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martes, 9 de septiembre de 2014

Obama, un presidente gris, derrotado una vez más.


Si se juzgara por la apariencia física de sus líderes, las mayores potencias nucleares del planeta mostrarían una fisonomía diametralmente opuesta. Mientras el presidente ruso Vladimir Putin exhibe aspecto saludable, un cuerpo atlético y una faz rozagante que transmite seguridad y confianza, el mandatario estadounidense Barack Obama revela cansancio, y acelerado proceso de envejecimiento que se manifiesta por una piel ajada, rostro gris, aureolas negráceas alrededor de sus ojos, hombros caídos y un cabello que se ha tornado apresuradamente canoso, todo lo cual trasunta perplejidad, incapacidad y derrota. 


El peligro es que cuando ello ocurre a los poderosos, estos suelen intentar tapar sus debilidades y flaquezas a través de la demostración del poder y la fuerza. Lo cierto es que una vez más en Ucrania, Putin derrotó a Obama y éste solo le quedó recurrir a la OTAN para intentar evidenciar que su poderío podría sacar a Europa del atolladero en que se han metido. 

Hace un año, exactamente el 11 de septiembre, el Presidente Putin publicó un mensaje al pueblo estadounidense en el New York Times. En el mismo afirmaba que “… una escalada de violencia, extendiendo el conflicto más allá de las fronteras de Siria inevitablemente aumentaría la violencia y desencadenaría una nueva ola de terrorismo”. Agregaba más adelante: “Hay que entender que hoy no estamos ante una batalla por la democracia en Siria, sino de un conflicto armado entre el Gobierno y la oposición en un país multi religioso. Los defensores de la democracia no son muchos. Pero sí que son más que suficientes los combatientes de Al Qaeda y extremistas de toda tendencia del campo opositor. El Departamento de Estado de Estados Unidos ha tachado al Frente Al Nusra y al Estado Islámico de Irak y el Levante que luchan con la oposición, de organizaciones terroristas”. El presidente ruso señalaba que a pesar de esto, las armas extranjeras alimentan este conflicto, así mismo se preguntaba con preocupación ¿quién puede garantizar que esos delincuentes no volverán a nuestros países con la experiencia adquirida en Siria?.

Casi 365 días después, lamentablemente la vida le dio la razón. Hoy sus advertencias e inquietudes se han transformado en las de casi todos los políticos de Occidente, incluyendo por cierto a Estados Unidos y su presidente quien da órdenes y emprende nuevas acciones bélicas en Irak y Siria contra fuerzas que armaron y financiaron a pesar de haber sido declarados terroristas.

La semana pasada, completamente ajeno a la realidad y con una desesperación que raya en la locura, Obama declaraba que “No se puede hacer ningún verdadero arreglo político si, de hecho, Rusia declara que continuará enviando tropas, armas y asesores disfrazados de separatistas, y que la única solución posible es que Ucrania ceda su territorio o su soberanía”. El problema es que Rusia, ninguno de sus dirigentes o autoridades ha declarado algo que sólo está en la cabeza del atribulado y gris presidente de Estados Unidos 

Además, todo ello ha ocurrido cuando en Ucrania se ha puesto en efecto un acuerdo de cese al fuego en el marco de negociaciones que entre otros temas, ha significado un inmediato canje de prisioneros y acciones de carácter humanitario avaladas por las dos partes. El propio presidente ucraniano Petró Poroshenko ha reconocido que dicho acuerdo ha sido influido por la actuación de su colega ruso.

Así mismo, la Unión Europea en su última reunión del pasado lunes 8 no pudo lograr unanimidad para establecer nuevas sanciones contra Rusia toda vez que algunos países quieren discutir la posibilidad de retirarlas en caso que continúe la tregua en Ucrania. El primer ministro ruso Dmitri Medvedev había advertido que en caso de adoptarse nuevas sanciones contra su país, éste respondería “de forma asimétrica”.

