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sábado, 19 de marzo de 2016

¿Mami, que será lo que quiere el negro?


La situación internacional y, supongo, que la cercanía del fin de su mandato, está haciendo que la soberbia imperial esté alcanzando niveles impensables en la actuación y los discursos de Barack Obama y algunos altos personeros de su gobierno. Unos meses antes de salir de la Casa Blanca, para encaramarse en el Olimpo de los ex mandatarios en el que muy probablemente, tal como Tony Blair, cobrará 300 mil euros por una conferencia, además de un millón de dólares por asesorías bancarias como lo señala el portal chileno Politika, en las últimas semanas, Barack Obama ha comenzado a esbozar ideas que transmiten un pensamiento confuso, con el cual, al parecer está diseñando su proyección a futuro. 

Así como Jimmy Carter ha hecho un gran negocio como el “Dios” de la observación en cuanta elección haya en el planeta, dando lecciones de democracia a la estadounidense y Bill Clinton ha ganado miles de millones de dólares aprovechando la miseria y el dolor del pueblo haitiano como negocio, Obama, pretende transformar la condición de lo que en Estados Unidos se denomina “liberal demócrata” para abrirse paso cual nuevo colonizador vendiendo -valga la redundancia- democracia liberal como espejitos que pretenden hacer olvidar su pasado guerrerista y genocida, de la misma manera como lo lograron exitosamente sus dos colegas demócratas que lo antecedieron 

Sin embargo, la voracidad y descaro de este presidente que sin haber hecho nada le regalaron el Premio Nobel de la Paz, casi al comenzar su primer mandato, parece no tener límites. En reciente entrevista para la revista “The Atlantic”, este moderno Poncio Pilatos, lavándose las manos respecto del desastre creado en el Medio Oriente y el norte de África por las intervenciones militares de Estados Unidos y la OTAN, señaló que sus aliados europeos y árabes habían involucrado a su país en disputas regionales, que no tenían que ver con los intereses de Washington en la región. 

Fue preciso: “ La competencia entre los saudíes e iraníes que ha contribuido a alimentar guerras de poder y el caos en Siria, Irak y Yemen nos obliga a decir a nuestros amigos, así como a los iraníes que necesitan encontrar una manera eficaz de compartir la zona y fundar una especie de paz fría”. Todo esto, después de cientos de miles de muertos y la destrucción de tres países que cuyo común denominador fue la intervención militar, directa o indirecta de Estados Unidos y la OTAN, a fin de obtener objetivos que solo ellos, los poderes imperiales, se propusieron. 

Con respecto a Libia, la “cara dura” del inquilino de la Casa Blanca no se puede catalogar menos que de inaudita. Después de destruir al país más próspero y de mayor nivel de desarrollo social de África para convertirlo en un Estado inviable, sumido en una guerra tribal y sectaria que no se sabe cuándo terminará, causando sufrimiento, dolor y muerte a su población, Obama se limita a decir que la intervención de la OTAN en ese país fue un error sustentado en la suposición de que Gran Bretaña y Francia asumirían la mayor responsabilidad. Una vez más, el presidente estadounidense fue puntual. Según él, Nicolás Sarkozy, su colega francés “quería presumir de los vuelos que estaba haciendo en la campaña aérea en Libia a pesar del hecho de que Estados Unidos había borrado (sic) todas las defensas aéreas y establecido toda la infraestructura“ de la intervención militar. 

Por otro lado, con respecto a Cuba, cuando Obama está a solo días de realizar una histórica primera visita de un presidente estadounidense a ese país en cien años, ordenó a su Secretario de Estado adjunto Anthony Blinken que soltara una diatriba absurda, propia de la guerra fría, tal vez pensando que con eso iba a amedrentar a los cubanos. En el marco de una inmoralidad sin límites, Blinken acusó a Cuba, además de China, Rusia y Venezuela de ser países donde se violan los derechos humanos. Con respecto a Cuba, el funcionario dijo que “…estamos cada vez más preocupados acerca de las detenciones breves de activistas pacíficos por parte del gobierno, que alcanzaron cifras récord en enero. Exhortamos al gobierno cubano a abandonar esta táctica de acallar protestas pacíficas. En unas semanas el presidente Obama realizará una visita histórica a Cuba y destacará que sería mejor para el pueblo cubano que existiera un ámbito donde la gente se sienta libre de escoger sus partidos políticos y líderes, expresar sus ideas, y donde la sociedad civil sea independiente y se le permita prosperar”. Es decir Obama, ahora por otra vía, quiere lo mismo de siempre, es decir, que Cuba adopte el modelo político de Estados Unidos, el mismo que se caracteriza por graves violaciones a derechos humanos en todo el mundo, discriminación racial, violencia policial contra los negros y otras minorías, persecución de inmigrantes, práctica de tortura, existencia de cárceles ilegales y asesinatos de civiles inocentes con drones y otras perlas del “american way of life”. Estamos hablando del país que solo ha firmado 11 convenciones de la ONU sobre derechos humanos de más de 40 existentes. 

Inexplicable para quien vocifera sobre derechos humanos en la ONU. Obama no ha hecho nada por cambiar esta situación durante su mandato.

En el colmo del paroxismo, respecto de Venezuela, abogó por dos delincuentes presos, los que antes de cometer su delito eran dirigentes de un partido político, olvidando que esos individuos son responsables de actos contra el orden constitucional en los cuales resultaron 43 muertos y más de 800 lesionados y por los que en Estados Unidos hubieran sido condenados a pena de muerte o cadena perpetua en el mejor de los casos.

En el extremo de su demencia, durante una entrevista en la cadena CNN, Obama dijo que el gobierno de Venezuela era ilegítimo, a pesar de haber sido elegido en comicios verificados internacionalmente en el que participaron cerca del 80 % de los ciudadanos…y quien lo ha dicho, fue elegido (al igual que todos sus colegas) por alrededor del 25% de los votantes. Le respondió el Ministro de Defensa de Venezuela, General Vladimir Padrino López quien dijo que “Obama es un peligro no solo para Venezuela, sino para toda América Latina”

Respecto de Argentina, en un ataque de sinceridad expuso que "A la presidenta Fernández yo la veía a menudo en los eventos del G-20 o similares. Teníamos una relación cordial, pero en lo que respecta a sus políticas de gobierno eran siempre antinorteamericanas. Creo que ella recurría a una retórica que data probablemente de los años 60 y 70, y no a la actualidad", dijo el mandatario norteamericano. Mientras que al hablar del nuevo presidente Mauricio Macri, también fue claro: "El presidente Macri reconoce que debemos mirar adelante, y que la Argentina, que históricamente fue un país muy poderoso, ha visto debilitada su posición relativa en parte por no haberse adaptado a la economía mundial tan eficazmente como hubiera podido.". O sea, te subordinas a los Fondos Buitre, despides decenas de miles de trabajadores, reprimes brutalmente a quienes protestan pacíficamente y dejas que Wall Street de las órdenes en tu país y eres eficaz y adaptado a la economía mundial, caso contrario, estás desactualizado y apegado al pasado. Ya en Panamá había dicho que había que olvidar la historia.

Pero internamente, tampoco las tiene todas consigo. En su último informe al Congreso, en enero pasado, Obama se vio obligado a responder al pre candidato republicano Donald Trump, pidiéndole a los ciudadanos que se mantengan fieles a los valores estadounidenses. Veladamente, le dijo a Trump que "quien diga que la economía norteamericana está en declive vive en un mundo de ficción" y afirmó ufano como fuera el dueño del mundo quien hablaba "Estados Unidos de América es la nación más poderosa de la Tierra. Punto. En lo que respecta a todos los temas internacionales importantes, en el mundo no buscan en Beijing o en Moscú un liderazgo, nos llaman a nosotros". Al parecer fue poco convincente, el propio Trump tuiteó que el discurso fue "realmente aburrido, lento, apático muy difícil de mirar".

