que se ha producido un alza vertiginosa de los precios de los combustibles perjudicando a los productores de Estados Unidos y Europa, particularmente en el área agropecuaria. La escalada del conflicto en Asia Occidental y la continua prohibición de exportaciones rusas de energía han provocado un aumento del 10% en los precios del diésel en menos de una semana. Todo ello amenaza con una nueva ola de inflación antes de las elecciones del 3 de noviembre en Estados Unidos.
Las presiones sobre los precios de los alimentos están acumulándose, provocando nuevas alzas que golpean a los ciudadanos (electores) en Estados Unidos. El incremento del costo de los cereales, fertilizantes y combustibles coincide con condiciones meteorológicas adversas y conflictos que afectan las cadenas mundiales de suministro. Todo ello ha afectado o afectará los precios de los insumos esenciales para producir y transportar una amplia variedad de alimentos, lo que aumenta el riesgo de que las subidas se extiendan.