En cualquier caso el objetivo de la OTAN, -que no tiene nada que ver con Ucrania- se ha cumplido. El escalamiento del conflicto por parte de la alianza atlántica, ha permitido la instalación de 5 nuevas bases militares y una fuerza de despliegue rápido de la OTAN en las cercanías de Rusia. Con ello se configura un contingente de 51 bases militares de fuerzas terrestres, marina y aviación de los países occidentales en las cercanías de Rusia, de ellas, 30 están dislocadas en territorio europeo. Así mismo, Finlandia y Suecia países que no son miembros de la OTAN han aceptado involucrarse en las campañas militares agresivas anti rusas. En ese mismo ámbito, la incorporación de Ucrania a la alianza generaría una inédita y peligrosa situación en la correlación de fuerzas militares de la región

La política suele concebirse como un hecho racional. La política exterior no es ajena a ello. Los decisores actúan a partir de determinados límites que no deben ser superados, pero cuando prima la irracionalidad nada es previsible y toda disposición es probable. Esto se torna infinitamente peligroso cuando se habla de la principal potencia mundial y un presidente que ya no tiene control sobre sus subordinados ni capacidad para tomar decisiones acertadas.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Europa, jugando con fuego en Ucrania



No sé si alguien se habrá dado cuenta, pero en mi opinión, el conflicto de Ucrania es el más peligroso de cuantos se hayan desarrollado en el planeta desde el fin de la guerra fría. Es verdad que en el período se han vivido varias invasiones a países africanos, golpes de Estado en América Latina, una profunda crisis económica y financiera, la sangrienta desintegración de Yugoslavia, el genocidio en el marco de un asedio permanente de Israel contra el pueblo palestino, la amenaza constante de ataque de la OTAN a Irán y las guerras posteriores a las intervenciones imperiales en Afganistán, Irak, Libia y Siria, pero en ninguna de ellas ha estado o está tan cerca el enfrentamiento directo entre dos o más potencias nucleares. Ello tiene explicación en el contexto local, regional y global. Vayamos de lo particular a lo general.

Para nadie es un secreto que en Ucrania hubo un golpe de Estado. El mismo tiene su origen, precisamente en la necesidad de la OTAN de crear una situación de conflicto como la que hoy existe. El gobierno del derrocado presidente Yanukovich era un obstáculo para ello. En ese sentido, el actual gobierno ucraniano no ha sido más que una creación de Estados Unidos y Europa. Al igual que en Siria e Irak, donde hasta hace dos meses el Estado Islámico estaba formado por luchadores por la libertad de Siria y hoy son catalogados de terroristas, en Ucrania no se debe olvidar que las revueltas conducentes al golpe de Estado, aupadas por Occidente, fueron llevadas a cabo por organizaciones de inspiración nazi cuyas primeras acciones fueron el ataque a sinagogas. Incluso el principal rabino de Ucrania Moshe Reuven Azman recomendó a su comunidad, en febrero de este año, abandonar Kiev y el país, afirmando que no quería tentar la suerte, porque “constantemente existen amenazas de ataque a las instituciones judías”. Por supuesto, el gobierno de Israel y el de Estados Unidos mantuvieron vergonzoso silencio.

Así, se crearon condiciones para imponer en medio de una brutal campaña sicológica las elecciones que llevaron al poder al actual gobierno. En la situación actual, su discurso, secundado por el de los voceros de la OTAN es tan agresivo que hace recordar con añoranza la guerra fría. El presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, aseguró que Ucrania estaba “muy cerca del punto de no retorno”. Según él, “el punto de no retorno es una guerra a gran escala". Echándole leña al fuego el secretario general de la OTAN Anders Fogh Rasmussen, -quien es famoso por sus declaraciones bruscas según el periodista alemán Michael Stürmer-, afirmo que la organización que dirige está dispuesta a fortalecer la cooperación con Ucrania. En el mismo contexto, el ministro de defensa de Ucrania Valery Geletey indicó que su país “está en el umbral de una ´gran guerra` con Rusia, cuyas pérdidas se medirán en miles y decenas de miles” de víctimas. Llama la atención la utilización de la denominación de “gran guerra” que fue, la dada por los pueblos de la Unión Soviética a la que emprendieron para expulsar al ejército nazi de su territorio con el costo de 20 millones de ciudadanos caídos.