Al leer estas contradictorias declaraciones del presidente Obama y algunos de sus subordinados, no puedo menos que recordar aquella canción del extraordinario merenguero dominicano Wilfrido Vargas, que en su estribillo decía “Mami, ¿Qué será lo que quiere el negro?”, y por supuesto el coro que acompañaba la melodía “Que le den, que le den, que le den”. 

sábado, 12 de marzo de 2016

Un verdadero peligro. Turquía amenaza a amigos y enemigos



El pasado martes 8, el mundo conmemoró, una vez más, el Día Internacional de la Mujer, diversos actos, marchas, concentraciones y eventos de todo tipo se realizaron en todos los confines del planeta…bueno, en casi todos, porque como señala el activista turco Mehmet Tarhan en entrevista con Leandro Albani para “Resumen Latinoamericano”, “…todas las manifestaciones en Turquía por el Día Internacional de la Mujer fueron prohibidas y quienes se manifestaron fueron reprimidos”. En ese marco, dos días después de la conmemoración en honor de las mujeres, el 10 de marzo, en un acto público en Ankara dedicado a los sultanes otomanos, la esposa del presidente turco, Emine Erdogan dijo que "El harén fue una escuela para los miembros de la dinastía osmanlí y una institución educativa para preparar a las mujeres para la vida", desatando críticas variadas por lo que supone una afrenta a las mujeres y una exaltación del régimen otomano.

El comentario no podría pasar inadvertido por ambas razones, en primer lugar por la glorificación de parte de la Primera Dama turca, a un sistema aberrante para la integridad de las mujeres, pero, de la misma manera, por la no disimulada muestra de alegoría y alabanza al imperio otomano, cuya resurrección, -según diferentes opiniones- está en el trasfondo y orienta la política del jefe de Estado Recep Tayyip Erdogan. Sus continuas manifestaciones en torno a “proteger a personas de origen turco”, aunque sean ciudadanos de otro país, encubre su ambición expansionista generando peligro para su entorno.

No obstante, el apetito por la propagación de Turquía y sus intereses de ejercer predominio en su zona inmediata de influencia a fin de revivir el imperio otomano, no es nuevo en el país, ni se inició con Erdogan. El fin de la guerra fría y la desaparición de la Unión Soviética, -auténtico valladar que durante la mayor parte del siglo XX frenó las aspiraciones turcas- coadyuvaron a la posibilidad de que Turquía comenzara en la última década del siglo pasado a incrementar su influencia en Asia central y las cercanías del mar Negro. En ese marco, Turquía apostó por el ejercicio de un influjo mayor en esa región, pero también en Europa.

El colapso de la Unión Soviética, le permitió, en primera instancia, volver a hablar del acercamiento y unidad de los turco hablantes, concepto que incorpora hasta 85 millones de ciudadanos que hablan lenguas túrquicas ubicados en Azerbaiyán, Kazajistán Kirguistán, Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán (todas ex republicas soviéticas de Asia central) pero también en Rusia, China e Irán en Asia y, Bulgaria, Rumania, Ucrania, Macedonia y Grecia en Europa, sin contar la emigración turca en Alemania, unos 2.7 millones de habitantes, alrededor del 4% de la población del país germano. A pesar de la debilidad de los gobiernos rusos, -que sucedieron a la Unión Soviética- en la década de los 90 del siglo pasado, tuvieron la visión suficiente para tomar medidas desde ese momento que contrarrestarán el ímpetu expansionista turco. Por ello, entre otras cosas, la creación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y la firma del Tratado de Tashkent sobre Seguridad Colectiva de 1992, firmado entre Rusia y varios nuevos países de Asia Central. De la misma manera, Rusia estableció claras limitaciones a las intenciones turcas de intervenir en el conflicto del enclave azerí de Najichevan.

El imperio otomano, que tuvo su centro en Constantinopla (actual Estambul) en Turquía, se extendió por el Medio Oriente, el Mar Negro y los Balcanes, imponiéndose en los territorios conquistados a través de la ocupación militar, aunque en algunos casos aceptó gobernantes, sistemas jurídicos y religiones locales, característica muy típica de los imperios antiguos en regiones de la periferia, alejadas de los centros políticos importantes. Sin embargo, en su apogeo asumió políticas de limpieza étnica que tuvieron continuidad en la Turquía actual devenida Estado-nación después de la primera guerra mundial.

En la actualidad, ese talante agresivo, esa manifiesta voluntad belicosa y ese ideal imperial de lo que fue el Imperio Otomano se expresa de múltiples formas. En primer lugar, el inveterado ardor con que niegan el genocidio de entre un millón y medio y dos millones de armenios que el gobierno turco realizó contra ese pueblo entre 1915 y 1923. El mundo entero rechaza la explicación que da Erdogan al respecto, sólo se reclama el reconocimiento de la masacre y el pedido de disculpas por ella. Pero, el presidente turco niega terminantemente una y otra vez el carácter planificado del exterminio, por el contrario, critica a quienes lo instan para que reconozca la dimensión genocida de esta matanza. El propio Papa Francisco, que caracterizó de genocidio estos hechos recibió una “andanada” de Erdogan: "Si los políticos o los religiosos hacen de historiadores, no vamos a llegar a hablar de la realidad, solo serán delirios" y remató cual matón de barrio, con una amenaza "Condeno al Papa y quiero advertirle. Espero que no vuelva a cometer un error de este tipo”. 

Ante los hechos actuales, cuando Turquía en el más pavoroso silencio y con la complicidad de la OTAN y las potencias occidentales, realiza acciones similares contra el pueblo kurdo, el propio canciller armenio Edward Nalbandian, quien en su sangre, lleva el ADN de la sobrevivencia ante una crueldad que no tuvo límites, debió salir al paso del primer ministro turco Ahmet Davutoglu quien comparó los hechos que están teniendo lugar en las zonas turcas controladas por los kurdos, a lo ocurrido hace 100 años en las provincias armenias del Imperio Otomano.

Las declaraciones del canciller armenio se producen en reacción al hecho de que Davutoglu afirmó que los actuales militantes kurdos son similares a los “bandidos” armenios. Hablando en la Universidad Estatal de Ereván, capital armenia, Nalbandian señaló que las autoridades turcas están amenazando a los kurdos por la misma razón que a ellos y consideró la postura de Ankara como un mensaje para la comunidad internacional sobre lo que puede suceder a los kurdos en Turquía. “Nada ha cambiado en las élites gobernantes turcas en los últimos 100 años”, dijo.

Por otra parte, la posición de Turquía en el conflicto de Siria y su alianza con Arabia Saudita, Israel y Catar para apoyar al terrorismo que asola a ese país y a parte importante del Medio Oriente, es expresión de su absoluta falta de escrúpulos en la relación con sus vecinos. Su obsesión por derrocar al gobierno del presidente sirio Bashar Al-Ásad le nubla la razón y lo lleva a establecer relaciones fraternales con quien públicamente dice son sus enemigo: Israel, por sionista, Araba Saudita, por las profundas contradicciones entre wahabitas y la Hermandad Musulmana e Isis y el frente Al Nusra por terroristas. Pura hipocresía y mentira falaz, engañan a su propio pueblo, mientras se vinculan con estos, sus aliados más próximos, todos cobijados por el paraguas protector de Estados Unidos.

