Un documento como la “Estrategia de Seguridad Nacional” de un país, como el recientemente anunciado por Estados Unidos no se puede sustentar en la ficción y la farsa. En la presentación del instrumento, el presidente Trump incurre en todo tipo de falsedades, evidentemente para convencer a la estupidizada opinión pública de Estados Unidos que “están ganando”. Es un documento de política exterior orientado a la política interna.
Igualmente, es un documento para exaltar a Trump y minimizar a todo el resto, en primera instancia a sus adversarios del partido demócrata recurriendo a la mentira para decir que nadie como él ha hecho tanto para cambiar su país.
Enalteciendo medidas tomadas que se han basado en el supremacismo, el racismo, la misoginia y la exclusión como valores de Estados Unidos que se pretenden incoar a la humanidad entera, Trump se auto asume victorioso a pesar que hoy, junto a Netanyahu, son los personajes más odiados del mundo.
Dice haber destruido la capacidad de enriquecimiento nuclear de Irán, pero sigue mandando mensajes a Teherán para negociar el asunto. ¿Por qué negociar algo que no existe? Afirma haber resuelto guerras que no ocurrieron y conflictos inexistentes, en otros, en los que reivindica su resolución, los propios actores directamente involucrados se han encargado de desmentirlo.
Anuncia haber puesto fin a la guerra de Gaza cuando el ejército sionista sigue masacrando al pueblo palestino. Claro, a él solo le interesaba “el regreso de todos los rehenes vivos a sus familias”. Por supuesto, se refiere a los rehenes capturados por las organizaciones palestinas armadas, mientras que los miles de palestinos retenidos en cárceles del sionismo y los 70 mil muertos (entre ellos 30 mil niños), los 171 mil heridos, los 14.400 desaparecidos y el millón novecientos mil desplazados, no cuentan.
Un país que elabore una estrategia que justifica y reivindica el asesinato, la muerte, la agresión y la guerra como principales instrumentos de acción, denota decadencia, putrefacción y falta de valores. Pretende mostrar fuerza y poder, pero en realidad, expone debilidad, temor a perder la hegemonía, fracaso y derrota.
Sin haber hecho aun un estudio profundo de esta nueva estrategia, me adelanto a dar una opinión inicial tras una primera lectura del documento. En los últimos meses, muchas personas se han apresurado a “explicar” lo que está ocurriendo en el mundo a partir de la simple y superficial sentencia de que “Trump” está loco. Como he dicho desde enero, en cada una de mis intervenciones escritas o audiovisuales, este documento demuestra que Trump no solo no está loco, sino que es el presidente más cuerdo que ha tenido Estados Unidos desde finales de la segunda guerra mundial.