Vale decir que los argumentos que se dan tanto por parte de los gobiernos occidentales como el de Ucrania para hacer estas inflamantes aseveraciones, se basan en una supuesta participación directa de las fuerzas armadas rusas en el conflicto. Lo cierto es que hasta ahora nadie ha podido presentar una prueba válida al respecto. Ante el emplazamiento del gobierno ruso en ese sentido, las respuestas han sido vagas y superficiales. En la memoria, están las armas atómicas nunca encontradas en Irak, los asesinatos masivos de Gadafi en Libia que después se supo habían sido un escenario hollywoodense montado en Catar y decenas de historias falsas que signan la historia de la agresiva política exterior de Estados Unidos y la consuetudinaria tendencia a tergiversar la realidad por parte de sus presidentes. 

En el trasfondo hay dos elementos a destacar, el primero es la incapacidad del ejército regular ucraniano para derrotar a las fuerzas rebeldes del este. Incluso, en reunión celebrada a puertas cerradas el pasado domingo 31 de agosto, el alto mando de la OTAN llegó a la conclusión de que “militarmente el conflicto está perdido para Kiev” como lo notifica la revista alemana “Der Spieguel”. Uno de los participantes en la reunión aseguró que el único camino que le queda al presidente ucraniano es el de las negociaciones “para poder sacar con vida a sus hombres de las tenazas de las autodefensas” del este. 

En otro plano, los intentos de escalar el conflicto por parte del gobierno de Ucrania obedecen a la urgencia de resolver la acuciante situación económica del país, la que se hace muy difícil por la falta de gas que le augura un invierno muy crudo en los próximos meses. Hoy, en pleno verano, el gobierno ya se ha visto obligado a realizar cortes en el suministro de agua caliente a fin de hacer reservas de gas para prepararse para las inclemencias del tiempo a comienzos del próximo año. La incapacidad del gobierno de negociar y solucionar el problema de abastecimiento de gas desde Rusia ha llevado a una abultada deuda que ha paralizado los envíos desde ese país. El primer ministro renunciante Arseni Yatseniuk ha afirmado que sin el gas ruso no se podrá afrontar el invierno.

La respuesta a una y otra situación ha sido profundizar el conflicto e involucrar a Europa en el intento de buscar un salvavidas que le permita sostenerse en el poder y salvarse de la derrota. Sin embargo, para Europa, en la que la amplia mayoría de sus países se encuentran gobernados por la derecha, haberse embarcado en este trance, como furgón de cola de la política de Estados Unidos la coloca en una situación que ya comienza a mostrar manifestaciones negativas. Las sanciones a Rusia se originaron en su apoyo a la decisión de Crimea de incorporarse a este país, sin embargo, hoy el argumento ha mutado y se esgrime el apoyo del gobierno del Presidente Putin a las autodefensas del sureste de Ucrania. Las contra medidas rusas a dichas sanciones se comienzan a sentir en Europa. Las mismas se ubican, además en un contexto sombrío. El segundo trimestre del presente año, la economía alemana se ha contraído por primera vez desde 2012, la llamada “locomotora europea” ha reducido su marcha en un 0,2% del PIB y la de Francia se encuentra estancada. Las dos representan casi la mitad de la producción de la zona euro e Italia, la tercera economía de la región, se encuentra en recesión.

En este contexto, los especialistas advierten que de mantenerse las sanciones a Rusia, o peor, si las mismas se incrementan tal como ha pedido el presidente ucraniano, es fatal una afectación profunda de los negocios y la inversión, así como una pérdida de confianza en que la situación mejore, con todas las repercusiones que ello tiene. Europa debe medir bien las consecuencias de sus acciones, la economía estadounidense es mucho más impermeable a las contra medidas rusas, sobre todo en el ámbito energético. Así mismo, en estas condiciones es inevitable el fortalecimiento del dólar respecto al euro. Así, Estados Unidos habrá utilizado un conflicto extra continental para fortalecer su moneda a expensas de quien se considera su aliado. 