Y ahora, en una nueva faceta, han amenazado a Europa con dejar pasar hasta 2.5 millones de refugiados de un conflicto que la propia Turquía ha creado junto a sus aliados. Los éxitos militares del ejército sirio, apoyado por Rusia, Hezbollah, los milicianos iraquíes, las fuerzas populares kurdas e Irán han cortado las vías de suministro de Turquía a los terroristas del Frente Al Nusra y de Isis, todos unidos por su común objetivo de intentar derrocar al presidente sirio. No obstante, el incremento de las acciones bélicas favorables a Damasco ha aumentado aceleradamente el número de refugiados. Turquía ha cerrado sus fronteras para buena parte de ellos, pero juegan a chantajear a la Unión Europea (UE) con el fin de recibir apoyo político y “carta blanca” para su demencial política criminal. Ha sido la propia alta representante de la UE para la Política Exterior, Federica Mogherini, quien le llamó la atención a Ankara "Hay un deber moral y legal de proteger a los que necesitan protección internacional [...]. Es incuestionable que la gente que viene de Siria necesita protección internacional". Al final terminó aceptando el pago de 3 mil millones de euros para que Turquía atienda a los refugiados en su suelo y los contenga, privándolos de entrar a Europa.

En su desesperación, pareciera que Erdogan pasa a una nueva fase, ya no solo ataca a sus enemigos para proteger a sus aliados, ahora también amenaza a sus propios vecinos. Si esto no es un peligro, ¿cómo se llama?

sábado, 5 de marzo de 2016

¿Hegemonía ideológica o cambio conservador?


Comienzo a escribir este artículo pocas horas después de la detención del ex presidente brasileño Luis Ignacio Lula Da Silva cuando no hay ninguna prueba de que él, o la presidenta Dilma Rouseff estén relacionados con delito alguno. Pero, eso no importa para los poderes fácticos de Brasil que después de haber perdido por cuarta vez las elecciones, recurren –tal como están haciendo los sectores más conservadores de la sociedad en otros países de América Latina- a la mentira, la calumnia, los falsos testimonios sin importar cual vía utilizar para regresar al gobierno.

Los grandes medios de comunicación de Brasil, de la región y del mundo se apresuraron a transmitir la noticia del expresidente detenido por la policía federal, un órgano –que junto al Poder Judicial que emitió la orden de captura- tiene paupérrimos niveles de reconocimiento y reputación en su país. Lula fue detenido por “conducción coercitiva”, una figura que señala una alta peligrosidad y la posibilidad de una fuga del prisionero. Por supuesto, todo estaba coordinado con la prensa para quien era importante mostrar al ex presidente como un sujeto pendenciero que necesitaba estar rodeado de policías en uniforme de combate mientras era llevado a la justicia. La imagen dio la vuelta al mundo, sin embargo, poco informaron cuando tres horas después, Lula regresó a su hogar sin ningún tipo de cargo. El mal ya estaba hecho, necesitaban mostrarlo como un delincuente potencial y seguramente, en alguna medida, lo lograron. Ahora se aferrarán a su cuello como alimañas sedientas de sangre y deseos de venganza hasta verlo humillado en su condición humana, destruido en su capacidad de liderazgo y caído en sus posibilidades de regresar a la presidencia tal como lo anunció hace pocas semanas. Finalmente, ese es el objetivo que quieren impedir, les da temor enfrentarse a él en el propio terreno que inventaron y que dicen defender: el de la democracia.

Confieso que no era éste el tema sobre el que quería escribir esta semana, pero es inevitable no dejar pasar por alto este nuevo paso de las fuerzas de la derecha latinoamericana, (hoy auto denominadas “de cambio”) para retrotraer la historia, como si esto pudiera ser posible. 

Sin embargo, el desarrollo de los acontecimientos recientes en la región me llevan a recordar algunos elementos referidos a una investigación en curso en la que intento mostrar la necesidad de observar y construir una realidad al margen de los conceptos estereotipados y de los mitos, leyendas y fábulas creadas a través del tiempo para fijar opiniones desde el poder, utilizando viejas fórmulas establecidas a partir de una visión totalizante y universalizada por la práctica de períodos muy largos y abarcadores de la historia, en los que se han instalado puntos de vista, parámetros de investigación y paradigmas que responden a una idea hegemónica respecto del desarrollo de una historia concebida desde la imposición, (casi siempre por la fuerza) de modelos de economía y sociedad, establecidos sobre la base de una larga tradición que se sustenta en principios, costumbres y en la cultura de poderes reales o fácticos incubados en las centros de dominio global.

En este sentido, hablar de hegemonía tiene que ver con el aparato que la soporta, el cual es completado por la estructura ideológica de dominación clase. Esto nos lleva a recordar la opinión de Christine Buci-Glucksmann cuando planteó que “El aparato de hegemonía califica y precisa el concepto de hegemonía, entendido como hegemonía política y cultural de las clases dominantes. Conjunto complejo de instituciones, de ideologías, de prácticas y de agentes (entre los que contamos a los “intelectuales”), el aparato de hegemonía no encuentra su unificación, sino en una expansión de clase. Una hegemonía no unifica solamente como aparato, por referencia a la clase que se constituye en y por la mediación de múltiples subsistemas: aparato escolar (de la escuela a la universidad), aparato cultural (de los museos a las bibliotecas), organización de la información, del marco de vida, del urbanismo, sin olvidar el peso específico de aquellos aparatos eventualmente heredados de un modo de producción anterior (del tipo Iglesia y sus intelectuales)”.

Desde este punto de vista, es importante hacer énfasis en el rol que juega el Estado en la imposición de un “consenso” alcanzado a través de la coerción física (o de la amenaza de su utilización), para lo cual el aparato ideológico juega un rol relevante en la creación de “ideas consensuadas” a través de la educación, la justicia, los medios de comunicación, la cultura y el entretenimiento Así, se fijan opiniones que no necesariamente coinciden con la realidad, pero que habilitan la integración de creencias, valores, tradiciones culturales y mitos que funcionan en la masa con el objetivo de perpetuar el orden existente a través de la creación de una idea única y universal. Según Carl Boggs es necesario conocer “las sutiles, pero penetrantes formas de control ideológico y de la manipulación que servían para perpetuar todas las estructuras represivas” Por ello se hace importante diferenciar dos tipos fundamentales de control político, los de “dominación” (coerción física directa) de los de la “hegemonía” o “dirección” que supone consentimiento y control ideológico.

Esos aparatos hegemónicos de “consentimiento y control ideológico” que no pudieron ser removidos por los gobiernos democráticos que se instalaron en América Latina en los últimos 15 años, hoy vuelven por sus fueros. Atacaron brutalmente al presidente Evo Morales para evitar que pudiera obtener la victoria en un referéndum donde se optaba por una reforma constitucional que le permitiera ampliar a través de la reelección su estadía en la máxima magistratura de su país, y hoy repiten la dosis en Brasil. 

En Argentina, hace pocos días se anunció con bombos y platillos el supuesto involucramiento de la ex presidenta Cristina Fernández en la muerte del fiscal Alberto Nisman. Bajo grandes titulares se informó que el ex agente de inteligencia Horacio Antonio Stiuso, ex director de Operaciones del Servicio de Inteligencia del Estado (SIDE), refugiado y protegido por Estados Unidos, iba a regresar al país y daría información que implicaría a la ex mandataria. Sin embargo, cuando su abogado Santiago Blanco Bermúdez afirmó que su cliente no tenía “pruebas directas” que relacionaran la muerte de Nisman con la ex presidenta y que sólo podía dar a la justicia “…una interpretación de los hechos precedentes a las confusas circunstancias que rodearon a la muerte” (de Nisman), la noticia no tuvo mayor relevancia. Igual que ahora, en el caso de Lula, el daño ya estaba hecho. 

Poco a poco, la hegemonía cultural, ideológica y mediática va taladrando la cabeza de los ciudadanos, hasta construir imaginarios de redención y “cambio” que vendrían de las propias fuerzas que han marginado y excluido a las mayorías por doscientos años.

De ahí se deduce que la confrontación hoy es política, es ideológica y es mediática, suponer que se puede avanzar llegando al gobierno y desde ahí hacer obra pública que mejore las condiciones de vida de la población, como forma de transformación estructural de la sociedad, es solo una quimera. El muy manoseado comandante Ernesto Che Guevara, visualizó hace más de cinco décadas que el cambio estaba en la creación de un Hombre Nuevo que actuara en la vida a partir no solo a partir de estímulos materiales (de consumo diríamos hoy) sino que también –y sobre todo- desde los estímulos morales y espirituales que entrañaban valores de solidaridad, comportamiento colectivo y realización en la medida del aporte a la sociedad. Eso solo puede provenir de niveles de conciencia que surjan de la creación de un aparato hegemónico político, ideológico y cultural que resista los embates de la oligarquía conservadora y sea portador de lo nuevo, sobre todo cuando en la actualidad, solo nos medimos en términos cuantitativos en elecciones en el marco de sistemas de democracia representativa que también fueron creados por esa misma oligarquía.

sábado, 27 de febrero de 2016

Notas para tratar de entender el momento actual del conflicto en Siria.


Los acontecimientos en el Medio Oriente evolucionan a ritmos tan asombrosos, que es bastante difícil seguir el pulso de la situación, sin embargo existe plena convicción de que en esa región se están definiendo las posibilidades de las potencias imperiales para establecer un nuevo orden mundial que fije las pautas del comportamiento internacional desde una posición de fuerza. Por eso no es exagerado decir que en esta región y particularmente en Siria, se están jugando los destinos de la humanidad.

En el marco global, estamos ante una situación que tiene una gran importancia geoestratégica para la paz del planeta, considerando los gigantescos recursos energéticos: petróleo, gas y agua que guarda su subsuelo, haciendo que el tablero estratégico en el que se mueven las preocupaciones de las potencias confluyan en la región a partir de actuaciones de todo tipo, incluyendo la violación del derecho internacional y la utilización de la violencia y la guerra como instrumento de hacer política en función de beneficios corporativos y de grupo, que soslayan los intereses mayoritarios de los pueblos.

Hoy, la región está cubierta por guerras en Siria, Libia, Irak y Yemen, fuertes conflictos políticos en Líbano y Bahréin, y caos en Egipto por la acción de grupos fundamentalistas, todo lo cual configura una situación explosiva en demasía, con muchas variables de análisis e innumerables elementos que deben considerarse en el momento de tomar decisiones.

Siguiendo con el aspecto global, la presencia de Estados Unidos y Rusia, (de manera primordial) pero también de la Unión Europea y la OTAN, y de China en menor medida, dan cuenta de una zona a la que concurren intereses globales contradictorios. Desde 2001, cuando Estados Unidos invadió Afganistán, la correlación de fuerzas ha cambiado una y otra vez, sin que pueda establecerse una situación de potencial estabilidad. La destrucción de estructuras seculares, el cataclismo producido en Estados nacionales creados por los propios intereses coloniales de las potencias en el pasado, el desbordamiento del terrorismo criminal y el incremento hasta niveles nunca antes visto de migrantes que huyen de las áreas de conflicto y sus ramificaciones, son algunas de las consecuencias de la demencial política impuesta a los países árabes y musulmanes.

En el plano regional, también asisten innumerables variables que coadyuvan al fomento y desarrollo del conflicto. Por un lado, una supuesta contradicción entre árabes e israelíes que existe solamente en el discurso interesado de los mercaderes de armas para obtener jugosas ganancias de tal conflicto, incluso sin que el mismo llegue al enfrentamiento bélico con la entidad sionista, pero que, por el contrario ayudan a su soporte y fortalecimiento, en detrimento de una vida estable para el pueblo palestino. 
 
Por otro lado no se puede soslayar la deformación fundamentalista y terrorista del islam presente en la ideología dominante en Arabia Saudita que no escatima medios ni recursos a fin de consolidar y mantener una hegemonía por cualquier vía incluyendo el desarrollo, financiamiento y armamento de grupos terroristas, aceptados por Occidente y denominados por la terminología oficial como “luchadores por la libertad y la democracia”, lo cual resulta bastante difícil de aceptar, porque no hay ningún organismo de derechos humanos en el mundo que sea capaz de sostener que en estas monarquías decadentes exista libertad y democracia. 

Así mismo, hay que considerar el afán desmedido del islam de corte británico configurado como corriente de pensamiento oficial en Turquía, país que pretende revivir el imperio otomano, del cual el gobierno actual se considera continuador y bajo cuyo dominio permanecieron durante varios siglos, muchos de los países hoy en conflicto.

De la misma manera, es imprescindible recalcar la presencia de organizaciones terroristas seudo islámicas, las que incubadas a partir de las intervenciones militares estadounidenses en Afganistán e Irak, han desatado un terror que recuerda los peores momentos de la humanidad. La hipocresía de Occidente que dice combatir dichas huestes no resiste análisis ante las innumerables pruebas que muestran su apoyo, protección, financiamiento, preparación combativa y abastecimiento con armamento de todo tipo.

Finalmente, pero no menos importante es la presencia de Israel como actor interesado más que ningún otro en el desmembramiento de los Estados nacionales a fin de desatar su ánimo expansionista como peón imperial que pretende ocupar para siempre el territorio palestino. Para ello, no ha escatimado esfuerzos para establecer alianzas con sus “enemigos” árabes de Catar, Arabia Saudita, Marruecos, Emiratos Árabes Unidos y también con Turquía con quienes ha concretado sólidos acuerdos de cooperación, sobre todo en materia militar y de seguridad.

Vistas así las cosas, nos encontramos ante una amplia alianza conformada por Estados Unidos, la OTAN, las monarquías árabes del Golfo Pérsico, Arabia Saudita, Israel y las organizaciones terroristas. Alguien podría pensar que esto es inaudito y poco creíble, pero diariamente se encuentran nuevas evidencias que permiten asegurar la configuración de tan demencial coalición: aviones estadounidenses protegiendo las caravanas de camiones del Estado Islámico (EI) que transportan petróleo robado, jefes militares del EI y de Al Nusra, que reciben tratamiento médico en Israel donde son visitados por sus principales autoridades, anuncios de intervención militar ilegal de Arabia Saudita y Turquía en Siria, no autorizadas por la ONU, bombardeos de la artillería turca a las fuerzas patrióticas que se enfrentan al EI, derribo de un avión militar ruso por parte de Turquía cuando se encontraba cumpliendo misiones de ataque a los terroristas, comercio ilegal de petróleo entre el EI, Turquía e Israel, en el que incluso participa directamente el hijo del presidente turco y muchas otras más.