En el escenario global, debe considerarse que Rusia ha vuelto por sus fueros a asumir su condición de potencia mundial, después de haber sido sometida a la humillación y el escarnio en tiempos de Gorbachov y Yeltsin, venerados por Occidente y despreciados por su pueblo según las encuestas. En tal circunstancia, no es posible aplicar medidas de fuerza en su contra. La violación de los acuerdos hechos con el propio Yeltsin de no ampliar la “frontera de la OTAN” hacia el este a cambio de introducir reformas de mercado a finales del siglo pasado han sido violentadas por la propia alianza militar. En fecha reciente, la OTAN ha anunciado que instalará 5 nuevas bases militares en Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y Rumania, todas cercanas a Rusia. Incluso, Finlandia y Suecia, países bálticos que no son miembros de la alianza atlántica han anunciado que se plegarían a las medidas militares anti rusas de la coalición.

En ese tenor, la revista alemana Die Welt afirma que “la ayuda militar a Kiev podría llevar a una guerra global” y alerta en el sentido de que “tales acciones son inadmisibles en la época de armas nucleares”. A pesar que el gobierno ruso ha afirmado una y otra vez que no lleva, ni llevará a cabo ninguna acción militar en Ucrania, Occidente en un esfuerzo sin sentido intenta demostrar lo contrario. El propio presidente Putin ha señalado que el conflicto ucraniano debería servir “para acabar con esta tragedia lo antes posible, de manera pacífica y a través de negociaciones”. 

Rusia no es Afganistán, no es Irak, Libia ni Siria. Esto lo debería considerar Europa, sacar sus cuentas y recordar que las dos guerras mundiales del siglo XX fueron libradas en su espacio, que tardaron años en reponerse y que en ambos casos el único país victorioso fue Estados Unidos que no arriesgó ni su territorio, ni su población, ni su economía y no creo que- en medio de la crisis- haya recursos para un nuevo Plan Marshall.

jueves, 28 de agosto de 2014

Cría cuervos….


A finales de los años 70, en el marco de la guerra fría, Estados Unidos llevó a cabo la “Operación Ciclón” en Afganistan con el objetivo de suministrar armas y financiamiento a los terroristas islámicos que desarrollaban la lucha armada en contra del gobierno de ese país. Sin embargo, la intervención militar directa de la Unión Soviética dio los argumentos para que tal operación se inscribiera en la manida lógica de “ayuda al restablecimiento de la democracia”. 

Esto dio cabida a una ampliación del financiamiento de esas fuerzas que se agruparon, creciendo en organización y armamento hasta que lograron en 1989 que las tropas soviéticas derrotadas, se retiraran del país. La Operación Ciclón llevada adelante por la CIA comenzó con el envío de un financiamiento de 30 millones de dólares en 1980, alcanzando los 630 millones anuales en 1987.

Sin embargo, la retirada soviética no finalizó la guerra y en 1992 el movimiento fundamentalista logró establecer el Estado Islámico. El conflicto entre señores de la guerra culminó parcialmente cuando en 1996 los talibanes se hicieron del poder al ocupar Kabul. Establecieron un gobierno extremista que se sustentó en una interpretación radical del Corán. Así mismo, forjaron una asociación estratégica con Al Qaeda, organización surgida de la guerra anti soviética, que se fortaleció de manera especial por su privilegiada relación con Estados Unidos.

No obstante, Al Qaeda se transformó en enemiga de Estados Unidos realizando acciones directas contra objetivos de ese país en Somalia, Kenia, Tanzania y Yemen hasta que fue acusada de haber dirigido las acciones terroristas del 11 de septiembre de 2001 en el propio territorio de la nación norteamericana, lo que le valió una declaratoria de guerra que dio inicio con la invasión a Afganistán el 7 de octubre de 2001, país donde aún permanecen las tropas estadounidenses y de la OTAN. Hoy, Afganistán es un Estado nominal que solo existe por la presencia de las fuerzas armadas extranjeras de ocupación. El gobierno solo controla la capital y sus alrededores. El martes 5 de agosto, el General Harold Greene del ejército de Estados Unidos fue asesinado por un hombre que vestía uniforme militar afgano. 

Unos años después, en 1990, Estados Unidos inició una larga guerra en el Medio Oriente, que se ha desarrollado en cuatro etapas, la primera empezó en agosto de 1990 y finalizó en febrero de 1991, la segunda dio inicio en marzo de 2003, culminando en diciembre de 2011. Paralelamente a ello, en enero de ese mismo año, se puso en funcionamiento la tercera etapa que aún no culmina y que persigue el objetivo de derrocar al presidente Bashar al-Asad en Siria. La cuarta acaba de comenzar en este mes que transcurre. 

Las dos primeras etapas se llevaron a efecto cuando Irak era aún gobernado por Saddam Husein. Se adujo que su gobierno ocultaba armas atómicas y que era necesario “restablecer la democracia” para impedir que las mismas fueran usadas para desestabilizar la región (léase Israel). Se demostró que tal afirmación era falsa.

Cuando el gobierno sirio se defendía de la agresión mercenaria, Estados Unidos, junto a las monarquías petroleras del golfo -que tienen patente de corso para que en sus países no impere la democracia ni el respeto a los derechos humanos sin ser pasados por la lupa de Occidente- aducían que era necesario “restablecer la democracia” y, por tanto, se debía apoyar a los “luchadores por la libertad” aunque esos a todas luces hacían desmanes y violaban metódica y permanentemente los derechos humanos. Cientos de miles de millones de dólares y armamento en abundancia fluyeron desde Occidente para fortalecer a los terroristas.

Hoy, Irak, es un Estado fallido, constituido por territorios diferenciados por las sectas que los controlan. Uno de esos grupos, el EIIL o ISIS ha creado un califato que no respeta fronteras nacionales y que ha establecido un sistema fundamentalista que al igual que Al Qaeda ha instituido rígidas normas religiosas ajenas a las más elementales bases de respeto a los derechos humanos. La semana pasada, un terrorista de origen británico decapitó al periodista estadounidense James Foley quien se encontraba secuestrado desde noviembre de 2012 en Siria.

Hasta el año 2011, Libia era el país con la segunda mayor tasa de PIB de África y el de más alta esperanza de vida al nacer. El líder del país, Muamar el Gadafi logró mantener la estabilidad en un país de compleja estructura tribal y se había transformado en el principal impulsor de la integración y la unidad africana. Sin embargo, Occidente no cesó en su intención de apoyar fuerzas centrífugas que crearan el caos y desestabilizaran el país. A partir de ello, un sector de la población comenzó a realizar protestas contra el gobierno, ello permitió, elaborar un sofisticado montaje mediático que mostró la “represión del gobierno libio contra las fuerzas que luchaban por la democracia”. Con el apoyo de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña y la complicidad de Rusia y China, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1973 que devino en intervención militar de Occidente en el país, derrocando al gobierno y asesinando a Gadafi.

Hoy, Libia es un país de mentira. Cada tribu tiene su ejército propio. La semana pasada, los extremistas islámicos hicieron un juicio público contra un ciudadano egipcio y lo asesinaron en un estadio de fútbol. Así mismo, tras seis semanas de enfrentamientos, milicias terroristas tomaron el aeropuerto de Trípoli, desalojando del mismo a un grupo militar rival. Naves de la aviación saudita y egipcia han estado bombardeando a una de las fuerzas en pugna, mientras grupos armados se enfrentan por el poder.

Chris Stevens, artífice de la operación militar, política y propagandista de Estados Unidos en el país norafricano fue nombrado embajador de su país ante el nuevo gobierno instalado en Trípoli. El 12 de septiembre de 2012 fue asesinado junto a tres miembros del personal diplomático estadounidense en el consulado de ese país en la ciudad de Bengasi, cuna del movimiento terrorista. Según se informó, los extremistas atacaron y quemaron la sede diplomática en respuesta a un video que ofendía a Mahoma, el cual fue hecho en Estados Unidos. 