Como colofón, la actitud ambigua e irresponsable del presidente de Estados Unidos que un día dice una cosa y al siguiente, refuta con otra, generando incertidumbres y dudas sobre su real voluntad de trabajar por solucionar el conflicto. El diplomático de un país del Medio Oriente lo denominó “la política de un paso adelante y dos atrás”. En el hecho más reciente, los presidentes de Rusia y Estados Unidos conversaron a petición del primero a fin de discutir el establecimiento de condiciones para un cese al fuego en Siria entre el gobierno y la oposición, que permita fortalecer las acciones contra el EI. El mandatario ruso Vladimir Putin anunció el pasado lunes 22 de febrero que “hemos aprobado las declaraciones conjuntas sobre el cese de los combates en este país", y agregó que "La declaración fue precedida por un trabajo intenso de los grupos de expertos rusos y estadounidenses. Al mismo tiempo, se utilizó la experiencia útil acumulada durante la colaboración a la hora de destruir las armas químicas en Siria". Así, se alcanzó un acuerdo para el cese del fuego en Siria entre el gobierno y la oposición armada considerada democrática por Occidente, desde la medianoche del 27 de febrero de 2016, el cual no tendrá validez para seguir realizando acciones en contra del EI y Al Nusra

Pero como todo gobierno de Estados Unidos, acostumbrado genéticamente a las amenazas, solo un día después, el martes 23, el secretario de Estado John Kerry hizo referencia a un eventual “plan B” para Siria que pondría más el acento en la opción militar internacional en caso de que fracase el diálogo diplomático y político que Estados Unidos y Rusia intentan promover a través del cese del fuego acordado.

Esta vez, fue su homologo ruso Serguei Lavrov quien tuvo que salir al paso a las declaraciones de su colega estadounidense, reflejando contradicciones entre el presidente Obama y su secretario de Estado y falta de autoridad del primero. El jefe de la diplomacia rusa afirmó en relación con un supuesto “Plan B” sobre Siria, “que no existe ni existirá alternativa al armisticio pacificador concertado el lunes pasado por los mandatarios de Rusia y Estados Unidos, agregando que “Ya dijimos todo sobre el ´Plan B`, nunca existió y nunca existirá”.

Al concluir estas líneas, restan pocas horas para el inicio del esperanzador cese del fuego en Siria, sin embargo, analistas locales consultados tienen profundas dudas de que el mismo pueda verificarse en toda su extensión, dados los disimiles actores e intereses presentes en el país árabe. Con todo, lo más deseable sería que este cese del fuego sea el comienzo de la paz y la estabilidad para el abnegado y heroico pueblo sirio y para todos los pueblos de la región. 

domingo, 21 de febrero de 2016

Elecciones en EE.UU. El show ha comenzado


La campaña electoral de Estados Unidos ha comenzado. La mesa está servida para la mayor parodia democrática del planeta. La puesta en escena que conmueve la mass mediática como “lucecitas montadas para escena” en palabras de Silvio Rodríguez se ha puesto en funcionamiento, sin embargo, en su punto cúlmine: las elecciones del próximo mes de noviembre dejará de participar más de la mitad del electorado estadounidense a quien no le interesa qué hagan o no hagan sus gobernantes hasta que le tocan el bolsillo, único lugar sensible del cuerpo de una gran cantidad de ciudadanos del país del norte. 

Contrario a lo que se pueda suponer, el sistema político estadounidense es monopartidista. Existen dos corrientes del mismo partido político: el de las transnacionales, el de las grandes empresas, el del complejo militar industrial, es decir el que finalmente a través del financiamiento de las campañas electorales ha decidido hasta ahora quién puede y quien no puede ser presidente de los Estados Unidos de América. Estas dos corrientes: demócratas y republicanos han sufrido un corrimiento más a la derecha en los últimos años que asemeja su carrera comicial a las del hijo dilecto, Israel, donde compiten partidos de derecha, extrema derecha y ultra derecha según las clasificaciones de los analistas de la propia entidad sionista.

Al respecto Noam Chomsky afirma que los republicanos modernos se hacen llamar demócratas, “mientras la antigua organización republicana quedó fuera del espectro, porque ambas partes se desplazaron a la derecha durante el periodo neoliberal, igual que sucedió en Europa. El resultado es que los nuevos demócratas de Hillary Clinton han adoptado el programa de los viejos republicanos, mientras éstos fueron completamente desplazados por los neoconservadores. Si usted mira los espectáculos televisivos donde dicen debatir, sólo se gritan unos a los otros y las pocas políticas que presentan son aterradoras”. Tal vez sea difícil encontrar una expresión tan gráfica de lo que está ocurriendo. La interna republicana es una confrontación entre distintas derechas que no tienen diferencias conceptuales, sino ciertas discrepancias ideológicas relacionadas con divergencias de tipo religioso o, en cuanto a la profundidad con que se deben aplicar las políticas imperialistas agresivas. 

Finalmente, el único debate que marca una diferencia en la política de Estados Unidos, es el de cómo se producen los ingresos que van a soportar el presupuesto de Estados Unidos en el que el gasto militar ocupa de lejos el espacio más importante: los demócratas son más proclives a incrementarlos para aquellos que ocupan los sectores más altos de la sociedad y los republicanos creen que se deben obtener reduciendo el gasto social, de manera que sean los marginados, los que paguen las aventuras militares del país en todo el mundo. No hay grandes diferencias entre unos y otros a la hora de decidir intervenciones militares, agresiones a otros países, organización de golpes de Estado contra líderes “indeseables”, o apoyo para la interrupción de la democracia en cualquier lugar del globo donde lo consideren necesario para sus intereses.

En este contexto, la realidad internacional y el papel que Estados Unidos a través de su política exterior pueda jugar en ella, adquieren una relevancia que no ha tenido parangón desde el fin de la guerra fría. Será inevitable que las opiniones sobre el tema ocupen parte importante de los debates y la propaganda que busca atraer votos en las elecciones primarias de los partidos políticos, sobre todo, cuando una vez que los candidatos hayan sido definidos entren en la contienda real para obtener la máxima magistratura de la primera potencia mundial.

Chomsky advierte del peligro que significa la obcecada negación de la existencia del calentamiento global por parte de los republicanos o, incluso del hecho de que algunos sean escépticos respecto de tal situación, por lo cual según ellos, los gobiernos no deben hacer nada al respecto. El científico social estadounidense opina que estamos ante el peor desastre que la humanidad haya enfrentado jamás. De ahí su preocupación, porque los republicanos “quieren aumentar el uso de combustibles fósiles”. Igual inquietud genera el tema de la migración, que indudablemente ocupará un lugar especial en el debate electoral, en lo que es junto al narcotráfico la expresión más alta de la hipocresía estadounidense. Obvian que son, los conflictos y la destrucción que generan en todo el mundo, la causa fundamental de las migraciones que pretenden evitar mediante la represión. Igualmente, mientras consumen crecientes cantidades de drogas para mantener estupidizada a su juventud, se asumen como los adalides de la lucha contra el narcotráfico. 

No hay contradicciones importantes en los grandes temas de la política exterior. Las diferencias se manifiestan en solo dos ámbitos que tiene más que ver con aspectos de política interna que internacional, la existencia de sendos lobbies cubano y sionista, ha transformado esos temas en puntos álgidos de debates electorales, en el primero de los cuales pareciera que el presidente Obama va ganado posiciones con el apoyo de un importante sector bipartidista. Me parece que serán esos los cuatro temas los que copen la agenda internacional de la campaña: cambio climático, migraciones, Cuba y Medio Oriente. 

Más allá de eso, no parecía haber nada interesante en esta repetición del show cuatrienal de la “democracia” estadounidense. Sin embargo, la irrupción de los outsiders ha marcado el rumbo del proceso eleccionario. En lo que el analista colombiano Antonio Caballero llama ”choque de extremos” la irrupción tanto de Donald Trump entre los republicanos y de Bernie Sanders entre los demócratas ha establecido una novedad respecto del pasado.

Todos aquellos que al comienzo de la carrera electoral supusieron y afirmaron que Trump era un “bufón” que no tenía cabida en el sistema político estadounidense, han debido aceptar que es el candidato de las corporaciones que ostentan el poder tras bambalinas en el país, así mismo es el presidente que desearía la aún mayoría WASP (blancos, anglosajones y protestantes), expresión de la tradición más rancia del sentir nacional. En el más reciente sondeo de CBS sigue conservando un potente 35% contra 18% del senador Ted Cruz, su contendiente más cercano dentro del partido republicano. 