Como dice el dicho “Cría cuervos y te sacarán los ojos”, el problema es que aquí son cuervos criando cuervos…

martes, 19 de agosto de 2014

El capital es implacable


Según el Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) el más prestigioso centro de investigaciones sobre desarrollo de armamento, gasto militar, comercio de armas y seguridad internacional en todo el planeta, de los 15 países con mayor gasto militar como por ciento de su PIB en 2013, 10 están en el Medio Oriente y el norte de África. Los más altos son los de Omán con 11,3%, Arabia Saudita con 9,3%, Afganistán con 6,3% e Israel con 5,6%. Tienen en común ser aliados cercanos de Estados Unidos. 

Así mismo, mientras el presupuesto militar se redujo en 2013 en un 2% en todo el mundo, lo que incluye disminuciones de 7% en las Américas y 1% en Europa, en África creció 8%, 3% en Asia y Oceanía y 3% en el Medio Oriente.

El presupuesto militar de Estados Unidos el año pasado fue de 640 mil millones de dólares, el de China, 188 mil millones y el de Rusia 88 mil millones. El de los dos grandes países de Europa y Asia juntos no llegó ni a la mitad del de la potencia norteamericana. 

Tal vez eso explica, porque es necesario conservar el conflicto en esas regiones del planeta. Si hubiera paz, los vendedores de armas disminuirían su negocio afectando considerablemente la economía de sus países. Y en cosa de negocios no hay ética que valga, se le vende por igual a Israel de un lado y a Arabia Saudita y Omán, además de Bahréin, Irak, Jordania, Líbano y Marruecos de otro, países que son técnicamente adversarios de la entidad sionista y están entre los mayores compradores de armas en el mundo. Por eso es una falacia hablar de conflicto árabe-israelí. El genocidio del pueblo palestino parte de la necesidad de Estados Unidos de mantener un conflicto que sostenga e incremente la venta de armas. Israel es el instrumento estadounidense para amparar esta inmoral situación y las monarquías árabes son sus cómplices.

Israel tuvo un gasto militar de 2037 dólares per cápita en 2013. Sólo fue superado en ese rubro por Omán con 2902 y Arabia Saudita con 2261. El de Estados Unidos fue de 2033 dólares, el de Rusia de 621 y el de China 138,5.

El último porta avión de la clase Ford de Estados Unidos fue botado al mar en noviembre de 2013. Costó 12 mil millones de dólares. Un bombardero B-2 cuesta 400 millones, un caza bombardero F-22 Raptor 350 millones y el avión caza de cuarta generación F-18 Hornet 94 millones. La guerra en Irak desde marzo de 2003 hasta diciembre de 2011 le costó a los contribuyentes de Estados Unidos 845 mil millones de dólares.

Un hospital pediátrico infantil cuesta 70 millones de dólares. Su mantenimiento anual una cifra similar. Con el valor de un porta avión se podrían construir 100 hospitales de este tipo garantizando su mantenimiento durante 70 años.

La OMS ha solicitado 100 millones de dólares para combatir el ébola. En un acto de extrema generosidad Europa ha donado 5,9 millones de euros entre abril y julio para la lucha contra la epidemia. Bastaría dejar de hacer un F-18 y destinar esos recursos a la OMS para eliminar ese terrible mal.
Haití necesitaba 9 mil millones dólares para subsanar las consecuencias del terremoto de enero de 2010. Si las tropas de Estados Unidos se hubieran retirado de Irak un mes antes y el dinero se hubiera enviado al desolado país caribeño, éste podría haber cubierto las abrumadoras necesidades de su población. Hasta el momento, y después de 4 años y medio, el mundo sólo ha enviado 4.3 mil millones dólares.

Se entiende ahora ¿por qué el genocidio palestino?, ¿por qué el ébola se sigue propagando?, ¿por qué Haití no puede superar las secuelas del terremoto? Hoy son los palestinos, los haitianos y los pueblos del África Occidental. Mañana puede ser cualquiera de nosotros. El capital es implacable.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Ese no es el camino presidente Santos

El 19 de julio de 1979 las fuerzas guerrilleras del FSLN entraron a Managua después de derrotar militarmente al ejército de Somoza. El dictador huyó. Las fuerzas armadas se desmoronaron. El Estado había desaparecido virtualmente. No hubo negociaciones ni antes ni al finalizar la guerra a fin de construir el futuro del país. El FSLN con el apoyo de la aplastante mayoría de la población se dio a la tarea de erigir una nueva institucionalidad en la que el somocismo no tuviera cabida.