La monotonía ultra derechista de la campaña electoral que conglomera un amplio espectro que va desde Donald Trump hasta Hillary Clinton ha sido rota por la aparición refrescante de Sanders quien ha tenido la virtud de movilizar a los jóvenes y a las minorías en acciones multitudinarias que nos hacen parafrasear a Galileo Galilei, para decir que sin embargo, en Estados Unidos, algo se mueve. Clinton no se diferencia en nada de cualquier candidato republicano. Es responsable de transformar el Departamento de Estado, en el aparato político de la máquina de guerra imperial. Sus poco transparentes manejos de la diplomacia y sus vínculos con Wall Street la condenan. Las encuestas indican que los electores demócratas cada vez le creen menos. Lo que aparentaba ser un fácil camino al olimpo se ha transformado en una espinosa ruta descendente que no se sabe a dónde la llevará. 

Sanders que se auto describe como social demócrata a la usanza de los antiguos líderes escandinavos de esa corriente, ha rechazado públicamente la acumulación de riqueza en el 1% de los estadounidenses, mientras se han desmejorado las condiciones de vida de la mayoría de la población incluyendo a sectores muy importantes de la numerosa clase media. Su particular uso de las redes sociales y su irrevocable impugnación a los aportes millonarios a su campaña, a fin de evitar condicionamientos previos de corporaciones y empresas transnacionales, ha significado una verdadera revolución política que está conmocionando la sociedad en particular a los jóvenes que sobre todo en las universidades se están plegando de manera entusiasta a su campaña. Ello lo ha llevado, de ser considerado un candidato advenedizo y marginado en los números electorales, a un impresionante 40% de apoyo entre los electores demócratas a nivel nacional, rezagado todavía 10 puntos de Clinton. 

La campaña apenas ha comenzado. Todavía queda mucho camino por recorrer. Las cartas están echadas. El show ha comenzado y los actores están en el escenario. El 48% de los votantes que regularmente acuden a los comicios tendrán tiempo de decidir. ¿Podrá Sanders movilizar a la juventud adormilada por los medios de comunicación? Me parece que en la resolución positiva de ese dilema podría generar una posibilidad que conduzca a un resultado distinto que haga a este mundo un lugar más agradable para vivir. 

sábado, 13 de febrero de 2016

Algunas reflexiones sobre el fin del “ciclo progresista”

El debate sobre el “fin del ciclo progresista” se mantiene y amplía, sobre todo después que se han cumplido dos meses de aplicación en Argentina de lo que -como dijimos la semana pasada utilizando un concepto de Immanuel Wallerstein- podría denominarse un modelo de “fascismo democrático”. Así mismo, su caudal se viene a alimentar con las acciones de la oposición venezolana encaminadas a hacer retroceder las conquistas de los trabajadores y el pueblo en los últimos quince años, los nuevos intentos desestabilizadores de la derecha y ciertos sectores de las fuerzas armadas ecuatorianas y la incertidumbre respecto del resultado del referéndum en Bolivia. Todo ello apunta a confirmar la tesis de aquellos que aseguran que ha habido un ciclo progresista y que el mismo está llegando a su fin.

Desde mi punto de vista, hablar de ciclos entraña un pensamiento lúgubre y fatalista de la historia que apunta a la idea de que los avances logrados en la lucha de los pueblos pasa por ciclos que necesariamente van a tener un retroceso. ­­­­Suponer que esos momentos de flujo o, como se ha dado en llamar “ciclos progresistas” están vinculados a la llegada al gobierno de una fracción del movimiento popular, en el marco de democracias liberales representativas, cuando la estructura del poder económico no se ha cambiado (por las razones que sean), es simplificar la significación de la lucha de los pueblos por su liberación. Asumiendo incluso que las transformaciones estructurales no se han hecho, simplemente porque no existen las condiciones para ello, se da cuenta de la superficialidad con que se acepta la idea de “ciclo”, toda vez que la persistencia de un momento de flujo del pueblo depende de su capacidad de ensanchar en cantidad y calidad el espectro de fuerzas que configuran la masa que va a actuar como sujeto del proceso de transformación. El solo hecho de que esa correlación de fuerzas pueda ser revertida, incluso estando en el gobierno algún representante de una fracción progresista, democrática, independentista o anti imperialista, nos habla de un proceso dialéctico en el que el “ciclo” es solo un factor temporal, tal vez importante para los académicos que necesitan sistematizarlo para efectos didácticos. 

Aunque la idea de paso de un ciclo de una situación de flujo del movimiento popular a una de reflujo, expone la continua ley dialéctica de negación de la negación, no considera de la misma manera, las de la unidad y lucha de contrarios y mucho menos la de los saltos cuantitativos a cualitativos. Desde el punto de vista de la dialéctica la aplicación de estas leyes, discurren de manera tal que en términos estratégicos la historia siempre camina hacia adelante. Es en ese sentido, que me parece que hablar de “ciclos” tiene un carácter pesimista y desmovilizador. Vale recordar que si comparamos la América Latina y el Caribe de hoy con la de 1998 cuando el Comandante Chávez ganó las elecciones por primera vez, la situación en términos de organización, formación y conciencia política de los pueblos, es infinitamente superior. Eso siempre ha sido así, ha habido avances de los pueblos independientemente de si llegan o no al gobierno, aunque generalmente ese ha sido el parámetro para medir tal adelanto.

Veamos la historia de América Latina y el Caribe al respecto. El primer gran momento político de los pueblos de la región lo inaugura la Independencia de Haití en 1804, ello sirvió como impulso y apoyo político y moral a los independentistas en las colonias hispanoamericanas, que una a una fueron logrando su emancipación en la década siguiente, incluso la visión estratégica del Libertador Simón Bolívar atisbó la necesidad de la integración como vía de dar presencia a la región en el mundo del futuro. Pero en 1830 comenzó un proceso de regresión cuando las oligarquías se hicieron cargo de los Estados nacientes y establecieron políticas encaminadas a satisfacer intereses particulares de grupos, en detrimento de las mayorías nacionales y de la región. 

Los próximos ochenta años fueron de hegemonía comercial inglesa, desintegración de naciones, penetración del capital extranjero, intervenciones militares de Estados Unidos, guerras fratricidas, secesión de países, avance en la implementación jurídica de la idea panamericana, hasta la transformación a finales del siglo XIX de estados Unidos en primera potencia mundial, todo lo que se podría llamar un “largo ciclo conservador y retrógrado”. Era la época de las políticas imperiales del “Gran garrote” y “Diplomacia del Dólar”. Sin embargo, ya a inicios del siglo XX habían comenzado a ser fundados partidos de tendencias democráticas y reformistas y sindicatos que organizaban a la clase obrera en función de sus propios intereses, cuestionando por primera vez el orden establecido. Cien años después de la Independencia, la Revolución Mexicana fue el primer gran proceso de transformación profunda en la América emancipada ejerciendo un impacto ideológico y emocional sin parangón en la historia y dando un influjo a las luchas populares en la región. No sé si eso llegó a ser un “ciclo”. La nueva Constitución mexicana de 1917, surgida de la revolución fue un modelo para la institucionalización de las ideas progresistas y anti feudales, dando un papel predominante al Estado y rechazando al imperialismo. Estados Unidos se vio obligado a desatar una política ultra conservadora a fin de frenar el ejemplo de la Revolución mexicana, lo cual devino en un nuevo momento de reflujo del movimiento popular. 