Tan solo 7 años después, los sandinistas, ahora en el poder tuvieron que aceptar negociar con las bandas armadas y financiadas por Estados Unidos que a través de una despiadada guerra buscaban derrocar al gobierno. Bajo la convocatoria de Vinicio Cerezo presidente de Guatemala se desarrollaron en Esquipulas, pequeña ciudad de ese país, fronteriza con Honduras, dos rondas de negociaciones en las que participaron todos los presidentes centroamericanos. Los Acuerdos de Paz de Esquipulas establecieron el cese del apoyo externo a los grupos armados, el diálogo interno, la amnistía para los que depusieran las armas y garantías para su participación en la vida política. Desde entonces, Nicaragua ha vivido en paz.

Cualquier observador externo podría preguntarse por qué cuándo los sandinistas eran una maltrecha fuerza guerrillera que apenas se había hecho con el poder no aceptó negociar con sus oponente, mientras que años después con todo el poder del Estado que incluía un enorme ejército bien adiestrado y armado si lo tuvo que hacer.

La respuesta es que en 1979 el FSLN había conseguido la derrota militar de la dictadura, mientras que ese objetivo no había podido ser logrado por su gobierno a mediados de la década de los 80. La experiencia indica que no es lo mismo negociar con un enemigo aniquilado en lo militar, desmoralizado en lo moral y destruido en lo político y orgánico que hacerlo con uno que sigue manteniendo su capacidad y disposición combativa y su moral de lucha en alto. El que quiera verlo fuera del contexto latinoamericano puede recordar los juicios de Nuremberg al finalizar la segunda guerra mundial. No es posible negociar en iguales condiciones una rendición que una paz entre dos contendientes independientemente del poderío militar de cada uno de ellos, siempre que ambos tengan visión de futuro.

Esta reflexión viene al caso, al observar los términos en que pretende negociar el gobierno colombiano con las FARC y el ELN. Al prestar atención a los discursos del Presidente Santos y los altos personeros del gobierno de ese país, se supondría que las conversaciones de la Habana se están realizando en el marco de una derrota militar de las fuerzas guerrilleras a las que se les puede imponer condiciones a posteriori. En todo caso, si esas condiciones pudieran ser aplicadas, no sobrevendría la paz y la concordia, sino el resentimiento, el deseo de venganza y la amenaza permanente de reinicio del conflicto.

Ese no es el camino Presidente Santos, tómese su tiempo y lea los documentos de trabajo del Grupo de Contadora, del que Colombia formó parte de manera brillante junto a México, Panamá y Venezuela. No es una buena táctica negociar amenazando. No es alabando a Uribe y su obra de destrucción y muerte como se logrará la paz, sino enalteciendo el espíritu fecundo del pueblo colombiano que no merece el futuro de guerra que el ex presidente paramilitar le ofreciera y le sigue ofreciendo.

martes, 5 de agosto de 2014

Un mundo sin control y sin ley


Un avión de pasajeros malasio cae en la región oriental de Ucrania falleciendo 295 personas. Todo el mundo se pregunta quién fue el causante de tan demencial acción. Nadie se interroga acerca de por qué los controladores aéreos ucranianos no prohibieron que esa y cualquier nave civil sobrevolara una zona de guerra como lo establece la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), que es una agencia de la ONU.

Un diplomático venezolano es hecho prisionero en Aruba a pesar que portaba documentos que le conferían esa potestad y con ello, la inmunidad que establece la Convención de Viena de 1961 aprobada bajo el alero de “los propósitos y principios de la Carta de la ONU”.

Por su parte, Libia se ha sumido en una situación de inestabilidad desde el derrocamiento y posterior asesinato de Muamar Gadafi en 2011. En las últimas semanas ha habido un acelerado deterioro con combates abiertos en Trípoli y Bengasi entre las numerosas milicias armadas, hasta el punto de que muchos países optaron por evacuar a sus nacionales y dejar al mínimo o clausurar sus embajadas. Todo surgió de la aprobación de la Resolución 1973 del año 2011 en el Consejo de Seguridad de la ONU, la cual “legalizó” la intervención armada que dio pie al actual estado de cosas.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama reconoció que “oficiales estadounidenses han "torturado a alguna gente" luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001”. Eso es violatorio de la “Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes” aprobada por la Asamblea General de la ONU en diciembre de 1984. A su vez, esta convención está sustentada en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

En Palestina, Israel no enfrenta militarmente a su enemigo, sino que asesina niños, mujeres y ancianos. Ha transformado escuelas, hospitales y mezquitas en objetivos militares. Los asesinos sionistas violentaron los convenios de Ginebra que regulan el derecho internacional humanitario, en particular la 4ta. Convención relativa a la protección de civiles en tiempo de guerra, convirtiendo de esa manera a la Cruz Roja Internacional en objetivo militar.

Todo ello amparado en la protección de Estados Unidos que ha amenazado con vetar cualquier resolución de condena del genocidio del pueblo palestino por parte del ejército sionista, en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El preámbulo de la Carta de la ONU proclama entre sus objetivos la preservación de las generaciones venideras del flagelo de la guerra, la reafirmación de la fe en los derechos fundamentales del hombre y la obligación de crear condiciones bajo las cuales puedan mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los tratados y de otras fuentes del derecho internacional.

Si la ONU no es capaz de cumplir estos objetivos, me pregunto entonces, ¿para qué sirve la ONU si sólo responde a los intereses de 5 potencias cuya economía depende de la fabricación y venta de armas?

miércoles, 30 de julio de 2014

A cien años de la primera guerra mundial. Causas y consecuencias.



El pasado lunes 28 de julio se cumplieron 100 años del inicio de la primera guerra mundial. Esta conflagración significó en su momento, el conflicto bélico de mayores dimensiones de la ya iniciada época imperialista del sistema capitalista mundial.


Aunque la historiografía tradicional ha señalado como causa del conflicto el asesinato del Archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo, en realidad ese fue el motivo de la misma. Las causas profundas dicen relación con los cambios en la base productiva, -en particular la militar-industrial- que vivían las potencias en pleno desarrollo del imperialismo. Tal fenómeno produjo respuestas particulares de los poderes mundiales de acuerdo a factores geopolíticos, estratégicos y a sus características socio culturales. Esto comenzó a generar transformaciones en las alianzas políticas existentes , las que condujeron al rompimiento del equilibrio económico y al potencial bélico de los factores de poder global y sus coaliciones.

Debe recordarse que la definición más conocida de guerra es aquella de Clausewitz que señala que la misma es la continuación de la política por otros medios. En esa medida, hacer referencia al conflicto solo en su desarrollo bélico es algo válido para aquellos estudiosos o interesados en la historia militar, sin embargo en el trasfondo de la conflagración subyacen una serie de condicionantes de orden económico y político donde se debe buscar el origen de esta guerra y de cualquier otra. 

Más allá del desarrollo de las hostilidades en el escenario de combate, la primera guerra mundial y el colapso de las potencias centrales (imperio austro-húngaro, Alemania, e imperio otomano) se debió a su incapacidad de desarrollar las fuerzas productivas a fin de forjar un proceso de producción económica e industrial que les permitiera mantener su status.

Al finalizar el conflicto, surgió un poder diferente en Rusia alternativo a los existentes a partir de la toma del poder por los bolcheviques. Así mismo las potencias centrales desaparecieron, dando paso a otros países, que consumaron un nuevo reparto del mundo, en particular de Medio Oriente y el norte de África, dando origen a la mayor parte de los males que esa región ha vivido en los últimos cien años y que ha tenido desde entonces -dada su importancia como mayor fuente de energía del mundo- valor estratégico en el tablero mundial.