Sin embargo, las luchas populares continuaron. La crisis económica se enseñoreó en Estados Unidos, lo cual unido a su entrada en la segunda guerra mundial unos años después, creó una situación propicia para el avance de los pueblos. La potencia imperial se vio obligada a implementar la política del “Buen Vecino”. Estados Unidos retiró sus fuerzas de intervención de los países que tenía ocupados ante un capitalismo debilitado, mientras en América Latina, los gobiernos estaban rendidos a los pies del poderoso. La región vivió una situación positiva desde el punto de vista del desarrollo económico y social producido por el alza de sus materias primas por efecto de la guerra. Nuestros países, ricos en energía, minerales y alimentos incrementaron sus ingresos generándose un derrame financiero que repercutió en el mejoramiento de las condiciones de vida, pero salvo los gobiernos de Getulio Vargas (bastante contradictorio) en Brasil y de Jacobo Arbenz en Guatemala, derrocado a sangre y fuero, no se podría hablar de “ciclo progresistas” en la región, a pesar de que hubo progresos muy importantes en la organización y la lucha popular. ¿Se podrá decir que fue un ciclo progresista generado por la crisis capitalista de 1929 y las repercusiones económicas positivas de la guerra? ¿Les suena conocido?


Casi al finalizar la década de los 50 del siglo pasado, con muy poca diferencia en el tiempo, cayeron las dictaduras de Perú, Colombia y Venezuela. Y vino el momento más alto jamás alcanzado desde la Independencia y la Revolución mexicana: la victoria del pueblo cubano en 1959 que sí cambió todo, ¿alguien puede explicar como una tromba revolucionaria como la que se produjo en la mayor de las Antillas no generó un “ciclo progresista”? ¿Por qué Perú, Colombia y Venezuela no siguieron el mismo derrotero de Cuba? Sin embargo, hay que decir que la persistencia y presencia de Cuba, su resistencia sin par a la agresión imperial, siempre ha sido un estandarte blandido por las fuerzas progresistas de la región. Pasó más de una década antes que Salvador Allende llegara al gobierno en Chile, antes militares progresistas como Juan Velasco Alvarado en Perú y Omar Torrijos en Panamá, intentaron desarrollar procesos de soberanía y defensa de los intereses nacionales. Por un breve período, se sumó el General Juan José Torres en Bolivia unos años después. Perón había regresado a Argentina. ¿Se puede atribuir al influjo de la Revolución Cubana este “nuevo ciclo”? Sin embargo, todo cayó bajo la noche negra del fascismo. Jamás escuché en esos años de persecución y muerte, de clandestinidad y riesgos que alguien hablara de “fin de ciclo”. Sólo se pensaba en organizarse y luchar para derribar las dictaduras, retomar la democracia y avanzar hacia la revolución. Al final, igual que en la Independencia, las derechas reaccionarias y las izquierdas recicladas en Europa se hicieron cargo del Estado, despojando al pueblo de una victoria que le pertenecía, después de haber llevado la parte más dura de la confrontación.


Los triunfos de Nicaragua y Granada en 1979 parecieron inaugurar “un nuevo ciclo”, pero fueron enfrentados con la guerra y la invasión, que paralizaron un proceso, retomado en diferentes condiciones 17 años más tarde en un caso, y destruido desde sus raíces el otro. De todas maneras, la revolución sandinista ejerció una influencia notoria en el fin de las dictaduras de seguridad nacional, y en el logro de la paz que con la sola excepción de Colombia se obtuvo en toda Latinoamérica antes de finales el siglo pasado. ¿A qué ciclo pertenecen estas luchas?

Y ahora… este debate, estéril para mí, sobre el fin del último “ciclo”, el que inauguró Hugo Chávez y se supone, cerrando el gobierno de Mauricio Macri. Visto en la perspectiva histórica , vendrán nuevos “ciclos” porque la lucha de los pueblos no se detiene, es dialéctica, es continua, es permanente, se hace a veces en mejores condiciones cuando se han logrado algunos espacios de poder. y en mucho peores en otras, cuando la represión, el asesinato , la tortura y la muerte es la alternativa.


De lo que si estoy seguro es que la América Latina de hoy es mejor que la de la Independencia, mejor que la de la revolución mexicana, mejor que la que inauguró el luminoso triunfo de Fidel Castro y el pueblo cubano en 1959, mejor que la del fin del siglo pasado cuando Hugo Chávez llegó al gobierno en 1999 y será siempre mejor mientras los pueblos sigan luchando haya o no haya “ciclos progresistas”.

domingo, 7 de febrero de 2016

De Jefferson a Macri: dos siglos de intervención imperial en América Latina y el Caribe (II)


La semana pasada concluíamos hablando de los preparativos de Estados Unidos para entrar en la segunda guerra mundial que lo llevaron a modificar su política hacia América Latina y el Caribe con el objetivo de buscar aliados confiables que jugaran el papel de abastecedores seguros de materias primas para sus tropas en la conflagración, y de paso, evitar que los nazis pudieran tener acceso a esos productos básicamente energéticos y alimenticios. Es lo que se denominó la “Política del Buen Vecino” que motivó la retirada de las fuerzas militares imperiales de Haití en 1933, la anulación de la Enmienda Platt de la Constitución cubana en 1934 y una actitud “contemplativa” ante la expropiación de la Standard Oil en Bolivia en 1937 y la nacionalización del petróleo en México en 1940 durante el gobierno del General Lázaro Cárdenas. Mientras esto ocurría, continuaron con el proceso de institucionalizar la idea panamericana, realizando cuatro conferencias interamericanas y tres reuniones de consulta en el período de 1933 a 1945. En 1942, en medio de la guerra y después del ataque japonés a Pearl Harbor que supuso la entrada de Estados Unidos al conflicto, se creó la Junta Interamericana de Defensa, a fin de formalizar el control de la potencia sobre las fuerzas armadas de los países de la región.

El fin de la guerra significó la conclusión de la coalición anti nazi. Estados Unidos ya no necesitaba a América Latina, sin embargo apareció un nuevo enemigo sobre el que debía poner su mirada a fin de no perder el control sobre la región. La lucha contra la Unión Soviética y el socialismo se transformó en la nueva obsesión de Washington. El anti comunismo fue la característica principal del nuevo período. En la región se comenzaron a imponer dictaduras conservadoras, Venezuela y Perú en 1948 y Cuba en 1952 fueron objeto de la novedosa política imperial. En 1947 se creó el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) como instrumento militar y en 1948 la Organización de Estados Americanos (OEA) como brazo político: el dogal se había cerrado sobre la región, la idea panamericana se había consolidado. El gobierno progresista de Jacobo Arbenz en Guatemala fue aplastado a sangre y fuego en 1954. Este marco, propició el acoso que condujo al suicidio del Presidente Getulio Vargas en Brasil ese mismo año y el derrocamiento del general Juan Domingo Perón al siguiente en Argentina. Bajo el amparo del Tio Sam, las fuerzas retrogradas y reaccionarias de la región actuaban a su antojo.

Sin embargo, este clima de represión brutal de las dictaduras y gobiernos anti democráticos de derecha, generó una repuesta popular multitudinaria en la década de los 50 del siglo pasado. En 1956 fue derrocado en Perú el General Manuel Odría, en 1958 le tocaba el turno a los tiranos de Colombia, Gustavo Rojas Pinilla y de Venezuela, Marcos Pérez Jiménez y el 1° de enero de 1959 las fuerzas populares bajo el mando de Fidel Castro dieron al traste con la dictadura de Fulgencio Batista en Cuba, iniciando un proceso de transformación democrática y de independencia nacional en la mayor de las Antillas. Desde el primer momento, el gobierno de Estados Unidos se propuso acabar con la revolución cubana, para lo cual estableció una política de sabotajes, agresiones, intentos de asesinato de sus dirigentes y guerra bacteriológica que incluyó la introducción de enfermedades para las plantas como el moho azul del tabaco, los animales como la fiebre porcina y las personas como el dengue hemorrágico; y la aprobación de un inhumano bloqueo económico y financiero que aún hoy se mantiene. El punto más alto en sus intentos de destruir al gobierno cubano se produjo en abril de 1961 cuando fuerzas mercenarias apoyadas por unidades de la marina de Estados Unidos realizaron un desembarco en la costa sur de la isla a fin de instalar un gobierno que pediría apoyo a la potencia imperial a través de su instrumento colonial, la OEA. En 72 horas, el pueblo cubano barrió con la intentona. Tres días antes, en el entierro de las víctimas de los bombardeos aéreos contra el país, Fidel Castro había declarado el carácter socialista de la revolución cubana.

Hasta hoy, han sido 57 años de agresión contra Cuba que en 1962 fue expulsada de la OEA con el apoyo casi unánime de los gobiernos entreguistas de la región, quienes salvo el honroso voto de México mancharon de ignominia para siempre lo poco de decencia que hubiera podido tener ese “ministerio de colonias” como la llamó el Canciller cubano Raúl Roa García.

En 1961 Estados Unidos creó la “Alianza para el Progreso” (AP) para contrarrestar el ejemplo de Cuba. Como nuevos conquistadores la AP fue la entrega de “nuevos espejitos” que no cambiaron en lo más mínimo la estructura neocolonial y dependiente de la economía de los países latinoamericanos y caribeños. Pero junto a ello, una nueva oleada de dictaduras reaccionarias bajo influjo estadounidense se diseminaron como plagas bíblicas en la región. Ahora, los instrumentos eran múltiples, la OEA y el TIAR jugaban su papel de control de la política militar y la política exterior, pero junto a ellos, la presencia de militares latinoamericanos en las academias estadounidenses de formación de genocidas, torturadores y asesinos se hizo práctica a su regreso a los países de origen, mientras tanto, los órganos de inteligencia hacían su papel subvirtiendo el orden y conspirando para establecer gobiernos proclives al amo imperial. Así, fue instalado Alfredo Stroessner en Paraguay en 1954 y los terroristas que tomaron el poder en Brasil en 1964, en Bolivia de manera intermitente desde 1964 hasta 1982, en Uruguay y Chile en 1973 y en Argentina en 1976, aplicando la doctrina de seguridad nacional que instauraba la idea de que el enemigo interno era el pueblo. Junto a ello aplicaron férreas medidas neoliberales ante la ausencia de parlamentos y la persecución y clandestinidad de partidos políticos, sindicatos y prensa libre. Los asesinatos, las desapariciones, las torturas y el exilio fueron las recetas que recomendó Washington impuso para contener los deseos de libertad e independencia de los pueblos. En ese contexto, en 1965 intervinieron militarmente de manera directa para derrocar el gobierno democrático de Juan Bosch.

La noche oscura de las dictaduras pro estadounidenses se comenzaron a revertir en 1979 cuando la Revolución Popular Sandinista en Nicaragua y la de la Nueva Joya en Granada irrumpieron impetuosas en sus países. Sin embargo, ambas fueron atacadas con la peor saña imperial. Las fuerzas militares estadounidenses invadieron Granada en 1983 y ya en 1981, Estados Unidos armó y financió un ejército mercenario para atacar Nicaragua desangrando al país económica y humanamente. En 1989, repitieron la medicina en Panamá, bombardeando la ciudad, y provocando centenares de víctimas en la población civil. Pero ya los pueblos empezaban a manifestar su hastío. La presión popular condujo a las dictaduras a emprender la retirada y a finales de siglo, la victoria electoral de Hugo Chávez inició un proceso mediante el cual varios países utilizaron la vía electoral en los marcos de la democracia representativa largamente propugnada como el súmmum del sistema, para comenzar a revertir el orden establecido. A pesar de ello, la respuesta no se hizo esperar, en 2002, propiciaron un golpe de Estado que derrocó por unas horas al presidente Chávez, en 2004 destituyeron y secuestraron al Presidente Jean Bertrand Aristide en Haití, en 2008 conspiraron para provocar la secesión de la zona oriental de Bolivia, acción que fue conjurada por el gobierno de Evo Morales y estuvieron detrás de los consumados golpes de Estado contra Manuel Zelaya en Honduras, 2009 y Fernando Lugo, Paraguay, 2012, mientras fracasaban en el que organizaron contra el presidente Correa en Ecuador, durante el año 2010.


El talante monroista de la política estadounidense se ha mantenido incólume por dos siglos, su macabra creatividad lo has llevado a la combinación de acciones abiertas de intervención con aquellas encubiertas que surgen de sus laboratorios de guerra secreta y en las que hoy, los medios de comunicación son el instrumento principal de desestabilización, sustituyendo a los partidos como instrumento de ejecución de la política. Por doscientos años nos hablaron de democracia para implementar conceptos como estado de derecho, libertad de prensa, elecciones democráticas, mayoría parlamentaria y otras, pero cuando los pueblos voltearon esas ideas para ponerlas a su servicio, cambiaron el discurso, y ahora, en su expresión más novedosa, recurren a defecar diligentemente en esa democracia que vendieron como objetivo supremo a lograr.

Macri mediante, se ha violado impunemente la democracia que dicen defender y la política que dicen enarbolar. Macri mediante, han consumado un golpe de estado legal en que la novedad es que ya no necesitan a los militares para que hagan el trabajo sucio. Los medios de comunicación se encargan de ello. La perversidad no ha tenido límites en la Argentina surgida del 10 de diciembre de 2015. La inmunidad de los parlamentarios perdió validez cuando no protege a los representantes del capital, a las “instituciones de la democracia” se les puede pasar por arriba cuando de entregar el país a las transnacionales se trata, la igualdad surgida de la revolución burguesa en Francia es una entelequia cuando afecta los intereses de los poderosos, prosperidad y crecimiento económico son una ficción a partir de decenas de miles de despidos y programas de ajuste estructural que dejan en condiciones de orfandad a millones de ciudadanos, la soberanía deviene en concepto caduco cuando se avanza a la entrega de la riqueza nacional, se negocia con “fondos buitres” y se asume una posición perruna para hablar de las Malvinas con Gran Bretaña, la altisonante “libertad de expresión” da paso al “monopolio de la expresión”. Los poderes imperiales no escatiman al manifestar su satisfacción, el presidente Obama expresó, “… su compromiso de profundizar en la cooperación en temas multilaterales, mejorar las relaciones comerciales y ampliar las oportunidades en el sector energético", el gobierno británico fue suficientemente explícito después de la reunión del primer ministro Cameron con el presidente argentino: "Claramente asumió un nuevo presidente y ha dado señales de que está abierto a tener una mejor relación alrededor de Malvinas…”. Christine Lagarde, titular del Fondo Monetario Internacional expuso con seguridad que " Las políticas macroeconómicas que actualmente son identificadas por el nuevo equipo y las nuevas autoridades en la Argentina son alentadoras y esperamos que estabilicen la economía argentina”. Sobran las palabras.

Todo esto en el marco de la democracia representativa, ¿será éste el nuevo diseño imperial que sobrevendrá?, ¿una dictadura surgida de elecciones?. En su diseño de escenarios para el siglo XXI el sociólogo estadounidense Immanuel Wallerstein, expuso que “el nuevo sistema emergente procederá del caos. Considera que ante ello, hay tres posibilidades, una es la que denomina “fascismo democrático”. ¿Es lo que Argentina está inaugurando?.